El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Frente al espejo

Harry observó el recuerdo por tercera vez. Ron se aseguró de entregarle los pedazos que valían la pena, pero todavía podía observar parte de sus interacciones.

En el cuarto de San Mungo, Ron colocaba un muffliato y levitaba una silla junto a la cama. La memoria se movía un poco más deprisa cuando Harry extendía las manos y simulaba "deslizar" la imagen frente a él, hasta un punto en que Liva ya estaba sentada contra las almohadas.

—¿Me contarás sobre ellos?

La voz de Ron era tranquila y la bruja movía la cabeza de lado a lado, en un gesto que no era del todo negativo, pero la hacía lucir poco entusiasmada con la idea de platicar.

—¿Son malos? ¿Qué pretenden al reunir criminales en un parque muggle?

—Define "malos" —pidió ella, con suavidad.

—Sabes lo que quiero decir con eso, Liva.

—¿Pero qué es "malo"? —Liva se inclinó hacia un lado, todavía sobre las almohadas—. ¿Malo como un asesino serial? ¿Malo como alguien que secuestra niños para torturarlos por placer? ¿Malo como un funcionario del Ministerio que arregla un asunto político y después va a casa a golpear a su hijo? ¿Malo como los medimagos que no se preocupan por los motivos por los que llega una persona completamente cubierta de heridas?

—He investigado a los funcionarios que me has mencionado por actos violentos y corrupción —Ron contuvo el aliento un segundo y después asintió—, tenías razón, ¿feliz?

—No, Ronie, no estoy feliz —replicó Liva, entre dientes—, no me hace feliz que el lugar que se supone que busca justifica y equidad tenga a ese tipo de gente y nadie le preste atención hasta que me dejo atrapar un rato para hablar contigo. Ni que todavía haya de esos.

—¿Quiénes?

Liva meneó la cabeza.

—Si no me dices quiénes son, no podré-

—No podrás igual —Liva volvió a negar—, lo último que he escuchado es de personas de muy arriba, Ronie. Te van a echar si los investigas. Sería malo si te echan…

Ron resopló y se inclinó hacia adelante, tocando el borde de la cama para atraer su atención de nuevo.

—Si la Cofradía estuviese llena de ese tipo de gente "mala", me lo dirías, ¿verdad?

Liva lo contempló en silencio por unos segundos. De pronto, asintió.

—Pero no quieres que los atrapemos —concluyó Ron, arrugando el entrecejo—, ¿a pesar de que te secuestraron?

—¿Cuándo dije algo sobre ser secuestrada? —Liva se rio—. Ronie, cariño. Podría salir de este hospital cuando hay diez Aurores en esta zona, lo sabes, ya me he ido de sitios peores. No me agarran si yo no quiero.

—Así que supongo que te dejaste agarrar —Ron se enderezó y lo consideró un momento—, y estás en este cuarto por voluntad propia. Y eso generalmente significa que quieres decir algo importante.

De la última conversación que Liva tuvo con él, Ron sacó una pista para encontrar a un mago que escapó del área mental del hospital y cometió una serie de crímenes violentos. En la anterior a esa, por lo que Harry sabía, fue que obtuvo los nombres de los funcionarios a los que echaron del Ministerio los últimos meses por "comportamiento inapropiado", según la versión oficial de los hechos.

—Podría haberte extrañado —Liva formó pucheros.

—Claro, te expusiste sin motivo alguno —Ron le dirigió una mirada incrédula que la hizo sonreír—. Tú, que ya sabes que hay diez Aurores en esta zona, sin haber salido del cuarto.

—Me encanta hablar contigo, Ronald Weasley —Liva se estiró igual que un gato perezoso, sonriendo. Tuvo que ser cuidadosa al reacomodar el brazo, por la intravenosa—. ¿Qué te parece una galleta a cambio de una respuesta?

La memoria avanzaba hasta que Ron regresaba al asiento y arrojaba sobre la cama un paquete de galletas de vainilla. Liva se lanzó sobre ellas de inmediato, rompió el empaque con los dientes y se metió dos a la boca.

