-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Loves Goes On And On" de Amy Lee & Lindsey Stirling para Sakura, "Broken" de Seether & Amy Lee para Sasuke, "Live Like Legends" de Ruelle para Hinata y "Empire" de Alpines para Mirai.
14 de Enero de 1507/Torquemada, Castilla
Con la muerte de su amado Naruto, la reina Hinata se había sumido en la más profunda solemnidad, mandando que se celebraran exequias cotidianas por su esposo; se desligo de los asuntos de estado salvo aquellos que eran más apremiantes, se negó a convocar cortes para ser declarada reina única, mas si anuló los nombramientos que su esposo el rey había hecho reemplazando a los miembros del Consejo Real por aquellos que habían servido a su fallecida madre la reina Seina, y tras esto comenzó un largo viaje por Castilla junto al féretro de su esposo con toda intención de llegar hasta Granada donde sus restos habrían de reposar como ambos habían manifestado si alguno de los dos moría. El deseo de la reina Hinata era asentarse en aquella hermosa ciudad y llevar una vida bucólica, criando al hijo o hija que llevaba en su vientre y que no ceso de crecer a medida que los meses de viaje a través de las ciudades y villas pasaban lentamente. Cuando estaban a punto de cumplirse los nueve meses de embarazo y en medio de su viaje, la comitiva de la reina tuvo que detenerse en Torquemada cuando comenzaron los dolores del parto y tras largas horas nació una hermosa niña de cabellos castaños y ojos oscuros que una de las damas de la soberana aproximó a la cama donde yacía su ahora fatigada y melancólica reina.
Recostada sobre la cama e iluminada por la luz de las velas a esa hora de la noche, la reina de Castilla vestía un holgado camisón color marfil decorado por delicados holanes en el cuello redondo de la tela, con mangas ceñidas en las muñecas con holanes largos que casi le cubrían las manos y la silueta de la tela no se entallaba a ninguna parte de su anatomía para mayor comodidad, con su largo cabello azul oscuro cayendo desordenadamente sobre sus hombros y pegándose tanto a su frente como a los lados de su cuello. Desde la muerte de su esposo el archiduque Naruto, la reina Hinata no había tenido una sola alegría, presionada por los nobles ambiciosos y avariciosos a su alrededor y que no se parecían en absoluto a los que ella recordaba de su dorada infancia y feliz juventud en Castilla, pero en cuanto una de sus doncellas le entregó a su hija recién nacida, Hinata se olvidó completamente del pasado por al menos un momento, acercando su pequeña a su pecho con una sonrisa y lágrimas en los ojos, abriéndose el escote del camisón para amamantarla. Observando a su hija cuyos cabellos castaños acarició e inclinándose para besarla en la frente, Hinata recordó el tiempo en que había sido concebida y decidió un nombre para ella:
—Izumi, mi amada Izumi— nombró la reina complacida con aquel nombre para su hija. —Desde hoy vos seréis mi única compañía; yo seré la vuestra, y nunca os abandonare— Dios sabía que quizás su tiempo como Reina e Infanta respectivamente pronto habría de terminar.
Quizás era una tontería, Hinata lo sabía, quizás simplemente estaba siendo paranoica al pensar que alguien osaría quitarle el trono cuando técnicamente era imposible. Al haber sido reconocida como reina por las Cortes de Castilla, Hinata no podía ser desposeída de su poder ya que este sistema no la había declarado incapaz de gobernar por sí misma, que los nobles por separado se opusieran o dudaran de ella era otra cosa mas a ojos de Dios y sus súbditos continuaba siendo la reina legitima y nada ni nadie podría quitarle su poder, en ello podía y quería creer. Trazando con uno de sus dedos los rasgos de su pequeña hija y que le parecía la criatura más bella sobre la tierra, Hinata vio lo que a sus ojos parecía una sonrisa mientras la pequeña Infanta se aferraba a su pecho; nadie se lo dijo pero Hinata lo sintió, esa pequeña no estaba destinada a vivir una vida a su sombra ni enclaustrada como Hinata temía vivir de cara al futuro, sentía en su corazón que la pequeña en sus brazos un día iba a tener un futuro glorioso y Dios mediante seria en un trono extranjero como había ocurrido con las hermanas de Hinata, quizás como su hermana Sakura en Portugal y que por cierto tenía ya dos hijos ligeramente mayores que su pequeña Izumi, sabia y sentía que su pequeña no viviría con el estigma de ser hija de la reina loca de Castilla.
Quizás el futuro fuera más benévolo con su pequeña Izumi.
5 de Junio de 1507/Abrantes, Portugal
Tras su regreso a Portugal y su feliz reencuentro con su esposa, el rey Sasuke había tenido pocos momentos felices pues la muerte de su madre a las pocas semanas había ensombrecido su ánimo y aún estaba lidiando con aquel dolor como sus hermanas Miso y Emi, mas tenía una razón para sonreír y no se trataba solo de su hermosa esposa quien era la única persona que lo hacía feliz, sino de un nuevo hijo en camino. Los dolores del parto comenzaron esa mañana mientras el rey se hallaba reunido con sus Consejeros y fue informado del inminente parto cuando su esposa no se presentó a la reunión como acostumbraba; él aguardó por horas fuera de la habitación privada de su esposa escuchando sus gritos y paseándose cual león enjaulado…hasta que los gritos se detuvieron y las puertas se abrieron para permitir que su hermana Emi apareciera con un bebé en sus brazos. Portaba un bello vestido gris metálico—debajo una enagua blanca de escote en V con lagos holanes que le cubrían las manos—de escote redondo anudado hasta la altura del vientre con cordones azules, mangas abullonadas que se abrían a lo largo de los brazos hasta las muñecas escasamente anudadas, falda amplia que se arremolinaba a su andar y su largo cabello azabache estaba peinado en una trenza-coleta que caía tras su espalda exponiendo unos pequeños pendientes de plata y zafiro en forma de lagrima con una perla al final
—Es un varón— reveló Emi con una sonrisa y encontrando su mirada con la suya.
Este pequeño no era el primer príncipe como Itachi, ya tenía otro hermano mayor que era Baru pero era tan fácil morir en la infancia que la noticia de un nuevo heredero fue inmediatamente recibida por júbilo por parte del rey Sasuke que esbozó una sonrisa y se acercó a su hermana para poder cargar en brazos a su hijo; siempre le resultaban pequeños pero fuertes en sus brazos, rugientes como leones y sanos, la promesa de un futuro seguro y que no cesaba de agradecer a su esposa. El rey portugués vestía una holgada camisa blanca de cuello alto y redondo con mangas ceñidas en las muñecas, por sobre la camisa un jubón verde musgo de cuello cuadrado con mangas ceñidas a las muñecas que se anudaban a lo largo de los brazos, bordados dorados en el frente del pecho para replicar el emblema de la familia Uchiha y largo faldón hasta las rodillas—ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas— , pantalones verde oscuro y botas de cuero, portando sobre el jubón un abrigo verde musgo con mangas hasta los codos y que permanecía abierto exponiendo el toisón dorado alrededor de su cuello. Acomodando en sus brazos a su pequeño hijo de cabellos azabache como él, el rey Sasuke se volvió hacia sus consejeros presentes para presentar a este nuevo heredero y que los extasió de emoción.
—En hora buena, Alteza— celebró lord Shikamaru Nara por tan feliz noticia para el reino.
—Compartimos vuestra dicha— secundó lord Neji Hyuga con idéntica alegría.
En el presente siglo en que vivían era demasiado difícil sobrevivir, los niños morían a una edad temprana por cualquier motivo y que iba de algo tan común como una fiebre a las prestes ocasionales como la viruela u otras enfermedades desconocidas que se transmitían a través del aire o de persona a persona; tener muchos hijos era un deber sagrado para un rey y se valoraba infinitamente a la esposa que pudiera llevar a cabo la difícil tarea del alumbramiento. A estas alturas era evidente el profundo amor que Portugal sentía por su reina piadosa, caritativa y amable con todos, política astuta y una mujer completa en todos los sentidos, amada por su esposo y bendecida por Dios con ya cinco hijos sanos y fuertes. Pleno al sentir más seguro que nunca su poder como soberano y sintiéndose orgulloso como hombre, Sasuke se volvió hacia su hermana para depositar en sus brazos a su pequeño hijo cuyo nombre aun ni siquiera tenía en mente—aunque el nombre Kagami era la opción más plausible al ser un nombre empleado por sus predecesores, y un nombre que su padre habría querido darle—; dirigió una última mirada a su nuevo hijo deseando agradecer cuanto antes a su esposa por este nuevo regalo y muestra de amor incondicional, acariciando sus cortos cabellos antes de alzar la mirada hacia su hermana.
