El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El sótano de los magos quemados

Las primeras semanas de septiembre, sucedió lo de los parques. A mitad del mes, un grupo pequeño de muggles fue llamado por una fuerza invisible a reunirse en un parque que también fue claramente alterado por la magia.

La primera semana de octubre, encontraron personas atrapadas en los tallos de árboles modificados.

Esto provocó caos en el Ministerio. Para empezar, cada Departamento involucrado necesitaba la confirmación de que estaban vivos. Cuando esta llegó, esperaron noticias sobre sus daños. Al enterarse de que, pese a los tallos que los envolvían con fuerza, se encontraban ilesos en su mayoría, la situación se tornó más extraña.

Sabían lidiar con delincuentes. No con lo que fuesen estos sujetos. La división de Ron, apodada "expertos en mentes criminales" por los mestizos entre los Aurores gracias a una serie de televisión, terminó involucrada en el caso. Harry también, sólo porque representaba una figura "autoritaria y tranquilizante para la comunidad", según su jefe.

Además, era el único que mantenía bajo control los nervios de los Aurores novatos.

Cuando se acercaron al área delimitada por una gran barrera antimuggles, los novatos estaban indecisos y Harry siguió adelante, hasta pararse frente a la primera persona colgada del árbol. Lo reconocía. Ninguna de las noticias que recibieron mientras iban hacia allí, tomando un traslador, dijo que les sería conocido.

Ron también se aproximó y se detuvo a su lado, con las manos metidas en los bolsillos. Por muy profesional que pudiese ser, su expresión se transformó por el desagrado absoluto cuando identificó al tipo.

—¿Es él? ¿Él de verdad? —indagó Harry, en voz baja—. ¿Nada de pociones multijugos, nada de hechizos, nada de engaños…?

—Un grupo de expertos en identidades falsas llegó con nosotros, no han encontrado nada que diga que no es él. Tiene su varita, sus huellas, su iris. Incluso los dientes deben ser iguales. No hay rastro de magia aparte de su esencia, no es una ilusión y ya probaron deshacer el efecto de un multijugos por la fuerza —Ron negó—. A menos que esta sea una nueva versión de un truco viejo, tan bien hecho que ni Mione lo imitaría…tiene que ser él.

—¿Y qué crees que pase? ¿Cuál es la finalidad de todo esto?

El mago se encontraba inconsciente, sus cuatro extremidades, tronco y cuello envueltos en gruesos tallos alterados por algún hechizo. Su varita y unas pertenencias de menor importancia se hallaban a sus pies. En su frente escribieron la frase "infanticidios: 2" con color rojo.

Cuando avanzaron junto a los cuerpos colgados, vio a una bruja joven, dos magos en sus treinta y uno mayor de cincuenta. Los mensajes iban desde "violaciones: 3" a "infanticidios: 5".

Todos fueron identificados por su rostro o su esencia mágica. Se trataban de casos recientes, de un máximo de dos semanas desde su primer delito. A los que ya vieron, los Aurores no pudieron atraparlos, y los que no tuvieron al frente antes, se escondieron muy bien.

—No están lastimados a simple vista, aún tienen sus varitas, no hay señales de una confrontación por aquí cerca…—Ron tocó una de las ramas, ceñudo.

Harry lo imitó.

—Buenas ramas, resistentes, una semilla mágica. No debería estar aquí —Harry llamó a uno de los novatos con un gesto. Arrugó más el entrecejo cuando no se acercó y se giró para verlo—. ¿Tengo que ir a buscarte, Junior? ¿O prefieres regresar a la Academia desde aquí?

El novato arrastró los pies hacia él y se paró en medio de ambos, cabizbajo.

—Toma una foto de la planta desde cada ángulo, mándalas a los Inefables, a la Asociación de Herbológos londinenses y al profesor Longbottom en Hogwarts. Que sepan que es urgente. ¿Cómo van los que intentan que la planta los suelte? —Se dirigió al novato que empezó a boquear.

—Eh- eh-

—Todavía nada —contestó Ron, después de echar un vistazo alrededor—, no parece que puedan despertarlos y tampoco pueden quitárselos a la planta.

Harry despachó al novato con un gesto y se cruzó de brazos.