—Gracias, Ronie, me estaba muriendo de hambre, los medimagos pensaron que no notaría las pociones en mi comida.

—¿Entonces no comiste?

Liva cabeceó hacia su compañero, que roncaba fuerte, mientras se metía otras dos galletas a la boca.

—¿Por qué crees que no se despierta? ¿Me querían drogar acaso? ¿Qué tan legal es eso, Ronie?

—No mucho —admitió él, de mala gana—. ¿Vas a hablar ahora?

—Oh, sí, sí, encantada, Ronie. Me preguntaste si eran "malos" —Liva lo apuntó con una galleta—. Digamos que…no lo creo. Por lo que escuché de ellos, yo diría que están en algún punto entre los grupos que quieren unirse al mundo muggle, y tal vez los que cometen delitos menores como, ya sabes, un par de galeones desaparecidos y eso, por ahí debe estar su nivel de "maldad". No sé si permanecerán tan tranquilos —reconoció, poniéndose más seria.

—Alteraron un montón de parques, atrajeron a los muggles y colgaron criminales a plena luz del día, ¿eso es estar "tranquilos"?

—¿Uno de los muggles resultó herido? Los colgados estamos vivos y sanos, ¿no? ¿Qué más esperas del mundo, Ronie? Me trataron bastante bien —Liva se encogió de hombros.

—¿Cómo los conociste?

—Todo el mundo los conoce hoy en día, cariño, actualízate un poco, ¿quieres?

Ron decidió cambiar de enfoque.

—¿Desde hace cuánto los conoces? No dejarías que un desconocido te duerma y ate, estoy seguro.

—No estaba exactamente dormida —aclaró Liva—, sólo…no estaba despierta. Escuché de la Cofradía hace unos dos años, por la época en que, bueno, eso. Ofrecían refugio.

—¿Refugio para personas que necesitan ayuda?

Liva asintió, distraída.

—Algo así. Lo llamaron "Neverland". ¿Te suena? Es de un cuento muggle.

—No me suena —admitió Ron, en voz baja—, ¿quieres decirme de qué trata?

—Según entiendo, un niño abandonado en un parque es encontrado por un hada que se lo lleva a un mundo mágico en que nunca debe crecer. Y está a salvo. Eso ofrecían —Liva ralentizó sus movimientos para que las galletas le durasen más tiempo—. No quise ir porque, oh, ya sabes, el orgullo primero y eso, estaba muy segura de que lo resolvería. La Cofradía reunió a muchos chicos jóvenes en ese momento, todos con magia, creo que el mayor no pasaría de los diecisiete años.

—¿Todos estaban en situaciones —Ron buscó las palabras— como la tuya?

—Algunos mejor, algunos peor, si es que eso se puede medir. A ustedes les encanta medir y decidir quién está "peor", ¿no? —Liva rompió una galleta por la mitad y jugueteó con ellas un momento—. Me pareció que tenían buenas intenciones entonces, ¿sabes? Es preocupante, todavía no encuentro su defecto.

—¿A qué te refieres?

—El defecto en su discurso —explicó Liva, con calma—. Grindelwald hablaba de libertad y seguridad para los magos, pero quería esclavizar a los demás seres vivos para servirnos. Voldemort hablaba de la pureza de sangre, pero incluía matar a todo el que no cumpliese con el criterio de su grupo elitista. Incluso Dumbledore, Ronie…la idea de la paz y seguridad para los nacidos muggles y mestizos era genial, hasta que te dabas cuenta de que quería destruir las tradiciones sangrepura y el mundo mágico dependía de unos adolescentes que después tendrían un trastorno de estrés postraumático.

Ron eliminó una parte de ese recuerdo de forma intencional al pasárselo, por lo que Harry no podía saber qué le respondió a eso. Luego la imagen regresaba cuando Liva seguía hablando.

—Todos los discursos tienen un defecto. No confío en un grupo sin haber oído el suyo. Por eso acepté unirme a este jueguito; también me servía para verte y advertirte si había algo sobre lo que advertir.