—¿Cómo esta Sakura?— preguntó Sasuke enfocando toda su atención en el bien de su esposa. —Quiero verla— deseaba abrazarla y recordarle lo mucho que la amaba.
—No es buen momento, hermano— contestó Emi únicamente y en voz baja.
—¿Por qué?, ¿Qué sucede?— cuestionó el Uchiha extrañado por su negativa.
Como hermana y el mayor respaldo de su hermano en la corte ya que su hermana Miso vivía apartada como una respetable viuda, Emi deseó decir algo para consolar a su hermano mas nada de lo que pudiera tratar de manifestar lo consolaría y por lo que la Uchiha apartó la mirada únicamente antes de reverenciarlo y abandonar la sala de recepción hacia una de las habitación para asear y cuidar de su nuevo sobrino siendo seguida por dos de las doncellas de la reina que cargaban una muda de ropa y un jarro con agua limpia. Ese silencio fue tan tenso como escalofriante haciendo que, de forma física o bien interiormente, Sasuke temblara al alzar la mirada hacia las puertas de la habitación privada de su esposa y hacia la cual se dirigió velozmente; la escena que había dentro le recordó a su fallecida primera mujer Takara, Sakura yacía sobre la cama con un semblante pálido y muy fatigado con el cabello pegado a los hombros y el cuello, su camisón ligeramente impregnado de sudor y el área entre sus piernas estaba manchada a través de la tela…se estaba desangrando. Sasuke se acercó a la cama lo más rápido posible, arrodillándose y sosteniendo una de las manos de su esposa entre las suyas a la par que acariciaba su rostro.
—Sakura…— llamó el Uchiha sintiendo su frente caliente a causa de la fiebre.
—¿Quién sois?— preguntó la Haruno con un hilo de voz.
Abrumada por la fiebre debido al esfuerzo del alumbramiento, Sakura poco y nada distinguía lo que sucedía a su alrededor, no tenía idea de donde estaba, apenas y recordaba su propio nombre y no podía ver con claridad el rostro del hombre ante ella ni mucho menos recordaba su nombre, solo sabía que estaba sufriendo dolor porque lo sentía en todo su cuerpo como cientos de agujas enterrándose en su piel y estaba demasiado cansada, volviendo a recostar su cabeza contra la almohada y agradeciendo en silencio cuando alguien puso un lienzo húmedo sobre su frente. Paralizado al escuchar esas palabras de su esposa, Sasuke no supo que decir mas lady Temari Sabaku—camarera de su esposa—vino en su auxilio colocando un lienzo húmedo sobre su frente para palear la fiebre permitiendo que Sakura volviera a recostar su cabeza contra la almohada, respirando laboriosamente. Preocupado por la evidente situación delicada de su esposa, Sasuke volvió la mirada por sobre su hombro hacia el físico lord Dan Kato que solo negó en silencio no pudiendo hacer nada por su reina, este parto había sido demasiado y solo en ella radicaba la fuerza para recuperarse o de otro modo moriría como tantas otras mujeres. La sola idea aterró a Sasuke, ya había vivido aquella situación una vez pero ahora estaba involucrada la mujer que amaba y la idea de perderla le provoco un dolor como ningún otro.
La historia se estaba repitiendo.
Ya había vivido para perder una esposa, Takara a quien había creído amar pero ahora comprendía cuan errada había sido una manera de pensar en ese entonces…no había conocido realmente el amor hasta conocer a Sakura, había creído que Dios seria bondadoso con ambos dándoles una vida y existencia tranquila por el amor que compartían pero ahora el suelo se desvanecía bajo Sasuke y lo amenazaba con caer, estaba a punto de perderlo todo y no había nadie que pudiera hacer o decir nada que sosegara su dolor. Había perdido a su madre hacía poco menos de un año y ahora existía la seria posibilidad de perder a Sakura, agradecía el hijo que le había entregado pero no lo habría deseado sabiendo que tenerla habría implicado perder al amor de su vida. En la sala privada de los aposentos de su esposa, el rey Sasuke se paseó ante la chimenea con las manos detrás de su espalda y siendo observado por sus Consejeros que no tenían palabras para consolar a su soberano pues se negaba a abandonar los aposentos de su esposa; lord Dan Kato estaba tratando a la reina con una técnica especial que involucraba conocimiento moro para detener su hemorragia pero le había advertido al rey que nada garantizaba que ella pudiera sobrevivir.
—La reina está luchando por vivir— Sasuke concluyó su explicación sin detener su andar en ningún momento.
—Pediremos a Dios por ella, mi señor— prometió lord Neji quien como todos respetaba y admiraba profundamente a su reina.
—Vuestra esposa es joven, se repondrá— intentó consolar lord Shikamaru confiando en que ello salvaría a su soberana.
—¿Y si no lo hace?— cuestionó el Uchiha volteando a verlos e incapaz de olvidar la muerte de Takara con menos de treinta años.
—Sería un golpe terrible, Alteza— obvió lord Idate Morino ocultando su propia angustia, —y habríamos de consolaros porque ella diera su vida para entregaros lo más valioso para alguien de vuestra condición; un heredero más para el trono— eso debería representarle un consuelo que pocos tendrían, él por ejemplo.
Era egoísta de su parte e Idate lo sabía, en el pasado había estado ahí para su reina cuando ella se debatía entre la vida y la muerte, Dios sin embargo no la había llevado a su reino honrándolos con su gloriosa compañía…pero ahora parecía haber cambiado de opinión, lo que atormentaba y/o carcomía por dentro al Morino, ¿Es que no se podía huir del destino? Su amada reina era joven y fuerte, ¡Ni siquiera tenía veinticuatro años! Idate se negaba a creer que Dios pudiera llevarla a su reino ahora que todos tanto la necesitaban, el rey Sasuke al menos tenía cinco hijos para soportar el dolor, ¿Pero y él? Solo tenía la fuerza de sus sentimientos por ella. Sasuke ya había escuchado eso antes de su fallecida madre lady Mikoto; es hija de reyes, sabe cuál es su deber…si, su matrimonio con Sakura se había debido a intereses políticos en pro de la alianza de Castilla, Aragón y Portugal pero ambos se amaban, la política formaba parte de sus vidas mas en un segundo plano, y como tal ahora Sasuke no podía pensar como rey ni conformarse, solo pensaba como un hombre enamorado que no quería perder a su esposa, haría todo cuanto estuviera en su poder para salvarla, incluso descender al infierno y soportar lo que ningún hombre había soportado en la historia solo para verla feliz y a salvo, ¿Era esa la conducta de un gran rey?
—Si así ha de pensar un rey, yo no lo soy— contrarió Sasuke con total honestidad. —Cuando la miro, no veo a la reina, ni a quien pueda darme hijos; veo a aquella sin la cual mi vida sería menos vida— vivir sin Sakura le parecía imposible, un infierno que no había vivido ni quería vivir. —Os ruego que hoy me evitéis toda obligación, solo tengo una cuestión que atender— advirtió decidido a permanecer junto a su esposa.
Aunque hubieran querido contradecir a su rey y decirle que asuntos de estado esperaban su firma, lectura o resolución, ninguno de los Consejeros pudo decir siquiera media palabra, reverenciando a su soberano y procediendo a retirarse mientras Sasuke dirigía sus pasos hacia la habitación privada de su esposa hacia la cual ingreso despidiendo con la mirada a su camarera Temari Sabaku; él cuidaría personalmente de Sakura y no se apartaría de su lado ni comería hasta que ella estuviera bien, era una promesa. Aunque pálida y azorada por la fiebre mientras permanecía recostada sobre la cama, habían vestido a Sakura con un sencillo camisón de seda blanca de escote redondo ceñido bajo el busto y de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, encima portaba una chaqueta de seda beige muy pálido con bordados en tono damasco que formaban finos bordados en forma de rosas y capullos a lo largo de la tela, elegante con las mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y ceñido bajo el busto formando un profundo escote en V que era decorado por encaje en el contorno y se cerraba por dos pequeños botones, con su largo cabello rosado cayendo tras su espalda. Mientras escuchaba las puertas de la habitación cerrarse, Sasuke se acercó a la cama para arrodillarse junto a su esposa.
