El niño maldito
Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.
Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.
Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
El método Malfoy para dar una buena clase
New Forest.
Una persona cubierta por una larga túnica negra, la capucha y un hechizo de sombras se Apareció en el centro del parque. El verano ya había terminado, pero todavía no se sentía el inicio de la siguiente temporada como podría haberlo esperado.
Aguardó por unos segundos allí, mientras los consecutivos plop-plop-plop le avisaban de la llegada de sus compañeros. Parados bajo los árboles del parque, cada uno se giró hacia la primera en Aparecer.
Colocó ambas rodillas en el suelo, recitó un encantamiento en voz baja y hubo un leve ruido de interferencia que se mezcló con la brisa nocturna.
—Nuestra Señora dice que podemos comenzar —anunció de pronto, levantando la cabeza. A través de los hechizos de sombras, un par de ojos azul hielo vieron a los demás—. Dubois primero. Después Weber. Háganlo.
En medio de esa noche cerca del principio del otoño, una bruja con una túnica marrón se abrió paso entre los demás, con los brazos extendidos a sus costados. Cantó hechizos en una lengua extraña, y cada vez que sus dedos rozaban cualquier punto de una planta, esta comenzaba a crecer de forma acelerada. Los tallos se extendieron, los troncos se elevaron más, las hojas aumentaron de grosor, hasta que un árbol de dos metros se convirtió en uno de cinco y el de seis debía ser mirado con la cabeza echada hacia atrás.
Empezó a bailar, girando sobre los pies, asegurándose de tocar la mayor cantidad de plantas posibles. Sus dedos soltaban chipas de colores. Flores brotaron del suelo en los puntos en que sus talones entraban en contacto con la fría y húmeda tierra.
—Weber.
Mientras Dubois hacía lo suyo, Weber, un mago mucho mayor, se acercó a un árbol y esperó que la bruja hiciese bajar y curvar una rama, que utilizó como asiento. Luego fue levantado varios metros y quedó en un puesto especial entre las copas de los árboles. Este trabajo era perfecto para él. Sujetó el tallo más próximo a su posición y el mismo fue maleable entre sus dedos, tan ligero como un trozo de cinta que pudo enrollar a gusto. Lo unió a otro tallo y se dedicó a tejer, tarareando para sí mismo.
El otro miembro que llamaba la atención en ese extraño grupo de encapuchados era Simon, que no se molestaba en ocultarse dentro de su túnica con runas antiguas. Sus ojos negros sin esclerótica veían alrededor con algo similar a la cautela. Más que un humano, lucía como una especie de demonio de fantasía sacado de un libro muggle.
—Podría llamarlos para que vengan para acá…
—Nuestra Señora no ha dicho nada sobre eso —replicó la persona que los guiaba, de nuevo de pie y escondida tras sus sombras y tela.
—Es aburrido no tener algo que hacer.
—Tendrás mucho que hacer más adelante, sólo espera al día de brujas. Este es apenas el comienzo, nuestra Señora tiene grandes planes.
Simon soltó una risita, asintió y se dedicó a observar a sus compañeros que sí tenían tareas para esa noche. En cualquier caso, estaba allí para comprobar el perímetro y que no hubiese ninguna persona cerca mientras el trabajo era realizado.
Fue una noche bastante productiva para la Cofradía.
—0—
Ron se inclinaba sobre su mesa en el Departamento de Aurores, con los codos apoyados en la madera y el rostro enterrado en las manos. Se apretó el puente de la nariz y masculló un par de frases de una manera que su esposa habría calificado como "poco educado para un héroe Auror con una Orden de Merlín".
De repente, un par de periódicos muggles fueron arrojados frente a él. Paró de lamentarse de su elección de carrera y le echó un vistazo. Harry, al otro lado de la mesa, parecía a punto de empezar a dejar huellas de quemaduras en el suelo con tanta energía enojada alrededor.
—¡No les bastó con New Forest! ¡No, claro que no! —rugió Harry.
Se pasó las manos por el cabello con desesperación y empezó a caminar frente a su mejor amigo que leía las noticias desde la perspectiva muggle.
—Snowdonia, Exmoor, Northumberland…van de un lado a otro, entre parques que ni siquiera sabía que existían. Lagunas congeladas en pleno septiembre, ¡nieve cayendo en la costa cuando está acabando el verano! Los árboles tuvieron un crecimiento acelerado en un par de noches, las ramas están entretejidas con formas extrañas, y los muggles no saben si tienen una alucinación colectiva, llegaron los aliens, es una publicidad de algo, o hay alguien muy aburrido con su vida para dedicarse a esto por las noches. El Departamento de Uso Indebido de la Magia está frenético- ¿y sabes qué pasa cuando ellos están frenéticos?
—Fastidian al viejo —recitó Ron, que se sabía ese discursito de memoria—, que te fastidia a ti, que me fastidias a mí, que fastidiamos a los novatos…pero, amigo —Regresó los periódicos a la mesa—, técnicamente, no están haciendo nada malo, ¿no?
