El niño maldito
Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.
Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.
Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Decisiones junto a la ventana
Ron se Apareció a dos calles de distancia, miró alrededor para asegurarse de que no había ningún muggle cerca, se cambió de ropa con un hechizo y abandonó el callejón en que cayó.
Estaba relativamente cerca de una buena zona residencial y el parque frente a él se veía bien cuidado. Encontró una banca vacía en un ángulo que le dejaba seguir el trayecto de una niña muggle en silla de ruedas, riéndose de algo que le dijo una mujer joven a través de señas.
Tras unos momentos, la mujer la acercó a un grupo de chicos de su edad y se despidió de ella con una sonrisa. Mientras la niña se distraía hablando con ellos, esta caminó directo hacia donde estaba Ron.
No era un buen hechizo. Liva quería ocultarse de los muggles, no tanto de los magos, que escaseaban por allí, así que casi podía ver su cara a través de las facciones que se puso.
Se sentó junto a él y le ofreció una tarjeta. Tenía el sello que encontraron en los criminales entregados y el club en Francia.
Ron se aseguró de que no tenía una maldición, por costumbre, y lo abrió. Empezó a fruncir el ceño a medida que leía el contenido.
—Esto es…
—Todo lo que hace falta —contestó Liva. Sus ojos estaban puestos en la niña y el grupo con que conversaba—. La ubicación, la forma de deshacer la barrera, los números de sus bóvedas, el código para entrar al sistema una vez allí y ver cuáles niños se llevaron. Todo me lo dio ella.
—¿Quién es ella?
Liva se encogió de hombros.
—Ella.
—¿La viste? ¿A la líder de la Cofradía?
—Eso creo —murmuró Liva—. Alta, cabello negro, ojos verdes, piel clara. Debía tener más o menos tu edad. No parecía un glamour.
Eso encajaba bastante bien con Astoria, pensó Ron, revisando la tarjeta de nuevo.
—¿Por qué te lo dio?
—Sabe sobre mí —Liva lo miró de reojo—, no todo, pero sabe un poco. ¿Se lo dijiste a alguien?
Ron negó de inmediato.
—A nadie. Nunca.
Liva lo observó durante unos segundos más, como si estuviese considerando si debía creerle o no.
—Bien —Liva debió decidir creerle—, pues eso la hizo pensar que era perfecta para esto. Lo comprobé varias veces antes de venir. Las bóvedas están bien, todo el dinero que utilizó es legal, incluso tiene iniciativas y empresas reales de las que tomar las ganancias para mantenerlos. Y la forma en que han cuidado a los niños…estuve con ellos desde ayer. Están mucho mejor que en sus casas.
—Ignorando que es un secuestro…
—Una niña tenía quemaduras y moretones entre las piernas —La voz de Liva fue dura—, tan pequeña que me pidió ayuda para vestirse. ¿Te cuento más? Porque a un niño le cortaron la lengua en dos partes, y cuando creció con magia durante la noche, ellos volvieron a-
—Calma —Ron le habló con suavidad—, mira lo que estás haciendo.
Liva parpadeó y echó un vistazo alrededor. El cemento del sendero en que pusieron la banca se había agrietado. La banca misma se deterioró.
—Calma.
—Estaban en condiciones horribles —Liva apretó las manos en puños e intentó respirar profundo.
—Lo sabemos ahora.
—Debieron saberlo antes.
—Sí, debimos saberlo.
—Nunca están a tiempo cuando los necesitan.
Una grieta más grande dividió el concreto y traspasó a la tierra del parque. Varios arbustos se ladearon. Liva ahogó un quejido y se sostuvo la cabeza entre las manos.
—Ella habla a través de otra bruja —masculló Liva, masajeándose las sienes—, dijo que forma parte del proyecto Neverland. Hay dos chicos allí de ese proyecto, de los últimos refugios. Están más ocultos y no me dirán dónde, pero también están en buenas condiciones. Ellos estaban muy agradecidos con ella.
