El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La tumba de Dumbledore

Ni Albus ni Scorpius se enterarían todavía de lo sucedido esa noche. Su medianoche de Halloween era ocupada por un evento más interesante.

En alguna parte a las afueras de Hogsmeade, una figura con una túnica oscura contemplaba la lejana silueta del castillo y asentía.

—Medianoche, Simon. Puedes hacerlo.

—¡Al fin…!

—Asegúrate de que sea como ella lo pidió. Weber, ¿qué hay de los muggles?

Hubo un sonido de interferencia, seguido de una tibieza en los brazaletes de las dos figuras paradas en la oscuridad y la respuesta de una voz cansada.

Impresionados y llenos de preguntas. Les tememos más que ellos a nosotros.

Los del Callejón Diagón usan sus aparatos no mágicos para tomar fotos —indicó Dubois—, ¿debo dejar que lo hagan? ¿Qué dijo nuestra Señora?

Mientras los escuchaba, Simon se deshizo de su túnica y comenzó a entonar un cántico lleno de sonidos nasales que le recordaban al francés. Sólo que era un idioma mucho más viejo y extraño. Se balanceaba al son de las palabras y sus pies trazaban círculos en el suelo, a medida que las líneas negras que le cubrían la piel se encendían en blanco poco a poco y se alargaban, imitando tallos enroscados en cada área visible de su cuerpo.

La temperatura comenzó a descender. Un fuerte viento sacudió las hojas de los primeros árboles del bosque que ponían distancia entre su posición y el castillo.

—Deja que lo hagan —aceptó la figura que continuaba encapuchada.

¿Podremos ver a nuestra Señora hoy? —indagó Dubois, a través del trasmisor de los brazaletes—. Si la llamada de Simon sale bien…

—No será para visitarnos a nosotros —La figura encapuchada negó—. Corten la conexión, debo irme.

Desde el pueblo, ya se escuchaban los primeros resultados del caos al descubrir a los muggles en el local. Apenas se cortó la comunicación, observó a Simon para asegurarse de que estaría bien por su cuenta y después empezó a correr hacia una calle secundaria del pueblo. Se sacó la túnica en el trayecto para colarse en el local.

Cuando los ojos de Simon se volvieron del todo blancos, exhaló y se detuvo. Su cuerpo se desvaneció y sólo quedó atrás la túnica que usaba. La brisa se había vuelto más fuerte, y en Hogwarts, Adhara comenzó a sisear para llamar la atención de su dueño.

Scorpius y Albus regresaban a la Sala Común, conteniendo la risa para no delatarse. El banquete se alargó por la presentación del club de teatro, y después estuvieron con Rose, Lily y Nesrine hasta que la señora Norris comenzó a buscar a los estudiantes fuera de la cama. Ni siquiera por ser la noche de brujas tenían permiso de andar por ahí.

Lily y Nesrine conocían unos atajos hacia su torre, por lo que se alejaron primero. Rose no le temía a la señora Norris, y como digna Gryffindor y Weasley, echó a correr hacia su respectiva Sala Común sin preocuparse por ocultar el sonido de sus pasos.

Los dos Slytherin tomaron un pasaje que Albus descubrió por accidente, una tarde en que James salió de un retrato en las mazmorras para jugarle una broma.

Quien reconstruyó el castillo tenía alma de Merodeador. La parte de atrás de una estatua guiaba a un nuevo conjunto de túneles, que incluían las mazmorras, los pasillos cercanos al comedor y el lugar al que Adhara quería llevarlos.

Scorpius se detuvo cuando la serpiente paró de moverse en la intersección entre los dos túneles. Quiso sostenerla, pero ella siseó con disgusto y envolvió la cola en torno a su mano.

Albus, que acababa de recogerse el cabello y vestía un suéter de Scorpius, se inclinó para intentar descubrir qué le sucedía. La serpiente movió la cabeza hacia el túnel y siguió insistiendo con siseos.

Ambos se estremecieron ante una débil brisa que provenía de esa dirección.

Seguir a una serpiente, por muy leal o mágica que fuese, a un túnel en medio de la noche, no era buena idea. Iba contra todo lo que los dos aceptaban como Slytherin.

Scorpius se puso de cuclillas para hablarle a su serpiente con voz suave y convencerla de seguir, y Albus lo imitó, pensando que podría ayudar a calmarla no verlos desde el ángulo usual. Fue una mala elección. Cuando Adhara se dio cuenta de que no tenían intenciones de ir tras ella, saltó sobre Albus.