—No, por supuesto que no —Harry se dejó caer sobre la silla contraria y se desabrochó el cuello de la túnica del uniforme cuando pensó que lo ahorcaría con tanto estrés—, sólo exponen la magia donde los muggles la pueden ver, le sacan más canas al Ministro, y crean —Tomó uno de los periódicos y leyó:— "obras de arte ecológicas que demuestran que la naturaleza siempre es más hermosa que lo artificial y aún nos tiene demasiadas sorpresas" —Rodó los ojos y lanzó el periódico sobre la mesa. Comenzó a negar—. Esto ni siquiera tiene que ver conmigo.
—Siempre terminamos haciendo cosas que no tienen que ver con nosotros —alegó Ron, gesticulando—. Mira, ¿crees que eso es un problema? ¡Tienes desmemorizadores y magos entre la prensa! —Recogió una carpeta y se la arrojó. Harry la atrapó en el aire—. ¡Tengo un asesino suelto! Tres víctimas, rubias, veinteañeras, brujas hijas de muggles, ojos azules o verdes. De pronto, ha matado a una cuarta, ah, pero ese no es el problema, no- la cuarta es pelirroja, de ojos café, en sus treinta y sangrepura. Y luego voy yo y les digo a los de la división de homicidios que alguien tan maníaco no cambia su objetivo de la nada cuando ya viene con un patrón, entonces algo le sucedió que redirigió su ira, o hay un imbécil copiando su método para intentar engañarnos. ¿Y sabes qué me dicen los muy idiotas?
—¿Que si te graduaste de vidente? —ofreció Harry. Le dijeron algo así cuando hizo su primera observación a la división de homicidios y Ron se ponía rojo de pura rabia cada vez que pensaba en eso.
—¡Que no se puede saber cuál es el objetivo de alguien así! —Ron volvió a hundir el rostro entre sus manos—. Amigo, ya sé cómo se sentía Mione cuando no entendíamos lo que era tan obvio, no tienes idea de cómo aprecio ahora que se detuviese a explicarnos, incluso si era de mala gana. ¿Por qué les decimos Aurores investigadores? Les aseguras que el sol es verde y te van a decir que sí, aunque lo estén viendo amarillo, te lo juro. Y luego tú serás el idiota si intentas…
Harry frunció el ceño y apuntó algo en la carpeta que le mostró a su mejor amigo. Ron lo observó casi suplicante.
—¿Quién es este?
—Hendrick —Ron meneó la cabeza—, uno de los sospechosos que atrapé para interrogar. El gruñón —Se refería al jefe de su división— me hizo soltarlo después de veinticuatro horas.
—¿No lo vimos ayer en la cafetería del Minis…?
Eso era todo lo que necesitaba.
—¡Se tiñó de pelirrojo! ¡Tienes razón! —Se levantó de un salto y empezó a recoger sus papeles del caso deprisa. Un hechizo los levitó hacia otra parte, mientras que él dio una vuelta al escritorio y palmeó el hombro de Harry—. Gracias, compañero, sabía que algo me faltaba-
—No puedes dejar que los de homicidios te alteren tanto, Ron —le recordó con suavidad, tendiéndole la carpeta con los papeles del sospechoso.
—Ya sé, ya sé- gracias, eh. Prometo estar pendiente de lo de los parques —Se tocó la sien, un tic que adquirió en la Academia cuando "guardaba" algo en su memoria y pronto buscó a algunos novatos de su división.
En unos instantes, Harry lo oía hablarles de la conexión emocional que podían suponer que existía por el perfil del asesino, teología de los colores y algo sobre los nuevos métodos mágicos para teñirse que pocos magos entendían.
—¿Pero cómo tiene algo que ver con…? —La pregunta del novato quedaba a medias en el torbellino de energía recién renovada que era Ron cuando tenía una idea.
—¡Se teñía desde antes! ¡De rubio! ¡Un rubio falso! Si seguimos con la idea de que se trata del mismo asesino, que se haya teñido de pelirrojo la misma semana en que muere una pelirroja no puede ser casualidad, vamos, une los puntos- mi esposa me ha dicho que la conexión que tienen algunas mujeres con su estilista es sorprendente. Bien, no es mujer, pero nadie dice que un hombre no pueda apreciar a su estilista. Sabemos cómo termina el "aprecio" de estos psicópatas. Ahora, quiero que averigües a dónde va, cómo, cuándo y empezaremos a buscar las conexiones en…
Harry casi sentía ganas de cambiar de lugar con él. En su primer año como Auror, el jefe del Departamento decidió que era demasiado "valioso" para los "crímenes comunes" y sería más "útil" en otros ámbitos. Eso se resumía en que Ron se paraba frente a una pizarra con fotos de víctimas e información por juntar que apuntase a su chico teñido y él tenía que hablar con la prensa para que no entrasen en pánico por una posible ruptura en el Estatuto Internacional del Secreto.