—Los sacó de las calles o de lugares violentos, por supuesto que le van a agradecer.
Liva asintió, más relajada a simple vista.
—Dijo que se lo diese a un Auror de confianza si tenía uno o a Harry Potter. Pueden ir a verlos a partir de mañana; eso fue lo único que pidió. Si intentan ir hoy mismo, las barreras se cerrarán y comprobé que no van a poder entrar después, la casa…su puerta puede abrirse hacia diferentes lugares y bloquearse también, es magia muy avanzada, el edificio completo cambia entre esos lugares.
—Van a sacar a más niños de sus casas hoy, ¿verdad?
Ella no le contestó. No necesitaba hacerlo.
—Necesitaré llevar a un medimago, al menos.
—Tenían sanadores la primera noche —explicó Liva—, pero sí, puedes hacerlo. A partir de mañana.
—¿La comida?
—Tres comidas al día y ayer hubo merienda. Vi el inventario. Tienen comida para más de una semana, contando con unos veinte niños más, que supongo será más o menos lo que quieren sacar hoy de sus casas…
Realmente fue bien planificado. Ron lo consideró unos segundos.
—¿En verdad están bien?
Liva asintió.
—Yo los vi mucho mejor hoy. Han hecho preguntas, claro, todos los niños las hacen, pero…ya sabes. La mayoría están traumatizados y lo único que captaron fue que el daño se había detenido. Incluso si no saben por qué y siguen tensos, no ser dañados es más de lo que la mayoría creyó que podría tener.
—¿La canción que utilizaron fue sólo para dormir a los muggles? ¿Ningún tipo de hipnosis en los niños?
—Los atrajo —admitió Liva—, pero por lo que entendí…creo que el que tocó la canción ya había establecido algún tipo de conexión con cada uno para que reaccionaran a eso.
Eso requería semanas, meses de planeación. Ron suspiró y asintió.
—Sé dónde van a buscar a los niños de hoy.
—Pero ya te dije que si interfieres, se quedarán sin los primeros niños-
—No estoy pensando en interferir —Ron guardó la tarjeta en su bolsillo y se pasó una mano por el rostro, más cansado de pronto—. Mierda. Tomará meses investigar cada caso aparte e integrar al sistema mágico a los niños de los expedientes que conseguimos estos dos días. Meses —repitió, negando—. En meses, lo que les pueden hacer antes de que los saquemos…
Liva lo observó un momento y se animó a darle una palmadita en la espalda.
—No quiero pensar en esos niños en condiciones así, pero sigue siendo ilegal sacarlos de pronto —aclaró Ron—, y no puedo conseguir un permiso para retirarlos de repente. Las señales son bastante claras y ver las lesiones en los niños ya dice mucho por sí mismo, pero no es suficiente para los archivos de los muggles…
—Archivos de mierda —gruñó Liva.
—Voy a ir con ellos —Ron se enderezó y la encaró—. Si es cómo dices, y estoy confiando en que en verdad sea un buen ambiente para ellos…voy a ir con la Cofradía a buscar a los niños hoy y a llevarlos. Traeré el medimago y voy a- supongo que dividiré todo el trabajo de la casa con Harry y Mione, es básicamente un hogar temporal. Pero yo voy y quiero ver a cada niño que tomarán y a todos los que ya están allá, ¿bien? ¿Puedes convencerlos de eso?
—Oh, Ronie —Liva se rio—, no necesito convencerlos. Ella ya predijo que Potter o tú lo harían. Los de la Cofradía no estaban seguros, pero les dije que si te lo daba a ti…posiblemente no querrías detenerlo, sólo hacerlo lo más seguro que pudieses para los niños.
Ron dejó caer los hombros.
—¿A qué hora van a buscarlos? ¿Qué pasará cuando los vea? Sigo siendo Auror, querrán usar un glamour o…
—Yo lo arreglo —aseguró Liva, emocionada—, hay formas de que veas a los niños, pero no a ellos. Luego iremos a la casa, hay una niña tan tierna- es pelirroja, te recordará a tu hija.