Uniendo sus manos bajo su mentón para orar y esperar pues no tenía otra opción, Sasuke repitió la plegaria que inconscientemente había realizado en su mente durante todo este tiempo, tratando de no abrir los ojos y contemplar la palidez en el semblante de Sakura, lo agitada que se veía con la piel perlada de sudor y aquel lienzo húmedo sobre su frente para intentar palear la fiebre que tenía. Esto era su culpa y Sasuke lo sabía, su pasión y lujuria por ella eran lo que alimentaba su relación pues ambos amaban y deseaban al otro incondicionalmente...mas era Sakura quien debía llevar a sus hijos por nueve meses, era ella quien debía someterse al tormento del parto tras cada embarazo y era ella quien se jugaba la vida en ello. Vivir teniendo la muerte de Takara en su conciencia—pues ella había muerto por su culpa—había sido doloroso como nada, pero tener que vivir si Sakura moría le resultaba insoportable, rompiendo en llanto y bajando la cabeza con dolor para besar una de las manos de su esposa mientras rezaba porque a la mañana siguiente estuviera bien. El físico había asegurado que si Sakura continuaba con fiebre al día siguiente ya nada podría salvarla y si eso sucedía, Sasuke estaba dispuesto a quitarse la vida, una existencia sin ella no tendría sentido ni aun por causa de sus hijos, todo lo que querría seria seguirla...
Cuando comenzó a ser consciente de lo que la rodeaba, lo primero que Sakura sintió fue dolor, el familiar dolor del parto entre sus piernas y caderas, también sentía escalofríos por todo el cuerpo y haciendo memoria recordaba sentir un calor infernal recorriéndola como fiebre...¿Qué había pasado después? No lo recordaba pero esforzándose finalmente pudo abrir los ojos viendo al sol ascender desde el horizonte para iluminar su habitación con una luz dorada. ¿Dónde estaba su hijo? No recordaba haberlo visto y eso le pesaba porque deseaba saber que nombre iba acorde con él, pero si recordaba que era un niño y ello la llenaba de orgullo. Bajando la mirada al sentir peso sobre una de sus manos, Sakura sonrió al ver a Sasuke durmiendo arrodillado a su lado lo que la conmovió y preocupo evidentemente mientras acariciaba sus rizos dorados ya que él se había angustiado por su causa. Sintiendo una caricia sobre su cabeza, Sasuke abrió lentamente los ojos, mas despertando de golpe al ver el sol iluminando la habitación, ¡Ya era de día! Levantó la cabeza en dirección a Sakura quien sonrió como la belleza angelical que él tanto amaba, con sus mejillas sonrosadas y un semblante aun casado pero que en nada lo detuvo para levantarse del suelo—incomodo por haber dormido de rodillas—y sentarse a su lado.
—Sakura…— el Uchiha llevo una de las manos de su esposa a sus labios, besando el dorso de esta, —¿Me reconocéis?— preguntó solo para estar seguro.
—Sois Sasuke, mi esposo— contestó la Haruno extrañada por su pregunta mas no lo demostró. —¿Respondí bien?— inquirió con un deje de burla.
—¿Cómo os encontráis?— interrogó Sasuke, acariciando los cabellos de su esposa y sin apartar sus ojos de ella en ningún momento.
—Las fuerzas vuelven a mí— asintió Sakura lamentando que él hubiera visto las repercusiones que un parto podía tener en ella.
De haber sido posible, ella habría deseado que Sasuke estuviera en otro lado, no habría querido angustiarlo con un recuerdo tan nefasto—pensando en su fallecida hermana Takara—como lo era un alumbramiento poco venturoso y no lo decía por su hijo que confiaba fuera un niño sano y fuerte como sus hijos anteriores, pero si por como su fortaleza había flaqueado de tal modo que ahora había puesto su vida en riesgo por dar a luz a su quinto hijo, mas Dios con buen juicio no había decidido separarlos aun teniendo tanto por delante que experimentar y por lo que vivir. Con las pocas fuerzas que tenía, Sakura sostuvo una de las manos de Sasuke en una silente promesa de que se recuperaría y que todo saldría bien pero también para sujetar con la otra el cuello del jubón de su esposo y rogarle que se acercara para besarla porque ambos habían temido la posibilidad de haber experimentado la última caricia del otro. Aunque de Sasuke hubiera dependido, no pudo negarse a la súplica de su esposa, acunando su rostro con una de sus manos y encontrando sus labios que correspondieron con deleite a los suyos, era un beso sencillo y devoto de esposo y esposa, no había lujuria ni otras emociones, solo amor, un amor incondicional que brilló en los ojos del otro al separarse y contemplarse.
—Sois muy desdichado, habéis tomado por esposa a una mujer demasiado frágil— suspiró Sakura avergonzada de su propia debilidad.
—No, tomé por esposa a una guerrera— protestó Sasuke aún más enamorado de ella de ser posible. —¿Estáis segura de que os sentís bien?— volvió a preguntar palpando su frente y sintiendo que ya no tenía fiebre.
—Un parto de tantas horas enferma más que cualquier asunto de estado, y he vivido para contarlo— comparó la Haruno con una sonrisa bromista que lo hizo entornar los ojos. —Seguiré a vuestro lado, no os preocupéis— solo la muerte podría separarlos. —¿Y nuestro hijo?— inquirió, haciendo un esfuerzo y tratando de sentarse.
—Es perfecto— aseguró el Uchiha únicamente, pues era como todos sus hijos y fruto del amor de ambos.
La verdad—no queriendo sonar como un mal padre, por supuesto—Sasuke poca atención había prestado a su hijo menor que estaba siendo cuidado en una de las habitaciones contiguas por su hermana Emi y las doncellas de su esposa, su atención había estado y aún estaba completamente volcada en Sakura. Pero queriendo proporcionarle la misma alegría que ella le brindaba a él, Sasuke no dudo en erguirse de la cama y dirigirse hacia las puertas que abrió para llamar a su hermana Emi; mientras tanto y a solas momentáneamente, Sakura se sentó sobre la cama con un ligero quejido al estar inmóvil por tanto tiempo, acomodando la almohada a su espalda y cruzando solemnemente sus manos sobre su vientre cuando Sasuke ingresó de nuevo en la habitación cargando a su hijo. Su físico Dan Kato cruzó el umbral de la habitación en compañía de dos de sus doncellas que desplegaron su botiquín para que luego pudiera examinarla y Sakura se sometería a ello como siempre, pero por ahora toda su atención estaba en su pequeño hijo que Sasuke depositó en sus brazos. Era pequeño como sus hijos anteriores pero sano y sonrosado, fuerte al apretar uno de sus dedos con un agarre firme y hermoso a sus ojos de madre. Sasuke se sentó a su lado y viéndose a los ojos ambos concluyeron el nombre perfecto:
Kagami, duque de Guarda y nuevo Infante de Portugal.
Santa María del Campo, Castilla/28 de Agosto de 1507
Pese al feliz nacimiento de su hija menor, la reina Hinata se mantuvo ajena a todo, sabía que seguían llamándola loca y mas que antes por la forma en que recorría los campos de Castilla tras el ataúd de su esposo, y que mandaba abrir para besar su mortaja embalsada pero la verdad es que nadie podía entenderla, por un lado sí que continuaba amando a Naruto pero también quería que la vieran como una mujer loca, quería librare del apremio de otros para tomar decisiones y para reinar, no quería ni nunca habría querido ser reina, todo lo que quería era ser una madre para su hija. El viaje de la reina Hinata continuó hasta la pequeña villa de Santa María del Campo donde fue alcanzada por su padre el rey Pein quien finalmente había retornado a Castilla y con él todos sus temores parecieron hacerse realidad. Luciendo más avejentado de lo que ella recordaba, el rey de Aragón vestía una holgada camisa blanca de cuello alto y redondo con mangas ceñidas en las muñecas, jubón de seda negra de cuello redondo con detalles dorados en el contorno así como el dobladillo de las mangas acampanadas y del largo faldón—ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero con hebilla dorada—hasta las rodillas, pantalones negros, botas de cuero de igual color y encima un pesado abrigo de piel negra con bordados dorados del emblema de Aragón y un toisón dorado alrededor de su cuello.
—Una vez perdido el sol del esposo no es decoroso para las viudas viajar a la luz solar— comentó Hinata volviendo la mirada hacia su progenitor, —por eso he decidido viajar de noche— justificó en espera de que él pudiera entenderla.
—Y os agradezco vuestro sacrificio— asintió Pein comprendiendo aparentemente las razones de su hija. —Estoy muy preocupado por restablecer el orden en vuestro reino, Hinata— garantizó siendo transparente con ella o eso parecía.
