El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Plantas o fantasmas

Harry escuchaba una extraña conversación.

—¿Usaste runas?

—Sí.

—¿Dónde las pones?

—Bajo su cama.

—¿En el suelo o bajo el colchón?

—Bajo el colchón, ¿seguirían funcionando en el suelo?

—No sería igual —admitió Draco, cerrando su baúl con un movimiento de muñeca. Luego le tocó la cabeza a Albus—. Eres muy inteligente, buen trabajo. Gracias por cuidarlo tanto.

—Está bien —Albus asintió y lo vio levitar el baúl fuera del cuarto—. ¿Dónde lleva a Adhara?

Draco apuntó en la dirección que tomó el primer baúl y Albus fue a buscar a la serpiente de su mejor amigo. Harry, parado bajo el umbral de la puerta, arqueó las cejas.

—Creo que le hablas mejor de lo que me has hablado a mí en toda tu vida.

—Tiene trece años —Draco elevó una ceja y lo miró de arriba a abajo—. ¿Me estás diciendo que te trate como un niño, Potter? Quizás tengas esa edad mental, pero-

Harry acomodó sus guantes "tontos" verdes y sin dedos, y Draco se distrajo mirando con odio la prenda de lana. Él le enseñó una sonrisa enorme.

—¿Ya tienen todo?

—Nosotros sí —Draco siguió estrechando los ojos hacia sus guantes—, tengo que ver a Theodore. Nesrine está muy feliz de haber pasado las vacaciones con más chicos, pero él no es muy…sociable. Esto ha sido un choque bastante fuerte para él.

Harry pensó que la mayoría de las veces que vio a Theodore Nott esos días, Nesrine lo jalaba del brazo o estaba abrazándolo mientras lo convencía de algo. No se podía decir que Molly Weasley no era hospitalaria. Aunque, técnicamente, no los quería dejar marcharse después de lo sucedido y casi "adoptó" a Nesrine como Weasley honoraria.

—Salimos de las barreras, nos Aparecemos en grupos en un área de la estación para magos y entramos por la pared, como siempre —le recordó Harry—. ¿Te espero afuera?

Draco le dio una respuesta afirmativa. Los dos sabían que Lily no querría irse antes que Nesrine, ni Albus se despegaría de Scorpius. Era más sencillo para ambos marcharse juntos. Sólo eso.

En el camino hacia el patio, Lily le preguntó por los Nott, vio a Albus jugar con la serpiente de tres metros, James le lanzó una bludger a uno de sus primos y después se escondió detrás de Teddy, fingiendo no haber hecho nada. Luego fue perseguido por Rose alrededor de la casa.

—¡Rose! —llamó Hermione—. ¡Rosie, linda, ven aquí! ¡Ya casi nos vamos, deja de pelear con James!

Harry vio a su hijo huir de la chica y suspiró.

—¡Teddy, ven a ver a James atacar a Rose! —Elevó la voz lo suficiente para hacerse oír por ambos, pero no por Teddy, que estaba en el garaje, ayudando a Sirius a empacar las piezas encogidas de su moto todavía en proceso de reconstruirse.

James frenó de inmediato y empezó a mirar alrededor. Esto provocó que Rose se estrellase contra su espalda. Cuando estaba por golpearlo por la bludger que le lanzó, Hermione la llamó de nuevo y ella se acercó de mala gana, resoplando.

—¿Y Al y Lily? —Ron le palmeó el hombro a manera de saludo. Sostenía la mano de Hugo con su otro brazo.

Harry señaló a la casa y sacudió la cabeza.

—Lily gritó cuando quise sacarla, diciendo que no se iba sin Nesrine Nott.

—¿Te imaginas si nuestros "yo" de quince años se hubiesen enterado de que tendríamos a los Malfoy y a los Nott en La Madriguera por vacaciones de diciembre? —Ron se echó a reír—. Nos habrían lanzado un par de maldiciones.

—Le habrían dicho a Hermione que buscase una forma de descubrir si éramos Mortífagos o algo así —agregó Harry, conteniendo la risa.

—¿Que yo qué? —Hermione se fijó en ellos y su esposo le lanzó un beso al aire y siguió riéndose, en lugar de contestarle.

Draco apareció con una fila de chicos. Lily, Nesrine, Albus y Scorpius. Theodore hablaba con él en voz baja sobre algo.

—¿Ya podemos irnos? —Harry miró a sus hijos con una expresión suplicante—. Hermione nos va a regañar a todos, ¿saben?

