El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La lengua de las serpientes

Harry llevaba un par de días cambiando su apariencia para deambular entre los lugares del mundo mágico a los que esperaba que sus hijos jamás llegasen, pero no creía que fuese tan malo como para tener pesadillas.

Se despertó a mitad de la madrugada con la piel cubierta de sudor y el rostro húmedo. No eran lágrimas. Se tocó la cara con los dedos, arriba, arriba, arriba, hasta que las yemas se le mancharon con la sangre que salía de la cicatriz.

Empujó su cobija a un lado y salió de la cama para ir al baño a lavarse el rostro. Otra vez.

Dos veces en una semana.

Parado frente al espejo, comprobando que la cicatriz no derramaría más sangre, Harry le frunció el ceño a su imagen.

¿Qué te pasa ahora?

Imaginó que le hablaba a esa maldita cosa y sintió más rabia al recordar que fue la señal de una parte de Voldemort en él. Pero el Señor Oscuro hace mucho tiempo que ya no existía fuera de los libros de historia y las pesadillas.

Cuando se lo contó a sus amigos, Hermione lo investigó y dijo que podía deberse a un vestigio de magia asociada a su cicatriz. No tenía sentido. Acordaron que ella buscaría más información por su cuenta y que Harry les avisaría si volvía a sangrar.

Si sólo hubiese sido una vez…

Harry negó, se lavó el rostro de nuevo y regresó al cuarto. Lo primero que hizo fue comprobar el espejo reflector de enemigos.

Las sombras todavía estaban lejos. Sería una noche tranquila.

Intentó dormir un poco más para prepararse para el largo día que tendría por delante.

El sueño se repitió. Esa vez, no se despertó ni lo recordó.

—0—

Hogwarts se alzaba ante él con la majestuosidad de un castillo de miles de años que tuvo una reconstrucción hace un par de décadas.

Aunque no se notaría para los nuevos estudiantes, alguien de su generación que hubiese pasado tanto tiempo allí reconocería los cambios; esos sutiles tonos en las piedras que delataban a las que tuvieron que agregarse para levantar los muros, las barreras nuevas visibles para alguien que las buscase lo suficiente, la biblioteca cambió de lugar, el Gran Comedor ya no tenía su entrada tan cerca de la puerta principal del colegio, las armaduras y estatuas siempre estaban quietas, pero muy alertas.

McGonagall era buena como directora y no tenía la intención de poner en riesgo a ningún niño bajo su cuidado. Harry recordó cuando le contaron que él era un Horrocrux, después del final de la guerra, y la profesora comenzó a llorar, diciéndole que si lo hubiese sabido, lo habría ayudado más.

Harry no creía que pudiese haberlo hecho, pero no pudo decirlo. Los planes de Dumbledore no incluían a alguien que tomase su lugar o le evitase su destino. Es lo que era. Lo que fue.

Era extraño observar ese castillo y saber que, aunque ahora también seguía el rastro de un plan que lo desorientaba, no tenía idea de en qué iba a terminar.

Era sábado. Sólo Lily debía estar en el colegio. Harry sabía que McGonagall ya se había dado cuenta de su presencia en el terreno y decidió ir primero con Hagrid para no enfrentarla tan pronto.

No era raro que Harry Potter entrase al colegio y se desviase hacia la cabaña del guardabosque. Tenía acceso permanente a las barreras y procuraba hacerle una visita mensual a Hagrid, como mínimo.

Cuatro perros lo recibieron cuando aún le faltaban unos metros de distancia con respecto a la casa. Cada uno era más grande que el anterior, uno tenía la cola bífida, y Harry estaba seguro de que el que tenía el tamaño de un caballo no era una raza conocida por los muggles. Ya que no era un nuevo Fluffy, McGonagall debió ignorarlo.

Se llamaban Fang Jr, Romione, pequeño Harry y Al. El que llevaba su nombre era el más pequeño, por alguna razón incomprensible, y saltaba sobre él nada más verlo, así que Harry se resignaba y le rascaba detrás de las orejas.

