Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.

Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.

Repito, ninguna tiene una unión entre sí.

Dulces sensaciones.

Historia Diez y siete: Vivo.

Esa sensación de vacío no se calmaría con nada hasta que nuevamente pudiera verla y contemplar su sonrisa. Era una necesidad inherente en mi. Sin su presencia me volvía loco y sentía que me faltaba algo, me sentía hueco y desesperado… ¿Cómo ella era capaz de producirme todo esto? Una simple humana, una mocosa caprichosa e impulsiva…

Luchaba con mi orgullo para no ceder, para no caer, para no dejarle ver lo ansioso que estaba por tenerla a mi lado. Me resistiría… no iría a buscarla, esperaría pacientemente a que ella regresara.

Pero las horas no estaban a mi favor, el tiempo se me hacia extremadamente largo y aburrido cuando Kagome no estaba. No había algo divertido que hacer, no había una risa animosa que escuchar ni alguien con quien pelear por algo estúpido y luego reconciliarse tomándonos las manos de manera tímida y disimulada…

¡Ugggg! Depender de su presencia me hacía sentir un idiota, y a la vez a una parte de mi le gustaba.

Cada vez me volvía más un tarado masoquista necesitado de ella.

Su aroma me llegó como una cachetada en la cara. Su embriagador olor inundó todos mis sentidos dejándome levemente en un estado de ensoñación. Cuando reaccioné quise ir corriendo a su encuentro con la excusa de decirle algo tonto pero mi cuerpo no se movió. El orgullo me detenía.

Suspiré… Ella vendría, yo solo estaba a unos metros del pozo y podía oler su aroma acercándose a paso lento…

¿Y si le pasaba algo en esos metros de distancia?

¿Si un monstruo la atacaba?

¿O unos bandidos la pillaban de sorpresa?

Oh ¡ESO SIQUE NO! Me felicité mentalmente por las propias historias que inventé en mi cabeza solo para hacer menos larga la espera.

Entusiasmado corrí a su encuentro llegando en solo unos segundos frente a ella.

Ahí estaba Kagome luchando contra el peso de su mochila que colgaba de su hombro y fijando su vista en el suelo con cuidado de tropezar con algo. No notó mi presencia hasta que yo tomé de su bolso.

Ella levantó su cara y me miró con aquellos ojos que desnudaban mi alma para sonreírme ampliamente.

Esa sonrisa me hacía sentir vivo.

-Gracias InuYasha-Inesperadamente se acercó y me besó en la comisura de los labios.

Yo quede por largos segundos como un idiota mirando la nada, cuando reaccioné Kagome ya llevaba unos pasos más adelante.

A toda velocidad me puse a su lado y cogí su mano desviando mis ojos hacia otro lado. Las mejillas me ardían, mi corazón palpitaba como loco, e incluso mi cuerpo temblaba ligeramente de nervios y emoción. Pero eso me gustaba… me hacía sentir feliz y vivo. Tener a Kagome a mi lado significaba eso… estar vivo.

Fin.

Ohhhhh, que me quedo tierno. Me doy yo misma palmaditas en la espada.

Gracias por los comentarios.

Besitos

Katys.