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El problema con la gente era que siempre pensaba que las bodas se podían hacer de un momento para otro, todos querían comprometerse hoy y en dos semanas estar dando el sí en el altar, cuando en cualquier lugar del mundo te piden de entrada un año. Para Kagome, organizar una boda era un arte que tomaba su tiempo, había que conceptualizar y armar todo a detalle, eso sin contar la música, el catering, vestido, pastel, etc., desde una risa de la novia hasta el último pétalo de flor regado por la alfombra de recibimiento, ¡todo debía ser minucioso, en especial si se trataba de gente con tanto dinero! Lo bueno de su firma era que podían optimizar el tiempo, normalmente sacaba maravillosos eventos en seis meses, así que suponía que eso los novios ya lo tenían claro, en especial porque lo especificaba en el presupuesto.
—Muchas gracias —recibió el té de manos de una señorita de servicio y esta se retiró haciendo una reverencia.
Esa no era una casa, era una mansión; había que ver lo bonita que era y en especial ese jardín al aire libre que conectaba a la enorme sala, bien iluminada, en realidad se había hecho mil fantasías de cuántas reuniones podría hacer en un lugar como ese: algunas partes se veía de estilo barroco y otras más modernas, pero el equilibrio entre los estilos era impecable, completamente alejado de la cultura japonesa. Estaba enamorada del lugar, no iba a negarlo.
»Realmente tienen una vista increíble —se animó a hablar a Kagura, quien sin mucho interés miraba su móvil. Había cruzado las piernas y movía despacio una de ellas.
—Oh, sí —alzó la vista para entablar conversación con la wedding planner y dejar atrás el silencio en el que InuYasha las había sumergido después de levantarse a contestar una llamada ineludible del trabajo—. Aquí vengo a relajarme siempre.
Ella no era de muchas palabras, pero admitía que le caía bien la gente eficiente y esa muchacha la había dejado sorprendida con el tremendo performance que había montado para la cena de compromiso de ya hacía una semana, todos habían concluido que ella era la mejor opción para hacerse cargo de todo. Además, sabía vestirse para cada ocasión, tenía estilo y parecía astuta. Suponía que si ya estaba en el tren del casamiento, tendría una buena maquinista a bordo y por seis meses, según lo que había adelantado. A ese tiempo no tenía claro si extender el tiempo de la boda era mejor o peor para ella.
Ambas féminas se pusieron alerta cuando escucharon que alguien se acercaba; Kagome intuyó que sería el cliente, Kagura estaba segura.
—Bien, sigamos con esto —dijo mientras se sentaba al lado de su prometida—. Señorita, ¿decía que la boda podría durar seis meses en llevarse a cabo? —Volvió a inquirir con el rostro arrugado. Entendía un par de meses, pero ¿medio año? Cuando vio el cronograma junto a los presupuestos pensó que era un tiempo máximo estimado, pero no una regla.
Toriyama solo lo miró de reojo. No diría nada a menos de que fuera estrictamente necesario.
Kagome carraspeó con su mente pensando en que ahí iba de nuevo.
—Señores, entiendo que seis meses puede sonar a mucho tiempo —comenzó a explicar y dejó su taza de té en la mesita de cristal justo a su lado derecho. InuYasha intervino entre ese silencio afirmando que era mucho tiempo—, pero quiero que sepan que una boda implica más que solo el vestido, debemos tomar en cuenta la música, el pastel, el menú, la decoración, los detalles, la recepción de obsequios, la bebida, la locación, las invitaciones, la cristalería, el brindis, el ramo, los anillos, los velos y hasta el transporte de la novia al altar —ante eso, ambos pusieron la atención necesaria. Se veía mucho cuando lo decía así—. Tengan en cuenta también que me han dicho que quieren dos bodas estilo occidental en diferentes días, ¿no?
Los novios asintieron.
