El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Guantes de lana

Albus debería estar durmiendo. En realidad, se encontraba metido bajo su cobija con Scorpius. Tras su último estirón, apenas cabían en la pequeña cama y esperaban no hacer el suficiente ruido para despertar a ninguno de los Weasley en la habitación.

A pesar de lo que Sirius y los demás pudiesen haberles dicho sobre lo sucedido ese día, ellos lo vivieron, y tenían muchas dudas que ni siquiera sabían cómo formular. Albus todavía recordaba el pánico que sintió cuando vio las cosas que entraban al cuarto y a Scorpius desplomarse.

Y la fuerza. Una fuerza increíble que surgió desde el centro de su pecho. Demasiada luz. Después sólo hubo caos.

La ventaja de tener trece años es que ya podían entender bastante y los adultos no se daban cuenta de todo lo que veían u oían.

—¿Crees que vuelvan?

Scorpius le dijo que lo último que recordaba era la esfera oscura que les sirvió como barrera. Las sombras que chocaron contra ella. Después perdió el conocimiento.

Albus también tenía la memoria clara hasta ese punto. Lo demás eran piezas que cayeron en su lugar con lo que oyeron de Nesrine.

Era tan surrealista que no estaban asustados aún, el shock seguía presente. Scorpius hablaba en voz baja y jugaba con la manga del pijama de Albus.

Se sentía mejor sabiendo que estaban así de cerca.

—No sé, Scorp —murmuró Albus, en respuesta—, pero parece que tu padre, los Nott y tú se quedarán aquí, y mi abuela ya reforzó todo como si la guerra hubiese empezado otra vez.

—Está asustada por su familia —justificó Scorpius, apenas dedicándole un vistazo. Era difícil notar la expresión del otro en la oscuridad y él parecía más concentrado en seguir jugando con la manga de Albus—. No habrá comenzado otra guerra, ¿verdad?

—No —Albus lo pensó unos momentos—, no lo creo, Scorp.

—¿Qué hacemos si empezó una…?

—No empezó ninguna —insistió Albus, más firme. Hubo algo en ese tono que relajó a la persona que tenía al frente.

—Me preocupan esas- esas cosas-

—¿Las cosas oscuras que vinieron?

Percibió el movimiento arriba y abajo de la cabeza de Scorpius.

—Fueron directo a donde estábamos, ¿quizás…querían algo?

—¿Qué podrían querer de nosotros, Scorp? —Albus bufó—. A menos que fuesen atraídos por la energía de Veela de Nesrine…¿qué tenemos tú o yo que sea tan interesante?

Scorpius se permitió soltar una risita, pero el sonido fue agudo y distorsionado por los nervios. Albus suspiró y sujetó la mano que no paraba de jugar con su ropa, deteniéndolo. Notó que se tensaba por un segundo y se relajaba después.

—Gracias —musitó Scorpius.

—¿Por qué? —Albus arrugó el entrecejo en medio de la oscuridad.

Esa vez, la risa de Scorpius fue más genuina.

—Me daba algo de pena preguntarte si podía sostener tu mano, es todo —Y continuó jugando, sólo que ahora era con sus dedos. Los rozaba, los entrelazaba o apretaba su mano por un instante.

Albus resopló y sacudió la cabeza. Le devolvió un ligero apretón a su mano.

—¿Qué crees que haya sido…? —siguió Scorpius—. La barrera, sé que la hice, pero- pero no es ningún hechizo que conozcamos, ¿cierto?

—Parecía algo específico para la magia de esas cosas —señaló Albus.

—Creo que eso sería muy avanzado para mí, Al. Sé que me va bien en clases, pero…no tanto.

—Tal vez fue…¿una medida de autoprotección? Lily tuvo algo así una vez, se cayó- bueno, James la dejó caer por las escaleras. Su magia la envolvió y le evitó el golpe. Tenía —Albus lo pensó durante unos segundos— unos tres años, creo.

—Tal vez —aceptó Scorpius. Entrelazó sus dedos y movió sus manos juntas por unos momentos más—. Y eso dorado…

—¿Lo mismo? ¿Autoprotección? —sugirió Albus, tocando su propio pecho con su mano libre—. Pensé…que te iban a hacer algo y pasó. Mi tía Luna me abrazó y me dijo que era algo muy bonito, pero a ella todo le parece "muy bonito". Supongo que también se lo explicó así a mi papá.

