-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "I'll Make You Love Me" de Kat Leon para Sakura, "Free Animal" de Foreign Air para Sasuke "Gratia Plena" de Andrea Bocelli & Paolo Buonvino para Hinata, "Crush" de Avril Lavigne para Mirai y Kiba, y "Heaven" de FINNEAS para el contexto del capitulo.


1507/Évora, Portugal

Negociar con su padre el rey de Aragón no había sido algo que Sakura había hecho de buena gana, pero como siempre la guiaba el porvenir de Portugal y la felicidad de su amado Sasuke pese a su sentido de lealtad para con su hermana Hinata, por lo que frente en alto y con una ligera sonrisa recorrió los pasillos del Castillo de Évora hacia el salón del trono donde su esposo y rey estaba lidiando con los asuntos de estado como siempre y a quien se uniría esa mañana. La reina portaba un femenino vestido de seda blanca—debajo una enagua blanca de escote cuadrado y hombros caídos—que se ceñía a su esbelta figura, de corsé ceñido con detalles rojos en el contorno del escote cuadrado y con una línea vertical hasta la altura del vientre y bordados de rosas, con mangas abullonadas desde los hombros a las muñeca y elegantes cortes que se anudaban por hilos color rojo, con holanes blancos, y falda lisa. Sobre su vestido se hallaba un elegante abrigo rojo sin mangas y forrado en piel blanca, con un largo velo blanco de encaje con bordados dorados cubriendo su cabello recogido tras su nuca y sostenido por un broche de oro en forma de rosa con un rubí en el centro y una lagrima de perla juego con los largos pendientes que casi le rozaban los hombros y la cruz que pendía del collar alrededor de su cuello. En cuanto cruzó el umbral del salón del trono, Sakura de volvió el centro de atención siendo reverenciada a su paso.

—Señores— saludó la Haruno inclinando cortésmente la cabeza, —dejadnos, por favor— solicitó necesitando informar de algo importante a su esposo.

En un gesto respetuoso todos los nobles y/o consejeros del rey volvieron la mirada hacia su monarca sentado sobre el trono, no queriendo proceder de forma impropia y ante lo que el rey Sasuke no dudo en asentir de inmediato, confiando en el criterio de su esposa para pedir intimidad por el asunto—fuera cual fuere—que deseaba tratar con él, y ante lo que lentamente los noble se retiraron reverenciando respetuosamente a su reina a su paso hasta que el salón se encontró vacío salvo por el rey y su reina. El rey Sasuke vestía una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas que se ceñían en las muñecas, encima un jubón de terciopelo negro con cuello cuadrado y detalles dorados en el contorno, mangas superiores que se abrían como lienzos de seda borgoña para exponer las mangas inferiores ceñidas a las muñecas, color borgoña con bordados dorados a lo largo y en los bordes del contorno, y ceñido a su cuerpo por un cinturón negro con hebilla dorada, faldón hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero; encima del jubón portaba un abrigo de piel sin mangas y que permanecía abierto, con su rebelde cabello azabache ligeramente despeinado como siempre. Esperando que aquello de lo que su esposa quería hablarle no fuera algo malo pero no pudiendo evitar preocuparse, por lo que tan pronto como las puertas se cerraron Sasuke se levantó de su trono y acercó a su esposa.

—¿Qué ocurre, Sakura?— preguntó el Uchiha esperando que no se tratara de algo malo.

—Tengo una buena nueva para vos— informó la Haruno ocultando el sobre tras su espalda.

—¿De qué se trata?— inquirió Sasuke arqueando una ceja ante su actitud. —Solo quiero saberla si tiene que ver con vos— señaló dando un paso más cerca de ella.

—Os alegraré entonces, pues se relaciona conmigo— asintió Sakura aumentando la curiosidad de su esposo. —Mi padre aceptó ratificar los acuerdos entre Castilla, Aragón y Portugal— informó aun con las manos cruzadas tras su espalda, —la paz es cosa segura, si Dios quiere— ella lucharía siempre por ello.

Dicho esto Sakura le tendió el sobre con el sello de lacre roto—evidentemente ella ya lo había leído o no estaría ahí—a Sasuke que recibió el documento y lo desdobló rápidamente para leer tan buena nueva con ojos ansiosos y siendo observado atentamente por su esposa. Aunque indudablemente feliz por brindar una alegría a su esposo y rey, en el fondo de su corazón Sakura se reprochaba el negociar con su padre el rey de Aragón solo por el porvenir de su reino y su familia en Portugal, pasando por encima de su hermana la reina Hinata quien continuaba recluida en el Palacio de Tordesillas junto a su pequeña hija Izumi...pero era necesario por el futuro de su reino y sus hijos—como le había enseñado su madre la reina Seina desde su infancia—, por lo que Sakura esperaba que su hermana pudiera comprender porque estaba haciendo esto, y esperaba poder perdonarse a sí misma en el futuro. Esbozando una sonrisa ladina por la inevitable sensación de triunfo que nacía en su interior ante esta buena nueva, Sasuke alzó la mirada hacia Sakura quien más que nunca le pareció un ángel de ser posible, ¿Es que había algo que ella no estuviera dispuesta a hacer por él? Eliminando los pasos de distancia que los separaban, Sasuke acunó el rostro de su esposa entre sus manos y pegó su frente a la suya, disfrutando de respirar el mismo aire y reafirmando que cualquiera de sus triunfos sería nada si no la tuviera a ella.

—Me habéis dado tanto, Sakura— aprecio el Uchiha sintiéndose indigno de ella y su amor.

—Lo hago todo por vos y por este país, por nuestro pequeño Edén— justificó la Haruno sonriendo en respuesta y siendo humilde al respecto.

Por un lado lo que Sakura estaba haciendo era solo cumplir con su deber de reina y mujer haciendo todos los sacrificios que fueran necesarios por el futuro del reino que era su patria por matrimonio, por sus súbditos cuyo amor se esforzaba en merecer y por sus hijos que día con día crecían con salud y que merecían tener el mejor porvenir, y ella solo se sentiría plena tras haberlo dado todo, incluso su vida de ser necesario e incluso eso le parecía poco. Más orgulloso y enamorado que nunca de su hermosa esposa, Sasuke se inclinó para besar los delicados labios de Sakura sintiendo el fuego en su interior crecer, profundizando este, envolviendo su legua contra la suya tan pronto como ella entreabrió los labios y envolvió sus brazos alrededor de su cuello; sería tan fácil retroceder hacia el trono, sentarla, levantarle la falda y tomarla ahí mismo…tan pronto como esta línea de pensamientos nubló su mente, Sasuke rompió el beso para extrañeza de Sakura que frunció el ceño con desconcierto pero no tuvo tiempo de formular una pregunta pues su esposo terminó todo besándola en la mejilla recordándole sin palabras que debían concentrarse actualmente en los asuntos de estado y que ya habría tiempo para sus pasiones. Aunque asintió sonriendo ligeramente, Sakura notó que la cuarentena estipulada por su físico lord Dan Kato ya había terminado, ¿Cuándo volvería Sasuke a visitar su cama? Quizás esa noche…


—Estoy algo cansado, dormiré solo esta noche— avisó Sasuke inclinándose para besar la frente de su esposa. —Hasta mañana— murmuro cálidamente y encontrando su mirada con la suya antes de salir de la estancia.

Así había comenzado todo; normalmente y cuando sucedía algún problema—el que fuera—Sakura sabía cómo actuar y si por alguna razón no sabía, podía ser astuta y dar con una pronta solución pero no en este caso. Inicialmente y tras el nacimiento de su hijo menor el Infante Kagami, Sasuke se había mostrado físicamente distante con ella pero dentro de los parámetros normales, no había que olvidar que el tiempo estándar que se le daba a una mujer para recuperarse de un parto normal era de cuarenta días y sumado a eso su físico lord Dan Kato había estipulado un mes extra de descanso pues este último parto había puesto nuevamente en peligro su vida como el del Infante Baru, aunque Sasuke no tenía por qué saber eso. Pese a lo mal que sonaba eso, era normal que en el siglo XVI una mujer se embarazara y muriera dando a luz, incluso se consideraba una muerte digna si nacía un heredero varón que asegurara la sucesión, y habiendo tenido ya cinco hijos sanos Sakura no veía nada de malo en continuar engrandeciendo la casa real de los Uchiha. Y por lo mismo no podía entender porque ahora y ya habiéndose cumplido la cuarentena Sasuke se empeñaba en mostrarse distante con ella en el aspecto intimo; primero no había compartido la cama con ella alegando estar cansado pero ahora ni siquiera la visitaba por las noches.