—Señor —Un novato se acercó con cautela y habló aún más bajo al notar la mala expresión de Harry—, la señorita Skeeter lo espera en el Atrio.
Esa vieja bruja todavía andaba por ahí y no perdía la oportunidad de entrevistar a Harry. Si se enteraba de que fue con Nicolás Flamel antes de su muerte y le arrancó la fórmula de la piedra filosofal para ganar su propia inmortalidad, ni siquiera se sentiría sorprendido. Todo fuese para conseguir más noticias y escribir libros como "El niño-que-vivió: la historia del joven héroe con una patológica necesidad de atención y un psicótico deseo suicida".
Cuando era obligado a lidiar con ella, Harry se entretenía pensando que tenía un Horrocrux y preguntándose qué sería. Ese día, la soportó imaginando que era su pluma. Entonces, en su mente, podía tomar la dichosa pluma, romperla y oírla chillar como banshee.
No había hablado mucho con su psicomago esos días.
—0—
Harry llegó a casa a través de la chimenea, retiró el hollín con un hechizo y se sacó la túnica al instante. La levitó hacia la cesta de ropa sucia en el cuarto.
Un gran perro negro ocupaba el sofá más amplio de su sala. Agitó la cola al verlo, dio un ladrido y continuó presionando las patas y la punta de la nariz contra la pantalla de una tablet mágica salida de Merlín sabía dónde. Harry acarició tras sus orejas y le apartó la cabeza de la tablet.
—Si la ensucias, te costará más usarla después, pads.
Sirius volvió a ladrar, le lamió la mano y siguió tocando la pantalla con las patas. Descubrió que probaba un juego de cocina.
Los últimos intentos de Sirius por cocinar le ganaron una prohibición mágica de estar a menos de un metro de la estufa, pero él insistía en que quería preparar algo para Harry, ahora que no tenían a un elfo doméstico ni a Molly.
El aroma a comida recién preparada debía ser de alguien más. Harry analizó las posibilidades y buscó una esencia mágica al caminar hacia allí. Molly ya lo habría saludado, Ginny estaba en la otra punta de Europa reclutando jugadoras para su equipo, Hermione debería estar todavía en el trabajo.
Oh, pensó cuando identificó la magia presente en su casa. Él.
Su ahijado Teddy bailaba por toda su cocina, usando un delantal de "Los Hufflepuffs amamos las galletas, dame una galleta". Su cabello estaba teñido de un azul celeste, puntiagudo en todas direcciones, e imitaba los ojos grises de Sirius.
Se detuvo de pronto, con la sartén todavía en la mano, cuando descubrió a Harry viéndolo con las cejas arqueadas apenas se giró. Se tambaleó por detener su baile de forma abrupta.
Teddy carraspeó.
—Harry, ahm-
—¿Cómo te escapaste esta vez?
El cabello de Teddy se alisó y sus movimientos fueron más lentos. No siguió bailando.
—Me convertí en la profesora de Leyes Mágicas y salí por la puerta principal.
—¿Y nadie lo notó? —Harry se rio—. ¿No deberían estar más pendientes de eso después de la última vez?
—No, porque la última vez fui el profesor de psicología de la magia, y ellos asumen que convertirme en mujer me afectaría de alguna manera —Teddy rodó los ojos—, entonces descubrí que puedo salir viéndome como mujer sin que sospechen.
Teddy estaba en la Academia de Aurores, pero todavía tenía un cierto problema con la autoridad.
Ya que Andrómeda decidió que su trabajo de crianza estaba hecho cuando Teddy demostró que le iba bien en la Academia, y se fue en un crucero de seis meses que luego se extendió a diez y después a trece, no había nadie en su casa, y él prefería visitar a Harry. Sobre todo ahora.
—¡Le regalé una tablet a pads! —avisó de pronto—. Le conseguí un usuario para la red mágica y hoy le voy a enseñar a jugar Quidditch en el magiwii…
De cierta manera, parecía que Teddy tomó a Sirius como el padre que siempre quiso. Puede que fuese porque era el que mejor conocía a Remus entre los mayores que lo rodeaban, porque fue familia de Tonks, o sólo porque estaban igual de locos. Harry temía que su casa explotase con los dos solos. Incluso sus hijos eran más confiables.
—O podrían sólo jugar Quidditch normal…
—No, no —Sirius, de regreso en la forma humana, batallaba con los controles del juego desde el sofá—, quiero jugar en la magiwii. Hice una apuesta con James de que superaría su mejor récord antes de que volviese de Hogwarts.
Harry vio a su padrino peleando con la tablet, a su ahijado que se quejaba de haberse quemado por probar algo sin soplarlo, y tuvo la sensación de que había dos niños más en casa que no eran suyos.
