Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.
Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Repito, ninguna tiene una unión entre sí.
Dulces sensaciones.
Historia once: Margaritas.
Me froté los brazos e hice un puchero, cerré mis ojos intentando pensar en un lugar soleado como los que mostraban en los programas de viaje, esos donde las olas del mar te invitaban a entrar, la arena parecía querer acariciar tu piel y tus problemas desaparecían con tan solo estar ahí. Lamentablemente para mi yo estaba muy lejos de esos lugares, de hecho ni siquiera sabía cómo serían esos paisajes quinientos años en el pasado. De lo único que tenía certeza es que estaba haciendo un frío de los mil demonios… ¡Espera un momento! ¿Yo dije de los mil demonios?... estar tanto tiempo con InuYasha a afectado mi vocabulario…
InuYasha…
Recorrí con mi mirada el sitio donde estábamos, en medio de un bosque tétrico, Miroku se dedicaba a encender la fogata con ayuda de Kirara, Sango y Shippo estaban extendiendo los sacos de dormir e InuYasha… él no estaba.
InuYasha…
Una parte de mi fantaseaba falsamente con el hecho de que se encontraba buscando comida… mi parte realista sabía perfectamente que no estaba por otros motivos, motivos de los que no quise pensar mucho porque no quería terminar deprimida…
¿Pero cómo evitar pensar en eso? No se puede borrar a quien se quiere, ni tampoco se puede borrar ese dolor amargo tan rápido… ojala fuera fácil.
Me mordí el labio inferior cuando un tiritón invadió mi cuerpo. Definitivamente estaba haciendo demasiado frío, pero no quería moverme de la piedra en la cual estaba sentada, no tenía ánimos ni fuerzas para hacerlo. Observé como Miroku le sonreía gentilmente a Sango sentándose a su lado. Segundos después él tenía marcada una cachetada en su mejilla. Oh… le había tocado el trasero.
Sonreí disimuladamente ante la situación… Miroku podría ser un pervertido pero tenía las cosas claras. Él sabía que amaba a Sango y después de acabar con Naraku se casarían. Me alegraba mucho por ellos.
¿Podría yo lograr experimentar esa clase de amor mutuo? Quizás si desistía de InuYasha lo conseguiría pero… aunque tratara sabía que era imposible.
Mis ánimos terminaron desapareciendo, acerqué las rodillas a mi pecho y apoyé mi cabeza en ellas rodeando con mis brazos las piernas… intentando así abrigarme un poco.
Una tela suave y caliente me cubrió de manera inesperada. No sabía cuánto tiempo llevaba así porque cuando levanté la cabeza la fogata ya se había extinguido, Shippo, Miroku y Sango dormían e InuYasha estaba frente a mí sin su Aori. Por supuesto eso había sido lo que había sido alojado sobre mi espalda.
-InuYasha-Murmuré intentando aparentar que no me sentía triste por su presencia.
-Tonta, si te quedas ahí te resfriarás, metete en tu saco-Me dijo acomodando mejor su Aori en mi cuerpo. Yo intenté indagar en su mirada algún rastro que me dejara tranquila, que calmara el dolor que me carcomía de sentirme frustrada por no tener todo de él. ¿Era egoísta eso de mi parte? Pero… ¿Quién no desearía ser amada por la persona que quiere?
-Si…-Respondí quedamente esquivando sus ojos para observar el suelo.
-¿No te piensas mover?
-Nop.
-Tonta.
-Lo sé-Sin verlo sabía perfectamente que mi respuesta lo había sorprendido, pero lo era… era una tonta por seguir ahí de masoquista.
-Kagome…
-Que…
-Mírame.
-No quiero-Le contesté como una niña chica que tiene un berrinche.
-Ahh no te pongas tonta.
-Te estás buscando ir al suelo-Se sentó a mi lado en el reducido espacio de roca que quedaba, me sorprendió que pasara su brazo por mi espalda y depositara su mano en mi hombro así como el instante en que me atrajo contra su cuerpo.
¿Por qué hacía eso?... ¿Por qué me acariciaba y luego era indiferente? ¿Por qué me daba esperanzas?... ¿Por qué…?
-InuYasha…
-Mmm… fui al bosque a cazar…-Esa era la excusa… no quería escucharlo, me intenté apartar pero no me dejó, me tenía firmemente sujeta contra su cálido cuerpo-En el camino encontré… encontré algo que me recordó a ti…-Eso era cruel, era obvio que nos parecíamos pero…-Las margaritas me recuerdan a ti…-¿Margaritas…? ¿Flores? No hablaba de… Levanté mi rostro confundida hacia él, me hizo sonreír verlo con las mejillas tan rojas, sus ojos brillaban más de noche, se volvían un imán que me atraían.
-¿Margaritas… te recuerdo a las margaritas?
-Supongo, Keh, no soy bueno con estas cosas asique toma-Por primera vez me di cuenta que había tenido su otra mano todo el tiempo oculta tras su espalda, cuando la extendió hacía mi me mostró un racimo de Margaritas, estaban algo maltratadas pero aun así se veían bonitas, estaban unidas por un pañuelo rojo, ese pañuelo era mi favorito y había desaparecido misteriosamente, ahora sabía quien la tenía-El pañuelo me lo devuelves-Sentenció con su sonrisa arrogante.
-Gracias InuYasha-Le dije dándole un rápido beso en la mejilla, un impulso que me vino y que no pude controlar.
-Keh…-Volteó su rostro y suspiró, parecía aliviado.
-¿Por qué crees que se parecen a mi?
-¿Es necesario que la responda?
-No me respondas con preguntas-Le reprendí apretándole el brazo suavemente. InuYasha soltó un quejido exagerado. Niñita.
-Keh, son bonitas y crecen en todas partes, son como tú… quiero decir… tú estás siempre para mi… tú… ya sabes…eso, crecen en todas partes y tú estás en todas partes para mi… y… bonita… ahhh eso, vamos a dormir-Su cara se puso tan roja como un tomate, yo lo miré sin saber que decir… a su manera era un cumplido, el primero que me hacía tan abiertamente… además eso significaba que realmente yo había estado equivocada y él de verdad había ido a cazar. Lo confirmé porque me percaté que del árbol más próximo a nosotros colgaba un saco de pescados.
-InuYasha…-Me levanté solo para quedar frente a él y entonces lo abracé con fuerza-Te amo…-¡Se me escapó! Yo no quería decirlo pero no pude evitarlo… lo sentí tensarse, traté de pensar algo rápido en mi cabeza para aparentar que no había pasado nada pero no se me ocurrió ninguna excusa…
-Permanece a mi lado…-Me susurró en el oído correspondiendo a mi brazo-Te protegeré-Yo sabía que a su estilo eso significaba un "Yo también te amo…" el dolor que hace solo unos momentos atrás me había estado agobiando ahora parecía jamás haber existido. La sensación de felicidad llenó cada partícula de mi ser. El frío que había sentido también se había esfumado porque estaba rodeada por esos cálidos brazos que desde ese instante yo sabía que me pertenecerían hasta el fin de mis días.
Fin.
¡Oli! Ñeeem, final felices, amo los finales felices.
¡Besitos!
Katys.