—Pon tu cara seria para ayudarlo —Oyó que le susurraba Ron a su esposa.

Hermione adoptó la expresión que ponía para regañarlos y cada chico con sangre Weasley en el patio se movió más rápido. Incluso los que no iban tarde.

Harry sostuvo las manos de Lily y Albus, y esperó sus asentamientos para estar seguro de que podía Aparecerse. Teddy lo ayudaría llevándose a James. Sirius se ofreció, pero algo le decía que esos dos podrían acabar comiendo helado en el Callejón Diagón y aparecerían en Hogwarts al día siguiente para la primera clase de James. Prefería ahorrarse la preocupación.

Siguieron el recorrido que le dijo a Draco que harían. La estación, mucha gente, los chicos corriendo hacia la pared y pasando desapercibidos por los muggles. Con los invitados de la tercera generación Weasley, había demasiados adolescentes y niños, y Molly quería despedirse de todos en persona, demasiado encariñada con cualquiera bajo su cuidado, como de costumbre.

Harry hizo que Ron le prometiese, de nuevo, mantenerlo atento a los avances del caso de la Cofradía. Abrazó a Hermione y después a Luna, que le avisó que estaría en Inglaterra por un poco más de tiempo, intentando ayudar a los espíritus de la iglesia.

Tras más despedidas de las que podía contar, se dirigió al expreso. James frunció el ceño apenas lo vio subirse al tren y Harry intentó no reírse.

—Ah, sí, olvidé decirte que soy tu nuevo profesor de Defensa —Y le palmeó la cabeza—. Sorpresa.

—¡No!

—Sí.

—¡No!

—Oh, sí —Harry asintió, muy serio.

Agh.

Sin embargo, se quedó en el pasillo con él, dejándolo jugar con su cabello, así que tras unos segundos, Harry entrecerró los ojos y le jaló un mechón.

—Vuelve a la normalidad, Teddy. No te puedes colar en Hogwarts, tienes prácticas en el Ministerio esta semana.

—No sé de qué hablas…—"James" evitó su mirada, hasta que Harry volvió a jalarle el cabello.

—¿Qué está haciendo James? ¿A dónde fue?

"James" se encogió de hombros.

—Edward.

—Sirius y él están poniendo bombas de pintura en los cuartos que se usan para cambiarse —Teddy regresó a la normalidad y resopló—. Antes eras más divertido.

Así que la primera tarea de Harry como docente de Hogwarts fue sacar a su hijo mayor y a Sirius Black de los vestidores y desmantelar sus bombas de pintura. Lo último era cada vez más difícil, desde que las habilidades de George sólo mejoraban con las bromas.

Llevaban casi una hora de viaje cuando Harry por fin entró al compartimiento de profesores, cubierto de pintura rosa chillón, verde fluorescente, amarillo brillante y azul eléctrico. Lo peor es que no se quitaría pronto. George se aseguró de que sus bromas tuviesen una duración mínima y todavía no conocía ningún hechizo que pudiese hacerle frente a sus trucos.

McGonagall soltó un "oh" que sonó a que quería no reírse para no ser maleducada. Neville, junto a ella, boqueó. Draco sí se burló abiertamente.

—No parece tan fácil ser profesor ahora, ¿cierto, Potter?

—Después de esto, Malfoy —Harry se sentó en el asiento contrario—, seguro será más simple.

—Hay tres Potter por ahí —agregó Theodore, en tono desinteresado.

Flitwick se ofreció a ayudarlo a retirar la pintura, pero Harry tuvo la sospecha de que sólo quería presenciar el buen trabajo de encantamientos de George, como siempre. Era fanático del trabajo de Sortilegios Weasley, a nivel mágico.

A mitad del viaje, Lily irrumpió en el compartimiento, se disculpó con los demás profesores y miró a Harry con un puchero.

—James soltó a mi Autumn, papá.

Era su lechuza. Harry se preguntó si pasaría otra hora buscando a un ave con inteligencia superior al promedio en un jodido tren en movimiento lleno de niños mágicos y curiosos.

Sí, eso hizo.

Ya no estaba sorprendido por la cantidad de cartas que McGonagall le escribía sobre James en primer año cuando bajaron del tren y vio a James con la expresión que tenía antes de una broma, alrededor de los carruajes.

No de nuevo, quería lloriquearle. ¿No podía estar tranquilo cinco segundos?