Resignado, le preguntó a Teddy en qué podía ayudarlo para que comiesen pronto.
Una hora y media más tarde, los platos levitaban hacia el fregadero y Harry veía a Teddy quitarle el control de la magiwii a un aturdido Sirius.
—Necesitas reposar después de comer así, Sirius.
—¿Qué? ¡Pero si nunca he tenido que "reposar" en mi vida!
—¡Eso fue antes! Estás muy mayor para-
Sirius lo interrumpió con un sonido agudo de indignación.
—¡No lo dijiste! ¡No lo dijo! —Miró a Harry y de nuevo a Teddy—. ¡No te atreviste a decirlo!
—¡Tienes que cuidarte más! ¿Sabes? Aunque no lo parezcas, ya vas rumbo a los sesenta-
—¡Lo dijo! —chilló Sirius, echándole otro vistazo a Harry.
Decidió que los dejaría discutir en la sala. Supervisó a los platos que se lavaban solos en la cocina y recogió las sobras de la comida para que Teddy se las llevase cuando volviese a la Academia. Una lechuza tocó a su ventana y le abrió, mientras esos dos continuaban quejándose a unos metros.
James le escribía cada domingo sin falta. Lily lo hacía los lunes y jueves. Albus era el único que recordaba su existencia en momentos al azar y le contestaba las cartas después de terminar sus tareas. La carta era suya.
Harry le dio una golosina a la lechuza, le acarició el ala y la envió a descansar. Se recargó en la pared detrás de él para ojear la carta a gusto.
Algunas noticias sobre su día a día, varias menciones de Scorpius, algunas de Draco, un poco más de Scorpius, quejas sobre sus tontos compañeros, quejas sobre el Quidditch de sus tontos compañeros, quejas sobre lo tonto que era James, y otro poco de Scorpius, por si a Harry no le quedaba claro que era el mejor amigo que su hijo podía haber encontrado.
Albus acompañó la carta con un par de fotografías. La primera era de la visita trimestral de la P. E. D. D. O. a las cocinas. Rose portaba la insignia de la asociación que Hermione le dio y realizaba una entrevista sobre sus condiciones de trabajo a una elfina muy alegre, mientras Scorpius era rodeado por elfos curiosos y Albus se comía un panecillo. No tenía idea de quién la tomó.
En la segunda, en la biblioteca, Albus evitaba ver a la cámara con una expresión de hastío y Scorpius saludaba a quien les tomaba la fotografía. Una serpiente negra estaba enrollada en sus hombros y torso.
Harry miró a Sirius en la sala, todavía protestando por tener que descansar antes de jugar, y luego de nuevo a la serpiente que se alzaba desde el hombro del adolescente.
…hubo alguien más. Iba de paso, no sé quién era…
…después…fui lanzado hacia afuera.
Parecía que su destino siempre lo guiaría de vuelta a Hogwarts. El asunto de los parques podía esperar al informe de los desmemorizadores. No se quedaría tranquilo hasta resolver todas sus dudas relacionadas a Sirius y su aparición.
Cuando pasó por la sala, fue interceptado por su ahijado, que abrió los brazos y le bloqueó el paso.
—¿Crees que el único anciano que necesita dormir es pads, Harry?
—Tienes que estar bromeando-
Harry bajó su brazo, en vano, porque el chico lo atrapó y arrastró hacia atrás.
—¡Necesitas descansar!
—¡Te cambié los pañales, trátame con más respeto!
—¡Precisamente porque estabas por ahí mientras yo andaba en pañales! ¡A descansar, abuelo!
Sirius se carcajeaba desde el sofá. Debió ser convencido de descansar, porque la magiwii fue apagada. Cuando vio que Harry tenía posibilidades de huir, se transformó en perro y se le unió a Teddy, corriendo alrededor de ellos para que Harry no pudiese alejarse sin Aparecerse.
Sí, tenía a dos niños de visita en casa.
—0—
Para su segunda semana de clases, Draco llevó el "se el profesor de Slytherin que querías tener cuando estudiabas" a un nuevo nivel. No podía imitar a Snape. No era Snape.
Entonces llamó a Scorpius durante el fin de semana para que lo ayudase a organizar una nueva clase, escuchó sus extrañas e interesantes "opiniones adolescentes" y recuperó su energía. Tenía una misión.
Arregló una maldita reliquia mágica aparentemente inservible sin ayuda alguna a los dieciséis años, en una crisis nerviosa y con su vida y la de su familia en riesgo, vivió con Voldemort, estuvo en la guerra, ¿qué eran unos chicos en comparación?
Sí, algunos podían tener mal comportamiento. ¿No fue él igual? ¿No fue peor en muchos casos? Incluso si sus profesores nunca tuvieron quejas de su promedio o su atención a las tareas, de sólo pensar en su "yo" adolescente, sentía que alguien debía darle una sacudida y decirle unas cuantas cosas sin delicadeza alguna.
