El niño maldito
Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.
Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.
Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
El último Merodeador
Harry tuvo pesadillas recurrentes sobre ese momento desde el final de la guerra hasta que nació James. Ingenuamente, creyó que al ponerle "James Sirius", de alguna manera, honraba a su padrino y por esto ya no habría más escenas desagradables en sus noches de descanso. Sí disminuyeron después de eso.
Ahora que corría a través del pasillo del Departamento de Misterios que nunca le pareció tan tedioso, sospechaba que podría estar atrapado en otro sueño. Una de esas pesadillas que consistía en recuperar algo perdido que luego se marchaba de nuevo.
Sabía que podía haber malentendido el mensaje, que no debía hacerse ilusiones, que podía significar cualquier cosa, pero ahí estaba de todos modos, abriendo la puerta de pronto y escabulléndose entre los Inefables.
El velo fue corrido hacia un lado, la tarima estaba expuesta. Un medimago le hacía preguntas a Sirius, que se encontraba sentado en el suelo.
Estaba igual que en el momento en que cayó dentro, a excepción de una quemadura en su ropa, el punto en que debió golpear la maldición que le arrojó Bellatrix. Rompió la prenda, lastimó su piel, y nada más.
Harry lo observaba desde unos metros de distancia, incapaz de dar otro paso, con la sensación de haber regresado a esa época.
Tenía quince años. Acababa de perderlo. Remus intentaba evitar que lo siguiese dentro del velo. No sabía qué hacía, cómo detenerlo, cómo salvar a todas las personas que le importaban, y sólo deseaba que hubiese alguien que pudiese cuidarlo y guiarlo en esos momentos.
Harry comenzó a llorar cuando el hombre lo miró. Sirius parpadeó, murmuró algo al medimago y volvió a ver a Harry, boquiabierto. De repente, se zafó del agarre del mago y se tambaleó hacia Harry.
—¡Mírate! —Se echó a reír, extendiendo los brazos hacia él—. ¡Sólo mírate! ¿Estás seguro de que no eres James? —Le palmeó el rostro—. Eres…creciste mucho —El rostro de Sirius se contrajo—, oh, creciste mucho, me lo perdí otra vez. Me prometí que tenía que compensar los primeros años que me perdí- ¿ahora cómo te compenso esto?
A Sirius se le quebró la voz y Harry lo abrazó. Ahogó un sollozo cuando lo tuvo entre sus brazos y fue sólido, real. Sirius le palmeó la espalda.
—Bueno, abuelo Potter, sería increíble que pudieses regresarme a donde estaba sentado, porque me estoy mareando…
Sirius se desplomó sobre él y Harry tuvo un instante de pánico, del que sólo pudo salir cuando Ron lo apartó y dejó que el medimago levitase a Sirius. Sabía que usaban palabras y eran importantes, pero ninguna entraba a sus oídos. Harry siguió al medimago que llevaba a su padrino, como si estuviese en un trance.
Habilitaron una sala en el Departamento de Misterios, porque nadie creía que pudiesen encontrar un área para este caso en particular en San Mungo. Ni siquiera los de accidentes mágicos estaban seguros de cómo ponerlo en sus informes.
Recostaron a Sirius en una camilla y comenzaron a realizar nuevos exámenes. El medimago le explicó la situación a Harry.
—El velo funciona como una entrada a otro plano, con su diferente tipo de magia y reglas. Al recibir una maldición que lo hizo caer dentro, su cuerpo se detuvo en el momento en que la maldición tendría que haberlo afectado, salvando su vida, pero lo conservó en un estado de "congelación consciente" del otro lado…
—No hemos podido sacar nada de ahí —añadió Smith. Harry no tenía idea de cuándo entró a la sala, oculto por su túnica y la capa de Inefable—, necesitamos ser muy cuidadosos. No sabemos por qué salió, pero no debió hacerlo solo. También tenemos que asegurarnos de que no tenga efectos secundarios.
—¿Qué tipo de efectos? —indagó Ron, al ver que Harry no podía articular una sola palabra y sólo observaba al hombre en la camilla.
El medimago y el Inefable intercambiaron miradas.
—El tipo de efectos secundarios de los que sería mejor no hablar con Potter a punto de colapsar —señaló Smith, con lo más cercano a un tono amable que le había escuchado alguna vez.
