CAPÍTULO XXVI

Al encubrir los reportes de Sukuna y Gojō de manera parcial, a causa de una pelea verbal, Nanami dedicó el fin de semana inmediato para torturar a su dolor de cabeza personalizado un día y, otro más, para castigar en forma a su ahijado.

Gojō tuvo el tiempo suficiente para idear un plan que le permitiera acercarse más a Yūji sin que el gemelo lo notara. Una de tantas estrategias era aumentar sus conversaciones por celular, lo cual, estaba logrando con éxito. A modo de matar el tiempo y hacer un cronograma con utilidad futura, registró el horario de respuesta de Yūji a sus mensajes cuando debía estar en clases y cuando regresaba a casa. Se regocijó al descubrir que el chico le respondía con mayor rapidez, casi al instante, durante sus ratos libres, pese a tardar más entre clases o en sus prácticas de baloncesto. Lo entendía.

El día de la reincorporación a su hórrida rutina como profesor, donde Yūji fungía como la única novedad, notó a leguas que Sukuna estaba en un irrisorio plan de mamá gallina con Yūji siendo su polluelo. A causa de ello, la táctica a efectuar consistía en hacer lo mismo que las chicas que intentaron ganarse a Fushiguro mientras Gojō estudiaba en la universidad para acercarse a él, aplicaban.

Resultaría más sencillo llegar a Yūji si primero ganaba la confianza de Sukuna y él tenía en sus manos una carta poderosa y cotizada por el susodicho: Fushiguro Megumi.

Debía negociar con eso. En caso de no funcionar, siempre podía recurrir directamente a Yūji. ¿Por qué no ir por él desde el inicio? Fácil. Porque su puto hermano siempre se entrometía, como la vez en que les arruinó su cita al inventarse un no-sé-qué por llamada telefónica.

Con eso en mente, se acercó a su objetivo en cuanto finalizó la jornada escolar.

—Ah, qué coincidencia —dijo Gojō, con un fingido entusiasmo—. Los hermanos Itadori. Siempre es bueno verlos.

—¡Gojō-sensei! —exclamó Yūji, acercándose al nombrado para recibirlo con un abrazo.

Sukuna frustró su saludo al tomar la capucha de su gemelo y detenerlo. Recibió una réplica de su otro yo a causa de eso. Yūji detestaba que le tiraran de la ropa.

—Tenemos práctica —anunció Sukuna, pasando un brazo por encima de los hombros de su hermano, antes de dar media vuelta y retomar su andar.

—Lo sé —continuó Gojō, siguiéndoles unos pasos por detrás—. Voy para allá también.

—¿Y eso? —preguntó Yūji.

—Ah, bueno, traigo unas cosas en el auto que necesito bajar y me veo en la necesidad de buscar a un muchacho con músculos. También me hace falta molestar a Megumi —finalizó la oración con malicia.

—Qué inusual. ¿No suele decir siempre que usted es el más fuerte?

Gojō levantó el índice en acción de enseñanza.

—Olvidas que también me gusta relajarme y pasarla bien. ¿Por qué razón tendría que dar varias vueltas a mi auto, cuando puedo aprovecharme de los estudiantes?

—¡Eso es abuso de poder!

—Si sonrío y echo porras ya no lo es —dejó escapar una risa burlona.

Yūji suspiró pensando en la cruel suerte de Fushiguro. De paso, recordó que le debía un favor y, tal vez, este era el momento preciso para cobrarlo.

—¿Y si voy yo en lugar de Fushiguro? —Se señaló a sí mismo, girando el rostro hacia su profesor.

—¡Estaría de maravilla! —Juntó ambas manos al dar la respuesta.

—Olvídalo —interrumpió Sukuna, empujando a su hermano mientras le hacía señas con la mano para que se adelantara—. Yo voy.

