-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "The Fire Within" de Within Temptation para Sakura, "Fall Into Me" de Forest Blakk para Sasuke, "Isabel" de Federico Jusid para Sarada, "Silent Storm" de Carl Espen para Itachi, y "Rise" de Katy Perry para el contexto del capitulo.
Percibiendo como la luz del sol iluminaba su rostro, Sarada abrió lentamente los ojos y muy desorientada, era como si hubiera hecho un esfuerzo incalculable y ahora apenas tuviera tiempo para moverse pero reparando en dos figuras muy cerca de ella; la primera y que dormía entre inclinada y sentada sobre el colchón apoyándose en su brazo izquierdo era su hija Sarada quien se estaba convirtiendo en una hermosa jovencita a sus ya ocho años, ataviada en un elegante vestido azul grisáceo—debajo una enagua blanca de cuello redondo y mangas que finalizaban en largos holanes—de escote cuadrado y bordado con perlas a lo largo del corpiño y la falda inferior sobre la que se hallaba otra lisa abierta en A bajo el vientre como las mangas abullonadas que tenían cortes en los lados donde se anudaban dándole ese aire castellano que siempre intentaba emular de su progenitora, con su largo cabello azabache cayendo tras su espalda y resaltando unos pendientes de perla en forma de lagrima. Del otro lado de la cama y aparentemente dormido con la espalda apoyada en unos de los postes de la cama estaba su hijo mayor el príncipe Itachi siempre elegante en un jubón cobrizo—debajo una camisa blanca de cuello redondo con largos holanes en las mangas—de cuello redondo, mangas ceñidas y largo faldón cerrado por un cinturón, y pantalones marrón oscuro como sus botas, vistiendo además un abrigo de piel dorada de mangas acampanadas, con su cabello ébano impecablemente ordenado como siempre.
—Madre— Sarada fue la primera en abrir los ojos cuando el sol iluminó su rostro, advirtiendo el despertar de su madre.
—Sarada— sonrió Sakura alzando una mano para acariciar el angelical rostro de su hija. —Itachi— con las escasas fuerzas de que disponía extendió su otra mano hacia su hijo que la sostuvo entre las suyas mientras le sonreía.
—¿O sentís bien?— preguntó el príncipe preocupado por su progenitora a quien observó detenidamente.
—Mejor ahora que os veo— asintió la Haruno aun debilitada pero sintiendo que las fuerzas volvían a ella al verlos a ambos.
—¡Padre!— llamó la Infanta alzando la voz pero sin apartar la mirada de su madre.
Instando a su padre a ocuparse de los asuntos de estado que era su deber, Sarada—que ahora sonrió radiante de alegría a su progenitora—había insistido en cuidar personalmente de su madre, humedeciendo su frente con lienzos húmedos mientras dormía, sintiendo que su mayor obligación era cuidarla como ella siempre cuidaba de sus hermanos y ella, responsabilidad que también se tomó a pecho Itachi sin separarse de su lado en todo el día anterior y velando su sueño por la noche hasta esa mañana, pero ahora podían pasar la batuta a su padre a quien llamaron de viva voz, Itachi levantándose de su lugar hacia las puertas que daban con la sala de los aposentos de su madre y haciendo que su padre se apresurase en ingresar en la habitación privada ante la llamada de su hijo. El rey Sasuke vestía un elegante jubón verde musgo—debajo una holgadas camisa blanca de cuello redondo con mangas que se ceñían en las muñecas—de cuello cuadrado y mangas ceñidas de seda ónix con detalles dorados bajo acampanadas mangas con dobladillo oliva, largo faldón y ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero negro, con pantalones negros y botas de cuero de igual color, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre. Seguido por una comitiva de doctores, entre ellos el físico Dan Kato, Sasuke se apresuró en sentarse sobre la cama junto a su esposa a quien besó en la frente sintiendo que esta ya no ardía debido a la fiebre que la había azorado el día anterior.
—Sakura— el Uchiha acarició el rostro de su esposa que cerró los ojos bajo su tacto, —la fiebre ha cedido finalmente— celebró respirando tranquilo al saberla recuperada.
—¿Cuánto tiempo dormí?— preguntó la Haruno más animosa al tenerlo otra vez a su lado.
—Un día entero— contestó Sasuke acomodando sus largos rizos rosados. —Pero lo único importante ahora es que estáis bien— no habría sabido que hacer si le hubiera ocurrido lo peor y por lo que se volvió hacia los físicos y galenos presentes. —Señores, soy hombre de palabra; gozáis del favor real ahora y siempre— declaró debiéndoles el cielo por haber salvado a su esposa de la fiebre. —Pedid y se os concederá— quienes servían a su esposa y a él gozaban de su generosidad.
—Solo queremos protección para nuestras familias, Alteza, y la certeza de que no se vulneraran los derechos de nuestros hermanos— pronunció un galeno moro dando un paso al frente y hablando en representación de sus colegas.
—Tenéis mi palabra— asintió el Uchiha, prometiendo hacer todo lo posible para que no padeciesen la persecución en forma alguna.
—Y también la mía— respaldó la Haruno sorprendiendo a los galenos y físicos presentes. —Temari— nombró a su camarera y doncella principal quien asintió de pie en el umbral y se aproximó al escritorio de su soberana de donde tomó cinco cedulas cerradas con lacre que procedió entregar a cada uno. —Presentad esta cedula ante cualquiera que os haga el mal y no dudéis que gozareis de mi protección, y si no de la mía, de la del rey— en nada salvo el tono se diferenciaba su voz de la de su esposo.
—Gracias, Altezas— apreció uno de los físicos judíos, inclinando respetuosamente la cabeza ante sus soberanos.
Aunque fuese un rey cristiano como tantos otros y su esposa fuese hija de los aclamados Reyes Católicos, Sasuke no era un monarca inquisidor que buscase eliminar la semilla de la herejía en su reino, era consciente de otros amaban a Dios y creían en él de forma diferente a la suya, su esposa también pensaba así y por lo que ambos eran tolerantes con los diferentes credos religiosos en su reino como eran los moros y judíos pero a quienes veían como sus iguales permitiéndoles residir en su reino y vivir en libertad. Pero no fue hasta ahora que ambos comprendieron que necesitaba dar señales de mayor magnanimidad, protección que superase las medidas que ya habían tomado, viendo a los distintos galenos o físicos—entre ellos lord Dan Kato que reverenció sus reyes, sonriendo ligeramente en señal de agradecimiento antes de proceder a retirarse—abandonar la habitación privada bajo la atenta mirada de los Infantes Itachi y Sarada que se observaron entre si aprendiendo continuamente de sus padres antes de volver la mirada hacia ellos, especialmente a su hermosa madre que se sentó sobre el colchón con un poco de esfuerzo y ayuda de su esposo el rey que envolvió uno de sus brazos alrededor de ella. Pudiendo lidiar con asuntos de estado y dilemas políticos pese a aun estar recuperando de su último parto, Sakura pronto regresó su mente al presente, recorriendo su habitación privada con la mirada y echando en falta a su hijo recién nacido a quien deseaba ver, acunar y abrazar.
—¿Y nuestro hijo?— preguntó la Haruno volviendo la mirada hacia su esposo.
—Os lo traeré enseguida, mi señora— sosegó su leal Temari Sabaku antes de reverenciar a su reina.
