Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de la maravillosa Rumiko Takahashi
Se me ocurrió un conjunto de capítulos de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Dulces Sensaciones
Historia Cuarenta y siete: Cálido hogar
Después de llevar tres días esperando por su regreso decidí atravesar el pozo yo mismo para traerla de vuelta, que se creía esa Kagome, desaparecer así… sin siquiera avisarme, aprovechando que estaba con la anciana Kaede ayudándola a traer unos sacos con hierbas. Cuando regresé me había encontrado con la desagradable sorpresa.
-Kagome se marchó-Me anunció Sango muy tranquila mientras limpiaba su Hiraikotsu.
-Si, apenas te fuiste-Agregó Shippo, quien estaba afanado pintando en un cuaderno de dibujos que le trajo Kagome de su época.
- ¿Cómo qué se marchó? -Enarqué una ceja confundido por unos segundos, ella sabía perfectamente que debía pedirme permiso cuando se marchaba… bueno, no pedirme permiso exactamente, porque de igual modo Kagome hacia lo que quería, pero al menos debía haberme avisado, así yo habría buscado alguna estúpida excusa de porque ella debía estar acá. Ella no lo entendía, cuando no estaba sentía un molesto hueco en mi pecho… y odio esa sensación.
-Ya déjala un rato InuYasha, la Señorita Kagome también debe pasar tiempo en su aldea-Dijo Miroku caminando hacia nosotros, con una mano se despedía de unas aldeanas muy contento, pude observar como Sango le daba una mirada furiosa para luego frotar aun más fuerte su boomerang.
-Keh, eso ya lo sé-Le contesté de mala forma y me largue directo a mi bosque rumbo al pozo- ¡Estúpida Kagome, no te pienso ir a buscar! -Le grité al pozo.
Por supuesto no recibí ninguna respuesta, solo el eco de mi voz retumbando en su interior, me senté en el suelo recargando mi espalda en el pozo y contemplé el cielo, sintiendo como la ansiedad llegaba a mí.
¿Qué estará haciendo?
¿Estará con sus amigas?
¿Su mamá le cocinará algo delicioso hoy?
¿Y si le pasa algo?
¿Y si no estoy para ayudarla?
¿Y si algo pasa y no puede regresar más?
¿Y si…?
-Aggg-Apreté mis puños-Ya basta-Me crucé de brazos para calmarme-No, no iré.
Y así había pasado tres eternos y aburridos días conteniendo mi deseo de ir a buscarla, pero… aquí estaba ahora, caminando hacia su casa de la cual salía un maravilloso aroma de deliciosa comida.
Creo que llegue en buen momento…
Abrí la puerta principal y me adentré en su casa, lo primero que vi fue a Souta llevando una bolsa hacia la cocina, él me vio y entonces esbozó una gran sonrisa.
-Hola amigo con orejas de perro, te estábamos esperando.
- ¿Me estaban esperando? -Lo mire confundido.
-Hermana, el amigo con orejas de perro ya llegó-Gritó hacia las escaleras que llevaban al cuarto de Kagome.
Me quedé pasmado unos segundos tratando de entender por qué diablos sabían que llegaría ese día.
Escuché movimiento en la segunda planta, Kagome bajo las escaleras vestida con una falda roja del mismo largo que su falda escolar y una blusa blanca con pequeños detalles, su cabello suelto caía sobre sus hombros y espalda.
Contuve la respiración unos segundos, maldita mocosa, tan hermosa.
-Te lo dije Souta-Le sonrió Kagome-Hola InuYasha, vamos a cenar.
-Oye espera, ¿Qué es eso de que sabían que iba a venir? -La agarré del brazo arrastrándola hacia el pasillo, había olfateado que tanto el abuelo y su madre estaban en la cocina con Souta. Su piel se sentía suave, relaje mi agarre sin soltarla.
-Bueno, siempre vienes a buscarme después de tres días-Contestó serena-Además, hoy es Navidad, por eso regrese antes… Mamá hizo una cena deliciosa para que compartiéramos todos, solo faltabas tú… por eso te estábamos esperando.
¿Tan predecible soy o tan bien me conoce que podía adivinar que no podría estar sin ella tanto tiempo?
Maldita Kagome, además su aroma me estaba volviendo loco.
-Keh-Fue lo único inteligente que solté, la escuché suspirar.
Debo reconocer que saber que me habían considerado en su cena familiar me había hecho sentir una extraña sensación en mi corazón, felicidad quizás…
-Ven-Tomó mi mano con toda naturalidad, la seguí hacia lo que ellos llamaban comedor, ahí estaba el abuelo de Kagome y su hermano ya sentados mientras su madre servía los platos.
-Hola InuYasha, que bueno que viniste a acompañarnos-Me dijo la mamá de Kagome, con esa sonrisa tan dulce de siempre.
Entonces lo noté, la casa estaba decorada distinta, había un pequeño árbol en un rincón con luces y pelotas rojas.
Kagome se sentó con tranquilidad manteniendo una amplia sonrisa, yo me senté a su lado aún sintiéndome raro.
¿Por qué me sentía tan vivo y feliz?
-Vamos a compartir una deliciosa cena de Navidad, Itadakimasu-Dijo la Señora Higurashi con una sonrisa amable hacia mí, yo se la respondí algo nervioso aún buscando en mi mente como debería describir esto.
Todos conversaban amenamente y sonreían, había una sensación distinta a otras veces en el ambiente.
-Feliz Navidad, InuYasha-Me dijo Kagome.
Yo recordaba lo que era Navidad, me lo explicó una vez, siempre le pongo mucha atención a las cosas que me dice, todo en ella me parece curioso e interesante.
-Feliz Navidad- Le dije sintiendo que mis mejillas se calentaban sin poder apartar mi vista de sus ojos…hasta que escuché al abuelo hablar, lo observé parándose repentinamente.
-Feliz Navidad, feliz navidad oh oh-Comenzó a canta el abuelo de Kagome que ya llevaba 4 vasos de Sake.
-Ahahaha ay Papá-Rió la Señora Higurashi.
-Vamos a tener que alejar el Sake de ti abuelo-Lo molestó Souta risueño.
La mano que mantenía sobre mi muslo fue capturada por una suave y pequeña mano, sin mirarla correspondí a su gesto entrelazando nuestros dedos.
Entonces lo supe, aquello que hace unos instantes no había podido describir ahora tenía nombre para mí.
Este sentimiento de felicidad y plenitud era por estar en un cálido hogar.
FIN
¡Feliz Noche buena y Navidad! Que tengan unas bonitas fiestas.
Gracias como siempre por sus comentarios aquí y en mis otros fics, ¡siempre los leo!
Un abrazo
