CAPÍTULO XXXII

—¡Hey, Fushiguro! —exclamó Yūji a modo de saludo.

El nombrado no tenía ni la más remota idea de qué hacía frente a la puerta de su casa ese fin de semana. No quedaron de verse. Es más, él estaba a minutos de salir porque tenía una cita con Sukuna.

Se mantuvo en pie sin dar el paso hasta que le explicara qué hacía allí. Los perros no tardaron en acercarse a hacer fiesta y agitar sus colas.

—¿Está Gojō-sensei? —Estiró el cuello por encima de su amigo para intentar ver hacia adentro mientras le acariciaba la cabeza a Shiro.

—No, salió temprano.

Pudo dejar la conversación ahí y decirle que volviera mañana, pero cabía la posibilidad de que su tutor lo hubiese citado. ¿Le daría otra asesoría académica? Ninguno de los dos le comentó nada al respecto. Podía mandar a Yūji de regreso a casa, pero si Gojō lo malinterpretaba, su situación se volvería más tensa y engorrosa de lo que ya era.

En cualquier caso, algo no cuadraba.

—¿Quedaste con él?

—¡Sí!

—¿Para qué? —Se hizo a un lado para dejarlo entrar.

—Oh, ¿celoso de que no venga a verte a ti esta vez? —bromeó.

Fushiguro no necesitó poner en palabras lo que expresó su cara de fastidio.

—Vengo a entrenar con él —agregó, poniéndose en pose de boxeo antes de lanzar un puñetazo al aire, como si fuera un personaje de elección en videojuegos de pelea—. Por cierto, ¿a dónde fue? ¿Tardará en volver?

—Fue a hacerse unos exámenes médicos.

—¿Eh? ¿Por qué? ¿Está enfermo? Se veía bastante bien ayer. —La preocupación en sus facciones fue tan clara como el agua. No era para menos. Su única experiencia con exámenes médicos fue del día en que discutió con Sukuna sobre la condición de su abuelo y asumió que la gente necesitaba esa clase de pruebas cuando se encontraba muy mal de salud.

Fushiguro negó con la cabeza.

—Son de rutina. Es albino.

Yūji inclinó el rostro. A Fushiguro le bastó ver su cara de desconcierto para dar una pequeña explicación.

—¿Nunca te has preguntado…? —No tenía sentido hacerle pensar en información que seguramente desconocía, así que dio un giro a la conversación—. Por ser albino es propenso a padecer enfermedades en la piel, trastornos de la vista y otras cosas. Como no quiere quedarse ciego ni adquirir un cáncer de piel, es que se cuida bastante.

—Oooh. Comprendo. —Era un alivio saber que nada grave pasaba con su profesor.

Fushiguro no era un experto en el tema. Lo que sabía era de las veces en que, más joven, llegó a cuestionar a Gojō el por qué usaba gafas oscuras todo el tiempo o por qué el bloqueador solar ingresaba a la casa como si se lo regalaran.

—¿Y lo dejaste ir solo?

—Nanami-sensei pasó por él. —Era una rutina bien establecida en la que no tenía nada que ver.

—Por cierto… —Cambió de tema ahora que se sentía más tranquilo—, ¿en verdad piensas ir a una cita en esas fachas?

Miró a Fushiguro de arriba abajo. Vestía un conjunto simple, holgado y oscuro.

—¿Quién eres? ¿Kugisaki Nobara, policía de la moda? —Rodó los ojos mientras se cruzaba de brazos. Le gustaba usar ropa cómoda. Poco le importaba si lucía bien o no. Que agradeciera que mínimo combinaba bien los colores; si usar el mismo tono de negro podía llamarse «combinar».

—Nada de eso. Pero, ¿no tendrás unos pantalones más… cerrados?

—No me gusta la ropa ceñida al cuerpo. Es incómoda.

—No me refería a eso. Es que… —¿Cómo dejarlo al gusto visual de Sukuna?—. Le gustan tus piernas.