Siempre feliz y complacida de que su leal camarera y amiga pudiera anticiparse a sus deseos, Sakura sonrió mientras sentía los brazos de su esposo alrededor de ella, desviando la mirada hacia sus dos hijos mayores Itachi y Sarada que se mostraban muchísimo más tranquilos al saberla a salvo, una alegría que solo creció unos instantes después cuando vieron a lady Temari Sabaku ingresar con su hermano menor en sus brazos, y que si bien era pequeño, no dejaba de ser enérgico, fuerte y de lo más adorable. En esta ocasión y temiendo por su esposa, Sasuke se había tomado el atrevimiento de nombrar a su hijo Daisuke y se lo hizo saber a Sakura, susurrándole el nombre mientras ella recibía a su pequeño hijo de manos de su doncella, pero no se sintió disconforme con el nombre mientras atraía al bebé contra su pecho, sonriendo orgullosa de lo fuerte y sano que se veía mientras encontraba su mirada con la suya y movía sus pequeñas manos para atrapar la mano de su progenitora. Como había sucedido con sus hijos anteriores, Sakura sentía admiración por la fuerza de este nuevo pequeño, con Sasuke a su lado e inclinándose para besar la frente del nuevo Infante que esbozó lo que parecía ser una sonrisa con sus movimientos aletargado y torpes ante lo pequeño que era, y cuya presencia fue una luz centellante para sus hermanos Itachi y Sarada que no pudieron evitar acercarse como si fueran polillas atraídas por una llama, pero Sakura dudaba que ellos sintieran lo que ella mientras lo contemplaba. Que su pequeño niño príncipe estaba destinado a la grandeza…
Marzo de 1512
Si la reina había creído que volvería muy pronto a estar en pie para regresar a la vida en la corte, pronto comprendió que necesitaría de más tiempo para recuperarse realmente, relegada por su propia debilidad en sus aposentos por largas semanas pero que aprovechó para vigilar el progresar de sus hijos mayores en sus estudios, especialmente el de su hija Sarada quien leía en voz alta mientras su progenitora la escuchaba con suma atención. La Infanta portaba un femenino vestido rosa pálido—debajo una enagua blanca de escote redondo y largos holanes—de escote redondo repletos de bordados dorados en vertical en el corpiño, bajo el pecho y en el dobladillo en A que abría la falda exponiendo una inferior ligeramente oscura, así como en el contorno de las mangas que se anudaban a lo largo hasta las muñecas, con sus largos rizos azabaches cayendo tras su espalda. La reina Sakura portaba un elegante vestido de seda dorada—debajo una enagua blanca de cuello alto y cerrado—y ceñido a su esbelta figura, de mangas abiertas como lienzos desde los hombros y falda abierta en A bajo el vientre exponiendo una falda inferior color mantequilla repleta de bordados dorados con patrones florales como el centro del corpiño de escote cuadrado y la mangas inferiores ceñidas a las muñecas, con sus largos rizos rosados recogidos tras su nuca y en una trenza cintillo sobre su coronilla resaltando unos pendientes de oro en forma de corazón de los que pendían tres lágrimas de perlas.
—Tras haber preparado vuestra alma, entregaos a la meditación— pronunció Sarada con voz solemne y que la hacía sonar mayor de lo que era.
—Parad— frenó Sakura haciendo que su hija alzara la mirada hacia ella. —Sarada, ¿Qué es la meditación?— interrogó queriendo escuchar su opinión.
—Es un recogimiento que permite reflexionar sobre nuestra conducta, en el cual nos preguntamos porque cometemos faltas y buscamos el modo de evitarlas— contestó la Infanta y a lo que su preceptor presente sonrió con orgullo.
—Perfecto— asintió la Haruno con una sonrisa llena orgullo y admirando el temple de su hija. —Proceded— invitó antes de escuchar los pasos de alguien ingresar, volviendo la mirada hacia su leal Temari Sabaku. —Disculpadme, ya regreso— se excusó dejando todo en manos del preceptor de su hija mientras abandonaba brevemente la estancia hacia su habitación privada. —¿Si, Temari?— inquirió y esperando que no se fuera a informarla de nada malo.
—Noticias de don Han Iwagakure— comunicó la Sabaku tendiéndole un sobre cerrado que su reina recibió con una luminosa sonrisa.
—Qué maravilla, el señor ha oído mis ruegos— Sakura rompió rápidamente el sello y procedió a leer el contenido del documento. —Dice que sus esfuerzos diplomáticos han sido fructíferos en Asia con los mercaderes, y que espera que Portugal pueda cimentar su alianza con la dinastía Ming— justo lo que ella quería oír. —Dios recompensa a los perseverantes— el almirante era el orgullo naval de Portugal.
—Aunque, no solo han llegado buenas nuevas— agregó Temari tendiéndole un segundo sobre ya abierto, haciendo que su reina alzara la mirada hacia ella. —Los subordinados del Almirante dan indicios poco promisorios y que decir de la nueva expedición a Brasil— tendió un tercer sobre que la reina procedió a leer, cambiando su semblante de uno alegre a uno pálido y sorprendido.
—¿Pero esto qué es?— cuestionó la Haruno intentando no alzar la voz de la indignación.
—Los desmanes de los nuestros en territorios de los indios no son pocos, la esclavitud siendo el primero de ellos— justificó la Sabaku habiendo leído los dos últimos sobres e investigado para informar a su reina. —He conseguido interceptar esta misiva antes de que llegar a ojos del rey— agregó extrayendo del interior de su escote un cuarto sobre sellado y que había cuidado con recelo.
—Gracias, Temari— Sakura recibió el sobre y dirigió velozmente sus pasos a su escritorio, guardándolo dentro de un cajón que cerro con llave. —Sabía que esto sucedería como con el señor Ebisu al servicio de mi madre, pero esperaba que no ocurriera…mas hemos de suavizar las cosas— reflexionó, no queriendo angustiar en exceso a su esposo el rey. —Triste destino soportan los súbditos de Portugal más desfavorecidos. Debemos mostrar piedad a nuestros hermanos, pues todos somos hijos del mismo padre— pero que difícil era que las ordenes llegasen al Nuevo Mundo. —Que nadie sepa de esto, haced lo que sea preciso para enviar ayuda y comprar la libertad de tantos como podamos— indicó a su doncella, pidiéndole confidencialidad.
—Sí, mi señora— asintió Temari, prometiendo hacer lo que ella le pidiese si encontraba otra documentación semejante.
Despidiendo a su leal doncella quien la reverenció antes de retirarse comprendiendo que ella necesitaba un momento a solas, Sakura inspiró aire profundamente mientas reflexionaba en estas noticias tan inquietantes; masacres, abusos contra las mujeres, falta de derechos, castigos arbitrarios y ello era solo para empezar poniendo los nervios de punta a la Haruno por solo pensar en lo que pasaba en el Nuevo Mundo...desearía hacer tanto al respecto y cambiar tantas cosas, sin embargo no estaba en su poder hacerlo pero si ocultar gran parte de estos desmanes cuando menos por un tiempo, Sasuke estaba muy preocupado con la toma de Malaca y el expansionismo del reino en Asia, lo último que necesitaba era que su humor se turbara o afectara por hechos tan lejanos, por ahora al menos. Ingresando en los aposentos de su madre con un libro que había elegido para compartir con ella y lleno de entusiasmo, Itachi reparó en lady Temari Sabaku que abandonaba los aposentos de su madre y hacia donde el príncipe se dirigió, deteniéndose en el umbral y observando a su progenitora que se mostraba entre nerviosa y agitada. El príncipe portaba un elegante jubón marrón oscuro—debajo una camisa blanca de cuello redondo y largos holanes—con un recorte repleto de bordados cobrizos y carmesí en V en el centro del pecho como en las mangas ceñidas, de largo faldón, pantalones y botas de cuero, con su cabello ébano siempre ordenado, intentando no hacer resonar sus pasos al avanzar, mas nada impidió que su progenitora advirtiera su presencia y volteara a verlo.
—¿Todo está bien, madre?— preguntó Itachi esperando no importunar a su progenitora.
—Sí, mi príncipe— sosegó Sakura esbozando una radiante sonrisa para su hijo a quien se aproximó envolviéndolo en un amoroso abrazo. —Mostradme que libro habéis elegido para distraerme de mis cuitas— pidió anhelando distraerse de los problemas.