Podía imaginar la sonrisita de Scorpius, incluso si no lo veía. Deseó haber tomado una de las esferas de luz que su tío George dejaba en los cuartos para los más pequeños y sus viajes nocturnos al baño.

—Si tu magia de autoprotección me incluye —tarareó Scorpius—, tendré que decirle a Rose que tiene razón y parecemos una sola persona.

Albus se sintió extrañamente feliz con la idea, aunque sabía que era absurdo. Rozó el costado de la mano de Scorpius con el pulgar; las tenía frías, pero el contacto las entibiaba.

—Estaremos bien, ¿verdad? —La inseguridad cayó sobre Scorpius de nuevo.

—Sí.

—¿Me dirías si pensaras que no?

—Quizás —Albus tuvo que contener la risa. Inclinó la parte superior del cuerpo hacia adelante, de manera que sintió el aliento de Scorpius en su rostro, y estuvo a punto de juntar las frentes de los dos—. Lo que sí te puedo decir es que, pase lo que pase, se arreglará, ¿bien? Relájate. Se arreglará. Hay muchos buenos magos aquí, ni tu padre ni los míos dejarían que algo nos suceda, Scorp. ¿Te imaginas la reacción de tu padre si una criatura de magia oscura intenta hacerte algo?

—La liquidaría —afirmó Scorpius, sin un segundo de duda.

—Pues ahora junta eso al carácter de mi mamá, las habilidades de mi papá, mis tíos y el profesor Nott, y todo eso bajo las órdenes de mi abuela de que no les pase nada a sus nietos ni a los invitados.

—Sería la Orden del Fénix 2.0 —Scorpius se rio.

Albus asintió. El movimiento causó que rozase la nariz del otro con la suya.

—Yo confío en eso. Tú confía en mí.

—Yo siempre confío en ti —Scorpius se acercó más para abrazarlo.

—Oh, volvimos a lo empalagoso…—Albus levantó la cabeza y "observó" la cobija que los ocultaba, dejándose abrazar.

No hubo una reacción divertida, ni un quejido. Después de lo sucedido, supuso que Scorpius necesitaba el abrazo, el contacto, la seguridad. Eran las razones por las que no le importó que no le permitiese dormirse, ni que se metiese a su cama.

Albus también lo rodeó, torpemente. Había cierto nerviosismo cosquilleando en su pecho y empeoró cuando Scorpius lo estrechó más.

—Gracias —repitió Scorpius.

—Deja de agradecerme, Scorp…

Quería recordarle que eran mejores amigos y los amigos hacían eso. Los amigos como ellos, al menos. No podía hablar por los demás.

—Mi madre me habría abrazado y me dejaría dormir con ella hoy —La voz de Scorpius se quebró—. Cuando- cuando se acercaron esas cosas- pensé- pensé que si me pasaba algo, dejaría a mi padre solo- no quiero- no puedo dejarlo solo, Al-

—No lo dejarás solo —Albus suavizó su tono y le acarició la espalda—. No te pasó nada, él no dejará que te pase nada. Estamos bien, ¿sí? No estarías aquí, jugando con mi mano, si no estuviésemos bien. No, estaríamos en San Mungo, o algún lugar como ese…

Scorpius asintió, su cabeza casi hundida en el hombro de Albus.

—Lo siento- perdón, es tonto, pensé en esto- y necesitaba-

—No importa —Albus sí que metió la cabeza en el hombro ajeno—, no importa, en serio. No es tonto.

Albus también necesitaba un poco de tranquilidad.

Scorpius se calmó por su cuenta, sus extremidades volvieron a relajarse en torno a Albus. Su voz bajó de volumen y los débiles murmullos luego desaparecieron, hasta que su respiración fue pausada y profunda.

Lo escuchó durante un rato, con los ojos cerrados y el rostro enterrado en su hombro. La mente de Albus tenía un montón de ideas que daban vueltas y exigían su atención, y fue difícil relajarse lo suficiente para caer dormido.

Tuvo un sueño en que el color dorado se derramaba sobre todo y una voz profunda le hablaba sobre algo que debía hacer. No supo qué, sólo que era importante para la voz y para él.

Cuando abrió los ojos por la mañana, Lily estaba de pie sobre su cama y acababa de golpearlo con una almohada.

—Lil-

Lily lo atacó de nuevo, antes de percatarse de que ya se había despertado. Soltó un "ups" y saltó de la cama.

—Vamos, Al, hay mucho que hacer hoy —le explicó, la almohada bajo el brazo y una tablet mágica entre las manos. Por las etiquetas y la carcasa, era la de James.

