El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Diciembre en La Madriguera

Draco quería barrer la mesa con las manos y empujar todos los pergaminos al suelo o a la basura, donde pudiese quemarlos con un incendio, pero su educación sangrepura y los últimos veinte años de darse sacudidas mentales para formarse algo mínimamente parecido a un carácter decente se oponían.

—Es inútil, ¿no? Si hubiese alguna forma, ¿no me lo habrías dicho ya? ¿No lo habrías dicho apenas te lo mencioné…?

—Contrario a lo que quisiera, no tengo las respuestas a todas las preguntas del mundo, Draco.

—Estudiaste Artes Oscuras por todo el mundo, Theo.

—Y mis especialidades son la Aritmancia y romper maldiciones —le recordó Theodore, con calma—, no esto. Los hechizos de unión mágicos no son considerados Artes Oscuras, nadie te obligó a usarlos, no te lastimaron, ni siquiera ahora lo hacen.

Draco se dejó caer en una de las sillas de la oficina de Theodore y exhaló, poniendo sus ojos en la ventana que daba al patio.

Nesrine había convencido a Scorpius de que la ayudase a subirse a un árbol, pero ninguno estaba seguro de cómo hacerlo, por lo que él intentaba alzarla y la niña gritaba cuando se le resbalaba una rama entre las manos. No creía que pudiese tomar forma de Veela a voluntad si se caía, pero estaba seguro de que Theodore ya les había colocado montones de hechizos de seguridad.

Habría sido absurdo esperar que pudiesen regresar a la Mansión Malfoy por diciembre sin romper el frágil equilibrio que consiguieron crear. Scorpius no tenía los ojos enrojecidos e hinchados cuando lo veía por las mañanas y eso era lo más importante para Draco. Las clases, sus amigos, la obra, esto sirvió para distraerlo, y temió que quedarse ambos en casa lo devolviese al estado que tuvo en el verano, así que pasaban las vacaciones con los Nott.

Theodore no tenía residencia propia en el país. Antes de que su hija entrase al colegio, Talía y él la compartían, llevándola en sus viajes durante largos períodos de tiempo a cualquier lugar en que trabajasen entonces. Sin embargo, la vieja casa de sus abuelos continuaba allí, sangrepurezca, pasada de moda y oculta de los muggles. El polvo no fue nada que la magia no pudiese quitar.

Draco tenía la esperanza de que su amigo, una de las personas más inteligentes que había conocido, pudiese ayudarlo.

Sabía que no era su culpa, pero con sus respuestas se frustraba más.

Ver a Scorpius riéndose en el patio relajó una parte de él que estaba inquieta desde el verano y que era difícil de convencer de que no estaba arruinándolo todo como padre.

Volvió a fijarse en Theodore cuando consideró que estaba más tranquilo. Él continuaba viéndolo, a la espera de que hablase. Si hubiese sido veinticinco años atrás, Theodore habría aguardado que detuviese su "berrinche", como solía llamarles.

—Mira —Theodore exhaló, se puso de pie y se acercó. Se recargó en el borde de la mesa junto a Draco—, las razones por las que una bruja pierde su cuerpo pueden ser muy variadas, pero yendo al punto…todo se resume en que se le acabó la energía de alguna manera. Sabes que todos tenemos cierta "energía", los magos diferente de la de los muggles. Esa energía es usada en cosas como los patronus, por ejemplo, y eso hace que sirvan para ahuyentar a los Dementores. Nuestra energía no suele acabarse de la nada, Draco.

—Astoria era la persona más normal en mi vida, Theo.

Cuando él le dedicó una mirada escéptica, Draco resopló.