»Entonces el trabajo es doble y en realidad seis meses es un tiempo corto, debería haber pedido al menos nueve —el gesto de asombro fue evidente hasta en la de ojos rojos, que deshizo el cruce de piernas después de eso—. La única razón por la que puse seis meses fue porque el señor Taishō me dijo que deseaba que las cosas avanzaran rápido y al cliente hay que darle lo que pida.
El aludido se inclinó un poco hacia la planeadora para expresarse con más énfasis. Su pareja únicamente observaba sin hacer ningún gesto.
—Nuestra boda civil será la más concurrida e incluso mediática, de seguro que la prensa local querrá cubrirlo, ¿verdad? —Se dirigió a la pelinegra y esta solo asintió—. Y la simbólica, en donde estarán las mismas personas que invitamos a la cena de compromiso, será en nuestra hacienda de Yokohama, así que puede que ahí haya ahorrado una locación.
—Eso por lo mucho me ahorrará una semana y media de planeación, señor Taishō, me temo que no hay nada más que pueda hacer —le dijo con cierto deje de pena en la voz, pero la verdad era que no lo sentía nada. Las bodas se tomaban su tiempo y si no podía ser paciente para ello, pues que no se casara y ya.
El peliplateado se irguió para pensarlo mientras Kagura ahora tenía la mirada perdida en la nada. Ambos analizaban el tiempo que Kagome había puesto sobre la mesa porque para cada uno significaba una cosa distinta. No querían cambiar de profesional porque estaban satisfechos con el primer trabajo que había hecho y por lo que les había explicado antes, cualquier wedding planner les pediría lo mismo e incluso más tiempo. Kagura hasta había consultado en internet cuánto demoraba una boda en organizarse y el primer resultado decía que, dependiendo la magnitud del evento, podría demorar de tres meses hasta un año y medio, y tres meses solo si era una sencilla comida después de firmar los papeles en el registro civil.
Higurashi esperó pacientemente mientras se acababa su bebida y miraba disimuladamente más detalles de la estructura arquitectónica de la casa. Algún día viviría en un lugar así.
Por otro lado, InuYasha también calculó el tiempo que el agente de bienes raíces podría tomarse para tramitar la compra de un departamento de casados, organizar su luna de miel, comprar las cosas para su casa, escogerlas y aparte esperar a que todos los papeles fueran procesados para estar listos para casarse. Inspiró hondo y después de un rato asintió, rendido.
—¿Qué dices, Kagura? —De nuevo hizo a su novia participe de la decisión.
—No es una opción, la señorita estableció su tiempo para trabajar y hay que respetarlo —le dijo sin más, encogiéndose de hombros
Una sonrisa victoriosa se asomó por los labios femeninos de la organizadora.
—Ya verán que con tantos detalles ni siquiera sentirán que ha pasado medio año y en octubre podrían estar casándose —se agachó para sacar de su portafolio dos carpetas color beige con unas elegantes hojas membretadas de su firma, toda la papelería tenía temática de bodas y eso fue algo muy llamativo para la pareja—. Por favor, lean el contrato antes de firmar —se estiró para pasar las hojas hasta llegar al final de las originales— aquí —luego hizo el mismo recorrido con las copias que estaban en la otra carpeta cuyo color era más leve— y aquí, son las copias con las que ustedes se quedan. De la misma forma, necesito copias de sus «My Number» para adjuntarlas al final y comprobar la autenticidad de sus firmas.
InuYasha le dedicó una mirada fugaz a Kagura, pero ella ya estaba leyendo el contenido de la copia que se quedaría con ellos.
—Está bien.