—Potter —Draco le pasó por un lado, con un pergamino enrollado en una mano. Harry estaba por contestarle, hasta notó que no se dirigía a él. James lo miró enseguida—, los Hufflepuff dicen que a ellos les toca tener el asistente esta primera semana y comenzaré con las pociones ilusorias complejas que pueden usar en sus TIMO's.

—¡Pero los Hufflepuff tuvieron al último asistente el año pasado! —se quejó James.

—Sí, pero tú ibas a ser el primero del ciclo escolar, y ellos dicen que con ese comportamiento que has tenido en el viaje…

James boqueó por varios segundos, miró el carruaje, a Draco, a los Hufflepuff más cercanos, y al carruaje de nuevo. Fue él mismo hacia el carruaje para retirar la bomba de gas de la risa que todavía no terminaba de instalar y se la tendió a Draco para que la desactivara.

—Bien —Draco le entregó el pergamino a James, que parecía listo para saltar de alegría apenas lo desplegó.

—¿En serio?

Draco asintió. James echó a correr hacia sus amigos Gyffindor y preguntó si alguien había visto al perro negro que iba con él en el tren.

Harry se subió al mismo carruaje de Draco. Quedaron cara a cara en los asientos y estiró la pierna para tocar la suya y llamarle la atención.

—¿Qué tenía el pergamino que le diste?

—Un permiso para ir al Bosque Prohibido con Hagrid —contestó Draco, tras darle una breve ojeada. Se volvió a fijar en el trayecto, con aire aburrido.

—¿Un- qué?

—Necesito cabello de unicornio recién tomado y eso suele requerir acariciar la crin del unicornio, hasta que algo de cabello quede en tu mano —explicó Draco, como si fuese una cuestión de lógica que Harry no veía—. Yo no tengo ganas de acercarme a esos ponys cornudos con el frío que hace y a mini Potter Gryff le gustan los unicornios.

—¿A James qué?

Draco rodó los ojos.

—A tu hijo le gustan los unicornios, Potter.

Harry repasó las memorias que tenía con sus hijos, hasta que estuvo seguro que la única que chillaba cuando veía un unicornio era Lily.

Aunque, ahora que lo pensaba bien, James la acompañó las dos veces que ella quiso ver el paso de una manada de unicornios. Ponía expresión de hastío y actuaba como si fuese sólo por ser buen hermano, pero iba.

—¿Es en serio?

Muy en serio —Draco asintió—. Quiere subirse en uno y perseguir a otras personas para asustarlos con el cuerno.

Oh, eso sí sonaba a su James. Harry estuvo feliz de darse cuenta de que no estaba tan perdido como se sintió.

En cuanto los carruajes se detuvieron frente al castillo, un enorme perro negro corrió hacia ellos. McGonagall lucía demasiado emocionada para hablar, mientras Sirius en su forma animaga le lamía la mano.

Hubo un gran banquete que no había cambiado demasiado desde sus años en el colegio y recibió más aplausos como docente nuevo que algunos de los maestros de Defensa que tuvo en su época. James se había olvidado de quejarse y planeaba algo en la mesa de Gryffindor, con el permiso firmado por Draco todavía en su mano. Lily se puso de pie al aplaudirle, emocionada por tenerlo ahí, y Albus apenas vio hacia la mesa, antes de seguir hablando con Scorpius.

Sí, esos eran sus chicos.

Harry realmente esperaba no ser despertado a mitad de la noche con la noticia de que James montaba un unicornio y aterrorizaba a Hogwarts.

—0—

Draco sentía que se estaba luciendo con sus clases de esa semana. Se despidió de un grupo de mocosos de once años que dejó su salón vuelto un mar de colores y esponjosidad, realizó algunos hechizos de limpieza y se imaginó la cara que haría Severus Snape al ver cómo quedó su preciado laboratorio.

Cuando creyó que estaba listo para marcharse, alguien tocó la puerta. Por un segundo, estuvo seguro de que era Potter con alguna tontería e iba a soltar un comentario sarcástico, hasta que encontró a Neville Longbottom parado bajo el umbral de su aula.

—¿Qué pasa? —Draco continuó con sus hechizos de limpieza y comprobó el lugar con un vistazo, mientras el profesor de herbología titubeaba.

—La directora me dijo que te buscase —explicó Neville, en voz baja—, quiere que vayas a su oficina…

Draco hizo una pausa y repasó los últimos eventos ocurridos en el castillo. Que él supiese, no cometió un error ni sus Slytherin decidieron formar el nuevo ejército de la futura Señora Oscura.