Decidiendo tomar el toro por los cuernos—por decirlo de alguna forma—, Sakura se hizo arreglar como nunca por sus doncellas antes de despedirlas permitiéndoles irse a dormir, y siendo una hora prudente abandonó sus aposentos y se dirigió en solitario a los de su esposo el rey, pues si Mahoma no iba a la montaña sería la montaña quien iría a Mahoma. La reina portuguesa vestía un sencillo y femenino camisón de seda blanca de generoso escote en V que cubría holgadamente su figura y sin mangas sino que dos finos tirantes a la altura de sus hombros, falda lisa que se arremolinaba a su andar y sobre el camisón vestía una bata de encaje que permanecía abierta, de cuello alto y en V, mangas acampanadas y larga caída que la seguía en su andar, con sus largos rizos rosados cayendo como una cascada tras su espalda. Nunca había hecho algo como esto, por costumbre era el hombre quien visitaba a su esposa y—según le habían enseñado, como a la mayoría de las mujeres—esta debía mostrarse solicita a sus deseos, no era la mujer quien tomaba la iniciativa, por lo que la Haruno se sintió nerviosa al estar tan expuesta mientras se detenía frente a las puertas de los aposentos de su esposo, cuyos guardias la reverenciaron respetuosamente y trataron de mantenerse cabizbajos para no ofenderla o incomodarla pese a lo bella que se veía….pues era su reina y no era correcto desearla.

—Caballeros— saludó Sakura por educación como de costumbre, —deseó ver al rey— manifestó esforzándose por no titubear de los nervios.

—Lo sentimos, Alteza— inició uno de los guardias lamentando tener que negarse, —pero el rey dijo no querer ser molestado— había sido una orden expresa.

—Esta…¿con alguien?— preguntó la Haruno con una punzada en el centro del pecho por solo imaginarlo.

—No— sosegó el segundo guardia no queriendo que su reina pensase así, —pero se fue a dormir temprano— aclaró siendo sincero.

—Y dijo que no quería verme— comprendió la pelirosa pese a lo mal que eso sonaba.

—No quería que nadie lo molestara— asintió el primer guardia mucho más estoico.

—Entiendo— asintió Sakura comprendiendo que no tendría caso insistir. —Gracias— apreció correspondiendo a la lealtad de aquellos soldados.

Correspondiendo a la actitud siempre respetuosa y amable de su reina, los guardias la reverenciaron mientras ella les dirigía una pequeña sonrisa antes de volverse y dejar libre un suspiro al comenzar a conducir sus pasos de regreso hacia sus aposentos para otra noche sola, una más luego de ya casi tres meses ininterrumpidos lo que solo la preocupaba y angustiaba cuanto más tiempo pasaba. El primer pensamiento que Sakura tuvo fue drástico y ella lo sabía pero, ¿Qué se suponía que hiciera? De la nada su esposo se alejaba de ella en el plano personal, no compartía su cama y si la besaba no era sino en la frente o la mejilla, normalmente si un hombre dejaba de frecuentar a su esposa era porque tenía una amante, pero Sasuke no era muy discreto en ello lo que la dejaba más tranquila pues su esposo no la había dejado por otra. Pero entonces, ¿Por qué estaba haciendo esto?, ¿Qué estaba provocando su lejanía? El deseo de Sasuke por ella no se había apagado y lo sabía bien, podía sentirlo cuando la besaba en la frente o la mejilla, sentía el temblor de su respiración al rozar su piel contra la suya mas eso no garantizaba que fuera actuar y buscar tener intimidad sexual con ella en un breve tiempo, de hecho era lo opuesto. Soltando un nuevo suspiro y abrazándose a misma en la oscuridad de los pasillos mientras regresaba a sus aposentos, la Haruno se resignó a ser paciente y esperar.

Solo eso podía hacer en su posición.


Palacio de Tordesillas, Castilla

Nadie se daba cuenta o bien preferían ignorarlo pero la reina Hinata percibía claramente todo lo que ocurría a su alrededor, sabía que su historia como Hinata I de Castilla se estaba convirtiendo en una leyenda dentro de su propio reino y no en el mejor de los sentidos a pesar de que continuara viva, una leyenda en que mosén Mizuki Nana—administrador o más bien gobernador del Palacio de Tordesillas—era su cruel carcelero y sus damas un desalmado grupo de espías en que sabía no podía confiar. Tratando de desligarse de la realidad, la reina Hinata leía junto a la chimenea mientras mecía con su mano izquierda la cuna en que dormía su pequeña hija Izumi; solemnemente enlutada como siempre desde la muerte de su esposo, la reina Hinata portaba un sencillo vestido negro—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado con cortos holanes en las mangas que se ceñían en las muñecas—de escote cuadrado que se ceñía bajo el busto distorsionando su figura, larga falda hasta el suelo, mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y encima una capa o abrigo de seda negra que se abría por encima de los codos y permanecía abierta, con una cofia blanca enmarcando su rostro y cubriendo su cabello bajo un velo de terciopelo negro con margen dorado que caía sobre su cabeza y hombros, y alrededor de su cuello reposaba un medallón con un pequeño retrato de su amado Naruto.

Hoy estaba tranquila y sentía que podía centrarse únicamente en su pequeña hija o estaba esforzándose por transmitirle estabilidad más bien, pero existían otros días en que—encerrada como estaba y no había que olvidarlo—lloraba, gritaba o golpeaba con sus puños las puertas y ventanas que se hallaban cerradas y eran custodiadas en el exterior por guardias que le impedían salir, sintiéndose enclaustrada y recluida como un animal peligroso e incluso peor, como una presidiaria de la peor clase, ¿Y por qué?, ¿Qué error tan grande había cometido? Solo haber heredado la corona de su madre y ser un obstáculo para su padre el rey de Aragón. De muy poco o nada se enteraba Hinata dentro del Palacio Real de Tordesillas, y aquellas escasas e insuficientes noticias nunca parecían ser útiles para comprender lo que pasaba en el mundo fuera de su solemne prisión ni la realidad de su reino, pues el pueblo continuaba admirándola y venerándola como la reina legitima de Castilla, una reina a quien todo se le ocultaba y que nunca se enteraba de nada importante, alejada brutalmente del mundo. Era por ello que, aprovechando este desconocimiento, sus propios sirvientes habían comenzado a mofarse gradualmente de ella llamándola continuamente "loca", irritando a Hinata pero ella no se permitía arrebatos de cólera por su pequeña Izumi que tanto la necesitaba lucida y fuerte, y para no dar más alas a mas rumores.

Mientras su padre el rey Pein de Aragón reinaba en Castilla, era mosén Mizuki Nana quien reinaba en Tordesillas y con el más extremado rigor, limitando todos los movimientos de la reina Hinata e impidiendo que tuviera cualquier contacto con el exterior, pero ello no impedía que Hinata tratara continuamente de descifrar aquel juego macabro al que la habían sometido, mas no lograba encontrar un sentido o respuesta sino que la asaltaban las interrogantes y el miedo como en sus días de Infanta de Castilla, solo que ahora sentía caer sobre ella le peso de saetas, órdenes y castigos, porque ser reina no la libraba de ello. Pero a pesar de todo vivía una pequeña felicidad junto a su pequeña Izumi por tenerse la una a la otra a cada hora del día o de la noche, y esa sola posibilidad las hacía sentir dichosas a ambas en todo momento, porque compartían aquel encierro. El único consuelo que le quedaba a Hinata y que la hacía sonreír cuando reflexionaba en ello era que las Cortes de Castilla habían sido muy claras tras su encierro; "Lady Hinata I de Casilla sigue siendo la reina, nuestra señora y soberana, y si bien no le es posible reinar, retendrá todo su séquito de doscientas personas, así como su dignidad y posición, ¡Ay de aquel que intente reinar, gobernar y administrar de otra manera que no sea en su nombre!". Para bien o para mal siempre seria la reina legitima de Castilla, nada ni nadie podría cambiar eso…


Meses Después/Évora, Portugal

—La cabeza más alta, Alteza, aguantad por unos instantes la mirada en esta dirección— instruyó el pintor queriendo capturar la mejor imagen posible de su reina. —Así, perfecto— apreció viéndola comportarse con su impoluta dignidad.

