El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El thestral

Albus estuvo paranoico alrededor de una semana, de una forma tan obvia que no hubo quien no lo notase, pero lo sorprendió ser llamado por el profesor Malfoy cuando dejaba su clase.

Le preguntó si algo andaba mal. Albus sólo atinó a sacudir la cabeza.

—Como Jefe de Casa, también pueden acudir a mí con problemas diferentes a los académicos, ¿bien? —Draco lució casi tan incómodo como Albus al intentar buscar las palabras adecuadas—. Me refiero a que- hay algunas preocupaciones que pueden ser habladas con un adulto, si tú quieres, si confías en mí para eso, y no prometo una solución mágica, pero….

—Sí, lo entiendo —Albus asintió y no se olvidó de añadir un:—. Gracias, profesor.

El profesor Malfoy asintió, pareció que intentaba pensar en algo más para decirle y le permitió marcharse cuando no se le ocurrió nada.

No, Albus no creía que pudiese explicarle que su esposa muerta no estaba, bueno, muerta. Ni viva.

Se encontraba muy confundido estos días.

Scorpius lo esperaba afuera del salón, asintiendo a algo que Rose le decía. En cuanto se les unió, los tres comenzaron a caminar hacia su siguiente clase. Rose se adelantó para hablar con unas chicas de Gryffindor, de manera que los dos acabaron moviéndose hombro con hombro.

El brazalete de Albus era dorado. Se trataba de uno de esos días que todavía no entendía por completo.

Scorpius titubeó un momento, miró al grupo de chicas de Gryffindor con que hablaba Rose a unos pasos de ellos y debió pensar que Albus tenía esa expresión concentrada por ellas.

—¿Piensas usar el uniforme de chica un día, Al?

Albus parpadeó al ser sacado de su burbuja llena de conspiraciones y preguntas sobre por qué una bruja no-viva seguía por ahí y si los zombies al fin se harían reales. Zombies fantasmas. Lo aterrorizaba la idea.

Notó que su mejor amigo lo observaba con cierta curiosidad y Albus arrugó el entrecejo, fijándose de nuevo en el grupo de chicas. La diferencia era la falda, aunque las medias largas llamaban un poco su atención.

Apartó la mirada tras unos segundos, temiendo que alguna se diese cuenta y se incomodase pensando que las veía por otra razón.

—No lo sé —confesó con sinceridad.

—Pero te gustan, ¿no?

Scorpius también había hecho preguntas esos días. Tantas preguntas y de una gran variedad.

En general, a Albus no le importaba porque sabía que se esforzaba por entenderlo y quería aceptarlo conociendo los detalles de cómo se sentía, pero desde que llegó a la tarde en que se le pasó por la cabeza lo mismo que a Lily y se le acercó con el rostro rojo a indagar sobre qué tanto cambiaba la poción del género en él, Albus creía que no estaba psicológica, emocional ni mentalmente preparado para responder todas sus dudas.

—Un poco —murmuró Albus, encogiéndose de hombros—, es que…quería decirte. Estoy bien con habértelo dicho, pero…pero no significa que quiera que todo el mundo lo sepa- no sé si quiero que todos lo sepan, ¿comprendes? Y si un día saliese con el uniforme de las chicas, habría muchas preguntas y…—Sólo negó—. No sé, Scorp. Tampoco necesito usar una falda el día en que me siento como una chica, puedo, uhm, cambiarme los zapatos o ponerme un collar y…y me siento bien así. Incluso sin tener que cambiarme de ropa, no es algo que se enfoque en la ropa, es- uhm, soy yo. La ropa sólo, no sé, ¿me ayuda a estar a gusto?

Scorpius asintió, despacio.

Dos días después de la "confesión", apareció en su cuarto con una caja que le tendió a Albus. Según él, eran zapatos unisex que no rompían las reglas de uniforme del colegio. Para Albus, lucían como unas zapatillas, similares a las que Lily utilizaba, y le gustaron. Esa semana hubo un par de días en que se las ponía, siempre que pensase que lo haría sentirse cómodo.

En verdad lo enternecía saber que Scorpius lo estaba pensando tanto para mostrarle su apoyo. Le recordaba que eligió al mejor amigo posible.