Astoria le prometió a su esposo que la serpiente era segura. Luego este se lo dijo a Scorpius, quien lo repitió para Albus. Creía en los Malfoy.

Por un instante, su mente estuvo en blanco. De pronto, un pensamiento simple apareció. Me mordió.

Sin embargo, no hubo una punzada, ni dolor, ni dientes clavados en su piel. Adhara atrapó el relicario plateado de Albus y jaló, con fuerza suficiente para que perdiese el equilibrio y cayese hacia adelante.

Scorpius lo sostuvo, demasiado sorprendido para sacar su varita, Albus quedó boca abajo en el suelo y Adhara le sacó el relicario con dos tirones más. Luego la serpiente se perdió en la oscuridad, con la pieza en la boca.

—¿Qué…?

—¿Estás bien? —Scorpius jaló de Albus hacia arriba y empezó a buscar una herida en su cuello—. Ally, Al- ¿estás bien? No te hizo nada, ¿verdad? Ella nunca- ella no se había portado así, Al- lo siento, lo siento tanto- ¿estás bien?

Albus sujetó su mano para que parase de tocarle el cuello y asintió. Era difícil ver más que siluetas y colores opacos en la oscuridad, por lo que sacó la varita y encendió un lumos. Scorpius paró de balbucear cuando notó que no tenía heridas ni sangre a simple vista.

—Se llevó mi collar.

—Si no está muy lejos, puedo intentar un accio —ofreció Scorpius, deslizando su propia varita fuera de su manga.

Albus observó el túnel por el que se fue, con el ceño fruncido.

—Pero…eso lleva un poco lejos.

Tras dos intentos de un accio que localizaron al objeto pero no tuvieron la fuerza para quitárselo a la serpiente y atraerlo, Scorpius le dirigió una mirada de disculpa y encendió un lumos también.

—Yo voy a buscarlo, ve a la Sala Común-

—¿Sabes a dónde lleva el túnel? —Albus negó enseguida—. No voy a dejarte ir tan lejos a esta hora, solo.

—Es mi serpiente, Ally.

—Eres mi mejor amigo.

—¿Y uno sigue a los mejores amigos por túneles extraños a mitad de la noche cuando algo pasa? —Scorpius intentó encontrar el humor en su situación.

—Cuando hace falta…—Albus resopló y caminó por delante para que no tuviese tiempo de quejarse más. Mantuvo la mano de la varita en alto para iluminarse y sacudió el suéter prestado con la otra.

Si se lo regresaba sucio, Scorpius podría no querer prestarle su ropa otro día. Y le gustaba usarlo. Había algo agradable en recordar a Scorpius ofreciéndole el suéter cuando Albus batallaba con un amuleto de calor que no quería funcionar.

No tenía nada de raro prestarle una prenda a tu mejor amigo. Albus se repetía esto y continuaba moviéndose, más preocupado por el destino del retrato de Severus Snape en la boca de esa serpiente.

El túnel que conectaba con estos dos era el que llevaba a la tumba de Dumbledore. Tenía una salida en uno de los costados de la estructura, una piedra que se movía y serviría de vía de escape, lo bastante cerca del ataúd para ser escalofriante a esa hora, pero a una distancia en que en verdad no estaban por debajo de él.

Esto último fue un alivio para Scorpius, quien no paró de mirar hacia arriba durante todo el trayecto.

—Eso de profanar tumbas para poner vías de escape suena muy mal, Al…

—Papá le dijo a James que el mismo Dumbledore lo quiso así, lo tenía anotado en alguna parte —alegó Albus, encogiéndose de hombros—; era una especie de disculpa.

—¿Por qué?

—Algo sobre haber puesto en peligro a los Slytherin mandándolos a las mazmorras una vez por ser un inconsciente…entonces conectó las mazmorras a una salida especial. ¿Y quién iba a esperar que alguien que vio hace unos minutos en las mazmorras apareciese de repente cerca del bosque?

—Era listo.

—Era medio Slytherin —opinó Albus. Sospechaba de esto cada vez que oía otra historia sobre el viejo director.

Albus fue quien empujó la roca que sellaba la salida. La razón era muy simple: Scorpius era el que sabía el hechizo para que otro cuerpo disminuyese su peso de forma temporal. Se lo colocó, Albus se subió a sus hombros y empujó.

