¿Nuevamente iremos al cementerio?
Pensó mientras caminaban por las calles de Tokio
- Kagome - giró - ¿Te encuentras bien?
- Si - respondió desviando la mirada
Si estuviera bien, no me estaría ignorando
Pensó, entrecerrando sus ojos. Colocó sus brazos cruzados, dentro de las mangas de su haori y giró la cabeza en dirección a la calle, sólo para encontrarse con las miradas de las personas que caminaban por la acera del frente y diferentes vehículos, que lo observaban como si estuviesen viendo a un ser de otro planeta
Maldición
Miró el suelo, tratando de ignorar aquellos ojos que pesaban sobre su espalda. Kagome notó que Izayoi observó, por sobre su hombro, a su hijo, con una expresión de preocupación en su rostro. Ella también lo miró y comprendió lo que ocurría
- Inuyasha - caminó más lento, hasta quedar a su lado - ¿Qué sucede?
- Nada - respondió sin apartar la mirada del suelo
Abrió ligeramente sus ojos al sentir como ella tomaba su mano. Inmediatamente posó sus orbes dorados en los orbes castaños de ella y notó, que estaba sonriendo
- Estoy contigo - murmuró
Él le devolvió la sonrisa, apretando su agarre
- Gracias
Al sentir el contacto y la contención de su compañera, aquella mochila en su espalda, lentamente fue desapareciendo. Su cuerpo, el que se había tensado, comenzó a distenderse. Un suspiró abandonó sus labios, al mismo tiempo en que sus hombros descendían
Inu No Taisho tomó la mano de su esposa, la cual lo miró
- Tranquila - murmuró - Ya no es como antes
Ella sonrió, visiblemente aliviada
Caminaron durante unos quince minutos, hasta que llegaron a la puerta del cementerio
- No me agrada este lugar - suspiró
- Es bastante desagradable - acotó el hanyo
El sol otoñal brillaba con nitidez, haciendo que el lugar se viera visiblemente menos aterrador que el día anterior. Se acercaron al mismo sitio en el que habían estado
- Kikyou - murmuró el hanyo al ver a la joven al lado de la anciana Kaede
- ¿Qué hace ella aquí? - susurró Kagome
- La señora Kaede me comentó que fue atacada - pronunció Inu No Taisho, sin voltear - Debe recuperar sus habilidades espirituales
- Lo... lo siento... no quise
- No te disculpes Kagome - dijo Inuyasha - Yo tampoco sabía que estaría aquí
- Buenas tardes - sonrió la anciana
- Buenas tardes - acotó, tímidamente, la joven
- Señora Kaede - sonrió el demonio - Señorita Kikyou
Las mismas palabras fueron repetidas por Izayoi
Antes de que pudieran continuar con la charla, el cielo se nubló, seguido por un repentino rayo. Cuando el polvo se disipó, Sango y Miroku se encontraban junto a Totosai, montados sobre su vaca
- Esta imagen me es muy familiar - dijo el híbrido parpadeando
- Si - respondió Kagome, con una mínima sonrisa
- Lamentamos la tardanza - dijo el anciano, descendiendo - Pero me costó convencerlos de venir
La morena se percató de la cara de su amiga, por lo que, cuando se bajó del animal, ella se paró a su lado
- ¿Estas bien? - preguntó en voz baja
- Si - sonrió tristemente - ¿Te parece si hablamos después?
- Claro - le devolvió la sonrisa y paso su brazo por el de su amiga, apoyando su cabeza en su hombro, en señal de contención
- Señorita Kikyou - se acercó Miroku - ¿Cómo se encuentra?
- Bien - sonrió - Muchas gracias por preguntar
- Supongo que se preguntarán el porque decidimos que, esta vez, todos se reunieran aquí
Todos pasaron la mirada por sus compañeros, hasta que Miroku decidió responder
- Creo... que es porque todos estamos involucrados en esto, ¿no es así?
Antes de que Inu No Taisho pudiera corroborar su respuesta, un repentino viento comenzó a soplar, provocando que el cielo se oscureciera
- ¿Qué es eso? - preguntó Kagome
Instintivamente, el hanyo se colocó a su lado, por si las cosas se salían de control antes de lo que imaginaba
- Parece... ¿un remolino? - respondió Sango
Un grupo de demonios emergieron de la nube, guiados por una mujer
- Hola - sonrió, sobre una especie de hoja blanca - Es agradable verlos de nuevo
- ¿Quién es?
Esa mujer... me es muy familiar
Pensó, dirigiendo su mirada al híbrido
- Inuyasha...
- Si - respondió frunciendo el entrecejo - También la conozco
Ese olor... su olor es diferente al de los demás demonios... ya... ya he sentido ese aroma
- Kagura - pronunció el youkai
¿Kagura?
Pensó la morena, abriendo ligeramente sus ojos
Época feudal
- Moroha - preguntó el niño, observando que la sacerdotisa, la cual siempre tenia un apetito similar al de su padre, no había tocado su comida - ¿Estas bien?