Fue un día extraño en que las horas se alargaron demasiado. La noticia se extendió entre sus amigos y Hermione fue a llevarles algo para comer, consciente de que Harry no pensaba moverse del Ministerio antes de que Sirius abriese los ojos de nuevo y Ron no quería dejarlo solo por mucho tiempo. Sólo entonces descubrió que ya había anochecido y tuvo que enviar un patronus a Ginny, dándole un breve resumen de la situación allí.
El patronus de Ginny pronto estuvo de regreso, contestando que se quedase con Sirius hasta estar seguro de que se encontraba bien. Lily y James estaban ocupados con un maratón de películas en la sala y Albus pasaría otra noche donde los Malfoy. Fue Draco quien lo sugirió y habló con ella.
Harry pasó la noche en una silla junto a la cama improvisada de Sirius, esperando cualquier señal de vida diferente del lento movimiento de su pecho al respirar. Vio a medimagos realizar exámenes, Inefables que ejecutaban hechizos complejos. Smith le hizo preguntas sobre ese día, que él respondió en tono plano, casi sin analizarlo.
Lo único que importaba era que estaba ahí. Tenerlo de vuelta. Debía preocuparse por no perderlo.
Cuando amaneció, Ron entró a la sala para buscarlo. Llevaba comida de Molly. Harry desayunó deprisa, tomó una ducha en los vestidores de los Aurores, se puso su uniforme y apareció en la oficina, sólo para que el viejo Grayson, su jefe, le dirigiese una mirada incrédula.
—¿No estabas pendiente del asunto del Departamento de Misterios? ¿Que no es tu padrino? Eso cuenta como cuidar a un pariente, maldición, Potter, fuera de aquí. Si quieres ayudar, escucha a esos Inefables locos hablar sobre por qué salió de ahí y rellena el papeleo que te queda sobre el intruso del Departamento. No te voy a sacar al campo con la mente en quién sabe dónde- ¡después me acusarán de matar al niño-que-vivió!
Así que Harry regresó al Departamento de Misterios con varias carpetas que necesitaban ser revisadas y un informe que iba a rellenar haciéndole preguntas a los Inefables que pasaban por la sala. Cuando descubrió que había terminado y no podía quedarse quieto, se unió durante unas horas al equipo que revisaba los pasajes secretos entre las paredes, en busca de señales del lugar por el que ingresó el intruso. Todavía no hallaban nada.
Incluso cuando un Inefable realizó un hechizo con un polvo que debería permitirles observar lo que sucedió ahí el día de la intrusión, no encontraron un rastro de magia ni a una persona. Lo único extraño que vieron fue a Harry perseguir a nada, hasta caer en la sala del vacío.
Regresó a la sala de Sirius de mal humor, sabiendo que algunos Inefables ya lo consideraban demente. Debería estar acostumbrado. Se dedicó a cuidar de su padrino y echarle un ojo a todos los procedimientos a los que era sometido.
Sirius no despertó hasta que empezaba a anochecer. Ron le llevó más comida después de que terminó su turno, se sentó con él y se pasó un rato hablando sobre un asesino que se hacía pasar por muggle para que los magos se confiasen. Muy listo, según él, pero no tan buen estratega.
—¿No sería más fácil fingir que los mata al estilo muggle? —Sirius tenía la voz ronca, pero se rio cuando ambos lo observaron sorprendidos por su intervención. Había escuchado durante varios minutos en un estado semiconsciente.
Harry se inclinó hacia él de inmediato, preguntándole cómo estaba, mientras que Ron corría a llamar a los Inefables y medimagos. La sala fue un caos, se le realizaron más exámenes, Sirius se quejó de los hechizos que le aplicaban, Harry apenas recordaba lo que era respirar y Ron le envolvía los hombros con un brazo, obligándolo a no divagar demasiado.
—Está bien, amigo —repetía Ron, palmeándole el hombro—, está bien, míralo, hasta quiere patear a los medimagos. Es Sirius siendo Sirius.
Harry utilizó su imagen de salvador del mundo mágico para firmar un acuerdo de responsabilidad. Podría llevar a Sirius a casa, sólo debía acompañarlo a sus revisiones semanales para comprobar que continuaba en buen estado y la estadía dentro del velo no lo dañó. Smith le dijo varias veces que era peligroso, porque se le echaría la culpa de lo que fuese que pudiese pasarle.
Él observó al mago tendido en la cama improvisada, quitándose y poniéndose la manta, y le resultó muy similar a Lily cuando no quería irse a dormir tan pronto.