—Neville me dijo una vez algo sobre…plantas vivientes que necesitaban un amo. El amo era el que creaba su semilla. No van a soltarlos si el "amo" no quiere —Se sacó los lentes para masajear entre sus cejas mientras lo pensaba—. ¿Puede que su objetivo sea sólo exhibirlos? ¿Un "atrapé a los que los Aurores no pudieron atrapar"?

—¿Un castigador? —Ron ya había empezado a dar vueltas en torno a una de las plantas, que sostenía a la bruja asesina—. Hemos tenido otros casos de ese tipo. El mago que capturaba a los ex-Mortífagos con cargos de tortura que no podíamos probar, la única sobreviviente de un asesino serial lo persiguió y utilizó su método para acabar con él, recientemente hubo un grupo de brujas que atacaba a muggles abusivos y los colgaban de sus…bueno, ya sabes de dónde.

—A esos en particular no los iba a defender —masculló Harry.

—El perfil de los castigadores puede variar entre los extremistas que cometen crímenes peores que aquellos a quienes buscan y los que en verdad van detrás de la justicia. Viendo la falta de daño…¿podrían ser del segundo tipo?

—¿Esa es tu teoría?

—No lo descarto —Ron volvió a su lado luego de rodear el cuerpo inconsciente. Observó el rostro de la bruja con interés—. El rojo es una buena elección para los mensajes; poderoso, intenso, llamativo.

—Los psicomagos dicen que el rojo se asocia a cosas muy buenas o muy malas en el inconsciente —replicó Harry, ajustándose sus lentes de nuevo. Esperó a que el cristal buscase líneas de magia pura en el ambiente, pero sólo señalaba la varita, la planta y las frentes con los mensajes.

—Hay pocas cosas legales y humillantes que superen colgarte inconsciente con tu crimen escrito en rojo en la frente, Harry. Me recuerda a las Therias.

—¿Las qué? —Harry intentaba centrarse en la marca en su frente para detectar la irregularidad, así que sólo pudo fruncir el ceño y gesticular hacia su amigo para que siguiese hablando.

—Las Therias, Harry. Mione nos habló de ellas.

—Ron, por mucho que aprecie los conocimientos de Hermione, no puedo recordar cada cosa que ella nos ha dicho en más de veinte años.

—Fue hace como tres años solamente.

—¿Me vas a decir o no?

Ron dejó escapar una risa baja.

—Theria era el pueblo mágico más grande antes de Hogsmeade. Demasiada magia, no salió bien. Por cierto crimen, empalaron a algunas personas a las afueras de la ciudad, en el camino que llevaba a la entrada para que los visitantes supieran que no les permitirían hacer lo mismo. El último gobernante se dio cuenta de que era un castigo cruel, así que sólo…los enterraba. El cuerpo al menos, los rostros quedaban afuera, las raíces los rodeaban. Tenían su crimen escrito en la cara también.

Harry musitó algo que debió sonar a "hm", conjuró unos escalones de magia y se acercó más al rostro de la bruja. Cuando estuvo a su nivel, los lentes detectaron la anomalía. Desde el ángulo correcto, las letras rojas empezaron a cambiar de posición.

—Ron, es un mensaje. Realmente es un mensaje. Está bajo dos capas de hechizos —Harry agitó la varita y utilizó el encantamiento que buscaba rastros de quien usó la magia antes. Negó—. Nada sobre quién lo lanzó, pero es duradero.

—Eso quiere decir que es una persona muy talentosa para mantener dos capas de hechizos que no se detecten en una revisión rápida y superficial de los Aurores —señaló Ron, pensativo.

—Pero no tan lista si esto lo notó —Harry bajó los escalones que había aparecido y tocó el borde de sus lentes—. Sólo funciona desde cierto ángulo, necesito alejarme para ver los mensajes de cada uno y unirlos…

—Oye —Ron lo llamó cuando él ya caminaba lejos de ahí—. Harry, ¡todo el mundo sabe de tus lentes! —Corrió detrás de él al no obtener una respuesta—. Skeeter lo añadió en su libro, ¿recuerdas? "Harry Potter concentró su habilidad de percepción mágica en sus lentes. Literalmente", o algo como eso. O algo un poco más cínico y burlón que eso, pero entiendes el punto…

—Ron, si estás insinuando que dejaron un mensaje específicamente para mí en este lugar…—empezó Harry, riéndose.

