"Confesión en una noche de borrachera"

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Cargar con el peso de otra persona supone un casual afrontamiento con su rival de años. Ve el cariz de la noche titilar con la intensidad de las estrellas reflejarse nítidas desde su posición. El rubio lleva su cabeza recargada en su hombro, siente el desliz de sus mechones rozar con su piel, a su vez, que el viento se pasea vagamente por los espacios expuestos de su dermis. La respiración ajena se disuelve al instante en que hacen contacto con el aire fresco de la noche de abril.

Izuku había ido a la fiesta del cumpleaños de Kacchan. Le pareció extraño que lo hubieran invitado, y más, viniendo del propio rubio, que aunque fueran considerados rivales, incluso tras terminar la preparatoria, se seguían considerando rivales; y, como tal, Izuku respetaba la distancia impuesta por Kacchan. Jamás cruzaría los límites puestos por él, ni en sus más alocados sueños. Sueños que no ha tenido, se reitera.

Cuando vio la invitación reprimió un soplo de asombro, pues nunca ha sido invitado a una fiesta de Kacchan, ni cuando fueron niños tuvo la oportunidad de vivir la experiencia. Kacchan lo odiaba en aquel entonces, por razones que aclararon en el pasado, y que ahora no lo retuvieron de aceptar ir a la fiesta que dio la casualidad que fue Kirishima quien lo invitó. Kacchan no sabía. Y grande fue la sorpresa que se llevó el rubio al verlo entrar al bar con una playera holgada, una chamarra bastante simplona para cubrirlo del frío, shorts del color de los vaqueros azules y sus característicos tenis rojos.

Kacchan se enfureció al verlo, luciendo algo agitado, bajo el marfil de su presencia—un detalle demasiado extraño, pues Kacchan no mostraba un grado notorio de emoción al estar con él—, a lo que atribuyó a que llevaban varios meses sin estar en contacto con el otro. El trabajo de héroe es pesado, sí, lo mantenía alejado de quienes apreciaba, en caso de Kacchan, de quien admiraba.

Aún con veintiocho años no para de admirarlo, ni de perseguirlo. Haciendo un especial énfasis en perseguirlo, porque Kacchan es su imagen de la victoria. Es algo que con los años no ha cambiado, ni un poquito.

Pasa su brazo alrededor de la cintura del rubio y se ruboriza al segundo que transcurre por las manecillas de un reloj ficticio sucumbir a la sensación caliente de tocarlo, pese a saber que Kacchan detesta que lo toquen, pero al sentirlo trastabillar, buscó estabilizarlo. Una exhalación patidifusa escapa sus labios al percatarse cuán pequeña es la cintura de Kacchan. Puede rodearla con un tercio de su brazo y aun así sobrarle lugar. Se dice que pudiera cargarlo, pero prefería hacerlo caminar, pensando que evita hacerlo ceder al sueño vicioso.

Siente a Kacchan estremecerse bajo su brazo e intenta zafarse de su contacto, mas se sorprende que Kacchan se recueste más a su costado, y suelte un suspiro de regocijo que confirma a Izuku que sostenerlo no fue una mala opción.

Por suerte, Kaminari le pasó la dirección del departamento de Kacchan, además de ser quien le sugirió llevarse al rubio, pues nadie quería hacerlo. Izuku, al no tener pareja, o nada que hacer después de la fiesta, aceptó tomar la responsabilidad de llevarlo.

Por alguna razón, Kacchan se emborrachó, siendo que jamás lo había visto tomar. ¿Será acaso que se animó a beber alcohol por ser su cumpleaños? Le costaba creer esa lógica, ya que Kacchan cuidaba su salud por su labor de héroe.

Las razones que haya tenido el rubio para tomar esa decisión no deberían concernirle, pero aun así, le concernían, porque se trataba de él, de su amistad, su rivalidad, de los años de conocerse.