Yūji abrió los ojos con sorpresa. La semana pasada Sukuna le contó que la razón de su suspensión temporal se debió a una pelea con Gojō y su hermano no era el tipo de persona que busca enmendar sus acciones siendo servicial; de hecho, es de los que ignora lo que pasó o empeora la situación. Y si no estaba pasando por alto los acontecimientos, sabía que el resultado no sería favorable para nadie.

—¿Por qué?

—Soy más fuerte que tú —repuso al instante, interponiéndose entre él y Gojō.

—No es cierto.

—¿Quieres probarlo? ¿Aquí? —Levantó el rostro con superioridad—. ¿Ahora?

De estar en casa, seguro que se habría lanzado a Sukuna. Había pasado incontables veces. No obstante, se detuvo por prudencia y porque algo no le cuadraba.

—Entonces vamos los dos. Será más rápido, ¿no, sensei? —Desvió la mirada hacia Gojō.

—Con uno es suficiente —respondió el nombrado.

—Entonces será mejor que vaya yo.

Dejar a Sukuna a solas con Gojō le parecía una idea terrible: el detonante del apocalipsis.

—Oh, cielos —habló Gojō con una voz melosa—. Tengo a un par de gemelos peleándose por mí. ¿Qué clase de sueño idílico es este?

Llevó ambas manos, en puño, a la altura de la boca y meció su cuerpo de un lado al otro como la molesta lombriz que era (descripción cortesía de Sukuna).

Yūji dejó escapar una risilla; su hermano, rodó los ojos.

Al cabo de unos segundos, Yūji dedicó una mirada seria a su gemelo.

—No hagas nada estúpido.

—No soy tú —respondió.

Yūji replicó con un gruñido, pero se calmó al ver que Gojō le hacía la señal de «ok» con las manos. Entonces lo comprendió todo, tal vez sería su maestro quien deseara solucionar las cosas con su hermano. Rogaba que fuera eso.

Siguieron en direcciones opuestas. En el instante en que Sukuna perdió la pista de Yūji y notó que nadie más los rodeaba o vigilaba, rompió el mutismo.

—¿Era necesario hacer tanto teatro?

—Entre más casual se vea, menos sospechas se levantan —respondió Gojō, con un tono entre neutral y taimado, que reservaba de forma exclusiva para Sukuna.

—Viejo ridículo.

—Aún así me seguiste el juego.

Sukuna chasqueó la lengua, apretando los puños dentro de los bolsillos.

—Habla de una vez.

—En el auto. ¿Acaso no fui claro? ¿O no te funciona el cerebro y actuaste como buen hermano sobreprotector por inercia?

Sukuna lo fulminó con la mirada.

Creyó que lo del auto había sido una mera excusa y que se llevaría sólo a Yūji si cedía mientras que, para él, buscaría un sitio apartado, quizá con pocos o nulos muebles por si debía arreglarse a golpes otra vez.

Con el carro en el rango de visión, Gojō sacó las llaves de los bolsillos de su pantalón y abrió los seguros con el control. Se metió en el sitio del conductor designado. Sukuna vaciló unos instantes. A través de los vidrios de los asientos traseros, visualizó varias cajas apiladas.

«Así que el bastardo no mentía del todo» pensó, frunciendo el entrecejo.

Le sentó del carajo saber que Gojō decía verdades a medias. Sukuna conocía ese tipo de estrategias porque también las aplicaba, lo cual, significaba que Gojō era un excelente mentiroso.

Le revolvía el estómago pensar que eran similares en algo, aunque eso le serviría para anticiparse a mayores situaciones.

Abrió la puerta del copiloto y subió.

En cuanto cerró la puerta, Gojō comenzó a soltar su labia.

—Te propongo algo.

—No, gracias.

Ambos tenían los ojos fijos al frente

—Te va a gustar.

—Paso. —Subió la mano hacia la manija de la puerta. No estaba interesado en escuchar los tratos de ese imbécil, porque no aceptaría ninguno.

Gojō recargó ambos brazos sobre el volante.

—Megumi está involucrado. ¿Seguro que quieres dejarlo pasar?