Replicó los escalones de magia y subió al nivel en que estuvo frente a la bruja, pero lo bastante lejos para poder observar los cinco cuerpos atrapados. Las letras rojas se desplazaron y el aliento se quedó atascado en su garganta por un instante.

—...entonces tienes razón.

Ron comenzó su "baile de la victoria" desde el suelo, hasta que Harry carraspeó y le frunció el ceño.

—Escena del crimen, rodeados de novatos, ¿recuerdas?

—¿Cuál es el crimen? —Ron se detuvo y abarcó el lugar con un gesto—. ¿Atrapar a unos criminales para nosotros? Ojalá toda Gran Bretaña comenzara a ayudar un poco, nos haría la vida más fácil, Harry.

Harry rodó los ojos.

—¿Tienes tu tablet?

—Esa maldita cosa…—Ron emitió un quejido y sacó de su túnica una tablet mágica encogida. La levitó hacia él.

Apenas la sostuvo, Harry la tocó con la varita en el borde, esperó el desbloqueo del reconocimiento de su magia y luego rozó el costado de sus lentes. Se sincronizaron.

Harry fijó la vista en cada uno de los mensajes en las frentes de los criminales, aguardó un segundo y después revisó la tablet. Las imágenes fueron tomadas y enviadas allí.

Lo único completamente cierto que Skeeter escribió en sus libros de él es que esos lentes valían cada knut.

—0—

Una vez que tuvieron la respuesta de la asociación de herbológos y de Neville, fue sencillo tranquilizar a las plantas para hacer que soltasen a los criminales. Bastaba con acariciar sus tallos y hablarles con suavidad. Luego las ramas se encogerían, soltándolos en el proceso, y las raíces ocultarían todo bajo tierra para marcharse.

Era una oportunidad de ver a su "amo", por lo que un grupo de herbológos y Aurores seguían el rastro de las raíces. No les estaba yendo bien. Al final, las plantas siempre conocerían mejor el subsuelo que las personas.

En la oficina del Departamento de Aurores, Harry enfrentaba otro tipo de conflicto. Las copias de las imágenes que tomó estaban en sus manos y revelaban el mensaje que guardaron para él.

"Una ofrenda de paz de la Cofradía, Harry"

Su jefe quería saber qué relación tenía con ellos y quiénes eran, y el mismo Harry estaba interesado en por qué su nombre siempre venía al caso cuando se trataba de algún demente.

Grayson era un mago robusto de cincuenta y tantos años, una edad corta para la mayoría de los magos, pero Harry apostaba a que sufriría un infarto en cualquier momento. Su hijo mayor era el novato asustado de ese día y ya tenía bastante con la presión de enviarlo a ayudar en los casos y la torpeza de todos los novatos, como para que hubiese problemas con otro de sus Aurores.

No paraba de pasearse frente al escritorio desde que entraron a la oficina. Harry había recibido un patronus de Neville y bebido un café en el proceso. Ron leía reportes sobre los escasos avances del caso.

—¡Junior!

Grayson le había pedido unas copias a su hijo hace diez minutos y el novato volvió a tropezarse al entrar a la oficina. Sin las copias.

Sí, su jefe tendría un infarto de puro estrés pronto.

Grayson esperó a que se marchase y se paró bajo el umbral que daba a su oficina. Tenía toda la cara roja.

—¿Alguien puede decirme qué o quién es la "Cofradía"? ¿Qué es esto? ¿El siglo XIV?

—En realidad…

Harry le hizo un gesto a Ron para que no hablase. Tanto tiempo absorbiendo información de Hermione lo hacía increíble para investigar y terrible frente a su jefe.

Grayson Jr. llegó al fin, cargando más documentos de los que le pidieron y una tablet mágica.

—Encontré- bueno, Roman encontró la información, yo encontré a Roman metido de cabeza en el archivero…

Conociendo el temperamento del jefe, le pasó lo que él pidió, y se dirigió a Harry con la tablet y los papeles restantes.

—El Departamento tiene dos registros con la palabra "Cofradía" —señaló el novato, mostrándole la tablet y pasando un par de páginas escaneadas en la pantalla táctil—, uno data de 1715, cuando los Aurores todavía estaban intentando implementar un sistema que funcionase después de las últimas cacerías. El otro es de hace casi diez años.