Intentando alejar su mente de pensamientos conflictivos de los que solía sufrir muchísimo en el último tiempo, sentada en la sala de recepción de sus aposentos junto a los ventanales la reina portuguesa se encontraba posando para un nuevo retrato mientras el pintor de la corte intercalaba su mirada entre ella y el lienzo al cual estaba dando vida y color. La reina Haruno portaba un bello vestido de seda dorada—debajo una enagua entre blanca y mantequilla de cuello alto y redondo con cortos holanes en las muñecas—de escote cuadrado que se ceñía bajo el busto por un largo collar que caía sobre su vientre con dos largas vueltas para dejar caer un dije rojo casi a la altura de sus rodillas, mangas holgadas que se abrían a lo largo de los brazos por broches de oro y rubí, y mangas ceñidas en las muñecas; su largo cabello rosado estaba peinado en una larga coleta peinada por un broche de oro y perlas bajo un tocado portugués de velo que caía sobre sus hombros con una especie de boina marrón oscuro con bordados dorados sobre esta. Normalmente Sakura diría no tener tiempo para frivolidades como esa, pero ya que apenas dormía por las noches al no tener a su esposo ocupando su tiempo, disponía de más de este durante el día y tenía que ocuparlo en algo; intuyendo sus preocupaciones, su camarera y amiga Temari Sabaku se acercó para ofrecer un pequeño plato con dulces de violeta.

—Os notó sombría, Alteza— mencionó Temari cuando su reina declino los dulces que habitualmente adoraba, —¿Algo os molesta?— comía muy poco en el último tiempo.

—Temari— nombró Sakura viendo asentir a su doncella, —sois mujer casada— recordó en voz alta esperando poder aprender de su experiencia.

—Felizmente— afirmó la Sabaku teniendo mucho por lo que agradecer gracias a Dios, arrodillándose junto a su reina para estar a la misma altura.

—Decidme, ¿Qué puede hacer una mujer para atraer a un hombre a su cama?— preguntó la Haruno en un susurró sorprendiendo a su doncella por lo directa que fue. —El rey no me visita desde mi último parto y temo haber perdido su favor— aclaró con profundo pesar.

—Bueno…si eso hubiera pasado tendría a otra, y Dios sabe que no es así— meditó Temari entrelazando una de sus manos con la de su reina. —Su majestad no es muy discreto si de intimidad se trata, y en esta corte todo se sabe pronto— sosegó tanto para hacerla sentir mejor como porque así era.

—¿Entonces?, ¿Qué estoy haciendo mal?— cuestionó Sakura dispuesta a hacer lo que fuera para ponerle remedio.

Jamás había pasado por algo como esto ni había imaginado que le ocurriría o se había preparado para ello en el futuro cuando ya tuviera más de treinta años, cuando su juventud y belleza fueran cosa del pasado y no ahora en que aún era joven, fértil y tenía toda la vida por delante, ¿Qué hacía que Sasuke hubiera dejado de buscarla de forma tan empecinada? Su último embarazo no la había afeado de ser esa una posibilidad; en primer lugar porque se sometía diariamente a baños medicinales con popurrí, jugo de granada y aceite de rosas buscando mantener su lozanía y belleza lo más posible, y como amazona habilidosa tenía un físico que apenas había cambiado desde su primer parto; y en segundo lugar, Sasuke era asiduo a venerar con su tacto y labios cada marca o cambio que cada uno de sus hijos provocaba en ella y lo sabía bien, ¿Pero y entonces? Por primera vez se sentía profundamente perdida, temía perder a su esposo y no poder hacer nada para evitarlo. Creyendo en las palabras de su reina y llevándose una mano al mentón en un gesto pensativo, Temari no pudo evitar pensar en la expresión temerosa de su esposo al yacer con ella luego de su primer parto y que había puesto en riesgo su vida, habitualmente los hombres trataban a la mujeres como gemas que podían resquebrajarse al menor roce y poco entendían que una podía desear ser tomada con pasión y descontrol puro.

—Si me disculpáis, Alteza— inició Temari y ante lo que la reina asintió para darle su permiso, —creo que vuestro esposo solo tiene miedo de que os volváis a poner en peligro— era osado decir que el rey sentía miedo, mas era la realidad.

—Pero es mi deber, soy la reina— protestó Sakura con naturalidad al respecto.

—Alteza, los hombres entienden tanto de eso como nosotras de lo que pasa por sus mentes— diferenció la Sabaku dejando pensando a su soberana. —Quizás todo lo que vuestro esposo necesite sea un incentivo— eso había necesitado el suyo en su día. —Recordadle porque os desea y dejadlo rogando por más— aconsejó pese a lo valiente u osado que fuera darle consejos de alcoba a su reina.

—Sois osada, Temari, pero también muy sabia— apreció la Haruno no viendo ello como un defecto sino más bien una virtud. —Gracias— agradeció genuinamente. —Necesitare vuestra ayuda, ya veréis— advirtió desconcertando a su doncella que asintió únicamente prefiriendo sorprenderse cuando ella se lo dijera.

Satisfacer el lívido de Sasuke e incluso hacer que la deseara todavía más era pan comido para Sakura, bajo su inocente faceta de reina católica y soberana ejemplar, abnegada y caritativa se hallaba una mujer con carácter, apasionada, decidida y desinhibida a quien Sasuke había moldeado en base a sus deseos como una esponja desde su primera vez con su esposo, no había deseo que la hiciera sonrojar o dudar si de complacer a Sasuke se trataba, así habían concebido a sus hijos después de todo y no tendría reparos en hacer lo que fuera necesario e incluso más para que él volviera a su cama, porque era lo correcto, porque Dios los había unido y porque ambos seguían amándose con todo su corazón. Sonriendo a su reina, comportándose con ella como una amiga y casi hermana mayor que era lo que la Haruno tanto necesitaba, Temari se irguió de su lugar mientras la reina y ella se sonreían con complicidad, pudiendo tener sus propios secretos fuera de los márgenes establecidos por la jerarquía real…pero deberían haber supuesto que ni en días como ese la paz estaba comprada y la quietud comenzó a desvanecerse cuando otra de las doncellas de la reina, Hanabi Hyuga, se aproximó a su soberana a la cual reverenció teniendo un semblante sereno pero también muy responsable que siempre se adueñaba de su rostro cuando ocurría algo que necesitaba de la intercesión de su soberana:

—Lamento molestaros, Alteza pero una mujer se presentó en las puertas y ruega que la recibáis— informó Hanabi solemnemente, —dice que es urgente— agregó en caso de que su reina quisiera reusarse.

—Dejad que venga ante mí, y tratadla bien— consintió Sakura sin dudar ni un instante.

—Sí, Alteza— asintió la Hyuga, reverenciando a su reina y procediendo a retirarse.

—Lo lamento, señor pintor, pero tendremos que proseguir con el cuadro en otro momento— se disculpó la Haruno levantándose de su lugar tras horas sentada.

—No os preocupéis, Alteza, cuando volvamos a vernos estará terminado, tenéis mi palabra— se comprometió el artista viendo en ello un desafío que quería asumir.