—Puedo encargarme —afirmó Harry, frente al Inefable y los medimagos.
Así, Ron y Harry llevaron a Sirius Black a Godric's Hollow esa misma noche. Sirius salió de la chimenea tambaleándose, miró alrededor y apretó los labios por unos segundos.
—¿Por qué no te quedas en Grimmauld Place? ¿No te gusta? Sé que es una mierda, pero esperaba que vivieses allí. ¿Todavía la tienes?
—La tengo —Harry asintió, sujetando su brazo de forma cuidadosa para guiarlo a través de la sala—, voy todas las semanas, viví allí durante algunos años, pero fue imposible retirar todos los rastros de magia oscura y pensé que sería peligroso para los niños-
—¿Niños? —Sirius se detuvo y los vio a ambos—. ¿Dijiste niños? ¿Niños? ¿Como…como varios niños? ¿Más de uno? —Sostuvo el rostro de Harry entre las manos—. ¿Tienes hijos? ¿Plural? ¿Hijos?
Harry asintió, conmovido por la emoción que mostraba su padrino. Decidió añadir:
—El mayor se llama James Sirius.
A Sirius se le llenaron los ojos de lágrimas y se los talló deprisa.
—Oh, tengo que conocer a ese pequeño monstruo- con esos dos nombres debe ser todo un Merodeador, prongs habría comenzado a llorar de emoción, tengo tanto que enseñarle- ¿dónde están? ¿Están aquí?
—Lily y James deberían estar dormidos a esta hora, puedes hablar con ellos ma-
—¿Van a Hogwarts? ¿No es verano? Seguro pueden dormir más tarde- —Sirius se soltó de su agarre y comenzó a correr por el pasillo. Se transformó en perro a mitad de camino y ladró con fuerza, alertando a cualquiera en la casa.
Ron le palmeó la espalda a Harry, resignado, con una pequeña sonrisa.
—¿Mione y yo venimos mañana o tú vienes a la pequeña madriguera?
—Creo que será mejor que vengan —alegó Harry, negando al escuchar las puertas abrirse y la voz somnolienta de Lily preguntando algo.
Su mejor amigo tomó la chimenea para volver a casa y él siguió la dirección por la que desapareció Sirius. Se topó con una Lily de once años tirada en el suelo, retorciéndose bajo un perro negro que frotaba la cabeza contra la suya y le lamía la cara.
—¡Papá! —exclamó la niña. Vio a Harry de reojo al intentar quitarse al perro de encima—. ¡Papá! ¿Es nuestro? ¿Lo compraste? ¿Lo adoptaste? ¿Es nuestro? ¿Se queda? ¡Dime que es nuestro! Sí lo es, ¿verdad? ¡Espero que sea adoptado!
El perro dejó escapar un "feroz" aullido y continuó lamiendo a la niña que se carcajeaba. James acababa de acercarse y se abalanzó sobre ellos para rodear el cuello del can con los brazos.
—¡Tenemos un perro!
—Un perro, ¿eh? —Ginny se paró en el pasillo, cruzada de brazos y con una sonrisa.
Entonces James recordó que estaba a mitad de su fase adolescente de "no mostrar emociones como un niño" y soltó al perro; Sirius lo notó y saltó sobre él para comenzar a lamerlo también.
Harry se rio y se aproximó a ellos. Sujetó el pelaje del lomo de pads y lo apartó de los chicos.
—Ese es James Sirius —explicó, cabeceando hacia su hijo mayor—, ella es Lily Luna. A Ginny la recuerdas, ¿no? La hija de Molly.
—Hola, Sirius —Ginny lo saludó con un movimiento de barbilla.
—El único que falta es Al —agregó Harry, acariciando la cabeza del perro negro—. Albus Severus.
El perro emitió un quejido demasiado humano y enseguida regresó a su forma anterior. Lily gritó al encontrarse al mago adulto en su lugar.
—¡El perro se convierte en una persona! ¡Papá —Lily lo observó—, es el mejor perro del mundo!
—¿Un animago? —James se dirigió a su madre y luego a su padre, arrugando el entrecejo. Luego hizo la conexión—. ¿Sirius…? ¿Como…ese Sirius?