Albus se levantó de mala gana, miró alrededor y notó que era el único todavía en la cama. Ninguno de sus lados se encontraba tibio, ni el colchón aplastado por otro peso, aunque estaba seguro de que se durmió con Scorpius entre los brazos.

—¿Y Scorp?

—Desayunando con Nesrine y los demás, cosa que tú deberías haber hecho, aquí lo dice —Lily giró la tablet y le señaló un itinerario para el día. Casi tenía su nombre escrito y era imposible que James siquiera pensara en planear las actividades de un día, a menos que fuese un festival de música, un mundial de Quidditch o un entrenamiento.

Albus salió de la cama, recogió su ropa dispersa por ahí después de la última pelea de Fred II y James, que desarmó las maletas de todos, y le gruñó algo a su hermana. Lily le dio la espalda para que se vistiese y siguió hablándole del cronograma.

—Papá, la tía Hermione y el tío Ron van a estar muy, muy ocupados hoy.

—¿Con qué? —masculló Albus, atrapado por su camiseta que no quería bajar.

—Algo sobre niños que los esperaban, un orfanato, creo. Son el trío dorado y todo eso, supongo que los niños se sienten seguros. La abuela no quiere que pongamos un pie afuera hoy, ni siquiera para ir al patio, incluso canceló la práctica de James, Rosie y Lor.

—Entonces organizaste las actividades para todos hoy dentro de la casa —adivinó Albus, rodando los ojos en cuanto pudo sacar la cabeza de la camiseta.

—¡Entonces organicé las actividades para todos hoy! —informó Lily, emocionada. No lo había oído—. Me inspiré en las clases del señor Malfoy, ¿sabes? Tendremos estaciones y podremos estar un máximo de tiempo en cada una, puedes tener una favorita y quedarte ahí, pero creo que deberías intentar todas para-

—Lil —Albus suspiró, equilibrándose en un pie y luego el otro a medida que se colocaba los zapatos. Su hermana le echó un vistazo por encima del hombro y se giró cuando notó que estaba vestido—, ¿cuándo me has visto participar en actividades de esta fecha? Ni siquiera pongo la estrella en el árbol desde…desde que tú —La abarcó con un gesto al no saber con qué término definirlo—, bueno, llegaste.

A su padre, por alguna razón, le encantaban los árboles muggles tanto como los mágicos. Lo llenaban de adornos de ambos tipos y el más pequeño de los Potter colocaba la estrella. El honor fue de Albus por dos años. Entonces nació su hermanita.

Por suerte, no hubo un cuarto Potter.

—¿Quieres colocarla tú? —Lily sacó el lápiz para pantallas táctiles que tenía la tablet en un costado—. Puedo arreglar eso, no importa, lo he hecho por mucho tiempo-

—Déjaselo a James —Albus bufó—. Te digo que no me interesan-

—Pues deberían interesarte —Lily lo siguió cuando caminó hacia la puerta.

—¿Por qué?

—Porque es el primer diciembre de Scorpius sin su madre, Albus.

Esto hizo que Albus frenase bajo el umbral de la puerta. Lily lo alcanzó y le enseñó su cronograma de actividades en la tablet.

—Me levanté a las seis con la abuela, desayuné con papá y he estado siguiendo a todos los que se despertaron después para decirles que no se lo recuerden. ¿Te imaginas pasar navidad sin mamá o papá? Yo estaría llorando- también si no estuviese con ustedes dos, bobos —Lily lo codeó—. Scorpius te considera su mejor amigo, así que eres quien más le importa fuera de su familia, tienes que preocuparte por esto, preocuparte porque, ya sabes- porque pueda celebrar estos días sin sentir que algo le falta. Tal vez siga triste, claro, pero…pero no podemos dejar que se esconda bajo una cobija y se pase estos días llorando, ¿no?

Albus suspiró y revisó la lista de nombres en la tablet. Desde el tío George a la más pequeña Weasley se agregaron al itinerario de Lily. Incluso su abuela se hizo un espacio en esos días agitados para decirle que sí.

—¿Qué quiere hacer Scorp? —Albus arrugó el entrecejo, a medida que veía las actividades y no el nombre de su mejor amigo—. Oh, no es en serio…

—Sí, él mismo se anotó —Lily asintió, conteniendo la risa—, le di la tablet y él-

Era tan Scorpius. Quería estar en la fase de horneado de galletas y el intercambio de tarjetas.