Sukuna dudó. Fushiguro no le había dicho nada al respecto, bueno, tampoco le había pedido su número de celular como para saber qué pasó en el tiempo que se mantuvo ausente. Pasó incomunicado en su primera semana de novios.

Sólo por eso, le daría una oportunidad.

Esta vez, se giró hacia el profesor, maldiciendo que esos lentes oscuros le privaran una buena parte de la información corporal que requería.

—Abre la guantera —indicó Gojō cuando vio que Sukuna perdió las ganas de salir del auto.

Con un movimiento receloso y preciso, Sukuna hizo lo que le pidió, topándose con una bolsa oscura.

—Tómalo como una ofrenda de paz —enunció Gojō con tranquilidad.

Sukuna extrajo el objeto y revisó su interior. Intentó no esbozar una mueca de disgusto cuando analizó la variedad de condones y dos botellas de lubricante que hacían peso al fondo.

—Yo tuve tu edad, así que te entiendo perfectamente —habló Gojō con una falsa y complaciente empatía—. También estoy a cargo de Megumi y es mejor saber que van a la segura, a que hagan cosas a escondidas.

—Ahórrate el paternalismo hipócrita. ¿A qué quieres llegar?

«Ahora entiendo por qué pocos lo soportan» dijo Gojō para sus adentros.

Sabía que Sukuna era directo, no conocía hasta qué punto. Eso le serviría para evaluar sus límites.

—¿Yo? A ningún lado. —Se encogió de hombros—. En cambio, tú… —Hizo una breve pausa. Al no recibir argumentos en contra, continuó—. Megumi es primerizo en esto. Trátalo bien. Puedo dejarles la casa si quieres intentar algo con él. ¿Te parece este fin de mes?

Sukuna dejó salir un bufido a modo de risa.

—¿Qué pretendes?

—¿No es un poco (demasiado) obvio?

Sukuna se mantuvo en silencio.

—Yo te recibo con los brazos abiertos y te doy un empujoncito con Megumi. A cambio de eso, debes dejar que las cosas entre Yūji y yo sigan fluyendo (ni siquiera tienes que ayudarme).

Sukuna no pudo contener una risa pesada y sarcástica. Salió del auto y se agachó para dejar morir la conversación con una última frase.

—Estás enfermo. Medícate.

Acto seguido, azotó la puerta y se puso en dirección al gimnasio.

A su juicio, ganó más de lo que puso en juego. Ahora sabía que Fushiguro no había experimentado el sexo y que Gojō no planeaba alejarlo o evitar que se dieran las cosas entre ellos, aún así, le parecía bastante insano que quisiera negociar con el cuerpo de alguien a quien había acogido desde niño.

Por si eso fuera poco, una frase seguía haciendo ruido en los recovecos de su cabeza.

«Yo tuve tu edad, así que te entiendo perfectamente.»

¿Cómo que lo entendía? ¿Y por qué, de todos los temas, el sexo? Habría sido más lógico que le preguntara sobre sus intenciones con Fushiguro o si pretendía tomarse en serio su relación.

En cualquier caso, intercambiar a Yūji por Fushiguro seguía sonando asqueroso.

Aprovechó la ausencia de estudiantes para guardar en su locker la bolsa que sacó de la guantera. Más tarde vería qué hacer con eso. Dejarlo en la mochila no era una opción convincente y segura para él. Por cómo se habían dado las cosas de la última vez, capaz que Gojō inventaba con Nanami que había llevado preservativos a la escuela y los estaba distribuyendo, para que, ahora sí, lo echaran.


En la soledad del auto, Gojō se retiró los lentes y se sobó el puente de la nariz.

El plan había sido un éxito. En un cincuenta por ciento. Esperaba esa reacción por parte del muchacho. Restaba esperar a que hablara del tema con Fushiguro cuanto antes. Necesitaba un catalizador y que Sukuna se llevara los condones, le aseguraba que lo echaría de cabeza. El resto era predecible: Fushiguro dejaría de dirigirle la palabra durante un par de días, pero terminaría presionándose de manera indirecta con el tema.

