El niño maldito
Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.
Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.
Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
La invitación
Por la mañana, Harry asentía a algo que Luna le decía y estiraba su brazo para alcanzar una taza en una repisa alta. Como no llegaba, utilizaba magia no verbal para que esta volase hacia su mano.
Escuchó un débil quejido a su lado y giró la cabeza. Seguía adormilado y toparse con un Draco Malfoy a esa hora, con su cabello lo más despeinado que los genes Malfoy le debían permitir y frunciéndole el ceño por robarse la taza que él quería, dejó la mente de Harry en blanco.
Draco decidió tomar otra taza, se sirvió café y caminó entre artículos que flotaban para ponerse a una distancia segura, desde la que saludó a Luna con un cabeceo.
—Hola, Draco —Luna le enseñó una sonrisa y siguió revisando la alacena. Junto a ella, levitaba una lista de ingredientes para saber qué había y qué sacaría de un bolso mágico extensible—, ¿qué tan bien puedes dormir con un espíritu cerca de ti?
Draco acababa de darle un sorbo a su café y empezó a toser de inmediato. La taza que Harry llenaba de café se tambaleó en el aire.
Luna los miró de reojo, con esa expresión de leve curiosidad que ponía cuando analizaba la reacción de otra persona.
—¿No te has dado cuenta? No es precisamente un fantasma —Luna bebió de su café y se ajustó los lentes rosa y azules que llevaba sobre la cabeza. Arrugó el entrecejo al "examinar" a Draco—. Interesante…
Draco vio a Harry con una ceja alzada, lo que él supuso que era una petición de una explicación para lo que estaba escuchando.
—Luna es una fantasmalóloga muy buena. Ha trabajado con varias agencias internacionales para resolver crímenes, en lugares en ruinas-
—Y para arqueólogos —añadió Luna, en tono animado. Se retiró los lentes y los agitó al gesticular—. Los arqueólogos necesitan hablar más con los espíritus. Si escucharan a las piedras, sabrían que no tienen que mover ciertas cosas o puede desatarse una maldición mortal que termine en la extinción de todos los magos. O la piedra podría caerles encima —Ella asintió y se encogió de hombros—, sólo la piedra lo sabría.
Como Draco volvió a observarlo, más aturdido, Harry intentó no reírse y se preguntó si sería el espíritu de su esposa el que lo rondaba. Le parecía un poco triste, si era el caso.
Probó hablarle en el tono más suave que podía.
—Luna también puede intentar convocar espíritus…
—¿Como una nigromante? —Draco se fijó en ella con renovado interés.
Luna le ponía un polvo blanco a su bebida y levantó la cabeza de pronto cuando oyó la pregunta, como si hubiese olvidado que conversaba con ellos.
—Ah, no, no- no exactamente, pero si lo he hecho. Es un proceso simple de runas que abre una conexión, es como invitarlos, funciona si la persona viva era cercana al espíritu o si este tiene algo que resolver con el mago…bueno, usualmente vuelven. También hay casos en que no quieren regresar y hay que entenderlos. Forzar a un espíritu a volver no termina bien…
—Oh.
Harry pensó que debía extrañar a su esposa para considerarlo con esa expresión tan seria y su pecho se apretó. Se acabó su café en el silencio de la cocina, apenas interrumpido por Luna trasteando en la alacena, y preguntándose si podía hacer algo para ayudarlo. Ya era un gran avance que hubiese sido arrastrado por Scorpius allí.
—Harry y yo vamos a cocinar —Luna continuó hablando. Veía a Draco por un segundo, sonreía y seguía revisando la alacena—. Más tarde pintaré. ¿Quieres pintar conmigo?
Se dirigió a Draco al decirlo y Harry se quedó aturdido al verlo asentir.
—Hace mucho que no pinto, sería bueno intentarlo.
—Pintar es algo maravilloso —Luna asintió y lavó su taza con un hechizo.
—¿Pintas? —Harry vio al ex Slytherin.
—La educación de mi madre incluía al menos una habilidad lingüística, una artística y una deportiva. Y eso todavía se quedaba "corto" para ella —Draco se encogió de hombros.
—¡La mía también fue así! Aunque mi papá terminó de enseñarme antes de entrar a Hogwarts…—La voz de Luna bajó y luego regresó a su tono emocionado—. Oh, pero es muy bueno, Lys y Lor también aprendieron mucho con eso. ¿Sólo pintabas como habilidad artística?