Fushiguro contrajo el entrecejo, expresión entre la extrañeza y la antipatía.

—¡Pe-Pero no lo tomes a mal! —exclamó Yūji, corrigiendo sus palabras—. Le pareces sexy, pero no te quiere sólo por tu físico. ¡Quiero decir que…!

—Ya. Suficiente. —Llevó una mano a sobarse el puente de la nariz—. Déjalo así.

De no haber vivido ciertas situaciones con Sukuna, sumado a las pláticas espontáneas, le asquearía e incomodaría descubrir que lo deseaba por su cuerpo. Por otra parte, gracias a Internet y a fuentes más confiables sabía que, en la mayoría de los casos, el amor entraba por la vista y eso no sólo se limitaba a las personas. ¿Cuántas veces vio a Yūji ser seducido por una hamburguesa? ¿O a Nobara babear frente a las tiendas departamentales que colaboraban con la marca de Gojō?

En su propia experiencia, la apariencia de Sukuna no fue lo primero que llamó su atención, aunque ahora que comenzaba a pasar más tiempo a su lado, no podía negar que tenía un físico envidiable.

Él mismo no se quedaba atrás, es decir, aparte de los entrenamientos en la escuela, paseaba a sus perros por las noches mientras Gojō se metía al gimnasio, al cual, casi siempre asistían juntos los fines de semana por las mañanas. Tenía una rutina muy buena y se notaba en la zona abdominal, pero Sukuna y Yūji parecían estar hechos de un material distinto. Pesaban más que él y bastaba con verles los brazos para notar que eran puro músculo. ¿Cómo lo lograban? ¿Con qué los alimentaban de chiquitos?

En cualquier caso, no buscaba competir con ellos. Estar bien de salud era más que suficiente, el resto era vanidad.

—¿Qué sugieres entonces?

—¿Sobre qué?

—A ver. ¿De qué estábamos hablando?

—¡Ah! —La ropa—. Ven.

Como si fuera su propia casa, Yūji subió al cuarto de su compañero y se metió a su vestidor. Ambos tenían bastante ropa heredada de Gojō, por lo que el chico ya sabía más o menos qué patrones y cortes tenían sin la necesidad de desdoblar cada prenda que veía.

—Pantalones.

—Aquí. —Fushiguro señaló cinco cajones.

Yūji abrió el primero, lleno de tela color negro; el segundo, el mismo caso, pero en tono gris oscuro; el tercero, gris claro; el cuarto, pocos blancos; se detuvo en el quinto.

—¿Qué clase de psicópata organiza todo por colores?

—¿Sabes qué? Se cancela el evento. Voy a salir así.

—¡No, no, no! ¡Ni hablar!

De entre los pantalones negros tomó el único de corte recto que encontró.

—¡Este! Usa este.

No se ceñían como el cuero a la piel, mas se notaba el cambio.

—Playeras.

—Acá. —Puso el dedo sobre un par de puertas plegables. Al ser abiertas dejaron ver un estante donde había varias dobladas y acomodadas por tonos.

Yūji buscó una de cuello en «V» entre las blancas, porque eran las más ajustadas de las que tenía Gojō.

Extendió su hallazgo a Fushiguro para que se cambiara.

—Por último, alguna cosa que te pongas encima.

—En el clóset justo detrás de ti.

Yūji pasó la vista por chamarras, gabardinas y abrigos, analizando qué tela se veía más ligera, pues el clima afuera no se prestaba para salir con suéter de lana. Se topó con una especie de cárdigan abierto en color negro; suave al tacto, ligero y elástico. Eso serviría.

—Ta-dá.

Por la cara emocionada que puso, Fushiguro no pudo evitar compararlo con Nobara.

—¿Algo más?

—No. El resto requiere cirugía, pero ya es tarde para eso.