Así lo encontró Hagrid cuando volvió del bosque, con un perro apoyándose con dos patas sobre él y los otros tres dando vueltas a su alrededor.

—¡Harry! —Empezó a saludarlo con emoción enseguida.

Harry recibió su habitual palmada en la espalda que le quitaba el aliento y fue arrastrado dentro de la cabaña, también remodelada en las últimas décadas. Ahora tenía un lugar para los perros y una especie de cubil para criaturas que serían usadas en las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas y que Hagrid cuidaba en su tiempo libre.

Esa semana, era el turno de unos animalitos que Harry sólo podía comparar a unos topos, peleándose entre sí por una cadena de oro falso.

Hagrid lo hizo sentarse y le dio un té horrible y un panecillo todavía peor que Harry aceptó con una practicada sonrisa. Esperó a que se girase para entregarlo a los perros. Sólo el pequeño Harry se lo comió.

Cuando Hagrid se giró y vio que su plato ya estaba vacío, se echó a reír y le sirvió otro panecillo. Por suerte, el pequeño Harry se había sentado a su lado, esperando.

—¿Cómo has estado estos días? —preguntó Harry, mientras su mente trabajaba a toda velocidad para deshacerse de la comida sin desperdiciarla, con la misma seriedad con que trataba una misión de los Aurores.

Hagrid comenzó a hablarle de las criaturitas que tenía bajo su cuidado, McGonagall, la vida en el colegio esos días. Le contó que James le pidió sugerencias para una mascota mágica para una chica y luego soltó un "no debí decir eso, le juré que no te lo diría, era nuestro secreto…oh, no debí decir eso".

Al parecer, Lily lo visitaba con frecuencia y Albus y Rose buscaron algunos ingredientes frescos para pociones en la linde del bosque con él "supervisando". No eran los únicos. Harry fingía beberse el té que olía peor de lo que sabía cuando el nombre que menos esperaba se coló en la conversación.

—…y ese Malfoy- qué bien se ha portado conmigo desde que está enseñando aquí. Me trajo dulces una vez, ¿sabes?

—¿En serio? —La voz de Harry sonó más aguda de lo que pretendía y casi soltó la taza.

Hagrid asintió.

—Hablamos sobre mi madre, fue bastante bueno. Si todavía hace esos comentarios horribles de los que me hablabas cuando eran chicos, pues yo no los he oído. Tenía algunas preguntas sobre los gigantes —siguió Hagrid.

Harry estaba tan sorprendido que se olvidó de disimular.

—A veces también entra al bosque por ingredientes para sus pociones, de esos que no vale la pena cultivar en el invernadero porque aquí siempre hay. Le dije que no era necesario, no me importa buscarlos, pero insistió. Voy con él, claro. Hasta ahora, no ha salido huyendo cuando hay un ruido raro —Hagrid se rio—. Sí, supongo que la gente puede cambiar con los años. No serán todos, pero algo es algo, ¿no? No me parece un mal hombre.

Harry asintió, sin darse cuenta, demasiado aturdido por la idea de Draco Malfoy caminando por el bosque con Hagrid para buscar ingredientes silvestres.

Vaya que las cosas cambiaban.

Incluso se bebió la mitad de la nueva taza de té, antes de que su sistema protestase por el sabor. Apenas Hagrid se distrajo, se lo vertió al pequeño Harry en un tazón.

Pero cuando Hagrid vio su taza de nuevo vacía, quiso servirle más.

—Ya ha sido mucho, Hagrid, en serio…

—Pero-

—Es mucho, de verdad, déjalo para ti. Tomaré más té cuando venga en la próxima visita.

Hagrid hizo una pausa en la que lo vio con los ojos entrecerrados.

—Ya sé lo que te pasa a ti.

—¿Sí? —Harry titubeó, lamentando ser la desgracia de los Aurores con sus nulas dotes de actuación.

—Sí, lo que pasa…es que estás a dieta.

Lo dijo con tanta solemnidad que Harry tuvo que aguantar la risa y empezar a asentir.

—Sí, sí, eso es…

—¿Ginny te convenció de eso?

