-Esta historia es una narración de la vida de la reina María de Aragón, que hasta el día de hoy no ha sido debidamente representada en la literatura ni en la ficción. La trama contiene ficción, pero para desarrollar los acontecimientos históricos que sucedieron realmente. Muchos de los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más otros personajes, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "All The Things She Said" de t.A.T.u para Sakura, "Train Wreck" de James Arthur para Sasuke, "Saturno " de Pablo Alborán para Mirai y Kiba, y "My Love, My Life" de Lily James, Meryl Streep & Amanda Seyfried para el contexto del capitulo.


Sintra, Lisboa/1513

Con el paso de los días, Sakura se convencía más interiormente de que algo no andaba bien, su pequeña hija era tan diferente de tus otros vástagos y no porque fuera una niña sino porque era tan pequeña, tan frágil…una voz en su cabeza le decía constantemente que esa pequeña solo estaría con ella durante un tiempo, pero como madre y mujer terca que era Sakura intentó convencerse de lo contrario, incluso cuando con el paso de los meses—medio año desde que su hija menor había nacido—y aunque los galenos o físicos se mantuvieran junto a la cuna de su pequeña, Sakura se negó a aceptar las señales hasta esta última semana en que su pequeña hija fue golpeada por la fiebre y su vida comenzó a correr peligro. Acompañada por su leal doncella y amiga Temari a quien indicó permanecer en la entrada de la guardería, la reina Sakura se sujetó la falda del vestido para no tropezar al ingresar en la habitación de su hija donde ya se encontraban presentes los galenos y que inclinaron la cabeza al verla; la bella reina portaba un elegante vestido de seda naranja que resaltaba su esbelta figura, de ceñido corsé adornado por bordados dorados y broches ovales con rubíes en el centro que replicaban el emblema de la familia Uchiha como la falda inferior del vestido, encima una superior y lisa abierta en A bajo el vientre, de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, con su largo cabello rosado cayendo tras su espalda, peinado por un tocado de oro y diamantes de tipo portugués a juego con unos largos pendientes y el dije del medallón alrededor de su cuello.

—¿Hanan?— nombró la reina a su pequeña hija que permanecía dormida al interior de su cuna. —Hanan…Mi pequeña, despertad, por favor— pidió apoyando ambas manos en el borde de la cuna y entre temiendo despertar a su pequeña hija. —Os lo ruego, mi señor, no me la arrebatéis— rezó al borde de las lágrimas y ya habiendo advertido que su pequeña hija no respiraba. —Abrid los ojos, por mí, por mamá…— rogó mientras se derrumbaba lentamente de rodillas.

Aunque una voz en su cabeza le hubiera dado todas las señales para prepararse, Sakura simplemente se derrumbó de rodillas y sollozando tan pronto comprendió que su pequeña hija había muerto, apenas y sintió a su leal doncella Temari arrodillarse a su lado y abrazarla, por primera vez ella que era tan respetuosa del protocolo rompió a llorar y gritar con el corazón roto, se preguntó porque su hija había muerto y ella no, ¿Es que la ley de la vida no decía lo contrario? Eran los hijos quienes debían sepultar a sus padres y no los padres a sus hijos, pero Sakura había vivido lo suficiente para ver y acompañar a su madre la reina Seina en su dolor, mas había creído que eso no le sucedería a ella. Sasuke había estado tan ilusionado con el nacimiento de su pequeña hija, Sakura nunca lo había visto tan feliz…ahora ella ni siquiera pudo pensar en cómo le daría la noticia pero supuso que ni siquiera tendría necesidad de hacerlo, ya lo haría la corte; alargando sus manos hacia el borde de la cuna y donde observó el sereno rostro de su pequeña hija, Sakura la arrulló por inercia y meció la cuna como si ella aun estuviera viva. Según había leído, los doctores de la iglesia habían concluido que el alma tardaba más en despegarse del cuerpo en que residía al momento de morir, y todo en lo que Sakura pensó en ese momento fue en que no quería que su pequeña hija tuviera recuerdos tristes y por lo que se empeñó en sonreírle mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Por primera vez en toda su vida sintió como si su corazón se dividiera en dos y la vida simplemente pareció dejar de tener sentido…


Sobrado estaba de decir que la reina Sakura estuvo inconsolable durante los preparativos del funeral, su hija había vivido solo unos meses, el tiempo suficiente para enamorarse de ella y atesorarla con el alma, ni siquiera podía pasar delante de los estandartes de la casa real ahora en seda y paño negro por el luto, se cuestionaba qué podría haber hecho para cambiar las cosas o si es que siquiera eso habría servido de algo, se sentía tan impotente y devastada…mas el día del funeral sintió fuerza renovadas porque podría llorar a sus anchas y sin vergüenza, sentada en su lugar en la capilla, con un largo velo blanco bordado en encaje negro y que caía sobre su rostro impidiéndole al resto de los nobles saber lo que ella sentía. Portaba un elegante y sobrio vestido de seda negra, de escote cuadrado y mangas ceñidas bajo una capa superior decorada en encaje, de cuello alto y en V enmarcando su escote inferior, también el dobladillo de las mangas acampanadas hasta las muñecas y de falda abierta en A con dobladillo de encaje; alrededor de su cuello reposaba una guirnalda de perlas y ónix de múltiples vueltas que caía sobre su escote a juego con unos largos pendientes en forma de lagrima, y un peine de plata que mantenía recogidos sus largos rizos rosados para despejar su rostro bajo el velo que esta sostenía. El velo ayudaba mucho pues permitía a la Haruno observar en silencio el pequeño féretro de su hija a solo unos metros de distancia ante el altar pero también no pensar en lo demacrada que se veía, pálida, con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.

Sentado junto a su esposa durante el oficio religioso y sosteniendo su mano contra la suya, el rey Sasuke vestía una camisa blanca de cuello redondo y mangas holgadas con finos holanes, encima un jubón de tafetán negro con un largo faldón hasta las rodillas, con detalles gris oscuro hechos de cuero en el borde del cuello y a lo largo de las mangas ceñidas a las muñecas, y sobre el jubón un pesado abrigo de terciopelo negro con dobladillo de oro a juego con el toisón alrededor de su cuello y su cinturón, pantalones negros y botas de cuero, con la corona real de Portugal sobre su cabello azabache azulado ligeramente despeinado. Sasuke no podía mentir, todo esto era inmensamente doloroso para él, luego de tantos herederos varones que aseguraran el trono por fin Sakura y él podían despreocuparse de todo y pensar únicamente en su pequeña hija menor, su pequeño ángel…solo para que abruptamente y sin que ninguno de los dos pudiera entender les fuera arrebatada, ¿Qué se suponía que pensaran?, ¿Qué se suponía que hicieran? Su hijo Itachi se hallaba sentado a su lado y observando en silencio el crucifijo por encima del altar, siempre sabiendo ejercer el rol de heredero para el que había nacido, ataviado en un jubón negro de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, y ceñido a su cuerpo por un cinturón negro, de largo faldón hasta las rodillas, pantalones negros, botas de cuero y un toisón de oro alrededor del cuello, con su cabello ébano enmarcando su rostro y observando el féretro en que yacía su hermana menor, ¿Cómo habían llegado a esto?

