12
…una deliciosa sensación producida por lo agradable que se sentía lo protector que era siempre con ella. Y aunque pareciera mentira, en todos esos meses que habían sido cercanos, jamás estuvieron tan peligrosamente cerca.
—Kagome... —susurró con un tono de voz que parecía más un suspiro.
La aludida olvidó todo recato y rastro de decencia para cerrar los ojos, agarrarlo por la mejilla y de un solo movimiento lanzarse a su boca para besarlo. Sus labios se sentían tan cálidos y deliciosos a la sensibilidad de su boca, era sensual y adictivo. Las manos masculinas recorrieron desde su cintura hasta el cuello para profundizar la caricia que se hacía cada vez más húmeda, más intensa. Se despegaron un solo momento cuando notaron que habían ido demasiado lejos, pero ninguno de los dos quería parar. Kagome se acomodó sobre él de manera que ya podían mirarse cara a cara. Inevitablemente volvieron a besarse, pero esta vez recurrieron a ir quitándose la ropa tan rápido como las manos pudieran.
Despertó entonces exaltada por la sensación tan vívida de excitación que su cuerpo estaba experimentando. Se sintió horrorizada y avergonzada en partes iguales cuando fue consciente y notó que otra vez había tenido ese sueño húmedo digno de una adolescente. Por lo menos era la tercera vez en esa semana que lo tenía. No, no, las cosas no iban mejorando mucho y eso le estaba aterrando.
Se levantó después de un momento de tranquilizar sus hormonas que, ansiosas, le pedían que tomara inspiración de ese sueño para complacer a su cuerpo sediento.
Durante toda esa semana desde el sábado no había vuelto a verse con InuYasha, claro que él había estado invitándola, pero o ella tenía mucho trabajo o estaba saliendo con Dai, todo para alejarse unos días de su presencia física que sabía que podría volver a hacerle estragos y no estaba segura de si podría ser tan fuerte. Quizás había estado funcionando y para el jueves estaba un poco más tranquila al respecto, sin embargo, ese sueño… ese sueño había alborotado todo de nuevo. Era como si su mente se empeñara en mostrarle el mismo escenario una y otra vez con distintos finales alternativos de lo que podría hacer pasado y la culpaba por no haber permitido que ninguno se hiciera realidad; lo peor era que estaba consciente de que probablemente InuYasha la hubiera rechazado si se le ocurría perder así la cabeza, pero no, ahí iba de nuevo, la terca.
Tenía que calmarse, no podía esconderse de InuYasha toda la vida. Respiró hondo y tomó una decisión que había estado evadiendo todos esos días.
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—Y así fue como mi mamá terminó dándole la razón a Miroku —terminó por contar mientras afinaba los últimos detalles de su maquillaje.
Su amiga la observó por el espejo y aunque había puesto atención, no podía evitar que su mente divagara por segundos aún pensando en si debía decirle o no.
—Jamás pensé que algo así pasaría —atinó a comentar, genuinamente impresionada y sonriendo por la anécdota graciosa. Ya era un win que hubiera podido responder algo coherente, porque al instante ya había olvidado lo que acababa de decir.
—Lo sé, ¿puedes creerlo? —terminó de ordenar su maquillaje en la cosmetiquera y pensó que sería lo último que diría antes de encarar a su amiga para que le dijera ya lo que le sucedía—. Supongo que después de tanto tiempo sin presentarle a alguien quiere hacer todo por mantenerlo a mi lado —aquello sí le arrancó a ambas una carcajada real. No se habían dado cuenta de en qué momento habían empezado a hacer bromas sobre su desgracia o a hablar de ello sin que afectara como antes; en Sango era notorio que su relación con Miroku y el haber sido sincera con él era lo que le estaba ayudando a dejarlo atrás y en Kagome… bueno, en ella aún era incierto—. Ammm, bien, Ka, yo sé que no vienes a saber cómo mi mamá defiende a mi novio, ¿verdad? —giró para verla frente a frente y la joven se puso pálida y recogió las piernas en la cama—. Te veo un poco distraída desde hace días, ¿hay algo que quieras decirme? —Achicó los ojos y cruzó los brazos en el pecho, dispuesta a oír.