—¡Claro que soy ese Sirius! —Sirius le echó un brazo en torno a los hombros a cada uno y los jaló hacia sí. Le habló a Lily primero—. A ver, tú te pareces mucho a Evans, tu abuela- te voy a enseñar a maldecir a los chicos. Evans era genial en eso. A veces le lanzaba unas maldiciones a prongs que- bueno, él se las merecía —Se carcajeó y luego le revolvió el cabello a James—. Y tú…
—¿No estabas muerto? —James lucía confundido.
—¡Pues no! —Sirius lo estrechó más—. ¿Te gustan las bromas?
A James le brillaron los ojos y se olvidó por completo de cuestionar si estaba vivo o no. Harry empezó a preocuparse por haber juntado a esos dos.
Ginny caminó hacia él y los dos observaron a Sirius prometerle a los chicos desde golosinas hasta reliquias de los Black que podían ser usadas para realizar bromas geniales.
—¿Feliz? —susurró, viéndolo de reojo por un instante.
Harry asintió y tragó para bajar el nudo en su garganta.
Perdió a demasiadas personas en muy poco tiempo. Al menos una de ellas había vuelto.
—Bien, sé que todos estamos muy contentos hoy —Ginny entrechocó las palmas para llamar a los tres—, pero la hora de dormir de Lily ya pasó —Vio a James— y espero que tú estuvieses a punto de dormir también.
James le enseñó una sonrisa inocente que le decía que no, de hecho, no estaba ni cerca de dormirse.
—¿Dormir? —Sirius escupió la palabra—. ¿Dormir en verano? ¿Antes de la medianoche? —Miró a Harry y gesticuló un "¿qué es lo que le pasa?" con los labios, sin hacer ruido—. Va a resultar que eres igual de aburrida que Molly…
Ginny arqueó las cejas.
—¿Quién es aburrida, Sirius Black?
—Tú —Sirius le mostró una sonrisa enorme.
Y esa es la historia de por qué los Potter tuvieron un juego de Quidditch a las once de la noche en pleno verano. Ginny tiró a Sirius de la escoba dos veces en el proceso.
Cuando Albus salió de la chimenea por la mañana, con su morral en la espalda, se encontró a sus hermanos dormidos en el sofá-cama con un gran perro negro y a su padre en uno de los sillones.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó a su madre, que se preparaba para salir.
Ginny jugó con su cabello y sonrió, encogiéndose de hombros.
—El padrino de tu papá regresó de entre los muertos, ya sabes, lo usual para él.
—0—
Era la cuarta vez que Sirius le preguntaba por qué le puso el nombre de Snivellus a uno de sus hijos.
Harry suspiró.
—Sé que no era maravilloso, pero intentó cuidarme, a su manera. Y tú tampoco fuiste precisamente bueno de joven —Lo señaló con un dedo acusador.
—¡Yo no estuve en el lado de los malos en la guerra!
—Sabes que hablo de cuando eras más joven, antes de la guerra —Harry hizo una pausa, con su taza de café a punto de tocarle los labios, y frunció el ceño—. No le enseñes a James a ser un idiota, ¿de acuerdo?
—Sólo-
—Por favor, Sirius. No quiero malas influencias alrededor de ellos, supongo que tú ya sabes qué has hecho mal y qué has hecho bien, y no lo incitarás a hacer algo malo, ¿verdad?
Su padrino lo aceptó de mala gana y se bebió el chocolate caliente en una taza de unicornio que Lily le prestó. Se demoró un rato en hablar de nuevo.
—¿Cuándo fue?
—¿Cuándo fue qué? —Harry comprobó que los hechizos que usaba para preparar el desayuno siguiesen en marcha y se sintió desorientado al volver a verlo.
—Cuando murió moony.
Harry bajó su taza, tomado por sorpresa. Su pecho se apretó. Sirius siguió bebiendo el chocolate, con los ojos puestos en la mesa.
—Creo que si estuviese vivo, habría aparecido allá cuando desperté la segunda vez, o en el Ministerio, o habría esperado aquí, o venido por la mañana a verme, ¿no? ¿Estoy equivocado?
Él negó.
—Fue…en la batalla de Hogwarts. Casi dos años después de que tú- eso.
Sirius asintió, despacio. Puso una sonrisa en su cara cuando Lily se asomó en la cocina para preguntar cuánto faltaba para comer y volvió a una expresión en blanco apenas la niña se dio la vuelta y regresó a la sala para fastidiar a su hermano.
