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Lo bueno de hacer bodas con los ricos era que no escatimaban en gastos y los wedding planner se daban el lujo de agregar mil detalles a su obra maestra para al final percibir un resultado majestuoso que solo reforzaba la idea de que planear bodas era un arte infravalorado, pero especial.
La conversación con InuYasha había sido mejor de lo que había pensado en un principio: era un hombre serio, sabía lo que quería, era seguro y hablaba directo, además de ser muy respetuoso y profesional en su forma de actuar, parecía un caballero muy correcto e intachable, además de uno de los únicos hombres que había decidido coordinar con ella todos los detalles de los eventos. Kagome ya bien se los conocía, por mucho que aparentaran ser buenos delante de ella porque estaba normalmente cerca de la novia, por dentro eran hombres y era bien sabido que los hombres siempre la cagaban.
Después de lo que había pasado con su ex era más que claro para ella. ¿Cuántos matrimonios no había organizado desde mucho tiempo que habían terminado en infidelidad por parte de él? Ya no los recordaba de tantos que eran.
Kagome había ido bien preparada así que sin tardanza le había mostrado a Taishō en su tableta todo lo que ofrecía ordenado en carpetas según el tipo de evento y organizados por entidades de mayor a menor prestigio lo cual había sido decisivo para que finalmente se concretara el negocio.
—Me gustaría que la cena de compromiso sea en el restaurante que le mencioné, no quiero llamar la atención de mi familia y menos que ella la vea en casa, eso ya para la boda —le comentó mirando la pantalla de su PC en donde cerraba ciertas pestañas que había abierto para mostrarle a la organizadora.
—Sí, no hay problema, hoy paso por el restaurante para averiguar sus precios y pasado mañana tendría en su correo los presupuestos individuales y totales de los tres eventos para empezar a trabajar —le informó con ligereza guardando su tableta.
InuYasha sacó una de sus tarjetas y en la parte reversa apuntó dos números de celular con nombres a cada uno, concentrado en lo que hacía. Miroku le había hablado tan bien de HiguPlanner que apostada que ya había hecho eventos con ella, pero parecía ser lo que sus referentes habían dicho: era amable, tenía seguridad en su profesión y parecía tener también puntualidad y buen gusto, de seguro que su novia estaría muy conforme con su elección.
—De este lado están mis números para contactarme en la oficina —le extendió la pequeña tarjeta con el nombre de su empresa y otros datos—, pero del otro lado está mi número personal y el de mi pareja —giró los dedos para enseñarle. La azabache asintió y la tomó—. Por ahora no la contacte, prefiero que tengan una reunión después de la cena de compromiso, pero por lo pronto quiero estar enterado de los detalles de forma más inmediata, así que puede contactarme por WhatsApp cuando tenga algo importante que decirme, si no le molesta —sugirió con respeto, esperando no haber sonado fuera de lugar. Normalmente tenía ese tipo de reuniones en persona, pero citarse por cada detalle en la oficina todo el tiempo le parecía inadecuado realmente y hasta cierto punto estresante.
Higurashi aceptó la información junto a la confirmación de correo que le había llegado a donde le enviaría cualquier documento importante y pronto se puso de pie para despedirse.
—Pues tenga también mi tarjeta, puede llamar a mi asistente Ayumi Satō como se lo dije antes —con una sonrisa amable también le extendió sus datos e InuYasha la tomó con el mismo ánimo que ella. Ambos estaban satisfechos con lo que había surgido de su conversación y aquello era la clave para una negociación exitosa—. Gracias por su tiempo, señor Taishō, estaremos en contacto —hizo una reverencia mientras lo veía rodear el escritorio para pronto acompañarla hacia la puerta.
—Gracias a usted, señorita Higurashi.
Fuera, casi da saltos por la alegría contenida que tenía. Juraba que sus ojos brillaban más que mil faros y de inmediato sacó su móvil de la bolsa para hablarle a Sango diciéndole que lo había conseguido prácticamente todo, ya que uno de los eventos estaba confirmado al cien por ciento. Podía apostar que, aunque al principio la entrevista había sido un poco tensa y estaba nerviosa, con el pasar de los segundos la confianza fue haciéndose parte de ella y así pudo fluir rápidamente, en especial porque estaba estudiando al tipo de cliente que sería InuYasha y además escuchando sobre lo poco que le había comentado de su pareja. Entre sonrisas leyó el mensaje de respuesta de su mejor amiga y pronto guardó de nuevo el móvil para dirigirse al ascensor.
—Hey, Kagome —era Miroku una vez más, parecía haber estado atento a su salida de la oficina.
