4
No iba a negar que cuando la novia había soltado el típico «claro que estás invitada a la boda» —y a las dos—, le habían venido recuerdos de Sango de hacía tres años, pero ya le había parecido hasta gracioso. En ese caso no esperaba ninguna sorpresa, así que lo había aceptado sin rodeos. Además, el hecho de que Miroku y Sango habían por fin empezado a salir abiertamente de forma romántica y Tanaca ya se había hecho algo así como cercana a Kagura e InuYasha, porque claro, al ser casi la novia del mejor amigo de Taishō estaba más cerca de ellos de lo que jamás hubiera imaginado, le daba cierto nivel de confianza. A veces le parecía increíble que todo hubiera escalado así tan rápido y que casi seis meses de trabajo ya se hubieran pasado delante de sus ojos. Estaba un poco nerviosa, no lo iba a negar, ese día era grande e importante y quería que todo resultara a la perfección; si ya salía perfecta de esa boda civil, la simbólica era pan comido.
—¿Cómo vas? —Su asistente se asomó por la puerta de su habitación, ella ya estaba arreglada y se veía radiante como siempre.
—Ya casi estoy lista, Yum —le dijo mientras la veía por el espejo de su cómoda.
Ayumi conocía muy bien a Kagome y tenía claro que estaba nerviosa, podía verlo hasta en su forma de pararse, pero no tenía que ser así ya que se habían esforzado mucho por llegar hasta ahí y el evento iba a quedar perfecto como siempre.
—Bien, al terminar solo trae tus cosas, yo ya guardé nuestras invitaciones y los gafetes, ya guardé también nuestros instrumentos de emergencia en tu cajuela, está todo listo —le informó con ligereza y su jefa le hizo un gesto de «ok» para confirmar que había copiado la información—. Voy bajando entonces.
—Estoy contigo en un minuto.
Cuando se vio sola, Kagome volvió a suspirar hondo y arregló los últimos detalles de su maquillaje. Habría prensa y no es que pensara que la fueran a fotografiar, pero ¿y si a alguien le interesaba su trabajo y la querían contactar y de repente era captada? Debía lucir preciosa. Se rio ante el pensamiento, pero de todos modos se había preocupado de cada detalle tanto en su rostro como en su ropa.
Una vez lista, tomó su cartera de mano, su celular y las llaves del departamento para por fin salir. La panza le dolía un poco por los nervios.
La noche anterior ni siquiera había podido pegar un ojo, incluso había dormido en otra habitación para tratar de tener intimidad antes del día que se le venía encima. Su maquillista había recalcado que jamás había visto una novia con tantas ojeras y ella solo había atinado a decirle de forma brusca que si podía o no maquillarla o buscaría a alguien más. No estaba dentro de sus casillas. En esos casi seis meses había hecho cosas que eran todo menos buenas, de hecho, antes de que el compromiso pasara, y creyó que en todo ese tiempo sería capaz de pensar bien las cosas y seguir adelante, pero cuando estaba ahí a punto de firmar las actas, miró para InuYasha que la esperaba con una expresión algo preocupada por sus reacciones y no pudo ser capaz de decir que no.
Tomó el bolígrafo y sus dedos lo apretaron para hacer su firma que la convertía oficialmente en la esposa de InuYasha Taishō. Escuchó los aplausos de los presentes y supo que ya no había marcha atrás.
—Muchas gracias —tomó el champagne de uno de los meseros y estuvo atenta a cada movimiento, a cada detalle, el banquete estaba siendo un éxito. Divisó a su mejor amiga a unos metros mientras era presentada por Miroku, seguramente como la novia; eso le alegró.
Por entre los invitados encontró también a Kagura, parecía estar bebiendo algo de la barra. Sin pensarlo caminó hacia ella y le llegó por un costado para no asustarla.
—Kagura, felicidades de nuevo —la aludida giró con su copa en la mano y le dedicó una sonrisa por la felicitación—. ¿Cómo va todo? ¿Es lo que esperaba? —Ella le llamaba a eso control de calidad. Casi siempre era invitada a los banquetes que organizaba, quería decir… siempre estaba en los eventos que organizaba, pero era distinto ser una invitada a ser solo la supervisora de estos.
La novia, que parecía haber salido de la nebulosa, asintió después de conectar pobremente las palabras de la wedding planner.
—Sí, todo está perfecto, muchas gracias por tu trabajo —carraspeó un poco para no sonar grosera y alzó la copa haciendo un brindis—. Si me disculpas un poco, voy a tocador.