Durante los meses siguientes, Kagome y Ayumi se dedicaron a trabajar al cien por ciento en esa boda, no tomaron ningún otro contrato, toda su atención en el gran evento que mientras más se enteraban, más detalles implicaba. Resultaba que Asahi era la empresa de bebidas alcohólicas más importante de todo el país, incluso exportando a otros lugares del continente, ¡en realidad tendrían todos los ojos sobre ellas! InuYasha y su familia no eran precisamente figuras públicas como tal, pero un evento de esos sería el cotilleo de la prensa rosa y hasta tendría repercusiones en la imagen de la empresa a nivel nacional. Al evento también estaría asistiendo Sesshōmaru, el accionista en Toshiba responsable de hacer de la división de la multinacional, un éxito total.
Sango le había comentado que en realidad no había buena relación entre los medios hermanos porque al parecer, el padre de InuYasha habría sido infiel a la madre de Sesshōmaru con Izayoi, la madre del menor, por lo que al jubilarse Tōga y repartir los bienes a sus hijos, el mayor decidió vender todas sus acciones de Asahi para buscar camino en su rubro, que era la tecnología y de paso deslindarse de su familia, matando dos pájaros de un solo tiro. Al parecer, «restaurar» la relación había tardado varios años y solo después de la muerte de Irasue hacía unos años, era que Sesshōmaru había accedido a frecuentar la mansión y poco a poco fue pasando pequeños periodos de tiempo con ellos en vacaciones hasta que fue normal para todos. Obviamente estaría invitado a la boda de su medio hermano.
Por otro lado, Kagome sí que había construido una relación amena con Kagura, quien al principio parecía una mujer muy hermética y hasta malhumorada, pero en el fondo podía ser agradable. Con InuYasha también había pasado algo parecido: si bien tenía un contacto menos frecuente que con Toriyama, al menos ya había cierta confianza para hacerle preguntas sobre cómo iba todo por medio de WhatsApp, como que las interacciones fluían más y mejor. Había pasado con ambos, incluso tenían un grupo en el que estaban los tres para estar enterados al mismo tiempo de cada cosa que tenía para decirles. Aquello pasaba con todos sus clientes a la larga, o al menos con la mayoría cuando eran proyectos tan detallados, la única diferencia era que Miroku era prácticamente su amigo también y a su vez mejor amigo del novio, lo que de alguna manera a veces le parecía gracioso porque las cosas con Sango parecían ir bien y finalmente hasta Tanaca terminaría siendo amiga de la pareja.
De todas formas, en todo momento procedió igual que en todos sus negocios, lo que pasara después del contrato quedaba para la posteridad tal y como había pasado con Sango.
Tomó tremenda bocanada de aire y luego se metió el delicioso postre helado a la boca. Sango la observaba con una sonrisa pintada en la cara, hacía mucho que no se daban en ese tiempo, ambas habían estado con trabajo, ella apenas libraba un juicio y Kagome regresaba de escoger el vestido para la novia. Cuatro meses y apenas lo escogía.
—Mmm —se secó con la servilleta—, ¿recuerdas que te comenté de mi técnica de organizar bodas desde el POV de los novios?
—Sí y ni me recuerdes por qué —se le erizó la piel solo de siquiera hacer alusión a ese momento en su vida. Siempre se lo recriminaría, lo juraba.
Kagome movió las manos para que no se enfrascara en eso ya que no era lo que realmente quería traer a cuento.
—Sí, olvida eso, el caso es que no me está funcionando acá —volvió a comer ante la evidente intriga en la castaña—. Quiero decir… —paró un momento; quizás no era tan bueno decir eso si se tratara de otra persona, pero Sango era Sango—. Acabamos de venir de lo del segundo vestido, y eso por decir algo… —hizo otra pequeña pausa—. Han ido su madre, su suegra y yo, los vestidos le quedaron espectaculares y a ella no parecía entusiasmarle ninguno, por eso demoramos desde las ocho de la mañana hasta ahora las cinco, porque no podía elegirlo y al final tampoco es que haya salido muy feliz —comentó con desánimo, pero siguió devorando el postre—. Con el vestido para el civil fue una odisea, pero este se ganó el premio y encima estuvimos en cuatro tiendas —agregó. Quizás era que el vestido para la boda civil era mucho más sencillo en su forma y el de ese día era el estereotipo nupcial, pero le seguía pareciendo mucho y no tanto por el tiempo, sino por cómo reaccionaba cada vez que le habían llevado un modelo.
