El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La cicatriz de Harry

El club de teatro de Hogwarts reanudó sus actividades el primer fin de semana del curso. Scorpius estuvo ocupado ese día, por lo que llegó un poco tarde y tuvo que prestar el doble de atención para enterarse de lo que se perdió.

Las pruebas para los papeles principales masculinos se llevaron a cabo durante el siguiente fin de semana y podían audicionar acompañados por alguien que hiciese de coprotagonista.

Scorpius se encontraba en el escenario con Nesrine. Ella llegó durante la segunda semana de clases con su padre, Theodore, que ocuparía uno de los puestos de docente durante un tiempo. Se le permitió ponerse el Sombrero fuera de la selección regular y este la arrojó a Ravenclaw.

Las historias sobre por qué Nesrine y su padre aparecieron tarde en el colegio fueron tan raras que Albus no se las creía.

—Mi padrino —Scorpius hablaba de Theodore con emoción cuando se lo mencionó— dice que es un agente más secreto que los mismos Inefables y que estaba en una misión para resguardar la paz entre dos pueblos mágicos en el Medio Oriente, que podrían haber iniciado una nueva guerra.

—¡Y ha trabajado con criaturas de magia oscura! —agregó otro día, frente a un cada vez más confundido Albus.

—Además —Eso fue en otra ocasión—, no puede dirigirse hacia un sitio de pronto, sería como ir en línea recta y dejar que lo persigan…

—¿Quién lo perseguiría? —preguntó Albus aquel día.

—Pues los malos —Scorpius se limitó a encogerse de hombros.

Lo único que le quedaba claro es que Theodore era el padrino de Scorpius. Sería su profesor y traía a Nesrine como parte del paquete.

Y lo más importante de todo: Nesrine tenía sangre de Veela.

Aunque sólo estaba en primer año y no manejaba el poder de las Veelas, su bonito cabello rubio platinado y los ojos grandes de un tono verde grisáceo daban una imagen encantadora de una niñita que debía ser cuidada. Recitaba sus líneas con una voz clara y suave que podía oírse incluso en el asiento de Albus, en la última fila, y estaba fascinada con la idea de pasar tiempo con Scorpius.

Nesrine se presentaría para las pruebas de protagonista femenina de la próxima semana.

Había algo en esa idea que incomodaba a Albus. En la niña demasiado radiante, en Scorpius sosteniendo su mano mientras decía sus líneas y en la idea de que aquello se repetiría montones de veces si ambos quedaban para los papeles. Y Scorpius quedaría, claro. Practicó durante el verano, lo hacía bien.

Albus sabía que estaba siendo ridículo. Más que eso, se encontraba en el límite de la estupidez humana. Pensó que estaba actuando tan tontamente que ya casi se parecía a su hermano James.

Pero la sensación incómoda no se iba, sin importar cuánto hubiese arañado su pecho por encima de la ropa o cuánto se retorciese en su puesto. No era el uniforme, no era el asiento del anfiteatro que formaba parte de las áreas renovadas de Hogwarts. No era el ambiente. Nadie le lanzó un hechizo.

No quería pensar en lo que significaban las demás posibilidades, porque lo haría aún más absurdo. Surreal.

Entonces siguió viendo a Scorpius en su prueba, esperó a que hubiese terminado y abandonó el anfiteatro con ellos, escuchando sin oír en verdad la plática de su mejor amigo y la emocionada Nesrine. Después de que decidieron ir a la biblioteca a elegir algunos tomos de obras con que podían practicar para la prueba de Nesrine, Albus superó un nuevo límite con esa emoción molesta que tenía en el pecho y se excusó con alguna frase tonta que hizo que ambos le diesen miradas extrañas.

Huyó de ahí.

En los últimos dos años, Albus Potter había encontrado un par de escondites buenos en el castillo, en los que ni siquiera James llegaba a incordiarlo. Seleccionó el más reciente y empujó un par de piedras fuera de lugar en la zona que nunca se restauró del castillo para abrirse paso por un pasaje que apareció en la pared contraria.