Salió arrastrándose junto a la tumba y le ofreció las manos a su mejor amigo. Fue difícil subirlo. Cuando estuvieron sentados en el césped, Scorpius contemplaba la tumba con evidente nerviosismo y Albus buscaba a la serpiente ladrona.

—Al- Al- —Scorpius tiró de su brazo—. Ally, ahm…

—¿Qué?

—Creo que el fantasma de Dumbledore quiere saludar.

—¿Qué? —repitió Albus, girando la cabeza.

Una silueta traslúcida se formaba sobre el ataúd, atrayendo más y más energía de diferentes puntos para conformar el plasma. Albus se echó hacia atrás enseguida y jaló a Scorpius para que ambos se alejasen de la tumba.

Pero había un detalle.

—No es Dumbledore, Scorp…

La forma no era la de un viejo mago con las túnicas graciosas que su padre describía cuando le hablaba de él. Era una silueta más delicada, que se mostró encorvada, y sólo cuando se irguió, supo que era el espíritu de una mujer "sentada" sobre la tapa de la tumba.

Sus rasgos se delinearon más lentamente y ambos Slytherin pasaron de estar tensos a confundidos.

Astoria bajó de la tapa del ataúd, sonrió y abrió los brazos hacia su hijo. Scorpius se levantó de un salto para ir con ella, pero Albus entró en pánico y rodeó sus piernas con los brazos, reteniéndolo ahí.

La bruja lo observó. Su expresión continuó siendo suave.

—Qué bien cuidas de mi pequeño escorpión, Al.

Sí, impedir que fuese con un espíritu recién aparecido y extraño debía ser considerado "cuidar". Albus siguió sosteniendo las piernas de su mejor amigo, que se sacudió y tomó su hombro para que lo soltase.

—Al, es mi madre…es mi madre…

Scorpius temblaba, no apartaba la vista de ella, y Albus sabía que no razonaba en ese momento, así que decidió hacerlo por los dos.

Observó a Astoria por unos segundos, hasta que determinó que era casi igual a como la vio en vida durante las visitas a la Mansión y los encuentros en el andén.

—¿Qué hace aquí?

Los fantasmas no regresaban sin un motivo. Ella llevaba varios meses muerta. Según la clase de fantasmas que recordaba del año anterior, tendría que haber aparecido en los primeros tres días tras su muerte, si es que tenía un asunto pendiente.

Astoria le sonrió.

—La medianoche entre el día de brujas y el día siguiente es especial. Antes se celebraba algo importante en este momento. Pude volver por Scorp, ¿dejas que lo abrace?

Volvió a extender los brazos y fue imposible para Albus continuar reteniéndolo. Scorpius se escabulló, se le acercó y vaciló con los brazos abiertos, al recordar que acababa de aparecer de la nada.

Ella lo abrazó. En verdad lo hizo.

Albus confirmó que algo andaba mal allí. Los fantasmas no podían abrazar a nadie.

Se quedó allí, en el césped, con el ceño fruncido y la mente hecha un caos, mientras los veía. Adhara se aproximó, puso el relicario en su regazo y se disculpó con un siseo y frotando la cabeza en su mano. Albus apenas le prestó atención.

Scorpius había comenzado a llorar en brazos de su madre. Su pecho se apretó, y aunque le hubiese gustado darles privacidad, temía que pudiese suceder algo si lo hacía.

La señora Malfoy le pareció amable en vida. No estaba seguro de cómo afectaba a alguien la "muerte".

—Madre, madre…mami…

—Aquí estoy, aquí estoy —Astoria peinó el cabello de Scorpius hacia atrás y le besó la frente, con los ojos cerrados—, mi niño precioso. Aquí está mami, vine a verte. Estoy bien, no llores más, cielo. Esto es temporal, ¿lo entiendes? Es temporal y mami volverá, estoy bien mientras tanto. Si lloras, yo también voy a llorar, y después los dos vamos a llorar todavía más, y entonces…

Scorpius la interrumpió con un sollozo y pronto escuchó que a ella también se le escapaba uno.

—Estoy bien, estoy bien, perdóname- sólo tenía que irme por un tiempo…estoy bien, te extraño mucho, cielo. Te extraño todos los días. Mami va a volver apenas pueda. Todo estará bien. Habrá más días preciosos, Scorpi…

Lo tranquilizó acariciando su espalda y jugando con su cabello, hasta que el llanto de Scorpius se tornó en un sonido débil y cada vez menos frecuente. Su respiración empezó a regularse.