Pues bien, así sería con esos chicos. Lo que él quería y no tuvo.
El lunes, durante la segunda hora, un grupo de Gryffindor y Hufflepuff de quinto año encontraron las mesas en una disposición diferente a la que debía poseer un laboratorio. Nada era lineal y exacto, sino que varias mesas se reunían en grupos más pequeños, rodeando unos muebles redondos con diferentes objetos.
Draco se recargaba en su escritorio, de pie, y aún vestía de rojo por completo. La semana anterior fue una silueta demasiado llamativa en el ambiente sombrío y frío. Esa vez, tenía chimeneas nuevas y funcionales, adaptadas con mejores hechizos para las mazmorras, retiró la humedad y los vapores, artículos y frascos traían más colores al ambiente que los viejos libros de magos aburridos que hace años que no tocaban un cuchillo o un caldero.
—¿Cuándo se convirtió el laboratorio en un salón de baile? —James Potter miró el espacio vacío en el centro del aula, al profesor, y le enseñó esa sonrisa arrogante que hacía que Draco casi pudiese verse a sí mismo en él. Los demás Gryffindor se rieron como si acabase de decir el mejor chiste del mundo.
—Hoy, señor Potter —Draco disfrutó del leve déjà vu de inyectar un poco de ácido al pronunciar ese apellido. Recogió una pieza de tela que estaba sobre la mesa y se la lanzó al chico que hizo uso de sus habilidades de Buscador para atraparla—, sígame el ritmo, suponiendo que pueda hacerlo. Aquí. Será mi asistente hoy. Comenzarán a turnarse en cada clase. Le daré puntos extra y responderé preguntas si lo hace bien —agregó, apenas el Gryffindor abrió la boca con esa expresión que ponía el mismo Harry Potter cuando estaba por protestar acerca de algo que no creía que fuese justo.
Desde que llegó allí, tenía demasiados recuerdos de su época de estudiante. Los de Potter no eran tan desagradables a comparación de otros. Casi servían de incentivo.
De mala gana, James se puso la túnica negra sobre la ropa, haciendo un comentario sobre parecer un murciélago. Draco lo ignoró y se dio la vuelta, fingiendo no percatarse de las miradas curiosas de más de diez adolescentes.
Los tenía durante tres horas y había planeado cada segundo. Se estaba divirtiendo sólo de imaginar sus reacciones.
Llamó a James con un gesto, y apenas este se colocó a su lado, le tendió un cuchillo.
—¿El asistente es el que le corta los ingredientes? —Arrugó la nariz. Toda su cara parecía decir un "ahora entiendo por qué empezó conmigo".
Draco sacudió la cabeza. Frente a todos los chicos desorientados, puso su mano sobre una tabla de madera que tenía en el escritorio y la apuntó.
—Córtala.
La expresión de James se quedó congelada en una mueca confusa. Miró a sus compañeros, luego de nuevo a Draco, y él empezó a reírse por dentro por la manera en que retrocedió.
—¿Qué- qué quiere que haga?
—Que me cortes un dedo. Puede ser el meñique, si te asusta la idea.
—Pro- profesor, eso no es divertido —balbuceó James, soltando el cuchillo.
Draco rodó los ojos. Recuperó el cuchillo, lo hizo girar ante las miradas cada vez más aturdidas de sus estudiantes y cortó en un solo movimiento sobre la tabla de madera.
Hubo jadeos y gritos, algunos que se cubrieron los ojos y otros que sujetaron a sus compañeros, antes de que notasen que el cuchillo empujó la piel de sus dedos hacia abajo, la presionó contra la madera y luego la soltó, sin causarle ningún daño. Su mano volvió a la normalidad en cuanto la sacudió.
Bien. No podía haber una forma más fácil de llamar la atención de un grupo de adolescentes.
—La directora me ha dado permiso de modificar el temario de las clases de pociones, siempre que ustedes aprendan lo que necesitarán para sus TIMO's —Draco seguía jugando con el cuchillo en sus manos—. Comenzaremos por esto hoy: pociones curativas —Miró a su "asistente"—. ¿Conoce el crecehuesos?
James asintió deprisa. Estaba tan aturdido que su boca seguía medio abierta.
—Haremos crecehuesos a mi manera, ve y sepáralos en grupos de tres y manda a cada equipo a una mesa.
El Gryffindor se apuntó a sí mismo con el índice.
—¿Eres mi asistente o no? Ve.
Cuando reaccionó, James se movió hacia sus compañeros. Tocaba los hombros de los que seleccionaba, decía sus nombres y apuntaba a la mesa elegida. Negó varias veces cuando le preguntaron si sabía lo que sucedía.