—Lo dejo en vuestras manos, pues los hijos deben obedecer constantemente a sus padres— delegó la castellana sin dudarlo y no queriendo la labor de gobernar. —Solo ruego que me sea posible celebrar las exequias cotidianas por mi esposo— era su deber como viuda honrar la memoria de su amado.
—Por supuesto, estoy al tanto de vuestro dolor— consintió el aragonés respetando los deseos de su hija. —¿Es cierto lo que se cuenta?, ¿Mandáis abrir el féretro cada noche?— inquirió queriendo salir de aquella duda.
—El rey es el padre de mis hijos, Alteza, velando su despojo veló también por ellos— obvió Hinata ligeramente ofendida por el sentido implícito en sus preguntas.
—Son mis nietos, nada permitiré que se haga contra ellos— aseguró Pein pues eran los herederos de su gloria y la de su fallecida esposa la reina Seina.
Padre e hija, ambos soberanos de sus respectivos reinos de Aragón y Castilla se hallaban sentados en la humilde sala de la casa en que residía la reina castellana junto a su sequito y su pequeña hija, necesitando privacidad para hablar y debatir como no habían podido hacer en todos estos años desde la muerte de la reina Seina, madre y esposa de ambos. Aun solemnemente enlutada por su esposo, la reina Hinata portaba un sencillo vestido negro—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado con cortos holanes en las mangas que se ceñían en las muñecas—de escote cuadrado que se ceñía bajo el busto distorsionando su figura, larga falda hasta el suelo, mangas holgadas que se ceñían a las muñecas y encima una capa o abrigo de seda negra que se abría por encima de los codos y permanecía abierta para exponer sus ropas, con una cofia blanca enmarcando su rosto y cubriendo su cabello bajo un velo de terciopelo negro con margen dorado que caía sobre su cabeza y hombros, y alrededor de su cuello reposaba un medallón con un pequeño retrato de su amado Naruto en su interior. Aunque sentados junto al fuego y hablando como se esperaba de padre e hija, existía cierta tensión en el ambiente que Hinata no podía desestimar aunque quisiera, luchando por no dudar de su padre y su bondad para con ella.
—He pensado que sería imprescindible establecer la residencia de vuestra corte en Burgos, creo que el reino lo merece— consideró el aragonés en voz alta.
—No me pidáis eso— negó la castellana apartando la mirada con dolor, —allí Dios me arrebato a mi amado, jamás volveré a pisar esas calles— imaginar volver a hacerlo le parecía la peor de las torturas.
—No es digno de la reina de Castilla permanecer en una villa tan pequeña— discutió Pein imaginando lo que decía la gente sobre su hija al quedarse ahí.
—Si tanto lo deseáis, me trasladare a otro lado pero no será a Burgos, no insistáis— aceptó Hinata si no existía otro remedio.
—En ese caso, creo que conozco un lugar digno para alguien de vuestra condición y que los aposentadores prepararan con presteza— comentó el aragonés habiendo previsto ello de antemano, —el palacio real de Tordesillas— designó sin notar el escalofrió que recorrió a su hija.
—¿Y mi esposo?— preguntó la castellana con casi un hilo de voz a causa del miedo
—Os acompañara, no os inquietéis— sosegó él viendo la palidez que se adueñó de su rostro.
Las cortes no volverían a nombrarlo rey y Pein lo sabía, tampoco desposeerían a su hija pues ello implicaría apartar el trono a sus nietos que un día podrían reinar—Dios mediante—con mejor cordura que su progenitora, pero sin otra salida a su paso Pein comprendía que debía hacer lo indecible y apartar a su hija del trono, los nobles no se volverían contra ella pues significaría desafiar la memoria de su fallecida esposa la reina Seina, pero él si podía alejarla del mundo. Hasta ahora y sin importar las circunstancias, Hinata había tratado de no creer en las funestas palabras que su esposo Naruto le había dicho antes de que emprendieran rumbo hacia astilla para ser jurados soberanos, y aun tras la muerte de su amado había querido creer que ningún padre volvería la espalda a su hija mas ahora veía como su progenitor se hallaba presente para ser la materialización de todo cuanto ella temía. Poder mantenerse alejada de la vida pública para criar a su hija y llorar la muerte de su esposo era un retiro idóneo para una viuda y ella estaba dispuesta a aceptarlo…si ese fuera su deseo únicamente, pero ella podía ver más allá de las palaras de su padre, sabía que era un estorbo para que él tomara el poder y que lo que en realidad buscaba era encerrarla; Naruto había tenido la razón, ahora era la reina loca y prisionera de Castilla.
—Naruto lo dijo en su día y yo no quise creerle— suspiró Hinata únicamente viendo a su padre fruncir el ceño con desconcierto, —pero es verdad; desde ahora soy vuestra prisionera— su padre era el peor traidor que había conocido.
—Lo hago por vuestro bien— intentó sosegar Pein, mas su hija aparto la mirada con lágrimas en los ojos, —para que el día de mañana vuestros hijos tan queridos puedan ser tan buenos reyes como lo fueron sus abuelos— de otro modo su reputación de loca los alcanzaría y ya nada se podría hacer.
—Para ser un buen rey, no es necesario ser un mal padre— contrarió ella volviendo la mirada hacía él con profundo dolor. —Partamos— ordenó levantándose de su lugar y ante lo que sus doncellas abandonaron la estancia reverenciándola al instante.
Sin dirigir una última mirada a su padre, sabiendo que por su causa su existencia estaba a punto de cambiar ya que él pensaba borrarla de la historia de Castilla, Hinata se sujetó la falda del vestido para no tropezar y abandonó la sala con toda la dignidad de reina que tenía pues seguía siéndolo y a su paso sus escoltas abrieron la puerta de la casa para permitirle salir. Fuera la noche lo cubría todo, solo la luna llena iluminaba el cielo junto a las estrellas y el féretro de su esposo Naruto aguardaba por ella, que hizo una señal al cochero y comenzó a ponerse en marcha cuanto antes en un nuevo viaje solo que a un lugar del que la reina de Castilla no volvería a salir. Una de las doncellas de la soberana acomodo el velo de su reina de tal manera que le cubriera el rostro ya que no era digno de una viuda ser vista o llamar la atención, mas fuera de ello Hinata no detuvo su andar, ¿para qué? A esas alturas era evidente que sus escoltas sabían a donde debían dirigirse y por lo que ella simplemente realizo el camino, volviendo la mirada hacia la doncella que caminaba un paso tras suyo y que cargaba a su pequeña la Infanta Izumi…no era justo para su hija tener que someterse al encierro, a vivir alejada del mundo pero desgraciadamente no les habían tomado parecer a ninguna de las dos. Su tormento estaba a punto de empezar…
Londres, Inglaterra
—Alteza— Akina Taketori zarandeó el hombro de la Infanta Mirai quien abrió lentamente los ojos al ver interrumpido su sueño. —Perdón por despertaros pero lord Namiashi acaba de llegar con esta carta para vos, de vuestro padre— comunicó tendiéndole un sobre sellado.
—¿Mi padre?— repitió Mirai aún muy adormilada pero escuchando aquello con claridad.
Frotándose los parpados con ambas manos y ahogando un bostezo, Mirai recibió el sobre cerrado de manos de su leal amiga y doncella Akina Taketori, apartando la colcha y sabanas para sentarse sobre el colchón, moviendo el cuello para destensarse mientras rompía el sello de lacre y extendía el documento que procedió a leer; en solo cosa de segundos el sueño abandono su semblante y fue reemplazado por emociones como la alegría, preocupación y ansiedad que brillaron en los ojos de la Infanta de Castilla y Aragón que extendió la carta a su querida amiga…Como de costumbre y a primera hora del día siguiente, el consejo real del rey Enrique VII se hallaba reunido en el Castillo de Windsor, y si bien el monarca se mostraba avejentado y pálido por el paso del tiempo, era un trabajador infatigable si de tratar asuntos de estado refería. Sentado a la cabecera de mesa del salón, el rey vestía una camisa blanca de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas en las muñecas, encima un jubón negro de cuello alto y cerrado con mangas acampanadas sobre otras inferiores y ceñidas a las muñecas, largo faldón hasta las rodillas que se ceñía a su cuerpo por un cinturón negro como sus botas, encima un abrigo de terciopelo negro sin mangas y repleto de bordados dorados con el emblema de la dinastía, alrededor de su cuello un toisón dorado y sobre su cabeza la corona de su rango como rey.