—Ya, claro, no era- no es muy normal, pero tú te la pasas viajando hacia pueblos fantasmas, Blaise hace esculturas de hombres desnudos todo el día y lo de Pansy- todavía no sé en qué pensaba Pansy cuando se fue a vivir con una comunidad de sirenas del sur, pero entiendes el punto —Draco sacudió la cabeza—. Astoria revisaba cosas de un museo mágico, Theo. No es como si hubiese algún peligro allí, todos los artículos peligrosos eran vistos por alguien más, lo que ella traía a casa eran manuscritos, algunas pinturas, un par de máscaras y varitas de grandes magos de la historia. Se interesó por la Ley Mágica y era voluntaria en un programa de niños mágicos. ¿En qué se supone que se gastó su energía?

—No lo sé, Draco, pero…oye, tal vez no tengas que enfocarte en eso, ¿sabes? Dijiste que tenía a un medimago que la visitaba cuando se debilitó demasiado.

Draco asintió.

—Bueno, pues el medimago debería haberse dado cuenta de qué le pasaba, pero lo trató como si fuese una enfermedad hereditaria, ¿no?

—Dijo que era la maldición Greengrass —murmuró Draco, frunciendo el ceño—, por haber dado a luz a Scorpius. Se había acumulado todos esos años y estalló dentro de ella, algo así-

—¿Fue el mismo medimago que la trató en el momento crítico y la declaró muerta?

—Sí.

Theodore le dedicó una mirada conocedora y Draco rodó los ojos y negó.

—Yo estuve en el reconocimiento exterior, Theo, la vi, no respiraba, no tenía pulso y estaba en el ataúd.

—Pero…el ataúd estaba vacío más tarde, Draco.

Sí, eso lo había vuelto loco durante más de un mes. Cuando Maia Hemmings le dio la información que Astoria dejó con ella, hizo una rápida visita a la Mansión y abrió el mausoleo por la fuerza.

El medimago trasladó el ataúd después de que Draco hubiese confirmado que era ella, según los procedimientos estándar. Cuando le quitó la tapa con un hechizo, lo halló vacío.

—No he podido contactar con el medimago —masculló Draco, tirando del brazalete que ella le regaló—, desapareció de San Mungo, lo enviaron a una misión de no sé qué cosa de sanadores voluntarios. Ninguna lechuza lo encuentra.

—Hay que aceptar esto —Theodore se puso de cuclillas frente a él, de manera que tuviese que verlo—, no está muerta y definitivamente no está viva. No aquí. Por tu descripción y todo lo que he leído y visto, debe haber entrado al mundo de las sombras. No sabemos mucho de eso, hay rumores de que los Inefables querían investigar un "pasaje" que servía de entrada, pero…no se han dado resultados al público sobre lo que pase allí.

—Sólo quiero saber si Scorpius aún tiene madre, y- y si esas cosas van a hacerme algo si me quito el brazalete, ¿entiendes? Me rindo con lo demás. No importa, que haga lo que quiera, ¿igual no es lo que estuvo haciendo todo este tiempo? ¿Sabes cuánto toma crear un brazalete de estos? ¡Si hubieses visto cuántos pidió…!

Draco se forzó a respirar profundo y controlar su voz cuando se dio cuenta de que se estaba exaltando. Apartó a Theodore, se levantó del asiento y comenzó a moverse por la oficina como un animal enjaulado.

—Draco —Theodore probó con un tono más suave—, ¿realmente te preocupan las sombras que has visto cuando te lo quitas o…?

Draco se giró hacia él y apretó los labios, pero terminó estallando.

—¡Sólo digo que…que después de catorce años, pudo habérmelo dicho! ¡Pudo haberme dicho algo! Incluso si- si había una razón, una especie de Juramento Inquebrantable, algo que le impidiese contarme, al menos- al menos…

Draco hundió el rostro en sus manos.

—Estuve todo un día preguntándome si- si tendría que haberla llevado a San Mungo, a pesar de que ella no quería dejar la casa, si- si tal vez yo no había hecho lo suficiente, y si podría haber ayudado más, o hecho más, o evitarlo de alguna manera, antes de que…de que su voz sonase en el brazalete. Y lo primero que pensé no fue "mi compañera volvió", sino "ya está, es oficial, heredé la locura de los Black, ¿ahora con quién mando a Scorpius? ¿Con mi amigo que estudia magia oscura o con la que vive en el Caribe? ¿Mis padres que casi fueron a prisión dos veces o Blaise, que no se cuida ni a sí mismo?".