Sonriendo ante el tinte de arrogancia en la voz del pintor pero sabiendo que no era para menos—había retratado a su fallecida suegra Mikoto Uchiha—, Sakura lo observó reunir sus materiales con ayuda del sirviente que lo acompañaba y una vez hecho esto se postró a los pies de la Haruno besando su mano con profundo respeto antes de retirarse y permitirle concentrarse en este nuevo y curioso asunto. Era bien conocido por todos en el reino que la reina Sakura tenía una política perpetua de puertas abiertas, es decir que si alguien quería o necesitaba hablar con su reina por el motivo que fuera esta se mostraba disponible en todo momento para con su pueblo y fuera cual fuera su rango, credo o procedencia. Con las manos cruzadas sobre su vientre mientras esperaba, Sakura obsequió una sonrisa a la mujer que cruzó el umbral de sus aposentos en compañía de su doncella Hanabi y que la reverenció profundamente; debía tener treinta años o poco más, vestía humilmente y tenía una expresión afligida. Invitando a la mujer a tomar asiento junto a ella ante la chimenea, Sakura procedió a escuchar que la había traído a su presencia, descubriendo que era una viuda de la ciudad de Lisboa y que le rogaba fueran reducidas sus deudas para poder casar debidamente a sus hijas. Consciente de que el municipio había sido sancionado por su esposo el rey por la matanza de judíos acontecida años atrás, Sakura sentía que ya era suficiente de castigos y mano dura.

Era momento de perdonar.


1508/Lisboa, Portugal

Luego de años de sanciones y desprecios justificados por parte del rey Sasuke quien se comportaba como el padre y soberano estricto que se esperaba fuera, el Municipio de Lisboa había sido oficialmente perdonado por la masacre de judíos acontecida en años previos y por lo que el pueblo de la capital del reino recibió a su soberano entre eufóricos vítores tan pronto como este abandonó el edificio municipal de la capital. El rey portugués vestía un elegante abrigo de terciopelo marrón claro largo más allá de las rodillas, de cuello alto y cerrado, con mangas ligeramente ceñidas y forrado en piel negra en el dobladillo del cuello, las muñecas y el final de la tela que se cerraba por una serie de hebillas doradas entrelazadas por broches de oro con cristales amatista en el centro, y el emblema de la casa real de los Uchiha estaba bordado en cada hombro; debajo vestía pantalones gris oscuro y largas botas de cuero con una capa purpura colgando a su espalda. El perdón del rey al municipio, que se había visto endeudado y empobrecido al no contar con el favor real como castigo de su propio odio o discriminación para con sus semejantes, era el bálsamo que curaba todas las heridas que se habían suscitado en estos años pero ninguno de los presentes ignoraba ni podía olvidar que si se habían revocado las sanciones era gracias a la intercesión de la reina Sakura quien se encontraba al lado del rey y sonriendo a la multitud.

—¡Ahí esta!

—¡Es nuestra reina!

—¡Alteza!

Si bien toda la ciudad tenía mucho que agradecer a su rey, insuperable era su gratitud para con su encantadora reina quien estaba más hermosa que nunca, sonriendo sin excepción a todos los presentes ante los que inclinó la cabeza en reconocimiento. Portaba un sencillo vestido violeta estampado en bordados de hilo de plata y encaje negro para replicar el emblema de la familia Uchiha en la falda holgada y las mangas ceñidas; sobre el vestido sin embargo lucía una fastuosa capa de terciopelo negro de generoso escote en V con holanes de terciopelo violeta hasta la mitad del pecho con mangas que se abrían como lienzos y con bordados plateados en el contorno de las mismas y a lo largo de la caída de la tela, con un broche de oro en forma de rosa pendiendo de su escote a juego con la guirnalda que abrazaba su cuello y con la diadema de oro que enmarcaba sus largos rizos rosados peinados en una trenza que caía sobre su hombro derecho. Según estaban enterados los habitantes de Lisboa, una viuda había acudido a la reina para que sus deudas se redujeran y pudiera casar bien a sus hijas, pero lejos de cumplir solo aquello la reina Sakura había pedido al rey Sasuke que perdonara totalmente la deuda, había hecho casar a las jóvenes a su costa y había hecho mercedes a los que habían casado con ellas en señal de devoción para con su pueblo que ahora más que nunca la veía como un ángel.

—¡Larga vida a nuestra reina!

—¡Viva la reina!

—Sakura…— llamó Sasuke sospechando lo que su esposa podía hacer.

No era su intención ser tan estricto con Sakura pero era imposible para Sasuke no ser consciente de que, a pesar de los grandes logros militares de su reinado y la benevolencia que mostraban a sus súbditos, no todos les deseaban el bien y temió que su esposa pudiera salir lastimada o fuera ofendida. Pero escuchando los vítores de los presentes y no pudiendo ser indiferente a ello, Sakura soltó la mano de Sasuke y sujetándose la falda del vestido no dudo en acercarse a los habitantes de Lisboa y que eran mantenido a raya por los soldados o guardias reales que temían a un ataque o que estos faltaran el respeto a sus reyes. Viviendo por ellos, la gente de a pie cuyas espaldas sangraban cada día intentando brindar a sus hijos y su país un futuro mejor, Sakura entrelazó sus manos con las de los presentes, recibió bendiciones y agradecimiento por su visita e intercesión—lo que la hizo sonrojar, no creyendo merecer todo el crédito—, elogios por lo hermosa que se veía o por el vestido que portaba, y ramos de flores por parte de los niños y niñas más pequeños que la hicieron sonreír. Habiendo sido educada para ser reina, Sakura no conocía satisfacción más dulce—y su madre la reina Seina se lo había enseñado—que saberse amada por su pueblo, saber que ellos la apoyaban y que sus decisiones evocaban su alegría.

—Dios os bendiga— deseó Sakura a la gente a su paso, debiéndoles mucho de su alegría.

La gloria y el poder que tenía como reina eran muchos y Sakura no se refería al poder influir en la política o dar órdenes sabiendo que era obedecida sin cuestionarse, de hecho esto no le era mayormente importante, pero que las madres a su paso le pidieran bendecir a sus hijos fue algo que la supero por completo ya que diariamente y como ellas oraba incansablemente porque Dios la escuchara y protegiera a sus retoños salvándolo de morir en la infancia y alcanzar la adultez con seguridad, algo que en esencia parecía muy sencillo pero que era todo un desafío en el diario vivir. Recibir esa petición hizo que sintiera por un momento el auténtico peso de su posición y la responsabilidad sobre sus hombros, recordó la parte más vulnerable de sí misma y, viendo a Sasuke acercarse para saludar a la multitud junto a ella, temió por el futuro y las vidas de sus hijos porque ser de la realeza no garantizaba que pudieran sobrevivir y eso ella lo había visto con su fallecido sobrino el príncipe Yosuke, por lo que interiormente se comprometió—ya plenamente recuperada de su ultimo parto y con meses de sobra—a tratar de volver a embarazarse lo antes posible, pero claro que para que eso sucediera era necesario que Sasuke volviera a visitar su cama o de no ser su cama que la hiciera suya donde y cuando fuera, y no podía haber contratiempos. Ella ya se encargaría de atraerlo de tal modo que sabía él no podría negarse…


—Alteza.

Las doncellas de su esposa lo reverenciaron a su paso pero Sasuke no pudo dejar de estar mortalmente angustiado por su esposa, cruzando la sala de recepción de los aposentos y siendo seguido en todo momento por Temari Sabaku camarera de su esposa y quien, luego de que el monarca luso se instalara en sus aposentos en el Castelo de Sao Jorge, le hubo informado que su esposa la reina se encontraba muy enferma y rogaba que la visitara en sus aposentos. En la mente de Sasuke no existía peor oración que "Sakura enferma", sin embargo y apenas cruzar el umbral de la habitación privada de su esposa se encontró con Sakura quien sonrió de pie junto a la chimenea, portando el sencillo vestido violeta con bordados de plata y encaje negro que había lucido bajo el manto durante su llegada a Lisboa; de generoso escote en V, mangas ceñidas a las muñecas y estrecho corsé que realzaba su figura, con falda lisa y sus largos rizos rosados ahora sueltos y cayendo sobre sus hombros, sin lucir joya alguna no precisando embellecerse más. Volviéndose hacia su esposo y cruzando sus manos sobre su vientre, Sakura sonrió inocentemente habiendo logrado la primera parte de su plan con éxito, Sasuke y ella se encontraron a solas en sus aposentos al hacerles una señal a sus doncellas que cerraron sigilosamente las puertas.

—¿Qué ocurrió?— cuestionó Sasuke cada vez más desconcertado. —Vuestras doncellas dijeron que no os sentíais bien— señaló dando dos pasos mas cerca de ella.