—Alteza— uno de los mozos del rey ingresó en la habitación llamando la atención de todos los presentes, —la Infanta Mirai trae un mensaje urgente— comunicó solemnemente.
—Que pase— permitió el rey Genma, confundido por esta visita inesperada.
A la mesa del Consejo también se hallaba su madre lady Biwako quien se mostraba elegante y regia en un vestido negro—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—de escote cuadrado con mangas ceñidas bajo unas superiores que se abrían desde los codos, falda de dos capas; una superior abierta en A y una inferior lisa, y ceñido a su cuerpo por un fajín dorado que caía por sobre sus rodillas a juego con el tocado de tipo cofia que enmarcaba su rostro cayendo sobre sus hombros y resaltando un crucifijo de oro decorado por perlas. El eco de los pasos de la Infanta se hicieron anunciar antes de que ella ingresara y al hacerlo atrapo todas las miradas por su belleza y su nuevo aspecto; atrás quedaba la princesa viuda de Gales o ese fue el mensaje que Mirai transmitió al ingresar portando un vestido azul grisáceo—debajo una enagua celeste pálido de escote redondo y mangas acampanadas—con decenas de mariposas azules bordadas y que se anudaba en el frente, falda abierta en A y cortas mangas hasta los codos bajo una chaqueta superior café rojizo de mangas acampanadas y profundo escote redondo que se cerraba bajo el busto y abría bajo el vientre. Sus largos rizos negros caían sobre sus hombros bajo un tocado español azul oscuro que enmarcaba su rostro y resaltaba el crucifijo alrededor de su cuello.
—Alteza— Mirai bajo la cabeza en una profunda reverencia ante el rey inglés. —Como ya sabe, Naruto de Austria, esposo de la reina Hinata, ha fallecido. El dolor de mi hermana le ha costado su salud, por lo que ha sido relegada del gobierno— comunicó en un fluido ingles sorprendiendo a los presentes por esta última noticia. —Mi sobrino Boruto solo tiene ocho años y no puede gobernar por sí mismo, así que mi padre el rey Pein ha sido designado para encabezar el gobierno y me ha nombrado su embajadora en Inglaterra— reveló por fin con una disimulada sonrisa.
—¿Embajadora?— repitió lady Biwako sin creerlo realmente. —Ese es un puesto para un hombre— nunca una mujer había sido embajadora en corte alguna.
—Mi madre la reina Seina, Dios la tenga en su gloria, me crió a su imagen enseñándome a gobernar y escuche a mi padre al departir con los embajadores y los miembros del Consejo— justificó la Infanta sin inmutarse. —Mi familia sabe gobernar desde hace generaciones— la suya era una dinastía antigua y gloriosa.
—No podéis bloquear los compromisos que ya se pactaron, Infanta— contrarió la madre del rey viéndola como una amenaza.
—Pero mi padre el rey Pein sí, pues mis sobrinos son sus nietos, él puede decidir junto al Emperador Minato— obvió Mirai como súbdita leal de su padre. —Y ahora ha ofrecido el resto de mi dote— era otra vez la digna hija de los Reyes Católicos.
Las tornas habían cambiado, ahora ella no era una mendiga que tenía que zurcir sus vestidos por lo antiguos que eran, que tenía que empeñar sus joyas para comprar leña para calentar su hogar o comprar alimento tanto para sí misma como para los restantes miembros de su ahora pequeño pero excepcionalmente leal sequito; lord Maito Gai ya no era el embajador español en Inglaterra sino que lo era lord Raido Namiashi quien había llegado junto a la carta de su padre el rey. No era ambición personal, ni siquiera había estudiado sus sentimientos por el príncipe Enrique pues ello no importaba, estaba ahí para formar una alianza entre las Españas e Inglaterra, ese había sido el deseo de su fallecida madre y seguía siendo ahora el de su padre según había expuesto en su carta, Mirai volvería a las Españas y desposaría a alguien más si su padre así lo quisiera pero los planes no habían cambiado y ella se plegaria a lo que fuera más conveniente…pese a tener interior angustia sobre qué había ocurrido exactamente con su hermana Hinata, ¿Cómo estaba? No tenía idea. El silencio reino en la habitación en que todos se observaron entre sí, especialmente lady Biwako a su hijo el rey Genma Shiranui quien pronto regresó su mirada a la Infanta de Castilla y Aragón.
—Necesitáis de los reinos de las Españas; Castilla y Aragón, para salvarse de Francia— recordó Mirai con voz firme y su dignidad intacta. —Yo soy la representante del rey Pein en esta corte y, para no molestar a mi padre el rey, sugiero alojarme en los apartamentos de lord Namiashi, por el momento— estableció inmensamente feliz de volver a la corte, —y mi sequito me acompañara— agregó siempre solemne.
—Sea, Alteza— consintió el rey Genma, sabiendo que ella tenía razón.
Lady Biwako quiso protestar ante el consentimiento de su hijo pero este se lo impidió sosteniendo una de sus manos únicamente; si el rey de Aragón había decidido nombrar a su hija como su nueva representante en la corte inglesa ellos nada podían hacer si ella nada había hecho contra ellos, solo podían aprobar su designación no oficial y tratar con ella para no tener problemas, ese era el protocolo apropiado de acuerdo a la política después de todo. Satisfecha por la respuesta del rey Genma, Mirai bajo la cabeza en una profunda reverencia y con la frente en alto abandonó el salón sujetándose la falda elegantemente para no tropezar, aumentando su sonrisa al hallar fuera y esperándola a su leal doncella Akina Taketori con quien entrelazó sus manos. Dios la estaba apoyando y guiando, hasta hace solo unos meses mucho se hablaba de que su sobrina Fuso—hija de su hermana Hinata—seria quien mantendría la alianza desposando al príncipe Enrique pero ahora todo había vuelto a su curso, el enlace entre ella y Kiba no se había confirmado pero ella tenía un rol en la corte, se sentía útil y no existía mayor satisfacción que esa. Intercambiando una mirada con su querida amiga, Mirai continuó con su camino conduciéndose con su dignidad porque nuevamente era la joya del mundo y tenía que recordar a este su ausencia.
Los vientos habían cambiado.
Lisboa, Portugal
Después de su ultimo parto había sido difícil para Sakura recuperarse, en ocasiones tenia sueños tan vividos por las noches que le resultaba difícil en extremo diferenciar la realidad de la fantasía y este caso en nada fue distinto, sujetándose la falda del vestido para no tropezar al subir los escalones hacia la planta alta del Alcázar de Castilla, aquel lugar que había abandonado hace siete años para casar con su amado Sasuke. ¿Por qué estaba aquí ahora? No lo tenía claro, pero sin importar que recorrió el lugar en busca de una respuesta. La reina portuguesa portaba un bello vestido de seda dorada—debajo una enagua entre blanca y mantequilla de cuello alto y redondo con cortos holanes en las muñecas—de escote cuadrado que se ceñía bajo el busto por un largo collar que caía sobre su vientre con dos largas vueltas para dejar caer un dije rojo casi a la altura de sus rodillas, mangas holgadas que se abrían a lo largo de los brazos por broches de oro y rubí, y mangas ceñidas en las muñecas; su largo cabello rosado estaba peinado en una larga coleta peinada por un broche de oro y perlas bajo un tocado portugués de velo que caía sobre sus hombros con una especie de boina marrón oscuro con bordados dorados sobre esta. Cada vez más cerca de los últimos escalones para llegar a la planta alta, Sakura frunció el ceño al escuchar gritos:
—¡Soltadme, miserables!, ¡No podéis hacerme esto!, ¡No!, ¡No tenéis derecho!, ¡Juro por esta cruz, que os haré matar a todos!
Muchas veces Sakura se encontraba cavilando en el pasado y deseando revivir su infancia dorada en que si bien no todo había sido perfecto, si había sido feliz según ella recordaba, llevaba muchos años lejos de sus restantes hermanas Hinata y Mirai pero pese a no tener comunicación con ellas por otro medio que cartas, Sakura no había olvidado sus voces y en ese momento pudo reconocer con facilidad los gritos de Hinata, ¿Realmente estaba a su alcance?, ¿Podía verla otra vez?, ¿Qué le estaba ocurriendo que gritaba de esa forma? Sujetándose la falda del vestido para moverse con mayor facilidad, Sakura se sorprendió al llegar a lo alto de la escalera y ver un grupo de nobles pasar a su lado sin dirigirle una mirada, ¿Estaban tan shockeados por lo que habían visto como para reparar en ella o es que ella misma ni siquiera estaba ahí realmente? Prefiriendo no pensar en ello y conduciéndose con andar veloz, Sakura recorrió los pasillos buscando los antes aposentos de la reina que habían pertenecido a su madre Seina pero que ahora debían ser de su hermana Hinata. La imagen que se encontró al dar la vuelta a la esquina la dejo helada de tal modo que no pudo moverse, boquiabierta y viendo como dos guardias—sujetándola de un brazo respectivamente—sacaban a su hermana de la habitación entre alaridos de desesperación.