Tienes que comenzar a entrenar... debes fortalecer ambas partes de tu ser y sólo así, la verdadera naturaleza de tus poderes serán revelados
- ¿La verdadera naturaleza de mis poderes? - murmuró, sin escuchar la pregunta del zorrito
- Estas preocupada por lo que te dijo el espíritu sagrado, ¿no es así?
- ¿Qué? - lo miró - Bueno... no comprendí del todo lo que intentó decirme
- Haish... hablas como Inuyasha - suspiró - Supongo que dijo que no estas usando tus poderes al máximo - hizo una pausa - Pero no te preocupes, a Kagome le sucedió lo mismo
- ¿De verdad?
- Así es... la sacerdotisa Hitomiko le dijo a Kagome que sus poderes espirituales estaban sellados - la mujer escuchaba atentamente - Porque Magatsuhi, el ser maligno que habitaba en la perla de Shikon, los había sellado
- Dudo que ese sea mi caso - suspiró - Tal vez... - miró sus garras - Tal vez... mis poderes demoníacos tienen algo que ver
- Bueno... no había pensado en eso - miró la comida - ¿Lo vas a comer?
Ella sonrió, alcanzándole el tazón
- Cómelo... no tengo hambre - se puso de pie
- ¿A dónde vas?
- Sólo... iré a caminar
Salió de la cabaña que supo ser de la anciana Kaede y comenzó a caminar en dirección al bosque. Se detuvo en el pozo, mirando el cielo, al mismo tiempo en que un sonoro suspiro abandonaba sus labios
Tus maestros se contactarán pronto contigo
- Ha pasado demasiado tiempo desde que se fueron - sus ojos comenzaban a humedecerse - Si sólo hubiera sido más fuerte... quizás papá aún estaría aquí
Pero... ¿a que costo?
- Es verdad - murmuró - Él... extrañaba demasiado a mamá - miró el interior del pozo - Cuando no tenía que trabajar con el tío Miroku... se la pasaba aquí o en el árbol sagrado... esperándola
- Tus padres están bien
Giró ante aquella conocida voz
¿Por qué no percibí su olor?
- Tío Sesshomaru - abrió ligeramente sus ojos - ¿Qué estas haciendo aquí?
- Tenemos que irnos
Poseía exactamente el mismo aspecto que la última vez que lo había visto, un año atras. Su clásica vestimenta y su tradicional mokomoko, era como si, de alguna manera, el volver a verlo, hizo que se sintiera reconfortada
- ¿Irnos? Pero... ¿a dónde?
Sin responder, volteó y comenzó a caminar
- Sígueme
- ¡Espera! - él detuvo su andar - Recuerda que soy la sacerdotisa de la aldea, necesito avisarle a Shippo que me iré, de lo contrario...
- Hazlo rápido
Sonrió y comenzó a correr en dirección de la aldea, mientras el youkai se quedó observando el pozo, esperándola
- ¿Quién eres tu? - preguntó el hanyo, desafiante
- Naraku te ha enviado, ¿no es así? - interrumpió
- ¿Padre? - murmuró, observándolo
- Asumo que tú eres el padre de Inuyasha - sonrió, pasando su abanico por sus labios - Así es... él necesita a uno de ustedes
- ¿A que te refieres con uno de nosotros? - preguntó Miroku
Kagome
Pensó, desenvainando a colmillo de acero, frunciendo el entrecejo
- No te lo permitiré
- Espera Inuyasha - se acercó su padre - No te precipites
- Escucha a tu padre Inuyasha - se burló - Además... es evidente que no recuerdas quien soy
En ese momento, una flecha rozó aquella hoja que la mantenía sostenida
- Kikyou - murmuró, volteando a ver a la adolescente con su arco empuñado y su seria expresión
- Ja, de nuevo tú, molesta mujer - se quejó - Ahora recuerdo porque Naraku te detestaba tanto... a ver como evades esto - tomó su abanico - ¡Danzas de las cuchillas!
El híbrido de interpuso y, tomando la funda de su Tessaiga, creo un campo de energía que los protegió del ataque
- Vaya Inuyasha, aún en esta vida pretendes seguir cuidando de esta mujer... suerte con eso
Sonrió y, con un ademán de su abanico, le ordenó a los demonios que comenzaran a atacar
- Izayoi - miró a su esposa - Quédate con la anciana Kaede - redirigió su vista a la anciana, la cual asintió
La mujer se acercó a la sacerdotisa, quien creo un campo de energía, manteniéndola a salvo
- Kirara - pronunció la castaña, lanzando al animal, el cual se transformó. Ella se subió a su lomo y, con su HiraiKotzu, comenzó a asesinar monstruos
- ¿Puedes luchar, Kikyou? - la miró por sobre su hombro
- Si - respondió con firmeza
- De acuerdo... ten cuidado - corrió al lado de Kagome, quién se mantenía con Totosai y Miroku
- Inuyasha - pronunció este último - Cuida a la señorita Kagome, iré a ayudar a Sango
- No tienes que pedírmelo - se posicionó al lado de la mujer, mientras que el anciano, atacaba a algunos monstruos con su arma y escupiendo su fuego característico
El youkai observó rápidamente el panorama y se elevó, quedando a la misma altura que Kagura
- Veo que no tienes intenciones de luchar
- ¿Y tú que sabes...?
