"Reencuentro(Parte Izuku)"
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Se pregunta cuántas veces ha visto la intangibilidad de su cuerpo cuando sus ojos pueden verse a sí mismo en un vacío acuoso que da a la nada. El fraccionado sentir lo precipita a regresar a la tangible morfología antes de pararse por el borde una azotea cualquiera. Es de noche. Las estrellas cubren el cielo nocturno en un filo manto de belleza etérea. Sus ojos grises ven la creciente luna formarse y la luz que despide refleja una blancura solemne, del color de los huesos.
Pasaron varias semanas para tomarse en serio su trabajo; su verdadero trabajo. Pues había evadido sus responsabilidades por estar con Katsuki. Kacchan. Como le dice desde la infancia.
Katsuki es su pareja, su novio. Aún no procesa que éste corresponde su amor, luego de meses de pensárselo lo suficiente como para tener intenciones de regresar de la vida en el campo.
Ve la ciudad nocturna iluminarse en diferentes matices con luces blancas, amarillas, cobrizas, rojizas. Buscando entre los colores, un ente verde.
Mientras divaga en su morfología diáfana, recorre con la mirada las calles, pese a que su mente sin querer, lo devuelve a la antesala de la noche anterior. No puede creer que pasó la noche a lado de Katsuki. O sea, no puede creer que le permitiera tener el privilegio de abrazarlo, besarlo, compartir el roce de sus pieles, fusionarse en uno solo. Creyó que eso estaba en las más raras oportunidades de experimentar y no estuvo en lo erróneo cuando al percatarse de que, en efecto, éste le pidió perderse bajo el manto de las sábanas, no dudó en aceptarlo tras su evidente asombro.
Sentir el contacto de Katsuki debajo de él, retorciéndose, gimiendo su nombre, agarrándose de su antebrazo, hundirse en su recóndita esencia. Sus mejillas se sonrojan al revivir los eventos de la pasada noche y reconoce cuán asustado estaba de que su sentido fantasmal le advirtiera que había uno de ellos cerca al tener a Katsuki entre sus brazos, piel con piel, aliento con aliento, ojos mirándose fijamente sin soltarse, sin desprender el contacto. Y por poco se olvida del por qué está ahí. La voz de Gentle lo saca de sus cavilaciones, al momento en que le avisa que ha visto una ráfaga verde pasar fugazmente por la calle Ekou, a lo que Izuku rápidamente se lanza al vacío.
—Te copio—Responde tras el comunicador.
—Se ha pasado por la calle 2— Anuncia. —La brava te pasará las coordenadas. Dile.
Izuku desaparece sus piernas apareciendo de la cintura para abajo una cola fantasmagórica que opaca el aspecto inhumano. Sus cabellos grises revolotean haciéndose hacia atrás, sus pecas desparecidas adoran una aura misteriosa en el fulgor innegable de sus enigmáticos ojos. Vuela por los edificios en busca de la calle Ekou.
—Calle Ekou, 2-10— Informa La brava, oyéndose teclear del otro lado. Quien seguramente ingresó a las cámaras de seguridad de la zona con la intención de averiguar el paradero del fantasma que llevan algunas semanas poniendo en pausa, más por los sentimientos intensos de Izuku, que por otra cosa. Sus secuaces lo presionaban a seguirle el rastro al ente espectral, mas la necedad de Izuku por reafirmar la relación construida con sudor y lágrimas con Katsuki suponía algo más importante que su otro trabajo. Funcionó de miles de maneras reforzar el vínculo con el rubio, puesto a que terminaron enredados en las sábanas, tocándose en la manera más íntima posible. Y eso no lo cambiaría por nada, ni por esa condición que lleva adoptando desde los catorce.
—Entendido.
—Lo he visto— Exclama Gentle. —Es un espectro alargado, muy diferente al anterior que capturamos. Parece ser que intenta poseer a quien sea que se le aparezca. Me mantengo oculto, gracias a mi poder, pero no creo poderlo afrontar.
—Ni se te ocurra, Gentle—Advierte La brava. —Midoriya no puede estarte salvando cada vez que te lanzas a un fantasma.
—No te preocupes. Es el mismo método de separación— Respinga Gentle.