Draco negó.
—La habilidad artística para mi madre se dividía entre música y artes plásticas. Elegí pintar, y si no hubiese aprendido a tocar el órgano, me habría hecho bailar ballet como ella.
A Harry se le escapó un bufido de risa al imaginar al Draco cretino de la adolescencia en un tutú y de puntillas.
Draco estrechó los ojos en su dirección, como si supiese lo que acababa de pasar por su cabeza.
Por suerte, Luna lo distrajo con una charla sobre las tardes que pasaba en el laboratorio de su madre y trucos de pociones que le enseñó.
Cuando Harry comenzó a ocuparse de los ingredientes que Luna extraía de su bolso mágico, escucharon el choque de una escoba y la voz de James diciendo que estaba bien.
—¡Son apenas las siete, James! —recordó Harry, ya que Lily y Albus dormían hasta tarde en vacaciones.
Albus incluso superó el récord de llegar a la una de la tarde dormido.
—¡Estoy entrenando! —replicó James, desde algún punto de la casa—. Diez kilómetros corriendo, diez en la escoba y perseguir una snitch para empezar bien el día —De pronto, apareció en la cocina, jadeando, con ropa deportiva y la escoba sobre el hombro. Saludó con un cabeceo a los dos magos, besó la mejilla de Luna y recogió una botella de dos litros de agua—. Me estoy llevando a Lorcan, tía Luna.
—¿Y Lys? —indagó la bruja.
James negó.
—Prácticamente muerto, incluso lo sacudí y no se despertó. Balbuceó algo en griego, se dio la vuelta y siguió durmiendo —Luego vio hacia las escaleras—. ¡Apúrate, Lorcan, perdemos tiempo!
—¡Ya vooooooy! —contestó otro chico, desde algún piso superior.
—¡¿Quieres que sean veinte kilómetros corriendo?!
Se escucharon pasos apresurados en las escaleras. Rose bajaba con su propia escoba. Saludó a los demás, tomó su botella de agua y golpeó el costado de James con el lado de la escoba que se habría usado para barrer, si no fuese mágica.
—Los espero allá.
—¡Rosie se va sin nosotros, Lor!
—¡Ya estoy aquí! —Lorcan alcanzó el final de las escaleras, arrastrando los pies y llevando su escoba sin energía—. Ya, ya…¿de verdad no podíamos empezar a las nueve?
—Las siete de la mañana es la hora de la energía, Lor.
Lorcan se pasó unos segundos extras en la cocina, abrazando a su madre y diciéndole que él en verdad no quería ir a ninguna parte, además de su cama. James le agarró el cuello de la camiseta y lo arrastró fuera de ahí.
Los tres adultos que quedaron en la cocina se observaron y no pudieron evitar reírse.
El escándalo de los chicos pronto sacó a más gente de la cama. Molly quiso saber qué harían, Ron intentó meterse a la cocina. Teddy tomó una escoba provisional y fue a buscar a los chicos que entrenaban afuera.
Los pocos que salieron de la cama temprano desayunaron en la mesa sin agrandar, escuchando a Molly hablar sobre los suéteres que ya estaban listos y a los que, de acuerdo a ella, necesitaban "acomodar unos detalles en las iniciales". Después de que el comedor estuvo limpio, Harry se encontró, de alguna manera, incluido en lo que su psicomago habría dicho que era arte-terapia.
Luna, Ron, Draco y él ocuparon diferentes puntos del patio, bajo el toldo, con lienzos preparados por la bruja, pinceles prestados y las pinturas de los colores primarios.
—¿Me estás diciendo que los mezcle? —Ron le fruncía el ceño a su lienzo en blanco—. ¿Por qué no sólo me das el color que quiero usar?
—¿No sabes cómo formar colores, Weasley? —Draco agregó cierta burla en su tono que hizo que Ron se pusiese rojo.
—¡Sólo digo lo que me parece más práctico y rápido!
—El arte no tiene que ser ni práctico ni rápido —alegó Luna, sonriendo.
Rolf se les unió, sentándose tras su esposa para hacer comentarios agradables en voz baja sobre lo que pintaba. Después llegó Hermione a contestar en susurros cuando Ron le preguntaba qué colores formaban cuál.
—¿Cómo va a ser un naranja el marrón, Mione? ¿Estás segura?
—Muy segura, Ron.
—¿Por qué mi morado se ve tan azul?