Gojō sabía que Fushiguro no era capaz de concebir la idea de mantener relaciones sexuales. Podía tratar los asuntos educativos al respecto, inclusive ver noticias amarillistas, pero se bloqueaba y evadía el involucrarse en temas íntimos donde él tuviera que dar protagonismo.

Si adoptaba la idea de que Sukuna quería ir hasta el fondo con él, se terminaría autoexigiendo más de lo debido. Estaba seguro de que no podría sacarse el tema de la cabeza y eso mantendría a Sukuna ocupado, fuera del camino. Si confiaba en Yūji y en toda la información que le sacó durante la semana que estuvo lejos de la escuela, nada podría salir mal.

Tendría al niño traumado y a su novio delincuente bien lejos para cuando él quisiera tomar a Yūji, y nadie estaría allí para impedírselo.


Al llegar a los vestidores, tras finalizar el entrenamiento de básquetbol, el celular de Fushiguro no dejó de emitir un zumbido a cada segundo, producto de insistentes mensajes.

—¿Vibrador nuevo? —preguntó Yūji, bromeando con la evidente intención de hacer que se molestara.

Fushiguro no quiso darle el gusto, aunque le dio a entender con la mirada que como hiciera otro chiste de esos, le pegaría un buen coscorrón.

—Ay, Gojō-sensei —suspiró, cansado, al ver cómo entraban los persistentes mensajes.

Sukuna se acercó a curiosear y le puso una mano justo a la mitad de la espalda.

—¿Pasó algo? —habló Yūji, asomándose a la pantalla en cuanto escuchó el nombre de su maestro.

Fushiguro sintió la invasión a su espacio personal como una amenaza directa, así que les pegó en las costillas al par de chismosos para que se hicieran a un lado. Entonces, marcó a Gojō y abandonó esas cuatro paredes, para averiguar qué rayos estaba pasando.

Los gemelos se sostuvieron su propio costado. La agresión no fue tan fuerte como para lastimarlos de verdad, aunque sí les dejó una sensación incómoda que los obligó a revisarse con el tacto.

—Todo esto es tu culpa —dijo Sukuna por lo bajo.

—¡¿Hah?! ¡¿Y yo por qué?! —exclamó Yūji, indignado, sin saber qué pintaba él en todo ese asunto.

—Le molesta que te acerques tanto.

—¿Perdón? Yo llevo mucho más tiempo haciendo esto. Seguro fue tu presencia lo que lo puso incómodo. Aparte, apestas. —Le lanzó una toalla de mano en la cara para que terminara de secarse el sudor.

—Tienes razón —agregó con calma, de ese modo, su hermano bajó la guardia.

Enrolló la toalla y se la soltó al otro como látigo sobre la espalda baja.

El grito de Yūji llamó la atención del resto de los integrantes del club presentes en los vestidores.

—¡Como si fuera a aceptarlo así de fácil, idiota! —bramó Sukuna, dando inicio a una de sus usuales peleas.

La mayoría se había acostumbrado a ellos, por extraño que pareciera, por lo que sólo los interesados o los apostadores les prestaban atención a una distancia prudente.

Cuando Fushiguro regresó, vio a los Itadori en plena sesión de boxeo. Se preguntó qué demonios había pasado en su ausencia. ¡Literalmente, los dejó solos cinco minutos!

Se acercó para separarlos. Tōdō se molestaría si los encontraba así.

Cerca de ellos, dio dos aplausos fuertes.

Los gemelos frenaron en seco y dirigieron la mirada a Fushiguro. Este último intentó contener una mueca burlona, pues tuvieron la misma reacción que sus perros.

—¿Qué fue ahora? —Cruzó los brazos, con una expresión de madre exhausta que conoce todos los pretextos habidos y por haber. Le daría una galleta a cada uno si lograban sorprenderlo.

—¿Verdad que yo no te molesto, Fushiguro? —Yūji fue el primero en hablar, poniendo una expresión inquisitiva y casi desesperada por escuchar una negativa, con el afán de restregárselo a Sukuna en la cara.