—Chicos, tranquilos— Calma Izuku. —Estoy a punto de llegar.
—Y yo que creí que Midoriya había mejorado su velocidad, es tan lento— Mofa su secuaz. Izuku frunce el entrecejo, a sabiendas de que el humor de Gentle es de esa forma. En esos instantes, le resulta un poco fuera de lugar.
—Es lento, porque se le ha pasado con su Kacchan— Alardea La brava sin un ápice de vergüenza. —Apenas puede entrenar. Los fantasmas pronto saldrán del portal y tendrás que regresarlos. Cuántas veces he dicho que debemos reforzar el portal. Está demasiado frágil todavía.
—Muchas—Reafirma Izuku. Acaba de llegar al lugar. Se planta firmemente en el techo de los condominios o edificios. Lo que sea. Y ve a un espectro fantasmal de infranqueable valor, pues su forma alargada y espigada denotan a una persona que seguramente fue demasiado alta. Reconoce el "fantástico" escondite de Gentle detrás de un cubo de basura, y no se sorprende por encontrarlo ahí, mas le extraña la ceguedad del fantasma al no ubicarlo. No obstante, dilucida que el espectro anda rondando el estrecho callejón en busca de una persona por poseer.
Materializarse, es el término. Se ha topado con un sinfín de espectros ansiosos por materializarse. Ser tangibles al ojo humano. Que los reconozcan. A Izuku esto le parece un poco soso, pese a que en un principio detestaba su condición.
En cuanto el fantasma lo atisba desde abajo, su gesto apurado se retuerce a uno de ira.
—¡Tú!—Lo señala.
Izuku alza la barbilla, prepotente. Debe mostrar su temple ante otros seres como él cuando los enfrenta cara a cara. Se lanza a una velocidad supersónica y le asesta un golpe en la cara picuda, haciéndolo retroceder.
—Buen golpe, Midoriya—Alaba Gentle con fingido asombro.
Izuku asiente sin dar espacio a siguiera hablar. El fantasma ríe, es un ruido estridente. Izuku quiere taparse los oídos pues quedará sordo con tanta histeria consumiendo el oxígeno que no respiran los fantasmas. Gentle se tapa las orejas y emite un quejido al unísono de La brava, quien chilla ante la aberración de semejante alarido.
Las ondas fantasmales emitidas del grito fantasmal, es un poder que pocos espectros pueden obtener y sobre todo, hacer uso de el, pues es sumamente complicado de dominar, aun cuando los fantasmas pueden emitir ruidos producidos por ondas espectrales.
—¡Cállalo!—La escucha chillar.
—No puedo hacer eso. ¡Rayos!— Replica Izuku con una mueca de dolor. Ni sus manos que tapan sus oídos pueden bloquear el ruido penetrándolo. Emprende el vuelo hacia el fantasma y le asesta una patada en la quijada, aún con las manos en los oídos, asimismo callando el grito. Izuku está desorientado, atontado, recuperándose de la energía desgastada..
No obstante, el celular le empieza a sonar desde el pantalón del traje.
—¿No apagaste tu celular?— Queja Gentle.
—¡Lo siento! No sabía que me llamarían. No soy alguien tan importante para que me estén llamando a esta hora— Flota arriba del punto focal de su contrincante y cuando se inclina a darle un puñetazo, éste lo agarra de su cola y lo lanza a la pared de ladrillos. El oxígeno se le escapa de los pulmones, siente el dolor punzante lacerarle la espalda.
El celular vuelve a sonar y esta vez lo saca del bolsillo. Es Katsuki. «Kacchan» dice el contacto. No puede ser. Le mencionó a Katsuki que no lo buscara en el trabajo.
Izuku desaparece la cola de su miembro inferior y lo sustituye por piernas. El fantasma estrecha la mano para atrapar una de sus piernas, mas Izuku omite el espacio de sus piernas por un hueco vacío. Sin nada.
El celular sigue sonando. Es un grave distractor. Decide atender la llamada, pese a abalanzarse sobre el fantasma y sostenerlo por el cuello con la presión de su mano.
—Kacchan. Estoy ocupado.