—No puedes hacer una buena poción si no entiendes su proceso, no puedes entender su proceso si no conoces los ingredientes. Partiremos de aquí —Draco clavó el cuchillo en la tabla de madera en su escritorio y empezó a deambular entre las mesas—. Crecehuesos, no voy a decirles qué hace, el nombre ya habla por sí mismo. ¿Saben a qué se debe que les queme la garganta cuando la toman? ¿El mal sabor? ¿El humo que siempre suelta cuando está servida fuera de la botella? Porque si no saben esto, no saben cómo debe quedar la poción. Si no saben cómo queda, no sabrán qué presentarme.
Se detuvo frente a una mesa con tres Hufflepuff curiosas. El mueble frente a su puesto era una estantería con diferentes hojas y semillas. Draco seleccionó algunas hojas entre tonos rojos y naranjas y se las mostró a las estudiantes.
—El árbol del que provienen se conoce como "abrasador", un juego de palabras. Además de que quema al tacto, le gusta abrazar a las personas con sus ramas. Las hojas ya no queman por sí solas, pero dejan ese ardor en la poción en que se agreguen —Las repartió entre las tres chicas en la estación—. Con estas hojas pueden hacer crecehuesos, pimentónica, productos para el alisado del cabello, para la piel, brebajes que se les dan a los elfos e incluso whisky de fuego. ¿Qué harías tú?
La Hufflepuff a la que se dirigió boqueó por un instante y empezó a ponerse roja. Intentó buscar su libro de pociones, pero se le resbaló y cayó al suelo. Una de sus amigas se agachó para recogerlo, mientras ella se sonrojaba todavía más.
—Yo- yo- yo supongo que…que…para el crecehuesos, debería…debería molerla, ¿no? ¿Molerla?
Draco tomó el moledor que había colocado sobre la mesa, lo puso frente a ella y dejó un par de hojas dentro.
—Intenta.
—¿Es- era correcto? —La chica enseguida sostuvo el instrumento.
—Intenta —repitió Draco. Se fijó en la que estaba al lado—. ¿Tú qué harías?
A diferencia de su compañera, ella observó las hojas por unos segundos y las sintió con los dedos.
—¿Hervirlas?
Draco le tendió un caldero. Las dos chicas se miraron entre sí, sin saber qué procedimiento era el correcto.
—No busco que copien una poción perfecta en clase, sino que sepan hacer una poción perfecta cuando el examinador esté frente a ustedes y no puedan tomar su libro de pociones para ver la receta. Prueba tu propio método —le indicó a la tercera chica en la mesa. Luego continuó hacia el siguiente grupo de tres—. Cada mesa tiene un ingrediente importante en la poción crecehuesos, salvo este primer turno en que les hablaré de lo que tienen, en diez minutos espero tres formas de tratar ese ingrediente en las demás mesas- no miren los libros, o háganlo si quieren, pero la idea es que entiendan qué hace y cómo funcionan los ingredientes. Usen la lógica.
Hizo una pausa y lo sopesó.
—Si les hablo de un árbol que quema, ¿debo usar agua o debo usar más fuego? Cuando acabe este tiempo, pongan una etiqueta en su resultado y pasen a otra mesa, harán esto con cada uno. En una hora, habrán terminado y estaremos viendo qué hay que hacer y qué no, y sobre todo, por qué.
Draco se paró frente a una mesa con tres Gryffindor. Sostuvo un frasco de una sustancia pegajosa y transparente que dejó en el mueble frente a ellos y lo agitó.
—¿Han probado el crecehuesos?
Como buenos Gryffindor, dos de ellos asintieron. Draco volvió a sacudir el frasco.
—Es una de las dos razones por las que sabe mal. Mucosa de erumpent. De la protuberancia de la frente —Puso el frasco en la mesa y disfrutó de las expresión asqueadas de los tres—. ¿Qué se les ocurre?
—Hervir. Mi abuela dice que el fuego mata todo lo asqueroso.
—Yo empezaría por lavarla.
—¿No pierde propiedades si la lavas? Creo que…¿la mezclaría? ¿No haría la poción más espesa?
—Intenten —Draco asintió y caminó hacia la siguiente mesa—. No tengan miedo de cortar, lavar, quemar. He puesto protecciones en cada mesa y los estaré supervisando cada segundo. Hagan preguntas si las tienen. Prefiero diez preguntas seguidas que alguien que no pregunta y le explota el caldero. Anoten sus observaciones si quieren, pueden hablar con sus compañeros de mesa o los de los otros equipos. No es un examen, no tienen que ser correctos. Si supiesen lo que hacen, yo no estaría aquí, enseñándoles, así que concéntrense en su ingrediente, piensen y prueben.
El tercer ingrediente era un polvo gris con un leve olor a ahumado. Draco les contó de dónde venía, escuchó las ideas del equipo y las aprobó. En menos de un minuto, cada mesa trabajaba en su ingrediente.
Llamó a James de nuevo. El chico acudió a su lado enseguida, sin parar de ver a su alrededor.