Si había algo que Itachi detestaba era ver preocupada o triste a su madre, cuando su padre había partido a la guerra siendo él un niño muy pequeño se había sentido impotente por saberla enferma o teniendo que lidiar con los asuntos de estado porque él era demasiado joven para poder serle de ayuda, por eso siempre intentaba ser el hijo perfecto, el sucesor que su padre necesitaba y el príncipe ejemplar, no quería conocer otra forma de vida y por lo que ahora deseó convertirse en el bálsamo o medicina que su hermosa y dulce progenitora necesitaba, abriendo el libro que había traído y dirigiendo sus pasos hacia la sala donde estaban su hermana Sarada y su preceptor, para que ambos pudieran aliviar a su madre. Sentándose junto a la chimenea con su adorado Itachi a su lado e intercambiando una mirada con su hermosa Sarada quien continuó con su lectura, Sakura invitó a su príncipe a leer en voz alta para ella; por supuesto que no les ocultaba la realidad a sus hijos sino que todo lo contrario, pero deseaba lidiar con esto en otro momento, no ahora que su paz era tan perfecta. Pero aunque Itachi pudiera conformarse con lo que le decían, Sarada no y por lo que calló su agudo sentido del oído que le había permitido escuchar la conversación de su madre y lady Temari Sabaku, entendía las razones de su madre para callar y Sarada no tenía pensado delatarla, pero en su memoria tomó nota de todo esto como su madre desearía que hiciera y se prometió aportar su grano de arena e intentar cambiar la suerte de quienes eran más desafortunados, cuando fuese reina…
Por fin y luego de dos meses de cuarentena—sesenta días en lugar de los cuarenta habituales—impuesta por su leal Dan Kato, Sakura podía esperar a que su esposo volviera a visitar su cama, el mismo se lo había insinuado durante su último encuentro tras la reunión con los miembros del consejo real esa misma tarde, sujetándola del brazo y acercando sus labios a su oído para decirle que la deseaba esa noche, sin miedos ni titubeos, sin inseguridades sobre el futuro a diferencia de tras sus partos anteriores lo que la hizo sentir más fuerte y radiante que nunca. Habiendo despedido a sus doncellas, Sakura se paseó en la parte trasera de su cama y observándose de vez en vez ante el espejo de su tocador, vistiendo un holgado camisón rosa pálido de escote corazón anudado hasta la altura del vientre, con mangas que se ceñían en las muñecas—encima una bata beige suave con el emblema de la casa Uchiha bordado a lo largo de la tela pero que se quitó dejándola tras su cama—y sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros pero que peinaba con nerviosismo, demasiado distraída como para advertir la llegada de su esposo hasta que este cerró las puertas a su espalda. Cerrando las puertas sonoramente para sobresaltar a su esposa, Sasuke sonrió ladinamente y desnudándola con la mirada, vistiendo una holgada camisa blanca de cuello en V con mangas ceñidas en las muñecas, pantalones marrón oscuro y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado despeinado como siempre.
Pensando en cuan largos habían sido los meses de abstinencia para su esposo—quien nunca pensaba en tomar una amante sino que frenaba su lívido y deseos, conteniéndose solo para desatarlos con ella que era su esposa—mientras lo veía acercarse lentamente hacia ella y asechándola como un león hasta detenerse en frente suyo, Sakura tuvo el deseó de arrodillarse, desabrocharle los pantalones y propinarle el placer que él merecía, mas Sasuke pareció advertir su deseó sujetándola ligeramente del brazo izquierdo igual que al despedirse horas atrás haciéndola estremecer de nueva cuenta. Obsequiando una intensa mirada a su esposa, perdiéndose en sus hermosos orbes esmeralda que parecían llamarlo, Sasuke inclinó su rostro sobre el de su hermosa Sakura, rozando su nariz contra la suya y fundiendo sus labios en los dulces pétalos de ella, recibiendo un gemido de placer a cambio y que lo motivó a entreabrir sus labios con su lengua y recorrer el interior de su boca mientras la hacía retroceder hacia la cama, dejándola a ella desanudar el escote del camisón y encogerse de hombros para que la estorbosa tela resbalase por su cuerpo mientras él se despojaba de su camisa y botas. Nada se comparaba con el sentir de los pechos de Sakura contra su torso y que se arqueó hacia sí, descendiendo sus manos de su espalda a su abdomen hasta llegar a sus pantalones y que desabrochó sin demora haciéndolo anhelar más y más de ella que se dejó recostar bajo su cuerpo sobre la cama.
Sintiendo las manos de Sasuke recorrer su piel de arriba abajo, amasando con especial devoción sus pechos y apresando con deleite sus pezones entre sus labios, Sakura abrió sin reparó sus piernas para su esposo que apoyó su peso en sus brazos para no aplastarla a ella que era suya, siempre enteramente suya, descendiendo ella su mano derecha hasta envolverla alrededor de su miembro y que acarició sin miramientos mientras lo acercaba hacia sí, dejándole penetrar en su estrecho interior y sintiéndolo retirarse solo para volver a embestir con profundidad, sin darle tiempo a acostumbrarse haciendo que el dolor por la incomodidad se fundiera con el placer volviéndose una y la misma cosa, Sasuke lo sentía mientras ella le arañaba la espalda y gemía desesperadamente, enardeciéndolo a él que recorrió los lados de su cuello y el valle entre sus pechos que chocaban contra su torso, embriagado con su perfume y la perfecta forma en que su cuerpo se amoldaba al suyo, porque se pertenecían completamente el uno al otro. Era un sentimiento morboso y reprochable—según la fe que profesaban y que solo concebía la intimidad entre marido y mujer para procrear, no por el placer de amarse—, Sakura lo sabía pero no pudo resistirse a ello, arqueándose contra el cuerpo de su esposo, arañándole la espalda y retorciéndose contra la cama, anhelando que la hiciera suya salvaje y duramente, anhelando que acabara en su interior y la marcara como suya con su tacto apasionado.
Mordiéndose el labio inferior para ahogar un grito desesperado y arqueándose contra el cuerpo de su esposo que la hacía suya, Sakura lo escuchó gruñir su nombre contra su cuerpo y sintió su piel erizarse bajo su tacto sobre sus músculos lo que solo la hacía gemir más fuerte su nombre a cambio del propio, y no se arrepentía oscilando sus caderas contra las suyas como si fuera lo último en su vida, deseando sentirlo tan profundamente en su interior para siempre, incapaz de tener suficiente mientras lo sentía cambiar ligeramente el ángulo de las penetraciones para llegar más profundo haciéndola delirar aún más de placer. Pero ello no era suficiente para ninguno que los dos, no tras tantos largos meses de abstinencia en que no habían podido de dejar de desear al otro en todo momento—aprovechando lo anhelante de placer que se encontraba su esposa—, y por lo que Sasuke se retiró de su interior en medio del éxtasis sintiéndola gemir en protesta pero él pronto supo darle una respuesta sujetándola de la cadera y volviéndola contra el colchón a la par que relegando su cabeza contra la almohada mientras se situaba tras ella, alzando sus caderas para acercarlas a las suyas, volviendo a penetrarla hasta la empuñadura y retomando aquel ritmo que volvió a hacerla gemir con igual e incluso mayor desesperación al poder llegar más profundamente, solo que ahogando sus dulces cantos de sirena contra la almohada, necesitada de la cúspide que se tornaba cada vez más próxima para ambos.
Pese a que verse a los ojos mientras hacían el amor fuera un sentimiento único para ambos, el primigenio instinto por parte de Sasuke de inmovilizarla contra el colchón mientras penetraba inclemente en su interior y relegándola a gemir mientras se retorcía contra él con salvaje abandono tenía su propio encanto, sabían que estaba mal desde el punto de vista eclesiástico y sin embargo amarse como animales les recordaba a donde pertenecían; el uno al otro y siempre juntos. Las embestidas se tornaron más veloces e imprecisas dándole a Sakura un anticipo de lo que estaba por venir y que ella también deseaba, ahogando un jadeo de sorpresa cuando Sasuke la sujeto por la nuca estampando sus labios contra los suyos en un nuevo beso cuyo ritmo fue incapaz de seguir, gimiendo mientras sentía su lengua recorrer su boca e intentando retribuir sus atenciones que descendieron por su mentón a su cuello antes de hacer que volviera a enterrar el rostro contra la almohada y gimiendo desesperada. Sasuke movió sus labios a lo largo del cuello de su esposa, mordisqueando la piel a su paso mientras la escuchaba gemir y presionaba su rostro contra la almohada, decidido a dejar marcas en su cuello para que todos pudieran saber cómo la hacía suya y cuanto la deseaba, presionando sus caderas contra las suyas y tratando de llegar más profundo. La sensación de los músculos del abdomen de su esposo contra su espalda y el áspero tacto de sus manos reteniendo sus caderas hacían desear más a Sakura a cada momento, ardiendo de impaciencia por el orgasmo inminente.