Encendió la pantalla de su tablet para no dar señales de su magia con un lumos y caminó cerca de un minuto por un túnel oscuro de roca hasta una habitación en las mazmorras.

El nuevo escondite era el cuarto y oficina del último director previo a McGonagall, que fueron cerrados durante la restauración del castillo. Ese pasaje era su vía de escape si los Mortífagos en el colegio intentaban atraparlo por traición. Lo sabía porque él se lo contó.

Un retrato de Severus Snape se encontraba detrás del escritorio. Por lo que le dijo, McGonagall lo puso ahí, en caso de que el mago de su oficina se cansase de la compañía y quisiera visitar su antiguo cuarto para echar un vistazo a un ambiente distinto.

Sobre el escritorio, yacían todo tipo de artículos para hacer pociones e ingredientes en cajas de madera de conservación, rodeadas de hechizos. Albus encendió una antorcha, la puso en la pared, apagó su tablet y se acercó a la mesa para empezar a recoger sus cosas y seguir trabajando.

—Hola, Sev.

Severus lo saludó con un cabeceo desde el retrato más grande. Albus ya levantaba la tapa de un caldero para revisar la mezcla dentro. La tocó con un dedo y alzó la mano para mostrarle el resultado: una sustancia aceitosa y ligera de un color pálido.

—Servirá para empezar.

Albus lo tomó como un cumplido. Sujetó la pieza cuadrada de lienzo trabajado a medias y vertió con cuidado la mezcla. Sentía los ojos oscuros fijos en él. Le habló mientras se aseguraba de que la sustancia se distribuyese bien sobre la superficie.

Eso sería lo que uniría por completo la tela del lienzo a su soporte y serviría de "entrada" a la representación del mago. Una conexión con sus retratos.

—¿Le gusta el teatro?

—No —La respuesta de Severus fue automática—. Gente estúpida fingiendo ser otros. No es agradable fingir; si tanto les gusta, háganse espías.

Albus cabeceó, de manera que no mostraba estar de acuerdo o no.

Apartó el lienzo con la mezcla lo suficiente para que no fuese peligroso secarlo con un hechizo, luego de que Severus le indicó cuál usar y cómo.

Allí era seguro usar magia, a diferencia del pasillo y el túnel. La señora Norris podía detectarlo y no se suponía que hubiese alguien ahí. Al final, esa gata no era una gata y sentía la magia. Severus también fue quien le dijo esto; se había enterado sólo después de convertirse en docente.

Severus Snape sabía muchas cosas que nunca compartió con nadie en vida. Su retrato todavía podía decirle bastante a Albus y el precio por los secretos e historias era más que razonable. Un pequeño favor.

—Mi mejor amigo entrará al club de teatro —siguió Albus, deteniendo el hechizo de secado para examinar el lienzo. No quería que se agrietase.

Se lo enseñó y Severus asintió, lo que le dio a entender que llegó el momento del siguiente paso. Albus había separado antes los materiales para cada color y sólo tenía que preparar las pinturas. No era tan difícil como una poción.

No sabía pintar, pero el resto se podía realizar con magia. Lo único que necesitaba eran los hechizos correctos. Siempre pensó que crear cuadros mágicos sería más complicado.

—Hoy me pregunté si debía entrar también —Albus lo soltó al fin, con sus ojos puestos en los ingredientes para la pintura negra. Ceniza y resina.

Escuchó un suspiro de parte del antiguo profesor.

—Hacer tonterías por un amigo puede acabar mal.

—No creo que unirme a un club sea tan malo, ¿cierto?

Albus no solía intentar ser optimista, ese trabajo se lo dejaba a Scorpius, así que no era una sorpresa que sonase como si vaticinase una catástrofe mundial. Quiso reírse de sí mismo y terminó negando.