—Claro, adelante —Kagome notó esa incomodidad, pero estaba segura de que no era por ella, parecía no estar a gusto y tampoco se trataba del lugar, quizás algo personal la estaba molestando y ella ahí no tenía que ver. Su trabajo era controlar que los novios estuvieran bien con el evento y nada más. Se había quedado a reflexionar en aquello con la mirada puesta en la dirección que Toriyama había tomado para luego escuchar cómo alguien llegaba a su lado para tomar más champagne.
Dio un respingo cuando notó que era el novio y no traía un buen semblante. ¿Qué pasaba con esa pareja que parecían haber sido condenados a prisión en vez de haberse casado?
InuYasha se bebió toda la champaña de una vez como si fuera agua y no se preocupó en decirle nada a la azabache que lo estaba observando un poco preocupada. Las había visto hablar un segundo y por instinto había ido hacia allá porque las cosas con su reciente esposa no parecían estar muy bien. Kagura había estado rara toda la ceremonia y desde que había empezado la recepción solo había estado para las fotos de la prensa, los videos y los saludos de los papás de ambos, luego había dicho que quería un poco de aire y no había vuelto con él en un buen rato.
Y aunque en general no tenía enzimas suficientes para procesar el alcohol en su cuerpo, en esa ocasión no aprecia aplicar esa regla en él.
—¿Todo bien, InuYasha? —Se aventuró a preguntar con un deje de inseguridad. Era obvio que el alcohol ya le estaba haciendo efecto
—Sí —le respondió rápido y en un tono de voz algo elevado, confirmando su teoría—, la fiesta está quedando muy bien —a pesar de todo, intentó hablar con normalidad—. Parece que los seis meses sí sirvieron, eh —bebió.
Higurashi sonrió, victoriosa.
—Ya estoy acostumbrada a que mis clientes digan eso cuando ven que su evento es una maravilla visual —comentó con suficiencia, pero también lo hacía con toques bromistas. Estaba segura de que el trabajo que hacía era excelente, pero también tenia humildad.
Él también sonrió, pero más bien fue sardónico. Por el momento se sentía molesto con la actitud de su esposa, pero de nuevo apelaba a los nervios del evento, seguro que después de su boda simbólica en dos días, ya todo estaría bien.
—Estoy seguro de que de ahora en adelante te contactaremos siempre, mi familia está encantada con el trabajo que hicieron —también le alzó la copa en señal de brindis y Kagome le respondió.
La azabache iba a decir algo cuando notó que un hombre muy parecido a InuYasha empezaba a acercarse a ellos. Automáticamente dedujo que se trataría de Sesshōmaru, así que apenas lo tuvo cerca, se despidió de los hermanos haciendo una reverencia.
—Felicidades, InuYasha —le dijo con su inmutable tono de voz, sonaba más bien a obligación el hecho de que estuviera felicitándolo.
—¿Te han pagado para que vengas a decir eso? —Y con unas copas encima claro que el menor no se quedaría callado.
Sesshōmaru se quedó en silencio mirándolo acabar con el alcohol, era obvio que no estaba nada contento y a él eso le importaba tres cominos. Pestañeó un par de veces, realmente no iba a discutir en ese lugar, ya tenía él reservadas sus energías contra quien realmente iría a descargarse.
—En fin, vine a decirte que aunque me muero de ganas por asistir a tu boda simbólica pasado mañana —eso lo decía con sarcasmo, en realidad se moría de ganas por irse en ese momento—, debo salir de Shibuya antes de las tres para llegar temprano.
—¿Cómo, hijo? ¿No vas a quedarte para la boda de tu hermano? —Irrumpió Tōga, poniéndole una mano en el hombro al mayor.
—Medio hermano —corrigió InuYasha, fastidiado. A veces odiaba tanto que su papá se hubiera enamorado de su madre y ahora tuviera que vivir ese tipo de humillaciones por parte del tonto ese de Sesshōmaru… el imbécil que nunca quiso ser cercano a él por más que trató.
—Ya estoy en la boda de InuYasha —respondió el aludido con el mismo tono.
Tōga suspiró, rendido. Había hecho de todo para que esos dos se llevaran bien, pero es que no se podía, ya estaba harto.
—¿Alguno de ustedes sabe qué le pasa a la pareja de esposos? —Inquirió en voz baja una vez que Miroku y Sango se quedaron solos—. Mientras venía por ustedes escuché a tres personas quejándose de que la pareja no ha pasado nada de tiempo junta y que ni siquiera saben dónde está la novia.
—Una vez más, Kagura demostrando que jamás se quiso casar con InuYasha —soltó sin medir, solo pensó en voz alta porque se sentía en confianza para decirlo.
—Miroku… —la castaña le llamó la atención entre dientes, apretándolo del brazo de donde ella se tenía.
Kagome siguió en silencio, solo reflexiono en lo que Takeda acababa de soltar. No era tan descabellado.