—Le falta rojo, cariño.
—¡Eso no es verde, Mione! ¡Te pregunté si estabas segura!
Draco se inclinó hacia un lado y Ron intentó cubrir la vista del lienzo de él.
—El cian técnicamente es un azul, pero también puede ser considerado un verde, porque lleva amarillo. Si le pones más amarillo, se hace todavía más verde…
Ron miró a su esposa, vacilante. Cuando ella asintió, empezó a mezclar de nuevo. Hermione lo observaba con una sonrisa divertida.
Después de unas horas, la mitad de las personas en la casa estaban despiertas y los cuadros eran puestos uno junto al otro en el patio. Sólo Luna los consideraba obras de arte.
Harry se paró en medio del suyo y el de Ron, ladeó la cabeza y se sacó los lentes.
—Se ven mejor así, Ron.
Su mejor amigo le golpeó el brazo como protesta. Él se rio y se puso los lentes de nuevos. Ron intentó pintar La Madriguera y Harry un campo de Quidditch; ambos le recordaban a los dibujos que Lily le regalaba cuando estaba en primer grado.
—Está muy bien hecho —murmuró Draco, frente al lienzo de Luna, que creó una preciosa entrada a un laberinto mágico lleno de luces y sombras—, ¿cuántas capas usas?
—Unas siete, ahí sólo tiene tres —Luna se agachó frente al de Draco y sonrió—. Me encantan los detalles de las plumas.
—Practiqué tanto con ellos que podía dibujar uno en menos de cinco minutos con todos sus detalles…
—Es un pavo blanco —Ron se fijó en el lienzo de Draco y arrugó el entrecejo.
Sólo veía un pavo blanco con una gran cola y un cisne del mismo color.
—Es un pavo real albino —corrigió Draco, utilizando el tono de superioridad que sabía que más lo molestaba.
—Un pavo blanco —insistió Ron.
—Ten un poco de clase, Weasley, no compares a un pavo real con un pavo común. Por algo son pavos "reales".
—La única diferencia es que presumen como tú, Malfoy —Ron agitó las manos a su alrededor como si tuviese una gran cola que presumir, "imitando" la postura de Draco. Oyó la carcajada de Hermione enseguida.
Harry no sabía que el blanco pudiese tener "tonos", así que se limitó a contemplar los cuadros de ambos y pensar que el suyo y el de Ron necesitaban una nueva categoría. Tal vez "arte mágico simple".
Cuando el resto estuvieron despiertos, Luna agregó otra capa a su lienzo con Lysander, que se sentó junto a ella y agarró un pincel más delgado, y Scorpius abrazó a su padre cuando Draco le regaló la pintura de las aves.
—Su patronus es un cisne —aclaró para Harry, que los veía con diversión tan pronto como Scorpius tomó el lienzo y corrió hacia adentro para mostrárselo a Albus.
—¿Y el tuyo es el pavo real? —indagó, entretenido por la idea.
Se lamentó apenas la expresión de Draco se tornó más seria.
—Los Mortífagos no pueden hacer patronus.
—Snape podía —Harry bajó la voz al decirlo.
Draco lo miró como si fuese un dato interesante que jamás imaginó.
—Siempre pensé que…la Marca Tenebrosa tenía una especie de maldición que lo impedía.
Media hora después, Harry intentaba explicarle por qué su postura para lanzar el patronus no era la correcta y Draco había entrado en su modo más orgulloso para negarse a aceptarlo.
—¡Lo estoy haciendo igual que tú!
—¡Si lo hicieses igual que yo, ya te saldría un patronus!
—¡Estoy maldito! —dramatizó Draco, tirando la varita a un lado, aunque levitó de vuelta a su mano enseguida.
Harry se empezó a reír.
—No, sólo tienes que practicarlo un poco sin empezar quejarte, incluso tu hijo puede hacerlo.
—Scorpius es mejor que yo —Draco soltó un teatral suspiro y se encogió de hombros.
A petición de los Weasley más jóvenes, los adultos en el patio convocaron sus patronus para mostrarles el hechizo. Harry sonrió cuando notó a Lily maravillada con su ciervo.
Al menos, hasta que un caballo se le acercó por detrás, la deslumbró y atrajo su atención. Lily vio a ambos patronus, se rio e hizo ademán de tocar sus "cabezas".
Harry le dirigió una mirada "indignada" a Ginny, parada en el punto en que apareció el caballo. Ella sólo se burló, sacándole la lengua.