—Bueno, ya hicieron las pruebas para los papeles masculinos…incluso si quisiera, tuve que haber dicho algo esta mañana, ahora no servirá de nada. Tal vez entre al club de música —agregó, pensando en la guitarra que Teddy le enseñó a tocar.

Luego se le ocurrió que su "estilo" y el de Teddy no sería el mismo del mago sangrepura que dirigía la orquesta del colegio.

—¿Habías practicado para la prueba?

Albus negó. Después asintió. Hizo un movimiento extraño, mitad negativa y mitad afirmación, que dejó una expresión confundida en el rostro del mago del retrato.

—Ayudé a Scorp con sus líneas, recitaba las de su "coprotagonista". De tantas veces que lo dije, al final ya las podía recordar sin ver el libreto…

—Ese tono de negro está bien —Severus lo interrumpió en voz baja—, separa un poco para el marrón. Recuerda que sale del naranja. Luego ve por los tonos para el color definitivo de la piel, no tienes que ser muy exacto.

Albus asintió y continuó mezclando colores. Cuando estuvieron satisfechos con los tonos, escuchó sus instrucciones y ejecutó el hechizo que debería tomar las pinturas y hacer aparecer la imagen en el pequeño lienzo.

Sólo hubo un débil chisporroteo en su varita. Albus la sacudió y le frunció el ceño, preguntándose qué salió mal.

—No exageres tanto la "r", es latín, no francés. Prueba de nuevo —instruyó Severus.

Albus lo repitió, siguiendo su observación, y esa vez vio cómo se levantaban hileras de pintura de sus frascos y levitaban hacia el lienzo. Se unieron en capa sobre capa por sí solas, en el aire. Después de formar un vago retrato, se pegaron a la tela preparada.

Los detalles se ajustaron rápidamente y la imagen fue idéntica al retrato más grande por alrededor de un segundo. Entonces desapareció. Lo único que quedó fue el fondo de una mazmorra.

El Severus del cuadro más grande caminó hacia el marco, salió y se deslizó dentro del lienzo recién armado.

—Le hace falta un hechizo de secado —aclaró, regresando a su cuadro tamaño normal—, pero es un buen trabajo para un principiante.

—¿Podría dedicarme a vender retratos mágicos si todo lo demás falla? —Albus intentó bromear, mientras su varita repetía el hechizo de secado en el lienzo.

—Lo dudo, pero con más práctica…serán cuadros decentes.

Sabía que eso también era un cumplido. En algún sentido retorcido, tácito y difícil de explicar para otra persona.

Albus se aseguró de que la tela no se fuese a separar del soporte y que la pintura no manchase, antes de comenzar a acomodar el pequeño retrato dentro de un relicario plateado.

—Albus Severus.

Contuvo una leve sonrisa. Severus insistía en usar los dos nombres para llamarlo desde que se conocieron. Sospechaba que todavía se sentía bastante halagado al respecto.

—¿Hm? —pronunció el chico, casi sin prestarle atención.

—Podría enseñarte algo que te dejaría entrar al club, si todavía quieres ir.

Albus ralentizó sus movimientos, lo observó y regresó su vista al lienzo que tenía que poner dentro de la "cajita" de plata.

—No es como si no pudiese pasar más tiempo con Scorpius por un tonto club. Podría verlo en los ensayos y seguiríamos igual que antes fuera del club.

—Creo que si fuese tan simple —alegó Severus, frunciendo el ceño—, no lo habrías mencionado en primer lugar.

Cuando terminó de poner el retrato dentro, cerró la tapa del relicario y arañó su pecho por encima de la ropa. Esa sensación incómoda seguía asentada ahí al recordar la práctica.

Sacudió la cabeza.

—Estoy actuando como un idiota, no sé qué me pasa…

—¿Te duele el pecho? —Severus arrugó más el entrecejo.

Albus repitió eso de negar y asentir de forma alternativa. Se pasó la mano por el cabello y jaló de algunos mechones desordenados.