—Uhm, sí, así fue —Harry continuó asintiendo.

—Hace poco compré una de las revistas en que sale, se nota que le está yendo muy bien, eso me alegra. Pero no tienes que ponerte a dieta por ella, Harry…

Hagrid intentando darle una charla para "elevar" su autoestima se añadiría a su lista de situaciones extrañas e inexplicables en las que caía. Cuando abandonó la cabaña, seguido durante varios metros por el pequeño Harry, tenía la sensación de que Hagrid estaba mucho más preocupado por su estado que él mismo.

Harry estaba feliz de no haberle dado las "malas noticias" sobre Ginny. Alejó esas ideas de su mente y caminó hacia el castillo.

McGonagall lo esperaba junto a la entrada. Debió percibirlo cuando salió de la cabaña, a través de las barreras.

—Harry —Le sujetó el brazo enseguida y acarició su hombro, con la expresión más suave que podía poner. Una que le hacía pensar que su madre lo habría visto así—, siempre es bueno que vengas de visita.

No sería tan bueno si le dijera por qué, pensó, colocando una sonrisa en su cara. No valía la pena preocuparla si no tenía respuestas.

—¿Puedo quedarme un rato por aquí?

McGonagall se acomodó los lentes y lo sopesó.

—No hay una regla en contra de eso, eres un ex estudiante con un estatus bastante especial.

Y así, Harry Potter, con su "estatus especial" de "este castillo no terminó de destruirse y se convirtió en base de los Mortífagos de forma permanente porque me sacrifiqué por ustedes", entró al colegio con ella y la escuchó divagar sobre los chicos Potter.

James corrió hacia Hogsmeade con sus amigos apenas empezó la visita, Albus salió con Scorpius y Rose, como siempre, y McGonagall sospechaba que Lily se escapó. Harry no estaba sorprendido por lo último.

Mientras deambulaba por los corredores con la profesora, vio un rostro familiar. Theodore Nott los saludó con un cabeceo y siguió moviéndose. Lo curioso fue que, en el trayecto de vuelta, el mismo Nott llevaba a Malfoy por ese pasillo.

—…te digo que todavía no tengo la…respuesta…

Los cuatro se detuvieron por un instante. No era uno de los corredores más anchos, no podían pasar e ignorarse como antes. McGonagall carraspeó.

—Theodore, necesito discutir contigo sobre los castigos asignados a los chicos de la broma en el baño del quinto piso…

—Por supuesto, profesora.

Harry los vio alejarse con la sensación de que acababa de caer en una trampa. Después se fijó en Draco, que le fruncía el ceño a la figura cada vez más distante de su ex compañero. Tocó su brazalete de forma distraída, vaciló y apenas le dedicó un vistazo a Harry.

—Potter.

Luego también siguió caminando.

La serpiente debía estar con Scorpius y Albus en Hogsmeade. Harry supuso que todavía le quedaba tiempo para ocuparse de su "misión encubierta", se giró y fue detrás de él.

Draco ralentizó el ritmo al notar que lo seguía y resopló.

—¿Puedo ayudarte en algo, Potter?

Harry soltó lo primero que se le ocurrió.

—James lleva tres semanas mencionándote en sus cartas, y eso es todo un logro, porque James usualmente sólo habla de bromas y Quidditch. Por lo que me dijo, tus clases son bastante…peculiares.

—No se puede esperar que un adolescente se pase dos horas frente a un libro técnico a media mañana sin morirse del aburrimiento, ¿no? —Draco le restó importancia con un gesto—. Sólo me aseguro de que no se quedarán dormidos en mi clase y no habrá accidentes.

—Hiciste que se interesara por las pociones, eso es excelente.

Draco se detuvo y lo encaró. Tenía una expresión extraña al fijarse en él, como si buscase una señal de burla en su cara. Ya que no encontró nada desagradable, relajó su propio rostro.

Harry intentó seguir hablándole con suavidad.

—Lily también está fascinada, la vuelapluma escribía muy deprisa la semana que la dejaste ser tu asistente. Y Albus está tan interesado que quiere ver los viejos cuadernos de mi abuelo.