—¿Para qué carajos contestas?— Sisea Gentle. —Estás en medio de una pelea.
Izuku mira hacia el cubo de basura y le hace cara de «ya lo sé», mientras el fantasma se retuerce bajo él.
—Estoy fuera de tu oficina— Comenta Katsuki en tono demandante. —Sal. Te estoy esperando.
—No estoy en el trabajo.
—¿Y tampoco en tu departamento?
El fantasma se desaparece de su agarre, atento, mira por dónde puede aparecer el espectro, en lo que oye la regata de Katsuki por no encontrarlo en su trabajo, pese a que estuvo esperándolo una buena media hora.
Izuku aprieta los labios con un sentimiento de impotencia.
De pronto, un golpe en la barbilla lo avienta hacia atrás en medio de la retahíla de Katsuki. Izuku balancea su vuelo en el aire, a la altura del techo de los edificios.
—¿Qué fue ese ruido?
Con lo perceptivo que es Katsuki, no dejará esto pasar, aunque le diga que fue nada. Decirle «nada» es obvio que hay algo. Y Katsuki no soltará el peso de un «nada» por su parte.
—Estoy corriendo.
Es la mejor excusa que puede conjurar. Lo primero que su mente crea para aventar con su voz.
—¿Corriendo?— La extrañeza le da otro tinte a su tono.
—Sí, corriendo— Le asesta de golpes al fantasma en cuanto vuela hacia abajo. El fantasma se ríe ante la falla sucesiva de puñetazos tirados al aire despidiendo unas ráfagas potentes del mismo.
—No parece. Deku, no mientas. ¿Dónde carajos estás?
«¡En una pelea con un fantasma! Uno de tantos que me faltan regresar al portal»
El fantasma lo agarra del cuello y lo estrella contra el pavimento frío. Izuku siente su garganta tentarlo a emitir un ruido de desaire.
—¿Qué fue eso?
—Kacchan, espera— Su voz sale apretada; el espectro con sus fibras verdes fluorescentes alumbran el oscuro callejón con una totalidad entrañable. Izuku puede atinar en que ese desliz de su parte le saldrá caro, puesto a que Katsuki menos soltará el hecho de oírlo a punto de quejarse. —Estoy ocupado.
—Eres un tonto, Midoriya— Brama La brava. —Cuelga el teléfono.
—Eres un fantasma. Desaparece— Obvia Gentle.
«¡Cierto!»
Hace su cuerpo invisible y traspasa el suelo, sintiendo la presión en su cuello evaporarse en segundos. La luz, el verde, las voces se disuelven por unos instantes en que solo oye la voz de Katsuki exigirle una explicación a la obviedad de estarle ocultando algo.
«Te oculto más cosas que esto, Kacchan. Tantas cosas que apenas me alcanzaría el tiempo para explicártelas. Es mejor que no sepas nada»
—Deku, ¿Me estás escuchando? ¡Contesta, maldita sea!
—Persigo a un villano, Kacchan— Revela, pese a la indolencia que esto el genera. Prefiere mantener este secreto, esta doble vida, que decirle a Kacchan el mar de cosas que le ocurrieron desde el día en que le sugirió aventarse de la azotea y que conoció a All Might. Todo se descarriló a partir de ese día, ese momento, y que a partir de despertar tras el brutal incidente que lo marcó. Prefirió mudarse a donde nadie viera la anomalía que él se había convertido.
Sin embargo, tras regresar a la capital y encontrarse con Katsuki sus sentimientos por él desbordaron; y con ello, privándolo de llevar esta doble vida con mayor facilidad.
—¿Hah?— Exhala bruscamente. —¿Persiguiendo un villano? Deku, no eres un héroe. Dime dónde estás para patearle el trasero.
«Puedo con esto» Sale disparado del subsuelo, topándose con el fantasma, quien para esas instancias iba tras su secuaz, que, sin poder hacer mucho para contrarrestar la ira de semejante figura espectral, hacía uso de su poder esquivando sus golpes, saltando de pared en pared, hasta llegar al techo. Izuku lo ve por una fracción de segundo y se siente aliviado. No obstante, en su ligera distracción el fantasma lo ubica y le asesta una rotunda ráfaga de aire con un puñetazo directo a su abdomen, que lo manda disparado en reversa, siendo recibido por una ventana de vidrio, que se destruye al instante en que hace contacto con su espalda.