Kagome asintió varias veces mientras tomaba aire.
—Sí, Sango, sí hay.
—¿Qué pasa, Kagome? —Arrugó las cejas, preocupada y ahora sí corriendo a sentarse a su lado. Esperaba que no tuviera nada que ver con su familia o el embarazo de Mei—. Te veo pálida, ¿estás bien? No me asustes —empezó a tocarle los brazos y notó que estaba helada.
—Hace días hay algo que quiero decirte —la voz estaba a punto de quebrarse y era por los sentimientos de vergüenza que tenía, no podía evitarlos; Tanaca le hizo una señal para que continúe—, pero no me había animado y la verdad es que me asusta… —Hubo un nuevo silencio que la castaña no quiso interrumpir, con eso podría hacer que Kagome hablara más directamente y con la verdad al no recibir interacciones; trucos de abogados penalistas. Kagome agarró una gran bocanada de aire, era tiempo de decirlo ya, de aceptarlo, de exteriorizarlo y con eso quizás podría olvidarlo más rápido—. Creo que me gusta InuYasha.
Lo soltó, lo soltó tan rápido que Sango no lo entendió a la primera y se tomó sus segundos para conectar las ideas. Higurashi vio a su mejor amiga pasar del asombro a la sonrisa y luego a una frustración no molesta, sino más bien lúdica.
—Ahg, mierda —miró para otro lado ignorando lo que Kagome acababa de decir—, ahora le debo mil yenes a Miroku —se mordió la uña, distraída en lo de la deuda a su pareja como si lo que acabara de oír fuera lo más normal del mundo.
Kagome dejó atrás toda pena y dio paso a la incredulidad e indicios de molestia, porque… ¿qué era lo que acababa de escuchar?
—¿Disculpa?
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El silencio solo era interrumpido por el esferográfico corriendo sobre el papel y la pelotita anti estrés saltando de arriba abajo en la mano del pelinegro. Una y otra vez, una y otra vez.
Una y otra vez.
—No quiero ser grosero, pero… —soltó después de un rato de sentir que se le estaba hinchando algo por la irritación que sentía.
—Oh, siempre quieres ser grosero —pero él le echó más leña al fuego y volvió a hacer eso con la pelota.
Lo miró desde su asiento con ganas de lanzarle la esfera en la cara, tomó aire y volvió a lo suyo.
—¿Quieres dejar de hacer ese ruido molesto con la pelotita? —Movió las manos con el esfero entrelazado en sus dedos—. Me está fastidiando. O bien puedes volver a tu oficina.
Miroku asintió, lanzó la pelota al aire y la atrapó cerca de la altura a la que había llegado.
—Sí, como quieras, pero dime… —cruzó los brazos y observó a su amigo con atención—, ¿cómo van las cosas con Kagome?
InuYasha sintió que un escalofrío lo recorrió entero, pero fingió que no había escuchado nada y siguió unos segundos en silencio mientras escribía. Carraspeó luego de poco, Takeda seguía ahí, viéndolo con intensidad, era acosador.
—¿Cómo que cómo van las cosas? —Inquirió con un tono confundido y ubicó otra tanda de papeles en la montaña que tenía al lado izquierdo. La pregunta era extraña, como si entre ellos hubiera un tema o alguna clase de relación especial que «tenía que ir de una forma».
Miroku alzó las cejas y dejó ir el aire. Sabía que InuYasha no iba a soltarle nada así por así, pero ya que lo había visto distante y malhumorado toda la semana, sabía que era tiempo de preguntar. Se notaba a mil leguas que él la extrañaba, que empezaba a volverse agrio e impaciente un poquito más cada día desde que Kagome se había distanciado porque claro que se había dado cuenta, era demasiado obvio. De repente no se habían visto todos esos días, de repente cada uno por su lado, era muy extraño, algo había pasado ahí.