Se percató de que esto sí le ganaba la atención de Draco.

—¿Fleamont Potter? ¿Tienes sus cuadernos?

—Los encontré en una bóveda de Gringotts —aclaró Harry, sonriendo. Se notaba que Draco se debatía entre buscar una forma de seguir hablando del tema, o dejarlo ir, así que se lo facilitó—. ¿Quieres ver uno?

—No es que no lo aprecie, pero…no creo que Fleamont Potter quisiera que los compartieras con alguien fuera de tu familia.

Harry se encogió de hombros.

—Son míos, vienen con la herencia. Si te muestro uno y hay una poción sencilla que te guste, incluso podrías presentársela a los chicos y ellos la aprenderían igual, ¿entonces por qué no?

Draco apretó los labios y Harry casi se rio por la dura (y obvia) batalla que estaba librando por dentro.

—Puedo traer uno la próxima vez que venga, lo revisarás, puedes copiar algo o tomarle una foto, y me lo llevaré. Aunque lo quiera prestar, tengo que mantenerlo seguro y prefiero que estén en la bóveda…

—Completamente lógico —aceptó Draco, asintiendo—. ¿Y…y eso sería a cambio de qué?

—¿Por qué no puede ser una ofrenda de paz, Malfoy?

—Una ofrenda de paz un poco retrasada, ¿no? —Draco arqueó una ceja.

—¿La intención no es lo que cuenta? —Como él siguió viéndolo con una expresión que le daba a entender que no le estaba creyendo ni una palabra, Harry se rio y agregó:—. Quiero preguntarte sobre tu serpiente, ¿bien?

—Algo a cambio de algo, ahora tiene sentido —Draco asintió y se giró para continuar caminando. Harry fue tras él de inmediato—. ¿Por qué te interesa tanto Adhara? La especie de la mamba negra no tiene pocas serpientes, ¿sabes?

—Recuerda que tenía el pársel, las serpientes sólo…me siento conectado a ellas de alguna manera.

No era una mentira. Fueron fascinantes criaturas todas ellas. Incluso la misma Nagini.

Draco bajó unas escaleras hacia las mazmorras y Harry se percató de que lo guiaba a su oficina como docente.

—Y pienso que hay algo con Adhara…como una serpiente mágica, que es diferente de las normales. Conocí a un par en…

Las últimas modificaciones de las mazmorras agregaron antorchas con formas de serpientes plateadas. Muy estético, muy Slytherin.

Harry veía la forma sinuosa y los ojos de jade cuando habló, y no notó que hubiese nada extraño con él o lo que decía, hasta que casi tropezó con Draco, quien se había vuelto a detener.

—¿Qué acabas de decir?

Harry parpadeó, desorientado.

—¿Que creo que Adhara es una serpiente mágica?

Draco arrugó el entrecejo y vio más allá de él, a las antorchas de serpiente. Sujetó la barbilla de Harry, sorprendiéndolo, y lo hizo ladear el rostro, de manera que observaba las serpientes de nuevo.

—Repítelo.

Creo que Adhara podría ser un tipo de serpiente mágica —repitió Harry, obediente. Los dedos en su barbilla lo abandonaron y él se fijó en la expresión aturdida del otro—. ¿Qué?

—Potter, acabas de hablar en pársel. Dos veces.

Harry abrió la boca, la cerró y regresó unos pasos para pararse frente a la antorcha de serpiente con ojos de jade. Su corazón latía sin control y le costó concentrarse.

Serpiente. Serpiente. La lengua de las serpientes.

Vio a Draco de reojo y este asintió, confirmándole que lo hizo de nuevo. Habló en pársel.

Harry se echó a reír. No podía creer lo mucho que había extrañado ese don maldito que sólo le trajo problemas.

Pero lo hacía sentirse especial, de algún modo.

—0—

Albus le había contado que cuando era pequeño y sus padres estaban muy ocupados para cuidarlos por unas horas, los tres Potter se quedaban en casa de Andrómeda y Teddy, o iban con su abuela Molly. Rose, en cambio, era enviada con su tío George cuando sus padres necesitaban un poco de ayuda.