Albus estaba cerca de calmarse cuando escuchó las palabras arrastradas de Scorpius.

—Tengo sueño, mami…

—Está bien, está bien, puedes cerrar los ojos, cielo…

Un peso frío se instaló en su estómago y temió lo peor. En su cabeza, se desarrolló una escena en que ella se lo llevaba consigo. En que fue por eso que volvió. Perdía a su mejor amigo justo delante de sus ojos y no podía hacer nada para evitarlo.

Scorpius simplemente se durmió, con el rostro aún húmedo por las lágrimas y recargado en su madre. Albus no respiró con normalidad hasta que ella avanzó hacia su posición y colocó al chico dormido en el césped, su cabeza apoyada en el regazo de Albus.

—¿Cómo ha estado, Al?

Con Astoria de cuclillas frente a ellos, Albus se inclinó sobre Scorpius y lo sujetó más cerca de su cuerpo. Su postura y expresión tenían un claro mensaje de "no voy a dejar que te lo lleves y no me importa que seas su madre muerta".

—En verdad lo estás cuidando bien, ¿no? —Ella debió encontrarlo enternecedor, porque sonrió—. Sabía que serías un buen amigo desde que escribió emocionado su primera carta sobre ti. Eso me hace feliz. Scorpi necesita gente buena a su lado.

Hizo ademán de tocar el cabello de su hijo, pero Albus sintió miedo y se apartó, manteniendo a Scorpius consigo. A la bruja no pareció molestarle.

—Si sientes que debes cuidarlo incluso de mí, eso es correcto. Protegerlo de cualquier cosa extraña, en caso de que algo pase…eso está bien —Astoria se inclinó hacia adelante y la distancia entre ambos se redujo de nuevo. Sus ojos se centraron en los de Albus, que luchó por no apartar la mirada—. Eres un caballero de oros, pequeño Albus.

Sonrió y le besó la frente, por debajo del cabello desordenado. Fue tan inesperado que Albus se congeló y no pudo alejarse.

El punto de su piel que rozó se entibió por un instante. Astoria observó su frente, volvió a sonreír y se puso de pie.

—No está muerta, ¿cierto? —Albus habló antes de que se marchase—. Le dolió mucho, ¿sabe? A los dos. Scorpius lloró todo lo que quedaba del verano. Me dijo que su padre rechazó cualquier visita que podía rechazar, no se acercó a los que fueron al mausoleo, e incluso se negó cuando su mejor amigo quiso regresar antes a Inglaterra para acompañarlo…les dolió mucho.

Astoria asintió y se talló los ojos.

—A mí también me dolió. Pero…

El ruido de unos gritos hizo que ambos girasen la cabeza. La figura de Astoria comenzó a desvanecerse a una velocidad acelerada.

—Cuídalo, pequeño caballero —Y como si hubiese olvidado esto, agregó, con una sonrisita:—. Me encanta tu cabello.

Luego se esfumó en el aire.

Albus abrazó más fuerte a su amigo dormido, se aseguró de que respirase bien y miró alrededor. No le gustaban esos sonidos. Advertían de problemas.

Se fijó en la salida que usaron y se preguntó cómo cargar a Scorpius de regreso.

¿Tal vez era buen momento para practicar un enervate?

—0—

A Ron le dolía la cabeza. Las sienes le palpitaban y le costaba pensar, incluso después de que apagaron la música y la gente se calló.

—Por favor, repítame cómo fue que entró a Hogsmeade.

No todos los muggles quisieron cooperar. Primero, porque no conocían a los Aurores, ni su función o autoridad. También hubo los que creyeron que todo era un gran espectáculo.

Talía se demoró un poco con el agua que Liva le pidió, pero entendió lo que querían y la preparó con pociones calmantes y para dormir. Sería más sencillo para los desmemorizadores trabajar con muggles inconscientes.

El llamado "Ben" era el que aceptó responder sus preguntas. Se encontraban frente a frente en una mesa en el segundo piso del local y estaba maravillado con el whisky de fuego y la magia, en general.