Ahora sí está perdido.
Katsuki logra escuchar el sonido de su cuerpo impactar contra el vidrio y es claro que se preocupa.
Izuku rueda por el piso del complejo departamental sin soltar el celular. La voz de Katsuki lo mantiene al tanto de que hay decisiones que no debió de hacer. En este caso, atender la llamada.
—¡Deku!¿Qué pasó? ¡Contesta! ¿En qué parte estás?
La sangre verde ciega su párpado derecho. Arde. Punza. Un descuido así de sencillo es algo que no se permitiría cargar con la experiencia que lleva. Katsuki está corriendo, lo sabe porque oye su respiración cambiar.
No quiere preocupar a Katsuki.
—Calle Ekou 2-10— Responde.
—¡Más te vale no moverte de ahí! ¡Voy en camino!— Surgen los sonidos de explosiones. Katsuki se dirige allí, no tardará en llegar. Izuku cuelga la llamada.
El trayecto de su sangre verde coagula y pronto cierra. Sale volando de la habitación, sintiendo el grave sentimiento de frustración consumirle al percatarse que el fantasma al que perseguía se había ido. Quizá ya encontraría a quién poseer en esas instancias.
Esa posibilidad aplasta su motivación.
Gentle interrumpe la atmósfera desmotivada de Izuku, cuestionándole el por qué no capturó a un fantasma tan fácil. Y qué decir de La brava que se quejaba del posible caos que se desencadenaría en el portal si no regresan a todos los fantasmas que se escaparon el día del accidente. Apenas pueden contenerlos en la cápsula que buscaron crear con un ingeniero experto en los espectros; y el que diseñó los comunicadores que llevan, pues en Izuku no funcionan los comunicadores para los mortales comunes. Es como su propio patrocinador, les crea los artefactos de lucha de mortales para con los espectros fantasmales.
Llevan años tratando de reconstruir el portal que se destruyó. Las cenizas es lo único que quedan.
—Kacchan—Musita Izuku, apurado. —Viene para acá.
—Ahh, mira.— Exhala Gentle, con fingido asombro, pese a que en su tono y su semblante luce decepcionado con él. —Tu noviecito viene para acá. ¿Y qué sugieres que hagamos? No podemos desaparecer. Al menos La brava está fuera de nuestra vista y tu—Lo señala con el dedo índice. —Sigues en modo fantasma. ¿Y yo? Que me explote con sus palmas, ¿No? ¡Pobre de mi! ¿Qué será de mi fama la de mis videos?—Hace ademán dramático.
Izuku esboza una cara de «no seas tan dramático», que conforma parte del diálogo implícito que circula entre ellos, por la confianza.
—Hay que aprovechar la oportunidad de maquillarte antes de que llegue tu noviecito— Sugiere Gentle.
Izuku frunce las cejas, confundido.
—Transfórmate— Le dice. —Te dejaré el ojo morado para que sea más creíble que perseguiste a un temible villano
—Ahh, ya veo.
—No te vayas a pasar, Gentle—Advierte La brava. —No lo dejes como la otra vez. Midoriya apenas podía mantenerse en pie.
—Esa vez no hacía uso de sus poderes. Lo que significa que sin ellos— Lo mira extravagante. —No puede hacer mucho.
—Seguramente, Gentle. Y sin él, no tuviéramos este trabajo y aún seguiríamos en la cárcel por intentar irrumpir la U.A esa vez.
Mientras intercambiaban opiniones sobre si con o sin sus poderes no puede hacer la gran cosa, Izuku se transformó de regreso a su forma humana. Sus shorts, su playera y tenis rojos ordinarios resaltaron su impecable aspecto casual de cualquier otro mortal circulando las calles niponas a la hora que sea.
Gentle al verlo en su forma humana le asestó un rotundo golpe que amortiguó en su cráneo y cayó resuelto de una sentada. Izuku soltó un quejido, llevándose una mano a cubrir la zona del golpe. Puede sentir el frío de su sangre brotar del raspón originado por el golpe.