—Ser pocionista implica tener algunos conocimientos básicos de sanación —comentó Severus—. Si te duele el pecho, puede ser una señal de algo que anda mal con tu sistema. ¿Qué otros síntomas tienes?

Albus dejó escapar una risita sin humor y negó.

No podía decirlo. No tenía idea de cómo ponerlo en palabras, ni siquiera para explicárselo a sí mismo.

La idea era ridícula.

—Ah —Al no obtener respuesta, Severus lució tan incómodo como él por unos instantes—. Hay una poción que calma la mente, ¿te gustaría intentar? No es para tu nivel, pero puedes hacerla con mi ayuda. Pensarás con más claridad sobre lo del club y…lo otro.

Albus se apresuró a asentir. Le agradeció, recogió el relicario, se lo colgó del cuello y buscó su tablet mágica para anotar los ingredientes que necesitaría para la poción de la mente tranquila.

—0—

Unos brazos delgados rodearon a Draco y alguien se apoyó en el respaldar del asiento que ocupaba para ver por encima de su hombro.

—Serías una terrible espía, Talía.

La Veela soltó una risita y su aura mágica le cosquilleó sobre la piel de la cara y el cuello. No iba dirigida a él, por supuesto, pero el mago con que Draco jugaba cartas debía tener algún tipo de inmunidad natural reforzada por la costumbre.

Theodore Nott ni siquiera levantó la mirada de su mazo, a pesar de que una Veela concentraba su encanto en él. Recogió una carta, la lanzó a la pila en el centro de la mesa y se fijó en Draco.

Tenía la vaga impresión de haber sido puesto en medio de la nueva disputa de una parejita. Aunque ambos contestaban enseguida que no eran pareja, Talía era la madre de Nesrine y mantenían algo extraño entre los dos que él no sabía cómo llamar.

Además, Draco tenía sus dudas sobre por qué decidió comprarle las Tres Escobas a la antigua dueña y remodelar el lugar, justo cuando Theodore y su hija se mudaban a Hogwarts.

—Creo que Theo te prestaría más atención si le hablas de algún descubrimiento arqueológico interesante o sobre Aritmancia que utilizando tu encanto Veela —opinó, con un toque divertido imposible de ocultar.

La Veela jugueteó con el cuello de la ropa de Draco, emitiendo un sonidito afirmativo.

—Lo sé, pero vale la pena intentar, ¿no? —Talía volvió a ver a Theodore y lo "atacó" con su aura mágica—. Theo, querido, deberíamos tener otra hija. Dos es un buen número, en mi familia siempre hemos sido una o dos. Tres me parece demasiado, pero puedo oír tu opinión y llegaremos a un acuerdo; también existen las gemelas Veelas.

—Estoy bien con Nesrine —replicó Theodore, contemplando sus cartas con una expresión pensativa—, prefiero sentir que concentro mi energía en una sola niña y la crio bien, pero tú eres libre de tener más si quieres, es tu cuerpo, no el mío.

Draco se preguntó si sus padres también hablaron alguna vez de tener más hijos como si fuese una transacción comercial. Al menos, él sabía que no lo hizo con Astoria.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿Son pareja? —Neville, que presenciaba el juego y su conversación en silencio, con una cerveza de mantequilla y una expresión confundida, realizó la temida pregunta.

—Claro que no —Talía se rio de la idea.

—Eso sería problemático —Fue lo único que dijo Theodore.

Draco le dedicó una mirada de "no preguntes más", sabiendo que nadie entendería lo que sucedía con esos dos, y palmeó con suavidad uno de los brazos que lo tenían atrapado. Tan delicada como se veía, con su fuerza extra de Veela Talía podía ahorcarlo casi sin notarlo.

—¿Tienes el whisky de malta que prometiste que traerías desde Francia?

La Veela le enseñó una sonrisa radiante.