Con un largo velo negro cubriendo el frente de su rostro, la princesa Sarada era incapaz de apartar la mirada del féretro de su hermana menor a quien le había tomado un profundo afecto pese al poco tiempo que habían convivido juntas; la Infanta tenía el rostro despejado por un tocado portugués de seda negra y oro en forma de cintillo que sostenía el velo, a juego con un crucifijo de oro alrededor de su cuello, con su largo cabello azabache cayendo tras su espalda. Portaba un elegante vestido de seda negra—debajo una enagua blanca de escote redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas finalizando en holanes que casi le cubrían las manos—de escote cuadrado, mangas ceñidas a las muñecas y falda doble que se dividía en una inferior y otra superior, y sobre el vestido un pesado chal de terciopelo negro. A su lado se hallaba su hermana Mikoto que también portaba un vestido negro—debajo una enagua blanca de escote en V y mangas que finalizaban en holanes que llegaban a cubrirle las manos—de escote cuadrado decorado por encaje en el contorno, mangas holgadas que se ceñían ligeramente hasta las muñecas, falda de una sola capa ligeramente ancha y su largo cabello rosado caía tras su espalda peinado por un cintillo de perlas y rubíes que sostenía un largo velo negro que caía hacia el frente ocultando su rostro, volviendo de vez en vez la mirada hacia sus hermanos menores sentados a su lado y como también hacían las doncellas de su progenitora igualmente caracterizas de luto de pies a cabeza como todos los nobles presentes.

Sin embargo y aunque tuviera el apoyo de su familia, aunque estuviera viendo el féretro de su hija y tuviera que aceptar de una u otra forma que lo que estaba pasando era real, Sakura no podía asimilarlo, ¿Cómo? Sí que conocía la realidad de otras reinas como su hermana Mirai para quienes engendrar un hijo parecía imposible y más que este naciera o sobreviviera, pero egoístamente nunca había pensado que tendría que vivir para ver morir a uno de sus hijos, no a su pequeña hija que había nacido no del deber de reina sino del inmenso amor que Sasuke y ella se profesaban el uno por el otro. El momento en que el oficio religioso llegó a su fin y los nobles designados habrían de cargar el féretro de la pequeña Infanta fue doloroso como ninguno, Sakura necesito levantarse de su lugar con la ayuda de Sasuke quien envolvió uno de sus brazos alrededor de su cintura, ambos observando el féretro ser llevado por el pasillo de la capilla y que siguieron con andar lento; su pequeña hija descansaría en el aún en construcción Monasterio de los Jerónimos que se convertía de ese modo en la cripta de la casa Uchiha a partir de ahora. Volviendo brevemente la mirada por el rabillo del ojo para comprobar que sus hijos los seguían a Sakura y él, Sasuke no supo que decir, deseaba darle las mayores palabras de consuelo a su esposa pero solo podía abrazarla y ayudarla a caminar, por primera vez en años desde que eran marido y mujer volvían a experimentar dolor, pena, perdida, pesar…emociones que no habían sentido en mucho tiempo y que ahora resultaban apabullantes, intolerables.

¿Cómo recuperarse de un dolor tan grande?


Inicialmente y pese a lo doloroso que había sido, ocupar su mente con los preparativos del funeral encargándose personalmente de todo había distraído a Sakura de su dolor, puede que como madre y reina que era no estuviera obligada a lidiar con ello pero había elegido aceptarlo, mas luego del funeral de su pequeña hija se encontró libre de algo que pudiera distraer su mente y se hundió en un profundo dolor durante varios días, aislándose en sus aposentos fuera de la compañía de sus doncellas, llorando durante días enteros en su cama, sin animo alguno de comer más que pequeñas porciones y aseándose cuando era debido, deseando hundirse en el agua y desaparecer. Los días pasaron eternos, sin que Sakura pudiera distinguir si el sol se elevaba u ocultaba en el horizonte, recostada en su cama y sin una pisca de ánimo, vistiendo un holgado camisón beige pálido de cuello redondo, con mangas ceñidas a las muñecas, encima una bata de terciopelo anaranjado que se anudaba a la altura del vientre y de mangas ceñidas a las muñecas, con un pequeño crucifijo de oro alrededor de su cuello y sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda. Alojándose en los últimos días en los aposentos de su querida cuñada y hermana en ley para cuidar personalmente de ella, lady Emi—hermana del rey Sasuke—ingresó en ese momento en la habitación privada de su amiga y reina, observando con tristeza, pesar y lastima el luto que se había adueñado por completo del espíritu de quien ella consideraba la mujer más fuerte sobre la tierra después de su fallecida madre.

—Alteza— llamó Emi tomando asiento sobre la cama pero sin recibir respuesta. —Hermana— insistió posando una mano sobre el hombro de su cuñada pero que siguió sin responder pese a ser evidente que estaba despierta. —El rey desea veros— informó ya sea que Sakura fuese a responder o no, ella la entendía de todas formas.

La Uchiha portaba un sencillo vestido negro de estilo portugués—debajo una enagua blanca de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas—de mangas acampanadas y hombreras abullonadas con cortes en los lados, pero mucho del vestido pasaba desapercibido bajo una chaqueta superior de seda y terciopelo gris oscuro con opacos bordados cobrizos y que cubría holgadamente su figura, de escote alto y cuadrado, con su largo cabello ébano recogido en un moño tras su nuca para formar una trenza resaltando la guirnalda de perlas alrededor de su cuello. Habiendo sobrevivido a varios de sus propios hijos al ser mayor que Sakura y que su propio hermano Sasuke, Emi podía entender fácilmente el dolor que su querida cuñada y amiga estaba sintiendo, por lo que se inclinó para besarla en la coronilla antes de levantarse de su lugar y dirigir sus pasos hacia las puertas para permitirle ingresar a su hermano menor. Sigiloso pues llevaba varios días dando espacio a su amada esposa antes de intentar hablar con ella y consolarla, el rey Sasuke ingresó en los aposentos de su esposa escuchando como las puerta se cerraban a su espalda, vistiendo un jubón negro—debajo una holgada camisa blanca de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas en las muñecas—con mangas dobles; unas cortas hasta los codos y debajo unas mangas ceñidas hasta las muñecas color gris oscuro, de cuello redondo y doble capa, ceñido a su cuerpo por un cinturón, largo faldón hasta las rodillas, pantalones negros, botas de cuero y un toisón dorado alrededor de su cuello.

—Mi amor, mi dulce ángel— pronunció Sasuke a solas con su esposa que lentamente se sentó sobre la cama volvió la mirada hacia él.

—Cuando vuestra madre murió, me dijisteis que temíais que vuestra madre tuviera mucho frío bajo la tierra— recordó Sakura sin poder levantarse de la cama, no teniendo fuerzas para ello pero viendo asentir a su esposo. —Sé que es un miedo tonto, pero ¿Creéis que nuestra pequeña Hanan estará bien arropada?— preguntó al aire quebrándosele la voz en el proceso. —Dios mío…Lo siento, lo siento...— sollozó enterrando el rostro entre sus manos y sintiéndose avergonzada por su debilidad.

—No es vuestra culpa, no podíamos imaginar que esto ocurriría— protestó el Uchiha sentándose a su lado sobre la cama y no sintiendo que ella tuviera algo que lamentar.

—¿Por qué pasó esto?— cuestionó la Haruno al aire intentando entender el propósito de todo esto. —Dios mío, ¿Qué hice?— era su culpa, ella había descuidado a sus súbditos en el Nuevo Mundo y Dios había cobrado la vida de su hija por ello.

—No hicisteis nada, no podéis haber hecho nada, era la voluntad de Dios— insistió él acunando su rostro entre sus manos y pegando su frente a la suya. —Os amo, Sakura y os seguiré amando eternamente, os lo juró— prometió sabiendo que lo que ella necesitaba en ese momento era recordar todo el amor con el que aun podía contar.