Esto explicaba mucho sobre su comportamiento y su posición. A media tarde del sábado, Rose todavía estaba en la sucursal de Sortilegios Weasley en Hogsmeade. Usaba un traje de un rojo purpureo con líneas verticales amarillas y un sombrero alto a juego, manteniendo su cabello desordenado a raya, mientras se ocupaba de promocionar, convencer, hacer reír, y sobre todo, vender la mercancía de su tío.

George le pagaba una pequeña comisión por las ventas de los artículos del catálogo original y la mitad de la ganancia total por los productos que ella le proponía y conseguía que saliesen.

Ni siquiera Fred II estaba tan interesado en el negocio de su padre. Él pasaba por la tienda cuando George andaba por ahí para saludarlo, compraba algunos artículos de broma, deambulaba un rato y se marchaba con sus amigos para hacer sus travesuras por el pueblo.

Rose entró a la tienda con la primera tanda de estudiantes que venían del colegio y aún no salía ni una vez, a menos que contase la demostración frente a la puerta del soplador de burbujas que podía hacer unas tan grandes para atrapar a alguien.

Como ya conocían su rutina, Scorpius y Albus le llevaban el almuerzo alrededor de esa hora. Si lo intentaban a mediodía, se enfriaría y ella lo olvidaría, porque decía que cerca de la una de la tarde llegaba un grupo de chicas cada semana, sin falta, por artículos de su catálogo.

Albus se paraba afuera de la tienda con su expresión de malhumor y la bolsa de papel en las manos, mientras que Scorpius se abría paso en el lugar abarrotado, agitando los brazos y llamando a Rose.

La localizó en las escaleras, vigilando la tienda. George estaba ahí ese día; le gustaba estar atento a cada sucursal, a pesar de que confiaba bastante en sus encargados. Apuntó a Scorpius e hizo una broma, por la que Rose le contestó con un codazo. Más que tío y sobrina, parecían un par de hermanos.

Rose se subió a la barandilla cuando notó que no podría hacerse espacio con tanta gente y se deslizó hacia abajo. Saltó al llegar al final y cayó de pie a unos metros de Scorpius, que continuaba siendo empujado y codeado por el montón de clientes.

—Sangrepuras elitistas y delicados —se burlaba Rose, alcanzándolo entre la multitud. Atrapó su brazo y empezó a jalarlo fuera de ahí—, ni siquiera sabes moverte en una tienda, cinnamon, ¿a dónde dejaste a la serpiente y a Al?

—Adhara se va a adelantar al castillo después de cazar y Al está afuera con tu almuerzo…

—¿Hamburguesas del nuevo local?

—Sí.

—¿Tres grandes?

—Sí.

—¿Con queso?

—Claro.

—Ay, cómo los adoro. Esto compensa las veces en que quiero darles una buena sacudida…

Fue un accidente. Un grupo de niños del pueblo jugaba con el prototipo del soplador de burbujas que Rose les prestó para hacer publicidad, la gente entraba y salía dándose empujones, desesperados por unos minutos para sus compras en uno de los locales más valorados de Hogsmeade. Una burbuja demasiado grande atrapó a una bruja y empujó al mago equivocado hacia un lado, este acababa de abrir el frasco de la poción que adquirió para olfatear y comprobar su calidad, aunque todos sabían que George no permitía nada en sus tiendas que no fuese excelente.

Entonces el frasco se le resbaló y Albus fue rociado por una poción rosa.

Rose y Scorpius acababan de abandonar la tienda. Albus apretó los párpados, se los talló y se quejó por lo bajo. Rose recuperó la bolsa de comida enseguida. Scorpius se paró frente a él, preguntándole si estaba bien.

Albus abrió los ojos y vio a su mejor amigo por unos segundos, en el más absoluto silencio. Incluso Rose se preocupó; su primo podía no ser el más expresivo, pero no solía ponerse así, mucho menos con Scorpius.