Harry le enseñó la pantalla a Ron. Apuntó el nombre de la persona por la que la palabra entró a sus registros.

—Maia Hemmings, Maia Hemmings, hace casi tres años…—Ron se masajeó las sienes—. Revisión rutinaria, mostró cierta agresividad…ya sabes cómo se ponen los ex delincuentes cuando tienen a los Aurores encima fastidiando. Se estaba portando bien entonces, ¿qué dijo de la Cofradía?

—Sólo que los magos solían funcionar como una Cofradía y que deberían volver a hacerlo pronto —Harry leyó el registro—, y nada más, al parecer.

—Hemmings dejó su vida desastrosa cuando tuvo un hijo, debe ser fácil encontrarla por las buenas ahora —Ron miró al novato—. Dile a Roman que busque a Hemmings. Iremos por ella en la tarde —Volvió a Harry, quien asintió—; siempre le agradaste, veremos si sabe algo y quiere hablar.

—La primera mención de la Cofradía tiene que ver con la St. Mary-le-Bow. Puedo ir ahí ahora mismo y echar un vistazo.

—¿Una iglesia muggle? —Grayson Jr. los vio de forma alternativa, confundido.

—Una iglesia que aceptaba a los magos y fue quemada con magos dentro —aclaró Harry, de mala gana—, la versión mágica se mantuvo bajo barreras. Lo que los muggles ven es una reconstrucción y es apenas la mitad de lo que hay.

—Hubo un loco que intentó quemar muggles ahí dentro en venganza por los cincuenta y seis magos quemados antes —recordó Ron. Luego regresó al novato—. Menciónale el nombre de la iglesia a Roman, ve si tenemos algo de ella que tenga que ver con plantas mágicas como las de hoy, o un grupo de criminales atrapados, lo que sea.

—¿La St…qué? —El novato arrugó más el entrecejo. Cuando ambos lo miraron con el rostro en blanco, se sonrojó—. Lo siento. Es un nombre raro.

Cuando tenían preparado su cronograma de investigación, una bruja se asomó en la oficina.

—Tres de los cinco criminales encontrados entre los tallos acaban de despertar.

Harry vio a Ron, que lo miró a su vez. Después se fijó en ella.

—Pídele a los medimagos que les den el implemento para las víctimas que necesitan dar detalles, eso les pondrá la mente clara para saber qué les pasó. Busca a Hemmings de todas formas —indicó a Ron—, voy a visitar la St. Mary-le-Bow, nos vemos en San Mungo en…

—¿Una hora?

—En una hora, perfecto. Me llevo los lentes, el broche que sirve de GPS, un anillo de pánico y a McCarthy.

—¿Un crup rastreador?

—Lo del incendio más reciente podría afectar sus sentidos porque era fuego mágico y no se ha apagado del todo, usaré los lentes, buscaré al crup si pienso que puede haber un rastro de alguien por ahí. Una hora, Ron —repitió Harry, dirigiéndose hacia la salida.

Su jefe los vio tomar diferentes direcciones, boquiabierto, esperando que lo consultaran para algo.

—0—

La St. Mary-le-Bow todavía ardía. El fuego se había reducido con el pasar de los años, pero el último demente que quiso usarlo lo avivó, así que todavía se notaban ciertas ascuas en las esquinas y sobre los muebles encantados que jamás terminarían de dañarse, pero ya no podían ser usados.

McCarthy era varios años menor que Harry y caminaba exactamente por donde él lo hacía, varita en mano, sin intenciones de ser una heroína.

Sólo necesitaban mirar un poco. Dentro de la barrera antimuggles se encontraban la estructura principal, un edificio secundario más pequeño, un sótano que servía de refugio a los magos fugitivos y un jardín quemado hasta que no quedó nada más que tierra seca.

Después de una ojeada y un par de hechizos de rastreo para estar seguros de que el lugar se encontraba despejado, Harry la miró y asintió.

—Empieza con las pulsaciones.

McCarthy era casi por completo ciega. Incluso los mejores tratamientos sólo podían darle un par de horas de vista regular. Una vez le comentó que fue por un accidente con sus padres y un muggle aterrorizado por la magia. Desde entonces, aprendió un truco interesante con pulsaciones mágicas.