—¿Qué? —Se encogió de hombros—. Para mi ya es innegable y sé que para ustedes también. Kagome —se dirigió a la azabache—, tú misma notaste eso durante todos estos meses, ¿verdad?
—Bueno, no precisamente, pero…
—Si hasta cuando firmó se quedó estática ahí un rato —la interrumpió dando más argumentos. Sabía que Kagome diría que no, parecía ser el único cuerdo en ese lugar que se daba cuenta de lo que estaba pasando.
—Pero qué es lo que tanto te molesta de ella —insistió Sango para querer aclarar la situación.
—No es que me moleste o que ella tenga algo malo, créanme que si lo amara yo sería el primero en alabar esta boda —de forma genuina se sentía abatido, había visto a InuYasha dar vueltas durante el banquete buscando a su esposa, era una humillación horrible lo que estaba pasando. Kagome por su parte debía aceptar que era la pareja con peor química que había visto jamás, de verdad la peor—. Lo supe desde el primer momento en el que la conocí cuando InuYasha la presentó como su pareja, luego también cuando la invitó a vivir a casa de sus padres recientemente con serias intenciones de casarse en un futuro, Kagura nunca estuvo de acuerdo.
—Pero ella decía sí —refutó Tanaca, arrugando la expresión—. ¿Cómo estás tan seguro de que no?
—Mi teoría es que Kagura habría querido salir causalmente con InuYasha, pero tal como es su familia, al parecer más conservadora que ella, la incitaron a decir que sí —expuso el de ojos azules y Kagome siguió reflexionando, comparando lo que decía él con lo que había visto en esos meses y sí que coincidía—. Además, InuYasha siempre ha sido muy serio en sus relaciones, se las toma con mucha seriedad cuando se trata de salir con alguien, siempre fue así —se encogió de hombros porque eso era lo que había.
Quizás por eso siempre habían sido amigos, porque más joven, Miroku había sido un picaflor con título profesional e InuYasha todo lo contrario, así que cada uno fue aprendiendo un poco del otro a la medida que los hizo encontrar un balance perfecto en sus personalidades: Taishō había aprendido a divertirse más y saber poner sus límites cuando quería algo de una noche o cuando quería algo serio, mientras que Takeda había aprendido a ir dejando atrás tanta coquetería y a considerar tener una pareja seria por fin.
—Mmm, sigue sin cuadrarme esa teoría tuya —Sango lo había soltado para cruzarse las manos en el pecho. Sus alertas habían saltado rápido, ¿y si Miroku salía con cualquier discurso machista sobre por qué una mujer sí era «buena» para InuYasha y otra no? No se podía dar el lujo a esas alturas de su vida a salir con un idiota de esos.
—No, Sango, quizás tenga razón —Kagome lo apoyó por fin, saliendo de su trance—. Kagura no parece cómoda y sé que no es por la fiesta o por su vestido o por cualquier cosa, se trata de algo más —pero tampoco se atrevió a afirmarlo. A esas alturas le parecía que ya había faltado demasiado el respeto al decir todo eso.
Y así las alertas de la castaña se apagaron porque reconocía que el punto de vista de Kagome era importante.
—Me apena que todo sea así, no creo que este matrimonio dure mucho —desde su lugar alcanzó a ver a los suegros hablando con el de ojos dorados y éste no podía esconder la incomodidad en su rostro. Esa forma de pensar suya no era algo que InuYasha no supiera, se lo había dicho ya, pero casi había terminado en pelea, así que no valía la pena repetirlo, al final del día, no era él quien se había casado con Kagura.
—A ver, y según tú, Miroku —regresaron la atención a la abogada—, ¿quién estaría bien para casarse con InuYasha?
—En realidad cualquier persona ahora mismo tendría más ganas de casarse con él que Kagura —negó un poco con la cabeza buscando en su cerebro el ejemplo más lejano que se le ocurriera—. Mira, si hasta Kagome podría casarse con él y estar más feliz ahora mismo.
La aludida abrió los ojos sobremanera y al instante también Tanaca.
—¡Miroku!
—Ya, ya, solo era un ejemplo —alzó las manos para llamar a la tranquilidad de las féminas.
Estaba nerviosa, necesitaba fumarse un cigarro o algo.
Y lo peor no era eso, sino la sensación de culpa que con cada día previo a esa boda se había ido volviendo más y más insoportable. Tenía la presión de todo el mundo encima de ella, todos los ojos, la prensa apenas se había ido de la recepción, sus suegros estaban tan contentos por la unión, todos la miraban como si hubiera que mostrar algo cada segundo. Quería salir corriendo de ese lugar o regresar el tiempo y decir no. Decir no desde la primera vez que InuYasha le había dicho que deberían salir de manera más formal, cortar de raíz ese problema y no verlo como una forma de mantener tranquilos a sus padres porque vivía sola en el centro de la ciudad.