—Vimos a un tipo en una oficina de agentes de viajes —repitió. La historia no había variado en la última media hora y ya no podía sacarle nuevos detalles—, nos habló de una "fiesta mágica". Somos universitarios, las fiestas mágicas para nosotros incluyen que no recordemos ni nuestro nombre ni con quién dormimos, ¿sí me entiende? Los chicos quisieron venir, la ubicación era muy rara. Ninguno había oído de este sitio. Yo iba a ser el conductor designado, pero el sujeto nos trajo.

Ben contempló su vaso de whisky, dio otro sorbo y lo apartó.

—Dejó el auto en el bosque, caminamos un rato, fue divertido, como una excursión. Cuando entramos al pueblo, nos dio las llaves de unos cuartos en una posada para que pasáramos la noche y nos explicó algunas cosas. Todavía era de día, pero no faltaba tanto para que oscureciese…

Ron arrugó el entrecejo al notar que hablaba un poco más rápido que antes, vio el vaso de whisky, y a Liva, que fue la que se lo llevó. La bruja estaba de pie junto a la puerta, mordiendo el palillo en que estuvo una manzana con cara "tenebrosa".

Liva le guiñó cuando notó que la veía y siguió jugando con el palillo. Ron sacudió la cabeza, decidió fingir que no sabía que le echó algo a la bebida del pobre muggle y se concentró en Ben.

—¿Alguno de ustedes es un mago?

—¿Como…los que hacen trucos de cartas y eso? —Ben se rio—. Lo intenté, pero no me salían bien.

—¿Ninguno tiene magia?

—No que me hayan dicho, al menos. Sería genial descubrir que uno de mis amigos tiene magia, ¿sabe? Me sentiría como-

Ron le tendió una pluma y un pergamino.

—¿Puedes anotar los datos de la agencia de viajes y quién los trajo? Todo lo que recuerdes es útil.

Ben sujetó la pluma y la hizo girar en su mano, admirándola. Incluso dejó escapar una exhalación. Cuando la sacudió demasiado, soltó algo de tinta en el borde de la mesa y Ron contó hasta diez.

—Esto no va a acabar bien, ni pronto —Liva caminó hacia ellos, tanteó el montón de bolsillos de su pantalón y extrajo un artículo para escribir muggle, que cambió por la pluma en la mano de Ben—. Usa esto, lindo.

Ben se quedó mirándola con la boca entreabierta por un segundo. Liva negó, vio a Ron y gesticuló un "hombres muggles" silencioso, antes de encogerse de hombros.

Ron se sujetó la cabeza con las manos e intentó relajarse. Falló.

—¿Alguna señal del equipo desmemorizador? ¿Cómo pueden tardar tanto? Se supone que el tiempo de espera en un momento de crisis no pasa de los diez minutos, o los muggles se dispersan y empiezan a subir las pruebas de la magia a esos- esos- —Gesticuló con las manos.

Rose quiso explicarle sobre la tecnología muggle y luego la red mágica, pero él simplemente no entendía.

—Lo suben a sus redes sociales —señaló Liva, sonriendo—, y luego se hacen trending, como…—Sacó de otro bolsillo un aparato rectangular que tuvo que golear dos veces para que funcionase en el ambiente mágico. Pareció que iba a mostrarle su punto, pero la sonrisa se le borró del rostro.

Eso no podía ser bueno. Por un momento, lo único que se escuchó fue el sonido del bolígrafo de Ben sobre el papel.

Liva tecleó en el aparato y le mostró la pantalla.

—Así. Creo que por esto los desmemorizadores no han venido, Ronie.

Ron entrecerró los ojos frente a la pantalla demasiado brillante y le quitó el aparato de las manos para acercarlo más y ver bien. No, no necesitaba lentes de lectura, como insistía en decirle a Hermione cuando lo mencionaba. Sólo no podían esperar que viese igual desde tan lejos, ¿cierto?

La pantalla mostraba varios artículos con títulos llamativos relacionados a la magia y la noche de brujas, acompañados de imágenes de objetos flotantes en parques, tiendas del Callejón Diagón, y una que reconoció de Gringotts, con un duende gruñón quejándose y echando a quien sostenía el aparato con que se tomó.

Le hizo una seña a Liva y ella se colocó detrás de su espalda para tocar la pantalla. Entró al artículo del duende y encontraron un vídeo del molesto trabajador del turno nocturno del banco, exigiéndole al muggle que se fuese.