—Si no entras al intercambio, haré que Scorp le dé una tarjeta a Rose —señaló Lily—, pero si entras, haré que sea para ti, eh, no puedes decirle que no a eso- ¡una tarjeta de Scorp diciendo lo mucho que te quiere!

Albus rodó los ojos, encontró su nombre en la barra lateral de la "agenda" y lo arrastró hacia los mismos puntos en que se agregó Scorpius.

Lo que uno hace por su mejor amigo, pensaba, resignado.

—¿Crees que lo haga sentir mejor estar ocupado y la compañía?

—Claro —Lily no vaciló y alejó la tablet de él antes de que pudiese arrepentirse—, nadie quiere estar solo después de eso. Sólo…se Albus y se un buen amigo- seguro puedes serlo, ¿no? —Le dirigió una mirada muy seria para sus once años—. Eso incluye no fruncirle el ceño como lo estás haciendo sólo porque quiere hornear.

Iba a ser un día tan largo.

—Bien —Albus respiró profundo para llenarse de "valor"—, hagamos esto antes de que quiera regresar a la cama y cambiarme el apellido…

—¡Bien! —Lily lo aceptó, enganchó un brazo al suyo y lo arrastró hacia el comedor.

Rose estaba a mitad de proceso de manchar la mayor extensión posible de la cara de Scorpius con mermelada cuando se acercaron. Entonces cambió de objetivo y recibió a un adormilado y amargado Albus con una palma llena de mermelada, que presionó contra su mejilla.

Albus le mordió la mano. Rose gritó, Lily tomó una foto bajo la excusa de que quería hacer un álbum de esas vacaciones, y cuando estaba a punto de discutir con ambas, oyó la risa clara de Scorpius.

Su mejor amigo, con mermelada desde el cuello a la frente, se reía de la mano de mezcla dulce en la mejilla de Albus, y algo dentro de su pecho se ablandó y le dijo que no importaba. Era un juego. Podía unírseles por un día, por ese día, si significaba que Scorpius la pasaría bien a pesar de todo.

Se lo debía. Más que eso, quería hacerlo por él.

Albus resopló, tomó un poco de mermelada con los dedos y sorprendió a Rose llenándole la frente de la mezcla. Su prima boqueó, aturdida porque le siguiese el juego en vez de sólo enfurruñarse.

Cuando su abuela se aproximó a la mesa, los chicos se dividían entre comer y empujar ingredientes al azar contra los otros, hasta que tuvieron que organizarlos en una fila para aplicarles unos buenos hechizos de limpieza.

—Al va a estar horneando contigo —le avisó Lily a Scorpius, sonriendo.

La emoción de Scorpius hizo que Albus sintiese que valdría la pena encerrarse en una cocina con utensilios flotantes y su abuela que quería pellizcarle las mejillas cada vez que lo tenía cerca. Prácticamente fue arrastrado hacia la cocina cuando llegó la hora. Scorpius tiraba de su brazo y le hablaba sobre los dulces tradicionales de las fiestas Malfoy.

Rose se unió al grupo que jugaría Quidditch en interiores; Teddy había aplicado un sinfín de hechizos al ático para que esto fuese posible, bajo la supervisión de uno de los "adultos responsables". Lily y Nesrine, en cambio, estaban con ellos, igual que una de las hijas de Percy.

Y de alguna manera, Theodore Nott y Draco Malfoy acabaron también en esa cocina. El primero asentía a lo que Nesrine le decía, como si fuese lo más interesante del mundo, y el segundo lucía incómodo con un delantal prestado por Molly; era mágico, así que aunque quisiera cambiar el "Weasley #1", las palabras regresarían brillando con más fuerza.

—Normalmente es el que usan Bill o Harry —explicó Molly, mirándolo con una sonrisita.

—No importa —Draco pudo exprimir las palabras a través de sus dientes apretados—, sólo le daría un ataque a mi padre…

Molly y el mismo Scorpius lo encontraron divertidísimo. Lily también tomó una fotografía de esto.

Fue claro desde un principio que Theodore supervisaba cuando la bruja estaba ocupada y Draco sólo se unió para estar cerca de Scorpius.

—Voy a ponerle chispas a las mías —decía Scorpius, contándoles sobre lo que llevarían sus galletas—, quiero que sean como las de…

A un lado estaba su padre y al otro Albus, quienes se observaron por detrás de Scorpius con las mismas expresiones resignadas. Fue agradable sentir que alguien en esa cocina lo entendía.