—Sakura, voy a acabar— gruñó el Uchiha contra el oído de su esposa y sin dejar de penetrar en su interior, deseando oír su respuesta.
—Hacedlo dentro, hacedlo…— gimió la Haruno meciendo sus caderas contra las de su esposo y anhelando que acabara en su interior.
Escuchando la voz de Sakura tornarse en un canto de sirena y pronunciando esas palabras que disfrutaba oír como el que más, Sasuke retuvo las caderas de su esposa contra las suyas haciendo de las ultimas embestidas un vaivén dulce, lento, impreciso y profundo, moviendo sus cuerpos uno contra el otro en busca de la cúspide del placer que estaban experimentando instantes antes de que él acabara en su interior con una última embestida y recibiendo a cambio un alarido de placer con su nombre de los labios de su esposa que enterró el rostro contra la almohada arqueándose contra él haciéndole saber que alcanzaba el clímax a la par suya. Jadeando y pegando su frente contra la curva de la espalda de su esposa, Sasuke recargó ligeramente su cuerpo contra el suyo, besando aletargado la piel de su espalda y dejando que su semilla se arraigase en su vientre, ambos momentáneamente congelados por el inmenso placer que sentían al hacer el amor y las alturas a las que habían sido elevados, amando como nada más en el mundo la sensación de ser uno solo. Recuperando el aliento entre jadeos acompasados a los de su esposo e igualmente aletargada por el inmenso placer que sentía, Sakura volvió lentamente la mirada hacia su esposo, rozando su nariz contra la suya como al principio de todo y luego encontrando sus labios en un beso en que lentamente envolvieron sus lenguas una contra la otra, meciendo sus caderas en aquel seductor baile en que continuaban siendo uno y siempre deseando más…
Castelo de Sintra, Lisboa/Junio de 1512
Tres meses después la concepción y diseño del Monasterio de los Jerónimos en construcción ocupaba toda la concentración de Sasuke y Sakura, a solas en los aposentos del rey quien se hallaba sentado ante su escritorio revisando los planos del arquitecto con su esposa a su lado y analizando uno de estos con un temple analítico y a quien Sasuke observaba por el rabillo del ojo. La Haruno portaba en un elegante vestido de seda marfil—debajo una enagua blanca de escote redondo, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—con bordados dorados que replicaban el emblema de la familia Uchiha, de escote redondo y que se ceñía bajo su busto, con mangas abiertas desde los hombros y debajo mangas de seda esmeralda ceñidas hasta los codos, falda de dos capas—una blanca e inferior—, y alrededor de cuello una guirnalda de dos hileras de perlas con una letra S como dije en cada hilera, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca y sobre su coronilla a modo de cintillo haciendo resaltar unos pendientes de oro con un diamante en forma de lagrima. Sentado ante su escritorio, el Uchiha vestía un jubón de terciopelo negro y cuello cuadrado con detalles dorados en el contorno, mangas que se abrían como lienzos de seda borgoña para exponer las mangas de la capa inferior de seda borgoña con bordados dorados a lo largo de las mangas ceñidas, ceñido a su cuerpo por un cinturón negro con hebilla dorada, con faldón hasta las rodillas, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre.
—¿Lo aprobáis?, ¿Os gusta?— inquirió Sasuke alzando la mirada hacia su esposa que parecía la más perfecta de las estatuas.
—Me quito el aliento, no creo que nadie nunca haya visto algo tan sublime— sonrió Sakura encantada y volviendo el rostro hacia el de su esposo.
—La arquitectura contara con una ornamentación completa, así como elementos marítimos y objetos descubiertos durante las expediciones navales esculpidas en caliza— mencionó el Uchiha bajando la mirada para estudiar las notas del arquitecto.
—Monsieur Yagura Isobu es un gran artista, no habrá otro edificio como este en el mundo— apreció la Haruno convencida del éxito de este proyecto. —Los planos son absolutamente maravillosos— nunca se había concebido un edificio como aquel.
—Aquí también dice que utilizara piedra lioz, caliza de color dorado extraída de ajuda, el valle de Alcántara, Laveiras, Rio Seco y Tercena— enumeró él deseando creer lo mismo que ella pero sin estar del todo seguro, quería solo lo mejor. —Supondrá un gran costo, inicialmente me mostré reticente por lo mismo; aun lo hago— confesó sorprendiendo a Sakura que dejo los planos sobre el escritorio y lo observó atentamente. —He oído de un arquitecto castellano llamado Killer Bee, y quiero estudiar su trabajo antes de tomar una decisión— agregó esperando que el resultado de esta consideración fuera fructífero.
—Haréis bien, demasiado diría yo— celebró ella confiando en su criterio como siempre. —Cuando morimos no podemos llevarnos nada de este mundo salvo nuestras propias vidas, pero gracias al cielo Dios nos permite dejar un legado que otros recordaran si hemos sido buenos y perseverantes— meditó en voz alta y siendo permanentemente consciente de la fragilidad de la vida.
—Así es— asintió Sasuke con un bajo suspiro y tratando de no pensar que un día se separarían. —Este Monasterio será el legado material más importante de nuestro reinado, allí yaceremos cuando esta vida allá acabado, si así lo deseáis— era una decisión que había tomado en los últimos meses pero que era inquebrantable.
—Lo hare donde vos queráis— obvió Sakura deseando permanecer a su lado tanto en la vida como en la muerte.
—Eso quería oír, porque he encargado expresamente un monumento de ambos— el Uchiha sonrió ladinamente ante la sorpresa que vio en los ojos de su esposa, —así nos veremos en esta vida, en la que sigue y en las que vendrán— solo esperaba que el altísimo no los separase demasiado pronto, su corazón no lo soportaría.
Su vida era inmensamente dichosa desde que tenía a Sakura a su lado, podía respirar, despertar y dormir tranquilo cada día, tenía una familia maravillosa y sencillamente envidiable, el futuro del reino era seguro, todo era perfecto...tanto que Sasuke temía que un día Dios decidiera separarlos a Sakura y él de una forma intransitable, pero de forma egoísta Sasuke elegía desear ser quien muriera primero, dejaría un Imperio detrás para que su hijo Itachi lo sucediera y Sakura lo aconsejara, pero si la perdiera ella más le consolaría quitarse la vida aunque fuese un pecado, porque no podría vivir sin ella a quien tanto amaba. Este proyecto para el Monasterio de los Jerónimos había iniciado por parte de Sakura para ser la representación de su apoyo a la orden religiosa a la que pertenecía su querido amigo Fray Jugo Otogakure, luego Sasuke se había sumado y le había brindado su apoyo incondicional patrocinando la construcción del edificio, eso implicaba que el proyecto se asociaría con él antes que con ella y sin embargo eso no importaba a Sakura, que rodeó el escritorio y se sentó sobre el regazo de su esposo mientras él envolvía sus brazos alrededor de ella y viceversa, apoyando su rostro contra el hombro de Sasuke. Ella no había brindado su apoyo a la causa para beneficiarse o ser más popular entre la gente o admirada por su pueblo sino que por el simple hecho de realizar una buena acción...aunque ello no impidió a la Haruno sonreír al pensar en comunicarle a su esposo una noticia que sabía lo alegraría.