—¿Y yo qué hago mientras ellos juegan con los ingredientes, profesor?
Sonaba a protesta.
—Tú tienes el mejor juego —aclaró Draco, intentando ocultar su diversión—. Recoge los resultados cuando hayan acabado, asegúrate de que tengan los nombres y toma un poco de cada uno —Extrajo una lista de su túnica y se la ofreció—. Luego harás pociones con ellos.
—Serán un desastre.
—Sí, exacto. Después de que terminen, les explicaré cuáles fueron los errores y por qué. Entonces hablaremos de la poción correcta durante los últimos minutos de clase.
A Scorpius le encantó la idea cuando trabajaron en ella. En ese laboratorio, su hijo se carcajeó, gritó, se asustó y se sorprendió por los diferentes resultados que tenía un paso o dos en determinado ingrediente o momento.
No fue diferente ese día, aunque ahora había más reacciones. Un par de gritos cuando algo se quemaba, un chillido del Gryffindor que quedó cubierto de mucosa al intentar lavarla, un "¡Merlín bendito!" de la chica que utilizó fuego demasiado alto en las hojas y vio cómo el contenido de su caldero se alzaba como una fogata, envuelta en una de las barreras que Draco colocó de antemano.
Los estudiantes se rieron de los errores más tontos, conversaron entre sí desde las mesas, se mancharon un poco, se quejaron, y lo que más le agradó a Draco, pensaron. En verdad lo pensaron.
A medida que caminaba por el laboratorio, respondiendo dudas y asegurándose de que nadie estaría más loco en esa aula que él mismo, podía oírlos discutir sobre los ingredientes.
—…yo digo que el fuego alto sólo haría que, ya sabes- bam, porque son muy inflamables. Y el crecehuesos no huele a quemado. Usar el fuego bajo debería consumir las hojas más lentamente sin encenderlas…
—¿…probaste con el cuchillo? El cuchillo- así, quítale la mucosa con el cuchillo- no se puede lavar, ya lo intenté, ¿pero ves que parece que tuviese algo en el centro? Si deslizas el cuchillo con cuidado- sí, cuidado, cuidado, deberías…
—…mira esto, sostenlas, se sienten diferentes las semillas machacadas que las que son aplastadas, ¿viste? Una vez tomé crecehuesos cuando mi hermano se rompió un brazo, sabía horrible, pero no tenía pedazos de semillas así- debió estar machacada…
Tenía que admitir que pararse al otro lado del aula y ver a esos chicos interesándose por lo que había detrás del frasco que siempre estaba en la enfermería, era gratificante.
A Draco siempre le gustaron las pociones. De pequeño, solía pensar que eran magia embotellada.
Esa era la impresión que quería que tuviesen todos al abandonar su aula ese día.
James lo pasaba en grande desde su mesón de asistente. Hizo estallar dos calderos, se carcajeó hasta que su cara se puso roja cuando la mucosa se pegó a su rostro y cabello, fingió arcadas por probar un ingrediente reducido a polvo, y de pronto, gritó que ese era el sabor del crecehuesos. Observó a Draco con una expresión expectante apenas le pasó por un lado. Él sólo asintió y dejó que siguiese trabajando.
Rotó los equipos de acuerdo al tiempo en su reloj de bolsillo, y cuando llegó el momento en que acababan las rondas, los reunió frente a la mesa del asistente. Los estudiantes arrastraron sus taburetes, se sentaron en el suelo, o se quedaron de pie para estirar el cuello y tener una mejor vista de cada resultado. James tenía frente a sí conjuntos de calderos con todo tipo de pociones asquerosas, humeantes, pegajosas, desde el blanco sucio al verde pantanoso y el marrón de un árbol.
Draco le indicó que le trajese los ingredientes ya preparados para la poción correcta que tenía en el armario y recogió un poco de un caldero con un vial. Les enseñó a los chicos la consistencia demasiado densa y pálida.
—¿Alguna idea de qué pasó aquí?
Una tímida Gryffindor alzó una mano y habló cuando él la miró.
—Creo que fue mucha mucosa, profesor. Mi mucosa quedó así cuando quise disolverla- se puso densa y después ya no salía del caldero, como…como si se hubiese pegado.
—También es el único ingrediente de un color tan claro —añadió otro estudiante.
Sí, aquello era satisfactorio de cierto modo.
Draco regresó el vial a la mesa, junto al caldero del que salió la poción, y tomó la lista que hizo James sobre la forma de tratar los ingredientes, de quiénes fueron y qué hizo con ellos.
—Demasiada mucosa solidificada —Draco asintió—. Si ven este de aquí, es todo lo contrario, por eso no podemos permitir irnos a los extremos. Mucha mucosa mal diluida se vuelve como una piedra y puede poner la poción demasiado densa, muy poca la dejará demasiado líquida- nadie ha bebido un crecehuesos ligero, estoy seguro. Es una poción espesa. Y este…
Después de examinar los resultados finales, se paró detrás de la mesa con los ingredientes que James llevó para él y comenzó a hablarles del procedimiento correcto.