—Eres insoportable (pero me agradas) —respondió con cierta monotonía. Sin embargo, en su rostro no había muestra alguna de verdadero odio o incomodidad.

—¡Pero…!

—¡Já! —Se burló Sukuna.

Antes de que pudiera agregar algo más, Fushiguro interrumpió.

—Tú no te jactes. Eres el peor de ambos.

Sukuna puso los ojos en blanco. Yūji soltó una estruendosa carcajada y se recargó en un casillero.

—¡Te lo dije!

Fushiguro agitó la cabeza. En lo que esos dos se veían feo, él guardó sus cosas para retirarse.

—¿Te vas ahora? —Se acercó Sukuna, ignorando a su hermano.

—Sí, parece que Gojō-sensei tiene una cena con gente importante más tarde y quiere volver a casa cuanto antes. —No le gustaba la idea de irse con el olor de ejercicio intenso impregnado en el cuerpo, mas no le quedaba de otra. El lado positivo es que podía relajarse en la bañera de casa y en la comodidad de su habitación.

«Sí, claro.» Sukuna frunció el ceño de manera casi imperceptible. Algo dentro de sí le susurraba que nada de eso debía ser verdad.

Era demasiada casualidad que justo el día que Gojō cometía una estupidez, no quisiera dejar que ellos tuviesen un momento para charlar. Sin mencionar que no podía sacar el tema con todos los chicos presentes.

No, en definitiva, no podía ser coincidencia. Si él fuera como Gojō —que lo era, en parte—, buscaría evitar que hablaran sobre lo que pasó en el auto y lo sacaría del lugar para inventar alguna historia, creíble y a su favor, que le permitiese dejar como mentira descarada alguna otra versión de lo sucedido.

No podía permitir eso. Necesitaba a Fushiguro de su parte.

—Aguarda un segundo. —Lo tomó por el brazo—. Tengo que hablar contigo.

—Tendrá que ser mañana. —Si algo moría por hacer, era pasar tiempo con Sukuna, sentirlo cerca... ¡A saber! Tuvo una semana difícil en su ausencia, controlando a sus estúpidas hormonas alborotadas.

—Megumi —insistió.

—Mañana.

Se sostuvieron la mirada unos momentos; el tiempo que tardó Sukuna en soltarlo.

Fushiguro dio un par de pasos, tras los que se detuvo para girar sobre sus talones.

—Itadori. —Esperó para obtener su atención—. Dale mi número de teléfono. —Señaló a Sukuna. Sabía que era de mala educación, pero con el despistado que tenía delante, era mejor aclarar todo lo posible.

Dedicó a su novio un par de ojos serenos. No lo notaba preocupado, pero sí le parecía extraña su obstinación. Si lo que tenía que decir no podía esperar, qué mejor que intercambiar mensajes de texto, notas de voz o, quizás, hasta una llamada.

—¡A la orden! —repuso Yūji, haciendo un gesto militar con la mano sobre la frente.

Cuando Fushiguro salió, Yūji se acercó a su gemelo.

—¿Cómo que ni siquiera su número le habías pedido?

Sukuna gruñó.

—Me mandaron derechito a la casa luego del problema con la mugrosa rata albina. ¿No recuerdas?

—¿Y antes de eso?

Sukuna le puso una mano en la cara al otro y lo empujó con cierta brusquedad.

—Cómo jodes.

Al poco rato, sentados en una banca y a la espera de que salieran los chicos de las duchas para que ellos pudieran entrar, Yūji tomó su celular. Sukuna hizo lo mismo.

Yūji abrió la aplicación de LINE para buscar el contacto de Fushiguro. Sukuna notó que, en la bandeja de entrada, uno de los mensajes recientes provenía del mismísimo demonio, Gojō Satoru, aunque no hizo ningún comentario al respecto. Sabía que Yūji era incapaz de decir algo que lo dejara mal parado, pero el otro imbécil era astuto y su hermano, una presa… no-muy-fácil, aunque pecaba de honesto. Era sencillo sacarle información empleando una verborrea elocuente.