—Sabes que Scorpius siempre puede venir conmigo, con cualquiera de nosotros, pero- Draco- ¡Draco! —Theodore se puso frente a él y le colocó las manos en los hombros—. No es necesario, porque no perdiste la cabeza, así que respira. Respira. Inhala, exha-

—¡No quiero estúpidos ejercicios de respiración! ¡Estoy harto de ellos! ¡Astoria siempre me hacía respirar así cuando tenía una pesadilla! ¡No necesitaba respirar, necesitaba un botón para reiniciar esto y ver si le daba una sacudida a mi "yo" adolescente para que no hiciese tantas estupideces! ¡Así yo no tendría una jodida Marca Tenebrosa en el brazo y no estaría preocupado acerca de a dónde irá a parar mi hijo si me sucede algo! ¡Nadie quiere al hijo de un ex Mortífago cerca! Apenas tiene trece y ya le arruiné la vida y-

—Créeme, necesitas respirar y pensar un poco en lo que estás diciendo, Draco. Estás cerca de un ataque de pánico-

—¡No estoy teniendo un ataque de pánico! ¿Te parece que no conozco uno? ¿Que no he tenido suficientes?

Theodore suspiró.

—¿Ya te sientes mejor?

—¡No! ¡No me siento mejor! —Draco se apartó de él y volvió a dar vueltas por la oficina—. ¡Me siento peor, mucho peor! ¡Merecía sinceridad! ¡Me lo merecía! ¡Me gané el derecho a que fuese sincera, acompañándola por catorce años! Vi la peor parte de ella, la parte que era calculadora y engreída, y la escuché cuando me decía qué cosas debían cambiar en mí, porque tenía razón al hacerlo, y le- le conté todo lo que me pareció que podía contarle a alguien, todo lo que podía sacar de mi cabeza que es un desastre en ruinas después de la guerra, y aun así…aun así…

—¿Mejor?

Draco negó.

—Estoy tan molesto con ella.

—Estás herido —corrigió Theodore, que había vuelto a sentarse para esperar que su arranque se detuviese.

—La odio.

—Oh, por Merlín, acabo de oír otra vez a un Draco de once años diciéndome que odia a Harry Potter porque golpeó su orgullo al dejarle la mano extendida-

—Esto es diferente —replicó Draco, cruzándose de brazos.

—No, es igual —contestó Theodore—, estás herido, lo entiendo. Cuando alguien te hiere, sueles enojarte. Tirar a morder. Pero no hay nadie para atacar aquí, más que tú o yo —Extendió los brazos y se encogió de hombros—. No te puedo quitar el enlace que tienes con ella, apenas puedo bloquear tu lado de la conexión a medias, pero vas a tener que quedarte con el brazalete y tragarte tu rabia, porque si te lo quitas, no sé si te perderemos a ti o algo vendrá. Y Scorpius está en el patio. Y Nesrine también, y si algo le pasa a mi hija por tu berrinche, te juro que ambos acabaremos en Azkaban y Pansy y las sirenas van a tener que cuidarlos a los dos, así que te sientas, te calmas, respiras y te tomas un té, o hago el té, lo traigo y te lo echo encima.

Draco se sentó.

—Excelente —Theodore asintió y carraspeó—. Ahora que volvemos a ser dos adultos razonables, hablemos de lo que quieres hacer.

—Quiero una taza de té —musitó Draco.

Unos minutos más tarde, los dos se encontraban sentados en lados opuestos de la ventana, desde donde podían ver a Nesrine intentando tomar frutas del árbol encantado para pasárselas a Scorpius; lo que fuese que crecía allí tenía el mismo color que la escarcha del invierno, una silueta redonda y sobrevivía a esa baja temperatura. El té estaba recién preparado y Draco tenía que admitir que era más sencillo respirar.