Bien, ese día era un regalo para Scorpius. Albus se mentalizó y empezó a amasar la mezcla para galletas.

Alrededor de un minuto más tarde, notó que Scorpius ya no hablaba y lo descubrió mirando sus movimientos con fascinación.

—¿Qué? —Albus apartó las manos de la mezcla. Repasó el procedimiento en su mente, seguro de no haberse equivocado.

—Lo haces igual que tu abuela —Scorpius sonrió, encantado—, es genial.

Ah, eso, pensó. Albus se encogió de hombros y siguió amasando. Una cosa era no tener ganas de unirse a las actividades sosas y otra no aprender algo de ver lo mismo cada año.

Otro minuto más tarde, el silencio era mayor y Albus levantó la cabeza, ceñudo.

—¿Qué? —repitió.

—¡Lo haces igual que yo! ¡Mi Al…! —Su abuela Molly estaba tan conmovida que sólo pudo expresarlo con uno de esos abrazos que Albus sabía que le romperían un hueso a alguien un día.

Cuando por fin logró escapar del abrazo, terminó con su masa y la puso a reposar. Ahí, notó la mirada de dos sangrepuras desorientados que no sabían nada de cocina sin magia. Albus acabó en medio de ambos Malfoy, mostrándoles cómo amasar con lentitud, y recibió otro abrazo demoledor de su orgullosa abuela.

Lily también tomó fotos de esto.

Después de un breve reposo, extender la masa y un montón de cortadores con figuritas de las que Nesrine se reía, lo que se convertiría en galletas fue metido al horno y Scorpius se agachó frente a la puerta.

—Scorp —Albus puso una mano en su hombro—, no es una cocción mágica acelerada, tardarán unos quince minutos. No van a crecer más rápido porque estés mirándolas…

Scorpius alzó la cabeza y su expresión vaciló, a punto de formar un puchero.

Albus Potter, Draco Malfoy y Nesrine Nott terminaron sentados en el suelo frente a la puerta del horno, esperando el crecimiento de las galletas junto al emocionado Scorpius que les avisaba cada vez que las veía "subir". Lily tomó más fotos, les llevó unas bebidas que preparó Theodore y se sentó con ellos.

Tuvo la brillante idea de buscar más recetas en la red mágica y luego Scorpius quería saber si podían hornear algo más. Nesrine lo secundó enseguida, emocionada por aprender más de cocina al estilo muggle.

Draco y Albus intercambiaron miradas, de nuevo. El mago incluso le palmeó la espalda, a manera de consuelo.

Es tu mejor amigo, se repetía Albus, es tu mejor amigo. Todo es por tu mejor amigo. Es por Scorp.

—0—

—Deja de tomarme fotos, Lil.

Después del almuerzo, Albus se encontraba sentado en la sala, con un par de agujas encantadas para ayudarlo a tejer y unos hilos verdes que deberían haberse convertido en un suéter, pero de momento no le recordaban a ninguna pieza de ropa de la que hubiese oído jamás.

No tenía idea de por qué le interesaba a Scorpius el tejido de suéteres Weasley. Pero ahí estaba. Se sentó junto a Molly para ver su avance cada poco tiempo y tarareaba al tejer.

Lily no estaba en su grupo esa vez, pero sí se dividía entre cada uno para tomarles las respectivas fotos. Albus sospechaba que las suyas eran sus favoritas y que se reiría de esto durante años. Nesrine fue con el grupo que contaba historias, llevándose a su padre con ella, así que el único otro adulto en la sala era Draco Malfoy.

El profesor de pociones que mejoró el promedio de todos sus estudiantes en un trimestre, el ex Mortífago que pudo arreglar un artículo mágico aparentemente irreparable, contemplaba la pieza de tejido frente a él como si fuese un enemigo de poder desconocido.

—¿Por qué estoy tejiendo guantes sin dedos? —preguntó, a nadie en particular.

—Son muy populares entre mis nietos —indicó Molly, que no veía nada de malo en ninguna de sus piezas, aunque era claro que no pasarían ni la primera prueba de calidad o estética para cualquier otro.

—¿Sin dedos? —repitió Draco, despacio.

—James dice que lo hacen sentir una estrella de rock, pero calientito —agregó la bruja, concentrada en su perfecto suéter verde con una gran ""G".

Draco volvió a ver sus guantes sin dedos, pensativo. Tras un rato, decidió:

—Se los daré a Potter.