—Así que volviste a darle el sí —sintió que la sangre se le vino a los pies cuando escuchó esa voz detrás de ella. Cerró los ojos y sintió que estos le ardieron.
No se movió un centímetro y dejó que el aire le diera en la cara para intentar calmarla. El silencio reinó entre ellos unos segundos hasta que él decidió romperlo. Se habían quedado a una distancia prudente para no llamar la atención.
»Realmente creí que luego de todo lo que pasó, no tendrías el descaro de casarte con ese pobre tonto —su tono de voz era severo, escondía la ira, pero expresaba su malestar que era muy obvio.
—¿Y qué querías que hiciera? —Le respondió por fin—. ¿Que después de que le dije que sí delante de toda la familia de pronto le entregara el anillo sin ningún tipo de explicación? —Giró por fin para verlo y ahora sus ojos estaban brillando gracias a las lágrimas que quería soltar—. Porque no tendría el valor de decirle en la cara que no quería casarme porque me acosté contigo.
Lo vio sonreír apenas, poco usual en él.
—No seas hipócrita, que ya había pasado algo antes de que te comprometieras —refutó. Tenía muy presente que poco les había faltado para meterse a la cama en esa ocasión—. También dijiste que ibas a tomar la mejor decisión.
—Y la tomé —alzó el rostro, tratando de imponerse. No quería a InuYasha, hacía mucho que había dejado de sentir cosas por él, apenas se sostenía de esa farsa de relación porque era atractivo y buen novio, pero tal y como veía en los ojos de su amante, nada de eso podría ser suficiente para mantener un matrimonio—. Casarme con InuYasha es lo mejor, ¿no ves cómo tengo a toda la familia sobre mí? ¿A mis propios padres?
Él negó, achicando los ojos. Era gracioso ver cómo la gente se mentía a sí misma y al mismo tiempo sufría las consecuencias de esa mentira.
—Pasado mañana salgo a Sendai y no pienso volver a esta ciudad —le informó sin más y la vio falsear apenas lo soltó—. Probablemente, esta será la última vez que me veas en tu vida, Kagura —estaba claro que ella no lo tomó bien y que moría por correr hacia él, pero apenas pudo moverse.
Giró sobre sus pies para entrar de nuevo a la recepción, pero lo detuvo con su llamado que ahora ya no evitaba las lágrimas.
—¡Espera, espera! —No se atrevió a avanzar, todo el cuerpo le temblaba como una hoja. Él seguía sin moverse, pero dándole la espalda. Cuando Kagura se dispuso a avanzar, la figura de su esposo apareció delante de ella, haciéndole palpitar el corazón con brío.
—¿Todo bien? —Inquirió con un deje de confusión, de inmediato todo eso le pareció muy raro, en especial porque Kagura estaba secándose las mejillas y aunque quiso disimular, él lo captó.
—Todo bien, hermanito —lo de hermanito siempre iba con burla—. Le decía a tu esposa que los invitados están preguntando por ella —giró tres cuartos hacia la aludida ante la ya desconfiada mirada de InuYasha, que la verdad no sabía de qué dudaba, pero algo en su cerebro le decía que eso estaba mal—, pero parece que está tan emocionada por haberse casado contigo, que se puso a llorar —de nuevo volvió a su medio hermano y con una expresión estoica que escondía una sonrisa, se despidió—. Bueno, los dejo.
Kagura lo vio irse y por dentro ardió de odio.
«Maldito seas, Sesshōmaru Taishō…»
Maldecía la hora en la que se había enamorado de él.
»
Debo admitir que al Sesshōmaru fijarse en Kagura, también encontró una oportunidad de hacerle a su medio hermano —el producto de la infidelidad de su padre— lo mismo que Tōga le había hecho a Irasue, en especial por el hecho de que esta murió diciendo que todo lo que le había pasado era culpa de su padre, por lo que de alguna forma en el fondo siempre estuvo buscando venganza. Así que es como un premio doble para él.
10 de marzo. Uy, hoy cumple años mi hermanita menor, TaishaSelene, estoy feliz.
Por lo demás, quiero agradecer de todo corazón su paciencia y su cariño a través de los reviews que me dejan, son un amor, realmente me alegran el día cuando las leo. Cada vez nos acercamos más a mi arco favorito de la historia.
Les dejo besos a: Rodriguez Fuentes, Rosa Taisho, Marlenis Samudio, MegoKa, Tatiana Ocampo, Susanisa, Benani0125 y Annie Perez.