Tal vez sí hubiese estado al borde de una leve crisis.

Theodore colocó su taza sobre la mesa entre ambos después de un par de sorbos.

—Pude bloquear su entrada cuando llegaste enojado de la reunión con Maia y dijiste que no querías oírla hablar, bien, pero la conexión del enlace es mucho más profunda. Sólo ustedes dos la pueden romper, a menos que ella termine de morir, y si quieres intentar algún tipo de invocación…tengo que reanudar la conexión del brazalete, así que volverás a oírla —Theodore hizo una pausa, en la que lo observó con atención—. ¿Qué tienes en mente?

Draco meneó la cabeza y miró por la ventana de nuevo.

—¿Esas cosas…esas sombras que salen cuando me lo quito pueden entrar a nuestro mundo?

—A través de ti y esa conexión tan rara…tal vez —Theodore se encogió de hombros.

—Así que entrarán aquí si me lo quito.

—No puedo estar seguro de que no vendrán sólo para jalarte hacia ella, pero sí, puede ser.

Draco asintió, despacio, y bebió más té.

—¿Tú qué harías en mi lugar?

—No sé —admitió Theodore—, sólo estoy recordando que hace catorce años te dije que mejor no te casaras porque casarte te iba a complicar la vida.

—¿En serio? ¿A esto te referías con la forma en que se complicaría mi vida, Theo?

—Es complicado, ¿no?

Draco emitió un vago sonido de protesta y negó.

—¿Puedes invocarla como a un espíritu?

—Puedo intentar.

—Y romperíamos la conexión mientras esté aquí, ¿no?

—Ese sería el plan, si lo logramos.

—¿Qué tan posible es?

—Suena más lógico que esperar que las sombras desaparezcan por sí solas…

Pasaron otro largo momento en silencio.

—Déjame pensarlo —indicó Draco, de pronto—, lo consideraré estos días y te diré si prefiero sólo ignorarla hasta que se desvanezca o invocarla.

—Lo ideal sería invocarla el veintiuno de diciembre, es un día con mucha carga mágica y tiene la noche más oscura del año.

—Lo pensaré —repitió Draco, entre dientes.

Theodore asintió. Ya que no añadió más, siguió hablando.

—Y sobre lo que quieres hacer con ella…

—No quiero ni pensar en Astoria hasta que decida lo que siento con respecto a todo lo demás, ¿de acuerdo?

Theodore volvió a asentir.

—Le podemos decir La Innombrable, como al ex de Pansy.

Draco casi se rio.

—0—

La Madriguera era un verdadero caos ese diciembre. Molly reunió a los magos adultos capaces de su familia, los hizo extender el toldo que se usaba para los eventos especiales, desnogmizar el jardín, derretir la nieve y crear una barrera climática que mantuviese la maravilla del invierno pero sin que alguien se fuese a quedar pegado a su asiento por el frío.

La familia entera se encontraba allí, las expansiones en la casa a lo largo de los años no evitaban que alguien tuviese que ocuparse de administrar el espacio, parecía haber más niños cada vez que Harry parpadeaba y los mayores eran divididos en grupos para encargarse de organizar todo como a Molly Weasley le gustaba.

Ron, por ejemplo, estaba metido en la cocina desde las seis de la mañana, con Bill y Molly.

Percy no paraba de dictar órdenes y colocar listas con los nombres de quiénes se quedaban a dormir en los cuartos en cada puerta, con una seriedad que no le veían desde que fue Premio Anual. No ayudaba que George cambiase las listas cada poco tiempo. Sus discusiones se oían por toda la casa.

Harry y Hermione estaban en el grupo encargado del patio. Hermione sacaba al último gnomo de las barreras y veía a la criatura darse la vuelta y mover el trasero de forma burlona en su dirección.