Albus soltó un resoplido de risa, y de pronto, los dos Malfoy y él se estaban carcajeando, mientras Molly veía de uno al otro, todavía sin entender que la intención original no era que los guantes no tuviesen dedos.

Cuando consiguió que las agujas mágicas lo guiasen a algo similar a una bufanda, Albus se dile por satisfecho. Era larga, de lana y gris. No ganaría un premio, pero seguro sería calientita.

—Ya es hora de cambiar —Lily apareció en la sala para avisarles. Después vio a Molly—. Abuela, la tía Fleur, el tío Bill y el tío Percy van a venir para ayudarte con lo que te falte.

Albus podría haberla abrazado por sacarlo de ahí. Se levantó de un salto y le tendió su bufanda desaliñada a Scorpius.

Se sorprendió cuando fue abrazado de pronto. Scorpius lo estrechó tanto, que al balancearse, levantó a Albus del suelo unos centímetros.

Albus ahogó un grito, Scorpius se rio, lo bajó y le puso en la cabeza el intento fallido de gorro de lana. Le faltaban las borlas y cubrir bien las orejas.

—Fue un buen primer intento —los felicitó Molly, sonriente, y asintió cuando Draco le preguntó de nuevo sobre los guantes sin dedos y por qué alguien querría unos.

Era la hora de comenzar con las tarjetas para el intercambio, según el cronograma de Lily.

Albus fue arrastrado por Scorpius fuera de la sala, pidiéndole a Merlín un poco más de paciencia para llegar al final de la jornada.

—0—

Harry no se sintió tranquilo hasta que vio a cada niño en el edificio, examinó la estructura dos veces y tomó el control absoluto de las barreras y el mecanismo de la puerta del que Ron le advirtió. Habría sido un buen escondite, un lugar como la Orden del Fénix, pero la Cofradía decidió dárselo a unos niños.

No tenía idea de qué pensar sobre ellos en ese momento, así que giró el rostro y vio a Hermione, sentada a su lado. Esperaban que la bruja de San Mungo que trajeron terminase su último examen para saber qué tan malas eran las lesiones de algunos pequeños.

—¿Qué piensas? —le preguntó a su amiga.

Hermione vio a Ron, que no paraba de caminar ida y vuelta en línea recta frente a la puerta del cuarto en que revisaban al último niño, y suspiró.

—Estoy preocupada por algunos detalles de seguridad y el papeleo del Ministerio para hacer de esto algo parecido a un orfanato real —admitió, despacio—. No quiero romper más reglas, ¿entiendes, Harry? Pero cuando Ron me habló de lo de hoy, dijo que el Ministerio habría tardado meses, años, en hacer esto…y tiene razón. Sacar a un solo niño de su hogar así requiere tiempo, recursos, energía, pruebas.

—¿Eso significa que crees que es bueno o malo?

—Que no lo sé —Hermione adoptó una expresión mortificada—. Estoy feliz de saber que estos niños estarán a salvo y que podemos mantenerlos aquí, ingresarlos al sistema- que el sistema mismo será revisado. Pero…no sé. Si alguien se llevase a Rose o a Hugo…

—Tú no les harías eso —recordó Harry, fijándose en la puerta.

El niño dentro tenía unos moretones tan horribles en el torso que Ron temía que hubiese daño interno de algún tipo.

—No, claro que no —Hermione suspiró y acomodó su cabello—. Bueno, lo importante es que los conseguimos y están bien, ¿no? Y la Cofradía no podrá entrar aquí y sacarlos, ¿cierto?

—Revisé todo el edificio cuatro veces —Harry dejó caer los hombros y se dio cuenta de que debería hacerlo una quinta vez. Por si acaso.

—Y yo revisé los documentos de propiedad mágica que regulan el paso de otros —agregó Hermione—. Dos veces.

Por su expresión, ella también tenía ganas de comprobar de nuevo.

Hermione sacó una copia de los documentos y Harry fue a echar otro vistazo al edificio.

Cuando regresó, Hermione ya cargaba al niño recién salido de su consulta al cuarto en que se reunían los demás y Ron le agradecía a la bruja de San Mungo. Esperó a que hubiesen terminado de hablar para avisarle que el edificio era seguro.