La parte inferior de la pantalla estaba llena de comentarios de risas, preguntas y escépticos. Muchos de ellos opinaban que el duende era "demasiado falso" o "estereotipado y sacado de un libro de alta fantasía".

Pero un mago reconocería que era uno de los duendes que veía cada vez que iba al banco.

Sí, entendía por qué los desmemorizadores no le prestaron atención a una alarma en un pueblo en medio de la nada, rodeado de barreras y repleto de magos.

Ron le devolvió el aparato y vio al muggle que intentaba recordar algo más para añadir al papel.

Sentía que debía haber completado su misión autoimpuesta y retirarse de los Aurores antes de esa noche. Podría haber trabajado con George en una de las sucursales de Sortilegios Weasley y ganarse el doble de afecto de su hija, que amaba tanto las tiendas.

—La mejor opción es dormirlos —indicó Liva, en un susurro—. Me refiero a la opción legal. La ilegal incluye obliviates a discreción, ya sabes- piu, piu, piu, y no recordarán nada, Ronie.

Ron pensaba en Lockhart cada vez que alguien le mencionaba que ejecutase él los obliviates. Tenía confianza en su magia, pero por algo existía un equipo desmemorizador especializado en el tema, ¿no?

—Vamos a dormirlos y ponerlos en los cuartos que les dieron.

La mayoría ya estaba durmiendo, en cualquier caso. Liva asintió e hizo ademán de ir con la dueña para pedirle más pociones cuando Ron recordó un detalle.

—No pongas tú las pociones. Más bien, no te acerques a las bebidas de los muggles.

Liva rodó los ojos y alzó ambas manos, manteniéndolas a la vista.

—Aburrido.

Ben terminó de poner los datos que recordaba y que pudo conseguir de su aparato rectangular, y le tendió el pergamino a Ron. Lo vio mientras le echaba un vistazo, a Liva, y de nuevo a Ron.

—¿Entonces los Aurores son algo así como la policía mágica?

—Ajá —respondió él, distraído. Todos los datos parecían propios de un local muggle.

—¿Ella también es Aurora?

—No.

—Ah.

Se demoró alrededor de cinco segundos en hacer la pregunta.

—¿Sabe si está saliendo con alguien?

Ron le dedicó tal mirada incrédula que el muggle se sonrojó. Uno pensaría que tendría preguntas más importantes tras descubrir la existencia de la magia, pero no. Hombres muggles, se dijo; nunca había estado tan de acuerdo con Liva.

Talía regresó al segundo piso con las jarras de bebidas mezcladas con pociones para dormir y las repartió entre los pocos que seguían despiertos. Unos minutos más tarde, un grupo de voluntarios levitaba a los muggles hacia la posada, y el dueño de esta hablaba con Ron acerca de la reservación de las habitaciones.

—Sí, estos cuartos fueron reservados hace más de una semana, a nombre de…—Revisó un pergamino que llevaba consigo desde que lo llamaron y arrugó el entrecejo—. Osearu Craso.

Se sintió más irritado cuando escuchó a Liva reírse. Ron giró la cabeza y le frunció el ceño.

—¿Ahora qué pasa contigo?

—Él cree que es un nombre —Liva vio al dueño de la posada, se rio más fuerte y negó.

—Bueno, así se presentó —se defendió el mago, poniéndose rojo—, y no hace falta una identificación en Hogsmeade desde la primera guerra, así que sólo registré el nombre tal cual lo dijo…

—No es un nombre —insistió Liva, rodando los ojos.

—A ver, ilumínanos, mocosa —gruñó Ron, en el límite de su paciencia.

La bruja recuperó el bolígrafo que le prestó a Ben y tomó un papel. Tarareó mientras escribía. Ron estiró el cuello para ver qué hacía.

—Es un anagrama —Liva le enseñó el pergamino. Había escrito el "nombre" que le dieron al posadero, luego separado las letras y formado dos palabras diferentes—, son muy populares entre los magos oscuros. Este es bastante literal y obvio.

Osearu Craso se convertía en "Señora Oscura" en el papel.

Ron experimentó un escalofrío.

—¿Estás segura de que es esa combinación?

Liva le dio la vuelta al papel y contempló las palabras del "nombre".

—También podrías sacar "saúco", o algo relacionado a "osar" de valentía, pero…—Se encogió de hombros.