—¿Lo hay?

—Todavía no lo sé —Liva lució molesta al admitirlo—, no fueron precisos, pero lo que oí, lo que me dijeron…estoy de acuerdo con algunas cosas, ¿sabes?

—¿Como cuáles?

—Por ejemplo, que alguien sin magia no sabe cuidar de un niño mágico. Que no está bien esperar hasta los once años para explicarles la situación —Liva arrugó el papel de las galletas, lo lanzó a un lado y sus uñas arañaron uno de sus antebrazo, hasta que empezó a enrojecer, mientras pensaba.

—Deja eso, Liva.

La bruja parpadeó y observó su antebrazo, como si acabase de caer en cuenta de que comenzaba a sacarse sangre. En verdad se detuvo. Volvió a colocarse de lado y vio a Ron de nuevo.

—¿Podrías quitarme la magia y la memoria hoy mismo, Ronie?

Ron negó.

—Sabes que el proceso es muy largo, pasarías meses bajo custodia. Pero te prometo un buen sitio mientras esperas, no tiene que ser Az-

Ella bufó y se puso boca arriba sobre su pila de almohadas, frunciéndole el ceño al techo.

—Tienen gente en el Ministerio y en todas partes, en general. Y planean algo para el treinta y uno de octubre. Algo grande. ¿Te quejas de lo de los parques? —Lo vio de reojo y negó—. Preferirás que hubiesen seguido jugando con los malditos parques.

—¿Sin detalles?

Liva negó.

—Tendría que unirme para saber más, Ron.

Se notaba que se había puesto de mal humor. Ron abandonaba su silla de nuevo, y aunque la memoria que le entregó acababa ahí, Harry sabía que buscó más galletas para ella.

En el archivero del Ministerio, Harry sacó la cabeza del Pensadero y exhaló. Se secó el cabello, los lentes y el rostro con un hechizo y contempló los hilos plateados que se deslizaban por el agua durante un rato.

—Roman ya encontró algunos detalles del proyecto Neverland —Era la voz de Ron, acercándose entre los estantes a la pequeña y desordenada oficina del Auror encargado de la información—; fue un refugio para magos jóvenes en ambientes violentos. Todos hijos de muggles o mestizos que se quedaban con parientes sin magia. Estuvo activo durante casi once meses hace seis años y por siete meses más hace dos años.

—¿Y? —preguntó Harry, sin verlo—. ¿Qué le pasó?

—Se esfumaron. No hay nada antes o después de eso. Roman no ha podido identificar a los chicos que entraron allí y a los que creyó encontrar les perdió el rastro, pero mientras el proyecto Neverland estuvo activo, tuvieron una buena vida cerca de Botany Bay. McCarthy se ofreció a visitar el lugar que quedó registrado como su domicilio para usar los pulsos.

Harry asintió.

—¿Qué hay de los recuerdos que encontramos en la iglesia?

—Siguen en la división de maleficios. No han dado la notificación de que sean seguros, Grayson piensa que unos recuerdos malditos podrían causar algún tipo de daño mental y se encontró a un psicomago que lo confirmó, así que…sólo podemos esperar que hagan mil pruebas.

—¿Los criminales que continuaban en San Mungo?

—Procesados, algunos enviados a Azkaban, otros a la nueva prisión.

Harry se giró y se recargó en la mesa sobre la que puso el Pensadero.

—Tengo algo que hacer hoy, pero quiero que acompañes a McCarthy a la casa del proyecto Neverland, ¿puedes?

—Sí, claro —Ron asintió y metió las manos en sus bolsillos.

—Cuídala si hay fantasmas, ¿sí? Le dan una sensación muy desagradable.

—Lo sé, Harry, tranquilo.

—Bien, que Roman siga buscando información al respecto, esperaremos el veredicto de la división de maleficios, me gustaría que me avisen si encuentran algo en la casa del proyecto Neverland.

—Cuenta con eso.