Se había asegurado de esto último, tomando una tarde en la Sala Común para reunir estudiantes de su Casa y explicarles con detalles lo que les sucedió a los seguidores de Voldemort. Sospechaba que ahora estarían demasiado asustados para intentar alguna estupidez.

¿Se habría equivocado?

Su expresión debía ser muy seria, porque Neville dejó escapar una risa nerviosa.

—No es para nada malo.

De todos modos, sería una falta de respeto ignorar a la directora. Draco levitó sus últimas pertenencias y caminó fuera del salón. Notó que Longbottom lo seguía de cerca y lo miró por encima del hombro, con una ceja arqueada.

—Oh, yo también voy —aclaró el profesor de herbología.

—¿Quiere que nos reunamos los tres?

Esto extraño más a Draco. Neville asintió.

Avanzaron en silencio y Draco decidió ahorrarse sus preguntas y reservarlas para McGonagall. Utilizaron la contraseña de turno y entraron a una oficina llena de cuadros de viejos directores.

McGonagall les hizo un gesto con que les pedía privacidad. Algunos magos se marcharon a otros retratos, unos más se durmieron en un instante, otros se pusieron a conversar entre ellos. Los pocos curiosos que se negaban a perderse esto tuvieron que lidiar con que ella bajase unas cortinas sobre sus retratos, bloqueándoles la visión y obstruyendo su capacidad auditiva.

Bien. Draco comenzaba a preocuparse. A menos que estuviese iniciando una nueva guerra, no creía que hubiese algo que no pudiese decirle a los antiguos directores.

La directora hizo que ambos se sentasen frente al escritorio y les ofreció té. Sólo cuando tenía en sus manos una taza y un bocadillo, Draco volvió a darles una mirada inquisitiva.

McGonagall carraspeó y acomodó sus brazos sobre el escritorio, una galleta a medio comer en una de sus manos.

—¿Qué tal llevas el horario de tus clases? ¿Alguna es inconveniente?

Draco frunció más el ceño por el tono dulce en que lo preguntaba y pensó que no tenía sentido hablar de su trabajo con Longbottom allí presente. Era claro que no lo llamaron para eso.

—Está bien. Al menos no tengo la última hora de la tarde de viernes —Draco se encogió de hombros.

Jamás olvidaría cuánto odiaba esa clase cuando estudiaba.

—¿Y los chicos…?

—Lo más difícil es ganártelos. Si te respetan y consiguen interesarse por la clase, bueno…se comportan tanto como puedo esperar de un montón de niños y adolescentes.

McGonagall asintió, despacio, e intercambió una mirada con Neville.

Esto ya estaba siendo raro.

—Además de comer en la mesa de profesores y algunas ocasiones en que sales con Theodore o te encuentras con Neville en el pueblo…en verdad no has tenido una buena relación con los otros profesores, ¿no? —indagó la directora.

—Tengo una relación neutral con ellos —contestó Draco. No lo molestaban, ni él a ellos. Cada quien se encargaba de lo suyo. Era un equilibrio perfecto.

McGonagall suspiró y acabó con su galleta.

—Escucha, sé que puede sonar cansino, pero entendemos por lo que has pasado…

Draco se preguntó si alguno de los dos tendría una Marca Tenebrosa en el brazo, una esposa medio viva atrapada en otro plano y un hijo probablemente contaminado por magia oscura misteriosa salida de Merlín sabía dónde.

No, no lo creía.

—¿A qué se refiere? —decidió preguntar.

—Mi esposo murió hace muchos años —siguió McGonagall, con suavidad—, estuvimos juntos poco tiempo. Pero aún lo recuerdo bien. Y la prometida de Neville…

—Una rara enfermedad mágica. No encontramos la cura a tiempo —Neville habló sin verlo y se encogió un poco de hombros—. Creo que podría estar en una de las plantas del Bosque Prohibido.

Draco ya temía hacia dónde iban con esto. No había usado más la ropa de luto de los sangrepura y no esperaba tener que explicarle a otra persona que Astoria no estaba muerta, sólo no estaba viva.

—Lo que queremos decir —continuó McGonagall, al no obtener reacción alguna de su parte— es que aislarte no te ayudará y tratar con otras personas, en cambio, puede ser beneficioso. Puede ayudar a sobrellevarlo.

Draco consideraba seriamente tirarse por la ventana y usar un hechizo que le evitase el golpe, si así evadía esta plática.