—Por supuesto, mon coeur.Te lo voy a traer, un buen vaso para que te animes, la casa invita porque ando contenta. ¿Tú quieres uno, ma chérie? —Se dirigió a Theodore, quien sacudió la cabeza.

—¿No trajiste vino de los viñedos ocultos debajo de California?

—Sí, sí, te aparté una botella…

—Gracias, Talía.

Neville se inclinó desde su asiento hacia Draco y gesticuló con los labios un "¿de verdad no son pareja?". Draco suspiró y se encogió de hombros.

—Eso es asunto de ellos —decidió, tirando otra carta a la mesa.

La pequeña Nesrine tenía el mismo hábito de su madre de pegarse a las personas que apreciaba, así que pronto hubo otro par de brazos a su alrededor. Draco saludó a su ahijada y sonrió cuando ella le besó la mejilla.

—¿Qué hizo Theo para sacarte de Hogwarts siendo de primero, Nesi?

—¿Quién dice que tiene permiso? —contestó Theodore, mirando a su hija con una ceja alzada.

Mère habló con la directora, la estoy ayudando a atender Las Tres Escobas 2.0 en mi tiempo libre —La niña incluso lució orgullosa al decirlo, como si no admitiese que su madre y ella hicieron trampa con las reglas del colegio.

Draco contuvo la risa y llamó la atención de la niña, mientras Theodore meneaba la cabeza y decía algo sobre la forma en que Talía la consentía.

—No le van a poner ese feo nombre, ¿cierto?

Nesrine negó enseguida.

—Pero todavía estamos pensando en qué nombre ponerle. Haremos un concurso —Sonrió—, la idea fue de Scorpi; pondremos un buzón y la gente puede escribir un nombre nuevo para el local. Elegiremos en la fiesta de Halloween. ¿Quieres ponerle un nombre, padrino?

—¿Draco's Home? —sugirió Draco con una sonrisa, arrancándole una carcajada a la niña.

—¡Ese no!

—¿Por qué no?

—Porque suenas egocéntrico —Nesrine le sacó la lengua—, y nadie va a venir al local de un egocéntrico, ¿verdad, père? —Miró a Theodore.

—Nadie quiere a los egocéntricos —Theodore asintió, su rostro serio, pero sus ojos con un brillo divertido al ver a Draco.

Nesrine fue reemplazada por su madre cuando Talía regresó con las bebidas y pidió cambiar de lugar con Draco y jugar contra Theodore. La niña corrió escaleras abajo para buscar a Scorpius. Con la última remodelación de Talía, Las Tres Escobas tenía una planta baja exclusiva para los estudiantes y los magos jóvenes, con juegos incluidos, y un piso superior para los que querían algo de paz en los fines de semana en que el local se llenaba.

—Yo he estado pensando en ponerle "Nesrine" —alegó Talía, arrojando una carta a la pila sobre la mesa—, pero dejar que los clientes elijan lo haría más…personal, ¿no crees, Draco?

—Eso supongo.

La Veela sonrió y miró a Neville, que comenzó a ponerse nervioso bajo su aura mágica.

—¿Usted cómo le pondría, profesor?

Neville se sonrojó y Draco se escondió tras su vaso de whisky de malta para no echarse a reír.

—Se va a desmayar —advirtió Theodore, en tono aburrido—, tu aura está demasiado fuerte, Talía.

Talía respiró profundo para controlar la magia encantadora de Veela y los condujo hacia una conversación sobre Hogwarts que evitó un posible colapso del profesor de Herbología. Luego pasaron a un tema, y otro, y otro, hasta que unos pasitos apresurados subiendo las escaleras llamaron su atención.

Nesrine corrió de vuelta hacia ellos y se puso detrás de Draco, pero no se dedicó a abrazarlo y espiar las cartas de su madre para hacerle señas a su padre sobre lo que el "contrincante" tenía, como intentó antes, sino que traía un mensaje.