—Buscaré a los chicos del refugio cuando Roman tenga algunos nombres, voy a intentar hablar con nuestros viejos informantes para saber más de la Cofradía y por qué nadie nos avisó de esto si han estado tomando tanto poder…

Harry hizo una pausa, porque sabía que no le agradaría lo que iba a decir.

—¿Qué pasa? —Ron arrugó el entrecejo al ver su expresión, fuese la que fuese.

—Quisiera ver el archivo del jilguero.

—Pídele a Roman que te lo busque, le ha puesto tanta seguridad a este sitio que nunca encuentro nada y ni un accio con la varita de sauco funcionaría-

—No, Ron, quiero el archivo del jilguero. No el de Liva.

No el que tenían en el archivero, la versión oficial.

—¿Quieres mi archivo? —Ron sonó incrédulo.

—Sé que Liva nunca te ha dado información que sea falsa, pero tú mismo me has advertido que es muy lista y no habla de lo que no quiera o con quién no quiera hablar. Quizás —Harry se aseguró de que su voz fuese suave y no una exigencia—, si tienes algo sobre el tipo de personas con que se relaciona, podamos investigarlos a ellos también y buscar señales que nos lleven con la Cofradía. Como ver al mensajero y no el mensaje para saber quién lo remite.

—No.

La respuesta de su mejor amigo fue instantánea. A Harry le tomó unos segundos asimilar que era una negativa tan dura.

—¿Hay algo malo con mi razonamiento? ¿No crees que podría funcionar?

—¿Crees que Liva me diría quiénes son sus amigos? Todos los nombres que he registrado de ella son falsos cuando habla de dónde saca su información y reales cuando está acusando a alguien del Ministerio de cometer un delito: sólo por eso no he insistido en conseguir nombres que sé que no me dará.

—Ron, acabo de ver el recuerdo. Por tercera vez —Harry negó—. Te cuenta mucho más de lo que lo harían los otros.

—Exacto.

Harry frunció el ceño cuando lo vio dejar caer los hombros.

—No entiendo el punto, Ron. Sólo son unos archivos-

—Dije no. No, amigo —Ron meneó la cabeza—, respeta eso. Mis archivos son el resultado de todo el trabajo desde que llegué aquí. Yo no te pido prestados tus lentes.

—Te los prestaría si pudieses ver con ellos —replicó Harry—. ¿Qué tienen unos…?

—Que no.

—¿Por qué? Estamos hablando de un grupo con intenciones desconocidas que ha trabajado por años frente a nosotros, podría ser importante, podría ser grave, ¿por qué eres irracional justo hoy?

—Nadie más puede ver mis archivos, Harry.

—¿Pero por qué…?

—No, no entiendes —Ron exhaló, más cansado de repente—. Nadie más puede ver mis archivos.

—0—

Harry llevaba un minuto sosteniendo la página. Ninguna de las funciones de sus lentes le permitían ver algo. Ni los hechizos que conocía lo ayudaban.

La carpeta del jilguero tenía sólo una hoja en blanco, para él. Se la regresó a Ron, irritado, y se dejó caer sobre su silla, mientras él guardaba el "archivo".

Harry se retiró los lentes y masajeó entre sus cejas.

—¿Por qué…? Sabes que necesitas un registro que pueda ser revisado por el Departamento, Ron. ¿Qué opina Grayson de esto?

—No lo sabe, sólo sospecha que algo nada mal con mis registros. Pero no se atrevería a revisar sin que le dé permiso.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Liva habla conmigo, no con Grayson. Lo mismo para los demás criminales que he tenido estos años. ¿Sabes cuántos registros llevo? Grayson no podría hablar con ellos, eso cancelaría los estudios de psicomagia criminal, afectaría el programa de criminalista de la Academia, la información que recibimos de ellos para otros casos…

Harry se ajustó los lentes y casi sonrió.

—Eres el maldito centro de información sobre los peores criminales aquí, Ron.

Ron se encogió de hombros.