El espacio bajo el toldo estaba lleno con criaturas brillantes a plena luz del día. Teddy insistía en que su patronus de lobo era el más genial de todos, los niños se reían y Hermione le decía a Ron que dejase de hacer que su patronus persiguiese al de ella.
Scorpius convocó a su patronus de cisne para que diese vueltas alrededor de su padre, pensando que lo animaría. En realidad, no funcionó, porque cuando Lily animó a Albus a lanzar el suyo, el mapache de Albus empezó a perseguir al cisne.
Harry observó a ambos patronus que se "deslizaban" por el aire, con la sensación de que algo sucedía allí, y luego vio de reojo a Draco, que también tenía una expresión pensativa y le regresó la mirada.
—¿Deberíamos decirles algo…?
Draco vio a su hijo y a Albus y negó.
—No, es mejor no meternos. Podría ser casualidad.
No sonaba muy convencido, pero Harry lo aceptó de todas formas.
El resto del día fue tan animado y tranquilo como la mañana. Cuando Harry no estaba escuchando una historia de Lily, le hacía una pregunta a Albus sobre sus clases optativas y el club al que tanto tiempo dedicaba. Jugaba Quidditch con James y Teddy, conversaba con sus amigos o era "atacado" por cierto perro negro que tenía a Molly al borde de un colapso por el desorden que hacía.
—¡Compórtate, Sirius! —exigía cada vez que el perro saltaba sobre la mesa o encima de alguien. Y Sirius se limitaba a ladrarle y huir, sacudiendo su cola.
Descubrió que Sirius trasladó las piezas de su motocicleta al garaje de los Weasley, con permiso de Arthur, apenas supo que estarían ahí los siguientes días. No le preocupó que James se le uniese para intentar arreglar el vehículo, pero sí un poco oír a Sirius hablarle de cómo conseguir una forma animaga.
No quería imaginar el desastre que causaría James si podía convertirse en un animal.
Además, estaba ese detalle.
Ginny se paró a su lado a media tarde, después de que los chicos hubiesen decidido convertirlo en árbitro de un juego en que apostaban con artículos de poco valor, como knuts, anillos o broches para el cabello. Harry la miró de reojo y regresó su atención a la maniobra de Rose en la escoba.
—Lily me preguntó si yo te estaba dejando o tú a mí —soltó Ginny de pronto, en voz muy, muy baja.
Harry suspiró.
—¿Qué le dijiste?
—No pensaba decirle nada hasta haberlo hablado contigo —aclaró Ginny, adoptando una expresión de disculpa—, pero era obvio que no me estaba creyendo y sabes cómo se pone cuando piensa que alguien le dice una mentira-
—Sí, tiene tu carácter.
Ginny lo codeó y le frunció el ceño.
—Le dije que era un acuerdo mutuo.
—¿Lo es? —Harry se pasó una mano por el cabello—. Hasta donde yo recuerdo, tú me dijiste que querías un "tiempo para pensar y organizarte" y yo estaba almorzando tranquilamente, sin imaginarme que eso se traducía a "me voy por cinco meses a otro país y luego hablamos".
—Se alargó más de lo que el equipo tenía planeado. Lo siento.
Harry sacudió la cabeza y le advirtió a Rose que no le lanzase bludgers en las cabezas a sus primos o tendría que agregar hechizos de seguridad extras al partido.
—No te culparía si estás molesto, ¿sabes? Quiero decir, estuvo mal, lo entiendo comple-
—Mira —Harry se giró para verla—, no tengo ganas de hablar de esto aquí, pero es un buen momento, tomando en cuenta que los chicos y el resto de los Weasley están distraídos. Si es por lo del equipo, no. Tú querías jugar Quidditch desde antes de empezar a tener algo conmigo, desde antes de la guerra, y yo siempre pensé que si no hubieses tenido a James, seguramente te habrías dedicado a jugar. Y es genial que hayas dejado de escribir los artículos deportivos que tanto te fastidiaban para estar ahí, eligiendo jugadores para un equipo, asistiendo a los partidos. Sé que querías eso.
—¿Pero? —Ginny arrugó el entrecejo.
—Pero "quiero un tiempo" suena a "te estoy dejando y no sé cómo decirlo todavía" y hubiese preferido más honestidad para evitarme la frustración de los primeros dos meses sin una sola carta, preguntándome si hice algo.