—Oh —Scorpius se detuvo y empezó a gesticular deprisa—, hay unos- unos- Rose me dijo que los muggles tienen, tú sabes, eso que se pone en los zapatos de los niños, uhm, cuando no se saben atar los cordones, lo de…

—¿Velcro? —ofreció Albus. Cuando era pequeño, su padre lo llamaba "cierre mágico" y hacía que sonase mucho más entretenido para los tres, claro.

Scorpius asintió, sonriendo.

—Rose hizo un trato con el señor Weasley —Debía hablar de George— y la próxima semana van a poner en Sortilegios Weasley un catálogo pequeño que incluye sus productos, los esmaltes y algunas cosas de bromas- y habrá unos pendientes con ese, uhm, veldro. Rose dijo que están encantados para colocarse y quitarse, sin hacer una perforación y sin lastimar la piel. Tú, hm, ¿quieres que le pida uno de los catálogos para que puedas verlos?

—¿Unos aretes mágicos? —Albus entrecerró los ojos e intentó imaginarse con pendientes, pero fue difícil.

No sabía cómo se sentirían. ¿Le molestaría? ¿Eran cómodos? ¿Pesaban? Teddy tenía perforaciones que siempre le llamaron la atención, pero puede que lo que Rose quería vender no fuese tan genial como esos.

—Podemos verlos cuando el señor Weasley le envíe una muestra a Rose —añadió Scorpius—, por si te gustan. Mi- mi madre usaba unos muy lindos. Hay pendientes mágicos en mi familia, ¿sabes? Por los Malfoy, y son…

Llegaron a su siguiente clase mientras Scorpius todavía le contaba sobre pendientes mágicos y sus habilidades. Todo parecía demasiado normal para haber vivido una experiencia tan extraña hace poco.

Cuando Scorpius reaccionó en la noche de brujas, Albus ya lo había puesto en su cama, en las mazmorras. Le preguntó adormilado si encontró a Adhara y el relicario.

Albus sintió pánico y fingió no tener idea de lo que hablaba. Su mejor amigo se giró, siguió durmiendo y asumió que la salida al patio, el túnel bajo la tumba y la aparición de su madre fueron un extraño sueño del que les habló a Rose y a él por la mañana en el desayuno.

Así que Albus era el único con la mente agitada.

Tenían clases por la mañana y parte de la tarde, los ensayos en el club de teatro continuaban tres veces a la semana y practicaban las líneas de sus escenas juntos en el cuarto después de hacer sus tareas. Apoyaban a Rose, que recién entró al equipo de Quidditch como Golpeadora, en las prácticas, esquivaban al idiota de James cuando volaba sobre su escoba con Lorcan en pleno pasillo, ignorando los regaños de los Prefectos, y a veces tenía una crisis o dos frente al espejo preguntándose por qué no podía ser más "normal".

Tenía la idea de que las demás personas asumían que, bueno, uno quedaba en un género y ahí permanecía. Toda la vida. Si la noticia de que entró a Slytherin impactó a su familia, no se imaginaba lo otro.

Y ya que también le preocupaba que el fantasma zombie de Astoria apareciese de repente en las mazmorras y se llevase a su mejor amigo, Albus no pasaba mucho tiempo tranquilo.

El día en que el tío George mandó una caja con las muestras de los pendientes para Rose, ella se sentó en medio de ambos, en la mesa de Slytherin, y les presumió sus nuevos artículos. No sólo tenía unos aretes comunes redondos, grandes, o que lucían como puntitos brillantes, sino que añadió a los diseños calderos, escobas, varitas, sombreros de bruja, criaturas mágicas móviles, texturas que cambiaban de color y piercings.

Scorpius hizo varios comentarios sobre los artículos que ella les mostraba y lo miró de reojo.

Albus estaba embelesado, sus ojos fijos en una pieza en forma de caballo alado negro con detalles en dorado. La parte delantera del cuerpo quedaría en el punto entre la oreja y la sien, las patas traseras en el lóbulo de la oreja y las alas huesudas extendidas sobre todo el cartílago.

—¿Qué es eso? —Scorpius lo apuntó enseguida.

—Un thestral —explicó Rose, tomando la pieza para acercarla a él—, un caballo mágico de la muerte. Sólo los que han visto la muerte pueden verlo. Mi tía Luna dice que son muy amables, ella hizo los dibujos de su diseño, igual que todos los demás. No atraen la muerte, ni son malos, sólo que las personas piensan que sí —aclaró, en tono de obviedad.

—¿Aplica mi descuento de mejor amigo en ellos, Rose?