A diferencia de como sucedía en el caso de Sakura, Sasuke ya había sobrevivido a uno de sus hijos anteriormente, su pequeño Yosuke—fruto de su primer matrimonio con su hermana mayor Takara—, su heredero y que lo había dejado en una incierta situación de la que solo se había recuperado gracias a su matrimonio con Sakura; sí que este dolor era inmenso, Sasuke había anhelado y amado a su pequeña hija con el alma, no como una pieza más en el frío mundo de la política, poder superar su perdida sería difícil sin duda pero no imposible si permanecían juntos y se apoyaban el uno en el otro para superar cada nuevo día. Aunque se hubiera sentido muy sola en estos días y hubiera querido que muchas veces Sasuke la abrazara, en ese momento no se le pasó por la cabeza a Sakura reprocharle nada a su esposo, ambos estaban viviendo el duelo a su manera y lo verdaderamente importante en ese momento es que él estaba a su lado, nada más. Puede que no fuera el mejor momento pero todo en lo que Sakura podía pensar al tener a Sasuke frente a ella fue en todo el consuelo que necesitaba de él, en sentir su amor y volver a sentirse una mujer de verdad en lugar de solo un…cascaron vacío por su hija fallecida; acercó rápidamente su rostro al de Sasuke presionando sus labios en el primer beso que ambos compartían en días, sintiendo sus labios responder a los suyos, moviéndose en respuesta y profundizando en aquel estrecho contacto, una y otra vez hasta que ambos instaron al otro a recostarse sobre la cama, dando tiempo al otro de protestar si no deseaban lo mismo.

—Sakura…— murmuró el Uchiha en medio del beso, sintiendo a su esposa montar a horcajadas sobre sus caderas y queriendo estar seguro de que ella quería eso.

—Os necesito, necesito otro hijo vuestro, lo necesito…— respondió la Haruno desesperadamente, desanudando su bata y arrojándola descuidadamente al suelo. —Os juro que tendremos otro hijo, que será mucho más fuerte, porque nosotros somos fuertes, os lo juro— prometió pues eso les permitiría ambos superar este dolor.

Llevando tantos años casada con Sasuke, Sakura sabía que no necesitaba prometerle eso, ambos se amaban más allá de sus convencionalismos como rey y reina, el engendrar herederos era una placentera tarea más y que en ese momento era extremadamente tentadora para ambos porque necesitaban olvidarse de tan inmenso dolor que estaba sintiendo aunque fuera por un momento. El inquebrantable deseo que sentían el uno por el otro fue más que suficiente para que en cosa de segundos profundizaran el beso, envolviendo sus lenguas una corta la otra y haciendo que el único sonido presente en la habitación fuera el de sus agitadas respiraciones, envolviendo sus brazos alrededor del cuerpo del otro en una imagen digna de retratar por el mejor pintor a entender de Sasuke …era uno de los reyes más poderosos de la cristiandad, admirado por sus súbditos y se encontraba gustosamente sometido por su esposa, deshecho de placer por su presencia. Buscando con su tacto el cierre de los pantalones de su esposo y desanudándolo con su tacto, Sakura tomó su dura erección con una de sus manos y lentamente la guió hacia su interior, acomodándose sobre su regazo y dejando que la penetrase hasta la empuñadura, gimiendo y echando la cabeza hacia atrás a causa del placer. Aprovechando que se rompiera el beso para gemir el nombre de la dueña de sus suspiros, Sasuke bajó el escote del camisón de su esposa, inclinándola hacia sí, aprisionando sus pezones entre sus labios y amasando sus pechos entre sus manos, moviendo sus caderas contra las suyas.

Había algo en hacer el amor de esa manera, aun mayormente vestidos—especialmente Sasuke—que los enardecía por completo, moviendo sus caderas contra las del otro y sin sentir que hubiera transcurrido trece años desde su boda, sin sentir que hubieran descubierto todo; Sasuke invirtió las posiciones envolviendo uno de sus brazos alrededor de la cintura de su esposa haciéndola quedar debajo suyo, penetrando lenta pero profundamente contra su interior, presionando sus labios en un nuevo beso que ahogó sus melodiosos gemidos. Fue todo un reto para Sakura no gemir de manera escandalosa, pudiendo contenerse ante los labios de Sasuke moviéndose contra los suyos, relegándola a sentir como él la llenaba por completo, haciéndola suya lenta pero acompasadamente y con un ritmo que interiormente rogó que aumentase, besando a su esposo con pasión, encontrando su lengua contra la suya y gimiendo su nombre en medio del beso, quería hacer que él perdiera la cordura rápido y la hiciese suya como el hombre que era, la amaba y deseaba con todo su corazón tanto como ella a él. Sin pensarlo, por inercia, deseo o bien costumbre, Sakura envolvió sus piernas alrededor de las caderas de su esposo que las guió hacia las suyas en respuesta, intensificando la cercanía y el contacto entre ambos, deslizando sus labios de los suyos a la curvatura de su cuello descendiendo por el valle entre sus pechos, amasando la piel que sus labios no podían cubrir y haciendo que Sakura se arquease y gimiera su nombre…todo eran sensaciones, jadeos, agitación y deseó puro.

Su esposa…pese a sus esfuerzos por tomar tan apasionado acto con lentitud, Sasuke finalmente dejó que su mente se consumiera por pensamientos sucios y nada decorosos por Sakura pero que siempre llevaba consigo; estaba hipnotizado por ella, adoraba su cuerpo, su figura grácil, delicada y esbelta que conocía mejor que nada en el mundo pero de la cual no conseguía saciarse, conocía cada lunar, peca y poro, la forma en que sus labios se abrían cuando su respiración se tornaba pesada o cuando gemía mientras hacían el amor; conocía la forma en que sus ojos esmeralda lo miraban intensamente, con sus largas pestañas seduciéndolo mientras él la complacía como nadie más podría hacer; conocía a la perfección cada poro de piel de sus pequeños pechos bajo las palmas de sus manos…le era imposible tener suficiente de ella. Sakura se arqueó de placer de nueva cuenta cuando Sasuke recorrió con sus labios la piel de su cuello, rozando sus dientes a propósito para dejar marcas que evidenciaran su deseo por ella, descendiendo hasta apresar sus pezones entre sus labios y amasando aquel libre con su mano. La Haruno cerró los ojos y se arqueó contra la cama, intentando escapar a la par que recibir las dulces y voraces atenciones de su esposo, gimiendo su nombre mientras él la hacía suya a su antojo, solo concentrándose en lo bien que eso se sentía que era lo importante. Resignada en cierto modo bajo las atenciones de su esposo, Sakura realmente estaba deseosa de recibir el perdón del altísimo y engendrar un nuevo hijo para compensar su pérdida y la de Sasuke.