La azabache regresó a él sin quitar la sonrisa, realmente agradecida por la ayuda que le había brindado. Le caía bien, pero en realidad le caía bien para Tanaca.
»¿Qué tal la reunión? ¿Qué tal el gruñón de InuYasha? —Le inquirió con un tono bromista cruzando los brazos por delante de su pecho.
—Estuvo bastante bien, no fue un gruñón para nada —le respondió en el mismo tono.
Era cierto que a pesar de que InuYasha no tenía un carácter precisamente simpático y desinhibido como el de su mejor amigo, se había comportado bastante adecuado con ella, no era una pera en dulce, pero tampoco un ogro; aquello era una buena señal porque era lo mínimo que necesitaba tomando en cuenta que prepararían la boda de él prácticamente juntos, ya que eso era lo que había insinuado durante toda la charla.
—Me alegro, entonces te ha contratado para sus eventos, me imagino.
Hizo un gesto de «más o menos» con las manos y luego se acomodó el bolso en el hombro.
—La cena es lo único que ha quedado confirmado, todavía quiere evaluar cómo manejo esto antes de contratarme para lo otro —no se refería a ello por «boda» ya que había notado de Takeda mencionó «eventos», así que supuso que podría ser algo secreto todavía, no lo tenía claro, pero de todos modos valía la pena siempre ser discreta—. De todas formas le he dicho que si hace los eventos uno a uno con nuevos contratos, los presupuestos cambiarán a si ya contrata mis servicios por un periodo de tiempo concreto para que yo me haga cargo de ellos de una vez —alzó las cejas y Miroku solo asintió ante la información.
—Sí, también comprendo que para él debe ser un poco difícil y quiere que todo salga bien, no lo culpo —terminó por decir con un tono más pensativo. En el fondo no le hacía mucha gracia esa boda, pero después de dos años de relación, si su amigo quería casarse y eso le hacía feliz, él no iba a decir que no y lo apoyaría siempre.
—Pues estará trabajando con los mejores —se echó flores y ambos soltaron unas risas—. Bueno, Miroku, te agradezco mucho la atención, pero me tengo que ir, tengo mucho trabajo esta semana —hizo ademanes de marcharse ante la pensativa mirada del de ojos azules.
—Espera… —no supo si era adecuado decirle eso, pero él también tenía sus propios intereses. Higurashi se detuvo para ponerle atención—. ¿Cómo está Sango? —Ante la pregunta ella sonrió, ya sabiendo para dónde iba la cosa—. Supongo que estará contenta, habló maravillas de tu trabajo —prosiguió y se sintió tonto por tratar de enviar un mensaje así a través de la mejor amiga de la persona que le interesaba.
Y para Kagome no fue ninguna novedad, de hecho, estaba entendiendo todo mejor que Miroku mismo.
—Claro que sí, incluso ahora que nos reunamos le voy a platicar que fuiste muy amable conmigo —hizo un gesto agradecido con la cabeza y el aludido pareció respirar.
No lo culpaba por querer llegar a Sango a través de ella, después de todo, a ambas las unía un pasado desafortunado que las hizo demasiado importantes una para la otra y eso era evidente para cualquier ojo humano.
—Gracias —le hizo un gesto de «ok» con los dedos y así la despidió.
A fin de cuentas, esa mañana había resultado más bien un intercambio de favores y negocios entre todos. Y todos salieron ganando.
Exacto, un ganar/ganar.
Su trabajo como wedding planner siempre le había apasionado, antes y después de su decepción amorosa; organizaba eventos con la misma pasión que si fueran para ella, pero después de aquel desafortunado momento jamás volvió a creer en lo que más amaba: el matrimonio. Entonces su técnica cambió y pasó de ser la organizadora que trabajaba como si fuera para ella a ser la mujer que se metía en el papel de la novia —generalmente— y lo arreglaba todo desde esa perspectiva, porque de ella no quedaba esa ilusión. Para Sango no solía ser tan fácil entenderlo, ya que su propia decepción realmente iba más allá de lo que su ex le había hecho como mujer y como persona, había destruido parte de su pasión por ese trabajo al que le había dedicado nueve años de los veintiocho que ya tenía. Como fuere, aquello tampoco había sido impedimento para seguir brillando como profesional, pero admitía que sí había perdido la fe en los hombres, incluso en esos tiempos que había vuelto a despertar su interés por tener una pareja más seria.