Rose le dirigió una mirada interesada al Slytherin.

—¿Quieres un pendiente de thestral, cinnamon?

—Dijiste que no atraería la muerte —Scorpius sonrió y se encogió de hombros.

—No, claro, sólo…sí, sí, si tú lo quieres —Rose cambió de tono y asintió, divertida—. Cuesta cinco sickles, los venderé a cuatro el fin de semana para promocionarlos, te puedo dar este por tres. Si quieres más, entonces te doy tres por ocho sickles.

Albus sentía que se mareaba cuando su prima comenzaba a lanzar ofertas de ese modo. Siempre necesitaba un momento para asegurarse de que no le estaba robando.

Scorpius, en cambio, confiaba por completo en Rose y no dudó en sacar de su bolsillo una bolsita que tintineaba.

—El de thestral, el pequeño dragón enroscado y…¿crees que a Nesrine le guste más el que cambia de color o el monstruo que ruge?

—A mí me gustaría el monstruo que ruge —Rose se rio.

—Entonces ese.

Tras el intercambio, Scorpius guardó el que le daría a Nesrine en la misma bolsita que las monedas que le quedaban y se colocó el de un dragón plateado y negro que se enroscaba en el lóbulo de la oreja, justo allí, en medio del Gran Comedor.

Albus estaba boquiabierto.

—¡Te queda bien! —alabó Rose. Era parte de su modo de venta, siempre hacía cumplidos, pero tenía una manera de sonar sincera que provocaba que incluso Scorpius soltase una risita nerviosa—. Si me hubieses dicho que te interesaban estas cosas, te habría reservado uno o creado un diseño de escorpión o algo así, cinnamon.

—Me gustan los dragones también —Scorpius aún tenía el del thestral en su mano, pero debió notar que Albus entraba en pánico cuando lo veía, porque sonrió, bajó el brazo y siguió hablando con Rose.

Apenas su prima se marchó, Scorpius puso su mano bajo la de Albus y presionó el pendiente mágico contra su palma.

—Sólo si lo quieres —murmuró, sin verlo.

Le encantó y él lo sabía. Albus lo metió en su bolsillo de inmediato y sus ojos volvieron al pendiente de dragón enroscado que Scorpius se colocó.

Estaba fascinado sólo por verlo terminar su desayuno con calma, usando eso, frente a tanta gente.

Una Slytherin mayor incluso le dijo que le gustaba su "dragón". Scorpius sonrió y ayudó a Rose con la publicidad para su venta del fin de semana.

Albus se preguntó si así de maravillado se sentiría si un día se le ocurría ignorar el pánico que le pesaba en el pecho e iba a clase con el cabello largo, con el uniforme de una "chica", con pendientes, con lo que le diese la gana.

Tal vez el cabello largo y el uniforme de los "chicos". Tal vez la falda y el cabello corto. Tal vez…

Su mente se perdió en ideas que lo emocionaron y asustaron a partes iguales, y por primera vez, le pareció comprender por qué Teddy jugaba tanto con su aspecto.

Scorpius lo miró de reojo cuando pasó un rato y Albus seguía en silencio, observándolo.

—¿En qué piensas, Al?

—Te pusiste uno.

Las palabras salieron solas y no se dio cuenta de que lo hacía, ni de por qué era tan confuso todo dentro de su cabeza, cuando la situación parecía bastante simple.

Scorpius compró un pendiente y se lo puso. Claro, usualmente uno compraba accesorios pensando en utilizarlos. James y él acompañaron a Teddy una vez en el verano a cambiar dos de sus piercings y el dragón podía hacerse pasar por uno. No debería estar tan asombrado.

Sólo que lo estaba.

Scorpius le enseñó una sonrisita tímida.

—Me gusta. Y- uhm, pensé "¿por qué no?". Creo —Hizo una pausa, en la que arrugó el entrecejo— que tiene algo que ver con lo que hablamos el día de brujas.

Oír "día de brujas" lo hizo pensar en la obra, la charla en el vestidor y después en el asunto de Astoria. Y Albus experimentó el doble de pánico.