—Y así es, estoy muy enferma; enferma del corazón— asintió Sakura con un tono triste, acercándose para estar exactamente frente a su esposo. —Sasuke— rápidamente envolvió sus brazos alrededor de los hombros de él, acercando su rostro al suyo y encontrando sus labios antes de que él pudiera protestar, aprovechando la sorpresa de él para encontrar su lengua con la suya profundizando el beso.

—Sakura, no...— protestó el Uchiha retrocediendo un paso y terminando el beso antes de que su autocontrol flaqueara, y no podría perdonárselo.

—Han pasado meses— señaló la Haruno pero sin lograr que él cediera en su posición. Sin miramientos, Sakura palpó a través de la tela de los pantalones el miembro de su esposo que se tensó en el acto. —Os conozco y conozco vuestro lívido, sé que me deseáis— lo sentía responder por su solo tacto aunque él se negara.

—Si volvéis a poner vuestra vida en peligro...— mencionó Sasuke únicamente, no queriendo volver a temer por verla morir y no sintiendo poder soportarlo.

—Os amo, y soy vuestra esposa— acalló Sakura justificando cualquier nuevo contratiempo en un parto. —Ha pasado un año del parto, estoy recuperada y me siento bien— agregó asegurándole sin promesas que no volvería a ocurrir aquello.

Como mujer, Sakura sabía que su supervivencia en un nuevo parto no estaba garantizada, habiendo nacido de un parto que por poco y había arrebatado la vida a su madre la reina Seina quizás fuera más consciente de los peligros que otras reinas de su tiempo pero ello no iba a hacer que buscara impedir un nuevo embarazo en el futuro, ¿Por qué habría de hacerlo? Morir por su deber y aquello en lo que creía, pero por encima de todo por su amor le parecía una muerte muy justa y digna, y como tal afrontaría cualquier consecuencia por sus acciones como siempre. Por ello y antes de que a Sasuke se le ocurriera tratar de abandonar la habitación, la Haruno se llevó las manos a la espalda y desabrochó rápidamente el cierre de su vestido, haciéndolo resbalar por sus hombros y caer a sus pies, saliendo de sus zapatos antes de proseguir a despojarse delicadamente del camisón que llevaba debajo, no teniendo pudor en desnudarse delante de su esposo y mucho menos ahora. Sin poder evitarlo, Sasuke observó absolutamente embelesado y con los ojos vidriosos de deseo como Sakura se despojaba lenta y seductoramente de sus ropas hasta quedar completamente desnuda frente a él que tanto ansiaba tocarla...pero si lo hacía nunca habría vuelta atrás y se lo repitió—intentando no flaquear en su fuerza de voluntad mientras ella aminoraba la distancia entre ambos hasta que sus rostros estuvieron uno frente al otro.

—Decidme que no me deseáis y salid de esta habitación— permitió Sakura sosteniéndole la mirada. —Pero si no es así…— sin comprometerlo a nada envolvió sus brazos alrededor de él en un abrazo, ofreciendo todo de ella si él quería tomarla.

Sasuke solo podía exaltarse ante la perfecta y sublime desnudez de Sakura, sintiendo su deseo por él ahogarlo y sumergirse en el mismo sentir que tenía por ella, anhelando esas sensaciones mientras acercaba su rostro y labios a su cuello para deleitarse con su perfume y sabor, ahuyentando todo pensamiento racional, aproximando su rostro al de ella e incapaz de contenerse por más tiempo. Los meses de dolorosa soledad, anhelo y deseo el uno por el otro brotaron en ambos explosivamente mientras se acercaban el uno al otro apasionadamente para encontrar sus manos, bocas y lenguas, luchando por experimentar aquella añorada intimidad y con una intensidad casi maníaca, sin poder tener suficiente del cuerpo del otro mientras rápidamente—en el caso de Sasuke—desabrochaban o desanudaban sus ropas, desgarrándolas sin miramientos, esforzándose por estar más y más cerca el uno del otro y convertirse en uno solo. Ya habría tiempo para arrepentimientos y ambos pensaban lo mismo, pero por ese momento y en esa habitación todo cuanto deseaban era olvidarse de todo y perderse en ellos mismos así como en el inmenso amor que sentían el uno por el otro. Siendo atraída por Sasuke quien retrocedió hacia la cama para recostarse sobre esta, Sakura se sentó a horcajadas sobre su regazo, no pudiendo contener un suspiro de ansiedad y lujuria apenas contenida al sentir el duro miembro de su esposo contra su vientre bajo, amando su cercanía y necesitando más, ansiando más.

Sintiendo lo mismo que su esposa, Sasuke gruñó desde el fondo de su garganta en medio del beso, desesperado por estar dentro de ella, necesitándola tanto como ella lo necesitaba a él; ya tendrían tiempo para la ternura y la devoción en otra ocasión pero esta vez necesitaba hacerla suya salvaje y desesperadamente, necesitaba recordar que no podía pasar un día sin desear tenerla en sus brazos y que no necesitaba fantasear porque ya la tenía a ella, solo tenía que entregarse y dejar de tener miedo por el futuro. Sin molestarse en desvestirse del todo pues ella ya estaba desnuda, deseosa y dispuesta para él, Sasuke se bajó lo suficiente los pantalones y acomodó a su esposa sobre su regazo para empujar en su estrecho interior hasta la empuñadura, sintiendo a Sakura temblar y echar la cabeza hacia atrás con un profundo gemido como también hizo él...ambos habían anhelado tanto esto, y sus sueños o fantasías poco le habían hecho justicia, comenzando a moverse uno contra el otro, retirándose solo para volver a entrar profundamente. Habitualmente contenida en especial en ese momento del día y no queriendo llamar la atención, Sakura apoyó sus manos sobre el torso de Sasuke y comenzó a moverse rápida y profundamente, gimiendo su nombre sin disimulo mientras él acunaba su rostro con una de sus manos y pegaba su frente a la suya, ambos no queriendo perder detalle alguno de las expresiones del otro.

—Llevaba deseando esto tanto tiempo— confesó la Haruno sin titubeo alguno. —Sasuke...— susurró sin aliento y gimiendo de necesidad.

—Os deseo tanto— correspondió el Uchiha perdiéndose en los hermosos ojos de su esposa, —me volvéis loco— ahora que volvía a sentirla suya no quería ni podía detenerse, necesitaba impregnarse de ella por completo.

Amando la forma en que Sasuke la llenaba por completo, sintiendo que vivían el momento más perfecto de sus vidas, Sakura se inclinó sobre el torso de su esposo para encontrar sus labios en un beso apasionado—con él sosteniendo sus caderas y penetrando implacablemente en su interior—, arañando a medias su pecho desnudo, meciéndose hacia adelante y atrás, buscando volverse locos el uno al otro por la necesidad y deseo inagotable que sentían. Sin romper el beso, Sasuke amasó los pechos de su esposa con una de sus manos, delineando cadenciosamente sus curvas mientras su otra mano marcaba el ritmo de las embestidas, repitiendo sus movimientos una y otra vez, cada vez más rápido y sin fatigarse o aburrirse sino que deseando más a cada instante. Concentrado como estaba en disfrutar del momento y en la insuperable sensación de su cuerpo fundirse en uno solo contra el de su esposa, Sasuke frunció el ceño con extrañeza o más bien curiosidad al darse cuenta que desde su lugar podía ver su reflejo y el de Sakura encima suyo a través del espejo sobre el tocador de su esposa, ¿Ese espejo siempre había estado ahí?, ¿Siempre los había reflejado a ambos mientras hacían el amor? Sintiendo que la atención de su esposo estaba en otra parte, Sakura volvió la mirada por sobre su hombro viendo lo mismo que Sasuke solo un instante antes de que él la cargara en sus brazos y—ella abrazándose de él con sus piernas—se levantara de la cama abruptamente.