- Sigues aquí - miró hacia abajo - Veo varios objetivos que serían fáciles para ti
- Ja... ¿Quieres pelear? - empuñó su abanico
- Depende de ti, cuan dispuestas estés a morir - tomó la empuñadura de su espada, la cual se encontraba en su cinturón
- Bakusaiga - murmuró - ¿Qué haces con ella?
- Sesshomaru me la prestó - sonrió - Supongo que se imaginaba un posible escenario como este
- Si no intento llevarme a alguna de esas mujeres, Naraku me matará
- ¿Cualquiera? - entrecerró sus ojos
- Kagome es su favorita... pero Kikyou también le sirve, o eso supongo
Eso quiere decir... que los poderes de Kagome son más fuertes que los de la otra joven
- ¿Para quién están trabajando?
- ¿Tengo cara de que Naraku me contaría sus planes? Parece que no viste nada de la otra vida
- ¿Por qué te acercaste a mi hijo?
- ¿Acaso no es obvio? - su mirada se tornó triste - No tuve oportunidad de tener una charla con él en la época feudal... al menos sólo quería... saber lo que se siente tenerlo cerca
Ambos miraron el campo de batalla, el cual parecía estar bastante controlado. El youkai posó los ojos en Kikyou y notó que, por la forma en la que manejaba su arma y la gran energía que emanaban sus flechas, sus poderes espirituales estaban casi restaurados por completo, además de aniquilar a varios demonios utilizando una sola flecha
- Parece que no todos tienen la misma suerte de recordar - acotó Kagura e inmediatamente comprendió que se refería a Kagome, quién, si bien manejaba bastante bien el arco, su poder parecía inferior - Pero no te dejes engañar... esa niña es capaz de destruir a todos esos demonios con sólo una flecha... sólo... necesita recordar - sonrió
Antes de que el gran perro demonio reaccionara, la mujer agitó su abanico
- ¡Danza de las serpientes!
Aquellos remolinos chocaron drásticamente con el suelo en el que se encontraba parada la sacerdotisa de cabello lacio, la cual emitió un sonoro grito antes de salir despedida
- ¡Kikyou! - gritó el hanyo
- ¡Hermana! - la anciana, quién aún mantenía el campo de energía, abrió sus ojos en señal de sorpresa
¿Hermana?
Pensó el castaño
- No puede ser - murmuró, al ver como la protección de la anciana se debilitaba - ¡Sango! - la mujer lo miró - Cuida de la señorita Kagome
- De acuerdo - voló al lado de su amiga y juntas, siguieron matando demonios, mientras la estudiante mantenía su vista horrorizada sobre la otra joven, quién trataba de incorporarse con dificultad
El joven se posicionó frente a la madre de Inuyasha y la sacerdotisa, clavando su cetro en el suelo y generando un nuevo campo de energía
Inuyasha corrió a su lado
- ¡Kikyou! ¡¿Estas bien?!
- ¡Quítate del camino, niño! - el polvo se disipó y la mujer apareció, acercándose a toda velocidad a los jóvenes
Esa energía
Pensó rápidamente al observar los remolinos de Kagura
Es el viento cortante
Agitó su espada, al mismo tiempo en que aquella poderosa energía abandonaba el arma
- ¿Qué? - murmuró al ver la brillante luz
Cerró sus ojos, mientras una explosión retumbo por todo el lugar, provocando la ceguera de los presentes y la retirada de los demonios que quedaban
- ¿Lo logré? - susurró
La luz se desvaneció lentamente y el híbrido abrió ampliamente sus ojos al ver a su padre y la mujer, cubiertos por un campo de energía
- ¿Tú me protegiste? - preguntó ella
- Sesshomaru te dijo que no permitiría que Naraku volviera a matarte, ¿no es así? - la miró por sobre su hombro, ella no respondió - Sólo... lárgate
Sin salir de su asombro, comenzó a volar rápidamente, alejándose del lugar
- ¡¿Por qué hiciste eso?! - gritó, notablemente molesto
- Inuyasha - volteó ante aquel murmuro y vio a la sacerdotisa caer de rodillas
- ¡Kikyou! - la sostuvo en sus brazos, antes que terminara en el suelo
Repitió su nombre, agitando suavemente su rostro, sin embargo, ella no respondía. En ese momento, aquella secuencia de la muerte de la joven, atravesó su mente, al igual que todos aquellos recuerdos que habían compartido durante el poco tiempo en que ella permaneció con vida, en la época antigua y todos los encuentros y charlas que desarrollaron durante la larga travesía en su camino por derrotar a Naraku
- Kikyou - volvió a murmurar, mientras aquellos orbes dorados se llenaban de una conocida melancolía