—Como no se han reunido… —soltó y volvió a jugar con la pelota.
—Hemos estado ocupados —resolvió responder y después de unos segundos volvió a mirarlo y negó para que dejara de hacer ese sonidito.
Miroku puso los ojos en blanco y lo dejó. La respuesta más tonta que le había podido dar, siempre estaban ocupados y aun así buscaban la forma de reunirse aunque fuera una vez, claro que se habían peleado.
—¿Se pelearon?
—No —mintió en seguida. Bueno, sí, pero no había sido pelea como tal, además hablaban por WhatsApp, solo estaban un poco distantes, pero ya pasaría.
—¿Le faltaste el respeto? —Arrugó las cejas y se inclinó hacia él.
—¡Claro que no! —Regresó la vista, espantado. Miroku sabía que ni siquiera en sus peores momentos le podría faltar el respeto a una mujer, no era un cavernícola.
—Entonces… ¿finalmente ha formalizado su relación con Hōjō? —Y esa fue la pregunta sorpresa que había estado guardando.
InuYasha se quedó en silencio y hasta dejó de escribir. Sinceramente no se le había pasado por la mente, es más, ni siquiera recordaba la existencia de Hōjō, pero por alguna razón apenas Miroku soltó eso, el estómago se le revolvió al instante y sintió ganas de salir corriendo de ese lugar. Tomó aire, cerró los ojos y volvió a lo suyo; las manos las percibía como sin circulación y estaba apretando tanto el bolígrafo, que los dedos ya casi no los sentía.
—No lo sé —arrastró las palabras y otra vez trató de calmarse.
Dai jamás había significado una amenaza para él respecto a pasar tiempo con Kagome, ellos no eran nada y ella casi siempre estaba libre para hacer algo juntos, así que jamás se detuvo a pensar en si le molestaba o no ese chico, pero ya que los segundos empezaban a pasar, si Kagome sí estaba formalizando algo con ese muchacho y por eso no se habían visto, ¿eso significaba que desde ese día en adelante siempre sería así? ¿Se distanciarían tanto? No, eso ya no le estaba gustando.
Miroku sonrió victorioso desde su lugar; aquella reacción había sido lo único que había estado esperando para confirmar sus sospechas. Sabía que había dejado a InuYasha con una crisis en ese momento, pero ni modo, él sólo se ahogaba en un vaso con agua.
—Bueno, me pondré muy feliz por ella —remató su discurso y empezó a prepararse para salir—. Hace años que no está en una relación, ya merece darse una oportunidad con alguien que parece que la quiere.
Taishō alzó la cabeza y ante esas palabras apenas pudo pestañear. Se quedó mudo, ni siquiera pudo reaccionar mientras lo veía irse, todo lo que supo cuando estuvo solo era que lo único que quería era verla.
Quería alarmantemente ver a Kagome.
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—¡¿Que apostaron qué?!
Estaba tan alarmada que se había puesto de pie rápidamente. No sabía si le alarmaba más el hecho de que sus amigos hubieran apostado respecto a sus sentimientos o si había sido tan obvia desde antes como para provocar una maldita apuesta.
—Tranquila, Ka —ella trató de sonreír, pero estaba nerviosa por cómo se lo había tomado. Quizás no había sido muy asertivo de su parte y entendía que no le podría caer bien en esos momentos.
—No, no, tranquila no, es que… —empezó a negar y a respirar errática. Se sentó de nuevo y dejó atrás el coraje por la apuesta, la verdad era que eso no era lo que realmente la alarmaba—. Dios mío, esto es grave.
Y sí que lo era. InuYasha había sido su cliente, se sentía casi como haberse enamorado del ex de su mejor amiga, se sentía de alguna manera traicionero, realmente no podía describir la sensación. Además, se suponía que le había ofrecido su amistad para que al final terminara simplemente así, diciendo que le gustaba. Pero lo peor no era eso, sino que sabía perfectamente que InuYasha todavía no había superado por completo lo de Kagura, era quien mejor conocía su estado, así que, incluso aunque todo lo anterior no fuera un problema, no podía pensar siquiera en seguir con esos sentimientos que no serían adecuadamente correspondidos y no podía y tampoco quería dañar la amistad que tenía con él que era más valiosa que una vana atracción romántica.