Fushiguro le soltó un golpe en la cabeza con el canto de la mano. No lo hizo con la gracia asesina con la que lo hubiese hecho Sukuna o Nobara.

—Si no es mucho pedir, también podrías intentar sonreír. Dicen que nunca estás completamente vestido sin una sonrisa. —Levantó el pulgar mientras exhibía lo blanca que era su dentadura.

—¿Y quién dice eso?

—Lo vi en una caricatura.

Esta vez, el golpe que recibió fue en las costillas.

—¡Para ser alguien que sólo lee libros eres muy violento, Fushiguro! —expresó para sacar conversación y hacer drama en el proceso.

—También puedo darte con un libro si lo prefieres.

Yūji dio un salto hacia atrás, adoptando una ridícula pose defensiva. Fushiguro a veces sentía que estaba cuidando de la bendición de alguien más, en lugar de su mejor amigo.


Gojō llegó a casa con el semblante de ser la persona más desgraciada en el planeta. Nanami lo botó en el sofá con la misma delicadeza de quien se deshace de una gran bolsa de basura.

—¿Joven Fushiguro? —preguntó en su sitio.

Al no recibir respuesta, subió las escaleras.

—Joven Fushiguro. —Tocó la puerta que sabía era su habitación.

Al instante, apareció el chico junto con Yūji.

—¡Oh, Nanamín!

—¿Yūji?

—Vino a ver a Gojō-sensei —explicó Fushiguro.

—Qué alivio. —Suspiró—. Significa que puedo regresar a casa.

Estaba resignado a pasar tortuosas horas escuchando a Gojō ver pasar la vida frente a sus ojos.

«¡Espere!» Fue la palabra que no salió de los labios de Fushiguro, pues su compañero le pasó por un lado y bajó las escaleras con prisa.

—No bajes corriendo —dijo Nanami, sacando un encendedor y su vicio de la cigarrera que guardaba en el bolsillo interior del saco.

A Fushiguro le molestaba el olor. Si se exponía al humo del tabaco por periodos prolongados comenzaba a dolerle la cabeza. No obstante, no es como si pudiera recriminarle algo a Nanami. Gojō lo dejaba fumar en la casa.

Al volver a la sala, se echó al hombro una bolsa del tamaño justo de una novela. El contenido era simple: llaves, cartera, celular, un par de condones. Le daba taquicardia —no en el buen sentido— recordar por qué llevaba esos últimos consigo.

«Espabila, Megumi» dijo para sí mismo. «No es momento de echarse para atrás.»

Le molestó una oración muy puntual que Gojō le dijo la última vez que hablaron.

«Tú no estás preparado para enfrentar ese tipo de relaciones.»

¿Qué demonios sabía Gojō de él? Muchas cosas, evidentemente. Eso no significaba que supiera cuál era su forma de pensar y de plantar cara a diversas situaciones.

El pasado ya estaba atrás, no se volvería a repetir; el presente tenía a Sukuna, su único escape; el futuro… no lo tenía asegurado. Lo que sí era un hecho, era que tomaría sus propias decisiones para echarle en cara a Gojō lo equivocado que estaba. De ese modo haría que dejara de meterse con él porque no tendría forma de predecir nada.

Dirigió sus ojos hacia el sofá, donde esa… rata albina se hallaba. Yūji le frotaba la espalda mientras Gojō, boca abajo, demostraba con gruñidos lastimeros lo mal que se sentía.

—Nanami es un demonio, Yūji. No le creas nada de lo que te prometa.

—A ver, ¿qué pasó ahora?

—Me dijo que me compraría algo saliendo del laboratorio y me regresó directo a casa.

—Ya no es un niño, sensei.

—¡¿Tú también?! ¡¿De qué lado estás?!

Yūji soltó una risa nerviosa. Por obvias razones estaba del lado de Nanami.

—Quería devorar un pastel para doce personas él solo —aclaró el demonio—. Por supuesto que no se lo iba a comprar.