—¡Gentle! Eso fue muy rudo.
—Tranquila, La brava. Esto no es nada. Fue un simple golpe bastante convincente. Cualquiera que lo viera pensaría que fue atacado. Y yo que soy tan pacifista es lo único que puedo hacer para hacerte ver tan siquiera un poco creíble, muchacho.
—No seas tan tosco— Arguye ella.
—No pasa nada— Asegura Izuku, aún sobándose la zona del impacto.
—Probemos con otra cosa—Sugiere ella.
—¿Qué otra cosa?—Interroga Gentle. —¿Otro golpe?
—No—Niega. —Con esto— Y lanza algo que parece ser un objeto rectangular que se estrella con su cara. Izuku gimotea del dolor, notando que aquello que tiró fue su valiosa computadora prácticamente indestructible a los golpes y, claramente a las caídas.
Gentle agarra a Izuku de la playera y lo alza para ver si la computadora hizo un buen trabajo en hacerlo lucir convincente de haber sido maltratado por villanos. Sangre salía de los orificios de su nariz y un corte superficial en su frente. Le dedica una mirada complacida, a la par que un grito los sobresalta de sus posiciones.
—¡Oi!—Es Katsuki. Ha llegado donde están ellos. —¡Suéltalo!
«¡Oh no!» Exclama en terror.
Gentle lo suelta, dejándolo caer. Katsuki estira las manos y una explosión fija sale de sus manos tratando de derribarlo, pues usara en su totalidad la potencia de su AP shoot penetraría el cuerpo de su secuaz y dejando un agujero en el centro.
—Huye— Murmura Izuku con una nota de urgencia. A lo que ve que asiente y salta rumbo al techo, esquivando las explosiones originadas de su novio. Izuku sólo ve sin poder hacer nada, pues claramente no puede intervenir, ya que si lo hace, su identidad se revelará.
Izuku no quiero eso. Así que se limita a observar cómo salen huyendo sus amigos íntimos, asimismo apagando el comunicador por razones de seguridad; al mismo tiempo en que Izuku saca el aparato y lo mete en los bolsillos del short. Luego emite un sonido de queja, que espabila a Katsuki de un posible enfrentamiento.
—¡Deku! ¿Estás loco? Por qué carajos persigues a un villano si no tienes quirk. Es estúpido. Me hubieras llamado, idiota. Para qué están los héroes—Dice eso mientras coloca su brazo alrededor de su cintura y lo levanta (aunque no lo necesita), y otra la pasa alrededor sus hombros.
—Pensaba que podía hacerlo solo.
—Claro que no puedes hacerlo solo—Gruñe. —¿Qué hacías metido ahí?
—Vi que molestaban a alguien y creí que podía, lo intenté pero no terminó bien— Lo dice con una nota de recordatorio hacia sí mismo, por la ineptitud de dejar a un ejemplar escapar tan fácil.
Katsuki lo lleva a su departamento, donde posteriormente lo cura en contra de las protestas de Izuku de que está bien, pese a que Katsuki no acepta un torpe «estoy bien, Kacchan» de su parte, puesto a que el alcohol etílico y las gasas se inmiscuyeron en su sangre y su piel. Una vez curado, Katsuki lo arrastró hasta su cama, sitio donde le ordenó a que pasara la noche.
Izuku sabe que Katsuki se preocupa por él. Y mucho. No niega que lo agradece y que se siente querido por éste, pero le mortifica más inmiscuirlo en la vida que carga por decisión propia, pues bien pudo haber buscado la solución de regresar a la normalidad con el ingeniero Hatsume. Es demasiado peligro, contraproducente, meter a su pareja que es un excelente héroe en un mundo donde él reside como un ente espectral que bien puede pertenecer en un punto y a parte, ya que en su condición sabe que no es aceptado en ninguno de los dos mundos.
En el mundo de los fantasmas lo ven como un fenómeno y en el de los humanos lo verían como una anomalía. En ambos contextos no puede refutarles, ni reprocharles nada. Ni el más mínimo detalle. Sin embargo, cuando tiene los ojos de Katsuki viéndolo, pierde la noción de sus movimientos, al unir sus labios con los suyos y envolverse en el regocijo de sus brazos.