—Cuando te dije que seguías siendo Al —explicó Scorpius, en voz baja— y cuando me dijiste que sí te gustaban los uniformes de las chicas…y sólo me dije "ah, bueno, no tiene nada de raro si Al usa uno, ¿cierto?", entonces vi el pendiente de dragón y…y si no era raro lo de la falda, no tiene que ser raro lo del pendiente y…sólo digo que si no me hubieses contado sobre eso, yo- yo quizás no lo habría comprado aunque me guste mucho, porque tendría miedo de que creas que soy raro. Me refiero a más raro de lo que ya soy normalmente, ¿me estás entendiendo o estoy balbuceando mucho? Porque no tienes cara de que estés entendiendo y…

—¿En serio creías que podría pensar que eres raro por algo que te guste?

Scorpius desvió la mirada hacia su plato ya vacío y balanceó sus piernas por debajo de la mesa. Se encogió de hombros.

—A ti te preocupaba también y yo no dejaría de pensar que eres Al por eso- tal vez- tal vez a todos nos da un poquito de miedo contarle a nuestros amigos que nos gusta algo, porque a alguien se le ocurrió decir en algún momento que no debía gustarnos…

Scorpius hizo otra pausa, en la que frunció el ceño y se llevó la mano al pendiente de dragón.

—Y me acabo de dar cuenta de que mi padre está dando clases aquí y me verá con esto, si es que no lo hizo ya y-

Albus sujetó su muñeca antes de que pudiese quitárselo. Scorpius giró el rostro hacia él con una expresión preocupada y aterrorizada que sólo estuvo allí por un segundo. Pero fue suficiente para saber que tenía razón.

Todos tenían un poco de miedo de hablar de algo que les gustaba, porque otros pensaban que no tenían que gustarles.

Albus bajó su brazo y se aseguró de que el dragón enroscado estuviese bien sujeto con el hechizo a la oreja de Scorpius. Su mejor amigo se relajó.

—No es raro —le juró, con su tono más seguro— y te queda bien.

Scorpius se rio.

—¿Sí?

Albus asintió, muy serio.

Se sintió tan bien cuando Scorpius sonrió, como si ese breve gesto de apoyo fuese enorme y lo hubiese cambiado todo. Y quizás fuese así, de cierto modo.

—0—

Noviembre se convirtió en diciembre y Albus comenzó a cuestionarse si el asunto de la mujer fantasma zombie no habría sido en serio un sueño compartido. Le preguntó a Severus y este le aseguró que la magia podía provocar sueños de ese tipo.

—Pero sí recuerdo sentir que alguien se llevaba el retrato —Luego destruyó su teoría con estas palabras.

Albus, que tenía más experiencia con las runas y podía pedirle a McGonagall el libro que le dio antes, dibujó algunas para protección, las pegó bajo las camas de ambos, en la puerta del cuarto y en el ventanal que daba al lago. Y sintió que si hubiese un espíritu maligno que quería hacerles daño, ya debería haber intentado algo.

Más clases, más ensayos, partidos de Quidditch en que se negaba a usar la bufanda de Gryffindor pero animaba en secreto a su prima favorita.

Hubo montones de discusiones sobre los sucesos de la noche de brujas en toda Inglaterra, pero no se llegó a nada. Ni siquiera las cartas de los familiares de los estudiantes podían confirmar si era del todo cierto que la magia fue expuesta, ya que no notaban una reacción de los muggles. Poco a poco, se convencieron de que sólo hubo una gran celebración ese año.

Ya que ningún fantasma zombie parecía tener intenciones de atacarlos durante los últimos días del ciclo escolar, Albus se concentró en la obra que presentarían el día previo a las vacaciones de diciembre.

Era un día de brazalete negro y su mayor crisis consistía en qué haría si olvidaba sus líneas en el escenario.

Scorpius, sentado en la cama contraria, justo frente a él, y con su propio libreto en las manos, negó.

—No lo olvidarás, Al, casi podrías recitarlo dormido.

—No estoy seguro de que-

—"Queen —Scorpius comenzó a soltar sus líneas, sin tener que ver el libreto—, ya busqué por toda la casa y los llamé a gritos, pero no encontré a ninguno de los adultos o niños…"

Albus reconoció la escena y sintió que la parte nerviosa de su mente se bloqueaba. "Queen", esa figura imaginaria que tomó forma en su cabeza entre tantos ensayos, reaccionó al instante, con una expresión desdeñosa.

—"¿Estás seguro de que no se escondieron de ti, August?"

Scorpius se rio.

—¿Lo ves? Estoy seguro de que podemos recitar las líneas al azar y aun así las recordarás, Al.