—Ya que estáis barruntando sobre nuestra estancia en el otro mundo, permitidme regresaros al presente— mencionó Sakura alzando la mirada hacia el rostro de su esposo que se volvió hacia ella. —Hay algo que quería compartir con vos— lo había comprobado esa misma mañana.
—¿Sí?, ¿De qué se trata?— preguntó Sasuke deseoso por escuchar cualquier buena nueva que ella tuviera a bien darle.
—Llevo otro hijo vuestro en mi vientre— declaró ella por fin y esperando su reacción.
—Sakura…— suspiró él esbozando una sonrisa que no podía expresar la plenitud que sentía, acunando el rostro de ella en una de sus manos y acercándolo al suyo para besar sus mejillas y parpados. —Os amo tanto, tanto— rozó su nariz contra la suya, buscando sus labios que rozó en un beso que parecía no querer concretarse.
—Puede que sea una niña— mencionó la Haruno retrocediendo su rostro justo cuando Sasuke iba a besarla y albergando la esperanza de tener otra niña por fin.
—Orare para que así sea, una niña hermosa e idéntica a vos— secundó el Uchiha deseando que tal posibilidad se concretara y ya.
Si por él fuera solo tendrían niñas, imaginar princesas o Infantas igualmente hermosas que su esposa era un sueño hecho realidad cada vez que veía los rostros de sus encantadoras Sarada y Mikoto que eran las joyas de su Imperio junto a su radiante madre, tener una tercera niña era algo que llevaba deseando desde hace años luego de cinco hijos varones casi en ininterrumpida sucesión, habiendo un heredero seguro para el trono y muchos otros de repuesto—si sucedía lo peor—Sakura y él podían permitirse ser egoístas y tener solo niñas, ojala y el bebé en camino lo fuera, fundiendo lentamente sus labios contra los de su esposa y recibiendo un gemido a cambio mientras descendía una de sus manos para acariciar su aun plano vientre, ya amando al hijo o hija en camino y que sería fruto del inmenso amor de ambos. Interiormente Sakura se reprochó por celebrar de forma tan anticipada, sí que sus embarazos eran amenos y no le daban problemas a diferencia de como sucedía con otras madres de la realeza—y que en ocasiones no podían llevar un embarazo a término—, teniendo solo un mes calculando la ausencia de sus cursos mensuales de sangrado pero era una noticia tan feliz que no podía evitar compartirla con Sasuke solo por el placer de ver el brillo de la alegría en sus ojos y disfrutando del roce de sus labios contra los suyos, ella sujetándose de sus hombros y palpando sus músculos a través de la tela de su jubón, alzando sus manos para revolver su siempre rebelde cabello azabache azulado, profundizando el beso al envolver su lengua contra la suya con devoción absoluta.
Que maravillosa era la vida para ambos.
Había tomado una semana e incluso casi dos para que el rey decidiera hacer pública la noticia del embarazo de su esposa, no porque este fuera muy incipiente aun y fuera anticipado celebrar sino porque quería organizar una gran celebración por la ocasión, quería que toda la corte pudiera experimentar su plenitud y por lo que incluso tuvo que ocultarle los preparativos a su amada Sakura hasta el día de hoy en que ambos ingresaron en el salón del trono donde los esperaban los nobles más importantes del reino, y observándolos ocupar sus lugares como rey y reina. Sentada en el trono a la izquierda de su esposo el rey, la reina Sakura portaba un elegante e insuperable vestido de seda durazno estampada en camelias que eran sus flores favoritas, con mangas acampanadas que casi le cubrían las manos y falda abierta en A bajo el vientre exponiendo la falda inferior de seda naranja cobriza como el centro del corpiño en V y las mangas inferiores ceñidas a las muñecas. Alrededor de su cuello reposaba un elegante collar de dos vueltas hecho de cristales en forma de rombo color aguamarina que reflejaban la luz y en el lateral de cada hilera reposaba una letra S hecha de oro que colgaba como un pequeño dije, la inicial de su nombre y el de Sasuke a juego con unos largos pendientes de oro en forma de rombo con un cristal oval que cambiaba de color a la luz y su largo cabello rosado estaba recogido en una larga coleta por un entramado de trenzas haciendo destacar la coronal real de Portugal sobre su cabeza y que sostenía un velo de encaje dorado que caía sobre sus hombros.
—Nobles señores y damas presentes, os hemos reunido para una pequeña celebración— anunció Sasuke recorriendo con la mirada a los presentes. —La reina y yo esperamos el nacimiento de otro hijo, por lo que os hemos preparado un pequeño regalo; una máscara, una celebración de amor— pudo ver la sorpresa y alegría en los rostros de todos, en especial en el de su esposa que estaba encantada con la noticia.
Era sabido por todos que el rey Sasuke no era un hombre dado a celebraciones en contraste con su esposa, pero en esta oportunidad había pedido su asistencia al gran organizador de la corte que era Sasori Akatsuna y quien hizo una señal a los músicos que comenzaron a tocar cuando un grupo de bailarines ingresaron en el salón del trono para grata sorpresa de los presentes que portaban mascaras que cubrían gran parte de sus rostros. Entre ellos y encabezando el baile se encontraba una pareja muy joven; el hombre portaba una máscara que representaba a un león que era el rey de la sabana y la mujer la de una leona, quien realizó una reverencia en señal de respeto y vasallaje por su "esposo" que envolvió sus brazos alrededor de ella. Sentada en su trono y con una radiante sonrisa, Sakura entrelazó una de sus manos con la de Sasuke que la acercó a sus labios besando cuidadosamente cada uno de sus dedos haciéndola sonrojar y sentirse todavía más feliz porque esta mascarada había sido encargada con toda intención de ser una representación del uno por el otro en un momento de sus vidas en que ambos sentían que estás no podían ser más perfectas. Volviendo la mirada hacia su esposo que le parecía el hombre más guapo del mundo, Sakura quedó prendada por lo gallardo y elegante que se veía portando un jubón negro de seda o bordados dorados que representaban el emblema de la familia Uchiha bajo un abrigo de terciopelo que permanecía abierto, pantalones y botas negras con un toisón dorado alrededor de su cuello y la corona real de Portugal sobre su cabeza…su rey.
—Sasuke— nombró la Haruno y a lo que él volvió el rostro inmediatamente en su dirección. —¿Vendréis esta noche a mis aposentos?— preguntó en voz muy baja para que nadie pudiera oírlos.
—Por supuesto— asintió el Uchiha sin dudarlo, volviendo a acercar la mano de su esposa a sus labios y sin apartar la mirada de ella.