Tanaca también comió, pero ahora pensativa. Miroku ya le había comentado que ese matrimonio no le convencía del todo y que podía apostar todo a que Kagura no quería casarse, pero obvio ella no diría eso y sabía que Kagome tampoco vería con buenos ojos que hiciera un comentario así, por eso fue por lo que prefirió ahorrárselo.
—Pero no es la primera vez que me dices algo como eso, ¿no? —Acotó y siguió comiendo sin dejar de mirarla.
—¡Exacto! —Kagome enfatizó con las manos. Estaba agotada, ese día caía rendida sí o sí y que se jodiera Hōjō, su ex de la primaria que se había encontrado en Omiai y a quien había considerado entre su lista de candidatos para posibles relaciones—. Con muchos de los detalles en los que ha participado ha sido tan poco receptiva… tengo bastante experiencia como para decirte quién sí y quién no y en este caso… —nuevo silencio, analizaba lo que diría—, no hay feeling —hizo una señal con las manos que indicaba profundidad—, ¿me entiendes? No fluye. Con InuYasha sí que pasa distinto, con él pasa como lo que cualquier wedding planner espera, ¿sabes?
Volvió a atacar el dulce y pensó que debería pedirse otro porque estaba delicioso y necesitaba recuperar toda la energía que había perdido entre el día anterior y esa tarde y en general desde que había tomado el contrato.
—¿Crees que Kagura no se quiere casar? —Inquirió con cautela y empezó a mover ligeramente su pierna derecha.
—No me atrevería a afirmarlo…, pero vamos a ver —puso las cartas sobre la mesa para hacerse entender—: InuYasha no es que esté loco por casarse, pero quiere hacerlo, ¿me explico? —La castaña asintió—. Se nota que tiene interés y es constante, al menos eso es lo que me muestra cada vez que tenemos una reunión o hablamos de los detalles por algún medio —tomó aire antes de proseguir—. Kagura no es que demuestre que no quiera, solo que a veces sí está ahí, parece conectada y otras ocasiones nada le gusta, nada parece llenarla y es justo con cosas tan importantes como el ramo de flores o como hoy con su vestido más grande —le desesperaba un poco. Durante toda su carrera habría pasado por casos así mínimo un par de veces y normalmente se atribuían a los nervios, pero al final siempre terminaba bien, con esa pareja no estaba segura.
—Dale tiempo, quizás se sienta muy joven para casarse, ¿no? —Sango realmente no estaba segura de qué tanto estaba aportando con ese comentario, pero al menos no estaba desacreditando a nadie—. ¿Qué edad tiene?
—Veintisiete.
—E InuYasha cumplió sus treinta la semana pasada —recordó y Kagome asintió.
—Pues quizás tengas razón, Ayumi me dijo algo parecido —se acabó por fin el helado y antes de seguir con la conversación le hizo un gesto a Sango para que la esperara y con la mirada ubicó al mesero más cercano para que fuera hasta su mesa—. ¿Podría traerme otra porción?
—Con gusto. ¿Algo también para usted, señorita? —Se dirigió a la abogada quien negó de inmediato—. Bien, en seguida vuelvo.
—No puedo creer que vayas por otro, es mucha azúcar —le dijo en tono de regaño, pero estaba riéndose realmente.
—La vida es una, Sango, la vida es una.
—…claro, sí, sí, mamá. Hasta luego —con eso último regresó a su celular para cortar la llamada.
A su lado, Miroku terminaba de responder algo en su móvil justo antes de retomar la charla con su amigo.