Se sintió mucho más ligero después de soltarlo. No tenía idea de que lo llevaba como un peso en el pecho hasta entonces.
—Dejé pasar mucho tiempo, debí estar más pendiente, no quería herirte si no estaba segura de cómo me sentía-
—No te salió muy bien, pero ya pasó. En serio —Harry negó y volvió a fijarse en el juego—. Estoy feliz de que hayas vuelto para las vacaciones de los chicos en el verano y ahora.
Ginny suspiró y pasó su mano sobre el brazo de Harry varias veces, de arriba a abajo, de la manera en que hacía cuando tenían veinte años y Harry se despertaba por una pesadilla de la que no sabía cómo hablar. Aún en ese momento, lo relajó un poco.
—¿Podemos hablarlo tranquilamente tomando algo cuando tengas un rato libre? —murmuró Ginny—. Encontré una bebida con sabor a tarta de melaza, una especie de malteada. Traje un montón de sobres para ti de Italia. No son una disculpa- sé que fui muy irresponsable al no explicarte nada y estás en todo tu derecho de no querer que hablemos de esto, pero…¿una ofrenda de paz y lo conversamos como debimos hacer antes? ¿Te parece?
—Estoy intentando parecer indignado y no puedo si me traes comida —protestó Harry. Su tono quejumbroso aligeró el ambiente y le arrancó una carcajada.
Theodore continuaba por ahí, arrastrado por su hija al patio. Nesrine se unió al juego con Lily y Harry le pidió al ex Slytherin que se encargase de vigilar a los chicos en su caótico partido.
Ginny le mostró cómo preparar la malteada en base a un sobre de polvo que le recordaba a las bebidas muggles, sólo que era hidratado con un hechizo, y se lo bebieron sentados en el marco de la ventana del cuarto que le dieron cuando se hizo lo bastante mayor para que Molly la separase de sus hermanos. Tenían una buena vista del patio y de Lily y James jugando.
No hablaban tanto desde el regreso de Sirius en el verano.
—0—
Era la noche del veintiuno de diciembre. Bajo el toldo del patio de los Weasley, Harry llevaba a cabo su último intento del día de enseñarle a Draco Malfoy cómo hacer un patronus.
—¿Estás seguro de que piensas en algo lo suficientemente feliz?
—Estoy pensando en la primera vez que cargué a Scorpius —Draco le frunció el ceño—, sonrió apenas me vio y agarró mi dedo. No hay nada más feliz para mí que ese recuerdo, Potter.
Harry se enterneció y estaba seguro de que su expresión lo delató, porque Draco arrugó la nariz enseguida.
—Lo que no significa que me haya hecho blando con la edad. Ni lo menciones.
—No, no, para nada, creo que es muy rudo querer a tu hijo, sí, algo que haría cualquier mago malvado…
Mientras tanto, en un viejo cementerio, era la segunda vez que el hechizo de búsqueda fallaba. Astoria caminaba en línea recta, ida y vuelta, entre las figuras de magos encapuchados y con una rodilla hincada en el suelo y se enojaba todavía más porque sólo estaban ahí, en lugar de darle una solución a su problema.
Era el comienzo del Yule y su hijo se encontraba más allá de su alcance.
—¿Cómo es posible? —Astoria se giró hacia Simon, que había vuelto a arrodillarse tras el segundo fallo. El negro en sus ojos se disipaba cuando paraba de usar su peculiar magia.
—Hasta ahora, nuestra Señora no ha superado las barreras por sí misma, sino por la persona a la que es llevada por los hechizos de búsqueda —explicó Simon, deprisa—. En Hogwarts, podía ir hacia Draco Malfoy por el brazalete o hacia el principito por la serpiente que le dejó. Su conexión con Harry Potter y la similitud entre ambos le permitió colarse en sus barreras, sólo lo necesario para darle la carta del pársel. Pero en el lugar en que Draco Malfoy puso al principito…parece ser que tiene protecciones específicas para este tipo de magia.
Astoria se cruzó de brazos y lo consideró unos momentos, ceñuda.
—Mi Señora —intervino otra figura encapuchada—, sé de una fuente confiable que Draco Malfoy pensaba llevar a Scorpius a La Madriguera, la casa de los Weasley. Fueron invitados por Albus Potter, pero no sé a cuánto tiempo se extendía esa invitación. La Madriguera fue conocida por ser uno de los principales puntos seguros durante la guerra, casi el cuartel mismo de la Orden del Fénix, y después de que los Mortífagos se metiesen…la seguridad creció de una forma sorprendente. Ahora debe ser incluso más segura que el Ministerio o Hogwarts.
