Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de la maravillosa Rumiko Takahashi.
Se me ocurrió hacer un conjunto de pequeñas historias sin unión entre sí, una colección de cortas historias tiernas de mi pareja favorita InuYasha y Kagome.
Dulces Sensaciones
Historia cincuenta y seis: Fogata
Lo vi reunir los palos que habíamos recolectado hace unos instantes, cuando se aseguró que todo estaba bien en su lugar, puso un poco de paja seca encima, luego se volteó hacia mí y extendió su mano sin decir palabras, yo sabía lo que ese gesto significaba, asique introduje mi mano en el bolsillo de mi falda tomando el encendedor y se lo entregué, él se volvió a inclinar y prendió el fuego. La noche estaba helada y yo debía reconocer que me había estado quejando buena parte del camino por el frío, InuYasha había decidido por unas horas ignorar mis reclamos diciendo que solo nos retrasaríamos más, sin embargo, comenzando el atardecer señaló que buscaría una zona para acampar y cuando la encontró me subió a su espalda hasta llegar a una cueva que estaba en medio del bosque, luego me había puesto su traje de ratas de fuego sobre mis hombros con un "ten reclamona".
De alguna forma, me sentía agradecida de que Sango, Miroku y Shippo se hubiesen adelantado en el viaje con Kirara, habían concurrido a la aldea de Sango para que ella le diera tratamiento a su Hiraikotsu. Como yo había vuelto un día después de eso, fue solo a InuYasha al que me encontré esperándome del otro lado del pozo.
-Tardaste demasiado-Me gruñó indignado subiéndome inmediatamente en su espalda al llegar-Se nos adelantaron-Sentí como sus manos se posaban en mis muslos apretando suavemente, su aroma y calidez que traspasaba su cuerpo a través de la tela me hizo olvidar que le respondería algo pesado solo para travesearme con él. Así fue como siguió el día hasta ese momento, en el cual ya había una oscuridad absoluta fuera y la fogata me brindaba el calor necesario.
Puse el agua a calentar para comer ramen instantáneo que había traído, cuando estuvo listo se lo serví y lo comimos en un cómodo silencio, de esos donde sabes que no es necesario intentar llenarlo porque lo disfrutas plenamente, disfrutas esa compañía tan especial y la complicidad que se genera.
-Ha pasado mucho tiempo-Dijo tranquilamente después de un largo rato, parándose de su lugar y sentándose a mi lado.
-¿De qué?-Consulté algo confundida a su inesperada afirmación, como si hubiese estado pensando para sí pero terminó diciendo lo último en voz alta, él se cruzó de brazos y me miró directo a los ojos, mi corazón se aceleró y sentí una placentera emoción.
-Desde la última vez que viajamos solos, de pronto te quisiste hacer amiga de todo el mundo y ya no hubo silencio aquí-Señaló con un tono que fingía ser molesto pero lo decía sonriendo.
-Bueno, ahora tenemos a aliados y amigos, es bueno confiar en más personas-Le respondí mientras me acomodaba mejor entre su Aori, él me observó un momento y luego volvió su vista a la fogata.
-Probablemente…-Él se tomó su tiempo antes de continuar, como si el fuego tuviese algo que jamás hubiese visto-Probablemente jamás habría conocido lo que es tener amigos y confiar en otras personas si no fuera por ti…-InuYasha siguió mirando el fuego y yo me quedé sin palabras ante aquella confesión tan dulce.
-Yo también me alegro de conocerte y estar a tu lado, InuYasha-Logré expresarle recargando mi cabeza en su hombro. Él me abrazó por la espalda atrayéndome más contra su cuerpo, sentí que sonreía así como yo.
-Creo que ya no tienes frío-Lo escuché decir con diversión.
-Oh, claro que aún tengo frío-Dije pegándome más a él, InuYasha ni siquiera intento apartarme, al contrario su brazo me acerco más.
Quería mucho a mis amigos pero quizás podrían dejarnos de vez en cuando solos, si eso generaba más momentos así.
Fin
A veces pasa que viene una frase a mi cabeza y un escenario, cuando ocurre debo sacarlo de mí de inmediato, así fue como este pequeño relato surgió.
Espero lo disfrutes y recuerda dejar un comentario!
Gracias