Estando así, no quiere pensar en nada más. Ni quejarse por el día en que esos científicos de dudosos aspectos lo atraparon debajo de un puente a la luz del día(diciendo que necesitaban a un sin quirk de "voluntario"), lo obligaron a formar parte de un experimento que no estaba al tanto de para qué o qué fin tenía, pero forzosamente tuvo que cooperar con ellos por mantenerse vivo, pues nadie podía saber de lo que ellos planeaban hacer con el túnel que habían construido. No puede quejarse por haberse puesto el traje de hule, a prueba de químicos, meterse en el portal sin funcionar, teniendo una visión del túnel envuelto por una oscuridad inminente que lo arropaba. El portal encapsulaba bastante bien el sonido de afuera, porque apenas podía oír las preguntas de los científicos, que aparentemente tampoco tenían una particularidad.
Asimismo, Izuku se mostró renuente a seguir caminando.
—¡Oi, chico!¿Ves algo?
—Presiona el botón de encendido.
—No le digas eso, idiota.
—¿Por qué no? Tenemos que ver si prende o no.
—No pasará nada si lo enciende. De todas maneras no funciona esa inútil carcacha de portal.
«¿Portal?» Pensaba aterrado ante la posibilidad de participar en algo que posiblemente sería peligroso. A sus catorce años temía por su vida y la de los demás civiles si este supuesto portal dañaría a otras personas. Ensimismado en su terror y murmurando para sí, no se fijó el momento en que estiró su mano para mantener el equilibrio de sus movimientos nerviosos a una sección del túnel, picando el botón verde de encendido, asimismo desencadenando una reacción que ni los científicos de afuera contemplaron.
La explosión detonó un ardor palpitante laceró sus extremidades, sus huesos, su piel, su entero cuerpo quemaba en un clamor que ni sus gritos acallaron. Una lluvia de partículas verdes lo abrazó sin piedad, hundiéndolo en la más insólita oscuridad.
Al despertar, vio el cuarto de experimentos absolutamente acabado. Cenizas de lo que momentos antes de ingresar había sido el portal sin funcionar. Recuerda el miedo que lo embargó cuando la policía arribó y los bomberos a causa de la explosión. Izuku no sabía qué tan grande fue el impacto de la explosión para que hubieran tantas personas desplazadas en la parte de afuera. Quiso avisar que él era el único que estaba ahí abandonado, mas el temor de saber por qué había sobrevivido a una explosión sin una particularidad. Su razonamiento se encendió hilando lo que ocurrió con la destreza de poderse mover de un brutal accidente. Mientras abraza a Katsuki, metiendo sus dedos uno a uno por debajo de su playera sin mangas y sentirlo estremecer, aviva el fuego de ese episodio y el sentimiento devastador que tuvo al verse en el espejo de un vidrio roto del cuarto y observar, pero de veras observar la dura transformación de su cuerpo. Los ojos grises con irises brillantes, el pelo gris sedoso y rizado, sus pecas desaparecidas, su piel tan blanca como el papel, el traje antes blanco era negro. Puso su mano en el espejo y otra en su rostro, palpando el sitio donde deberían haber pecas.
Su piel se funde con la de Katsuki, atisbando los pequeños temblores de su cuerpo al estremecerse.
Oye los suspiros escapar de su boca clamando su nombre, y por un momento su cerebro hace cortocircuito ante la pasión que borbotea en sus venas enfebrecidas por el deseo de tocar su piel, su alma, sentir el fragmento de su corazón latir, sentirlo aferrarse a él con sus brazos.
Por un segundo olvida lo que es, el terror que surcó en él cuando las sirenas de la policía lo sacaron de su trance. Salió corriendo por la salida trasera notando que no se cansaba con el ritmo veloz. Sin preguntarse más, corrió pasando calle tras calle tras calle hasta llegar a la calle de su casa y situarse en el patio de la entrada de la misma.