Ron la comparó con los murciélagos en una ocasión. A ella no le agradó la idea, pero viéndola emitir una vibración a través de un sonorus para recibir las "respuestas" del edificio, sí tenía que admitir que poseían cierta similitud.

—No me gusta este sitio, Harry —McCarthy se detuvo para fruncirle el ceño a la nada. Se agachó, presionó la varita en el suelo y "vibró" por unos segundos más.

—¿Qué tiene? —Harry mantenía su propia varita en mano, buscaba focos de magia con los lentes y examinaba su entorno, en caso de que hubiese una sorpresa allí de la Cofradía.

—Muchos fantasmas en el sótano.

El sótano fue el lugar donde quedaron atrapados los magos que murieron quemados. De alguna manera, se bloqueó la salida incluso para Apariciones y era lógico que sus almas siguiesen vagando por ahí.

Para los "pulsos" de McCarthy, los fantasmas eran una respuesta débil y escalofriante que la incomodaba. En especial si eran tantos de ellos.

—Está bien —Harry se ablandó y le dio un leve apretón en el hombro—, prueba con las paredes si te sientes mejor así. No creo que alguien se haya metido al sótano sabiendo lo que pasó aquí, pero yo puedo revisar por mi cuenta después. No te fuerces.

La bruja asintió, se levantó y tanteó con las manos para abrirse paso a la pared más cercana sin chocar con las sillas quemándose. Distinguió los puntos de mayor concentración de fuego por el calor y se alejó lo suficiente para no tener que usar una mascarilla para el humo.

Harry volvió a comprobar el lugar con un hechizo de rastreo, miró a McCarthy tocando las paredes en busca de una señal, y sólo cuando se sintió seguro de que no había nadie más, caminó hacia la puerta de madera que cerraba la entrada en el suelo al sótano.

Apenas la abrió, percibió una disminución en la temperatura que lo rodeaba.

—Voy a bajar —avisó, echándole otro vistazo a la bruja—. Cinco minutos máximo, McCarthy.

—Puedo quedarme sola un momento, Potter —Ella soltó una risita, pero sonaba agradecida por su preocupación. Hizo un gesto en dirección a su voz para que se apurase y siguió tanteando la pared.

Harry observó el final de las escaleras a medio deshacer y se preguntó si Skeeter tenía razón sobre su psicótico deseo suicida. Prefirió crear escalones de magia para bajar.

En el sótano, oía el crujir de madera quemándose. Los fantasmas eran figuras traslúcidas que se apilaban unas sobre otras, en un incendio eterno. Las llamas eran altas en las esquinas, el techo cedería en cualquier momento sino fuese por los hechizos que se lanzaron durante la construcción del lugar para evitar derrumbes y el humo espectral hacía difícil que distinguiese gran cosa.

Harry empezó a moverse entre cuerpos fantasmales y humo, luego de ponerse una mascarilla mágica. Sus lentes enloquecieron y apuntaron focos de energía en cada rincón, incluso dentro de las llamas, pero no, no tenía intenciones de buscar en el fuego.

—¿Hola? Disculpen, ¿hola?

Algunos fantasmas sólo se encontraban ahí, de pie, mirando a la nada y sin ninguna reacción. Otros revivían el momento del incendio, retorciéndose en un fuego ya consumido a medias y gritando en silencio. Ninguno era una imagen agradable.

Decidió que le mandaría un patronus a Luna apenas hubiese salido de ahí. Era la única fantasmalóga certificada que conocía. Se sentiría muy mal cuando supiese de las almas atrapadas allí.

—¿Hola? —Harry inhaló profundo y se sintió culpable desde antes por lo que haría—. ¡Quiero saber sobre la Cofradía!

Eso fue lo que los alteró. De pronto, los gritos ya no eran silenciosos e incluso los fantasmas taciturnos se movieron. El sótano se sumió en el pánico y Harry quedó atrapado entre humo y muertos.

—¡La Cofradía, ya viene la Cofradía…!

—¡Ayúdanos, ayúdanos…!

—¡Dijo que estaríamos a salvo!

—¡Prometió que estaríamos a salvo!

Escuchó voces de niños entre ellos y su pecho se apretó.

—¡Les gusta quemar brujas!