Esa semana había sido una de esas movidas porque también había tenido que cumplir con un pequeño contrato que surgió de improviso, pero afortunadamente ella había calculado bien sus tiempos y gracias a Ayumi había logrado salir con todo lo que tenía previsto. Ayumi Satō también era una amiga que apreciaba mucho y alguien que le costó contratar no por ella, sino por el engaño que había sufrido anteriormente por su antigua asistente, pero al menos la vida le demostraba que no todos tenían por qué ser unas ratas. Además, su amiga estaba felizmente casada, no había problema alguno.
Con sus últimas energías de esa noche de viernes se tiró a su silla Sacco y suspiró, agotada, pero al menos su cuenta estaba llena. Apenas había acabado de dejar finiquitados los últimos detalles en el restaurante para que se llevara a cabo la cena y su cliente InuYasha le había dicho que podía dejar el resto en manos de él, así que estaba por fin libre. Como fuera, Sango había sido invitada por parte de Miroku así que sabría si algo se descontrolaba, tenía sus contactos para asegurar un buen trabajo en todo momento.
"Realmente se han lucido como siempre, el ambiente es sórdido y elegante, va mucho con las vibras de la pareja y el performance que inventaste ni se diga, la novia está confundida y todos fingimos bien" era la crítica que Sango le había enviado por texto y ella estaba feliz. Le había compartido el mensaje a Ayumi y ella también se mostró contenta y satisfecha.
Era gracioso cómo para invitar a Tanaca a esa reunión, Takeda había puesto de excusa que la invitación era estrictamente en pareja y que no podría ir porque estaba solo a menos de que alguien lo quisiera acompañar. Al principio ella había querido negarse, pero Kagome rápidamente le había contado los beneficios de asistir para que pudiera ayudarle a monitorear cómo avanzaba todo porque sabía perfectamente que ella sí que no estaba invitada. Esos dos iban avanzando muy bien, aunque la castaña seguía diciendo que solo iban en plan de amigos… De alguna forma, Kagome entendía que para su amiga no era sencillo engancharse de alguien tan fácil después de haber estado a punto de casarse antes.
Bueno, después de todo, esa semana había sido movidita y productiva y eso le gustaba. Antes de meterse a bañar volvió a Omiai para ver qué había de nuevo y chatear con alguien si es que se daba la oportunidad.
Cuando entró al restaurante notó que todo estaba totalmente desértico y decorado hasta lo más mínimo. En un principio intentó no pensar en que eso tal vez significaba que le pediría matrimonio, pero si era sincera, estaba claro que era así, por algo unas semanas antes le había hablado del tema. La cena había ido muy bien y aunque le preguntó mil veces por qué el restaurante estaba vacío, él simplemente respondía que quería exclusividad. Conocía a InuYasha, no era un hombre mezquino, pero tampoco un egocéntrico, no solía hacer esas cosas de rentar un lugar exageradamente amplio para los dos solo porque le daba la gana de cenar con ella. Eso era más bien de otras personas de su familia. Se le vino la sangre a los pies cuando de pronto, a media comida, la familia de ambos empezó a llegar, Miroku también estaba y venía acompañado de una guapa mujer castaña que jamás había visto; estaban amigos cercanos de los padres de ambos e incluso estaba Sesshōmaru, justamente su medio hermano que no se llevaba demasiado bien con ellos. Miró para todos lados.
—¿Por qué actúan como si no nos conocieran? —Se inclinó hacia su pareja y su expresión era estupefacta, realmente era algo extraño. La música de fondo le daba un toque clásico a la velada, pero ella sentía que estaba en una obra de teatro o por el estilo.
—Es por esto —InuYasha hizo una señal alzando su dedo índice y del bolsillo interno de su saco extrajo una delicada cajita de terciopelo color negro que puso sobre la mesa.
Sus enormes ojos se abrieron ante la inminente propuesta de matrimonio que estaba ante sus ojos y fue ahí cuando todos los invitados dejaron de fingir ser extraños para girarse hacia ellos con mucha naturalidad y esperar su respuesta, hasta parecía ensayado. Para ese momento era obvio que todo aquello era un performance para hacer la propuesta más creativa y pudo apostar que aquello había sido obra de algún asesor porque no parecía muy InuYasha.
—Eh… —no sabía qué decir. Taishō deslizó la caja por entre los platos hasta llegar a ella y la miró con decisión, seguro de lo que hacía porque antes ya le había dado el sí cuando él se lo preguntó, así que ahora solo era una confirmación pública y oficial.
El corazón empezó a latirle rápido y tragó duro. Desde su posición sabía que todos estaban atentos a ella y a lo que diría y eso la puso todavía más nerviosa.
»¿Aceptas casarte conmigo? —Hizo por fin la pregunta en un tono de voz más personal, pero suponía que ya todos habían escuchado.