—El Ministro va a hablar con el Ministro muggle para buscar una excusa en los medios muggles para todo esto —mencionó Ron—, el artículo que saldrá mañana en El Profeta ya está listo, no lo escribió Skeeter, por suerte, y el Ministerio se llevó el crédito con algo que lo hará sonar como un programa de la división de Familias Mágicas para poner a salvo a niños magos con parientes muggles abusivos. Adivina cómo se llama el proyecto.

—No, no me digas que…

—Sí —Ron asintió, dándole una mirada de disculpa—, lleva un "Potter".

Harry emitió un sonidito de disgusto. Ya era bastante malo que el edificio fuese a registrarse en el Ministerio como "casa hogar Lily Evans Potter", no porque no le alegrase ayudar a unos niños o porque creyese que una iniciativa así no haría honor al nombre de su madre, sino porque era pura publicidad de parte del Ministerio. De nuevo.

—Concéntrate en lo que importa —Ron sujetó su hombro y le dio un leve apretón—, están a salvo, la crisis se evitará. Yo creo que ahora sí nos merecemos un descanso, compañero.

—Y en buen momento —Hermione regresó por el pasillo, con su teléfono en la mano—. Es la cuarta llamada de Lily preguntando si vamos a unirnos al intercambio de tarjetas Weasley.

Harry y Ron se miraron.

—No quiero imaginar su cara si le decimos que no —reconoció Harry.

Su princesita podía tener una mezcla del carácter de Ginny y el Harry de quince años, apenas contenido por la influencia tranquila de Luna como su madrina.

El edificio y los niños se quedarían bajo el cuidado de unas brujas que Hermione conoció en la oficina de Ley Mágica, que los mantendrían al tanto de cada detalle. Hermione también se encargaba de los trámites y seguía tecleando en su teléfono cuando salieron de la chimenea en La Madriguera. Hugo la interrumpió al correr hacia ella para abrazarla y Ron se quejó de que siempre iba hacia ella primero, nunca hacia él.

Harry también fue "atacado" por Lily, quien se le colgó y le preguntó si se unía al intercambio de tarjetas. Él se rio, la abrazó y asintió.

—¿Cuánto tiempo me queda para hacer una linda tarjeta? —murmuró, depositando algunos besos en su cabecita.

Lily revisó la tablet prestada con una expresión seria.

—Una hora.

Harry le revolvió el cabello y fue al comedor, donde estaban dispersos los materiales para las tarjetas.

Se sentó junto a un Sirius que tenía los dedos pegados entre sí e intentó no distraerse hablándole del caso de los niños o ayudándole a separar sus dedos, porque Lily se acercaba cada pocos minutos para asegurarse de que sí fuese a tener su tarjeta lista.

Estaba seguro de que esa parte de su personalidad no la sacó de su lado de la familia.

—0—

Harry le dio su tarjeta con un arbolito de navidad a Luna. Ella pareció brillar de felicidad, porque era una tarjeta muy muggle y eso le encantó.

Sirius le dio la suya, cubierta de escarcha roja, mensajes navideños y una calcomanía de un perro, a Harry. Antes de que pudiese agradecerle, Sirius ya lo estrechaba con fuerza y se reía junto a su oído, diciéndole lo feliz que estaba de tener una navidad juntos.

Lo de las tarjetas fue todo un evento, la cena fue tan exagerada en cantidades como de costumbre, el bullicio el que cabría esperarse en una casa con tantas personas y Lily estuvo pegada a él gran parte del tiempo, feliz con su promesa de que ahora sí tendría vacaciones para estar con ellos e incluso iría a Hogwarts. No le habló de ser profesor, sólo de ir. Esperaba no lidiar con la expresión incrédula de James hasta el último día.

Alrededor de las once de la noche, Harry Potter se encontraba sentado en un taburete en el garaje, con un vaso de ponche en una mano, y moviendo la otra para levitar una llave hacia Sirius, que estaba concentrado en arreglar su motocicleta. En unirla, más bien, porque todavía no era una estructura completa.

Escuchó un débil siseo sin significado y giró el rostro para ver a la serpiente negra que se detenía en la entrada a la casa.

¿Qué? —indagó Harry, el pársel fluyendo con naturalidad al observarla.

Cuento cabezas de humanos para ella —indicó Adhara, con su hablar arrastrado y lleno de "ssss". Supuso que se refería a que Astoria le pidió que comprobase que los que le importaban estuviesen en la casa, a salvo.

Por eso miró alrededor, buscando a alguien que pudiese preocuparle a Astoria. No tuvo ninguna idea hasta que notó que Draco también se acercaba desde la casa. Vio a la serpiente, le rozó la cabeza y entró al garaje.