Sentándose en la parte posterior de la cama, Sasuke giró cuidadosamente a Sakura para tomarla desde atrás—ella sentada de espaldas hacia su pecho sobre su regazo—y así poder contemplar cada exquisita parte de su perfecta desnudez a través del reflejo del espejo, queriendo atesorar ese momento en su mente para siempre, pero también quería que ella viera lo mismo que él veía cada vez que eran uno solo. El verse desnuda ante el espejo y sentada de espaldas sobre el regazo de Sasuke mientras él la hacía suya provocó en Sakura un efecto que no supo identificar pero que la volvió loca de deseo por su esposo cuyo reflejo contemplo con aún más atención, siguiendo y amando el movimiento de su torso en consonancia con su agitada respiración, los muslos de sus hombros y brazos que se envolvían a su alrededor...estar cerca de él y poder someterse a todo cuanto él deseara obtener de ella hizo que cualquier gota de deseo y lujuria que había sentido se volviera insignificante, elevando su coro de gemidos y casi gritando su nombre descontroladamente. Concentrados en aquella apasionada entrega, nada impidió que Sasuke y Sakura escuchasen los golpes contra la puerta, señal de que alguien necesitaba al rey o que bien algo había pasado, pero aunque fueran conscientes de ello ninguno dejo de realizar aquella placentera danza, fundiéndose en un nuevo beso mientras el ritmo de acto carnal aumentaba.

—Alteza, un asunto requiere vuestra rúbrica— mencionó la inconfundible voz de Kimimaro Otogakure, secretario y mano derecha del rey.

—¡Puede esperar!— gritó Sasuke, teniendo algo invaluablemente mejor en que concentrarse. —¡Largo!— ordenó no queriendo ser molestado por el resto del día.

Ya fuera que se hubiera entendido el mensaje del rey o no, dejaron de llamar a las puertas permitiéndoles a esposo y esposa concentrarse únicamente en ellos mismos; sin dejar de moverse sino que penetrando más rápidamente en el interior de su esposa y sin perder detalle de las expresiones de placer en el rostro de ella a través del espejo, Sasuke apartó lentamente sus largos rizos rosados que caían sobre su espalda para que cayeran sobre su hombro izquierdo, inclinándose para besar su piel desnuda pero sin apartar en ningún momento su atención del reflejo, amasando sus pechos con ambas manos y haciéndola arquearse de placer mientras ella gemía su nombre, deleitándose con su piel más suave que la seda, su dulce perfume de rosas, sintiendo el calor acumularse en su interior formando aquel torrente que ambos tanto amaban experimentar...quería verla correrse, quería que ella viera su expresión mientras la hacía alcanzar la cúspide de aquel placer que solo él podía darle. Era una completa locura, una que hizo sonreír a Sakura entre gemidos de éxtasis puro y no porque se encontrara en una situación graciosa sino porque—proviniendo de una familia muy religiosa al igual que Sasuke—nunca se le habría pasado por la cabeza que formaría parte de un cuadro tan erótico y sensual cuya sola visión a través del espejo la hizo gemir más fuerte, sintiendo el clímax definitivo acercarse más a cada momento,

—Voy a acabar— advirtió Sasuke como si le leyera el pensamiento a su esposa.

—Hazlo— asintió Sakura, buscando los labios de su esposo para un nuevo beso, —hazlo...— gimió entre el beso, habiendo anhelado esto durante largo tiempo.

La fricción, el tacto y la sensación de sus cuerpos juntos estaba demostrando ser demasiado para cualquiera de ellos, en especial para Sasuke que gruñó por lo bajo y enterró su rostro contra el costado del cuello de su esposa para ahogar un gemido desesperado, envolviendo su brazo derecho bajo sus pechos para penetrar más profundamente con aquellas ultimas y descoordinadas estocadas previas al orgasmo y que los hicieron gemir aún más de ser posible, habiendo perdido la conciencia de la realidad en que estaban y solo queriendo alcanzar el clímax para convertirse en solo, aquella acción que los tenia ebrios de deseo y lujuria el uno por el otro. Intentando no perder el control en medio del acto, Sakura encontró el ritmo de sus caderas contra las de Sasuke, permitiéndola ir más profundamente y hundirse tan profundamente como pudo en su interior, casi gritando ante esto, gimiendo de satisfacción pura. Meciéndose el uno contra el otro y al borde de la liberación, Sakura y Sasuke encontraron sus labios en un beso largo y apasionado, entrelazando torpemente sus lenguas antes de separarse por la fuerza del orgasmo que los destrozó a ambos haciéndolos desplomarse sobre la cama entre gemidos de placer, sintiéndose completos de nuevo. Respirando sonora y agitadamente para recuperar el aliento, Sasuke pegó su frente a la de Sakura fundiéndose en un nuevo beso.

Pero lento y cargado de ternura.


Abril de 1509/Londres, Inglaterra

El rey Genma Shiranui había muerto y con ello su hijo había ascendido al trono como el rey Kiba Inuzuka, por fin los años de tormento y aislamiento de Mirai llegaban a su fin y la mejor señal fue que el nuevo monarca la convocó especialmente a su presencia ahora que ella era la representante del rey de Aragón y Castilla en su corte. No siendo ya una ingenua adolescente de quince años sino que una mujer de veintitrés, la Infanta Mirai era por lejos la mujer más bella en la corte del nuevo rey de Inglaterra que la observaba atentamente, ambos reunidos a solas en el salón del trono. Solemnemente enlutada como todos, Mirai portaba un vestido de seda negra—debajo una enagua blanca de escote en V y cortos holanes en las muñecas—de escote cuadrado con margen dorado, mangas acampanadas de estilo Tudor sobre unas mangas holgadas color beige que se ceñían en las muñecas a juego con la falda inferior de su vestido con falda superior de seda negra y un margen dorado separando ambas, alrededor de su cuello reposaba un collar de oro con esmeraldas y rubíes que se envolvía a este y formaba una segunda vuelta que caía sobre su vientre, y su largo cabello ébano estaba mayormente oculto por un tocado español de seda negra con velo que caía tras su espalda y el contorno estaba adornado por bordados dorados y cobrizos...se veía insuperablemente hermosa a ojos de Kiba.

—Os doy mi más sentido pésame por la muerte de vuestro padre, el rey— manifestó Mirai pudiendo tutear al nuevo rey al que era muy cercana.

—Gracias— asintió Kiba con una ligera sonrisa, apreciando su bondad. —Lamento que nos veamos en estas circunstancias, Mirai— apreció viéndola entornar los ojos con un deje de inusual pero encantadora burla, —pero lo que voy a deciros necesita el más profundo secretismo— agregó estrechando las manos de ella entre las suyas.

—Podéis confiar en mí, Kiba, bien lo sabéis— asintió la Infanta sin dudarlo.

Si bien Kiba y ella no se habían visto en varios años y aún le sorprendía verlo convertido en un hombre alto, guapo, atlético y seductor en su trato, Mirai le tenía un profundo afecto por haberlo conocido desde que era un pequeño de diez años, su cariño por él no había desteñido en todos los años transcurridos y como embajadora de Castilla haría todo lo posible para ayudarlo ahora que era rey. Mientras su padre el rey Genma Shiranui había estado vivo, se había mantenido el compromiso entre Mirai y él—ahora rey Kiba Inuzuka—había intentado ser disuadido de desposarla en múltiples ocasiones tanto por su aún viva pero enferma abuela lady Biwako como por su ahora fallecido padre el rey Genma Shiranui quien solo había visto en ello el mantener la valiosa dote de la hija de Castilla y Aragón en Inglaterra, un interés que por cierto también tenía Kiba Inuzuka solo que también entendía la necesidad de continuar su linaje y para ello debía desposarse cuanto antes. Habían muchas princesas elegibles en Europa y que tenían gran renombre, entre ellas le habían sugerido a la archiduquesa Fuso Uzumaki—hija de la reina Hinata y sobrina de Mirai—, pero Kiba solo deseaba casarse con Mirai que continuaba siendo la mayor belleza que había visto y nunca había superado su embelesamiento por ella desde su llegada a Inglaterra, es más, eso se había convertido en amor.

—No consigo dormir, no como Dios manda, desde la última vez que os vi— inició Kiba viéndola fruncir el ceño con extrañeza pero escuchándolo atentamente. —Pienso en vos todo el tiempo, sois lo que ocupa mí mente a todas horas— aseguró sin soltar las manos de ella. —No me sometáis más a esta tortura; aceptad ser mi esposa, os lo ruego— pidió sorprendiéndola por tan sorpresiva declaración.