—Puede que hasta tenga ciertos hechizos lanzados por el mismo Dumbledore cuando aún tenía la fuerza necesaria —alegó Simon, que ya no sonaba tan culpable—, hechizos activados en caso de que Voldemort decidiese ir por Potter o para evitar que se aprovechase demasiado de su conexión con él. Entonces no podré llevarla, mi Señora, mi magia no es intrusiva. A menos que Draco Malfoy abra la conexión del brazalete y me dé tiempo…
Astoria observó el cielo y calculó que no les quedaba tanto tiempo. Era una lástima no poder verlo. Se moría de ganas de oír cómo le fue con la obra completa.
Ya sería otro día.
—No, él no abrirá la conexión. Sigue molesto y puede ser terrible cuando está herido.
—Podemos intentar convencerlo de-
—No —Astoria negó—, les he dicho que lo dejen. Es mi culpa, debí tomarlo más en cuenta al planear esto. Draco puede ser tan calculador o un completo desastre emocional, no tiene puntos intermedios y yo lo sabía. Tendré que esperar que necesite comunicarse conmigo o haya tomado una decisión. Y creo que hará falta que lo vigilen más, ¿se puede aunque esté con los Weasley?
—Se puede, mi Señora —aceptó el primer encapuchado en hablar.
—Háganlo entonces, por favor. Temo que haga algo que no debe por ignorancia y no podemos darle más información de la que tiene sin poner en peligro a ambos lados…—Frunció el ceño y sacudió la cabeza. Se fijó en Simon—. ¿Tienes mi canción lista?
Simon bajó la cabeza de inmediato.
—Sí, mi Señora.
—Comenzaremos por pequeños pueblos esta misma noche. ¿Cuánto tiempo puedes retener al daemon de Scorpius?
—Al paso que está reuniendo energía, meses completos, mi Señora, pero…si las sombras se acercan…
—Lo sueltas enseguida, ¿entiendes? Ni siquiera lo dudes. La explosión inicial de poder lo defenderá si su caballero de oros no puede y eso llamará la atención de Draco. Tal vez después quiera hablarme, será por el bien de Scorp. Es un buen padre y una buena persona, se tragaría su molestia por él.
—Sí, mi Señora.
Astoria contempló el cielo una última vez.
—¿Cuánto tiempo crees que podamos evitarlo, Simon?
Escuchó un suspiro.
—No podemos hacerlo eternamente, mi Señora, ni aunque lo intentemos.
—Él lo sabía, por eso no se molestó en hacerlo…
—Hemos dejado las pistas correctas en los lugares correctos —agregó otro mago—, nuestro contacto con los Aurores se ha asegurado de que sean vistas. Tenemos esperanzas de que Harry Potter y Ronald Weasley estén cerca de la respuesta para cuando suceda.
—Ronald —repitió Astoria, pensativa—, Ronald, Ronald…¿lo descubrirá?
—Nuestro contacto dice que sí lo entenderá, sólo necesita la ayuda correcta y un poco de tiempo para analizarlo sin nuestra información directa.
—Bien, eso será todo entonces —Astoria exhaló—. Por favor, ocúpense de sus tareas y gracias por su trabajo de estas semanas. Lo están haciendo excelente. Simon, la canción. Quiero que Weber y Dubois vayan contigo para ayudarte cuando los tengas. Saben a dónde ir y cómo llegar. Campbell lo tendrá todo listo. Bijl —Extendió el brazo hacia un mago encapuchado, que se levantó enseguida—, Aparéceme.
—No es recomendable que…—Intentó persuadirla Simon, hasta que ella le dedicó una mirada interrogante. Calló.
—Bijl, Aparéceme —repitió Astoria, más bajo. Luego sólo hubo un plop.
—0—
Esa noche también estuvo llena de sucesos importantes. Música que llenaba las calles de pequeños pueblos, durmiendo a unos y sacando a otros de sus casas. Las alarmas del Departamento de Aurores fueron disparadas de nuevo.
En La Madriguera, Draco se preparaba una taza de té para calmar su mente y negaba cuando Theodore Nott le preguntaba si convocarían al espíritu de Astoria.