Se dijo cómo puede entrar a su casa luciendo así. Su madre se preocupará y él no tenía explicaciones para hacerle ver a su madre que el resultado de su apariencia fue por dos extraños que lo capturaron en su regreso a casa. Extraños que ni sabía cómo encontrar. Izuku temía por la posible reacción de su madre, mas sabía que no podía huir si así lo quisiera. Entonces entró.
Si las cosas no se habían complicado lo suficiente, cuando su madre vio su condición el resto se fue por la borda. A los pocos días se fue a las afueras de la ciudad y tomó el tren que lo llevó a una zona rural donde pudiera desarrollar sus poderes de mejor manera, puesto a que en los primeros días de la transformación con dificultades podía lidiar con el asunto de estar siendo arrastrado por la gravedad, o que sus piernas se esfumaran, o que terminara flotando sin razón alguna en los interiores de la casa.
Durante esos días su madre no lograba entender cómo es que Izuku había adoptado esa forma, a lo que él expresaba que no tenía respuesta para eso. Su madre lloró y lloró ante la idea de que su hijo era un fantasma, lo que significaba que estaba muerto.
A los pocos días de verla llorar excesivamente, descubrió que podía transformarse de regreso a su cuerpo humano, mediante suma concentración de recuperar su forma original, lo cual sumó a su teoría de que no estaba muerto en su totalidad, sino parcialmente.
Cuando surgió la explosión sintió que moría, y que al hacerlo, su alma se rehusaba a abandonar su cuerpo, por lo que una mitad suya murió ese día y la otra mitad seguía con vida. Nunca había pasado algo así desde que las personas empezaron a nacer con poderes.
Izuku temía por que las autoridades quisieran capturarlo por su condición, además de que aún no podía controlar sus poderes, y tampoco podía asistir a la escuela, pues terminaría causando un revuelo por flotar en el salón o peor aún, que sus extremidades desaparezcan.
Así que con dolor y pesar, partió de su hogar a la semana de haber adquirido sus poderes y emprendió un viaje hacia la zona rural más alejada que pudo encontrar llevándose a su madre consigo, ya que ella no lo quería dejar lidiar con eso solo.
Izuku está profundamente agradecido por que no pasó esos instantes de su vida tan caótica, solo. Alza la playera sin mangas de Katsuki y coloca sus labios rosados en su piel. Es tan suave, tan lisa, se ablanda conforme pasea sus labios humedecidos en las texturas perladas de su dermis.
—Deku, necesitas descansar. Estás herido— Recalca Katsuki, enterrando las uñas en sus hombros. Su quijada caída deja permear el aire con el húmedo aliento que escapa de su boca.
—Estoy bien, Kacchan.
—No, no estás…bien—Izuku planta sus labios en su cadera y lame la piel como si quisiera asegurarle a Katsuki, o a sí mismo que pese a su dura historia, aún puede sentir la piel de otra persona, que puede fundirse en ella.—Izuku…— Pronuncia su nombre con una nota de necesidad, de urgencia. E Izuku muerde. Katsuki cae en su regazo, abrazándose por su querida vida ante la presión abrasadora de sus labios sobre su piel. Rojo se encuentra con verde, carmín y jade.
—Déjame tocarte más—Pide Izuku.
—¿No lo estás haciendo ahorita?
Izuku sonríe.
—Cierto—Reconoce.
Izuku inclina su cabeza en la curvatura de su cuello. Aspira el aroma a caramelo que desprende su quirk. Desde que Katsuki descubrió su poder a los 4 años empezó a oler de esa manera. Es un aroma que nunca ha cambiado desde entonces. Se ha vuelto tan característico de éste como él de ser mitad fantasma.
Ve las marcas de sus mordidas arraigadas en su piel y quiere llorar por que puede dejar huella de su existencia en el cuerpo de su amado.
En muchas ocasiones siente que va a desaparecer en cualquier momento sin dejar rastro de que siquiera estuvo ahí y el terror lo invade. Por eso quiere dejar su marca en Katsuki, no para denotar que Katsuki es suyo, sino para afirmarse a sí mismo que él puede dejar un rastro de que es la pareja de Katsuki.
Es su forma de decirle a Katsuki que lo ama, de hacerle saber que está ahí y que no lo dejará, a menos que éste se lo pida.
Besa los sitios donde yacen sus marcas y siente a Katsuki temblar.