—Codo —se quejó Gojō mientras abrazaba un cojín.

—Voy a preparar algo para desayunar. Sé agradecido. Joven Fushiguro…

—Yo voy de salida —interrumpió.

—Ya veo. ¿Tú ya comiste Yūji?

—Algo ligero —respondió. No era buena idea entrenar con el estómago cargado. No esperó toparse con esa escena.

—Ok. Desayuno para tres entonces.

—¡Gracias!

—Itadori —habló Fushiguro desde la entrada al terminar de colocarse los zapatos.

—¿Olvidaste algo? ¿Quieres que suba? —Creyó que fue llamado porque el otro no quería retirarse el calzado y volver. Comprendía de maravilla la sensación.

—Llama de inmediato si algo sucede. —Señaló a Gojō con los ojos.

—Oh… —Algo confundido, miró la espalda de su profesor.

Concluyó que su amigo podría estar preocupado por el estado de su tutor. Casi se le sale una lágrima al saber que Fushiguro sí tenía sentimientos. Sentimientos bonitos.

—¡Claro! ¡No te preocupes!

Al abandonar la casa, Gojō, en estado de monotonía, hizo uso de la palabra.

—¿Te dijo a dónde iba?

—Tiene una cita con Sukuna.

—Hmm...

Yūji se puso en cuclillas, volviendo al trabajo que hacía sobre la espalda.

—A usted tampoco le agrada mucho mi hermano, ¿no es así? —Le parecía gracioso que Gojō fuera sobreprotector. Lucía tan despreocupado y divertido, que, a su juicio, era un irónico contraste.

«¿Tan hostil sonó mi voz?» Tal vez era por el cansancio y el hecho de que tenía hambre.

Con movimientos lentos usó el sofá para lo que había sido diseñado: sentarse. Como el rostro ajeno quedó a la altura de sus rodillas, lo sostuvo entre sus manos.

—Tiene tu misma cara y no es nada lindo. Me consterna.

Escuchar eso fue casi un chiste para Yūji, mas no sonrió. En su lugar, se perdió en aquellos ojos azules, hipnóticos, que parecían arrebatarle el alma y la respiración cuando los tenía así de cerca.

El día que llegó por primera vez a esa casa, el buffet navideño y ese preciso instante, ya contaban tres veces en las que permanecía mudo y cegado por tal belleza.

—Sensei.

—¿Sí?

—Me gust…

«Me gustas» era lo que Gojō quería oír.

«Me gustan sus ojos» era lo que Yūji iba a decir.

—Yūji. —Fue la voz de Nanami, proveniente de la cocina, lo que cortó la escena—. Ven a ayudarme a cortar algunos vegetales.

Planeaba hacer desayuno, comida y llevar para la cena. Él no era ni chofer ni «damo» de compañía, por lo que saldaría cuentas con los alimentos. Eso sí, necesitaría algo de ayuda y convivir con Yūji era lo menos dañino para su salud mental.

No odiaba a Gojō, es más, a veces salía a beber junto con él y Shōko, pero su Gojō-o-metro ya se había saturado. Necesitaba paz y tranquilidad para restablecer sus límites de tolerancia habituales.

—¡Ah, sí! ¡De inmediato! —respondió Yūji, saliendo del hechizo en el que su profesor lo había sumergido—. Ya regreso.

Se levantó con dirección a la cocina. Antes de entrar, volvió al sillón sin darle la vuelta y se abalanzó hacia Gojō por la espalda. Evitó ser brusco.

—Intente descansar mientras tanto.

Le susurró al oído, previo a dejarlo solo con sus pensamientos para ir a apoyar a Nanami.

El rostro de Gojō quedó en shock; dentro de su cabeza, el asunto era distinto.

«¡Le gusto! ¡Le gusto! ¡Le gusto! ¡Le gusto! ¡Le gusto! ¡Le gusto! ¡Le gusto!» No paraba de repetirse a gritos.