—Deberíamos conseguirles otro sitio donde vivir —mencionó Hermione, cansada—, igual que al ghoul del ático.

Una nueva iniciativa se avecinaba, ya lo veía venir. Hogares para las criaturas mágicas indefensas. Se conocería como HoCMI.

Harry se aseguraba de que el toldo no se volaría incluso si había una tormenta de nieve allí y que la temperatura se mantendría en un punto decente cuando ella se acercó para ayudarlo.

Hermione tenía esa cara que hacía cuando quería hablar de algo, pero aún no sabía cómo sacar el tema. Y temía que sabía qué era.

—Así que…

Oh, sí, ahí estaba.

Harry respiró profundo, buscó alrededor con la mirada para asegurarse de que James no era el responsable del grito que acababa de escuchar y se fijó en las barreras de nuevo.

—Ginny regresó justo el día en que los chicos vinieron, genial, ¿no?

—Sí —La respuesta de Harry fue inmediata y siguió sin verla.

—Debiste estar feliz, fue bueno que llegara. Estuvo fuera desde septiembre, ¿no?

—Ajá.

Con el paso de los años, sospechaba que a Hermione se le contagió un poco la falta de sutileza de Ron. O puede que Harry ya conociese sus trucos.

—No sé cómo me sentiría si no veo a Ron en tres meses, sin contar los meses que estuvo fuera cuando los chicos estaban en el otro ciclo escolar. Seguro funciona para algunos, pero debe ser difícil que la persona con la que compartes tu vida se ausente tanto…

Harry la miró de reojo y notó que Hermione arqueaba las cejas, esperando que le contase. Él negó.

—Está haciendo lo que le gusta, eso es bueno para ella.

—Claro —Hermione se desanimó e intentó otro método—, pero seguro que incluso a ella tienen que darle vacaciones…

Sabía lo que quería saber y esperaba que decírselo supusiese el fin de aquella plática sin sentido.

—Vino por diciembre, se va el día después de que los chicos vuelvan al colegio.

—¿Por cuánto tiempo?

Harry se encogió de hombros. Se percató de que su amiga quería decirle más y sintió que era salvado cuando escuchó que alguien lo llamaba desde la casa.

—¡Los Scamander acaban de llegar por la chimenea! ¡Luna está aquí, Harry!

Harry lo utilizó como excusa para huir de ahí.

Ese año, los Weasley tenían más visitas que nunca. Los Scamander sólo eran parte del grupo. James corrió hacia la sala cuando él lo hizo y recibió a Lorcan con un abrazo que casi lo levanta del suelo. Después se tiró sobre Lysander.

Harry saludó a Rolf, y medio segundo después, tenía a Luna colgada del cuello.

—¡Harry!

—Hola —Harry se rio, genuinamente feliz por primera vez en todo el día. La estrechó más—, ¿cómo está mi fantasmalóloga favorita?

Luna sonreía cuando se apartó un poco. Se ajustó unos lentes rosa y gigantescos y empezó a contarle sobre los fantasmas de Grecia, el lugar donde Rolf investigaba a unas criaturas mitológicas no-tan-falsas y ella trabajaba en las ruinas hasta que los gemelos volvieron del colegio por vacaciones. Todo sonaba tan extraño, loco y divertido como las demás anécdotas de Luna. Era familiar, agradable, y Harry en serio la adoraba por eso.

Además de los Scamander, se les unían Teddy con su abuela Andrómeda, un Sirius que tenía los nervios de Molly en el límite desde que quiso jugar Quidditch dentro de la casa, unos amigos de Victoire, Neville Longbottom, un compañero de Fred II que era huérfano, y según Harry, el nuevo "adoptado" de Molly.

También fueron invitados los Malfoy, después de que Hermione le mencionase a Molly sobre la muerte de Astoria en el verano, y con ellos, probablemente llegarían los Nott, porque Albus y Lily querían invitar a la hija de Theodore.