Embistiendo cada vez ms rápida y profundamente contra el interior de su esposa, escuchando sus gemidos subir de tono anunciando que el clímax estaba próximo, Sasuke tuvo que cerrar los ojos y esforzarse por no dejarse llevar por lo que sus ojos ya estaban viendo, asiendo sus manos a las caderas de Sakura, pudiendo envolver fácilmente su brazo derecho alrededor de su estrecha cintura…Sasuke siempre se sentía fascinado por las caderas de su esposa, absolutamente perfectas mientras se mecía contra él que estaba completamente en su interior, perfectas para alumbrar a sus hijos, cada uno igual de perfecto y maravilloso que el anterior. Itachi, Sarada, Mikoto, Baru, Kagami, Rai, Daisuke, su pequeña Hanan…Sasuke penetró aún más profundamente al pensar en cada uno de sus hijos, deseoso de volver a engendrar un hijo con su hermosa y amada esposa, concebir un hijo era un acto supremo de intimidad y unidad para Sakura y él, y sus hijos eran producto de su profundo amor y conexión física, eso estaba fuera de toda duda. Sintiendo el clímax a punto de llegar, Sakura se arqueó una última vez contra el cuerpo de Sasuke, arañándole la espalda a través del jubón y enterrando su rostro contra el costado de su cuello mientras lo sentía derramarse en su interior, escuchándolo gruñir su nombre antes de desplomarse sobre su cuerpo de no ser por el apoyo de sus brazos—reteniendo sus caderas contra las suyas, ambos respirando agitadamente y volviendo la mirada hacia el rostro del otro, fundiéndose en un nuevo beso y abrazo apasionado…


Londres, Inglaterra/1514

Aunque hacían meses que Mirai se había enterado del duro golpe que había enfrentado su hermana Sakura al perder a su hija menor que solo había vivido unos meses después del parto, Mirai no tuvo tiempo, ideas ni palabras que poder imprimir en una carta, sí que deseaba escribirle a su hermana, ¿Pero cómo hacerlo? En el presente momento de su vida Mirai se encontraba embarazada por cuarta vez en sus cinco años de matrimonio; su primer embarazo había terminado en un aborto que la había denigrado por los síntomas que había perdurado por meses ilusionándola con la idea de seguir embarazada, su segundo embarazo había terminado en el feliz nacimiento de su pequeño Asuma que no había vivido dos meses, luego había dado a luz un niño nacido muerto y ahora rezaba cada día porque el bebé en su vientre fuera varón y porque el embarazo no se malograra, ¿Que había hecho mal?, ¿Por qué parecía ser incapaz de dar a luz el hijo que su esposo y el trono de Inglaterra tanto necesitaban? Mirai siguió los pasos de su esposo hasta llegar a sus aposentos donde podrían tener privacidad y continuar su nuevo desacuerdo; la reina portaba un elegante vestido de seda carmesí de estilo Tudor, escote dorado y cuadrado, mangas dobles—unas inferiores y ceñidas de paño dorado estampadas en hojas carmesí como la falda inferior de su vestido—y acampanadas, falda con margen dorado abierto en A bajo el vientre, con una guirnalda de rubíes alrededor de su cuello como el tocado ingles que cubría su largo cabello azabache prolijamente recogido tras su nuca.

—¿Le decís a mi hermana que contradiga mis decisiones y no creéis que eso sea traición?— cuestionó Kiba tan pronto como las puertas de la estancia se cerraron tras el ingreso de ambos.

—Yo no le dije que…— discutió Mirai inmediatamente no queriendo que él pusiera palabras en su boca.

—No lo neguéis, esto apesta a vuestra interferencia— insistió el Inuzuka sin poder creer que ella acatara tan sumisamente su voluntad.

—Puedo jurarlo, no fue obra mía— volvió a protestar la castellana empezando a perder la paciencia.

—Sois la única en la corte que osaría desafiarme— el rey inglés parecía empecinado en ver las cosas de esa forma.

—No es secreto que no me gusta este enlace, pero acepto vuestra voluntad— aceptó la reina, mas sin reconocer la acusación que él le estaba haciendo.

Toda esta discusión se debía a que inicialmente en años previos la hermana menor de Kiba—la princesa Hana—había estado comprometida con el sobrino de Mirai el futuro rey de las Españas el archiduque Boruto en una doble alianza que se esperaba mantuviera la paz, pero luego de años de embarazos infructuosos y viendo a su esposa como su igual en el mundo político, Kiba ya no veía una alianza con las Españas como algo favorable y por consejo de su leal amigo el capellán Shino Aburame había decidido en su lugar casar a su hermana Hana con el anciano rey de Francia pero ella no quería aceptar su voluntad. Kiba de ahora veintitrés años era un hombre imponente, alto, muy guapo y de físico atlético, ataviado en un jubón ingles rojo de cuello redondo con bordados dorados en el torso, ceñido a su cuerpo por un cinturón, pantalones holgados que se ceñían en las rodillas, botas de cuero negro, un toisón dorado alrededor del cuello, y sobre sus hombros un pesado abrigo de terciopelo carmesí y piel de marta que permanecía abierto, con su rebelde cabello castaño ligeramente despeinado. No era un secreto que Francia había sido desde siempre el enemigo de Castilla y Aragón, los reinos de los padres de Mirai, por lo que ella no veía con buenos ojos este enlace y por lo mismo había buscado persuadir a Kiba de desistir, pero él no la escuchaba ni quería que interfiriera estando embarazada otra vez, diciendo que debería pensar en eso y no en los asuntos de estado. ¿Pero cómo hacerlo? Todas las presiones eran tan grandes.

—No es cierto, no me dais lo que necesito— protestó Kiba sin poder desligar su mente del inmenso problema con el que ambos estaban lidiando.

—Lo intento, Kiba— suspiró Mirai cerrando los ojos con dolor. —Queremos…necesitamos lo mismo— el trono y el reino necesitaban lo mismo.

—¿Entonces por qué es tan difícil?— cuestionó el rey Inuzuka sin poder entender porque estaban pasando por esa problemática. —Soy rey, y Dios está de mi lado, ¿Cómo es que todavía no tengo hijos?— preguntó sin poder encontrar una razón.

—Tendréis hijos, tendremos hijos— intentó consolar la castellana y a sí misma en el proceso.

Kiba era el amor de su vida, siempre se encontraba reflexionando el cómo había comenzado su historia, como él siempre la había amado hasta conquistarla y convertirla en su reina, ¿Cómo darse por vencidos? Su amor debería de ser suficiente para superar estas pruebas, Mirai había crecido escuchando que a sus padres la reina Seina y el rey Pein les había tomado años poder engendrar un heredero varón, como la biblia relataba de las elegidas por Dios y al estar próxima a cumplir treinta años—una edad madura para tener hijos en la época—, Mirai quería creer que si perseveraba y se mantenía firme en sus oraciones un día el trono tendría un heredero y si no un niño; una niña, una reina de la estirpe de Castilla y Aragón. No, aun no podía ser tarde para ellos, llevaban menos de una década casados y tenían toda la vida por delante, ¿Cómo darse por vencidos sin haber luchado lo suficiente? Pese a haber perdido a ya tres hijos, Mirai se negaba a rendirse incluso cuando embarazo tras embarazo su cuerpo perdiera parte de su belleza y juventud. Enterrando su rostro entre sus manos y dando la espalda a su esposa, Kiba se volvió hacia la chimenea, observando el danzante fuego tan acorde con sus turbulentos pensamientos; él sabía mejor que nadie lo difícil que era mantener la paz, el matrimonio de sus padres había puesto fin a una guerra civil y sus hermanos Konohamaru y Tokusa habían muerto para que él pudiera subir al trono…pero en ocasiones casi parecía que Dios estuviera castigando a Mirai, porque Dios no podía estar castigándolo a él, ¿cierto?

—¿Creéis que podamos recuperarnos de esto, Mirai?— preguntó Kiba tras mucho silencio. —¿Vos y yo?— aclaró sin creer que hubieran llegado a este punto.

—Quiero hacerlo— contestó Mirai sin pensarlo, porque quería que su matrimonio funcionara.

—Quiero que todo vuelva a ser como solía ser— confesó el rey inglés pudiendo ser sincero con ella, en parte. —Lo que pido no es malo, necesito un heredero para asegurar mi trono, sin un hijo soy débil, es una señal de que Dios no me bendice, envalentona a mis enemigos, y vivó con más temor a la muerte que cualquiera porque eso dejaría un trono vacío— la dinastía Inuzuka era nueva y al no tener más hermanos varones todo el futuro dependía de él. —Mi vida está detenida mientras intentamos tener otro hijo y eso está asfixiándome— eso era lo que sentía continuamente.