A Ron se le apretó el pecho al pensar en Rose en una situación tan horrible.
—Estoy feliz de tener un compañero de crímenes —Liva balanceó los pies en el aire, aguantando la risa.
—No soy un criminal.
—¿Quién acaba de decir que es secuestro sacar a niños ajenos de sus casas sin permiso?
—Ni lo menciones —replicó Ron, negando—, en serio. Jamás.
—Me pregunto qué pensaría tu esposa…
—Que estoy loco —Ron se rio— y después que hay que sacarlos. Y que tiene que crear más leyes para la protección de los niños mágicos que viven con muggles…y quizás también haría una campaña en el Ministerio para cambiar los registros.
—Ella me agrada —Liva también se rio.
Le palmeó el brazo hizo ademán de levantarse cuando Ron recordó algo.
—Un medimago en San Mungo me dijo que se está probando un tratamiento para heridas alteradas que no pueden recibir más magia-
Liva se detuvo, ya de pie, y soltó un teatral suspiro.
—Sí, la Cofradía ya me lo dio. Tengo que esperar —Miró hacia la niña en silla de ruedas—. Voy a estar otra hora con ella, la dejo con la enfermera y te mando un patronus apenas tenga los detalles sobre lo de hoy —Volvió a fijarse en Ron—. Sabes que si intentas algo raro, van a desaparecer con los niños, ¿cierto?
Ron asintió.
—Y si ellos me hacen algo-
—No te harán nada —Liva rodó los ojos—. Ya me vieron romper la misma pared dos veces por accidente y estaba bastante tranquila- para cómo he estado antes, quiero decir. Te tocan y podría desintegrarlos antes de darme cuenta. No sería lindo.
—Intenta no desintegrar a nadie, no quiero tener que agregarte más cargos y arrastrarte bajo la custodia de los Aurores. Otra vez.
La bruja se rio.
—Ay, Ronie, crees que me vas a volver a atrapar, qué encanto…—Se despidió con un gesto y regresó junto a la niña en silla de ruedas.
Ron se aseguró de que ningún muggle lo notaría y se Apareció desde ahí.
—0—
Harry cerró la puerta del ático detrás de sí y agradeció la comprensión de Molly con respecto al uso de su casa. O su histeria sobreprotectora, más bien. Apenas le explicó la situación sin detalles e insinuó que saldrían de ahí, Molly le espetó que ninguno de sus niños (abarcando desde Harry a sus hijos reales y nietos) iba a abandonar La Madriguera ese día.
Tenía una varita en mano entonces y todo el mundo sabía, desde lo de Bellatrix, que Molly Weasley no bromeaba cuando sostenía una varita.
Harry decidió seguir una de las enseñanzas de la Academia y su tiempo como Auror: mejor retirarse que provocar a una bruja angustiada.
Arrastró una silla frente a la de Draco, quien veía a través de la ventana al toldo en el patio, ahora vacío, y se sentó.
—Rolf dijo…
—Granger ya estuvo acá y me contó sobre lo de las dos consciencias —murmuró Draco.
—Debe ser Astoria la que se desliza dentro de la serpiente.
—Sí, eso explicaría mucho.
—Oye, nadie se habría detenido a pensar que podría haber hecho algo así cuando se supone que había muerto-
—No me estoy culpando —Draco giró el rostro para verlo, aturdido—. Estoy impresionado por lo bien que lo pensó. Debió tomarle mucho tiempo.
Harry sospechaba que jamás entendería del todo a los Slytherin.
—Luna terminó la revisión del Velo y su teoría acertó; va directo al plano de esas cosas —siguió el Auror—. Es relativamente fácil entrar, pero se necesita una inmensa cantidad de poder para salir y no toda la magia parece afectar a las sombras, así que…
—Astoria, de nuevo.
Harry asintió, despacio.