Harry estaba convencido de que la casa explotaría antes de la navidad. A medida que las personas entraban y el griterío subía de volumen, temía que ni siquiera superarían la noche.

Luego de asegurarle a Molly tres veces que el patio estaba listo, el grupo se dispersó y fueron "reasignados". Harry iba a entrar a la cocina, hasta que vio a Ron golpeando a Charlie con un cucharón y diciéndole que no tocase su comida porque era para la cena.

Jamás había visto a alguien actuar tan Molly.

Decidió darse la vuelta y abandonar la idea de ofrecerle ayuda. En su lugar, quedó asignado en la logística, junto a Percy. Él no lo quería organizando los cuartos ni el equipaje, así que Harry básicamente saludaba a los que llegaban, veía que los menores (con Sirius y George) no hiciesen estallar todo lo estallable y esperaba que la comida estuviese lista para poner la mesa y llamar a los demás.

Hermione se sentó junto a Fleur, Audrey y Angelina para ayudar a tejer los suéteres faltantes que Molly les permitió completar, después de mucha insistencia sobre que ella no podría con todos sola. Ron seguía sacando a la gente de la cocina a cucharazos. Harry estaba seguro de que James jugaba Quidditch en las escaleras y Lily era la que se lanzó por la barandilla y esperaba que nadie gritase de dolor de repente.

Cuando los Malfoy salieron de la chimenea, Harry estaba justo ahí, en medio del caos, con la ropa desarreglada y cubierta de tierra tras la pelea con los gnomos del jardín, el cabello en un nuevo nivel de desorden y sosteniendo una muñeca que la hija menor de Percy le dio por algún motivo desconocido.

Scorpius salió primero, con su ropa a la medida que intentaba copiar un estilo casual y una serpiente negra enroscada en el cuerpo que atraía la mirada de quien fuese. Albus parecía tener un detector de Scorpius, porque alcanzó la sala antes que Rose. Cuando ella llegó a saludar, Albus ya hablaba con su mejor amigo.

Draco Malfoy vino después, con un traje negro y esa expresión de no saber bien qué hacer en un sitio tan caótico. Localizó a Harry, lo saludó con un cabeceo, y medio segundo después, ya perdía a su hijo en una multitud de cabezas pelirrojas.

Los Nott vinieron con ellos, como Harry predijo. Nesrine se olvidó de la existencia de su padre apenas cruzó la chimenea y siguió a Albus y Scorpius, preguntando por Lily en el camino.

—No tardó ni medio minuto —Oyó que decía Theodore, que veía el lugar por el que se fue su hija—, ni siquiera había estado aquí antes…

Draco le dio una palmadita en el hombro.

—Scorpius fue peor la primera vez. Te acostumbrarás. No te recuerda hasta que le dices que tienen que irse…

Como todos los adultos tenían que ocuparse de algo, Theodore acabó de alguna manera misteriosa ayudando a hilar la lana de los suéteres marca Molly, con una expresión de profundo aturdimiento, y Draco se unió a Harry para supervisar que ningún chico tirase abajo la casa.

Claro que seguían siendo pocos a comparación de la rama de nietos de Molly y Arthur. Cuando Teddy se lanzó sobre ellos, rodeando los hombros de cada uno con un brazo, Harry ya sabía que intentaba distraerlos.

—¿Dónde está James? —indagó. Su ahijado sólo se rio—. ¿Dónde está Sirius?

—No sé, Harry…

Hubo una explosión en el ático, seguido de un largo quejido y pasos fuertes. Después un mago hechizado para parecer una criatura enorme y peluda intentaba bajar las escaleras y un grupo de chicos corría sin control por ahí, gritando. Sirius entre ellos, por supuesto.

Draco utilizó un hechizo de zancadilla en Sirius y luego fingió que nada sucedió, mientras el mago protestaba desde el suelo. Harry lo vio y comenzó a reír.