Después de que se lo susurró en el oído, Draco frunció el ceño y vio hacia su brazalete. No había tenido ni una palabra suya ese día.

—¿Estás segura de que se perdió?

Nesrine asintió.

—Eso dijo él.

Perfecto. Una mamba negra de tres metros desaparecía en un pueblo mágico lleno de estudiantes. ¿Qué podría salir mal?

Draco se bebió lo que le quedaba de su whisky de malta, le agradeció a la niña por el mensaje y se levantó. Theodore hizo ademán de seguirlo, hasta que él le indicó con un gesto que no era necesario.

—Scorpius debe haberse distraído, Adhara no se alejaría tanto —aclaró, evitando ver a Neville, que empalideció al pensar en la serpiente que pudo haber "huido".

—Avísame si necesitas ayuda —Theodore esperó su asentimiento, llamó a Nesrine y la sentó sobre su regazo, mostrándole las cartas para que "eligiese" cómo continuar para ganarle a su madre. Talía se quejó sobre que no era justo poner a sus dos "amores" contra ella y la niña se reía.

Draco abandonó el segundo piso, se escabulló entre los estudiantes en la planta baja y se encontró con Scorpius en la calle principal del pueblo. La expresión de su hijo fue de absoluta pena y culpa. Parecía que se echaría a llorar, y Albus, a su lado, ya no sabía qué hacer para calmarlo.

—Debe estar cazando, Scorp —Draco le acarició el cabello, como solía hacer Astoria, rogando que tuviese el mismo efecto—, incluso si le das comida, a los animales salvajes les gusta obtenerla por su cuenta. Es su naturaleza.

—Pero…

—Entren a tomar algo —le habló a Albus, que mantenía la calma en el exterior, pero no paraba de alternar la mirada entre ambos—, yo la traeré.

Albus asintió y arrastró a Scorpius dentro del local. Draco suspiró al quedarse solo en la calle.

—No podías elegir otro momento, ¿cierto? —preguntó, a nadie en particular. Que no hubiese repuesta ya era raro de por sí. Solía notar cuando la buscaba.

Draco sabía que ningún hechizo de búsqueda le sería útil, así que se preparó para hacerlo a la manera muggle. A caminar. Se fijó en las tiendas a lo largo de la calle, se asomó en los callejones entre las casas y deambuló hasta la punta más alejada del pueblo, en sentido contrario al sendero del castillo.

Esperaba encontrar a una serpiente, no a Harry Potter envuelto por la serpiente.

Draco hizo una pausa, su mente por un instante se cuestionó si intentaba estrangularlo y luego qué tan ridículo sería para una serpiente venenosa probar el estrangulamiento. Lo descartó enseguida. Adhara sólo estaba enrollada en los brazos y hombros de Potter, quien iba hacia él desde la lindera de árboles del bosque.

Draco arqueó una ceja.

—Como profesor, es mi deber reportar si veo a un extraño que no pertenece al pueblo cerca del lugar en que se reúnen los estudiantes. Por seguridad.

Potter se detuvo frente a él, resopló y extendió el brazo. Draco puso el suyo a un lado para que la serpiente pudiese desenroscarse del mago y volver con él.

Pero Adhara no estaba interesada en soltar al niño-que-vivió tan pronto. Draco le frunció el ceño y la serpiente soltó un leve siseo.

—Lo admito —susurró Harry—, extrañaba a los chicos, pasaba a ver si se estaban comportando. Después una serpiente se enrolló encima de mí.

—¿Tomaste un traslador?

Harry asintió. Draco suspiró y sujetó una parte del cuerpo escamoso. Como Adhara insistió en no cooperar, tuvo que empezar a desenroscarla de forma manual.

—Ella no suele alejarse tanto…—De pronto, recordó algo y miró a Potter con atención—. ¿La entendiste? —Ya que Harry lució confundido, aclaró:—. Tú hablabas pársel, la lengua de las serpientes, lo recuerdo. Segundo año. El duelo.