Con una mano arrugó la tela que cubría su pecho.

«Ah, esto es malo.» Si se realizaba un electrocardiograma seguro lo ingresaban a un hospital por riesgo de infarto. Aunque por la forma tan desorganizada en la que sus propias ideas se arremolinaban, juraría que estaba por sufrir un accidente cerebrovascular.


Después de desayunar, Nanami dejó a Gojō al cuidado del único pseudo adulto responsable inmediato en caso de ausencia de Fushiguro. En primera, porque a los dos metros de drama hechos persona, sólo le habían sacado unos mililitros de sangre; en segunda, ellos se llevaban lo suficientemente bien para hacer el resto del día ameno.

Yūji se tiró en el sofá en lo que Gojō atendía sus necesidades fisiológicas en el baño. Cerró los ojos. En menor tiempo del esperado percibió un peso adicional sobre el cuerpo, el de Gojō, que ya había reposado la cabeza en su pecho. Yūji entrelazó las manos y las acomodó sobre la espalda opuesta, a la altura de los omóplatos.

—No me avisaste que vendrías. —Gojō inició la plática.

—¿No quedamos en eso?

Ante la duda que propició el silencio, Yūji continuó con la explicación.

—El día que nos llenamos de lodo dijo que entrenaría conmigo cada fin de semana. ¿Acaso lo olvidó? —No lo culparía de ser así. En la semana recogió un montón de ejercicios. Seguro había dejado que todo se le acumulara.

—¡¿Cómo podría?! —En especial cuando lo único que deseaba era verlo y respirar su esencia lo mantenía vivo—. Pero, ¿no dijiste que tenías mucha tarea esta semana?

—Adelanté la mayor parte. —Se la copió a Sukuna, Nobara y Fushiguro. Necesitaba un tiempo, necesitaba ese tiempo.

—Entonces… ¿Quieres entrenar ahora? —Estaba muy cómodo. No deseaba hacerlo. Se pondría en pie sólo si su chico se lo pedía.

—En un rato. —No solía ser flojo ni mucho menos, pero el sazón de Nanami era una maravilla. Comió demasiado, lo que le produjo mal del puerco. La idea de una siesta era tentadora.

Gojō dejó caer los párpados. ¿Cuándo fue la última vez que había descansado entre los brazos de alguien? Más bien, ¿había compartido cama con alguna otra persona en su vida?

Sus recuerdos de la infancia eran solitarios y desde su alocada juventud hasta la fecha, era de los que follan y corren. Despertar al lado de alguien le producía náuseas. ¿Qué era lo que había cambiado en él exactamente? ¿Desde cuándo tenía ese tipo de deseos? Y, ¿por qué?

Mientras él entablaba su sesión de preguntas y respuestas, con más de las primeras que de las segundas, Yūji también tuvo las suyas. Él era bastante empático y amable por naturaleza, todo lo contrario al hosco de su gemelo. No obstante, su sentido de la justicia también era fuerte y no dudaba en dar su merecido a quien obraba mal sólo por diversión o placer.

Dejando ese tema de lado, pero como introducción a lo que quería abordar, estar cerca de Gojō… lo alteraba. No sabía si era de buena o mala manera, porque le fascinaba estar con él y quería corresponderle, aunque en muchas ocasiones no sabía cómo.

Nanami, pese a ser serio y reservado, era cálido a su modo. Era un adulto que transmitía vibras paternales. Gojō era cálido con él; sin embargo, no se comparaba a lo que transmitía Nanami.

Fushiguro y Nobara estaban cerca en todo momento. Lo apoyaban, lo regañaban, podían discutir un rato y estar felices al siguiente. Era un cariño especial el que compartían. Gojō también estaba ahí para él; sin embargo, sentía su relación mucho más cercana que con Fushiguro y Nobara.