—¡En la pared…! ¡Lo puso en la pared detrás del altar! ¡Se suponía que…!

Harry intentó concentrarse en la última voz e ignorar el resto. Ese fantasma aún tosía, como un reflejo de lo que su alma recordaba de sus últimos segundos con vida.

—¡Se suponía que…!

No podía entender lo que decía después de esa frase. A pesar de que se deslizó entre los fantasmas para buscar al dueño de la voz, parecía cada vez más lejano, y pronto descubrió que se había distanciado demasiado de las escaleras.

—¿Harry? —McCarthy lo llamó desde la salida—. Oye, ¿estás bien o tengo que llamar a un medimago?

—Sigue hablándome —pidió Harry, que empezó a avanzar sobre sus pasos, siguiendo su voz para regresar a las escaleras.

Siempre odió ser atravesado por fantasmas. Sospechaba que ni siquiera en Hogwarts hubo tantos que lo atravesaran como si nada.

Llegó a las escaleras sintiéndose agotado por el ambiente cargado de desesperación y McCarthy tanteó el aire con una mano para buscarlo tan pronto como oyó sus pasos subir. Harry la sujetó y dejó que lo ayudase a salir de ahí. Cerraron la puerta juntos.

La bruja se estremeció de forma exagerada y emitió un sonidito de desagrado.

—Encontré algo detrás de la mesa larga —McCarthy fue criada por magos, no entendía sobre la estructura de una iglesia—, ¿y tú qué tal?

—Fantasmas traumatizados, fuego eterno sin apagar…oí algo sobre el altar. ¿Qué hay allí?

Los dos subieron los escalones que separaban la "mesa larga" del resto y la bruja se acercó a una caja dorada incrustada en la pared. Pensó que la abriría, pero en su lugar, presionó ambas manos un poco por debajo durante unos segundos. Luego las levantó y golpeó la pared con las palmas, enviando otra pulsación.

Una segunda caja se reveló bajo la dorada, más pequeña, y con una clara aura mágica que fue detectada por sus lentes. La primera barrera debió ser pensada para impedir que la viese cualquiera.

McCarthy se agachó un poco y la abrió. Mantuvo una mano abierta frente al interior para sentir el nivel de magia del contenido, luego buscó a Harry, girando la cabeza hacia un lado.

—Harry, no sé, pero…esto es raro incluso para ser una iglesia, ¿no?

Harry se agachó junto a ella. No supo qué responderle cuando observó la copa. Ancha, de un plateado sucio, con dibujos en los bordes y un poco de líquido todavía dentro.

Tras asegurarse de que no estaba maldita, Harry la sujetó usando guantes y la sacó de la caja en la pared. El líquido era claro y tenía hilos plateados flotando dentro, envueltos en una barrera que evitaría que se derramase incluso si se volteaba la copa.

Recuerdos. Alguien apartó unos recuerdos y los guardó allí.

Harry le pasó la copa a McCarthy y examinó mejor la caja. Estaba llena de hechizos para evitar cualquier tipo de daño. Incluso detectó uno que haría que personas con ciertas características no pudiesen abrirla; en muchos casos, se usaba en tesoros para alejar a quien los codiciaba.

—¿Notaste algo además del fuego, los fantasmas y esto?

McCarthy negó. Harry entonces sincronizó sus lentes a la tablet que llevaba, tomó algunas fotografías de la caja y su tapa, y se irguió.

—No creo que haya mucho más para nosotros aquí. Podemos volver después si notamos algo, las barreras antimuggles seguirán ahí, lo importante ahora es esa copa.

—¿Crees…? —McCarthy titubeó—. ¿Crees que tenga recuerdos del día del incendio?

Harry esperaba que no. Creía haber superado el límite de catástrofes relacionadas a incendios que tenía para toda su vida.

McCarthy se fue al Ministerio para registrar la copa como un objeto posiblemente relacionado a un caso y Harry a San Mungo para encontrarse con Ron.

—0—

Ron tomó la sabia decisión de mandar Aurores a las puertas de los cuartos de los criminales que encontraron esa mañana. Algunos reporteros, Skeeter entre ellos, ya rondaban por el pasillo.