—¡Soltadme!— exigió Hinata luchando cual leona por zafarse del agarre de sus captores.
Como reina que era, Hinata portaba un elegante vestido de tafetán negro—debajo una enagua gris claro de escote redondo con holanes en las muñecas—de escote cuadrado con un margen dorado y entallado a su esbelta figura, mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y falda abierta en A con dobladillo de oro rebelando una falda inferior de paño de oro con bordados cobrizos, de su escote pendía un broche de oro con una perla en el centro con una lagrima debajo y alrededor de su cuello un medallón de oro en forma de lagrima con una cadena de cuentas de oro colgando sobre su vientre. Su largo cabello azul oscuro recogido en una trenza era cubierto por un tocado de seda flamenca con bordados dorados que enmarcaba su rosto. Pero fuera de su imagen de reina, era denigrante el modo en que los guardias parecían casi arrastrarla por los pasillos por como ella se resistía…y avanzaban hacia Sakura quien ni siquiera pudo moverse, sentía como si solo fuera una espectadora, como si no estuviera ahí pues nada le daba seguridad de que lo que contemplaba fuera real. Hasta que Hinata volvió la mirada y la enfocó en su dirección, los ojos de su hermana se llenaron de lágrimas y pareció encontrar nuevas fuerzas para pelear con sus captores. ¿No era un sueño?
—Por favor, Sakura, por favor, ayudadme...— rogó Hinata con la voz quebrada, sin nadie que la ayudara.
Como buena hermana, Sakura quiso hacer eso de inmediato dando un paso más cerca de su hermana, mas un guardia se situó a su diestra y le sujeto el brazo para impedírselo desconcertando a la reina portuguesa quien fue retenida mientras se llevaban a su hermana como una prisionera o peor aún una loca, que es lo que tanto pensaban de ella y cuyos gritos se tornaron cada vez más lejanos. Luchando con el guardia para soltarse y auxiliar a su hermana, Sakura alzó la mirada y vi a una figura familiar abandonar los aposentos de la reina de Castilla. Se trataba de su padre el rey Pein quien vestía una camisa blanca de cuello redondo y mangas halagadas, encima un jubón negro de cuello cuadrado con mangas ceñidas y largo faldón hasta las rodillas que se ceñía a su cuerpo por un cinturón de cuero negro como sus botas, encima un pesado abrigo de piel negro que permanecía abierto enmarcando un toisón dorado alrededor de su cuello, largo hasta el suelo con dobladillo dorado y mangas que se abrían desde los hombros. Sobre su cabeza reposaba la corona de Castilla, él volvía a tener el control y lo dejo en evidencia alzando una mano como si hablase con una niña y silenciando a Sakura que sintió como si todo el mundo se desmoronase frente a sus propios ojos al verlo dar la vuelta y regresar al interior de la habitación.
Sintiendo un escalofrió recorrerla desde la punta de los pies hasta la última hebra de sus cabellos, Sakura abrió los ojos de golpe y su primer impulso fue desconcertarse ante la oscuridad imperante en su habitación salvo por las velas ubicadas estratégicamente, y en que reconoció se hallaba estudiando el lugar con la mirada, esforzándose por desprenderse de la bruma del sueño y sentarse sobre el colchón con la respiración aun agitada. Respirando sonoramente para calmarse, Sakura volvió la mirada hacia su lado en la cama viendo a Sasuke profundamente dormido y entre ambos se hallaba su hijo menor el Infante Kagami. Abrazando sus piernas hacia su pecho, Sakura deseó despertar a Sasuke y contarle de su pesadilla, pero apenas y ambos estaban dejando atrás su ultimo parto que tanto la había acercado a la muerte por segunda vez, aunque Sasuke desconocía ese primer hecho. Alzando la mirada hacia una de las velas que alumbraba su altar y la cruz hecha de oro ante la que rezaba cada día, Sakura oró en silencio porque su pesadilla solo fuera eso, oró porque su hermana Hinata estuviera bien y, mientras volvía a recostarse sobre la cama y abrazaba a su pequeño Kagami contra su pecho, se comprometió a escribir una carta a su hermana mañana a primera hora solo para estar segura de que esto había sido un sueño…
A la mañana siguiente Sakura trató de conducirse como si aquel sueño no hubiera ocurrido, frente en alto y siempre digna tras regresar a la vida de la corte, ya recuperada de su primer parto pero siempre con instrucciones de su físico sobre mantener una cuarentena prudente de tres meses para recuperarse y que esta vez instauró al rey Sasuke quien prometió esperar para volver a compartir íntimamente la cama con su esposa. Sujetándose la falda para no tropezar en su trayecto por los pasillos del Castelo de Sao Jorge, la reina Sakura saludó a los guardias que le abrieron las puertas al permitirle ingresar a sus aposentos; su esposo había salido de caza en su ausencia y por ahora no tenía responsabilidades que atender. Portaba un exquisito vestido de seda mantequilla de escote cuadrado—decorado por perlas y zafiros en el contorno—y ceñido a su esbelta figura, mangas abullonadas con perlas bordadas que se ceñían a lo largo de sus brazos, falda abierta en A revelando una inferior de seda zafiro con bordados dorados, y su largo cabello rosado estaba recogido en una trenza-coleta adornada por perlas y broches de zafiro bajo un velo con encaje dorado sujeto por la corona real de Portugal masificando unos largos pendientes de oro y zafiro que le rosaban los hombros a juego con la guirnalda de oro y zafiros alrededor de su cuello.
Estaba tan comprometida con su rol de reina que aquel día ya había realizado una visita al sancionado municipio de Lisboa prometiendo abogar por ellos ante su esposo el rey y también visitó el Monasterio de Los Jerónimos en construcción y que superaba todo cuanto ella había esperado, no culpaba a su esposo si para palear el tener que separarse por sus respectivas responsabilidades había decidido ir de caza…ya lo acompañaría ella cuando se recuperase por completo. La reina Sakura iba a tomar asiento junto a la chimenea para seguir leyendo el nuevo libro que había comenzado cuando su doncella Moegi Kazamatsuri se acercó reverenciándola y tendiéndole una carta que Sakura recibió frunciendo el ceño y sintiendo que se le acababa el aliento; era de su padre de rey de Aragón. Excusándose de sus doncellas, Sakura se retiró a su habitación privada, rompiendo el sello y abriendo el documento para leerlo con presteza. A mi hija Sakura, os escribo con noticias tan tristes que apenas puedo escribir. El esposo de vuestra hermana, Naruto, a quien todos amábamos, sufrió una fiebre y falleció, la noticia era antigua pues había ocurrido en Septiembre del pasado año pero Sakura no se enfocó en ello y continuó leyendo. La mente de vuestra hermana está débil y repleta de fantasías, esparció un rumor hereje de que su muerte ha sido causada por un veneno que yo propine, que lo hice para recuperar el poder en Castilla.
Al leer estas palabras y que contradecían todo cuánto ella había leído en las cartas que le enviaba su hermana Hinata, Sakura comenzó a temblar mientras sostenía el documento, sintiendo una punzada en el centro del pecho al prever lo que seguía pero negándose a claudicar y leyéndolo de igual modo. Hinata intento gobernar sola, pero está destrozada por la tristeza y ha caído en tal locura que tuve que tuve que hacerla encerrar en el palacio real de Tordesillas, me temo que no recuperara la cordura, y el peso del reino recae una vez más sobre mí. Sakura tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no romper el documento, mordiéndose el labio inferior para no llorar imaginándose el tormento de su hermana Hinata…Dios, una reina no debería se alejada de su poder de aquel modo, ¿En qué clase de villano se había convertido su padre? Vuestro padre, Pein, rey de Aragón y Castilla. Dirigiendo sus pasos hacia su cama, Sakura se sentó sobre el colchón apretando la carta entre sus manos y finalmente haciéndola una bola que arrojó al suelo con un sollozo que trato de acallar en vano, cubriéndose los labios con una de sus manos y llevándose la otra al centro del pecho como si tratase de convencerse de que aquello no era real pero sí que lo era, no estaba soñando sino que tristemente estaba muy lucida y despierta.