—Tuvo un hijo —Harry imaginó que era algo que querría saber, ya que él fue el único hijo de los Merodeadores durante tanto tiempo—, por si lo quieres conocer…es un gran chico, soy su padrino. Si tú hubieses estado, seguramente habrías tenido ese puesto, pero podemos decir que lo somos los dos, ¿no?
—¿Con quién? —Fue lo único que preguntó.
—Tonks.
Sirius asintió otra vez.
—¿No lo quieres conocer?
—Hoy no, Harry —murmuró su padrino—. Después, ¿sí?
Harry asintió sin cuestionarlo. Sirius rellenó la taza de unicornio y escucharon la discusión de los chicos en la sala por un rato.
James hablaba con sus amigos en la versión mágica de la tablet que George sacó al mercado unos años atrás y Lily quería que se la prestase para Merlín sabía qué; a ella le darían una cuando entrase al colegio. Albus estaba metido en su cuarto, como de costumbre.
Lo sorprendió que Sirius hablase de nuevo en voz baja.
—De alguna manera, sabía que no era un sueño cuando lo vi, ¿sabes? A Remus —soltó una risita sin humor y negó—. Estaba tan oscuro, y hacía frío, y estaba solo…y el tiempo no pasaba. Y de repente, Remus caminó hacia mí. Se sentó conmigo en medio de esa oscuridad y lo primero que me dijo fue "no sé si estoy muriendo, o si ya me he ido". Hablamos mucho, no mencionó a Tonks, o al niño. Al final, me dijo que estarías bien, que tenías a más personas contigo. Eso lo aliviaba, y si estaba aliviado…se podía ir.
Sirius contempló el líquido en su taza y frunció el ceño a alguna memoria en su cabeza.
—Intenté seguirlo, pero no llegué a ninguna parte…y lo perdí de vista.
—¿Te quedaste solo en la oscuridad otra vez hasta que saliste? —A Harry se le rompía el corazón sólo de pensarlo.
Su padrino arrugó más el entrecejo.
—No, hubo alguien más. Iba de paso, no sé quién era, no pude mirarla bien- me vio parado en medio de la nada y me dijo "¿necesitas ayuda?" con una voz muy suave —Hizo una pausa—. Después…fui lanzado hacia afuera.
—¿Le dijiste esto a los Inefables?
Parecía una gran pista. Si alguien dentro del velo podía manipularlo, su investigación no se quedaría estancada en donde estaba.
—Sí, se los conté, pero no están muy seguros de que fuese una persona.
—¿Qué más podría ser?
Sirius se encogió de hombros.
—Una criatura, un ente, un fantasma…un monstruo. O algo intermedio entre todo eso, yo qué sé, le dejaré ese dilema a los Inefables y seguiré disfrutando de esta linda taza de unicornio —Sirius balanceó la taza en su mano—. Me encanta, ¿sabes?
Harry se permitió soltar una risita, que lo animó a él también. Poco después llamó a los chicos para que desayunasen juntos.
James se acercó para buscar su plato, con la tablet en una mano y revisando unos mensajes.
—¿Es una emergencia, Jamie? —indagó Harry, divertido cuando su hijo casi chocó con una pared por tener los ojos en la pantalla.
El adolescente asintió, distraído.
—De vida o muerte, papá.
Lily miró la pantalla por uno de sus costados y frunció el ceño.
—Sólo es Lorcan preguntándote si-
—Pídele su tablet a Al, entrometida —James le tocó la mejilla con la tablet y se sentó junto a la mesa, poniéndola en sus piernas, desde donde podía leer si le llegaba un nuevo mensaje y comer a la vez.
La niña abrió la boca en un grito silencioso de pura indignación. Se giró hacia su otro hermano, que se acercaba arrastrando los pies y con una expresión de no haber dormido desde que comenzó el verano.
—Al, ¿me prestas tu…?
—No —Albus tomó su plato y se sentó en medio de un Sirius que contenía la risa y un distraído James.
—¡Ni siquiera sabes qué te iba a…!
—La tablet no, mi teléfono mucho menos, y todavía no me has regresado el volante de mi magiwii.
—¿Qué volante? —Lily giró el rostro en otra dirección y prefirió concentrarse en Sirius, lo que hizo que Albus frunciese el ceño.
—¿Magiwii? —Sirius se dirigió a Harry, confundido.
Él se rio y negó.
—Hay muchas cosas que todavía tengo que mostrarte, Sirius.
Tantos años no podían resumirse en algunas horas.