—Es el mejor día, Draco.
—No quiero verla hoy, ha sido un buen día, y yo…todavía no sé cómo sentirme sobre todo esto —Draco volvió a negar—. Sólo…tengamos unas vacaciones normales, somos invitados, yo más que tú —bromeó, agitando una mano hacia él—. Hablaré con Luna sobre eso, puede complementar tus ideas con las suyas. Tú lo dijiste; no es tu especialidad.
Le invitó una taza de té de todos modos y hablaron sobre los patronus, los Mortífagos, Scorpius y Nesrine divirtiéndose con los Weasley.
Y en el Callejón Knockturn, una joven bruja discutía con el dueño de un local de cambio de moneda ilegal.
—¿Para qué necesitas tanto dinero muggle?
—¿Para qué necesitas tú saberlo? ¿Es parte de tu trabajo ahora?
El dueño refunfuñó un poco, pero tomó los galeones y sickles y empezó a colocar sobre el mostrador billetes que contaba frente a ella. Liva llevaba una cuenta mental al mismo tiempo para estar segura de que no le daba menos de lo que debía.
Cuando recogió su dinero y lo encogía para deslizarlo en el "escondite" de turno, un nuevo cliente se paró a su lado. Liva le frunció el ceño, porque cualquiera con algo de experiencia allí sabía que iba contra el código del Callejón meterse en el negocio de otro, por muy turbio que fuese.
La figura encapuchada medía más de dos metros y arrojó varios galeones al mostrador.
—Cámbialos y dáselo a ella.
Liva se quedó ahí, con el dinero muggle recién escondido, el ceño fruncido, sus ojos pasando de la enorme silueta con túnica al dueño que contaba billetes. Estaba segura de que esa voz rasposa no pertenecía a alguien que conociese. Las deudas que tenían fueron saldadas esos días y ningún Auror tenía tal aura ni se metería allí en esa fecha y hora para buscarla.
Por unos tensos segundos, se preguntó si tenía que utilizar su hechizo de emergencia y lanzar un aviso con su ubicación a Ron, pero no se sentía en peligro, sólo extrañada por toda la situación. Era surreal que alguien cambiase dinero para ella sin una razón de peso que fuese dicha desde el comienzo.
El dueño incluso le tendió el dinero, Liva lo guardó cuando notó que él no pensaba moverse ni hablar y el sujeto de la capucha no le pidió nada. Eso estaba lejos de ser normal.
Date la vuelta, cruza la puerta y Aparécete de una vez, pensó. Iba a mitad de camino a la salida cuando se percató de que alguien estuvo detrás del tipo alto durante ese rato.
Esa fue la voz de una bruja y le habló antes de que pudiese marcharse.
—Si necesitas más, te podemos ayudar.
Liva se giró y la miró fijamente, sin ningún disimulo. El dueño sabía qué tipo de persona visitaba ese lugar y ya se había metido a la trastienda, huyendo de cualquier posible confrontación.
No, tampoco la conocía a ella.
—No, gracias por la oferta. Y por el regalo.
—Tenemos refugios y un sanador. Conseguí unas pociones para arreglar huesos que no requieren que uses magia…
—Dije que-
—…y una poción para recuperar la audición. Está diseñada para quienes sufren accidentes mágicos y repelen los tratamientos normales.
Liva tenía la mano sobre el pomo de la puerta, pero no la abrió. Su mente trabajó deprisa sobre las posibilidades. Si te giras, pensó, sabrá que estás interesada.
¿Cómo lo supo? ¿Cómo te identificó?
¿Ron?
Si Ron se lo dijo a alguien…
No, no haría eso.
¿No lo haría?
¿Por qué no lo haría?
Liva sintió que le costaba respirar, pero por fuera, continuaba igual que hace un momento al darse la vuelta de nuevo.
—No voy a hacer lo que sea que quiera, no haga que le tire su dinero de regreso.
—No es para que hagas lo que yo quiero —aclaró la bruja, suavemente—, es para que hagas lo que tú quieres —Luego extrajo de su túnica una tarjeta plateada con un sello que conocía.
Le mostraron el mismo sello cuando la invitaron al juego del secuestro con los Aurores. Liva movió su mano y le arrancó la tarjeta con un accio no verbal. Se aseguró de que era real y observó a la bruja con más atención.
—¿Es sobre…el proyecto Neverland?
La bruja sonrió y la invitó a caminar con ellos.