InuYasha estaba entusiasmado, de alguna forma era un suceso sin precedentes en su vida y estaba seguro de que ella era la mujer adecuada para compartir sus años; siempre se habían llevado bien, sus papás la querían —incluso Sesshōmaru parecía no molesto con ella, aunque tampoco era que le importara demasiado su opinión, pero era un punto—, tenían buena química en la cama y estaba bien… quería decir, era una relación estable que le hacía sentir seguro, nadie se alteraba, convivían bien, nada estaba fuera de lugar… ¿Por qué no ella? Jamás se había casado antes, pero suponía que eso era lo que necesitaba en una relación para proceder; ya llevaban dos años como pareja y la mitad del tiempo viviendo juntos en la casa Taishō…
Estaba seguro de eso, estaba bien con eso y parecía que su prometida también.
La vio empezar a asentir y después de dibujar una sonrisa nerviosa poco típica en ella y cerrar los ojos en momento, por fin lo verbalizó.
—Sí, acepto —dijo mientras abría el empaque y sacaba el hermoso anillo para calzarlo en su dedo.
Ante su respuesta, los invitados se pusieron de pie para aplaudir y de pronto toda la velada tomó más color, se encendieron más luces y ahora parecía más una fiesta. Los padres de ambos se acercaron a ellos para felicitarlos por aquel gran paso que iban a dar en sus vidas.
De lejos, uno de los invitados se había quedado a observar todo el show mientras llamaba la atención de un mesero para que le llevara algo de beber.
Por otro lado, Miroku se acercaba junto a su compañera para hablar con los novios.
—Muchas felicidades a los novios —expresó Takeda y Sango hizo una reverencia también, con una sonrisa que compartía de alguna manera la felicidad de la pareja—. No había tenido la oportunidad de presentarlos formalmente —se hizo un paso hacia atrás para acercar a la castaña cuidadosamente—, ella es Sango Tanaca, es una amiga que conocí hace un par de semanas en las afueras de la ciudad, me ayudó con mi auto.
—Mucho gusto, InuYasha —le extendió también la mano a quien ya conocía primero.
—De igual manera, Sango, aunque Miroku ya me había hablado de ti —le lanzó una mirada a su amigo que lo puso en evidencia, aunque no fue ninguna novedad para los tres.
—Me lo imaginaba —acotó Sango—. Mucho gusto en conocerla, señorita —ahora se dirigió a la novia quien sacó el brazo derecho del gancho de su prometido para saludarla también.
—Kagura Toriyama —le dijo con un tono más dulcificado. En realidad, todavía estaba procesando que acababa de comprometerse a sus veintisiete años—. Gracias por venir, señorita Tanaca.
—Ah, por favor —hizo un gesto con las manos que le indicaba que no fuera tan formal—, llámeme Sango —es que ella no podía con tanto formalismo, con los que manejaba en su trabajo como abogada ya era suficiente.
—Sango, entonces; también puede llamarme Kagura —le devolvió el pase de confianza, Miroku, Sango e InuYasha sonrieron ante eso.
A Tanaca le interesaba saber un poco más de la novia, eran datos que servían para que Kagome se hiciera un perfil de la persona con la que trabajaría los siguientes meses.
—Bueno, supongo que más personas vendrán a felicitarlos, nosotros volvemos a nuestra mesa —anunció Miroku y en breve se retiraron.
InuYasha regresó para su novia que parecía un poco dispersa y hasta cierto punto estaba pálida. Entendía que para Kagura también podría significar un shock que ahora el matrimonio de ambos fuera una realidad palpable, así que la invitó a sentarse nuevamente.
—¿Estás bien? —No dudó en preguntar mientras los meseros alrededor empezaban a llevar las cartas a las mesas de cada uno para empezar el banquete.
—Sí, sí —dejó ir, encontrando su mirada con la de su pareja en un intento de volver a conectar con la realidad—, es solo que todavía me parece increíble…
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Les prometo que esta última escena es importante para establecer el cómo se siente cada uno respecto a la boda. Ya sé que se esperaban que la novia fuera Kikyō, pero no, ya dejemos en paz a la pobre.
26 de febrero. ¡Muchas gracias por sus hermosos comentarios! Me alegra mucho que la historia haya captado su atención, es un gran honor para mí. Veremos cómo influye el matrimonio de InuYasha en esta historia y cómo estos dos se van a enamorar.
Besos a Susanisa, Marlenis Samudio, Rosa Taisho, Tatiana Ocampo, MegoKa, joiscar y Benani0125.