—Trabajé con ellos, Grayson no, ¿por qué sería justo que tome mis cosas? Cada archivo tiene un código que sólo yo veo, Mione perfeccionó el hechizo para mí. Los códigos son un resumen de la información completa, que está guardada en un lugar más seguro.

—¿Dónde?

Ron se tocó la sien.

—Me fue bien en oclumancia en la Academia, ¿recuerdas? Después de tener una parte de Quién-Tú-Sabes colgando del cuello fue muy sencillo bloquear las demás cosas que querían entrar.

—Así que si necesito algo…

—Pregúntame —Ron ocupó la silla frente a él—, pero no está lo que quieres de Liva.

—Bien, ¿qué tienes de ella que diga algo sobre con quién puede reunirse, o a dónde va o…?

Ron adoptó una expresión de disculpa y Harry lo entendió de pronto.

—No quieres decirme, ¿cierto?

—Harás muchas preguntas, podría revisarlos bien por mi cuenta, en caso de haberme perdido de algo, y si encuentro personas con la descripción que ella da, los investigaré y-

—O podrías trabajar conmigo. Como normalmente haces. O como creí que lo hacías, al menos.

—Siempre he trabajado contigo, compañero —Ron rodó los ojos—, es sólo que…hay ciertas cosas que han sido sólo para mí, ¿entiendes? Por eso los archivos son tan secretos.

Ron lanzó un muffliato alrededor y se inclinó hacia adelante. Harry lo imitó por años de costumbre.

—Estoy trabajando en algo solo —admitió. Ya que Harry le dio una mirada amarga, volvió a poner su expresión de disculpa—, perdón, perdón, ya- luego me regañas, ¿bien? Es muy, muy importante para mí, amigo, y creo que…creo que, si lo hago bien, si lo resuelvo, podría tener una solución para que haya menos criminales en los próximos años, ¿de acuerdo?

Harry soltó un "vaya".

—Eso…eso suena a algo grande, Ron.

—Lo es. Muy grande, amigo —Ron asintió—. Nunca intentaría obstruir un caso que tomamos juntos, de verdad, lo revisaré e investigaré, pero no…no puedo darte demasiados detalles. Ha sido muy difícil conseguir la información que tengo, y si sale de aquí —Tocó su cabeza—, todo este trabajo podría sólo…puff.

—No le diría a nadie, Ron.

—Lo sé, amigo —Ron palmeó su brazo—, en serio, el problema no eres tú, son todos los demás. Y prefiero que no caigas en esto, ¿sabes? A veces…a veces tengo problemas para dormir pensando en esto, y no quiero eso para ti, esa- esa tortura mientras dura el proyecto. Ya…ya tú pasaste por demasiadas cosas, y esta fue mi idea, yo lo empecé, yo puedo terminarlo. Quiero llegar a una respuesta, y hasta entonces, mis archivos y las cosas- feas, y oscuras, y aterradoras que hay allí, son cosa mía.

Harry asintió tras un momento. Luego se levantó de su silla y lo abrazó.

—Está bien, está bien, confío en ti, hazlo así…agh, pudiste haberme dicho antes algo de esto y no habría insistido, Ron.

Ron le palmeó la espalda.

—Lo siento. Pienso que cuánto menos sepas mejor, hasta que tenga un buen resultado.

Harry volvió a asentir y se alejó de él para verlo de nuevo.

—¿De verdad no duermes bien? ¿Y Hermione no se ha dado cuenta?

—Es Mione —Ron rodó los ojos—, lo notó apenas empecé con esto. He probado como veinte tipos de té mágico que se supone que ayudan.

—¿Y lo hacen?

—Algunas veces más que otras, pero eso también es cosa mía, compañero. No te preocupes, estaré muy orgulloso cuando haya dado resultado.

Harry emitió un vago sonidito frustrado y no pudo evitar abrazarlo de nuevo.

—Yo te apoyo si ese es tu objetivo, Ron. Dime cómo ayudar si me necesitas un día, ¿sí?

—Por supuesto, serás el primero en enterarte.

—Después de Hermione, ¿no?