No sabía cuándo fue la última vez que se rio tanto.

—0—

Por la noche, La Madriguera continuaba en pie, por lo que Harry creía que era un acto de magia y voluntad pura de parte de la casa y Molly. Creía que si comía otra porción de tarta explotaría y así se lo hizo saber a Molly, pero Ron se parecía más a su madre desde que nació Rose y puso otra tarta de melaza en su plato.

—Ron-

—Come ahora, habla después —respondió Ron, agitando el cuchillo con que lo cortó en su dirección.

Harry esperó a que se distrajese por lo que Rose le decía, recogió su plato y se levantó de la mesa. Pensó que debía quedar alguien que no tuviese el vientre lo bastante hinchado por tanta comida para querer un poco más de postre.

En el conjunto de sofás de la sala, Hermione se reía, abrazando a Hugo y bebiendo pequeños sorbos de un vino de color rosa claro, mientras George exageraba una historia que no era tan impresionante, de acuerdo a su esposa, y Fleur casi dormía a Bill al jugar con su cabello.

Ninguno tenía espacio para más tarta. Harry continuó moviéndose.

Molly y Percy regañaban a Charlie y Arthur por algo que sucedió en el garaje. Harry prefirió no acercarse.

Salió con su porción de tarta al patio y descubrió que Sirius reunía a un ejército de niños y adolescentes bajo el toldo. Les estaba contando sobre una broma que hizo en Hogwarts y a James le brillaban los ojos, de una manera que hacía que Harry sintiese que debía escribirle una carta de disculpas por adelantado a McGonagall.

Encontró a Draco en uno de los bordes del toldo, intentando disimular su sonrisa tras una copa con ese vino rosa.

Nesrine había jalado a su padre hacia una silla rosa de plástico, y Lily, junto a sus primas de edades similares, lo peinaban y le hacían preguntas sobre sus viajes, siguiendo esa historia sobre que era un espía. Un lado de la cabeza de Theodore tenía el cabello trenzado y el otro coletas de colores, pero él mantenía una expresión muy seria al responderles.

Scorpius y Albus estaban un poco más allá, sentados sobre una manta, escuchando una historia de Rose.

No supo si estuvo allí parado sólo un minuto o cinco. Lo sorprendió notar que alguien se le acercaba y se quedó quieto el tiempo suficiente para que un brazo se deslizase bajo el suyo y una cabeza se apoyase en su hombro.

Por un instante, pensó que era Ginny. Pero la magia que desprendía esta persona era diferente y Ginny debía estar intentando sacar de la cocina lo que Ron decía que era para el día siguiente, sin que se diese cuenta.

Luna lo miró de reojo cuando él giró el rostro. Harry le mostró su tarta.

—¿Quieres?

Ella asintió, sonriendo. Vio por encima del hombro un momento y Rolf se acercó al grupo de niñas alrededor de Theodore Nott. Se sentó en el suelo, junto a Draco, y enseguida Lily saltó sobre él, diciéndole "padrino esto" y "padrino lo otro".

—¿Caminamos un poco? —preguntó Luna, después de dar dos bocados a la tarta, con un brazo todavía enganchado al suyo.

Debía ser un poco incómodo y Harry la ayudó a comer, recibiendo un murmullo de agradecimiento a cambio.

Empezaron a moverse. Cuando se alejaron unos metros, notó que el ruido disminuía y ese ambiente más tranquilo le trajo un recuerdo de quinto año. De no poder hablar con nadie y de moverse con Luna justo así, sin necesidad de contarle los mayores secretos que tenía, ni de que lo presionase. Sólo caminar. A veces eso bastaba.

—Traje regalos para todos —indicó Luna, con su voz suave y amigable—, para ti también. Se los daré en navidad. Este año no me voy a equivocar, le pregunté a Hermione qué día era exactamente y lo tengo anotado —Sostuvo la tarta con una mano y le mostró la palma de la otra, donde escribió una fecha con marcador rojo—, ¿ves?