Sukuna era su otro yo, su sangre, su única familia. Sin importar cuánto pelearan, sabían que el otro seguiría ahí, cubriéndose las espaldas. Gojō también le brindaba protección; sin embargo, no percibía nada fraterno de su parte.

Por último, aunque sonara descabellado, tenía el ejemplo de Sasaki, la chica que se le había declarado. Se acercó de frente, nerviosa. Con sólo tener su cara de frente le fue fácil suponer los ojos con los que era visto por ella. Gojō no lo miraba igual. No había cavilación. No había inquietud. No había impaciencia. Sin embargo…

¿Por qué no sabía cómo corresponderle? No buscaba hacerlo por obligación de dar y recibir. En verdad tenía sentimientos por Gojō, pero él no era ni padre, ni amigo ni hermano. Cumplía la función de todos en su propia categoría especial. Una categoría sin nombre. Además, era su profesor y, a partir de ese día, igual sería su entrenador.

¿Por qué se sentía tan ansioso e intranquilo sólo de pensar en él?

Debería preguntarle.

—Gojō-sensei.

No recibió respuesta.

—¿Sensei?

Agachó la vista y descubrió a su maestro con ojos cerrados, respiración profunda y pausada.

Recordó que Sukuna alguna vez le mencionó que comprobar si una persona estaba dormida o despierta era muy fácil con las pestañas. Al momento de tocarlas por encima, el párpado reaccionaría si se estaba despierto. Por el contrario, no habría movimiento alguno si estuviera en un profundo sueño.

Con delicadeza, pasó el dedo pulgar sobre aquellas pestañas claras y alargadas. No hubo ni la más sutil de las reacciones.

Suspiró con dificultad al subir el pecho por el peso opuesto.

Algo en su interior le habló con la ronca voz de Sukuna.

«No pienses. De todas formas, no es como que lo hagas seguido. Nadie lo notará. Sólo haz lo que creas y ya. No busques explicaciones»

Nunca creyó que un consejo pudiera sonar tan ofensivo y acertado al mismo tiempo.

—Muy bien, eso haré —murmuró.

Acercó los dedos hacia los finos cabellos color nieve, deleitando el tacto con lo sedosos que eran. Llevaba un largo rato queriendo imitar lo que su profesor hacía cuando le ponía la mano sobre la cabeza. Fue tan satisfactorio, que se preguntó por qué se había contenido hasta ese instante.


Hola~ ¡Yo reportándome de nuevo! Este... Siento que ya saben qué voy a avisar... La próxima semana no hay capítulo. Por la situación de la "nueva normalidad" en mi facultad ya estamos regresando a laboratorios en grupos reducidos y esta semana me toca ir a 4; aunado a la carga de tarea, no creo que me de tiempo de actualizar; es más, ya evalué qué trabajos voy a entregar con retardo porque ni eso voy a poder acabar. xD

El lado positivo es que tengo un puente como de 5 días porque #DíaDeMuertos (nunca agradecí tanto vivir en México), así que si mis profes no se ponen ogt's y no nos dejan tarea, estaré actualizando el 2/Nov y el 5/Nov (sí, actualización doble), PERO si me dejan tarea, entonces sólo habrá la actu el 5/Nov. (╯︵╰,)

Lamento mucho las inconsistencias. Si tengo otros inconvenientes sólo durarán por el mes de Noviembre, después de eso tengo vacaciones de invierno, así que podré escribir sin interrupciones.

Por otro lado, estaré participando en la TojiIta Week del 25/Oct-31/Oct. (。•̀ᴗ-)✧ Y se preguntarán «¿cómo es que sí puedes actualizar para la week y no Addicted?» Pues porque escribí toda la week hace un mes y medio. x'D En mis redes sociales está toda la información de la actividad, así como los temas que elegí. Quienes disfruten la ship, espero que mis trabajos sean de su agrado.

Eso sería todo por hoy. Espero les haya gustado el capítulo y nos vemos en Noviembre. (◍•ᴗ•◍)