El embarazo era muy reciente, usualmente Sasuke y ella comenzaban a guardar abstinencia por la seguridad de su hijo o hija en camino—para frustración y resignación de ambos pero era preciso por instrucción de los galenos—a partir de los tres meses en que el mismo embarazo era algo seguro, ella solo tenía uno confirmado y sin síntomas como desmayos, mareos o nauseas por lo que aún tenían algo de tiempo para entregarse a esos pequeños encuentros íntimos, nadie fuera de su entornó más privado—sus sirvientes y doncellas—tenia porque saberlo y en cierto modo este grado de complicidad el uno con el otro extasiaba a Sasuke, ambos podían dejar de ser un rey y una reina y ser solo marido y mujer…ojala la vida pudiera ser tan maravillosa siempre. Tan pronto como la música terminó de sonar, todos los presentes estallaron en vítores por la danza y la hermosa música, pero los mismos vítores fueron pequeños hasta que la pareja de bailarines se quitó las máscaras exponiendo sus rostros a los admirados nobles. Se trataba del príncipe Itachi que destacaba y parecía mayor por su altura, y a su lado quitándose el antifaz estaba su hermana la Infanta Sarada quien sonrió a los presentes ejecutando una reverencia, especialmente a sus padres que no dejaban de observarlos, sobre todo a su madre quien se cubrió los labios con una de sus manos y al borde de las lágrimas producto de la emoción y el orgullo por verlos dejar de ser niños y lentamente convertirse en un hombre y una mujer de cara al futuro. Este nuevo hijo o hija llegaba en el mejor momento después de todo…
Sintra, Portugal/Octubre de 1512
Con halito meditabundo, Sakura se observó ante el espejo mientras su siempre leal Temari Sabaku terminaba de cerrarle el vestido, acariciando su vientre de cinco meses a través de la tela, embelesada con su nuevo embarazo a la par que preocupada por todo lo que había hecho a espaldas de su esposo y señor el rey, claro que su deber como reina implicaba hacer lo que fuera necesario por el bien del reino pero temía cual pudiera ser la reacción de Sasuke al enterarse, y por lo que había postergado que él lo hiciera. La Haruno portaba un femenino vestido beige pálido, casi blanco—debajo una enagua de igual color de escote en V y mangas holgadas que finalizaban en cortos holanes en las muñecas—estampado en patrones florales entrelazados al emblema de la casa Uchiha en tonos oliva y cobrizo, de escote cuadrado y corpiño ceñido a su cambiante figura, falda de una sola capa que se arremolinaba a su andar y mangas dobles; unas inferiores y ceñidas a las muñecas y unas superiores abullonadas hasta los codos desde donde se tornaban acampanadas pero abiertas desde los codos, con su largo cabello rosado cayendo sobre sus hombros y tras su espalda peinado pro una diadema de diamantes en forma de lagrima con dijes de perla a juego con la guirnalda alrededor de su cuello y pendientes de perla en forma de lagrima. Quería creer que sus miedos eran infundados y que al final todo estaría bien, ¿Y sin embargo porque sus instintos la hacían temer por su hijo o hija en camino?
—Lamento que este vestido vaya a arruinarse hasta que mi figura vuelva a ser la de antes— suspiró Sakura observando su cambiante silueta a través del reflejo del espejo.
—Alteza, dar hijos al esposo es prueba de amor— recordó Temari con una sonrisa, anudando los últimos cordones del corsé de su reina.
—Dura prueba es para ambos— asintió la Haruno sin olvidar el riesgo que corría con cada nuevo parto.
—Aunque hay quien dice que no hay mujer más bella que la mujer en cinta— mencionó la Sabaku habiendo escuchado ese elogio de labios de su esposo.
—Gran verdad, pues las madres representan el milagro de la creación— afirmó una voz desde el umbral de la habitación.
Esbozando una sonrisa, Sakura volvió la mirada por sobre su hombro hacia el umbral de su habitación privada observando a Fray Jugo Otogakure quien bajo la cabeza y la reverenció respetuosamente, su mano derecha en la creación del Monasterio de los Jerónimos de Belém a la par que su valedor y representante en obras de caridad, y su confesor por supuesto aunque mucho se había ausentado en el último tiempo atendiendo el diseño del Monasterio y la concepción de una nueva universidad en el municipio de Lisboa. Como siempre fray Jugo destacaba por su hábito o túnica blanca con corta capa superior que formaba una capucha holgada que cubría su cabeza y sosteniendo en sus manos su libro de oraciones como cada vez que la visitaba para confesarla, un momento extremadamente privado para la reina y por lo que Sakura despidió a Temari con una cálida sonrisa a la que la Sabaku correspondió con una reverencia retirándose en silencio y cerrando tras de sí la puerta de la alcoba de su soberana dejándola a solas con el venerable fraile. Tan pronto como las puertas de sus aposentos se cerraron, Sakura esbozó su sonrisa más radiante aproximándose a su querido confesor y amigo, sosteniendo sus manos e inclinándose para besarlas en señal de respeto, no era su obligación aunque estuviera ante un hombre de Dios pero Sakura vivía según los mismos preceptos que su madre la reina Seina y no podía faltar el respeto a los hombres de extrema humildad e inmensa generosidad.
—Fray Jugo, os echaba de menos— confió Sakura pudiendo exponer su alma a su leal confesor.
—Y yo a vos, Alteza— correspondió fray Jugo sonriendo a su soberana e invitándola a aproximarse a la chimenea. —Dijeron que precisabais verme— mencionó mientras su reina tomaba asiento y él frente a ella.
—Necesito que el señor escuche mi ruego— asintió la Haruno bajando la cabeza con humildad. —Ahora que llevo en mi vientre una nueva vida, temó que Dios sancione mis actos— temía que su divino padre la castigara con el fruto en su vientre.
—Siempre tendéis a exagerar vuestras faltas— recordó el fraile sin poder creer que ella cometiera algún acto profano o remotamente similar.
—Por el bien del reino y la paz del rey, he censurado el sufrimiento de nuestros hermanos en las Indias y en Brasil, todo porque deseó que el rey siga teniendo sueños felices— confió la reina sin levantar la cabeza pero advirtiendo la sorpresa de su confesor por sus palabras. —He mediado en privado pero sé que tarde o temprano habrá de enterarse, y pesa en mi conciencia no haber hecho lo suficiente— lo había intentado pero el poder era de Sasuke como rey, y el merecía saber la verdad.
—Alteza, el amor a Dios no difiriere mucho al amor humano— sosegó fray Jugo haciendo que alzara la mirada. —El dolor, la rabia y las mentiras pueden amenazarlo, pero si es lo bastante fuerte seguirá firme en nuestros corazones— consoló sabiendo que eso es lo que su reina necesitaba y merecía oír.
—Así lo sigue en el mío— aseguró Sakura al instante, y por lo que sin avergonzarse se levantó de su asiento y acomodó su falda para arrodillarse frente a su confesor, cabizbaja y humilde como una penitente.
—Ave María purissima, hija— citó el fraile siempre solicito a escuchar su confesión.
—Concepta sine peccato— correspondió la Haruno pudiendo por fin abrir su alma.
Puede que no manejase del todo el portugués pese a ser la reina de los lusos, la esposa de su rey y encontrarse constantemente rodeada de personas que lo hablaban después de tantos años, pero sí que manejaba el latín a la perfección siendo el primer idioma que había aprendido a la par del castellano—su madre había insistido ya que ella había tardado en aprenderlo a su edad—porque era así como debía orarse a Dios en señal de respeto. Para su madre la reina Seina, siempre digna y orgullosa, ponerse al nivel o incluso por debajo de un hombre de fe que debiera confesarla en ese momento tan privado resultaría inconcebible arrodillarse, pero desde muy temprana edad y por enseñanza de fray Asuma Sarutobi, Sakura había comprendido que en el rito de la confesión lo que hacía era exponer o desnudar su alma ante Dios, él sabía todo cuanto había en su corazón, ¿Por qué habría de tener reservas para confesarse con su religioso de confianza y amigo, si Dios ya conocía todo de ella? Era un presentimiento ridículo quizás pero Sakura sentía que tenía mucho por lo que disculparse, no solo por no haber intercedido con mayor determinación e ímpetu por sus hermanos más desfavorecidos en las Indias y Brasil cuando había estado en su poder y que era su responsabilidad, sino también por el hecho de que estaba asustada, ya tenía siete hijos y estaba esperando el octavo, dentro de todo debería estar tranquila, todo había ido bien con su último parto y sus hijos eran sanos, ¿Entonces por qué sentía una punzada en el pecho?, ¿Una corazonada de un mal presentimiento?
No, debía confiar en su fuerza y en el plan de Dios para ella.