—Aquí está.

Yūji lo sacó de sus pensamientos al compartir el contacto.

Sukuna registró los datos y mandó el emoticono de un tigre.

—Uy, no se te vayan a caer los dedos de tanto escribir —comentó con un sarcasmo peculiar, uno que no se sentía molesto ni ofensivo.

Sukuna se limitó a empujarlo haciendo contacto hombro con hombro y, poco después, Yūji comenzó a parlotear para pasar el rato.


Entrada la media noche, Sukuna se coló en la habitación de su hermano. A oscuras, tanteó el mueble cercano a la cama, donde Yūji colocaba el celular.

Dio con dicho objeto. Al tenerlo entre sus manos, salió del cuarto y se dirigió al propio.

Conocía la contraseña: su cumpleaños. Ridículo.

Al introducirla, revisó los mensajes de su bandeja de entrada y viajó una semana en el pasado dentro del nombre de «Gojō-sensei».

Nada relevante al inicio. Memes, videos, música, noticias, capturas de pantalla. Lo normal. No obstante, en un momento se topó con una conversación… curiosa.

Gojō Satoru

No tengo intención de meterme en la vida de Megumi ┐(´ー`)┌

Pero tampoco me gustaría verlo con el corazón roto. Es la primera vez que sale con alguien…

Y soy curioso por naturaleza

Itadori Yūji

Oh, entiendo esa sensación

La vida de Sukuna está mejor q la novela de las 7 ( ̄▽ ̄)

Aunq

A decir verdad

No creo q intente nada raro con Fushiguro

Así q no se preocupe! (人*´∀`)。*゚+

Gojō Satoru

¿Y crees que esté interesado en…?

Itadori Yūji

Sensei! (─.─||)

Gojō Satoru

¿Qué esperabas?

Megumi es lo suficientemente listo para lidiar con eso por su cuenta

Su vida, sus decisiones

Pero tengo que meterme en esto si no planean tomárselo en serio ಠ_ಠ

Itadori Yūji

Ah! Ya entendí!

Sísí, es natural q se preocupe por él

Pero Sukuna no planea hacerle nada malo, no se preocupe ᕙ( : ˘ ∧ ˘ : )ᕗ

Gojō Satoru

Muy bien, confiaré en ti (つ≧▽≦)つ

Itadori Yūji

( ◜‿◝ )

Gojō Satoru

Entonces… Tu hermano, ¿tiene experiencia con eso?

Itadori Yūji

(• ▽ •;)

Gojō Satoru

Descuida, no me digas

Siempre puedo tener una charla incomoda con Megumi (。•̀ᴗ-)✧

Itadori Yūji

No es necesario! ( ≧Д≦)

Gojō Satoru

Σ( ̄。 ̄ノ)

Itadori Yūji

Digamos q él…

Ha tenido sus experiencias…

Uh… ⊂((・▽・))⊃ Se cuida mucho al respecto

No creo que haga falta tener pláticas incómodas ┐(´ー`)┌

A los pocos mensajes de eso, cambiaron de tema. El que tocó otro tópico fue Gojō, así que a Sukuna no le fue difícil asumir que había obtenido lo que quería.

Pero, ¿con qué motivo? De esa conversación sólo se podía asumir que Sukuna había tenido experiencias sexuales. No cuántas. Ni a qué edad. Ni con quién.

¿Por qué eso sería relevante? Tal vez, sí leía más… A los pocos segundos, el ícono de Gojō se mostró en línea y el celular de Yūji recibió un mensaje.

Gojō Satoru

Vaya, vaya~ Yūji~

¿Qué haces despierto a estas horas?

(~ ̄³ ̄)~

«¡Mierda!» pensó Sukuna, pues no sólo escuchó el sonido de la notificación, sino que leyó el mensaje y se marcó como visto. Una solución práctica sería bloquear la pantalla y regresar el teléfono, pero Yūji se extrañaría de ver ese mensaje leído a media noche.