—También a mí— asintió la castellana con la voz quebrada por solo pensar en que su nuevo embarazo terminara de esa forma.

—Y no quiero compartir la cama con vos, porque es triste— admitió volviendo la mirada hacia su esposa, —y solía ser mi mayor alegría en la tierra— ojala pudieran volver a esos días pero a veces parecía imposible.

No era un secreto para nadie que había tenido múltiples amantes durante los meses en que Mirai estaba embarazada, ella lo sabía y estaba de acuerdo con ello porque era lo normal para la época que un rey desahogara sus deseos o pasiones con otras mujeres, pero en el último tiempo y sin importar si Mirai estaba embarazada o no Kiba simplemente no encontraba paciencia, pasión o deseo para compartir la cama con una mujer que se convertía paulatinamente en una beata que se refugiaba en la oración esperando que Dios les diese a ambos el hijo y heredero que tanto necesitaban, ¿Por qué debían implorar por ello para empezar?, ¿Qué habían hecho para tener que rogar como penitentes cuando otros tenían lo que ellos tanto deseaban sin siquiera esforzarse? Pese a haber comprendido hace ya bastante tiempo que Kiba solo visitaba su cama para intentar que ambos concibieran un heredero al trono, sin el amor, deseo, pasión y veneración de antaño, la realidad de tener que aceptarlo golpeó a Mirai como una herida de espada, mas como mujer de dignidad que era entendía que su esposo y rey no la quería ahí en ese momento, por lo que reverenció respetuosamente a su señor y se retiró en silencio, dando la espalda a Kiba mientras las puertas se abrían para permitirle salir, siendo recibida por sus doncellas que la reverenciaron y siguieron silentemente hasta sus aposentos, para una vez allí dedicarse a la costura, las obras de caridad y a orar porque el hijo en su vientre pudiera nacer, fuese varón y aún más importante que pudiera vivir lo suficiente.

Siempre seguía el mismo ritual.


Como hija de la reina Seina, Mirai no era el tipo de mujer que admitía tener un problema pues desde un inició intentaba obtener una solución por sí misma y solo cuando no podía recurría a la ayuda de segundos o terceros, y quizás la problemática que estaba viviendo no pudiera remediarse con consejos o ayuda de meros humanos, pero Mirai pudo desahogarse un poco escribiendo a su hermana Sakura en Portugal y que tras haber perdido a su hija menor hace menos de un año podría entenderla como familia y grandes amigas que ambas seguían siendo. Querida hermana, las cosas no han cambiado mucho desde la última vez que os escribí; Shino Aburame tiene cada vez más éxito, es un beato a ojos de Kiba que lo nombró arzobispo de York. No logra cautivar a la corte inglesa, pero tiene el amor del rey y está colmado de honores mientras yo caigo en desgracia, ella poco tenía que presumir intentando que su nuevo embarazo llegase a término a la vez que intentaba cumplir lo que se esperaba de ella. Tengo tan poco que decir en este momento, sobre cómo ganar lealtades, cuando yo misma estoy en guerra, intentando sobrevivir mientras lucho con esta pena, y no sé si me recuperare de esto, la habían criado y educado para poder resistir estos golpes pero la teoría no era lo mismo que la práctica y no se sentía fuerte en lo absoluto sino quebradiza aunque no lo demostrase. Soy reina, he de tener una vida envidiable, he de ser fuerte, admirada, piadosa, buena cristiana y buena esposa…pero solo siento vergüenza, se sentía como una nulidad y no tenía como salir de ello.

Según Mirai recordaba de su dorada infancia en Castilla, su madre la reina Seina siempre había tenido problemas debido a la sucesión al trono pues en Aragón imperaba la ley sálica y solo los hombres podían reinar, luchar por legitimar que una de sus hijas llegase al trono no había sido fácil y aun había problemas precisamente por ello, pero Mirai simplemente no le veía una salida a su problemática, no se trataba solo de que pudiera tener un hijo varón sino que pudiera alumbrar un vástago que sobreviviera lo suficiente porque hasta ahora o los perdía o estos no vivían más allá de un par de meses. Anhelo nuestros días felices en Castilla, porque ahora siento que solo quiero llorar, me desmorono y no encuentro razón para vivir, me siento impotente, ¿Qué puedo hacer? Esperaba que su hermana pudiera darle cuando menos un consejo pues si bien también había perdido un hijo en los últimos meses, había conseguido dar a luz cinco varones perfectamente sanos en rápida sucesión, pero entendía si simplemente había contado con más suerte que ella o si Dios simplemente había decidido que esto fuese así. Vuestra amada hermana Mirai, reina de Inglaterra, su hermana Mirai cerraba su carta con esa línea y sin embargo Sakura no supo si debería contestar o no, para Sasuke y ella la presión de engendrar un heredero era cosa del pasado y aun entonces no había sido tan contundente en sus vidas, ambos habían engendrado a sus hijos de la mezcla apasionada del amor y el deber como parte de un juego político en que eran meras piezas pese a ser reyes de Portugal.

No es como si Sakura no tuviera sus propios problemas, su esposo había sido llamado a Roma por el actual Papa y mientras tanto ella obraba como regente en su ausencia, descansando brevemente de los asuntos de estado en la guardería real asistiendo a las lecciones que sus hijos recibían, intentando no sentir el vacío en el fondo de su corazón y que aún no podía superar producto de la muerte de su hija; había rogado a Dios por volver a embarazarse para olvidar un poco este dolor pero su vientre esta vez se negaba a darle ese consuelo, mas pese a su inmenso dolor estaba interiormente resignada. Sus hijos acataban las enseñanzas de sus respectivos tutores con esmero, respeto y atención, inculcados en una profunda religiosidad en que visitaban múltiples hospicios o establecimientos religiosos, colaborando desde su más temprana edad con obras de caridad, también una enorme responsabilidad inculcada por su actualmente ausente padre el rey Sasuke. Siempre responsable mientras traducía obras del latín al árabe en que estaba mejorando día con día, Itachi alzó la mirada hacia su madre a quien sabía cargada de obligaciones pero que le sonrió tiernamente a pesar de todo, instándolo a concentrarse en sus estudios y siempre observándolo al igual que a sus hermanos y hermanas. Bordando con sus doncellas a unos pasos de sus hijos, Sakura dobló cuidadosamente la carta de su hermana no sabiendo que contestar en el presente momento pero si decida a meditar y buscar cómo ayudarla de ser posible, pero primero necesitaba superar su propio dolor…


Sintra, Portugal

Aunque inicialmente le había resultado difícil tener que hacerse cargo de los asuntos de estado en ausencia de su esposo y no habiendo podido quedarse embarazada para intentar pasar mejor el duelo, Sakura no tuvo otro remedio que ocupar su mente en los asuntos de estado y uno de ellos en los que más se concentró fue remediar su descuido para con los indios o súbditos del Nuevo Mundo, en su corazón veía la muerte de su pequeña hija como una señal de Dios de que había obrado mal estando embarazada y tenía toda la voluntad de ponerle remedio, sentada sobre su trono de reina en el salón real y contando con la presencia de los miembros del consejo en tan importante debate. Aun cargada de luto por la muerte de su hija, la reina portaba un vestido de terciopelo negro ante el clima invernal de escote alto que formaba un cuello en V, ceñido a su esbelta figura por un fajín repleto de bordados dorados con el emblema la casa Uchiha como el dobladillo de las mangas acampanadas que llegaban a cubrirle las manos y también el dobladillo de la corta falda superior por encima de las rodillas, y debajo una completamente lisa. Sus largos rizos rosados estaban prolijamente recogido tras su nuca por una trenza en forma de cintillo bajo un largo velo blanco que se mantenía en su sitio por la corona real de Portugal. Sin embargo dar garantías a quienes eran vistos por muchos como una raza inferior sería muy difícil, Sakura los veía como sus iguales pero muchas otras personas como carne de cañón o esclavos lícitos, y sabía que los vendían más baratos que los esclavos promedio.