Sintra, Lisboa/Navidad de 1512
En Europa celebrar la navidad no era una opción ni un asunto ligero, conmemorar el señalado nacimiento del hijo de Dios—cuya fecha había sido establecida por la Iglesia Católica—era una fecha que nadie podía ignorar ni mucho menos en una corte tan devota como la portuguesa en que la noche del 24 de Diciembre se realizó una ceremonia religiosa en la capilla del Castelo da Sintra en espera de la media noche cuando las campanas comenzaron a replicar. De pie ante el altar y reunido con los miembros de su familia—salvo los infantes más pequeños de cuya asistencia podían prescindir—, el rey Sasuke se volvió hacia su esposa luego de que el sacerdote encendiera la vela que el sostenía, procediendo a hacer lo mismo con la de su esposa quien sonrió ligeramente antes de volverse para encender con la misma flama la velas que sostenían su hijo el príncipe Itachi y sus hijas Sarada y Mikoto. El rey luso vestía un jubón de cobrizo con reflejos dorados—debajo una holgada camisa negra de cuello alto y mangas ceñidas en las muñecas—de cuello alto y cerrado, mangas abullonadas que se tornaban ligeramente ceñidas desde los codos, encima un abrigo de igual color forrado en un margen de piel oscura con un toisón de oro alrededor del cuello, finalizando en pantalones y botas de cuero negro, con la corona real de Portugal sobre su cabeza en una ceremonia tan significativa y solemne, pero en la que sentía tener mucho que agradecer, partiendo por su nuevo hijo o hija en camino…
La mayoría de las familias asistían al rito religioso la noche de navidad y luego se retiraban a dormir, pero no fue el caso de la familia del rey quien se reunió en privado para celebrar y recibir el día de fiesta como familia, habiendo ayunado en señal de devoción y pudiendo saciar ahora su apetito, sin tener que guardar apariencias o formalismos en privado. Sentado a la diestra de su padre, el príncipe Itachi de diez años se limpió los labios con la servilleta, ya pareciendo un adulto en modales y vistiendo un jubón ocre con bordados que brillaban a luz—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y mangas ceñidas—y con marcadas hombreras, pantalones anaranjados y botas de cuero, con un toisón de oro alrededor del cuello y su cabello ébano perfectamente en su lugar. Sentada junto a su hermano mayor estaba la Infanta Sarada de nueve años siempre idéntica a su madre con un vestido de seda dorada—debajo una enagua blanca de cuello alto—de escote cuadrado, mangas abullonadas que se anudaban a lo largo finalizando en cortos holanes y falda de dos capas, con su largo cabello azabache cayendo tras su espalda por una diadema de oro en forma de cintillo. A su lado su hermana la Infanta Mikoto también vestida de dorado, de escote cuadrado con perlas bordadas y mangas abullonadas hasta los codos desde donde se tornaban ceñidas, con falda de una sola capa, un crucifijo alrededor del cuello y su largo cabello rosado peinado en una trenza que caía tras su espalda.
—Vuestro apetito ha aumentado— mencionó Sasuke haciendo que el silencio reinara en la mesa y todos volvieran a ver a su madre.
—Disculpadme— Sakura se sonrojo, limpiándose los labios con la servilleta mientras sus hijos reían, —pero sabéis que la codorniz es mi debilidad— se defendió dignamente.
—La de ambos— asintió el Uchiha no pudiendo contradecirla. —He echado en falta cazar sin vos, pero todo lo vale por ver vuestra sonrisa— sus palabras hicieron crecer todavía más la sonrisa de su esposa. —Y la de vosotras— agregó volviendo la mirada hacia sus hijas que pese a su juventud tenían grandes ocupaciones.
—¿Cuándo volveremos a salir, padre?— preguntó Itachi cubriendo la boca con una mano mientras tragaba y ansioso por ir de caza.
—Cuando hayan pasado las fiestas y los días de consagración— contestó Sakura a modo de advertencia a sus hijos pues este tiempo debían usarlo para mejorar sus conductas.
—Debemos agradecer mucho al señor— reflexionó Sarada en voz alta y siempre solemne como su madre a quien tanto admiraba.
—Bien dicho— respaldó Sasuke no pudiendo llevarle la contraria a su esposa. —Que nuestra felicidad siga siendo inmensa como hoy— deseó en voz alta alzando su copa en un brindis.
—Amén— secundaron todos alzando sus copas y teniendo su mismo pensamiento.
Portugal era el reino más próspero de Europa junto con Castilla—gobernada por el rey Pein Haruno, padre de Sakura, y por el Regente Hiruzen Sarutobi—, gozaba de paz y una riqueza que no hacía más que crecer día con día junto al éxito de sus campañas, una estabilidad y falta de polémicas de forma envidiable para todos los otros reinos vecinos, así como de una sucesión estable como ninguna otra con cinco príncipes o Infantes que pudieran heredar el trono y dos hermosas Infantas perfectamente educadas, las joyas de la Península, ¿Cómo no tener algo que agradecer? Mientras pasaba la mirada por sobre sus hijos, Sasuke se enfocó en su esposa quien sonrió al encontrar la mirada con la suya y más hermosa que nunca con ya siete meses de embarazo, ataviada en un elegante vestido de seda dorada de escote cuadrado decorado por encaje dorado, con el centro del corpiño anudado por cordones beige claro, falda de una sola capa, mangas holgadas beige grisáceo que se ceñían en las muñecas y finalizaba en cortos holanes y un cuello alto de igual color, escasamente cerrado formando un escote en A resaltando el crucifijo alrededor de su cuello, y su largo cabello rosado estaba recogido en una larga coleta con perlas y cristales ámbar entrelazados bajo un velo de encaje dorado que caía tras su espalda y era sostenido por la corona real de Portugal, a juego con unos pendientes de oro en forma de corazón de los que pendían tres lágrimas de perlas.
—Permitidme agasajaros ahora— mencionó Sasuke sobradamente obnubilado por la belleza de su esposa y dándole una indicación a uno de los sirvientes que se aproximó a la reina sosteniendo un estuche de seda.
—¿Qué es?— preguntó Sakura, abriendo el estuche y ahogando en el proceso un jadeo de sorpresa. —Sasuke, sois un sol— estaba abrumada ya que en el estuche reposaba una bellísima guirnalda de oro y perlas y que sostenía un dije en forma de rosa con una perla de mayor tamaño rodeada de otras diez más pequeñas que la enmarcaban y de cuyo dije pendía otra perla en forma de lagrima.
—También hay regalos para vosotros, en vuestras habitaciones— sosegó el Uchiha volviendo la mirada a sus hijos quienes sonrieron con entusiasmo entre sí, solo había querido que su esposa fuera la primera en recibir un regalo de su parte.
—Gracias, padre— apreció Itachi disimulando su alegría y entusiasmo por lo que se esperaba de él, siempre guardando las formas como su madre.
—¿El libro de vida de santos?— preguntó Sarada permitiéndose ser una niña como cualquier otra al desear algo en particular.
—Recordé vuestra petición— asintió él y habiendo hecho lo posible para cumplir su deseo.
—Muchas gracias, padre— sonrió la Infanta con una deslumbrante sonrisa.
Pudiendo permitirse el ser una niña como cualquier otra en ese entorno tan privado y en que se sentía infinitamente dichosa, Sarada apartó su asiento y se levantó de su lugar a la mesa, sujetándose la falda para no tropezar y dirigiendo sus pasos hacia su padre a quien envolvió un abrazo siendo atraída en respuesta y sentándose en su regazo, algo que ninguno de sus hermanos hacía salvo ella. Mikoto sí que abrazaba a su padre pero era más formal y reservada como su madre, Itachi por otro lado era consciente del peso de las expectativas sobre él, por lo que admiraba y aprendía de su padre a la par que buscaba ser el príncipe perfecto, volviendo la mirada hacia su madre que entrelazó una de sus manos contra la suya mientras le sonreía amorosamente—siendo especialmente cercano a ella—, todos profundamente emocionados por la privacidad de su amado entorno familiar. Sakura era una mujer extremadamente devota, por lo que no sería hasta dentro de varias horas—al alba—que les permitiría a sus hijos ver los regalos que tenía para ellos pero entre los que debían escoger uno, solo pudiendo contemplar los otros que serían donados a los más necesitados aunque ellos ya estaban acostumbrados pues ello les permitía ser conscientes de que no todos tenían su estilo de vida, que había quienes no tenían nada y a quienes no podían olvidar sino que siempre debían tenerlos muy presentes. Observando a sus hijos y a su esposo a quien tanto amaba, Sakura apreció más que nunca su pequeño Edén...