—Si no estuviese preocupado por todo lo demás, querría agradecerle por sacar a mi padrino de ahí.
—Tendrás tiempo para eso —Draco sacó su varita y tocó el brazalete con ella—. ¿Comenzamos?
—Cuando quieras.
Draco pronunció un hechizo que haría que pudiese oír lo mismo que él. Luego desactivó el sello que Theodore colocó en el brazalete.
Hubo un ruido de interferencia. Luego una voz suave.
—¿Draco?
—Astoria Evangeline Greengrass Malfoy —siseó Draco, frunciendo el ceño—, me debes un par de explicaciones.
—Uy —Escuchó de Astoria—, acabo de regresar a nuestro primer año de casados, cuando desapareció esa reliquia dañada de los Malfoy…
Harry observó a Draco de reojo. Él rodó los ojos y negó. Por lo visto, ese era su comportamiento usual.
Era bueno saber que aún actuaba como él la conoció y no se había convertido en una Voldemort 2.0.
—¿Por qué las sombras fueron por Scorpius, Astoria? —continuó Draco.
—Lo siento —Astoria suspiró—, eso es mi culpa.
La voz de Draco fue dura y su mandíbula estaba tensa.
—¿Pusiste a Scorpius en peligro intencionalmente?
—¡Claro que no! —replicó la bruja—. ¡Me conoces, Draco!
—Sí, eso pensé, pero tienes muchos pasatiempos interesantes, ¿no?
—Escucha —Astoria intentó apaciguarlo—, yo no quería que fuesen detrás de Scorpius. No tenía planes de que les abrieses una puerta, en un principio ni siquiera quería que tú y yo siguiésemos unidos así cuando- no, espera, espera- no estoy- no me estoy refiriendo a que-
—Estamos hablando de Scorpius —aclaró Draco—, lo demás no me interesa.
—No te quería involucrar, Draco, créeme-
—Scorpius. Concéntrate, Astoria.
—Scorpius, bien. Sabes que no puedo darte todos los detalles, incluso si lo intentase, tengo un acuerdo que- —Y su voz se perdió en un sonido fuerte de interferencia—. ¿Ves?
—Dinos lo que te sea posible entonces.
Oyó que repetía el "dinos" de forma débil, pero no preguntó al respecto.
—Las sombras se sienten especialmente atraídas hacia la magia, los niños muy pequeños y hacia cierto tipo de energía contaminada por la magia oscura. No toda la magia oscura implica maldiciones imperdonables, y lo sabes. Hablar con los muertos, por ejemplo, es considerado un arte oscuro, igual que los hechizos de sangre- y varios de ellos se usan en las transfusiones de emer-
—Astoria, te desvías del tema.
—Sí, perdón —Un carraspeo—. Scorpius tiene esto que los atrae debido a mí, es una historia larga y no te la puedo contar ahora, como ya te dije, y es peor por lo joven que es, pero no es algo que lo lastime ni lo cambie. Le he dejado protecciones suficientes para asegurarme de esto. No le pasó nada aun cuando las sombras lo buscaron, ¿verdad? Sé que es imposible que lo lastimaran en ese momento.
—Está bien —admitió Draco, de mala gana—, Nesrine estaba allí y vio una barrera y mucha luz dorada- ¿tú tienes algo que ver con eso?
—¿Qué clase de madre sería si me desvanezco entre tantos problema sin estar segura de que mi principito estará bien?
—¿Así que no hay forma de que le suceda algo?
Astoria se demoró un poco más en responder esa vez.
—Por ahora, debe estar bien, pero puede que el proceso que viene sea…complicado. He hecho todo lo que está en mis manos y sigo pensando en eso, Draco. Todos los días pienso en Scorpius. Cuando llegue el día en que pueda resultar herido, ten por seguro que tendré una contramedida.
Draco asintió, lentamente.
—Háblame de la Cofradía, Astoria.
—Interesante nombre, ¿qué es?
—Astoria —advirtió Draco.