Albus se obligó a respirar profundo y asentir.

—Sigamos.

Había un solo detalle. El beso. La obra no era un romance y los personajes eran muy jóvenes, pero existía una escena en que el personaje de Scorpius tenía un arrebato de emoción cuando resolvían uno de los problemas de la trama y le besaba la mejilla a "Queen", riéndose.

Ellos no ensayaron esa parte. Sí las líneas y la escena en general, pero no lo de tener los labios de Scorpius en su rostro.

Después del fatídico día de la poción de amor, Albus prefería que el contacto entre ellos se limitase a hombros que se rozaban al caminar y algunos abrazos que Scorpius le daba. Así se ahorraba el querer meterse en un agujero y jamás salir de ahí.

La profesora Cardella nunca se los exigió y estaba convencido de que, incluso si omitían el detalle en la obra, no se enojaría, mientras mantuviesen la esencia de los personajes. Para el día del estreno, Albus casi se imaginaba como "Queen", poniendo la palma contra la boca de Scorpius para evitar el beso.

—¿Un knut por tus pensamientos?

Otro descubrimiento de ese ciclo escolar es que cuando una Veela decidía que sería tu amiga, en verdad se lucían.

Nesrine todavía no se ponía el vestido de princesa del lago, contando con el tiempo que tenía entre el comienzo de la obra y sus escenas, pero se encontraba detrás de Albus, concentrada en convertir su cabello desastroso y largo por la poción en una hermosa trenza que pudiese simular un tocado de varios siglos de antigüedad. Incluso echó a Scorpius del vestidor para "trabajar" a gusto.

—¿Qué piensas de que Queen se quite a August de encima cuando intente besar su mejilla?

La Ravenclaw se echó a reír.

—Un gran cambio.

—Sí, ¿verdad? Actuamos una obra de aventura, no un romance.

—Queen es muy joven para preocuparse por el romance, eso dice mi père de mí —indicó Nesrine, viéndolo por el reflejo del espejo con una sonrisita.

Albus asintió, convencido de que era razonable. El profesor Nott parecía una persona que sabía lo que decía.

Cuando Nesrine acabó con su cabello, se paró junto a la silla de Albus y le mostró un dije de dos "N" entrelazadas con plumas plateadas, que pendía de una cadena en su cuello.

—Este es mi amuleto para la buena suerte. Si me pongo nerviosa, lo toco o le doy un beso —Tocó el metal con los labios—. Los actores necesitamos amuletos, Al.

Albus volvió a asentir, despacio.

"Queen" salió al escenario con un pendiente de thestral negro y dorado.

Y en la escena en que se suponía que lo esquivaría, ni Albus ni su "Queen" interior lo hicieron. Scorpius besó su mejilla rápidamente y se rio como August debía hacerlo.

Y fue un sonido bonito.

Y Scorpius se veía bonito con el pendiente de dragón enroscado y la ropa de noble del antiguo mundo mágico.

Y puede que el estómago de Albus hubiese hecho algo raro que lo preocupó, porque no creía haber comido nada en mal estado.

—0—

Albus llevaba el pendiente del thestral el día en que bajó del tren en el andén, al comienzo de sus vacaciones de diciembre.

Rose fingía no darse cuenta de que era el mismo artículo que Scorpius le compró y mantenía una animada charla con Lily y Hugo frente a ellos. James se abrió camino empujándolos y riéndose de los reclamos de su prima, Lorcan lo siguió y Lysander se disculpó con ellos en nombre de ambos.

Scorpius se despidió de ellos y caminó hacia su padre, que vigilaba que nadie se quedase en el tren, antes de irse. Rose corrió hacia sus padres. Lily hizo una pausa, ceñuda, y Albus se paró a su lado.

—¿Cuánto tiempo crees que tarden en decirnos que se están separando?

La pregunta lo tomó por sorpresa y miró en la dirección en que su hermanita lo hacía. Su padre estaba allí, riéndose de algo que James le contaba. Y sólo él.

—¿Se están separando? —indagó Albus.

Lily le dedicó una mirada que le hizo pensar que lo consideraba un idiota y continuó avanzando. Albus fue detrás de ella, confundido.

Su padre los saludó a ambos con un abrazo, una disculpa en nombre de su madre que tuvo un problema con el traslador que debía llevarla allí a primera hora desde Italia, y desvió el tema en cuanto pudo hacia el nuevo accesorio favorito de Albus.