—Fue un buen serpensortia —Harry le enseñó una sonrisa avergonzada y se fijó en la serpiente. Su expresión se tornó en algo similar a la melancolía—. Lo perdí en la guerra, ya sabes, después de…ya sabes —repitió.

No necesitaba que lo dijese para recordar al semigigante cargando su cuerpo inerte de vuelta al castillo. Ni siquiera en ese momento, Draco podía entender lo que sucedió.

Ya que tenía que quitarle a una serpiente testaruda de encima, decidió que no haría mal preguntar.

—¿Fue una maldición del Señor Oscuro o algo así?

Lo único que sabía gracias a su madre fue que recibió otra maldición asesina. Y sobrevivió. De nuevo.

—Algo así —admitió Harry, vacilante—, digamos que lo tenía gracias a él y fue él quien me lo quitó.

—Eso es justo. El pársel debería tenerlo un Slytherin.

—Bueno, yo casi fui a Slytherin.

Draco resopló, Harry le contó de su Selección en voz baja y la serpiente continuó viendo de uno al otro con una expresión de reptil interés. Cuando por fin consiguió que lo soltase por completo, Adhara se enroscó en sus hombros y tronco, y soltó otro siseo, frotando su cabeza contra el cuello de Draco.

Él estrechó los ojos en su dirección y le tocó el costado para que se detuviese.

—Bien, yo…

—James y Albus me contó de lo que hiciste en tus clases —Harry habló apresurado, antes de que pudiese regresar.

Adhara siseó más fuerte y rozó sus dientes contra la garganta de Draco, sólo lo suficiente para que sintiese los bordes afilados y su protesta. Él volvió a tocarle el costado. No era digna de ser una serpiente venenosa mascota si lo amenazaba así, ya hablaría con ella cuando estuviesen a solas.

—Mira, Potter, es uno de mis días libres, hago mucho entre semana y no me quiero quedar aquí parado toda la tarde. Si vas a hablar, camina. Si no, hasta luego y disculpa a la serpiente —Le tocó un lado de la cabeza—, a veces parece que no puede pensar como una serpiente normal.

Harry lo siguió en cuanto comenzó a caminar de regreso a las Tres Escobas.

—Ya no se llamará así —Se le ocurrió decir a Draco, cuando escuchó que decía que hace años que no tomaba algo allí—, lo compró una bruja diferente, cambiarán el nombre este Halloween. Habrá una fiesta y algo de comida gratis, supongo.

—Nada similar al banquete de Halloween de Hogwarts, imagino…

—No lo sé, te sorprendería lo extravagante que puede ser la nueva dueña…

Interesante —El brazalete se entibió y la voz eligió ese instante para aparecer.

Oh, al fin, pensó Draco. Pudiste haber venido antes.

Sólo digo que es interesante —insistió la voz del brazalete—, Potter claramente tramaba algo y no estaba aquí por sus hijos, no te lo creíste, ¿cierto? Tuvo una conversación muy rara con "Adhara", claro que sin respuesta alguna, pero parece que él esperaba algo. Pensé que se iría apenas terminó y los encontraste. Lo interesante es que te está siguiendo. Oye, invítale algo al menos, ¿no?

Draco resopló y le pidió más whisky de malta a Talía cuando estuvieron en el local. Harry arrugó el entrecejo al oírlo.

—¿Eso no es…lo que le daban de beber a los caballos voladores del colegio de Francia?

Talía miró a Draco, a Harry, y lo repitió un par de veces, antes de echarse a reír y asentir.

—Esos caballos tienen una mejor alimentación que muchos magos, créeme, es delicioso. ¿Quieres probarlo, mon coeur?

Después de regresarle su serpiente a un nervioso Scorpius que lo abrazó en medio del local, Draco volvió con ellos, sólo para descubrir que Talía y Harry tenían una conversación sobre las actividades de los Aurores. Pero desde un punto de vista sensacionalista que le habría fascinado a alguien como Rita Skeeter.