—Deku—Suelta con mayor facilidad que momentos atrás en que su voz se veía arrastrada por sus cuerdas vocales. —¿Qué pasa contigo ahora? Parecías un muerto cuando te traje.
Izuku frunce el entrecejo y retira sus brazos que sujetan la cintura de Katsuki, quien lo ojea extrañado con su actitud.
—Paremos aquí— Musita Izuku, resignado.
—¿Qué pasa contigo, Deku? Sólo fue un tonto comentario—Bufa. Sus mejillas aún siguen teñidas por el rojo clavel macerando sus pómulos.
—Ya estoy cansado, Kacchan.
—Hm— Gruñe sin creerle. —¿Cansado, dices?—Una sonrisa pícara surge en sus labios e Izuku sabe que cuando tenga a Katsuki encima de él con sus manos entrelazadas y sus muslos apresando los suyos no podrá huir. —No te dejaré escapar tan fácilmente.
Katsuki se inclina a besar su cuello, como si con eso no fuera suficiente para volverlo loco con su tacto. Sus labios carnosos se incrustan suaves a su piel, encajando cual rompecabezas completando sus huecos.
Su sangre se despilfarra por doquier, su corazón sangrante late con el fervor de un volcán en erupción, los pálidos recovecos de su piel se encienden cual cúmulos de adrenalina despertarlo.
Katsuki deja un recorrido de besos por su cuello e Izuku se estremece, jadea el nombre de Katsuki a viva voz, sin pudor. Su pecho vibra, sus terminaciones nerviosas resaltan de sobremanera.
Katsuki se separa y sonríe preso de una alegría acogedora. Muestra sus dientes de depredador e Izuku entiende lo rendido que está a la tempestad de Katsuki.
—Esta vez, dejaré mi marca en ti— Dice. Izuku abre los ojos.
¿Qué va a hacer?.
Y Katsuki baja a estrellar sus labios en su cuello y muerde. Izuku gimotea, apretando sus palmas en sus caderas. Katsuki gruñe, pero eso no lo limita a encajar sus dientes en su piel.
—Kacchan…
—Ahora estamos a mano— Manifiesta tras dejar su huella enmarcada en su cuerpo. Espera que cuando se transforme esa marca no desparezca.
«No digas eso, Kacchan. Yo soy el que está a mano contigo por aceptarme en tu vida»
—Maldición— Sisea. —Eres tan jodidamente adorable, estúpido— Un furioso sonrojo adorna sus mejillas y el corazón de Izuku da un vuelco. Katsuki pone ambas manos en las mejillas de Izuku con fuerza en su agarre, y lo besa.
Izuku apresa la textura adiposa de sus caderas, las masajea entre sus palmas diestras. No quiere soltarlo, pero tiene. Debe hacerlo si no quiere jugar con su suerte. La poca que tiene si es que tiene.
Se quedan entrelazados con el otro, besándose. Izuku se puede enredar en sus labios, sus brazos, sus ojos, sus dedos, su piel. No le basta con ser un mitad fantasma y mitad humano, o ser simplemente un humano común y corriente. Sabe que no le bastará con los años separados o con los besos que se apilan entre ellos.
Sabe que le bastará con resguardar su doble identidad, pues con eso podrá protegerlo siempre de los peligros que sucumben a las almas como su espíritu flotando entre dos dimensiones.
Lo piensa con mayor profundidad mientras está de duermevela con Katsuki durmiendo en sus brazos. Ve su cabellera rubia entremezclarse con la luz de la noche en un rubio plateado, sus pestañas alargadas acariciar sus pómulos, sus labios cerrados, sus manos descansando en su pecho.
Aprieta su agarre, resoluto a que navegará por las adversidades de la ciudad con tal de capturar a los demás que usurpen a los mortales.
Es lo único que puede hacer.
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NOTA: Este capítulo borrador está basado en "Danny Phantom" una de las caricaturas que más me ha gustado y que el concepto adoptado en la serie sea tan interesante, y pensaba que podía aplicarlo en otro contexto. Me llamaba la atención para tenerlo como un fic separado de ser un one-shot.
¿Ustedes qué opinan?