—Los demás profesores piensan…

Oh, Merlín, no.

No tenía idea de cómo volvería a sentarse en la mesa de profesores. Por lo menos sus estudiantes no intentaban hacer de psicomagos.

Draco se sirvió más té, tomó otro bocadillo y siguió pensando en maneras de huir de ahí sin parecer un viudo demasiado herido para oír el nombre de Astoria.

No se le ocurrió nada.

—0—

Tras una semana fructífera llena de clases dinámicas, Harry se dio cuenta de que ser un buen profesor era mucho más difícil de lo que parecía y que Remus lo hacía ver tan simple en su tercer año. Era increíble. Debió seguir dando clases, tenía un don.

A comparación de él, Harry pensaba que quizás no hizo suficiente.

Estaba tendido en el suelo de piedra de su salón, jadeando por aliento, y Sirius, con quien hizo una demostración de un duelo para los de quinto con hechizos aprobados para los TIMO's, casi lo pateó cuando le dijo esto.

—¿Que no hiciste lo suficiente? ¿Te golpeé muy duro con el último hechizo o qué? Si hubiese tenido un profesor como tú, James y yo ni siquiera habríamos tenido ganas de copiarnos en los exámenes.

Cuando Harry le dirigió una mirada de reprimenda por hablar de copiarse, Sirius chasqueó la lengua y se puso de cuclillas junto a él.

—Eh, Harry, entiende algo. El mejor profesor no necesita hacer mucho más que el resto. Sólo interesa a los chicos. Eso basta —Sirius se encogió de hombros—. Muéstrales por qué es bueno aprender estos hechizos, cómo se hacen, para qué, por qué la magia es un regalo, y todo eso. Si llenas un salón de chicos interesados por el tema, ellos básicamente harán el resto y tú sólo vas a poner ese conocimiento a su alcance; eso decía Remus.

—¿Por qué Remus era tan inteligente y bueno? —lloriqueó Harry.

—Me hice la misma pregunta por muchos años —Sirius fingió pensarlo—, todavía no tengo una respuesta.

Le palmeó el pecho y se levantó de un salto. Harry lo vio limpiar con algunos hechizos y remover las colchonetas mágicas que reemplazaron áreas del suelo y paredes para cuando los chicos saliesen volando por lo que practicaban.

—¡Voy a estar en el bosque, por si me necesitas! —Sirius se sacudió como un perro, adoptó su forma animaga y salió corriendo, antes de que Harry pudiese recordarle que James sólo iría por el cabello de unicornio, no a hacer travesuras.

Supuso que era inútil intentar detenerlos. Estos días no podía evitar recordar a Ginny preguntándole si estaba seguro de que le gustaría llamar "James Sirius" a su hijo.

A Harry le pareció una gran idea.

Era una de esas cosas por las que se llamaba "idiota" cuando se fijaba en su pasado.

Tras otro rato de pensar en cómo podría hacer una mejor clase y recuperar energías, se paró y comenzó a levitar las cosas del aula de vuelta a su sitio. Sirius las ocultaba bajo mesas o en gabinetes, en lugar de acomodar en verdad.

Apenas estuvo listo, regresó a su escritorio y recogió su bolso. Cuando se giró, sin embargo, se detuvo frente a un rostro espectral.

La silueta ante él no tenía el color de los fantasmas, aunque sí una constitución similar. Estaba seguro de jamás haberle visto deambular por el castillo, y si alguien sabía de vagar por ahí, ese era él.

—¿Te perdiste o algo así?

En el mundo mágico, incluso si aparecían de la nada, al menos los magos no sufrirían un colapso como los muggles frente a un espíritu.

—No —El espíritu tenía una voz suave y estrechó los ojos en su dirección—. Estoy justo donde debo estar.

Harry no creía que hubiesen tenido otro asesinato en Hogwarts del que nadie se hubiese enterado.

—¿Te vas a unir a una de las fiestas de Sir Nicolás?

—No —El espíritu siguió dándole una mirada desagradable—, voy a fastidiarte.

¿Qué?

—¿Disculpa? —Harry intentó usar su mejor tono tranquilo—. Me parece que…

—Dije que voy a fastidiarte —aclaró el espíritu.

En serio, ¿existía algún ente maligno que no estuviese interesado en echarle a perder la vida?

—De acuerdo, lo que no entiendo es por qué exactamente me-

—Estás en mi lugar —El espíritu se colocó las manos fantasmales en la cadera a medio desvanecer.