Su pesadilla se había convertido en realidad.
Luego de leer la misiva llegada de Castilla, Sakura trato de centrarse en sus responsabilidades—aunque sonara frio e indiferente—, no podía hacer que el mundo se detuviera por mucho que despreciara lo que su progenitor había hecho con su hermana Hinata, ¿El mundo se había detenido acaso cuando había muerto su madre la reina Seina? La vida seguía, era doloroso pero debía hacerse o se desaparecería de la faz de la Tierra por ser débil. La situación cambió cuando Sasuke regresó de su partida de caza y acudió a verla, envolviendo sus brazos alrededor de ella pero su ansiedad y felicidad por saberla a su lado se tornó en preocupación ante la mirada en los ojos de Sakura y el temblor que recorría su cuerpo por lo que prontamente le pidió que le contara que había ocurrido. El rey portugués vestía un elegante jubón de seda naranja opaco con bordados marrón oscuro de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—debajo una holgada camisa de cuello redondo y mangas ceñidas en las muñecas—en el cuello en V y en el dobladillo del faldón hasta las rodillas forrado en piel, cerrado a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus botas y pantalones de igual dolor. El Uchiha se hallaba recostado sobre la cama de la habitación privada de su esposa con Sakura tumbada contra su pecho.
—Castilla será un reino completamente diferente desde ahora— suspiró la Haruno con evidente preocupación y dejándose abrazar por Sasuke.
—Me cuesta comprender el proceder de vuestro padre, partiendo por haberse casado con Konan Tanaka tras la muerte de vuestra madre— confesó el Uchiha negando para sí ante tan irracional actuar. —Si yo os perdiera, me encerraría en un monasterio y no volvería a salir— sonaba idealista pero en su corazón sabía que así seria. —Una vida sin vos no merece la pena— su vida solo era vida porque la tenía a ella.
—Aunque una parte de mí se siente profundamente honrada, me ofenderías muchísimo si lo hicierais— diferencio Sakura muy consciente de su deber como reina y el de su esposo, —pues sois rey, y en ocasiones hemos de sacrificar la felicidad por algo muchísimo más importante; Dios— así se había enamorado de él y eso no cambiaria.
Ambos habían encontrado el amor en su matrimonio, lo cual no había estado planeado en absoluto, pero ello no era lo más importante en su relación sino la alianza política que se había pactado con su enlace y no podían olvidarlo; Sakura entendía que si algo le sucedía el día de mañana, Sasuke probablemente debería volver a casarse pero eso no le molestaba a ella, sabía que el amor de su esposo por ella era inmenso y eterno pero el deber estaba por encima de su sentir como hombre o mujer respectivamente. Tras darse un baño para quitarse el sudor y suciedad de encima luego de su visita al municipio de Lisboa y otros lugares, Sakura ahora portaba un femenino vestido de seda rosa pastel—debajo una enagua blanca de escote en V y mangas ceñidas en las muñecas donde se formaban cortos holanes—con bordados de rosas y hojas de hombros caídos con mangas abullonadas hasta los codos donde se tornaban acampanadas, escote recto y corpiño ceñido a su esbelta figura formando un fajín de pasamanería dorada—como en el contorno de su escote—a la altura de las caderas y falda amplia; su largo cabello rosado estaba peinado en una trenza que terminaba en una coleta bajo un velo blanco de encaje que se mantenía en su sitio por un broche de oro en forma de rosa con un diamante en el centro—sobre la trenza cintillo sobre su coronilla—y a juego con unos pequeños pendientes en forma de lagrima.
—Sakura, quería pediros un favor— mencionó Sasuke obteniendo la atención de su esposa, —sé que es un momento difícil, pero Portugal requiere de vuestra intercesión— las cosas habían cambiado demasiado para subsistir sin su mediación.
—¿Qué sucede?— preguntó Sakura esperando que no se tratara de nada malo.
—Con la muerte de vuestra madre y el ahora encierro de vuestra hermana, existe el temor de que Portugal pierda acuerdos que firmó con Castilla y Aragón— recordó el Uchiha pues ella era su embajadora no oficial para con Castilla y Aragón, —la paz es crucial para nuestro reino en auge, y lo último que necesitamos es una guerra en la frontera— debían velar por la paz para que sus hijos tuvieran un buen futuro.
—Claro— asintió la Haruno sin dudarlo, —le escribiré a mi padre mañana a primera hora, sé que me escuchara— trataría de ser diplomática y no critica con él.
—Gracias— apreció él sinceramente, inclinando su rostro al de ella para besarla en la frente. —Nunca había pensado en preguntároslo, pero…¿cómo es la relación con vuestro padre?— notaba cierto tono en su voz que despertaba su curiosidad.
—Silenciosa, indiferente y conveniente, para ambos— resumió ella desconcertando a Sasuke. —Mi padre estaba celoso de la fuerza de mi madre, nunca pudo desafiarla, por eso siempre ha tejido hilos entre mis hermanas y yo, bien lo sabéis— su padre era un diplomático experto…en su propio beneficio. —Mi padre no había querido pagar la dote de mi hermana Mirai pese a estar prometida al príncipe Kiba, no hasta precisar algo a cambio, y no creo que lo sucedido con Hinata fuese distinto— su padre jamás hacia algo sin esperar obtener algo a cambio.
—Vuestra hermana fue abatida por un trastorno de la mente— obvió Sasuke repitiendo lo que decía la carta llegada desde Castilla.
—Eso dice mi padre— contrarió Sakura sin poder evitarlo. —Las monjas de Tordesillas la cuidan— quizás ni siquiera eso era verdad, mentir en una carta era demasiado fácil.
—¿Creéis que él la encerró allí para poder quedarse con Castilla?— preguntó el Uchiha entre sorprendido y horrorizado por aquella sola idea.
No era intención de Sasuke sonar incrédulo o cuestionar la forma de pensar de su esposa pero había sido jurado consorte de la heredera del trono castellano como esposo de su fallecida primera mujer Takara y las leyes o fueros del reino castellano-aragonés habían sido tan claras y respetadas que al Uchiha le había parecido que nada ni nadie podría ir contra estas a diferencia de en su reino pero aparentemente la verdad era totalmente distinta; Hinata era la hermana de Sakura, la heredera tras la muerte de sus hermanos Takara y Sai además del pequeño Yosuke—fallecido hijo de Sasuke—, ¿Cómo es que había podido ser despojada de su poder? En su mente solo cabía una solución legal que era la demencia o locura, pero si no estaba loca como suponía Sakura, ¿Cómo habían podido cometer semejante infamia? Levantando la cabeza del pecho de su esposo, Sakura observó a Sasuke arqueando una ceja como única respuesta, deseando poder pensar tan inocentemente de su padre el rey de Aragón mas lo conocía bien, había crecido bajo su sombra igual que había ocurrido con su madre la reina Seina y podía entender o estudiar al hombre y/o mujer detrás de sus respectivos cargos. Y su padre nunca había estado de acuerdo con la idea de que Hinata fuera reina…era muy conveniente que Naruto hubiera muerto primero.
—Mi padre es un zorro, y si puede atacar a alguien para llenar sus bolsillos no dudéis que lo hará. No confió en él, jamás lo he hecho— confesó Sakura sabiendo que podía ser transparente con su esposo. —Cuando era niña solía jugar conmigo; dejaba una uva sobre la mesa y me invitaba a cogerla, pero cuando iba a hacerlo me la arrebataba o golpeaba la mesa a menos que yo fuera más rápida— había saltado de miedo las primeras veces pero luego había aprendido a no dejarse intimidar. —Con ese infantil juego aprendí que clase de hombre es. Si nunca ha hecho nada contra mí es porque sabe que soy un enemigo de su talla, Mirai era dócil y asustadiza pero yo nunca le temí— Mirai siempre acataba los deseos de su padre. —¿Seré como él?— se preguntó en voz alta temiendo que la respuesta pudiera ser sí.
—Sois muy diferente, siempre mostráis fuerza y también humildad, coraje y paciencia— refutó Sasuke sin ver parecido alguno entre su esposa y su progenitor salvo por su astucia y brillantez política. —Y os importan los problemas de los demás, no solo os centráis en dar órdenes, porque tenéis un buen corazón— Sakura siempre pensaba en el bien de los demás antes que en el suyo.
—Gracias— sonrió la Haruno, acercando su rostro al de su esposo para pegar su frente a la suya. —Por eso, no me extrañaría que en el futuro nadie hablase de mí, mi vida no ha sido para nada interesante— había otras personalidades más interesantes.