—Entonces tú eres el que habla con la prensa para casi todo, ¿no? Debe ser fastidioso, mon coeur. ¿Qué tanto preguntan cuando alguien desaparece o muere? ¿Sabes qué? He leído artículos en los que incluso quieren saber el color de su ropa interior, ¿se supone que eso debería ser de utilidad para la prensa? Hay tanta gente por ahí que sólo busca un chisme…

—Hacen unas preguntas muy raras a veces. Por ejemplo…—Harry comenzó a resumirles sus conferencias de prensa más extrañas, con muchos gestos de por medio y algunos sorbos de whisky de malta, que resultó que le gustaba, luego de aceptar que bebía lo mismo que un montón de caballos mágicos.

—0—

Esa misma noche, por primera vez en más de veinte años, Harry Potter se despertó sobresaltado con un intenso dolor en la frente. No era la cabeza, no era su molestia recurrente cuando se estresaba o no descansaba bien. Era la frente.

Y él conocía demasiado bien ese dolor.

Sirius, alertado por su grito al despertar, corrió hacia el cuarto y lo encontró sentado en la cama, jadeando, sudoroso, con una mano sobre la cicatriz que a veces casi podía olvidar. Enseguida se sentó frente a él, sujetó su brazo y lo hizo apartar la mano de la cicatriz para examinarla.

Harry intentó despejar su mente y concentrarse. No estás allí, se repetía. No estás allí. No estás allí. No tienes quince años. No tienes diecisiete años. Tranquilo, no has vuelto allí. Ya acabó. Ya pasó. Él no está. Él nunca va a volver. Ya no está.

No hay un Lord Voldemort por aquí.

La expresión de Sirius cambió a una de horror después de agitar un par de veces su varita y no lograr el objetivo deseado. Tocó la frente de Harry y utilizó su otra mano para sostenerle el brazo e intentar calmarlo. Harry no había notado que temblaba.

—Harry…¿esa cosa ha sangrado alguna vez?

Harry negó de inmediato. Entonces Sirius apartó la mano de su frente y le mostró el líquido rojizo en sus dedos.

—Los hechizos sanadores no funcionaron, déjame ir por el botiquín- tienes algo como un botiquín aquí, ¿cierto? Sí, debes tener…espera aquí, ¡espera! ¡No te vayas a mover!

Sólo cuando vio a Sirius correr fuera del cuarto, gritando varios accio que esperaba que le llevasen algo para ayudarlo, Harry reaccionó. Rodó sobre la cama deprisa, sostuvo el espejo en su mesa de noche y lo examinó.

El reflector de enemigos mostraba una sombra demasiado nítida. El blanco en sus ojos era visible. Harry experimentó un escalofrío desagradable y una punzada en la frente.

Cuando volvió a ver el espejo, la figura ya no estaba, pero eso no lo tranquilizó. Alguien atravesó sus barreras y eran las mejores que podían ponerse después de la guerra.

Sirius regresó con un botiquín lleno de artículos muggles que no sabía usar y batalló con ellos durante un rato. Harry no le dejó la tarea fácil, porque no podía parar de moverse por el cuarto, a medida que enviaba un patronus a sus amigos. Sabía que estarían más molestos si no les contaba que por despertarlos a esa hora, incluso si era una tontería.

Aunque, por la manera en que Sirius veía su cicatriz, sospechaba que al menos no lucía como una tontería.


Hoy tuve un rato para corregir antes /corazón, corazón. También aprovecho de contarles que unas lectoras formaron un grupo de whatsapp para mis flancitos, van a interactuar, chillar por los fics, preparar algunas actividades y creo que también mencionan los libros originales de wtt y los que tengo en Amazon; fanfiction no me deja ponerles links por aquí ni por priv, pero si me buscan como bocadeserpiente en wattpad encuentran lo del grupo en el primer mensajito del perfil, por si quieren unirse, djdkd.