—No te puedo ayudar sin detalles…
Draco miró a Harry de reojo y gesticuló con los labios, en silencio, un "es su tono de cuando está mintiendo".
—Dime al menos si los niños que se llevaron están bien.
—Nunca lastimaría a unos niños, Draco, tú lo sabes —Fue la respuesta que recibieron.
Harry buscó una más honesta en Draco y lo vio asentir. Sí, era cierto. A pesar del caos y los secretos, el único juez de carácter que tenían de esta posible Señora Oscura era él.
—¿Puedes decirme algo sobre lo que tienes pensado?
—No mucho —contestó Astoria, tranquila—, arruinaría la sorpresa.
Draco volvió a rodar los ojos y musitó un "ella es así" quejumbroso, que hubiese hecho reír a Harry, de estar en otra situación.
—Las sombras van a regresar, ¿cierto?
—Sí.
—¿La Cofradía…puede ser una medida de prevención para ese momento?
—Si supiese qué es la Cofradía —insistió Astoria—, podría decirte que seguramente también tiene algo de eso.
—Entiendo que los niños menores de diez años pueden relacionarse a las sombras —murmuró Draco, repitiendo lo que Harry le decía a través de gestos y de movimientos silenciosos de los labios—, ¿pero qué tenían que ver los criminales que expusieron en el parque?
—Scorpius debería estar en un mundo más seguro que el que tenemos, Draco. Si alguien entregó a unos criminales, sólo ayudó a ese propósito.
Draco gesticuló un "no va a admitirlo" y Harry asintió. Era de esperarse.
—¿Hay algo que deba saber o tienes otros pasatiempos interesantes y secretos que nos metan en problemas?
—Sólo…cuida a Scorpius —indicó Astoria—. La información tiende a llegar por su cuenta cuando es hora, Draco. Se le dice "destino".
Draco empezó a mover una mano, llamando la atención de Harry, pero no pudo decir nada en voz alta que no fuese captado por Astoria.
—El destino nunca ha sido importante.
—Te sorprendería lo importante que es —respondió la bruja.
—Si no hay nada más, cerraré la conexión…
Como no agregó nada, Draco activó el sello de la conexión. Se fijó en Harry enseguida.
—Destino —Draco se quitó el anillo de matrimonio y se lo arrojó—. Nunca entendí por qué tanta insistencia con ponerlo ahí.
En el interior del anillo, además del nombre de Astoria y la fecha de su unión, tenía la palabra "destino" y un símbolo mágico. El mismo se repetía en la piedra blanca de la parte exterior.
—Es un nudo celta —aclaró Draco, desviando la mirada—. Le gustan mucho. Los usaba como firma cuando pintaba, los tenía en su escritorio, en…—exhaló—. Soy un idiota.
Draco se puso de pie y Harry lo imitó, el anillo atrapado entre sus dedos, aunque todavía no estaba seguro de qué podían obtener de él.
—Debe ser una llave.
—0—
Esta pieza de información le decía dos cosas, según la experiencia de Harry. La primera hablaba de la paciencia y precisión de Astoria.
La otra era que estos planes tenían, como mínimo, los catorce años de matrimonio de Draco con ella. Estaba seguro de que más que eso.
En la Mansión Malfoy, una habitación fue utilizada como oficina para Astoria. Tenía cuadros propios y que debían ser restaurados, esculturas ocultas bajo tela que requerían una revisión, artículos que necesitaban de alguien que supiese de qué época podían ser. Los libros se acumulaban en los estantes y el orden reinaba en el cuarto.
Había un nudo celta en la esquina del escritorio y otro en las manijas de los gabinetes. Draco se paró detrás de la mesa y abrió cada cajón, hasta el último. Ese no podía abrirse como los demás.
Harry se agachó a su lado, mientras él rozaba el anillo contra el símbolo del cajón. Nada. Probó un hechizo para ver cuál era su mecanismo. Sin resultados.