—Es un thestral —explicó Albus, como si el mago no lo supiese.

Harry se rio.

—Sí, lo sé, Al.

No hubo comentario alguno sobre que fuese un pendiente, ni cómo le quedaba o por qué lo usaba, y Albus se relajó, mientras su padre le revolvía el cabello de esa forma afectuosa y exagerada que era tan él y les preguntaba a dónde querían comer para celebrar que estaban juntos.

Un gran perro negro que esperaba cerca de una banca pronto se les acercó y los interrumpió, saltando para apoyarse en cada uno de los chicos y ladrando con entusiasmo.

—0—

Había nevado ese día por la mañana y el cementerio de Godric's Hollow era cubierto por un manto blanco. Caía una lluvia ligera que humedecía las lápidas que sobresalían en medio de esa blancura y se deslizaba por las barreras para lluvia que su padre les colocó a ambos.

Conocía el camino hacia las tumbas de sus abuelos. Cuando eran pequeños, cada año, su padre los llevaría allí el treinta y uno de octubre y les contaría algo sobre ellos que otras personas le hubiesen dicho, hasta que los tres entraron a Hogwarts.

Albus se preguntaba si ahora iba solo y los recordaba en silencio y su pecho se apretó. Se detuvo frente a las dos tumbas y se agachó.

Extrajo el relicario del interior de su suéter y abrió la tapa, mostrándole las tumbas al mago en el retrato. Eso era lo único que Severus Snape le había pedido.

Puede que no fuese el Severus real, puede que los retratos sólo capturasen un vestigio de la persona que representaban, pero lo que en verdad importaba permanecía ahí. Los restos de la esencia que tuvo en vida poseían su propia memoria y emociones.

—Gracias —murmuró el mago, tan bajo que apenas pudo escucharlo porque no existía otro sonido allí.

Harry se acercó despacio para comprobar que los amuletos de calor sobre Albus continuasen surtiendo efecto y se puso de cuclillas también cuando él se lo pidió. Albus giró el relicario para que Severus pudiese verlo.

—Severus —Harry lo saludó con un cabeceo.

—Potter —Severus escupió el apellido, de un modo que hizo que el otro se riese.

—No es octubre, pero seguro que no dirían que no a unas flores —alegó Harry, apareciendo en sus manos unas flores que no fueron afectadas por la lluvia ni la nieve, sino que se fundieron con esta. Luego lucían como si fuese esculturas junto a las lápidas.

—Eran nomeolvides —mencionó Severus—. Las flores favoritas de tu madre eran nomeolvides.

Albus vio a su padre utilizar magia no verbal, moviendo sus manos alrededor de las flores para que las "esculturas" se pareciesen más a las que le dijo.

—Los nomeolvides son más pequeños, Potter, ¿qué clase de burda educación en Herbología recibiste?

—Los nomeolvides son flores románticas, no mandrágoras para pociones —Pero a pesar de la respuesta, Harry aún lucía entretenido por su reacción.

—Más pequeñas —insistió Severus—, y en el centro parecen tener como…unos pétalos todavía más pequeños que los otros.

Cuando el ramo se convirtió en algo que el mago del retrato podía aceptar, los tres guardaron silencio por un rato, dos personas y un relicario frente a un par de tumbas.

Las anécdotas fueron diferentes esa vez, por la persona de la que provenían.

—Las primeras muestras de magia de Lily fueron con flores. Su madre tenía un jardín. Las flores crecían más rápido cuando Lily las cuidaba, se movían hacia ella, la rozaban…una vez me dijo que si no fuese una bruja, si fuese sólo una muggle, habría tenido una floristería. Pensó que igual podría haber abierto una floristería mágica al salir de Hogwarts.

Albus miró de reojo a su padre, con el rostro serio y los ojos fijos en las tumbas.

—Dijo que si un día tenía una hija, le daría un nombre de flor —Severus bufó—, pero ya sabemos qué pasó…

—No fue una niña —Harry se rio—. ¿Hay nombres de flores para niños?

Albus se encogió de hombros.

—Otro día, recuerdo que…

Los retratos podían contener una gran variedad de recuerdos que la persona guardó en el fondo de su mente en vida. Ahora que el alma de Severus no tenía nada que perder, lo que quedaba de él en esa imagen podía hablar con un poco más de libertad.

