Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.

Se me ocurrió hacer un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre si, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.

Repito, ninguna historia tiene una unión entre si.

Dulces Sensaciones

Historia cuarenta y dos: Mundo de los dos.

Sentí su respiración caliente en mi oreja, agitada, sus labios besaron mi cuello, luego me mordió, una sensación de electricidad recorrió desde ahí pasando por mis pechos irguiendo mis pezones, se fue hacia mi vientre como un cosquilleo y se centró en mi intimidad que se humedeció y apretó.

-Te quiero dentro-susurré a duras penas conteniendo el aliento cuando tomo mis labios con un hambre voraz y se apretó contra mi cuerpo desnudo. Su dureza buscaba mi cálida cavidad, traté de llevar mi manó ahí para acelerar el proceso, pero él me miró con las cejas fruncidas y la retiró.

-Yo puedo-Dijo con voz ronca.

Entró gentilmente y de mi boca se escapó un suspiro sintiendo como mis paredes oprimían su miembro, hundí mis uñas en su espalda cuando se comenzó a mover sobre mí, enredó sus dedos con los míos, en ese instante el mundo había desaparecido, solo estábamos él y yo, su cuerpo y el mío encontrándose, uniéndose, amándose. Había una complicidad y confianza en su mirada, pasión y por sobre todo un amor infinito que me llenaba y me hacía sentir completamente plena.

Acaricié con mi mano libre su mejilla y él aumentó la intensidad, no me di cuenta en que momento comencé a gritar, mi cuerpo temblaba entero, llevé mi cabeza hacia atrás cuando de mi vientre sentí un calor insoportable y a la vez un cosquilleo y tensión tan placentera, rasguñé su espalda desesperadamente elevándome a la muerte más placentera que hay. Unos instantes después de haber tenido mi orgasmo lo sentí irse con su miembro vibrando en mi interior, sus roncos gemidos, nuestros cuerpos sudorosos, se dejó caer sobre mí, lo abracé sin decir nada más, las palabras sobraban, amaba disfrutar esos momentos tan únicos, tan íntimos, dónde solo las caricias hablaban, ese pequeño mundo de los dos.

Se incorporó lentamente y recostó a mi lado, me acomodé en su pecho y sin darme cuenta dejé que el sueño me llevara, sabiendo que estaba protegida en los mejores brazos.