Antes de que cualquiera entendiese la secuencia de hechos, el mago maldecía por la mitad de su poción derramada y Albus se abalanzaba sobre Scorpius para abrazarlo y besarle la cara.

—Scorp, Scorp, Scorp, me gustas, me gustas, me gustas- ¿yo te gusto? ¿Me amas? Yo te amo- deberíamos casarnos- ¿cómo que no tenemos edad para casarnos? No importa, me gustas, esperaré. ¿Puedes esperar? Te amo, te amo…

Scorpius se mantuvo inmóvil, aturdido y poniéndose cada vez más rojo. Rose sintió el aviso de una tormenta.

Albus no estaría feliz al reaccionar y saber cómo actuó y lo que dijo.

La chica corrió dentro de la tienda para llamar a su tío George y dejó que Scorpius "retuviese" al recién encantado. O Albus a él, más bien, por la manera en que se envolvía a su alrededor y seguía besándole la cara, en especial las mejillas cubiertas de rojo.

—Eh- Al, uhm- oye, para- para, está bien, está bien, me quieres- claro, yo sé que me quieres, sólo, uhm-

Scorpius se retorció entre los brazos de su mejor amigo. Estaba bien con el abrazo; ojalá Albus lo abrazase más en sus cinco sentidos, porque en serio le gustaban. Los besos tampoco eran un gran problema, aunque Albus nunca lo besó antes y le daba cosquillas que "atacase" tanto su rostro.

Pero había algo en el conjunto de acciones, palabras y que fuese Albus, que causó que Scorpius estuviese inquieto y sonrojado. Para el momento en que George y Rose aparecieron, Albus ya estaba arrodillado frente a él, mirándolo con una expresión boba.

Y el corazón de Scorpius parecía haber sido afectado por una misteriosa poción también.

George comenzó a reírse al verlos. Rose lo regañó.

—¡Tío George!

—Es sólo un poco de Amortentia diluida, Rosita.

—¡Pero haz algo!

—¿Por qué? ¡Es tan divertido!

—¡Tío George!

—Bien, bien…¡accio cámara!

—¡Tío, eso no!

—No se puede hacer feliz a todo el mundo, eh…bien, bien, ya deja de mirarme así, vaya carácter, eso lo sacaste de tu madre…—George se paró junto a los chicos, agarró un brazo de cada uno y apartó a Albus de Scorpius.

Cuando Albus se sacudió para volver con él, George se puso a su nivel y le habló con seriedad.

—¿Quieres estar con Scorpius? Bueno, pues necesitas el permiso de su padre. Draco Malfoy está en ese castillo —Apuntó en dirección a Hogwarts—. Consigue su permiso para estar con Scorpius y serán felices por siempre, y todo eso, comerán perdices, o calabazas, o lo que sea que digan los cuentos.

Los ojos de Albus se iluminaron. En cuanto fue liberado, empezó a correr hacia Hogwarts. Un todavía sorprendido Scorpius miró a su amigo que se alejaba y luego a los Weasley.

—¿Qué? —George vio a su molesta sobrina con incredulidad—. Sabes que no vendemos la solución. Ahora que lo pienso, deberíamos vender la solución para estos casos, ponlo en mi agenda —indicó a la pluma del bolsillo de su chaleco, que cobró vida y se metió a la tienda para ir a hacer una nota en la dichosa agenda—. Malfoy es profesor de pociones, lo resolverá en un instante.

—¡Le voy a decir a la abuela Molly! —amenazó Rose. Después sujetó el brazo de Scorpius y echó a correr detrás de Albus, con la bolsa de su almuerzo todavía en la otra mano y un George que le decía que no le contase a Molly dejado atrás.

—0—

Por supuesto que cuando Albus irrumpió en la oficina del profesor Malfoy y este vio sus pupilas dilatadas, el rostro sonrojado y oyó que le pedía permiso para casarse con su hijo, supo que algo no andaba bien y llevó al chico a su laboratorio para hacer una contramedida.