Unas piezas de lana verdes cayeron sobre el regazo de Harry. Draco simuló que nada había sucedido, frotó sus manos entre sí al aplicarse un encantamiento de calor corporal y se fijó en el desastre de metal que rodeaba a Sirius.

—Mi madre dice que intentó enviarte una carta y no tuvo respuesta —le dijo a Sirius.

—¿Andy? —Sirius despegó la vista de su moto y frunció el ceño—. No, no, tú eres de- de Narcissa, Nymphadora era la de Andy, cierto —Se masajeó la frente.

—Si estás cansado, ya déjalo por hoy —le recordó Harry, más concentrado en estirar las piezas de lana para descubrir qué eran.

—¿Por qué quiere escribirme Narcissa? —Sirius tiró la llave al suelo y se tendió junto a la moto, rendido. Entre el Quidditch, los adolescentes y niños, las celebraciones y la moto, su cuerpo apenas debería haberlo resistido.

—Son la única familia que les queda, ahora incluso ha vuelto a ser cercana a mi tía Andrómeda —Draco frunció el ceño—. Y me dijo que se llevaban bien de niños.

—Eso fue hace mucho —Sirius bufó, cerró los ojos y se los cubrió con el antebrazo.

—Dijo que intentó contactarte cuando huiste-

Harry alzó la vista de las piezas no identificadas para fijarse en la reacción de Sirius. Jamás había escuchado nada de eso.

—Fue hace mucho —repitió Sirius.

—Respóndele —pidió Harry, con suavidad—, ha cambiado mucho desde la guerra, Sirius, igual que todos. Incluso yo me llevo sorprendentemente bien con mi primo. Fue horrible, pero ahora es un buen tipo, dentro de todo.

Sirius abrió la boca con una expresión que decía que haría un comentario que enfadaría a Draco y Harry desaprobaría, vio su expresión suplicante y se limitó a resoplar.

—Está bien —aceptó, encogiéndose de hombros—, le escribiré mañana. Deberías decirle que se consiga un teléfono o una de esas- esas tablets mágicas —le dijo a Draco.

—Intenta convencerla —Draco negó—, sigue segura de que no hay nada mejor que una carta y un búho.

Mientras Sirius gruñía algo sobre sangrepuras viejos y desactualizados, Harry alzó las dos piezas de lana en sus manos y vio a Draco con las cejas alzadas.

—Son guantes, Potter —espetó él, como si fuese una obviedad.

—¿Sin dedos? —preguntó Harry. Le hacían pensar en unos que Molly hizo para James cuando tenía trece años y quería ser un músico.

—Son muy populares —Draco rodó los ojos y se mantuvo erguido, de manera que Harry sólo pudo ver de reojo que su cara se enrojecía un poco.

Contuvo la risa para no herirle demasiado el orgullo y se puso los dichosos guantes sin dedos. Tampoco estaban tan mal, al menos eran calientitos.

—Gracias, Malfoy —Una risita sí se le escapó en ese momento.

—Sólo te los doy porque quedaron demasiado horribles para dárselos a Scorpius —aclaró Draco, cruzado de brazos.

—Claro, tiene sentido.

Entonces Draco frunció el ceño y lo miró.

—¿Acabas de decir que están horribles? —Y extendió la mano en su dirección, como si quisiera quitárselos.

Harry flexionó los brazos contra el pecho para resguardar sus nuevos guantes y su risa dio inicio a una tonta discusión sobre las inexistentes habilidades de tejido de los Malfoy y las agujas encantadas que no ayudaban en nada.

—¡Regrésame mis estúpidos guantes sin dedos, Potter!

—¡Ya me los diste! ¡No puedes quitar algo que regalaste, Malfoy!

Fingió no darse cuenta de cómo los veía Sirius.


¡Aquí estamos de nuevo, flancitos! Fue un alivio poder subir algo, me hacía falta y sabía que este capítulo sería una pequeña bomba de Scorbus. En mi muro de wattpad (me buscan con este mismo usuario) tienen el mensaje en que les dije por qué la cuenta y sus actualizaciones estarían en pausa, por si no lo sabían. Todavía no he regresado del hiatus completamente porque mi situación sigue siendo demasiado complicada, pero intentaré reaparecer de vez en cuando. Se está haciendo más difícil para mí con el tiempo, pero no tengo intenciones de abandonar esto así /corazón, corazón.