—Pero…— titubeó Mirai sin aliento, tratando de no dejarse abrumar para recordarle que era la viuda de su hermano Konohamaru y que desposarse no era posible.

—El Papa ya otorgo la bula para que nos desposemos, vuestro padre intercedió con Roma por ello— reveló el Inuzuka sorprendiéndola aún más. —¿No me queréis?— preguntó pues ella ni siquiera parecía considerar la opción del matrimonio.

—Lo hago, solo…— contestó la Infanta aunque sin amarlo realmente. —Kiba, he tenido escasa felicidad en la vida y lo sabéis, era una niña solitaria cuando llegue de Castilla para desposar a vuestro hermano por razones de política, y cuando él murió me apartaron de todo durante siete largos años— recordó citando su desgraciada juventud. —Me resigne a que la felicidad no era para mí hace mucho, y ahora no soportaría que...Dios mío, no puedo— ilusionarse de nuevo le rompería el corazón.

—No es una ilusión, os amo, lo he hecho durante años— prometió él dando un paso más cerca de ella para acunar su rostro y verla a los ojos como prueba de que era sincero. —Pensadlo, juntos seremos el futuro de Inglaterra, daremos a luz al próximo rey de esta dinastía, traeremos gloria a este país— previó viendo las lágrimas de la angustia en los ojos de ella. —Por favor, ayudadme, sed la reina que este país necesita— rogó no queriendo a otra que ella. —Mi reina Mirai; y yo seré vuestro Kiba— transitarían el futuro juntos si ella lo aceptaba como esposo.

Como nuevo rey y un joven tanto ambicioso como idealista, Kiba esperaba cambiar Inglaterra para mejor políticamente, pero también anhelaba disfrutar de una vida larga y feliz con su amor, con Mirai, quien era la mayor belleza que el mundo hubiera visto, él mismo Kiba Inuzuka estaba en su mejor momento y era considerado uno de los hombres más guapos de la cristiandad; serian la pareja perfecta. Según el canon de la iglesia era ilegal que un hombre tomara a la esposa de su hermano fallecido, pero no había que olvidar que Mirai había testificado que su matrimonio con Konohamaru nunca se había consumado y por lo tanto no era un verdadero matrimonio pues ella seguía siendo virgen, y si el Papa había dado su beneplácito al matrimonio entonces no era pecado, y para bien o para mal Mirai había visto a su cuñado Sasuke enviudar de su hermana Takara y luego desposar a su hermana Sakura resultando en un matrimonio exitoso y feliz, ¿No podría ocurrirle lo mismo a ella? Temía a la dolorosa ilusión de la felicidad, pero no sabiendo que decir mas anhelando la felicidad que él le ofrecía, Mirai asintió únicamente haciendo sonreír a Kiba quien lentamente inclino su rostro hacia ella que no alcanzó a protestar cuando sintió los labios de él presionando contra los suyos y antes de darse cuenta ella comenzó a responder, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello mientras él la abrazaba por la cintura…


23 de Abril de 1509/Évora, Portugal

En nada fue una sorpresa que la reina Sakura nuevamente quedara embarazada y bien recibida fue la noticia por ella al menos, tras muchas nuevas noches de reconciliación y compartiendo la misma cama o bien encuentros furtivos a plena luz del día como prueba de que no podían quitarse las manos de encima. El rey Sasuke sintió un deje de incontenible culpa y angustia por esto pero sus temores se fueron apaciguando cuando, con el pasar de los meses, el físico de la reina lord Dan Kato reportó que este embarazo era pacífico y tranquilo en extremo, absolutamente perfecto, la propia Sakura parecía tenía más energía que nunca para despachar asuntos de estado junto a él—celebrando la inminente boda entre su hermana Mirai con el ahora rey Kiba Inuzuka de Inglaterra—hasta que finalmente llegó el temido día del parto, al menos temido para Sasuke quien esperaba fuera de las puertas de la habitación privada de su esposa. En su interior y siendo asistida por su querida cuñada Emi, la reina Sakura gritó fuertemente ante una nueva contracción, pujando de inmediato y rogando porque el dolor terminase, recostada sobre su cama y siendo examinada por su físico lord Dan Kato; con el rostro cubierto por un velo como en cada nuevo alumbramiento, Sakura respiró acompasadamente y oró porque el bebé que iba a nacer fuera un nuevo príncipe para heredar el trono, tenía que serlo.

—Una más, Alteza, ya veo su cabeza— advirtió lord Dan alzando la mirada hacia su reina.

—Ya casi, Sakura, una más— alentó Emi a su cuñada, instándola a hacer un último esfuerzo.

—Sal— gruñó Sakura sujetando fuertemente las sabanas bajo su cuerpo. —¡Sal!— gritó apenas y soportando el dolor.

Sonaba quizás como la historia más antigua del mundo pero quizá la más cierta; físicamente las mujeres eran menos fuertes que los hombres pero toda esa fuerza que no tenían en musculo si la tenían para enfrentarse no solo a un parto sino a múltiples y consecutivamente, un dolor que realmente no tenía con que compararse aunque Sakura teorizaba que lo más justo sería decir que equivalía a romperse la mitad de los huesos del cuerpo gradualmente y sin poder hacer nada al respecto. Y Sakura sabia de lesionarse, en su primera semana aprendiendo a montar de niña se había dislocado la pierna cayéndose del caballo y había visto como le acomodaban los huesos del pie a su padre tras un entrenamiento con el gran Capitán Hashirama Senju. Por lo que recordándose que solo ella podía hacer aquello, sufrir y traer a su nuevo hijo o hija al mundo, Sakura haló de las sabanas sintiendo que iba a desgarrarlas en cualquier momento y gritando a todo pulmón pujó por última vez. Escuchando un último grito de dolor que lo hizo estremecer mientras permanecía fuera de la habitación privada de su esposa, escuchando todo a través de las gruesas puertas cerradas, Sasuke aguardó unos instantes más para estar seguro de que el parto había terminado o bien que algo horrible había ocurrido, escuchando el llanto de un bebé como una nota discordante y que lo hizo abrir las puertas de golpe para ingresar, necesitando ver a Sakura y comprobar que estaba bien, y así parecía mientras se acercaba a la cama.

—Es un niño, un infante— anunció lord Dan advirtiendo la presencia del rey.

Recostada sobre la cama con un semblante tanto agitado como cansado, Sakura sonrió radiante de alegría mientras acunaba a su pequeño hijo recién nacido contra su pecho, sin sentir asco o repugnancia por la sangre que aun cubría el cuerpo del Infante que lentamente dejo de llorar sabiéndose en brazos de su madre que sonrió con lágrimas de emoción en los ojos porque era otro niño y porque cualquier riesgo no había sido en vano. No lo decía porque hubiera sido una decepción alumbrar una niña sino porque el bebé perfectamente podría haber nacido muerto, podría haber sufrido un aborto espontaneo o bien podía ser tan débil que sería evidente que moriría durante su infancia…pero no, era un niño sano, robusto y fuerte como sus hermanos y hermanas. Igualmente feliz y prendado por la feliz noticia, Sasuke se acercó a la cama sobre la que se sentó para ver mejor tanto a su hermosa reina guerrera como a su nuevo hijo, dejando libre un suspiro al comprobar que su temor había sido infundado; este parto había sido exitoso y sencillo sin poner en peligro la vida de Sakura. Quizás lo ocurrido había sido un recordatorio del destino de que tan fácilmente podía perder aquello que creía seguro si no lo valoraba lo suficiente, pero sí que lo hacía y continuaría valorándolo en los días venideros.

Y no volvería a dudar de la fuerza de su esposa.