Llegó al departamento de Kacchan. Residía en un complejo departamental bastante sobrio, unos intrincadas enredaderas se entretejían en las columnas que daban ingreso al complejo, dándole un efecto excéntrico. Izuku suspiró maravillado con las diferentes flores que arraigaban en la penumbra de las columnas, pues la oscuridad y la luz de la luna reflejaba por colores cobre, rojo, amarillo, azul. El cariz lo abrumaba, o quizás el calor de Kacchan en su costado lo abrumaba también.

Ingresó la llave en la cerradura dorada y al moverla, el cierre hizo clic. Izuku entró con Kacchan colgando de él y lo depositó en el escalón de la entrada. El cuerpo de Kacchan se inclinó en la pared, mientras Izuku fue a cerrar la puerta con seguro y suspiraba por la carga, los miles de pensamientos que pasaron por su cabeza sobre él y su bienestar, por la preocupación que suele tener por él y que esto resulte en que se enfade porque no le gusta que se preocupen por él. Sabe que no le gusta tener gente cerca, que no le agrada que lo toquen, ni que le hablen con suavidad, ni que intenten tirar sus barreras. Izuku es consciente de la distancia que el rubio le ha impuesto por años, y que él respetaba sin rechistar. No cuestionaba los motivos del rubio, ni aunque quisiera saberlos.

Lo ve y nota las pestañas largas abanicar su rostro, rozando ligeramente sus pómulos remarcados por un agradable color rosado.

Oye a Kacchan quejarse y de pronto, abrir levemente los párpados.

—Kacchan— Pronuncia Izuku al acercársele con gran sigilo para no molestarlo.

—¿Dónde estoy?Carajo—Su voz se oía ronca debido al alcohol.

—En tu departamento. Yo te traje. Puedes descansar—Izuku se asegura de que su voz salga calmada, porque no quiere ahuyentarlo, o que se alarme bajo su presencia.

—¿Deku?— Frunce el ceño otorgándole una dureza enfundada que no parecía grosera, sino dócil.

—Sí, soy yo— Afirma.

—Deku—Repite. Ve sus mejillas teñirse lo más rojo que Izuku las ha visto, y sus ojos se abren tanto tanto que parecen platos. Luce sumamente sorprendido, y se atreve decir que, por alguna extraña razón, feliz.

Izuku frunce las cejas.

—¿Qué pas-

Sus palabras se ven cortadas cuando Kacchan lo agarra del dobladillo de playera, atrayéndolo a él a una velocidad astringente, a sus labios. Izuku, ojiabierto, tieso como una estatura, mira de lleno los párpados cerrados de Kacchan, mientras sus labios hacen contacto entre ellos.

Esos rosados y carnosos labios se adentran en los tuyos, invadiéndolo como si tuviera deseos de desmenuzarlo pieza a pieza, explorarlo cual mapa esperando por ser descubierto y llegar al tesoro.

Izuku no comprende cómo es que esto está pasando y que no puede detenerlo, porque sabe bien, se siente bien, aunque Kacchan sepa a alcohol y un dulce caramelo derretirse en su paladar. E Izuku no sabe qué es lo que puede pensar de esto, ya que nunca ha besado a nadie, y nunca se ha puesto a divagar a qué sabrá el contacto de unos labios con otros.

Kacchan se separa de él y lo ve con una añoranza que logra estremecerlo. Le provoca que las piernas le tiemblen, el estómago se comprima en un nudo arremolinado, sus neuronas estallar ante las posibles explicaciones que podía atribuir a ese beso.

Beso espectacular, quiere añadir.

Y quizás sea el único que tendrá en su vida.

—Kacch-

—Me gustas— Suelta el rubio con ojos cristalinos. Sus manos temblando en el dobladillo de su playera, sin tener intenciones de soltarlo. «Me gustas» se vierte en él cual explosión adentrarse bajo su piel, penetrando cada parte, cada célula y fibra de su interior se mueve en una divergencia que se disuelve en segundos.

Por alguna razón no le ocasiona ningún disgusto.

—Kacchan…¿Qué?

—Me gustas—Su voz se quiebra. Es doloroso. —Siempre me has gustado. Nunca, nunca me he fijado en nadie más— Sale como un susurro.