—Sí, sí, tienes mi permiso —decía Draco para mantenerlo tranquilo y que se dejase guiar sin poner resistencia—, sólo quiero que hablemos de algunas cosas sobre Scorpius para que sepas ciertos detalles antes de que estén juntos por el resto de sus vidas y todo eso…

Rose meneó la cabeza y le dijo que se quedase a esperar a Albus. Ella iría a escribirle una carta a su abuela. Cuando Rose amenazaba con contarle a Molly, en verdad tenía intenciones de cumplirlo. Y si se trataba de algo que hizo George, era probable que recibiese una caja de obsequios para calmarla, antes de que hubiese terminado de escribir la carta.

Y esa es la razón por la que un incómodo y aturdido Scorpius se encontraba en el despacho de su padre un sábado en la tarde, esperando, mientras Harry Potter hablaba en pársel con Adhara, que ya estaba ahí cuando ellos llegaron.

Scorpius no sabía si lo sorprendía más toda la situación o escuchar el pársel. Era una lengua tan extraña, pero sus sonidos le resultaban agradables, conocidos. Como una vieja canción.

Fuese lo que fuese que discutían, se detuvo cuando Draco regresó. Asintió frente a dos magos y una serpiente, se retiró los guantes y suspiró.

—Puede estar un poco…emocional todavía, pero ya se le pasó el efecto. ¿A quién se le ocurre vender Amortentia en un sitio al que van chicos de trece años?

—A alguien que sabe que se vendería bien —alegó Harry, con un leve tono divertido.

—¿Puedo ver a Al? —indagó Scorpius, nervioso. Tan pronto como su padre asintió, echó a correr hacia el laboratorio contiguo a la oficina.

Albus estaba sentado en uno de los banquillos junto a los mesones de trabajo y tenía el rostro enterrado en las manos. Cuando Scorpius se acercó, se encogió aún más.

—Creo que nunca voy a poder mirarte sin recordar esto —masculló.

Scorpius soltó una risita.

—Fue bueno tener a un Albus cariñoso por un rato, no me quejo…

Su mejor amigo lo interrumpió con un sonido lastimero, así que él lo abrazó. Sintió a Albus tensarse.

—Podemos abrazarnos a partir de ahora, ¿no?

—Scorp.

—¿Hm?

—A partir de mañana —Albus lo empujó con suavidad y siguió hundiéndose en su vergüenza—. Qué horror, qué horror…

—¿Fue tan malo abrazarme y darme algunos besos en la cara? —Scorpius formó un puchero.

Siempre tuvo claro que, entre los dos, él era el "amigo afectuoso", pero comenzaba a temer que el problema de Albus estuviese en que hubiese sido él.

Albus levantó la cabeza, completamente rojo, y le frunció el ceño.

Lindo. El pensamiento fue fugaz en la mente de Scorpius y lo dejó estupefacto.

¿A qué venía eso? Albus nunca le resultó desagradable a la vista. Sus ojos verdes eran bonitos. Tenía una expresión seria, pero podía ser muy amable. Por eso quiso que fuesen amigos.

—Fue horrible ponerme así en público y en contra de mi voluntad.

Scorpius se concentró en el tono lastimero de su mejor amigo y apartó esas ideas extrañas y abstractas, sintiéndose culpable. Se puso de cuclillas frente a él.

—Está bien, la gente estaba muy confundida, creo que nadie más que nosotros notamos que eras tú…

—Mi tío quería tomar una foto —protestó Albus, ceñudo.

—No pudo hacerlo —afirmó Scorpius— y tu abuela lo regañará para que deje de reírse.

—Qué horrible —repitió Albus, volviendo a hundir el rostro en sus manos.

Scorpius intentó tocar su cabeza, y al no obtener una reacción negativa, se dedicó a jugar con su cabello para calmarlo. O al menos, hacerle saber que estaba ahí para oírlo quejarse y asentir a lo que decía.

—0—

—…y todo lo que me dijo concuerda con el cómo la consiguió Malfoy según su historia y cómo llegó a manos de su hijo, pero…

Harry decidió aprovechar su habilidad recién recuperada. Introdujo en un Pensadero los recuerdos del encuentro con la serpiente en el Ministerio, en que le siseó una palabra.