»Han elegido finalmente ambos vestidos —le informó mientras dejaba el teléfono en la mesita. Normalmente se tomaban esos momentos de descanso antes de finalizar la jornada cuando querían contarse algo importante.
—¿Apenas? —Alzó ambas cejas. El día anterior habían ido por el que usaría para la boda civil y aunque también se habían tomado su tiempo, no había sido tanto como ese—. Tienen desde la mañana, ¿no?
No era como si a Kagura no se le hubieran mostrado mil catálogos desde que se comprometió que apenas dizque se decidía por un vestido.
—Bueno y qué sé yo, Miroku —se encogió de hombros. No iba a negar que también era un poco extraño, pero la vida no se iba a acabar, suponía que era normal que las mujeres se demoraran en encontrar esas cosas, al final del día él solo tenía que escoger el color de su esmoquin y era todo—, el vestido para la boda en la hacienda es más pomposo según lo que comentó la wedding planner en el grupo, en eso quedaron con Kagura.
Miroku se quedó en silencio. Era obvio que esa era una prueba más de que Kagura no estaba muy segura de casarse, de todas las veces que la vio en esos meses jamás percibió un ápice de entusiasmo por el evento y quizás había estado exagerando, pero cuando Sango le había dicho que para encontrar el ramo perfecto había buscado en más de siete tiendas porque ninguno parecía hacerla sonreír, confirmó lo poco conectada que estaba; lo peor había sido lo de los vestidos, para él era muy claro. No solía meterse en eso y menos se dedicaba a analizar si cada novia que conocía quería o no casarse, pero se trataba de InuYasha y no sería justo que se casara con alguien que no tenía las mismas ganas de unirse a él. Una vez más, apelaba al carácter de Kagura y lo poco que le gustaba mostrar sus emociones frente a los demás, de todos modos había dado el sí más de una vez.
—¿Y ya pensaste en la despedida de soltero? —Decidió comentar y rápidamente adoptó un tono pícaro—. Mira que conozco un bar en donde hay chicas que te harían olvidar tus ganas de perder la libertad, eh —le golpeó ligeramente con el codo.
—Sabes que nunca he sido de esos —le devolvió entre serio y aguantando una risa. En el fondo estaba perfectamente consciente de a dónde iba ese comentario, sabía que Miroku no estaba tan contento con la boda porque según él, Kagura nunca había parecido muy ilusionada por llevar el noviazgo más allá desde que la llevó a vivir a su casa, por ejemplo. Por eso tampoco le había pedido que fuera él quien los casara en la ceremonia de la hacienda, porque sabía que se negaría inicialmente o no lo haría muy feliz—. Mejor hablemos de ti —decidió evadir—, ¿cómo van las cosas con Sango?
El matrimonio era un hecho y ya nadie podía echarse para atrás, además, Kagura le había dicho que sí más de una vez.
—Pues me gusta, pero todavía no me atrevo a decirlo de forma más frontal.
Mientras tanto podía distraerse con cómo avanzaba el romance entre su mejor amigo y la mejor amiga de su wedding planner.
»
InuYasha, amigo, ¡date cuenta!
Aaaah, no se crean, son los nervios de la pobre Kagura. ¿O no?
3 de marzo. Quisiera agradecer sus comentarios y aclarar que en este punto del fanfic es imposible que muestre una atracción en InuYasha y Kagome a más de una simpatía profesional porque recordemos que él está por casarse y ella será quien organice su boda, o sea que InuYasha es cliente de Kagome y no sería muy profesional de su parte que se enamore de él. La relación de ellos será más bien por compartir una experiencia, sin embargo, adelanto que eso no pasará hasta el capitulo 6 en donde finalmente hay una unión entre ellos más personal.
Le mando un beso enorme a: Rodriguez Fuentes, Ros Taisho, Carli89, Marlenis Samudio, Invitado (pienso que es MegoKa), Tatiana Ocampo, Susanisa, joiscar, Benani0125 y Annie Perez.