—Los dos al mismo tiempo. No es intencional, créeme, pero es que no le puedo ocultar ni lo que le daré en su cumpleaños —Ron se rio. Él también.

—0—

Albus alzó el brazo un poco por encima del nivel de su cabeza y admiró, por primera vez, sus uñas pintadas.

Se sentía bastante bien. Bastante feliz.

Libre.

—Es "verde Slytherin" —indicó Nesrine, cerrando el envase del esmalte. Había comprobado ser una experta pinta-uñas por practicar tanto con su madre—, combina con tus ojos.

—Te lo puedo regalar, si te gusta —añadió Lily, con una sonrisita—, no lo vendo mucho, los que más salen entre las chicas que conozco son el rojo Gryffindor, el azul Ravenclaw y los colores "especiales". Rose convenció al tío George de sacar pinturas con lentejuelas y texturas cambiantes, y les encantan.

Albus se mordió el labio y siguió viendo sus uñas. Sí le gustaban, el problema era el "pero" al fondo de su mente.

—Lo pensaré, Lil.

Su dilema no eran las uñas. Teddy se pintaba las uñas. Usualmente de negro, a veces de colores como el azul o el púrpura, y cuando estaba de un muy buen humor, de la combinación amarillo-negro de su Casa.

Una vez incluso se paseó por ahí con las uñas de los colores del arcoíris y Harry tuvo que hablar con un profesor de la Academia que lo suspendió; él creía que era "poco masculino" y Teddy le contestó "pues yo pienso que usted tiene poca materia gris en el cerebro". Fue divertidísimo cuando se lo contó a los pequeños Potter.

Durante el verano, también vio a Sirius Black pintarse las uñas de negro y rojo. A Albus le quedaba claro que cualquiera podía ponerse algo de pintura.

Creía que lo "extraño", el "problema", estaba sucediendo dentro de él y nada tenía que ver con las uñas y su color.

Era que un día estuviese feliz de ver su cabello crecer por la poción, relajarse dejando que Nesrine lo peinase y a veces no tanto. Unas tardes era incómoda la idea de ponerse una falda y llevar cabello largo, y cuando la profesora Cardella llamaba a "Ally", algo dentro de Albus parecía darle un empujoncito.

Pero luego llegaban los días en que era bueno de nuevo. El apodo era lindo, encantador. Agradable. Se quedaba viendo los uniformes de las chicas con un anhelo que era aterrador, porque a su edad, debía preferir a las chicas, no la ropa que usaban.

Esa semana, en el ensayo en que tenía una escena en que se paraba demasiado cerca de Scorpius, se distrajo un par de veces y llegó la temida pregunta.

¿Soy gay?

Luego Albus lanzó esto al fondo de su mente, porque no existía relación entre un tema y otro. Y no quería tratar con el asunto de Scorpius sin haber resuelto este.

No, ni la ropa, ni el cabello, ni la pintura iban con ser gay. Albus conocía magos a los que les gustaban otros hombres (como Teddy, Sirius, Lorcan Scamander), y lo único que tenían en común era eso: atracción hacia los hombres.

Él no encontraba atractivos a chicos de su edad, e incluso si lo hiciese, mientras más vueltas le daba, más se daba cuenta de que esto y quién le gustaba (o no) eran diferentes.

Lo que le pasaba estaba relacionado con la forma en que se veía a sí mismo. Llegó a esta conclusión ese mismo día, con sus uñas todavía pintadas, de pie frente al espejo del baño de su cuarto en las mazmorras, preguntándose si quizás quería ser una chica.

Albus se frunció el ceño a sí mismo y estuvo otro rato confundido con sus ideas.

No tenía ganas de probar las versiones de la poción del cambio de sexo.

Tampoco era como si nunca se hubiese sentido bien siendo un chico.

Se cuestionó si estaba a gusto con su cuerpo, y tras unos momentos de consideración, se dijo que, bueno, no le haría mal seguir el ejemplo del tonto de James y ejercitar un poco para variar. Y tal vez no era "perfecto". Pero sí, supuso que estaba bien con el conjunto general de lo que era.