—Kagome, ambos son adultos, yo creo que es obvio que su atracción es mutua.
—No, no, Sango, qué dices —se tomó de las sienes y cerró los ojos—. Deberías ayudarme a dejar esto atrás, no querer animarme para que siga alimentado estos sentimientos —siempre había odiado que la gente dijera que los mejores amigos hombre/mujer no existían porque tarde o temprano terminaba en amor.
Y la vida acababa de darle tremenda bofetada convirtiéndola en todo lo que había odiado y jurado destruir. Se sentía como cualquier idiota baboso que no sabía ser amigo sin tener otro interés, ah, quería golpearse.
Sango suspiró y negó.
—No es que te anime, es solo que a mí sí me gustaría que estén juntos —se encogió de hombros y también adquirió un semblante serio—. Es lo que hay.
—Pues no —la azabache se puso de pie y recuperó la compostura, decidida—. ¿Y sabes qué? Ahora mismo voy a llamar a Dai, él también me gusta y desde antes que InuYasha, así que debería yo hacer algo grande con él —miró hacia el frente mientras se imaginaba todo lo que sería capaz de lograr. Tanaca empezó a negar, desaprobando por completo el plan—. Verás que sí. Y no le digas a Miroku, olvida esa estúpida apuesta —con un semblante tenso, la azabache abandonó el departamento de su mejor amiga sin siquiera mirar atrás.
La dejó ahí, con una sensación agria. Sango tampoco diría nada, aquella conversación no había sido nada productiva, ella no había querido escuchar razones y sin más se fue tomando una decisión terriblemente irresponsable no solo con ella misma, sino con el pobre Dai que la quería en serio. De todos modos le dejó un mensaje en WhatsApp que decía que pensara bien lo que iba a hacer.
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Acababa de saborear el postre y sintió que tocó el cielo con las manos, incluso se le olvidó por un momento que estaba tratando de ignorar los mensajes de InuYasha en WhatsApp y de que se había muerto de ganas por contestarle. Sentía que necesitaba una bofetada, un golpe de realidad para poner sus sentimientos en orden.
—¿Te gusta? —Volvió a tierra con la pregunta amable de su cita. Le sonreía con calidez, incluso la hizo sonrojar.
—Sí, está delicioso —le devolvió con el mismo ánimo después de volver a tierra. Quién sabe cuántas veces se había quedado en la nebulosa en lo que iba de esa cita.
Hubo un nuevo silencio prolongado en el que él ya no supo qué hacer para romperlo, pero sabía que tarde o temprano tendría que hablar. Kagome volvía a perderse entre sus pensamientos mientras fingía estar demasiado concentrada en su postre.
—Dos citas en una misma y semana y todas propuestas por ti, esto debe ser un milagro —se animó a decir con un tono bromista y genuinamente asombrado. Kagome alzó la mirada y de inmediato la culpa y la pena se adueñaron de ella—. ¿Te has peleado con tus amigos o… con InuYasha? —Eso último lo dijo con más cuidado, como tanteando el terreno.
—No, no, ¿por qué lo dices? —Pero ella sabía perfectamente por qué. Se sintió estúpida y miserable con ese simple comentario. Había dejado tan de lado sus salidas con Dai que para él era hasta apocalíptico que lo hubiera invitado a salir más de una vez en la misma semana.
¿Tan obvio era que estaba distanciada de InuYasha? Tal vez no había tomado la mejor decisión al salir con Hōjō, aunque no iba a negar que se sentía a gusto, él le gustaba y era amable y muy especial con ella, tampoco era que lo hacía obligada, sin embargo...
—Bueno, últimamente casi no salimos, pensé que hasta había dejado de interesarte —eso también lo dijo con una sonrisa un poco apenada, la verdad era que no quería armar un drama y verse como un idiota, pero ya estaba grande… ya estaba grande y sentía que las cosas con Kagome no tenían ningún futuro y le costaba soltarlo porque le gustaba, de verdad quería algo con ella, la soñaba.