—¿Qué tal si…? —Harry sujetó la manija y comenzó a girarla, hasta que la sacó de forma manual.
En el espacio en que encajaba, había una abertura con la dimensión exacta para la piedra del anillo. Draco lo presionó allí, hubo un clic y el cajón se abrió. La barrera en su interior se desvaneció al reconocerlo.
Harry lo detuvo de buscar dentro. Ejecutó un par de hechizos de seguridad, se colocó unos guantes antimagia y luego hurgó en el cajón por su cuenta. Sólo tenía papeles viejos.
Desplegó uno y encontró un árbol genealógico de varios siglos. Astoria se fue lo bastante atrás para hallar el nombre de "Aveline Greengrass", que rodeó con un círculo de tinta. Lo demás eran historias sobre la época de la quema de brujas, incluidos algunos escritos en que se insinuaba la existencia de "algo" que afectó la magia de los magos en ese momento.
—Estoy seguro de que ni mi madre pensó en esto cuando me dijo que no me casara con ella —masculló Draco.
Harry no pudo evitar la risa esa vez. Puso los documentos en un cofre de evidencias de los Aurores, lo encogió y lo metió en su bolsillo.
—¿Dónde más buscamos?
Astoria era creativa cuando se trataba de ocultar secretos. Draco halló puntos para encajar el anillo en el estante, en la sección de esculturas muggles de siglos de antigüedad, detrás de los libros de cuentos de Scorpius cuando era más pequeño y en el marco de una ventana. De ahí, recuperaron trozos de información incompleta sobre las sombras, más historias de la quema de brujas, un par de pergaminos con palabras en un código tachado y lo que más les llamó la atención: el artículo de un mago experto en sociología, que afirmaba que la comunidad mágica no estaría tranquila hasta que su existencia fuese conocida por los muggles.
—"Lo que asusta a los muggles es la ignorancia, no saber de la magia, ni qué hace, ni cómo lidiar con nosotros. Creerse el centro del mundo y luego descubrir que no están ni cerca de serlo" —leyó Draco—. "Eso fue lo que dio comienzo a la cacería de brujas."
—Dejó muchas señales —reconoció Harry, después de colocar todo lo que encontraron dentro del cofre—, a su manera extraña y meticulosa.
Draco no le respondió. Contemplaba el anillo de matrimonio que sostenía entre los dedos.
Harry intentó pensar en algo para decirle, pero no se le ocurrió nada. De pronto, Draco bufó y le entregó el anillo.
—Es como una evidencia, ¿no?
—Puedes conservarlo-
Draco negó.
—No lo necesito.
Harry titubeó, viendo el anillo en su mano. Sus ojos se desviaron hacia su propio anillo, que era una banda dorada y simple con una inscripción dentro. Sacudió la cabeza y guardó el de Draco en el cofre.
—Al menos sabemos qué era exactamente lo que quería al dejar entrar a los muggles y con lo de los parques.
—Sí —respondió Draco, distraído—. Qué bueno, ¿no?
Empezó a caminar hacia la salida de la oficina y Harry fue detrás de él, obligándose a pensar en algo más.
—Si te sientes inseguro, puedo poner a Scorpius bajo la custodia de los Aurores. También a ti-
Draco se giró de forma tan repentina que estuvieron a punto de chocar.
—No quiero sonar demasiado grosero, pero la última vez que estuve bajo la custodia de los Aurores, me lanzaron en una sucia celda los tres días que tardaron en comenzar los Juicios para los Mortífagos, y dos Aurores entraron a golpearme y lanzarme maldiciones, resentidos por haber perdido hermanos menores o primos en la Batalla de Hogwarts, así que no, gracias por la oferta. Mi hijo, el que creen que es hijo de Quién-Tú-Sabes, por si no lo recuerdas, está mucho mejor conmigo y Theodore en Hogwarts. Confío más en McGonagall que en cualquier Auror.
—Lo entiendo —Harry se sorprendió tanto como él por la suavidad con que respondió—, su situación es…peculiar. Nadie cuidará a tus hijos de la misma manera en que los cuidarías tú.