Los chicos lo tomaron como un concurso.
—¿Quién acertó con la manera de tratar las semillas?
—Danielle y Luka —contestó James, que llevaba los apuntes de cada resultado, mesa y grupo.
—¡Te dije que no se podían cortar con el cuchillo! —Danielle miró a uno de sus compañeros, emocionada—. ¡Era lógico!
—Maurice hizo bastante bien al separar la mucosa del erumpent de su centro. La mucosa se consigue con un trozo que funciona como núcleo, la mantiene unida, es más fácil separarla y disolverla en la poción una vez que se separa, pero se debe tener cuidado de que el cuchillo no resbale…
—¿No les dije que yo sabía lo que estaba haciendo?
—Cocer las hojas del abrasador a fuego lento fue una excelente idea, Anelise.
—¡Lo sabía! Digo- —Un carraspeo— gracias, profesor. ¡Pero lo sabía!
En cuanto acabó, los chicos se dividieron el trabajo para crear un par de pociones perfectas. Ya que cada uno sabía qué hacer, los últimos minutos fueron prácticamente de espera de la cocción, mientras Draco les enseñaba su truco de antes desde la mesa del asistente.
—El secreto es la mucosa; disuélvela bien y si la agregas en dos partes y en mayor cantidad que el crecehuesos común, terminas con esto. Es lo contrario al crecehuesos —Recogió un poco de la solución en su mano y les mostró cómo su índice se podía aplanar igual que el papel y regresar a la normalidad enseguida—, parece que no tuviese huesos, sólo piel colgando. Pero el efecto no dura demasiado, por suerte, y no duele.
James se echó la poción en toda la cara y fingió ser un zombie al que se le caía la piel, persiguiendo a sus compañeros de Gryffindor, hasta que Draco carraspeó para que se concentrasen de nuevo.
—El crecehuesos tarda alrededor de quince minutos con los ingredientes sin tratar, diez con los ingredientes previamente preparados. Es una poción rápida. Las pociones sanadoras solo se dividen entre pociones rápidas, las que se usan en emergencias, como cuando alguien se rompe un hueso y no puede esperar un mes para arreglarlo, y las pociones de larga preparación que siempre debe haber en el inventario, como las que tratan las quemaduras…
Antes de que saliesen del laboratorio, Draco se aseguró de limpiar bien el aula con varios encantamientos y lanzarle un hechizo a cada uno para arreglar sus uniformes y quitarles cualquier rastro de los ingredientes con que jugaron que pudiesen traer quejas de algún profesor.
James acomodó los ingredientes sobrantes en el armario, ya que tenía una barrera antimagia, y fue uno de los últimos en abandonar el aula. Sus amigos lo esperaban en el pasillo, charlando sobre los resultados de sus experimentos de ese día. El Gryffindor se quitó la túnica de "asistente" y se la regresó a Draco.
—¿Puedo volver a ser asistente, profesor?
—Eso dependerá de tu comportamiento —respondió Draco, en voz baja, tras levitar la túnica ya limpia hacia su escritorio—, y de si tus compañeros no quieren probar ser los asistentes.
James entendió el punto. No más pedantería en su aula si quería privilegios, claro. Cuando corrió hacia sus amigos, lo escuchó gritar un "¡si me porto bien y me peleo con todos, me quedaré con el puesto de asistente!".
—Oye, amigo, eso no es justo, ¡yo también quiero ser asistente un día!
—¡Yo voy a pedir serlo en la próxima clase!
—¡No si yo lo pido antes!
—¡Que es mi puesto, tontos!
Gratificante, se repitió Draco, de un inusual buen humor.
Tenía dos horas más de clase con un grupo Ravenclaw-Slytherin de tercer año. Scorpius le mostró una sonrisa y dos pulgares arriba cuando notó que sus compañeros estaban fascinados por el humo que llenaba el suelo del laboratorio.
A ese grupo le tocaban las pociones relacionadas a la Herbología y Neville le prestó algunas de sus criaturitas bowtruckles para que cargaran frascos e instrumentos de un lado a otro, jugando con los chicos de trece años.
Como Scorpius estuvo con él durante el fin de semana, eligió a Albus de asistente e ignoró la presencia de la enorme serpiente que tocaba a las criaturas de plantas con su rostro y parpadeaba, aturdida por toda la escena.
—Lo estás haciendo increíble —Escuchó de la voz que provenía del brazalete.
Pero Draco estaba ocupado intentando no reírse de los rostros de sus estudiantes cuando las explicaba de dónde venían los ingredientes y no pudo responderle.
Harry en un día normal: tengo tres niños.
Harry cuando tiene a Teddy y Sirius en casa: tengo cinco niños.