Podía borrar el texto, pero cabía la posibilidad de que Gojō le preguntara en la escuela por qué no le contestó.

No tenía de otra. Quitó el sonido del dispositivo. Debía hacer una conversación corta y sin sentido, que no levantara sospechas. Luego la borraría y regresaría el teléfono a la habitación de su gemelo.

Itadori Yūji

Insomnio.

Antes de presionar la tecla de enviar, recordó que debía aparentar ser Yūji, así que cambió el texto.

Itadori Yūji

No puedo dormir (╯︵╰,)

Gojō Satoru

Oww~ (っ´ω`)ノ(╥ω╥)

¿Quieres que te marque para hablar un rato?

(人*´∀`)。*゚+

Itadori Yūji

NO

Sukuna se golpeó la frente con una mano. Eso levantaría sospechas.

Gojō Satoru

(• ▽ •;)?

Itadori Yūji

No!

Es decir… sí…

Lo q pasa… Recién despierto, pero no es buena idea…

Si hablo demasiado fuerte y despierto a Sukuna, me matará (╥﹏╥)

Gojō Satoru

Ah, tiene sentido (─.─||)

Entonces, ¿quieres hablar un rato en lo que te entra sueño? (*´ω`*)

Sukuna estuvo a punto de negarse, pero esta podría ser su oportunidad.

Itadori Yūji

Seguro! ( ´ ▽ ` )

Gojō Satoru

Genial o(≧▽≦)o

¿Tienes algún tema en mente? ¿Por qué no puedes dormir?

Itadori Yūji

No lo c

Me siento inquieto (。•́︿•̀。)

Gojō Satoru

¿Y eso?

Itadori Yūji

Sensei

Puedo preguntarle algo?

Gojō Satoru

¿De qué se trata?

Itadori Yūji

Recuerda cuando me preguntó si mi hermano iba en serio con Fushiguro?

Y sobre si estaba interesado en… ?

De alguna forma, Sukuna se sentía bastante estúpido al tener que escribir como su hermano, usando un montón de caritas y símbolos, y teniendo que omitir algunas palabras.

Gojō Satoru

Oh, eso

Sí, ¿por qué?

Itadori Yūji

Mencionó una charla incómoda con Fushiguro

Acaso usted no tuvo buenas experiencias? (╯︵╰,)

«Momento de comenzar el juego.» Tenía que sacarle algunas cosas a Gojō para hacerle ver a su hermano la clase de enfermo pervertido que era ese hombre. Aprovecharía hasta el más mínimo detalle para usarlo en su contra.

Gojō Satoru

Bueno… Tuve una juventud "alocada"

Nanami me reñía seguido por eso

Itadori Yūji

Oooh, comprendo (・・ )

Fushiguro está al tanto de eso?

Gojō Satoru

Algo así

Itadori Yūji

Y qué piensa al respecto? (・∀・)

Gojō Satoru

Yūji, tú…

No estarás averiguando cosas para tu hermano a través de mí, ¿verdad?

Eso dejó frío a Sukuna. ¿Qué debería responder? No tenía idea sobre si Yūji… ¡Momento!

De alguna manera logró recordar el día de navidad, en el que le dijo que Gojō le comentó que Fushiguro sí tenía sentimientos por él. Por lo tanto, existía la posibilidad de que Yūji hubiese intentado sonsacarle algo antes.

Se arriesgaría.

Gojō Satoru

Hahaha~

Eres muy lindo, Yūji~ (づ ̄ ³ ̄)づ

Muy bien, te lo diré. (。•̀ᴗ-)✧

Itadori Yūji

Sensei! (つ≧▽≦)つ

Por primera vez, Sukuna agradeció que ese enfermo estuviera enamorado de su hermano y quisiera incrementar su confianza y fe ciega a como diera lugar.

Gojō Satoru

Nunca he tocado el tema con Megumi, así que lo que te voy a decir es basándome en su comportamiento, ¿de acuerdo?