—Necesitaremos inventar un nuevo lenguaje si pretendemos velar por nuestros hermanos más desfavorecidos en el Nuevo Mundo— meditó Sakura en voz alta pues el debate parecía haberse estancado.

—Las palabras antiguas ya no son útiles o elegibles— confirmó lord Shikamaru Nara simpatizando profundamente con la causa.

—Tomará tiempo pero sé que Dios pondrá en nuestras bocas las palabras correctas— intentó animar Fray Jugo Otogakure presente como confesor de su reina.

—Os legó a vos esa responsabilidad, fray Jugo— designó la reina Haruno no conociendo a nadie más iluminado que él espiritualmente.

—Y la llevare a cabo con esmero, Alteza— se comprometió indudablemente el religioso.

Todas las misivas inicialmente parecían imposibles y Fray Jugo lo tenía más que presente por su experiencia como religioso pero aunque la tarea de proteger a los indios fuese nueva y llena de escaramuzas, no lo intimido como para negarse y mucho menos si de servir lealmente a su reina se trataba, profundamente honrado de poder estar presente en las reuniones del consejo real y participando en las decisiones que se tomaban en ausencia del rey Sasuke quien con justa razón legaba el mando de su reino a su esposa cuyo intelecto superaba al de muchos hombres. De alguna forma las ordenes, reglas, cartas o poderes firmados por la corona real de Portugal—igual como sucedía en Castilla y Aragón—parecían perder autoridad cuando abandonaban la sede del reino e intentaban cruzar el mar ya fuese en Brasil o en las Indias, ¿Por qué era tan fácil para los enviados de la corona cometer esos desmanes? Sakura tenía un especial respeto por el Almirante Han Iwagakure pero interiormente se prometía a no permitir desmanes y excesos que no tuvieran una justificación loable o pacifista detrás, era lo mínimo que se esperaba que hiciera como reina después de todo. Con el mayor de los respetos pues no le competía inmiscuirse en asuntos de estado como doncella de la reina que era, Temari Sabaku—esposa de lord Shikamaru, miembro del consejo real—ingresó respetuosamente en el salón del trono, sujetándose la falda del vestido para no tropezar, cabizbaja y sosteniendo en su mano derecha un sobre sellado con lacre que estaba destinado a su soberana que volvió la mirada en su dirección.

—Mi reina— reverencio Temari deteniéndose ante el trono de su reina, —ha llegado esta misiva para vos— tendió ofreciendo el sobre entre sus manos.

—Muchas gracias, Temari, podéis retiraros— sonrió Sakura dispensando a su doncella que la reverenció nuevamente antes de abandonar la estancia intercambiando una breve mirada con su esposo presente. —Noticias del rey— mencionó la reina reconociendo inmediatamente el sello de Roma en el documento.

—¿El Sumo Pontífice ya declaró el motivo del llamado de nuestro señor a Roma?— preguntó lord Idate Morino por la sonrisa que vio plasmarse en el rostro de su reina.

—Sí, premiarlo nuevamente con la rosa de oro por su entrega a la cristiandad— reveló la Haruno tras desdoblar y leer el documento. —Hemos de celebrarlo en su ausencia y doblemente a su regreso. Nuestro querido Sasori Akatsuna se encargara personalmente— meditó ilusionada con la idea de tener algo que celebrar.

—Ultimadamente Portugal solo tienes razones para celebrar— consideró lord Neji Hyuga antes de caer en cuenta de lo desatinado de sus palabras.

—Oremos porque siga así por mucho tiempo— deseó la reina Sakura sabiendo que la pérdida de su pequeña hija era solo una nube oscura en un día despejado.

—Amén— secundó Fray Jugo alabando el buen juicio y entendimiento de su reina.

Era justo como lord Neji había dicho, sí que Portugal solo parecía tener sobradas razones para celebrar en el último tiempo o así había sido hasta el fallecimiento de su pequeña hija Sakura, puede que desde el punto de vista político y de los asuntos de estado pudiera parecer una nimiedad al ser una hija y no un heredero al trono—de los que Portugal gozaba en abundancia—pero no para la Haruno ni para su esposo el rey Sasuke, ambos seguían desconsolados por su perdida, la habitación de la pequeña Infanta seguía intacta en la guardería y Sakura se encontraba pensando constantemente en su pequeña, ni se diga cómo había sido lidiar con el dolor y malestar en sus pechos pues no había terminado de amamantarla…pero si, fuera de ese duro revés Portugal solo tenía razones para celebrar y este nuevo reconocimiento a su rey por manos del propio Papa era la mayor prueba. Habían pasado meses desde el fallecimiento de su pequeña hija y aunque en su corazón de madre apenas pareciera un día, Sakura era consciente de que no conseguiría nada de permanecer atada a la melancolía y la pena del modo en que había hecho hasta ahora, debía intentar animarse y celebrar en el presente momento el nuevo triunfo de su esposo así como de Portugal como reino era la prueba decisiva de que Dios seguía congraciándose con ellos…¿Quién sabía? Quizás cuando Sasuke regresara podrían intentar concebir un nuevo hijo juntos que aliviase el dolor de perder a su hija, pero nada conseguiría ella permaneciendo llorosa, desanimada, triste y apática respecto de todo.

Era momento de abandonar el luto.


Debido al imperante clima invernal el viaje de regreso del rey Sasuke a Portugal tuvo que retrasarse hasta Diciembre cuando finalmente pareció tener lugar una ventana de buen tiempo para llegar primero a la frontera y luego a Sintra, paralelamente se habían hecho muchas celebraciones por el nuevo reconocimiento del rey pero que se minimizaron cuando Sakura se enteró que su hermana Mirai había dado a luz un nuevo hijo nacido muerto, quizás no tuviera porque respetar el dolor de su hermana pero Sakura quiso hacerlo para no tentar a la suerte y empatizar con su dolor, mas ello no le impidió recibir a su esposo con toda la pompa y boato que se esperaba de la corte lusa. Nuevamente elegante, hermosa y jovial tras semanas de festejos y habiendo abandonado el luto, la reina Sakura se hallaba en el salón del trono—junto a toda la corte—, ataviada en un exquisito vestido de seda salmón perfectamente entallado a su esbelta figura, de escote redondo con opacos bordados dorados todo lo largo pero principalmente en un recorte en V en el corpiño, en detalles en las hombreras abullonadas que exponían parte de la enagua blanca que vestía debajo, y en las muñequeras que se formaban en el borde de las mangas ceñidas, con un amplio cuello alto de encaje blanco que enmarcaba una guirnalda de oro, rubíes y perlas que finalizaba en un dije que replicaba el emblema de la casa Uchiha a juego con unos largos pendientes y la corona real sobre su cabeza, con su largo cabello rosado peinado en una coleta trenzada, adornada por perlas, rubíes y cristales rosa.