Lisboa, Portugal/3 de Febrero de 1513
El resto del embarazo fue tranquilo aunque agotador para Sakura, tanto que luego de las festividades por Año Nuevo tuvo que guardar reposo en sus aposentos, se sentía muy cansada, como si el bebé en su vientre le quitara la energía y entró en trabajo de parto antes de cumplir nueve meses, por la tarde mientras su esposo se hallaba reunido con sus consejeros, pero nada le impidió abandonarlo todo y apersonarse en los aposentos de su esposa, aguardando para poder verla. El rey luso vestía un elegante jubón—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—granate de cuello alto con el contorno del cuello hecho de hilo de oro y faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero como sus botas, y pantalones marrón oscuro como el abrigo de piel que vestía, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado…mas detuvo su andar al escuchar un grito de dolor cruzar las paredes y hacerlo estremecer, sin estar dispuesto a esperar un momento más, abriendo las puertas e ingresando a tiempo para ver a las doncellas de su esposa envolver a un bebé ensangrentando en una sábana de lino. Recostada sobre la cama y respirando agitadamente se encontraba Sakura quien vestía un holgado camisón blanco de cuello alto y redondo decorado con encaje y mangas ceñidas en las muñecas que finalizaban en holanes, con sus largos rizos rosados cayendo desordenadamente bajo su cuerpo y la falda de su camisón ensangrentada.
—Sakura, ¿Estáis bien?— el Uchiha corrió a arrodillarse junto a su esposa, acariciando sus largos rizos rosados.
—Sí, solo fue una pequeña hemorragia— asintió la Haruno recuperando el aliento.
—Ya la detuvimos, no hay peligro— confirmó el físico Dan Kato para tranquilizar a su rey.
Levantándose lentamente para sentarse sobre la cama y permanecer junto a su esposa, Sasuke volvió la mirada hacia el físico de su esposa en cuyo criterio confiaba por encima de cualquier otra cosa, pudiendo respirar tranquilo mientras lo veía lavarse las manos tinturando el agua de un rojo sangre, el mismo que manchaba la falda del camisón de su esposa quien atrajo sus piernas hacia si con un quejido doloroso mientras intentaba sentarse sobre el colchón, adolorida por el parto y por lo que Sasuke envolvió uno de sus brazos tras su espalda. Recibiendo al bebé de manos de Temari Sabaku, lady Emi la hermana del rey Sasuke lo acunó sobre su pecho y se acercó a la cama, la Uchiha portando un elegante vestido de seda granate—debajo una enagua blanca de escote redondo—con opacos bordados negros y que exponía ligeramente sus hombros con el contorno de color negro, mangas ceñidas a las muñecas y que finalizaban en largos holanes blancos, corpiño ceñido y falda larga, con su largo cabello ébano cayendo tras su espalda peinado por una trenza de tipo cintillo sobre su coronilla resaltando la guirnalda de oro y rubíes alrededor de su cuello y de la que pendían lágrimas de perlas a juego con unos largo pendientes. Obteniendo la atención de la pareja al acercarse, Sarada entregó al pequeño y precioso bulto en brazos de su querida amiga, hermana y reina que lo atrajo hacia si en un afectuoso abrazo mientras sonreía ligeramente observando al pequeño rostro que parecía dormitar, más callada y tranquila que cualquiera de sus hijos o hijas anteriores.
—Es una niña como os dije— mencionó Sakura que hasta entonces había ocultado el sexo de su bebé y viendo sonreír a su esposo.
—Quiero que se llame Hanan— solicitó Sasuke sin aceptar nombrarla sin su consentimiento, viendo como el sonrojo tinturaba sus mejillas. —Es preciosa, como vos— contempló acariciando una de las mejillas de su hija.
—Y como vos— correspondió ella esperando que se pareciese a él quien era su todo.
Hasta entonces concentrado en su esposa, Sasuke bajo lentamente la mirada hacia su pequeña hija que permanecía serena y con los ojos cerrados, dormitando en los brazos de Sakura a quien se parecía tanto con su corto cabello rosado y rostro de facciones delicadas, de quien se enamoró como había hecho con sus adoradas Sarada y Mikoto antes que ella. Aunque exteriormente y como siempre fuera la reina perfecta, Sakura se calló el cansancio que sentía, por primera vez y luego de ocho ininterrumpidos embarazos—con cuando mucho una brecha de un año entre si—sintió un peso en su cuerpo, era una mujer de treinta años pero ahora se sentía fatigada como nunca, intentando disimular el temblor en sus piernas y el resto de su cuerpo, alzando la mirada hacia su leal físico mientras Sasuke estaba embelesa con su hija recién nacida hija y recibiendo en respuesta una seria mirada de parte de lord Dan Kato quien solo la observó sin decir nada, recordándole que embarazarse y alumbrar tan seguido era peligroso, incluso para una reina indómita como ella. Todos sus últimos partos habían sido problemáticos desde el nacimiento de su adorado Baru hace siete años, y pese a todo había podido recuperarse sin mayor esfuerzo, pero esta vez sentía como si todo eso estuviera pasándole factura, por una vez se sintió frágil y quebradiza aunque no lo demostró, sonriendo cuando Sasuke volvió la mirada hacia ella y la beso en la frente, intentando asirse a su amor para obtener fuerza.
Era solo cansancio, se recuperaría...eso quería creer.
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado:3 las próximas actualizaciones serán "Avatar: Guerra de Bandos", luego "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" y volveré a actualizar "A Través de las Estrellas" adaptando el largo pero emocionante de la Guerra de los Clones :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi), a dickory5 (agradeciendo su consideración para con mi trabajo y dedicándole la historia en señal de afecto), a kazuyaryo (agradeciendo infinitamente el poder contar con su apoyo y dedicandole esta historia por lo mismo) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura Haruno como María de Aragón (30 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (43 años)
-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal (10 años) -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal (9 años)
-Mikoto Uchiha como Beatriz de Saboya (8 años) -Temari Sabaku como Beatriz de Melo
-Emi Uchiha como Isabel de Viseu -Dan Kato como Alonso Torres (físico de la reina)
-Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos -Han Iwagakure como Afonso de Albuquerque
-Yagura Isobu como Diogo de Boitaca -Killer Bee como João de Castilho
-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón
-Hiruzen Sarutobi como Francisco Jiménez de Cisneros -Asuma Sarutobi como Hernando de Talavera
-Ebisu Tokubetsu como Cristóbal Colón -Sasori Akatsuna como Gil Vicente
-Baru Uchiha como Luis de Portugal -Kagami Uchiha como Fernando duque de Guarda y Trancoso
-Daisuke Uchiha como Enrique I de Portugal -Hanan Uchiha como Infanta María
Partos, Secretos & Secuela: Recalco mucho en el capitulo como lentamente todos estos partos consecutivos y sus efectos comienzan a pasarle factura a Sakura, quien ya tiene treinta años, aun es una mujer joven, fuerte y hermosa pero el tener que embarazarse sin falta cada año es un peso que sin saberlo probara ser mortal, aunque aun falta para eso pero es una cuenta regresiva a la que nos acercamos, mas es también un placer dulce al que no puede resistirse y por el que desea hacer feliz a su esposo quien siempre se muestra devoto e inmensamente dedicado a ella. Para 1513 la conquista de Brasil se había consolidado, la explotación de los nativos convertidos en esclavos y vendidos a Europa era una realidad como primero en Cuba y Haití por parte de Castilla, pero aunque Sakura es consciente intenta ocultarlo mientras Sasuke se encuentra preocupado por la conquista de Malaca y Asia, no queriendo que su paz se perturbe pero sus buenos deseos que no puede llevar a cabo inspiraran a su hija, Sarada, que será reina y Emperatriz en la secuela "Cenicienta de Tordesillas" que tengo prevista, al igual que Itachi quien sucederá a su padre como rey y que es consciente de sus responsabilidades y siempre busca hacer lo que se espera de él, siendo el favorito de su madre, y no podemos olvidar a su hermana Mikoto que es muy consciente de su rol como Infanta.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