—Imposible, ¿Quién no podría hablar de vos?— protestó el Uchiha incapaz de imaginar que alguien pensara así de ella. —Sois irresistiblemente hermosa, dulce, inteligente y sabía, y vuestras opiniones...¿Qué sería de este reino sin vuestras opiniones?— Portugal estaría perdido, de eso no había duda.
—¿Un lugar más feliz?— preguntó ella únicamente y no teniéndose en tan alta estima.
Riendo por lo bajo ante semejante idea, Sasuke prefirió no contestar y en su lugar dejar que sus emociones lo hicieran al envolver sus brazos alrededor de Sakura con mayor fuerza e inclinándose para besarla en la frente, ¿Qué el mundo sería mucho más feliz si ella no estuviera? Su vida era solo gloria y alegrías—salvo por la muerte de su madre lady Mikoto hace casi un año—desde que ella estaba a su lado, su reino comenzaba a convertirse lentamente en un Edén y todo por su causa, ¿En qué mente pueril ella podía no tener la mayor de importancia o no ser la más reluciente de las joyas? Riendo en medio del abrazo de Sasuke, Sakura respiró profundamente y se deleitó con el sencillo placer de saberse amada por su esposo, un sentir que no muchas mujeres tenían la suerte de experimentar desgraciadamente. Por momentos como este y en que era tan feliz al lado de Sasuke, no podía evitar sentir que cometía un acto sacrílego porque era tal su felicidad que tendía a olvidar que había un mundo fuera de su pequeño Edén y en el cual no todos eran tan felices como ella. El mundo era un lugar imposible de comprender para ella, ahora sentía como si—salvo por su hermana Mirai—no pudiera confiar ni en su propia familia, ¿Cómo es que las cosas habían cambiado tanto? Y lo peor es que seguirían cambiando…
Como reina, Sakura estaba haciendo aquello que nunca había pesado que haría, en su mente aun inocente en muchos aspectos había creído que Hinata viviría siendo reina durante largos años, cuando menos una década y que ella podría apoyarla desde la distancia como su vecina más cercana luego de su padre el rey de Aragón…nunca había pensado que su reinado seria de meses y que pronto el padre de ambas la apartaría del trono para volver a quedarse con todo. Quizás, como hija leal debería pensar bien de su padre y no vislumbrarlo como el responsable de todo esto o a su hermana como la víctima, pero nadie más que ella parecía ver así las cosas, ni aun Sasuke quien no había crecido viendo las mañas de su progenitor pero confiaba en su juicio que era más de lo que ella podría esperar de cualquier noble leal en Castilla. Sentada ante su escritorio y a solas en su habitación privada, Sakura redactó una carta para su padre el rey Pein pidiéndole—en su calidad de reina portuguesa—ratificar los acuerdos que Castilla había pactado con Portugal porque para bien o para mal el bien de su nueva patria y reino estaba por encima de todo para ella. Las preocupaciones de Sakura eran tales que en lugar de escribir sus palabras, sentía como si se les estuviera diciendo a la cara a su padre Pein e imaginaba sus respuestas en su mente:
—Sakura, decidme porque os decantáis: ¿vuestro marido, o Castilla y Aragón?— el cinismo de aquella pregunta la hizo enfurecer de solo pretender que la escuchaba.
—Padre, soy una hija muy obstinada y una esposa fiel— musitó la Haruno a solas en sus aposentos. —Seré leal a Castilla y Aragón, y a Portugal, tenéis mi palabra— por eso había sido enviada a Portugal y eso en nada había cambiado.
Su madre la reina Seina había pactado su unión—y por supuesto su padre el rey Pein aunque en menor grado a su entender—con el heredero al trono de Portugal cuando había sido una niña pensando en lo mejor para Castilla pero hoy en día eso no iba con su padre el rey de Aragón quien velaría por los intereses de su reino antes que por la memoria de su fallecida madre, ¿No le había sido fácil aliarse con el rey de Francia al desposar a su sobrina lady Konan Tanaka? Ella no lo había olvidado ni tampoco su hermana Hinata. Doblando la carta hasta formar un sobre, Sakura alargó la mano para tomar un trozo de cera que acerco a la vela y bajo esta situó el sobre dejando que el lacre cayera sobre la unión del mismo, estampando su sello como marca personal. Mientras esperaba a que el lacre se secara, Sakura volvió la mirada hacia la cuna junto a su cama y donde dormitaba su hijo el Infante Kagami quien la necesitaba tanto como sus otros hijos; Itachi de cinco años, Sarada de cuatro, Mikoto de tres y Baru de uno, ellos eran el futuro de Portugal y por el bien de ellos y su amado Sasuke, Sakura estaba dispuesta a ir al infierno y volver las veces que fuera necesario. Dando vuelta el sobre ahora sellado y listo para enviar, Sakura escribió su nombre y sujetándose la falda se levantó de su lugar para entregarlo a una de sus doncellas:
Pactaría con su padre el rey Pein de Aragón.
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado:3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros", "El Rey de Konoha" o "Más Que Nada En El Mundo", y "Queen: The Show Must Go On", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi), a dickory5 (agradeciendo su consideración para con mi trabajo y dedicándole la historia en señal de afecto) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (23 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (36 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Idate Morino como Diego de Silveira
-Shikamaru Nara como Gabriel de Melo -Neji Hyuga como Luis de Cadaval -Temari Sabaku como Beatriz de Melo -Moegi Inés da Vila
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragon -Konan Tanaka como Germana de Foix
-Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (26 años) -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo -Takara Uchiha como Isabel de Aragón
-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (21 años) -Genma Shiranui como Enrique VII –Biwako Sarutobi como Margaret Beaufort
-Akina Taketori como María de Salinas -Maito Gai como Rodrigo Gonzales de Puebla -Raido Namiashi como Gutierre Gómez de Fuensalida
-Dan Kato como Alonso Torres -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz -Izumi Uchiha como Catalina de Austria -Itachi Uchiha como Juan III de Portugal
-Sarada Uchiha como Isabel de Portugal -Boruto Uzumaki como Carlos I de España y V de Alemania -Fuso Uzumaki como Leonor de Austria
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Portugal -Baru Uchiha como Luis duque de Beja -Kagami Uchiha como Fernando duque de Guarda
Encierro, Parto Riesgoso y Nueva Historia: inicio la trama del capitulo con Hinata siendo encerrada en Tordesillas por orden de su padre el rey Pein y que fue un hecho real que se sabe ocurrió ya que Juana fue encerrada por su padre Fernando de Aragón y mantenida reclusa posteriormente por su hijo Carlos V pero ello se abordara mas adelante; también presento el cambio en la vida de Mirai quien debido al encierro de su hermana vuelve a ser la novia elegible para el heredero al trono ingles e incluso se convierte en embajadora no oficial de las Españas en Inglaterra, algo completamente real y por lo que se le reconoció a Catalina de Aragón en su tiempo. Volviendo a la protagonista de la historia, Sakura casi muere en otro parto riesgoso y que esta vez Sasuke presencio, si bien no tengo las fechas exactas se sabe que los partos de la reina María de Aragón eran motivo de preocupación ya que en ocasiones olvidaba su propio nombre ante lo difícil de la labor y su posterior recuperación. La mención continua del personaje de Izumi en la trama no es circunstancial ya que de hecho al finalizar este fic tengo prevista la continuación "Cenicienta de Tordesillas" en que será la protagonista con Itachi, por ello y para algunas de las escenas de Hinata y su hija Izumi me inspire en el libro "Catalina de Habsburgo" de Yolanda Scheuber.
Una Nueva Historia: para aquellos que me siguen como escritora amateur o solo por mis trabajos orientados al mundo de Naruto, quería recordarles o bien comunicarles que la semana pasada comencé a subir una historia completamente diferente de mis trabajos anteriores y no en trama, época o personajes sino porque en lugar de Naruto, me enfocó en Dragon Ball. Fue uno de los tantos animes que vi en mi infancia pero que al volver a ver en este punto de mi adultez no ha podido evitar despertar preguntas en mi, ¿Qué habría ocurrido si la trama estuviera enfocada a ser un relato coherente de ciencia ficción con una trama seria y enemigos serios? En esta nueva historia quiero explorar la complejidad de la raza Saiyajin, sus sentimientos, explorar a los personajes que integran el universo de Dragon Ball y dar un giro a la historia pero basándome en la obra original de Akira Toriyama por supuesto. ¿Qué me dicen?, ¿Se apuntan a acompañarme en esta nueva aventura?
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