Su corazón late aceleradamente que no logra procesar la detonación que estalla en las entrañas de Izuku en un cálido refuego que consume todo a su paso, su atención, como si encendieran la calefacción de la habitación en su máximo nivel. Remece contra su cuerpo, su alma, su corazón. Jamás en sus más alocados pensamientos pensó que Kacchan tenía sentimientos hacia él.

¿Cuánto tiempo se los estuvo guardando?

¿Desde cuándo se sentía así?

—Kacchan— Exhala expresando la tensión que no sabía tener en sus hombros. Se hinca, muy cerca suyo. No percibe el rubor creciente del otro, cuando se quiere aventar a sus reflexiones analíticas y escarbar entre el baúl de los recuerdos si habían señales que justificaban la confesión del rubio, pero infructuoso. Kacchan lo haló de la playera y lo besó de nuevo.

—¡Kacchan, espera!—Chilla al sentir los labios del otro sobre él. Si se mantiene así, sus neuronas dejarán de hilvanar pensamientos coherentes. —Estás borracho.

Esto hace que Kacchan se separe y lo mire con el ceño fruncido y un mohín.

—¡No lo estoy!

—¡Lo estás!

—Te demostraré que no lo estoy— Se abalanzó a él, abrazándose de su cuello y sus labios pegados a su cuello, mientras Izuku se resistía a sentirlo, no podía negar que su contacto esclarecía tantas emociones confundidas. Sacudió la cabeza. No era momento de cavilarlo. Necesitaba poner a Kacchan a descansar y salirse de ahí lo más pronto posible.

Izuku lo cargó entre sus brazos, en contra de las protestas del rubio por tomarse la libertad de hacerlo sin advertirle lo que haría. Y aunque al principio se removió entre su agarre, rápidamente se aplacó, apretando sus brazos alrededor de su cuello, ocultando su rostro en la extensión de su hombro.

—Izuku…

Izuku se detuvo en seco en el umbral de la puerta de lo que asumía era la habitación del contrario. Kacchan dijo su nombre en una especie de trance, su voz acariciaba el terciopelo, la calefacción que aún perduraba en su pecho.

—¿Qué has dicho?—Inconscientemente atrajo el cuerpo del rubio contra el suyo, fundidos en un completo movimiento de urgencia, en un vilo de sensaciones que remueven texturas en el claroscuro que alumbraba el pequeño y organizado departamento.

—Izuku—Repite ahincando cada sílaba de su nombre cual caricia. —Izuku, te quiero.

Aturdido, entra en la habitación, topándose con una cama twin, unas cortinas de tela que ocultan todo del exterior, un ambiente tan sobrio que rasga con las escasas luminiscencias de la noche y lo deposita así sin más.

—Basta, Kacchan— Dice sin tener intenciones de ser intransigente con su rival entregado a los efectos del alcohol. —Esto es demasiado.

Quiere decirle que no entiende qué es lo que lo orilló a confesarle que le gustaba y qué es lo que le atrajo de él si es un simple hombre que trabaja de héroe y es fan de los héroes desde que era apenas un niño con consciencia, pero se calla al ver que Kacchan ha vuelto a quedarse dormido.

Lo ve por unos segundos que transcurren al filo de la noche, con una expresión intrigada de seriedad. Tal vez los amigos de Kacchan conocían de sus sentimientos debido a que lo mandaron exclusivamente a él a dejarlo en su intimidad, sabiendo que no se hablaban mucho y que no tenían el número del otro ni los datos de dónde residía el otro, ni nada. Tal vez fue planeado emborracharlo desde el principio para que Kacchan tuviera el valor de confesarse.

Ante esa realización, salió disparado del departamento de Kacchan teniendo mucho sobre qué replantearse y sin saber cómo encarar al rubio de su confesión al carecer de una respuesta firme.

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NOTA: Pensaba hacer otra parte de este oneshot, pero veré si le doy continuidad. Me lo hacen saber.

Espero que les guste.