Draco era como una serpiente lista para morder cuando recordó los sucesos de los Juicios, y de repente, se echó para atrás, apaciguado. Harry se animó a sonreírle.
—Pero a mí sí me importa que estén bien, ¿de acuerdo? No confíes en los Aurores, tienes tus razones. Confía en Harry Potter —Harry se enderezó, con una sonrisa brillante—, salvador del mundo mágico —completó, seguido de un guiño.
Draco emitió un sonido de disgusto que lo hizo reírse.
—Cretino.
—La serpiente hablando de colmillos…—replicó Harry, adelantándose a él al ir hacia la salida.
Hablaron en su trayecto al patio, antes de Aparecerse en La Madriguera para recibir un regaño de Molly por haber dejado la casa y pasarle lo que encontraron a Hermione y Theodore.
Esas palabras continuaron en la mente de Harry, sin embargo, formando una idea vaga.
Nadie cuidará a tus hijos de la misma manera en que los cuidarías tú.
—0—
Liva fue bastante exacta con lo que prometió. Ron escuchó la música destinada a los adultos muggles que debían ser dormidos, recogió con ella a cada niño, vio sus lesiones de cerca y los dejó en la casa. Entró, comprobó la instalación y la condición de los demás niños y salió. Nada más.
Cuando se Apareció en La Madriguera, no podía decir que tuviese la menor idea de quiénes eran los otros miembros de la Cofradía involucrados. Liva en sí no contaba como una, a menos que decidiese unirse después de esto.
Ron se sentía exhausto, pero su mente estaba tranquila luego de saber que los niños se encontraban bien y lejos de esos ambientes. Era como imaginar que había encontrado a otro pequeño Harry Potter y lo había ayudado. Una de las mejores sensaciones que podía darle su trabajo.
Tenía que compartir las noticias sobre la casa, en que ahora había treinta y dos niños, con Hermione y Harry, contactar a un medimago de confianza, hacer la visita al día siguiente y posiblemente poner muchas cosas en orden. Nada de esto le quitaba la impresión de que, dentro de todo, fue un buen día.
En La Madriguera, Hermione dormía, con Hugo abrazado a ella. Ron dejó la capa negra que utilizó en un baúl que nunca abría cuando se quedaban allí, acarició la cabeza de su hijo y besó la frente de su esposa.
Hermione se removió apenas, cuidando no despertar a Hugo. Le habló sin abrir los ojos.
—¿Qué hora es?
—Tarde —susurró Ron—. Sigue durmiendo. Hablamos mañana, ¿sí?
—Suenas feliz —Hermione entreabrió un ojo y sonrió—. Me encanta cuando te oyes feliz.
Ron sonrió y presionó un beso corto en sus labios.
—Descansa.
—Harry estaba teniendo uno de sus conflictos de "nadie se me acerque" en el ático —le avisó. Después volvió a acostarse de lado, rodeó a Hugo con un brazo y le acarició la espalda por unos segundos, sus movimientos haciéndose más lentos a medida que el sueño se la llevaba de nuevo.
Ron abandonó el cuarto sin hacer ruido, subió las escaleras y se asomó en la habitación en que se quedaba Rose. La compartía con algunas de sus primas, la luz ya estaba apagada y las respiraciones profundas le dijeron que debían haberse dormido hace rato. También cerró aquella puerta con cuidado.
Luego continuó subiendo. Nadie dormía en el ático desde que el ghoul fue atormentado por los chicos y Arthur decidió llamar a alguien de Control y Regulación de Criaturas Mágicas. Otra vez. Por fin se lo llevaron a un sitio donde pudiese disfrutar de un armario en paz.
La única luz provenía de una vela en el marco de la ventana. Harry se había sentado en el alféizar y tenía un vaso de whisky de fuego en una mano, que veía como si considerase que beberlo era un crimen y desperdiciarlo también. La botella estaba a sus pies.