La azabache se mordió los labios y cerró los ojos con fuerza, expuesta y avergonzada.
—Lo siento, he sido una cita horrible, ¿verdad? —Trató de sonreír y él también lo hizo. Apreciaba a Dai, de verdad.
—Sí, un poco, pero aún tengo esperanzas —vio cómo ella se enterneció y sin previo aviso cubrió con su mano la de él, haciéndole acelerar el corazón con ese simple gesto. Se le secó la garganta.
—De ahora en adelante, te hartarás de mis invitaciones.
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De alguna manera él también se había detenido en buscarla. Kagome se había ido de su departamento casi espantada, lo revivía cada día en ese mismo sillón y aunque se le hacía un hueco en el pecho al recordar su cara asustada, no podía hacer más que suspirar y seguir con lo que hacía. Le estaba dando tiempo, obviamente no siempre iban a estar así, pero la razón por la que no se movía más por verla era porque no quería incomodarla. ¿Y si se había asustado por cómo de repente se vio en sus brazos tan cerca por ese movimiento brusco que hizo? Incluso podría pensar que había sido a propósito.
Con lo que Miroku le había dicho en la mañana también se había quedado pensando. ¿Y si ella había tomado la decisión de formalizar algo con Hōjō? Él no podía hacer nada acerca de eso y era verdad que ella se merecía a alguien que la quisiera y cuidara como merecía. Era la mujer más… la mujer más increíble que había conocido y lo había ayudado como nadie tenía idea. ¿Por qué no desearle lo mejor?
Se separó del enorme ventanal que permitía una vista exquisita de la ciudad y suspiró, tenía las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Dejó el lugar para dirigirse a tomar una ducha, pero antes de eso, su celular empezó a sonar sobre la mesa de centro de la sala. Arrugó las cejas y tomó el móvil solo para notar que era un número desconocido.
¿Sería ella? ¿Kagome?
Sin esperar un segundo más, abrió la llamada.
—¿Hola?
Hubo un silencio corto y después escuchó cómo alguien carraspeaba para luego dejar escapar una ligera tos, como si estuviera con gripa. Arrugó más el entrecejo.
—…Hola, InuYasha.
Abrió los ojos lo más que pudo y su cara se tornó inmediatamente pálida. Sintió que el corazón se le desfasaba del cuerpo, no supo describir la sensación y como si el aire se hubiera detenido unos segundos, por fin pudo respirar para procesarlo.
—Kagura…
»
Ah, caray, la verdad es que pasé el bloqueo mas rápido de lo que pensé.
4 de mayo del 2023. Hola, mis preciosas lectoras, ¿cómo están? Yo espero que bien, muy contenta de haber leído sus comentarios y me sacaron muchísimas risas, en especial a quienes mencionaron que la escena anterior les recordaba a un dorama o a una novela turca porque sí, completamente tiene esas vibras. Me da mucha alegría que disfruten de esta historia, que sientan que les emociona, que es ligera, que es divertida y que es cotidiana y entretenida porque es justamente el objetivo de ella. En este capítulo vuelve a aparecer Kagura, aunque no sé si realmente esperan lo que va a suceder, yo creo que las cosas se ponen un poco serias aquí, pero de todos modos decirles que nos estamos acercando al momento de la verdad entre InuYasha y Kagome. Decirles que les mando un abrazo muy grande y muchísimas gracias por todos sus comentarios.
Un abrazo enorme a: Karii Taishō, Rodriguez Fuentes, Rosa Taisho, joiscar, , Benani0125, Marlenis Samudio, Annie Perez, Susanisa, Carli89, Paulina C Cun, Invitado, MegoKa y Tatiana Ocampo.
También quiero ofrecer una cálida bienvenida a: CherryCherryCheesee y Runarum, que espero que sigan disfrutando de la historia.
Nos leemos pronto.