Tanto si era la señal de advertencia de una nueva versión de Lord Voldemort, como si sólo era casualidad, todavía tenían el asunto de los muggles que eran trasladados a la posada, por lo que seguía siendo grave y necesario considerarlo con cuidado. Ron asintió, le dijo al posadero que otros Aurores irían a hablar con él después y abandonó el local.

Los magos se olvidaron de la fiesta y se reunieron en la calle frente al local. Querían saber qué sucedió, cómo cruzaron las barreras, preguntas para las que Ron no tenía respuesta todavía, así que optó por copiar el tono de Harry cuando hablaba con la prensa y asegurarles que el asunto estaba bajo control.

Si ninguno tenía conexión con las noticias del mundo muggle, esa mentira le serviría para salir de ahí, al menos. Le llevó un tiempo lograr que se dispersaran bajo la excusa de "dejarlo trabajar" y Ron se sentía tan cansado como pocas veces lo estaba desde que consiguió el trabajo. Diría que fue su tercera peor noche como Auror.

Liva se paró a su lado. Se ajustó una capa sacada de Merlín sabía dónde (esperaba que no la hubiese robado) y se balanceó sobre los pies.

—Esto ha sido divertido, ¿las fiestas a las que vas suelen terminar así?

—¿En el rompimiento del estatuto del secreto? —Ron recordó las celebraciones en La Madriguera, y luego una ocasión en que Harry y él estaban demasiado ebrios y puede que usasen magia en plena calle de Londres y tuviesen que fingir que nada sucedió frente a unos muggles—. Usualmente no.

—Aun así, fue divertido —Ella se encogió de hombros y sonrió.

—Sabes que tengo que arrestarte ahora, ¿cierto?

—Sí. ¿Me traes un vaso de agua antes? —Apuntó al interior del local.

—Busca una mejor excusa, existen los accios —replicó Ron, pero se dio la vuelta y avanzó unos pasos de todos modos. Seguía de espaldas cuando escuchó el plop de la Aparición.

Y ya se había ido.

Sería el menor de sus problemas. Ron comenzó a preguntarse si su elección de carrera fue la correcta, después de todo.

Se merecían un mejor descanso tras la guerra.

—0—

—Señora.

Seis figuras envueltas en túnicas oscuras se reunieron alrededor de la bruja y se dejaron caer sobre una rodilla.

Astoria, con su cuerpo a medio desvanecer, levantó la mirada hacia el cielo y calculó cuánto faltaba para el amanecer. Hizo un gesto vago con una mano para indicarles que se parasen, pero sólo una de las figuras se atrevió a enderezar el cuerpo.

—¿Cuándo es el próximo día que podrías traerme, Simon?

—La noche más oscura, mi Señora —replicó Simon, todavía de rodillas—, en diciembre. Debe ser el 21.

—Al comienzo del Yule. Preparemos un regalo para esa fecha.

—Sí, Señora.

—Entregué otra de mis cartas —continuó Astoria, con calma.

—¿Al principito? —Fue la única persona de pie frente a ella la que intervino esa vez.

—No, esta fue para Albus Potter.

—Mi Señora —Uno de los magos arrodillado habló en voz baja—, le dio el pársel a Harry Potter, y ahora otra carta a su hijo…

—Nunca sentí preferencia alguna por los Potter, pero Scorpius quiere a Albus y es bueno con él —razonó Astoria—. Cuida a mi niño. ¿Cómo puede no ser importante darle un regalo a alguien que cuida de su pequeño príncipe?

El mago no dijo más y mantuvo la cabeza gacha.

—Sabía que estarían de acuerdo —siguió Astoria, fijándose en el cielo de nuevo. Luego vio sus manos, que ya perdieron toda solidez. Era más un fantasma que una persona—. Albus Potter tiene la carta del caballero de oros, Harry Potter tiene a la serpiente. El daemon de Scorpius debe estar por despertar, ¿puedes retrasarlo un poco, Simon? Scorpius está en el club de teatro, quiero que se pueda concentrar en los ensayos.

—Por supuesto, mi Señora, practicaré una melodía apropiada para contener su poder.

—Perfecto —Astoria hizo ademán de tocarle la cabeza y arrugó el entrecejo cuando le fue imposible. Soltó un sonido similar a un suspiro—. Estaremos en contacto. Cuídense. Y gracias por su trabajo hoy, lo hicieron muy bien.

Luego de decir esto, se desvaneció con las primeras luces del amanecer.