Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.
Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Repito, ninguna tiene una unión entre sí.
Dulces sensaciones.
Historia Treinta y cuatro: Que tan lejos…
El cielo se teñía de los anaranjados y morados rayos que a esa hora de la tarde se comenzaban a expandir por el cielo, pronto vendría la noche. Adoraba ver ese momento del día, me parecía un espectáculo precioso digno de admirar, esa mezcla de colores era sin duda hermosa y más aun si lo contemplaba junto a InuYasha, aunque él hacía como si no le importara. Como muchas de las cosas en este mundo.
-Pff…-Resopló apoyando la palma de sus manos a ambos lados de sus caderas sobre el pasto e inclinándose un poco hacia atrás.
-Nadie te tiene obligado sentado a mi lado-Le dije sin mirarlo, observando fijo un punto en el cielo donde brillaba la primera estrella, realmente dolía, y lo que más me lástimaba era ya haberme acostumbrado a ese dolor puntiagudo en mi pecho. Esa cuota necesaria de tristeza era sin duda molesta.
-Keh, tonta-Esa fue su gran respuesta.
-De seguro lo debo ser-Le contesté empezando a desear gritarle. InuYasha se limitó a guardar silencio y mirarme con una expresión confundida.
Mi mente comenzó a vagar en recuerdos de cómo era mi vida antes de llegar a esta época y conocer a InuYasha. Si, muy tranquila. Esos tiempos no volverían en un largo periodo y aun así me encontraba deseando que no regresaran a pesar de los malos momentos.
Respiré profundo para buscar un nuevo tema de conversación que no llevara a discusión con el temperamental Hanyou.
-InuYasha, una pregunta.
-Mmm.
-¿Qué tan lejos te gustaría estar si tuvieras la oportunidad?-Pregunté mientras acercaba las rodillas a mi pecho y apoyaba mi mejilla en ellas mientras lo contemplaba de soslayo. Los rayos del sol tenue iluminaban de una forma mítica su figura haciéndolo resaltar más en el lugar.
Lo vi cambiar, endurecer por un momento sus facciones, ponerse tenso, luego pasar a tener un rostro concentrado y finalmente por una extraña razón se puso sonrojado.
-No necesito ir lejos.
-¿Por qué?
-Porque…-El se cruzo de brazos y observó sus pies dudoso-Con tenerte a mi lado está bien, no tengo necesidad de irme a otro lugar. Yo… no quiero un lugar sin Kagome-Su voz terminó casi en un susurro, si no fuera porque estaba a su lado casi pegada no hubiera podido entenderlo.
Mi corazón latió más rápido de lo común ante sus inesperadas palabras que cobraron un gran sentido en mi interior al darme cuenta de la conexión tan fuerte que teníamos.
Estaba bien, el dolor ya no era tan tortuoso…
-¿Y tú?-Me preguntó él a mí. Yo le sonreí.
-Había pensando lo mismo que tú, InuYasha-Él sonrojado como estaba igualmente me sonrió muy levemente y llevó sus ojos hacia el cielo que ya comenzaba a apagarse
Me apoyé en su hombro con delicadeza cerrando los ojos y disfrutando del momento, con él era sin duda una montaña rusa de emociones pero estaba dispuesta a vivirlas porque lo quería demasiado y para siempre a mi lado.
Fin.
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