Aunque solo hubiera festejado en el último tiempo con el propósito de enaltecer a su esposo el rey, Sakura articulo verdaderamente una sonrisa en cuanto lo vio aparecer en el umbral del salón, teniendo que contenerse y ceñirse al protocolo para no correr hacia él y abrazarlo con todas sus fuerzas. El rey Sasuke vestía un elegante jubón de seda beige claro—debajo una holgada camisa blanca de cuello redondo con mangas ceñidas en las muñecas—de cuello redondo forrado en piel en los hombros hasta forma un margen vertical sobre su abdomen, decorado por un recorte de seda marrón oscuro, de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y largo faldón hasta las rodillas, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero marrón oscuro como sus pantalones y botas, sobre el jubón portaba un abrigo oliva forrado en piel marrón oscuro que permanecía abierto, de cuello alto y mangas holgadas que se abrían como lienzos a la altura de los hombros y a juego una boina portuguesa sobre su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado. Tras el rey, que fue reverenciado a su paso, se hallaba su leal secretario Kimimaro Otogakure que en esta oportunidad tenía el ilustre honor de sostener el almohadón de seda carmesí sobre el que reposaba la rosa de oro otorgada por el Sumo Pontífice y que causo la admiración de muchos, ya era un honor inmenso que un soberano recibiera tal reconocimiento pero lo era todavía más que dicho soberano recibiera más de una, muy pocos eran premiados con ella solo para empezar, y si el rey Sasuke ya era admirado ahora lo era aún más.

La gloria, la realeza, la pompa y el boato eran disfraces engorrosos para los soberanos del mundo, algunos los aceptaban mejor que otros bien por costumbre o bien porque no tenían otro remedio que amoldarse a la realidad en que les había tocado vivir, o bien porque les placiera esa existencia, pero Sasuke y Sakura siempre habían crecido siendo los olvidados en sus respectivos círculos hasta tener la oportunidad de destacar, por lo que eran más bien humildes en la intimidad y por lo que en el presente momento pudieron olvidarse del resto del mundo hasta eliminar la distancia entre ambos, la Haruno dando un paso más cerca de su esposo y envolviendo sus brazos alrededor de su espalda y hombros, inhalando profundamente su intenso perfume que tanta falta le había hecho, sintiéndose segura entre los brazos de Sasuke que se envolvieron alrededor de su estrecha cintura acercándola a su cuerpo y haciéndole saber de esa forma lo mucho que la había extrañado, tanto como ella a él. Siendo ya adultos, no estando sus hijos presentes—era hora de sus lecciones—y habiendo cometido toda clase de locuras a lo largo de su matrimonio, Sasuke no dudo en elevar a su esposa del suelo manteniendo sus brazos alrededor de su estrecha cintura, haciéndola girar en medio de su cálido abrazo y sonriendo ladinamente al escuchar su melodiosa risa por primera vez en tantos meses en que había durado el luto, dejándola sana y salva sobre el suelo, contemplando su hermoso rostro y estando seguro de que podrían seguir adelante porque ambos eran más fuertes…


Tras la mayoría de los triunfos de Sasuke, ya fuese en áreas militares, diplomáticas o por edictos que promulgar, el primer instinto de Sakura era celebrar, mas en el presente caso eligió dejar el festejo o banquete para el final del día, así la corte realmente podría abandonar todo rastro de tristeza y sus hijos podrían asistir a cada una de sus respectivas lecciones pues ella había determinado que fueran informados del regreso de su padre al final del día, era egoísta de su parte pero por ahora Sakura solo quería a su esposo para sí misma. El clima invernal no era un impedimento para la pareja que eligió dar un paseo por los jardines para distraerse un poco de todo con lo que habrían de lidiar en los próximos días en el caso de Sasuke, Sakura había estado lidiando con ello lo mejor posible pero en temas de gobernanza se esperaba que el rey volviera a tomar las riendas de todo a su regreso; mas era inmensamente venturoso ver que la corte luctuosa que había dejado tras su partida hubiera retornado a su fulgor, esplendor y boato, era la mejor prueba de que su amada esposa—aun melancólica—tenía toda la intención de dejar atrás lo ocurrido pese a que fuese imposible de olvidar para ambos. Prefiriendo el templado clima invernal de Portugal desde que había llegado al reino para su matrimonio hace tantos años, no fue un problema para Sakura ceñirse más el abrigo de piel salmón sobre sus vestido, forrado en piel marrón claro y que hacia juego con la boina portuguesa que reposaba sobre su cabeza, sujetándose íntimamente del brazo de su esposo al caminar.

—Recibí una carta de mi hermana Mirai, su último hijo nació muerto— mencionó Sakura informando a su esposo de sus últimas nuevas con otros reinos.

—Espero que ella y su esposo puedan ser felices— deseó Sasuke de todo corazón sabiendo lo difícil que era para los reyes de Inglaterra engendrar un heredero. —¿Qué pasa?— preguntó viendo una profunda tristeza en los ojos de su esposa.

—Me impresiona, Mirai siempre fue maravillosa, dulce, alegre...— rememoró la Haruno con una sonrisa melancólica, —pero no es la misma chica que aparece en sus cartas, es una mujer triste, sombría y herida— Mirai estaba convirtiéndose en una sombra de quien había sido y le dolía no poder hacer nada para ayudarla.

—Es normal, el tener hijos que sobrevivan se ha vuelto una tarea imposible para ella y Kiba por lo que me habéis dicho, hasta ahora— defendió el Uchiha no pudiendo imaginar cuanto destrozaría esa realidad a una pareja. —Pero la culpa no es de vuestra hermana, el deber de todo hombre es reconocer su participación en la concepción de un hijo— agregó sin estar a favor de la tozudez de Kiba de Inglaterra. —Y los niños no lo son todo en este mundo. Yo me pregunto, porque no tenemos más niñas— agregó teniendo herederos suficientes de cara al futuro por el bien del reino.

—¿Queréis más niñas?— cuestionó ella divertida por solo imaginar lo que dirían los demás soberanos del mundo si lo escuchasen.

—En tanto sean tan hermosas como vos— asintió él absolutamente a gusto con la idea.

Deteniendo sus pasos, sin inmutarse por los lentos copos de nieve que comenzaban a caer y viendo a su esposa a través de una nueva luz por el especial brillo que parecía tener su piel alabastro, Sasuke sostuvo las enguantadas manos de su esposa contra la suya, alzando su mano derecha libre para acariciar el rostro de su esposa que cerró los ojos y sonrió bajo su tacto; los demás reyes del mundo solo se preocupaban de tener herederos suficientes y no era para menos ya que la mayoría de los niños morían en la infancia y se debía asegurar el trono…pero no en su caso, Sasuke podía dormir y despertarse tranquilo, su reino era más próspero que nunca y cada uno de sus hijos era más sano y fuerte que el anterior, desde Itachi que tenía doce años hasta Daisuke que solo tenía dos, por eso es que en ese momento de su vida no le molestaría que solo tuvieran niñas, Sarada y Mikoto eran verdaderas joyas que enorgullecerían a Portugal en el futuro. En sus primeros años de matrimonio y aunque Sasuke no la hubiera presionado—eso nunca—Sakura había sentido la tensión de su ambiente que esperaba que cumpliera su mayor deber como reina y alumbrara al heredero que Portugal necesitaba, y lo había logrado, una sonrisa de orgulloso de plasmaba en su rostro por solo pensar en su adorado Itachi que se convertiría en el digno sucesor de su padre en el futuro, estaba segura…pero no todo eran rosas y gloria ya que, hasta la muerte de su pequeña hija, Sakura había desestimado que otros no tuvieran su misma realidad y no era hasta ahora que sentía culpa por sentir tanta alegría mientras que personas como su hermana Mirai no podían experimentar lo mismo.

—Me siento un poco culpable— consideró Sakura en voz alta no pudiendo evitar sentir remordimiento por su propia felicidad.

—¿Por qué?— inquirió Sasuke preocupado por su línea de pensamientos. —No sois responsable del sufrimiento de vuestra hermana— dejo en claro no queriendo que se entristeciera por aquello que escapa de su control.