Itadori Yūji

De acuerdo! ( ̄︶ ̄)

Gojō Satoru

Enfocándonos en ese sentido "emocional" (que imagino es el que le interesa a tu hermano), Megumi detesta a las personas que se aprovechan de otras o que las usan para, luego, desecharlas.

Mientras Sukuna no entre en el rango de fuckboy, todo debería estar bien ( ̄▽ ̄)ノ

Itadori Yūji

Comprendo, comprendo

No se preocupe, sensei!

Sukuna no planea aprovecharse de Fushiguro! Va super en serio con él!

Gojō Satoru

Eso espero…

Yo también voy en serio

Eso último sí que sacó de balance a Sukuna. Parecía ser una indirecta, como si quisiera que le preguntaran a qué se refería. Sin embargo, tomó ese instante para cerrar la conversación y no arriesgarse más.

Itadori Yūji

Descanse, sensei

Gojō Satoru

Duerme bien, Yūji~ (づ ̄ ³ ̄)づ

No dudes en llamarme si no consigues dormir

Siempre puedo pasar por tu casa para ir a dar una vuelta, sin que se entere tu hermano (。•̀ᴗ-)✧

Itadori Yūji

Lo tendré en cuenta (つ✧ω✧)つ

«Como si no me fuera a enterar nunca de este tipo de cosas —pensó—, viejo verde.»

Acto seguido, borró los mensajes de esa conversación y salió de la aplicación.

Regresó al cuarto de su gemelo para colocar el celular en su sitio. Para su desgracia, Yūji despertó en ese instante.

—¿Sukuna?

—Duérmete —respondió en voz baja.

—¿Qué haces aquí?

Sukuna suspiró y rodó los ojos en la comodidad de la penumbra.

—Insomnio. —Usar dos veces el mismo pretexto le parecía ridículo.

—Ah, bueno…

Yūji salió de la cama. Necesitaba ir al baño.

—Acomódate —bostezó al final.

No era raro para ellos compartir una cama. Sukuna se resignó a que aquello era el precio por su karma de fisgón.

Cuando Yūji volvió, no hubo más diálogo. Se mantuvieron de espalda contra espalda. Era la posición que solían tomar cuando Yūji experimentaba alguna pesadilla y, de alguna manera, a Sukuna también le resultaba tranquilizante y cálido.

Necesitaría pensar bien sus próximos movimientos; hablar con Fushiguro, vigilar a su hermano y mantenerse al pendiente de sus acercamientos con Gojō. Odiaba el trabajo extra. Si tan sólo pudiese conseguir algún tipo de prueba para que Yūji abriera los ojos… ¿Por qué tenía que estar metido en esa situación?

Le importaba un carajo que Gojō fuera hombre, un profesor y que le sacara trece años a su gemelo. Lo que generaba ese incómodo sentimiento de peligro era la manera en que actuaba, el cómo mostraba una segunda cara a espaldas de Yūji, que estuviera dispuesto a negociar con el cuerpo de otra persona, sin contar detalles que seguro desconocía.

De manera personal, se sentía insultado de que su clon recibiera ropa y otras cosas caras por parte de Gojō. Era como si les restregara que él tenía dinero y ellos no. Lo peor era que Yūji no lo veía así y siempre defendía que el profesor lo hacía con buena intención.

Suspiró con pesadez.

Ser el hermano mayor era una mierda. Demasiado qué hacer. ¿No pudo haber ahorcado al otro con el cordón umbilical para nacer como hijo único? Eso le habría ahorrado un sinfín de inconvenientes.


Personalmente, adoro enfrentar a Sukuna y Gojō. x'D Aparte, siento que Sukuna es el tipo de hermano que ve a alguien molestando a Yūji y se mete en peleas en plan «El único con derecho a pegarle, aquí, soy yo». x'DD

Muchas gracias por mantenerse al dí con la historia y tenerme paciencia. (◍•ᴗ•◍) No s leemos la próxima semana~