—Qué buen recordatorio —Fue lo único que dijo Harry, asintiendo.

—Te encantará tu regalo.

—Seguro que sí, Luna.

Ella siguió comiendo tarta felizmente por unos momentos. Rodeaban la casa y los laterales y la parte de atrás estaban más oscuros, pero no lo suficiente para necesitar un lumos.

—Intenté por mucho tiempo contactar con el fantasma de Sirius para traerlo y que pudieses hablar con él un rato, lo siento —Luna se volvió hacia él—. Pero estoy feliz de que no estuviese muerto. Muy feliz por ti.

—Gracias, Luna —musitó Harry, sincero—. Yo también estoy feliz.

Luna se paró frente a él, deteniéndolo, y ladeó la cabeza. Se sacó la cucharilla de la boca.

—¿Lo estás?

—Claro, recuperé a alguien que quería, pasé tiempo con él…

La mirada de Luna podía ser peor que la de Hermione. Ella tomaba en cuenta lo que veía y tanteaba en busca de una confirmación. Luna lo observaba como si se hubiese deslizado en su cabeza con legeremancia y tuviese respuestas que ni el mismo Harry podía darse a sí mismo.

—Siento que lo de Ginny no esté funcionando, Harry.

—Está bien —Harry carraspeó—, es…eso sucede.

—Sí —Luna se colocó a su lado, enganchó el brazo al suyo y le ofreció un bocado de la tarta, al que él no supo negarse—, eso sucede. Ya sabes lo que dicen sobre los finales.

—¿Que son un nuevo comienzo?

—No —Luna se rio—, que las cosas tienen que acabar con un banquete para que terminen bien —Lo vio de reojo y le tendió otro bocado que Harry aceptó, dejándose alimentar—. ¿Van a quedarse lo que queda de vacaciones aquí?

Harry asintió.

—Esa es la idea, si a Ginny no le molesta.

—Nosotros también queremos quedarnos, ¿y si entramos a la cocina antes de que Ron despierte? En Grecia, hay una ciudad mágica que cocina delicioso, Rolf y yo anotamos muchas de sus recetas…

Dieron una vuelta completa a la casa y terminaron de nuevo a unos pasos del toldo. Lily los vio llegar y fue hacia ellos. Sostuvo una mano de cada uno y los jaló.

—¡Está hablando de ti, papá! ¡Es la historia de cómo te salvó!

Albus, Rose y Scorpius se unieron al grupo que rodeaba a Theodore y Draco. El último gesticulaba de forma teatral, y al aproximarse lo suficiente, escuchó lo que decía.

—…así que lo pusieron frente a mí, porque yo era el único que lo podía reconocer con total certeza. Tenía toda la cara desfigurada por las cosas horribles que le sucedieron esos meses. Y obviamente supe que era él apenas me paré al frente, pero no podía decirles, porque los malos lo matarían…

Cuando Draco notó que Harry también oía el relato, le lanzó una sonrisita engreída y volvió a concentrarse en los niños. La historia llegó a su final casi como él la recordaba.

Apenas los más jóvenes se dispersaron y Luna empezó a hablar con su esposo, Harry se sentó junto a Draco y lo vio con las cejas alzadas.

—No recordaba la parte en que nos conseguías un elfo que nos sacaba de ahí.

—Tienes mala memoria —Fue la respuesta de Draco, en tono desdeñoso—, por supuesto que fue así. Dobby era mi elfo. Si yo no le dije que fuese contigo, ¿quién más podría haberlo hecho?

—Era un elfo libre.

—Pero no lo fue siempre, ¿cierto?

—Oh, sí, seguro tenías muchas razones para enviar a un elfo conmigo en segundo año…

—No sé, no sé, dejaré que lo pienses y veas si tenía o no razones para hacerlo…

Sí, La Madriguera sobrevivió esa noche a la familia y sus visitas.