Ron se le acercó, se sentó frente a él, convocó un vaso y se sirvió whisky. Sí le dio un sorbo, a diferencia de su mejor amigo.
—¿Qué hora es? —preguntó Harry, en tono plano.
—No tengo la menor idea —Ron se rio, apoyándose en el marco de la ventana—. ¿No te recuerda a los desvelos de la Academia y las primeras prácticas? Qué días, me canso sólo de pensar en eso…
—Quiero ir a Hogwarts.
La interrupción de Harry fue repentina, pero todavía sonaba como si estuviese hablando consigo mismo. Ron suspiró. Por experiencia, Hermione y él sabían que cuando se ponía así, lo único que se podía hacer era esperar que Harry decidiese hablar.
Parecía que lo encontró en el momento justo.
—¿Te preocupan James y Al?
Harry parpadeó, lo vio como si apenas hubiese notado su presencia y regresó al vaso sin beber. Asintió.
—Hablé con McGonagall hace un rato- o unas horas, no lo sé. Es un enredo. Nott quería el puesto de Aritmancia, pero la profesora de esa materia no se iba hasta enero, cuando cumpliese los seis meses de embarazo. Aritmancia y Defensa a veces se dan al mismo tiempo a diferentes cursos…
—Eso deja una vacante en defensa, si Nott piensa tomar la otra. Perfecto para ti, ¿no? —Ron le ofreció su vaso para un brindis, queriendo contagiarle su buen humor, pero su amigo continuó en un estado de ánimo taciturno.
—No puedo dejar solo a Sirius.
—Llévalo a Hogwarts —Ron se encogió de hombros—. McGonagall llorará apenas lo vea. Puede ser la mascota de Gryffindor, estoy seguro de que le encantará la idea. Que termine de armar su motocicleta en el patio y tenga tiempo de pensar en qué hará con su vida.
—El caso de la Cofradía-
—Encontré a los niños —Ron lo interrumpió. Eso sí logró que Harry levantase la cabeza hacia él—. Están bien, todos. Podemos ir mañana, llevaré a un medimago y esto llamará la atención del Ministerio lo suficiente para que busquen más en los registros y tal vez arreglen esos horribles fallos. Ve tranquilo, Harry.
—Pero-
—Yo puedo con esto. Seguirás en el caso, puedes venir cuando estés libre y te mantendremos al tanto —Ron se inclinó más hacia adelante—. Y Mione y yo no confiaríamos en nadie más que en ti, si se trata de cuidar de Hugo y Rose. Contigo en Hogwarts, nosotros nos concentraremos en lo nuestro. Incluso mamá va a estar más tranquila.
Harry comenzó a asentir, despacio.
—¿De verdad...? Me refiero a que…tal vez soy paranoico, Ron. O esté exagerando. O-
Ron se encogió de hombros.
—Cuando teníamos doce también parecía que exagerabas y había un jodido basilisco abajo de nosotros, amigo. Y arañas en el bosque. Arañas gigantes. Jamás olvidaré las arañas —Y se estremeció por el desagrado, sacándole una leve risa a Harry.
—Entonces…si me mantienes atento al caso…
—Cosa que definitivamente haré —aclaró Ron.
—Mañana le preguntaré a McGonagall si me da el puesto cuando cambie a Nott —Esa vez, fue Harry el que le ofreció el vaso.
Ron sonrió, se sirvió más para llenar el suyo y lo entrechocó con el de él.
—Compañero, algo me dice que vamos camino a conseguir otra Orden de Merlín…
—Espero que no sea necesario que muera. Otra vez —Harry se echó a reír.
—Quiero pensar que hemos mejorado lo suficiente para evitarnos esa parte.
Harry acabó su vaso, se sirvió otro y se lo ofreció para un segundo "brindis".
—Tal vez nuestra suerte también sea mejor ahora.
—Ojalá —Ron entrechocó el vaso con el suyo, sonriendo.