Cuando Harry se acercó desde el área destinada a las Apariciones, nadie lo detuvo al ver su uniforme y el broche. Pero Skeeter sí que lo siguió, hasta que los Aurores en la puerta le bloquearon el paso.

—¡Harry, Harry! —llamó, con tono cantarín—. ¡El público necesita saber! Seguramente no le negarías una entrevista a una vieja amiga…—Por la mirada que Harry le echó, lo cambió a:— a una vieja y muy, muy buena conocida.

—Puedo hacer lo que quiera —alegó Harry, encogiéndose de hombros—, tengo una patológica necesidad de atención, ¿no? Si la mando a la mierda ahora, sólo estaré buscando más atención.

Se despidió de ella con un cabeceo y cerró la puerta. Les dieron a los criminales cuartos dobles para que fuese más fácil vigilarlos, las ventanas de paisajes mágicos no servían para escapar, el baño tenía barreras que llamarían a un enfermero para acompañarlos dentro, y los despojaron de sus pertenencias.

Viendo a dos de ellos tirados en la cama con su ropa de hospital, casi parecían víctimas comunes. Harry respiró profundo, se armó de paciencia y caminó hacia la bruja.

La conocían como Liva. Ya estaba consciente de su entorno y miró a Harry con cautela, mientras este arrastraba una silla junto a su cama. Le mostró su varita y luego la guardó en su manga, todo frente a sus ojos.

Era tan joven. Diecinueve años como mucho y doce muertes. Harry no era Ron, y aunque podía imaginarse por qué lo hizo e intentar predecir lo que vendría después, no se sentía capaz de ver su mentalidad como una secuencia lógica.

—Ron debe estar aquí en un rato.

La bruja se estiró en la cama igual que un gato perezoso, como si no le preocupase ser una criminal bajo custodia y recién capturada. Conocía a Ron.

Con el tiempo, el nombre de Ron adquirió una nueva dimensión entre los de su tipo. Liva pareció considerar algo y le pidió que se acercase con un gesto.

—No voy a acercarme lo suficiente para que puedas ahorcarme sin quitarte la intravenosa, Liva.

Ella le enseñó una sonrisita. Se recostó de lado, con el brazo de la aguja extendido.

—¿Quieres que te diga algo?

—Estoy aquí por lo que les pasó —aclaró Harry, en voz baja.

Liva meneó la cabeza y siguió sonriendo.

—No, porque si estuvieses aquí por lo que nos pasó, tendrías que hablar con todos, no sólo conmigo.

—Empezaré contigo.

—Viniste directamente hacia mí, le cerraste la puerta en la cara a una reportera —siguió ella. Tenía una voz melodiosa y algo infantil—, mi cama es la más alejada de la puerta. ¿Sabes qué creo?

Harry suspiró.

—¿Qué crees?

—Creo que no te sientes incómodo conmigo, Harry. Eres el niño-que-vivió. Por supuesto que has matado a alguien. No somos diferentes. Ellos —Apuntó de forma disimulada al mago al otro lado del cuarto— sí lo son. Puedes decir que alguien roba por hambre, o que mata en defensa propia. Pero no violas por hambre, ni para salvarte a ti mismo, y dudo mucho que debas defenderte de un niño menor de siete años. Los desprecias más que a mí, eso seguro.

Él no dijo nada, sólo le frunció el ceño.

—Creo que ese es otro nivel de sadismo, y tú también lo piensas, así que vienes directamente hacia mí, porque es más cómodo, es hablar con alguien a quien entiendes de cierta manera, y no con alguien que actúa peor que una bestia. Y si yo te cuento lo que pasa, será mejor para ti. Aunque intentes verte justo, mi palabra vale más que la de ellos para ti, Harry.

Harry apretó los labios y continuó sin decir nada, por lo que ella se inclinó un poco más hacia el borde de la cama.

—Creo que entiendes ese nivel de ira, de dolor, de desesperación, cuando no hay salida, y lo único que piensas es que eres tú o él, y si no eres tú, serán otros, ¿y qué te vuelve más cruel? ¿Matarlo para que no mate a nadie, o dejarlo vivir para que dañe a otros? ¿Eres realmente bueno si dejas ir al malo para que le haga algo a otros, o sólo te estás cuidando a ti mismo detrás de una moral oxidada? ¿Nunca te has preguntado…?