Escucharon nuevas anécdotas sobre su abuela de niña y en Hogwarts, sobre su abuelo, sobre Remus Lupin y Sirius Black. Severus intentó no sonar como si quisiera maldecirlos, sólo por Albus, pero la rabia que se colaba en su voz volvía los relatos más interesantes cuando se quejaba de sus "travesuras" de jóvenes.

Estuvieron cerca de una hora allí. Cuando regresaron a la salida del cementerio, Harry sostuvo el relicario.

—Gracias, Severus.

El mago del retrato sacudió la cabeza.

—Ni siquiera conseguí que la dejase vivir. O que no te enviasen con esa horrible mujer que era su hermana. No hice nada bueno.

—Gracias —repitió Harry, más suave.

Albus cerró el relicario después de despedirse del mago y fue atrapado por el abrazo de su padre. Se quedó quieto, mientras este lo estrechaba con fuerza.

Por un instante, se imaginó que sus hermanos no existían y sus padres estaban muertos. Que no tenía una familia tan grande como los Weasley. Que era pequeño y los que debían cuidarlo lo odiaban. Y dolió.

Albus también lo abrazó entonces. Muy fuerte, con la cabeza enterrada en su pecho.

—Gracias a ti también —Su padre le besó la cabeza—. Merlín, qué hijo tan listo tengo para poner a un mago en un retrato solo. ¿Estás seguro de que no eres un Ravenclaw? ¿Eres el próximo Nicolás Flamel?

Albus negó y emitió un sonidito de protesta, pero su padre sólo le revolvió el cabello y lo abrazó de nuevo.

Salieron de ahí con un sonoro plop.

En el patio de su casa, una emocionada Lily estaba sobre el asiento de cuero roto de una moto, mientras Sirius le explicaba a James dónde debían ir o qué eran las piezas sueltas y aparentemente oxidadas que tenían al frente. Ni siquiera lucía como si hubiesen estado unidas alguna vez.

Sirius los observó apenas llegaron, a las piezas, y a ellos de nuevo.

—Creo que voy a necesitar muchos hechizos para el óxido, reparos…e ir de compras.

—Vi unos tornillos con cabezas de calaveras en la red mágica —recordó James, soltando la pieza oxidada que se suponía que estudiaba para ir por su tablet.

—¡Y hay rosados! —agregó Lily, desde el asiento.

—Calaveras rosas —Sirius asintió, con una expresión de "¿por qué no?"—. Primero arreglemos esto y después vemos si le ponemos un fénix, un kelpie o algún otro monstruo, o calaveras rosas. ¿Qué otros colores te gustan, linda? —Se dirigió a Lily al preguntarlo.

—¡Azul Ravenclaw! Y el dorado, amarillo no, dorado, y el plateado, y me gusta el verde y…

—El rojo es genial —intervino James, revisando su tablet.

—Rojo Gryffindor, ese es mi James —Sirius le ofreció el puño y James lo entrechocó con el suyo, riéndose.

—A mí también me gusta el rojo —Se les unió Harry, a quien Sirius también le ofreció el puño.

—Pues a mí me gusta el gris y las serpientes —dijo Albus, ganándose un sonido teatral de indignación de Sirius.

Luego Sirius se movió hacia él, le lanzó un hechizo que lo aligeraba, lo alzó y lo puso boca abajo, sacudiéndolo y diciéndole que eso era de esperarse de la serpiente de la familia.

El patio estuvo lleno de risas y algo de nieve esa tarde, las piezas oxidadas seguían oxidadas y Lily le enseñó que en verdad se vendían tornillos de calaveras rosas.

—Oh, bien —Se rindió Sirius, abrazando a la niña y haciéndole cosquillas en el costado—, consigamos algunos. El rosa es tan buen color como cualquier otro.

Eso causó que por la noche ya tuviese a Lily pintándole las uñas de rosa. Sirius se encogía de hombros cuando los demás lo veían. Después los arrastraron también.

James acabó preguntando si sus uñas negras lo harían pasar por guitarrista de una banda de rock. Harry observaba a su hija pintarle cada uña de un color distinto con una expresión de afectuosa resignación. Albus se sentía especialmente feliz por dentro con sus uñas verdes y grises.

Sí, tal vez sólo le temía a algunas cosas a las que no era necesario tenerles miedo.


En esta historia, amamos a Harry siendo un papá cariñoso y bueno /corazón, corazón.