—No, pero me siento mal por daros hijo tras hijo varón, mientras ella los ve morir a todos o los pierde— aclaró ella no estando segura de sí debería comportarse con tanta algarabía. —Bien sabéis todo lo que ha sufrido Mirai— obvió sin necesidad de detalles.

—Sí, me habéis compartido sus cartas— asintió él entendiendo lo que ella sentía. —Dios ha sido bueno con nos, porque no sabéis cuantas veces le he agradecido todo lo que nos ha dado, y le he rogado que le de la misma felicidad a otros— confió sin apartar la mirada del bello rostro de su esposa. —Sois un verdadero milagro, Sakura— manifestó en voz alta y admirándola todavía más de ser posible.

—¿Por cómo rozó la muerte en cada parto?— ironizo la Haruno con una seca carcajada.

—No, porque hemos tenido ocho hijos y ni uno solo de ellos es una llama a punto de apagarse, sino una que siempre permanece— puntualizo el Uchiha prefiriendo no mencionar el tema de los alumbramientos y que lo aterraba cada vez. —Nuestra pequeña Hanan vivió lo suficiente para que pudiéramos amarla, pero estaba destinada a ser un ángel y cuidarnos desde el cielo— la muerte de su hija menor los había destrozado a ambos y nunca la olvidarían, pero debían intentar seguir adelante.

—Tenéis razón— suspiró ella no pudiendo verlo de otra forma pese a lo mucho que extrañara a su pequeña hija. —Sasuke— nombró viendo a su esposo asentir como prueba de que estaba escuchándola. —¿Sois feliz?— preguntó directamente.

—Inmensamente feliz— confirmó él sin apartar la mirada de su siempre deslumbrante esposa, —siempre que vos lo seáis— agregó siempre teniendo los sentimientos de ella en la más alta consideración y por sobre cualquier otra cosa.

Ningun padre sobre la tierra podría consolarse con meras palabras, ninguna palabra dulce seria duradera para un corazón herido por la pérdida de un hijo, si para Sasuke ya era enormemente difícil no pensar cada día en su pequeña hija, no podía imaginar el dolor que debía de sentir Sakura, él se había prendado de su pequeña hija desde el primer instante en que la había visto pero Sakura había estado ilusionada durante todo su embarazo, ella la había dado a luz y amamantado durante meses, su duelo era distinto pero en momentos como ese solo se tenían el uno al otro y no podían desestimar el dolor del otro sino que contenerlo y consolarse entre sí lo mejor posible, por algo eran esposo y esposa después de todo. Sonriendo ante las palabras de Sasuke, con lágrimas en los ojos por pensar en su pequeña hija—el tema siempre seria sensible para ella, era evidente, Sasuke estaba siendo fuerte por ambos pero era evidente que también era inmensamente doloroso para él—pero también en que pese a todo ambos seguían siendo plenamente felices juntos pese al duro golpe con el que estaban lidiando en el último tiempo, Sakura envolvió sus brazos alrededor del torso de su esposo en un cálido abrazo, refugiando su rostro contra su cuello y aspirando su aroma que siempre la hacía sentir segura, mismo sentir que Sasuke quien se sentía a salvo envolviendo sus brazos alrededor de la delicada figura de su esposa e inhalando su dulce perfume de rosas y jazmines, sacando fuerzas y sintiendo que podía vivir una eternidad en tanto la tuviera a su lado, de otro modo no podría vivir.

Disfrutarían de su presente y de su felicidad, porque tenían mucho que agradecer.


PD: Saludos mis amores, prometí volvería a actualizar esta semana y lo cumplo, agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado:3 Las próximas actualizaciones serán "A Través de las Estrellas" sumergiéndonos en la Guerra de los Clones, luego "Lady Haruno: Flor de Cerezo", si todo sale bien "Más Que Nada En El Mundo" y por último "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" :3esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole particularmente esta historia como buena española), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a ktdestiny (agradeciendo que me brinde su opinión en esta nueva historia, y dedicándole los capítulos por lo mismo), a Gab (prometiendo que todo mejorara a partir de ahora, y que le dedicare todos los capítulos como agradecimiento por tomarse el tiempo de leer esta historia), a NagatoYuki-chan (animándole a publicar su historia "Tsunade Camino a la Corona", y agradeciendo sus palabras), a dl7107637 (agradeciendo que valore tanto el trabajo de este pobre intento de escritora, es todo un honor para mi), a dickory5 (agradeciendo su consideración para con mi trabajo y dedicándole la historia en señal de afecto), a kazuyaryo (agradeciendo infinitamente el poder contar con su apoyo y dedicándole esta historia por lo mismo) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Haruno como María de Aragón (32 años) -Sasuke Uchiha como Manuel de Portugal (45 años)

-Itachi Uchiha como Juan III de Portugal (12 años) -Sarada Uchiha como Isabel de Portugal (11 años)

-Mikoto Uchiha como Beatriz de Saboya (10 años) -Temari Sabaku como Beatriz de Melo

-Idate Morino como Diego de Silveira -Emi Uchiha como Isabel de Viseu-Jugo Otogakure como Fernando de Barcelos

-Kimimaro Otogakure como Diego da Silva (secretario del rey) -Takara Uchiha como Isabel de Aragón

-Mirai Sarutobi como Catalina de Aragón (29 años) -Kiba Inuzuka como Enrique VIII de Inglaterra (23 años)

-Konohamaru Sarutobi como Arturo Tudor -Tokusa Inuzuka como Edmund Tudor

-Seina Uchiha como Isabel I de Castilla -Pein Haruno como Fernando II de Aragón

-Sasori Akatsuna como Gil Vicente -Han Iwagakure como Afonso de Albuquerque

-Baru Uchiha como Luis de Portugal -Kagami Uchiha como Fernando duque de Guarda y Trancoso

-Rai Uchiha como Afonso de Portugal -Daisuke Uchiha como Enrique I de Portugal -Hanan Uchiha como Infanta María

-Boruto Uzumaki como Carlos V de España -Yosuke Uchiha como Miguel de la Paz

Hechos Históricos & Contexto: Abro el capitulo hablando de la temprana muerte de la hija menor de Sasuke y Sakura, inicialmente no sabia como representarlo ya que los relatos se contradicen sobre si solo vivió un año o casi dos, por lo que elegí representar que vivió solo unos meses en paralelo a su hermana Mirai que intenta embarazarse una y otra vez alumbrando hijos que viven unas semanas, nacen muertos o terminan en abortos, una problemática propia de la maternidad del siglo XVI. También represente que Sasuke fue premiado por segunda vez con la Rosa de Oro por el entonces Pontífice ya que esto sucedió a Manuel I de Portugal en vida, siendo uno de los pocos soberanos que tuvo ese honor en su tiempo. Debo confesar que escribir este capitulo no estaba en mis planes de hecho fue especialmente sensible para mi hablar del tema del luto porque ya hacen quince días de que mi madre—mi único familiar cercanofalleció debido a un abrupto accidente cerebro vascular, por lo que comprenderán tuve muchos asuntos administrativos que revisar y o de lo que encargarme y dispuse de poco tiempo, ni siquiera tenia deseos de escribir nada pero me di ánimos y busque la primera historia en que pudiera desahogar lo que sentía, que fue esta. No quiero que piensen que dejare de actualizar, aunque consiga trabajo—que se espera haga—sino lo contrario, si que actualizare próximamente los fics que ya tenia previsto o cuyos diálogos estaban avanzados, esperando contar con su comprensión y dándoles las gracias anticipadamente.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3