"Aléjate"

También agregó los de su plática con Adhara el día anterior en la oficina de Draco, mientras este le preparaba una poción de contramedida a Albus. La situación le recordó a la de Ron en sexto año, y como sabía que no era grave y Malfoy era un buen pocionista, lo dejó en sus manos sin problema. Pudo ser una oportunidad única para hablar con la serpiente.

Lo que Harry quería mostrarle a sus amigos era, para empezar, que la serpiente que dijo que vio en el Ministerio existía. En segundo lugar, que era idéntica a la de los Malfoy.

Por último, que su conversación con Adhara (que tradujo para ellos), fue tan normal.

Incluso con el pársel, tener una conversación con una serpiente seguía siendo hablar con un animal. No se expresarían igual a una persona. No serían tan humanos. Las respuestas concisas, claras y amigables de Adhara sonaron a algo que le diría una persona.

Cuando terminó de explicárselos, Ron y Hermione, dentro del recuerdo con él, se observaron entre sí.

—Bueno, ya sabemos qué fue el rastro de magia que afectó tu cicatriz antes —murmuró Hermione, vacilante—, pero que una habilidad regrese así…más que eso, una habilidad relacionada a él, una habilidad que tenías por él, por el trozo de su alma…

—Amigo —Ron respiró profundo y le dio aquella mirada que venía antes de algo que sabía que no le gustaría—, ¿por qué no te tomas unos días de descanso?

Harry boqueó, incrédulo.

—¡Ya sé que suena loco que una serpiente domesticada irrumpa en el Ministerio, pero les he dicho cosas peores!

—No se trata sólo de la serpiente, Harry —aclaró Hermione, como si ella y Ron tuviesen algún tipo de conexión que les permitía compartir estos pensamientos necesarios para convencerlo—, hay una razón por la que la cicatriz reaccionó ahora, después de tanto tiempo, y de una manera tan rara…y ahora esto. Dinos la verdad, ¿ha vuelto a sangrar? ¿Tienes pesadillas? ¿Duele?

Harry se llevó una mano a la frente por reflejo.

—Estamos hablando de la serpi-

—Estamos hablando de lo que creemos que es más seguro —interrumpió su amiga—. Tómate estos días, ¿sí? Ron hablará con Grayson, trabajas sin parar, te lo deben.

—¿Por qué no vas a ver las estrellas en el campo con Sirius la próxima semana? Siempre lamentaste no poder hacerlo y apenas pasas tiempo con él ahora que volvió, Harry, es un milagro que esté aquí, los medimagos ya se aseguraron de que no hay nada malo con su cuerpo o su magia —agregó Ron.

—Disfrútalo ahora que lo tienes —Hermione asintió—. Tal vez…tal vez el regreso de Sirius sea una especie de recompensa por todo lo horrible que has tenido que pasar, y la cicatriz sólo- sólo te diga que necesitas relajarte un poco, pero…en cualquier caso, descansa, y averiguaré qué pasa contigo.

—No pasa nada conmigo.

Harry sabía que acababa de sonar a la defensiva y contuvo un sonido frustrado. Los tres salieron del Pensadero y Ron atrapó su hombro, manteniéndolo junto a ellos, antes de que pudiese empezar a deambular por la sala como un animal enjaulado.

—Compañero, escúchala, sabes lo que pasa cuando no escuchamos a Mione —Arqueó las cejas por un instante—. Ve con Sirius, tómate esos días, cuídate. No intentamos decir que estés mal ni nada, sólo…

—Nos preocupamos porque eres nuestro mejor amigo —dijo Hermione, más suave.

Harry apretó los labios y asintió, de mala gana. Los dos lo rodearon con los brazos.

—Y si me vuelves a ocultar algo como la cicatriz sangrando otra vez —advirtió Hermione, cerca de su oído—, no voy a ayudarlos con hechizos de sanación de emergencia cuando estén a mitad de un caso y no puedan ir a San Mungo.

Hermione sí que sabía cómo convencer a alguien de ser honesto.