Sólo que algunos días era "Ally". Y otros no.

Eso era todo. Lo único que pudo entender de ese examen de las últimas semanas y pasarse horas pensando con los ojos en el techo de su dosel.

Cuando tuvo esta idea, Albus se vistió, salió del baño y fue hacia su cama. Tomó la tablet mágica en el proceso. A Scorpius, en la cama contigua, le llamó la atención que empezase a teclear de inmediato.

—¿Al?

Albus masculló una respuesta, con los dedos sobre la pantalla y el ceño fruncido. Recordaba que Lily mencionó algo sobre los artículos que leyó, pero sólo Merlín sabía lo que su hermanita Ravenclaw podía investigar cuando la dejaban sola con ese aparato.

—Al, ¿pasa algo? —Scorpius se había acercado e hizo ademán de rozar su mano, pero se detuvo.

Él levantó la cabeza y notó que Scorpius veía con curiosidad sus uñas.

De repente, Albus se congeló, la confianza se consumió y sus conclusiones parecieron perderse.

No digas nada desagradable, suplicó por dentro. Scorpius era sangrepura y su educación en casa pudo ser un poco arcaica. Si él, entre todas las personas, pensaba que esto era raro, que algo andaba mal con Albus o que estaba loco, no tenía idea de cómo reaccionaría.

Se dio cuenta de que estaba aterrorizado, por primera vez, de lo que su mejor amigo pudiese pensar de él.

Scorpius sostuvo sus dedos y los movió con cuidado entre los de él. Abrió la boca y la cerró al ver la expresión de Albus.

—¿Qué pasa, Al? ¿Lily te hizo una broma o algo así? —Intentó adivinar, frunciendo el ceño por la confusión.

Albus sacudió la cabeza. El nudo en su garganta no le permitía hablar. Scorpius siguió jugando con sus dedos.

—Es verde Slytherin, ¿no? —Scorpius sonrió—. Me gusta ese color. ¿Es…es que a ti no te gusta o…?

—Me gusta —La respuesta de Albus fue apenas un hilo de voz, pero Scorpius pareció tan feliz de oírlo que el pánico en él se duplicó, porque no entendía qué significaba esa reacción.

¿Es bueno? ¿Es malo?

¿Se está burlando de mí?

No, es Scorp. No se burlaría.

Di algo, por Merlín.

—Scorp, yo…ahm…uhm…

La manera en que Scorpius puso toda su atención en él, aún sonriendo y con esos ojos grises tan amables, hizo que quisiera llorar.

—No sé…cómo decírtelo —Albus se rindió y bajó la cabeza. Soltó su mano y sujetó la tablet de nuevo.

—Oh —Fue lo único que contestó Scorpius. Cuando lo vio de reojo, notó que tenía una expresión pensativa.

—Pero te- te lo diré apenas sepa cómo —prometió Albus.

Scorpius asintió y le tendió su brazo. Tras una leve vacilación, Albus le sujetó el antebrazo. Una promesa con el gesto del Juramento Inquebrantable.

—Cualquier cosa…puedes decirme, Al, ¿bien? En serio, cualquier cosa.

Albus asintió y apretó su brazo un segundo, antes de soltarlo.

—Lo sé, Scorp.

—¡Bien! —Scorpius se levantó de un salto—. Seguiré leyendo mientras haces eso, ¿me ayudas a ensayar cuando termines, Al?

Volvió a asentir. Albus intentó encontrar respuestas a preguntas que no sabía formular en la red mágica y Scorpius continuó fingiendo que no era demasiado obvio que su coprotagonista y su mejor amigo eran la misma persona.

Pero algo se sentía un poco diferente.


Un detrás de escenas:

Albus: o tengo conflictos con mi género, o tengo conflictos con mi sexualidad, pero no ambos a la vez. ATRÁS, SENTIMIENTOS POR SCORPIUS.

Scorpius: yo no noto nada, yo no noto nada…Albus es muy lindo…y Ally es muy linda…la, la, la, no noto nada…