11 de Junio de 1509/Palacio de Greenwich, Londres

Luego de dos meses de compromiso en medio del luto por la muerte del rey Genma Shiranui llegó el mes de Junio de 1509 y se celebró la boda del nuevo rey Kiba Inuzuka—de casi dieciocho años—y la Infanta Mirai—de veintitrés—quienes se desposaron en una ceremonia más bien intima o privada en el palacio de Greenwich y su coronación se fijó para el día 24 de ese mes en que serían declarados rey y reina de Inglaterra en conjunto a ojos de su pueblo y de Dios todopoderoso. Joven y temerosa de fallar en su deber, Mirai sí que no amaba a Kiba aun pero estaba segura de que lo haría con el tiempo, pues se tendrían el uno al otro para apoyarse y protegerse. Habiendo despedido a sus doncellas y de pie tras su cama en sus nuevos aposentos como reina, Mirai portaba un femenino y sugerente vestido de muselina y gasa blanca de escote corazón anudado por hilos de oro, ceñido bajo el busto y de falda transparente, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, encima una bata de encaje dorado que permanecía abierta y su largos rizos ébano caían libremente tras su espalda. Sumergida en sus propios pensamientos, Mirai no pudo evitar sorprenderse cuando las puertas de la estancia se abrieron permitiendo el ingreso de su ahora esposo; era la costumbre que el rey acudiera a los aposentos de su esposa cuando deseaba yacer con ella, y más siendo esta su noche de bodas.

—Mi rey— reverenció Mirai orgullosa de poder llamarlo así, y esposo por supuesto.

Inexperta como era, Mirai permaneció en su lugar mientras Kiba se acercaba a ella lentamente, como un león rondando a su presa haciéndola temblar de anticipación porque el brillo en sus ojos le daba a entender que deseaba devorarla por completo...y ella quería dejarse devorar, quería conocer estos placeres que tanto le habían estado vedados. Rodeando a Mirai como un cuervo a su objetivo, Kiba se situó tras ella envolviéndola en un cálido abrazo en que movió sus manos hacia el escote de su camisón desanudándolo hábilmente, abriendo la tela y bajando uno de los hombros de esta antes de que ella pudiera protestar, exponiendo sus generosos pechos a su vista…ella era más hermosa de lo que había podido imaginar y se sentía humilde por estar ante tan gloriosa ninfa. Tragando saliva con nerviosismo, Mirai deseó abrazarse para cubrir sus pechos, pero en un impulso osado eligió encogerse de hombros para que el camisón resbalara por su cuerpo hasta caer a sus pies, sosteniendo la mirada a su esposo y queriendo ser deseable a sus ojos. Aunque había llegado a Inglaterra siete años atrás para desposar al heredero inglés, esta sería la primera vez que Mirai sabia aquello a lo que se aventuraría, claro que nunca había estado con un hombre pero esta vez y a diferencia de cómo había sucedido con Konohamaru sabía que no seguiría siendo virgen antes de que finalizara la noche.

—Mi reina— suspiró Kiba con veneración y deseo. —¿Consentís, Mirai?— preguntó descendiendo su mirada y recorriendo su desnudez con anhelo.

—Sí, Kiba— asintió Mirai, nerviosa y ansiosa por convertirse realmente en su esposa. —Soy vuestra— declaró temblando de deseó por hacerlo realidad.

Sonriendo ladinamente al obtener esta respuesta que aumento su deseo por ella, Kiba inclinó su rostro hacia el suyo para besar sus labios y ante lo que Mirai correspondió arqueando el cuello y anhelando más, pero a diferencia de los besos que habían compartido durante su compromiso esta vez el Inuzuka entreabrió los labios de su ahora esposa con su lengua mientras la sostenía por la nuca para recorrer su boca como tanto había deseado hacer, sintiéndola gemir y erizarse mientras le correspondía con igual pasión. Sintiendo como su piel comenzaba a arder ante aquel beso tan subido de tono que la hizo desear más y más a cada momento, Mirai gimió en medio del beso cuando las manos de Kiba amasaron sus pechos haciéndola sentir una mujer por primera vez realmente; hermosa, deseable y que podía dar continuidad a la dinastía si en su vientre crecía la semilla de un heredero al trono, y ella quería darle eso a su Kiba. Volviéndose lentamente hacia Kiba en medio del beso para envolver sus brazos alrededor de su cuello chocando sus pechos contra su torso, Mirai jadeó de sorpresa cuando él la cargó en sus brazos y ante lo que ella envolvió por inercia sus piernas alrededor de sus caderas mientras retrocedían hacia la cama sobre la cual él la recostó lentamente, rompiendo el beso en el proceso.

Sosteniendo la mirada a su hermosa esposa, Kiba se quitó la camisa de dormir por encima de la cabeza viendo los colores subir al rostro de Mirai al ver los músculos de su torso desnudo—era un as de los deportes y su físico estaba a la altura—lo que le causó un dejo de gracia y ternura mientras volvía a recostarse sobre ella, nervioso por estar desnudo ante ella y siendo esta igualmente su primera vez, pero no queriendo pasarla con otra mujer que no fuera ella y se lo demostró deslizando sus manos para acariciar sus muslos y que se encontraban a cada lado de su cuerpo. Temblando de anticipación y viendo a Kiba inclinarse sobre ella, Mirai se sujetó de sus hombros y espalda mientras se recostaba bajo suyo y abría más las piernas para darle espacio, encontrando vorazmente sus labios y gimiendo con timidez mientras él rozaba su miembro contra su intimidad y comenzaba a penetrar en su interior, deslizando sus labios por su cuello y amasando sus pechos para distraerla del dolor. En medio de esa primera embestida dolorosa pero necesaria, Mirai acercó su rostro al de Kiba en un nuevo beso al que él correspondió gusto, y en el proceso entrelazó una de sus manos contra la suya, ambos acostumbrándose al cuerpo del otro, comenzando a gemir sus nombres cuando él se retiró y volvió a penetrarla con profundidad haciéndola arquearse de placer. Ahora era realmente la reina de Inglaterra...


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado:3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros", luego "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" y por último "Más Que Nada En El Mundo":3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi), a dickory5 (agradeciendo su consideración para con mi trabajo y dedicándole la historia en señal de afecto) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (26 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (39 años)

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Aveiro -Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Idate Morino como Diego de Silveira

-Temari Sabaku como Beatriz de Melo -Hanabi Hyuga como Carlota de Cadaval -Seina Uchiha como Isabel I de Castilla

-Pein Haruno como Fernando II de Aragon -Hinata Hyuga como Juana I de Castilla (29 años) -Takara Uchiha como Isabel de Aragón

Biwako Sarutobi como Margaret Beaufort -Naruto Uzumaki como Felipe de Habsburgo -Genma Shiranui como Enrique VII

-Konohamaru Sarutobi como Arturo Tudor -Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (23 años) -Kiba Inuzuka como Enrique VIII (17 años)

-Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina) -Mizuki Nana como Luis de Ferrer (gobernador de Tordesillas)

-Kimimaro Otogakure como Diego da Silva (secretario del rey) -Hashirama Senju como Gonzalo Fernández de Córdoba

-Baru Uchiha como Luis de Portugal -Kagami Uchiha como Fernando duque de Guarda y Trancoso -Rai Uchiha como Alfonso de Portugal

-Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz -Fuso Uzumaki como Leonor de Austria -Izumi Uzumaki como Catalina de Austria

Historia Real & Inspiración: La tensión entre Sasuke y Sakura es un hecho ficticio por mi parte para representar el año y un mes que transcurren entre el último parto de la reina María en que nació el Infante Fernando y este último en que nace el Infante Afonso, aprovechando la ocasión para representar el perdón al Municipio de Lisboa—algo real que sucedió en 1508—y un nuevo aspecto en la intimidad de la pareja. La escena de Hinata en Tordesillas esta inspirada en un fragmento del libro "Catalina de Habsburgo" de Yolanda Scheuber, centrado en la hija menor de Juana I de Castilla y que protagonizara la secuela de esta historia; "Cenicienta de Tordesillas". Por otro lado y como un halito de felicidad, tras siete años de penas Mirai es elegida como esposa por el nuevo rey Kiba quien esta enamorado de ella desde su llegada a Inglaterra, algo real pese a lo cursi que suena pues Enrique VIII eligió a Catalina de Aragón como esposa tras subir al trono y años después llegó a decir que "de entre todas las mujeres del mundo la volvería a escoger a ella", por eso represente su pedida de matrimonio y noche de bodas como algo casi salido de un cuento de hadas inspirándome en escenas de las series "The Tudors" y "The Spanish Princess" en que ha sido representada.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3