Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.
Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Repito, ninguna tiene una unión entre sí.
Dulces sensaciones.
Historia Diez y seis: Labios.
No sé en qué momento sucedió, pero mi cuerpo se sentía bastante ligero, con adrenalina y me sentía por sobre todo capaz de hacer cualquier cosa. Por la estúpida idea de Miroku de celebrar que habíamos derrotado a un debilucho monstruo nos proporcionaron un gran cuarto del palacio y nos llenaron de alimentos que olían bien y mucho Sake.
Jamás tomé, y no sé tampoco porque ahora lo hice pero el caso es que me sentía como un semental listo para una carrera a la que desea ir con todas sus fuerzas.
Mi objetivo: Los labios de Kagome.
Los deseo demasiado como para contenerme, el alcohol no me deja pensar con claridad pero sé que podría hacerlo… quizás sería mi única oportunidad en la que me atrevería, por lo general no se tratar con esos temas románticos. Pero quiero besarla tanto que si no lo hago siento que explotaré en mil putos pedacitos y no me podré rearmar, lo peor es que luego me arrepentiría de no haberlo hecho, y vivir con otro arrepentimiento sintiendo la culpa más de las que ya cargo sobre mis hombros sería demasiado.
Ella observaba la luna ajena a lo que yo estaba pensando, nos habíamos quedado solos en el cuarto, Miroku y Sango se habían ido a no sé qué lado, con la excusa de no sé qué cosa… Hay sucedía algo raro estaba seguro. Shippo se había quedado con Kirara jugando con unas niñitas en el cuarto continuo… ese Shippo, pequeño mocoso endemoniado se las traía.
¡Eso era! Si un enano podía ser todo galante con las perras, ¡significa que yo también podía!
-Kagome-Dije su nombre con un timbre de voz que me llegó a sorprender a mí, mi voz salió un poco pastosa pero bastante profunda. La vi tensarse por leves segundos y luego voltear su rostro suavemente para mirarme con aquella sonrisa que yo adoraba más que nada en esta maldita vida.
-¿Si…?-Kagome me miró directo a los ojos de esa forma en que sentía que me desnudaba el alma y veía todo lo que yo era, toda la mierda que tenía y todo lo que anhelaba su compañía para sentirme bien.
Era ella para mí como una necesidad que deseaba y a la vez la dañaba. Porque ella sufría por mí, yo lo sabía pero aparentaba ignorarlo porque no sabía bien como consolarla… era un cobarde… pero no quería hacerle sentir así de mal nunca más.
Yo la iba a besar, estaba decidido.
Me acerqué hasta sentarme a su lado, jamás perdimos el contacto visual en todo el camino que me demoró llegar a su lado. Volví tragar duro, la luz de la luna la hacía lucir algo pálida pero eso no quitaba lo bonita que se veía…
-Kagome…-Susurré con ansiedad, me di valor, tomé entre mis manos su rostro que lo acerque medio bruto a mí. Un sonrojo hizo arder mis mejillas pero no me detuve. Ella advirtió lo que yo intentaba hacer y sin rehusarse cerró los ojos esperando por mí.
En un contacto tímido rosé mis labios con los suyos y entonces… Explosión. La necesidad aumentó me dejé llevar y la besé con toda la ganas y fuerzas que tenía. Me devoré su boca por completo y ella me correspondió con la misma impetuosidad y ardor, sus brazos se enrollaron en mi cuello de forma desesperada y yo aferré su cintura de esa misma manera.
Ambos nos necesitábamos para seguir adelante… éramos una mezcla particular y perfecta.
-Te quiero-Le dije contra sus labios sin pensar bien en las palabras, dejándome llevar por el momento.
-Lo sé-Me respondió con una sonrisa coqueta volviéndome a besar-Ahora todo estará bien.
Me sonrió con sus labios algo hinchados y yo me sentí nuevamente fuera de sí. Quería más de su boca, más y más.
Fin.
¡Bésame a mi InuYasha wiiiiiiiii!
Besitos
Katys.