—Yo creo que piensas que eres muy inteligente, niña.

Liva se enderezó tan rápido en la cama que tuvo que ahogar un quejido al tirar de su intravenosa. Observó la puerta y Harry se giró para ver a Ron parado bajo el umbral, cruzado de brazos.

—Se supone que nos veríamos aquí —regañó a Harry—, que entraríamos los dos, no que tú entrarías solo a escucharla y a ser manipulado.

—Hola, Ronie —Liva volvió a sonreír.

—Hola, mocosa —Ron levitó una silla junto a la de Harry y mantuvo un tono impasible que rara vez adoptaba. Se dejó caer sobre el asiento, le dio otra mirada de reprimenda a Harry y se fijó en ella—. Yo no quiero hablar con tus amiguitos, tú prefieres que hable contigo. Entonces habla.

Liva jugueteó con un mechón de su cabello rizado.

—¿Recibiste mis cartas?

Ron rodó los ojos.

—Eso es un "sí" —argumentó Liva—, ¿y…?

—Quemadas, por supuesto —replicó Ron.

—¿Las abriste al menos?

—¿Te parece que abriría las cartas de una asesina?

—No eres lindo, Ronie —masculló la bruja, formando un puchero.

—Créeme, tú te ves muy fea justo ahora. Habla y arreglaremos esto antes. Mantengo nuestro trato del desmemorizador, si te comportas.

—Tal vez ya no quiera el desmemorizador y quiera conservar mi magia.

—Tal vez tengas que aprender a mentir.

Harry observó a uno y al otro, y en el fondo, creció su admiración por Ron. Cuando empezó a "regatear" por la información, llevando a Liva cerca de algún tipo de acuerdo, él estuvo orgulloso de poder decir que ese era su mejor amigo.

—Podría verte una vez cada seis meses, Ronie.

—Eso sólo sería si vas a Azkaban y durante las visitas para las investigaciones con los psicomagos. Pediste el desmemorizador, Liva.

—¿Se me permite cambiar de opinión?

—En Azkaban conservarás la magia y los recuerdos.

—¿Podrías dejarme sólo la magia y no los recuerdos, cariño?

—¿Crees que soy un hada de los deseos? Son dos opciones, y agradece que Azkaban ya no tiene dementores y básicamente vas a estar congelada bajo el agua…

—En serio no eres nada lindo, Ronie.

Veinte minutos más tarde, ambos se recargaban en una pared en el pasillo del área de los cuartos. La prensa fue alejada, Harry se bebía un café asqueroso que les daban gratis a los Aurores cuando pasaban por ahí y Ron se comía una bolsa de papas fritas.

—Hablará entre hoy y mañana —aseguró su mejor amigo, con calma—, le gusta hablar, la última vez también hizo muchas preguntas antes de decirme lo que quería. Sólo está asustada y le toma tiempo hacerlo.

—¿Asustada de la prisión?

—Alguien que ve a un Auror y le pide que le quiten la magia y la memoria es una persona muy asustada, y no de Azkaban, Harry —Ron negó y extrajo un papel de su bolsillo—. Roman encontró a Hemmings.

—¿Vamos mañana temprano? —murmuró Harry, después de ver que era una dirección.

Ron asintió y desapareció la bolsa de papas. Cabeceó hacia el cuarto.

—Vuelvo adentro, me tomará como, uh, una hora hoy. Le diré que mañana vendrás tú solo si no quiere decirme nada.

—Me dijo algo sobre…

—Harry —Ron hizo una pausa cuando estaba por irse—, no la escuches. No puedes escuchar lo que dice.

Harry arrugó el entrecejo y titubeó por unos segundos.

—Es que…es que tenía…una parte tenía razón, creo.

—Sí, lo sé —Ron se encogió de hombros—. Lo preocupante sobre ella es que mucho de lo que dice tiene razón, de forma retorcida. No la escuches, en serio, no le des vueltas.

Puso una mano en el hombro de Harry y le dio un apretón tranquilizador.

—Cena con nosotros en la pequeña madriguera hoy, anda. ¡Y trae a Sirius!

Se despidió de él con estas palabras y Harry siguió dándole vueltas a lo sucedido, con la sensación de haber encontrado algo. Sólo no podía definir qué todavía.

Regresó al Ministerio para el último informe del día.