Harry se movió hacia un lado y se fijó en el escritorio. Lo apuntó.

—Oh, ¿tú…?

—Es mi lugar —gruñó el espíritu—. Porque nadie más me vea ni me oiga, no deja de ser mi lugar. Me lo gané.

—¿Fuiste parte del personal docente?

—¡Fui la mejor profesora de defensa que este colegio ha tenido! —replicó el espíritu—. ¡Pero luego sólo contrataron incompetentes! Entonces cuando llega un nuevo incompetente, tengo que fastidiar y fastidiar hasta que se vaya para que no le enseñe nada malo a esos niños.

Harry recordó la historia de la "maldición del profesor de Defensa contra las Artes Oscuras" que había cuando estudiaba.

—¿Te apareces frente a todos los profesores de esta materia?

—Uhm, no —El espíritu simuló "sentarse" sobre la mesa del escritorio—, la mayoría han sido tan ineptos mágicamente que son incapaces de verme u oírme. En especial los contratados por ese Albus Dumbledore. No me agradaba cuando era mi superior, no me agradó más después.

—¿Pero sí les haces algo…?

El espíritu sólo sonrió.

—¿Te le apareciste a Theodore Nott o Draco Malfoy?

Iba a maldecirlos si lo sabían y no le advirtieron que tendría que lidiar con esto también.

El espíritu negó.

—Malfoy sólo era un suplente, no tenía caso fastidiarlo, y Nott no tenía planes de quitarme mi lugar, sólo estaba esperando el puesto de Aritmancia. Tú, en cambio —El espíritu se elevó y se inclinó sobre Harry—, pareces dispuesto a quedarte con mi puesto.

—Técnicamente, es mío ahora —aclaró Harry—. Pero no serías el primer fantasma docente. Podemos hablarlo con McGonagall, Binns sigue-

—McGonagall no me ve —espetó el espíritu—, el último director que me vio fue ese Snape, pero estuvo tan poco tiempo, ni siquiera conseguí tener una conversación decente con él…

—Bueno, tomó el colegio por la fuerza con el otro bando, no debía estar mucho tiempo-

El espíritu le dedicó otra mirada desagradable.

—Te odio.

Y se desvaneció.

Después de un momento de mirar alrededor para asegurarse de que no volvería, Harry se aplicó un encantamiento que alejaba a los fantasmas, lanzó una barrera al salón y lo abandonó.

Se la encontró de nuevo en su cuarto.

—0—

Harry entró a la cocina con pasos sigilosos, comprobó que el espíritu de los profesores de defensa no lo seguía y exhaló. Ese leve sonido atrajo la mirada de cada elfo de la cocina. Luego se armó un alboroto de elfos chillones.

—¡Harry Potter! ¡Es Harry Potter! ¡El señor Harry Potter ha venido a las cocinas….!

—¡Profesor, profesor, profesor…!

Antes de que se diese cuenta, ya tenía un pastelillo en una mano y un elfo le preguntaba qué quería para la cena. Tendría un menú especial que era preparado con magia justo delante de sus ojos.

Harry le agradeció, se quitó los guantes verdes sin dedos para no ensuciarlos y mordió su pastelillo. Por costumbre, miró alrededor y se topó con que no era el único mago allí abajo.

Draco le agradecía en voz baja a un elfo que rellenaba su taza de chocolate. Estaba sentado en un rincón de la cocina, cerca del fuego, envuelto en una manta y con una bandeja cuyos platos ya estaban vacíos a un lado.

Harry sonrió, caminó hacia él, se sentó en el suelo y agradeció al elfo que le ofreció otra manta.

Draco lo vio de reojo, bufó y bebió de su taza.

—¿Qué harán en el comedor si sucede algo y el gran Harry Potter, Merlín reencarnado, no está allí para salvarlos?

Harry resopló.

—Espero que no haya un profesor malvado y no necesiten al "Merlín reencarnado", para empezar —aclaró, en voz baja. Le sonrió al elfo que se acercó con un plato de más bocadillos. Su cena levitaba hacia él también y una elfina lloró cuando Harry le agradeció. Él volvió a centrarse en Draco—. ¿Y Scorpius qué hará si usa la excusa de "mi padre se enterará de esto", pero tú no estás cerca?

—Creo que jamás he oído a Scorpius decir eso —murmuró Draco, los labios casi pegados a su taza.

Harry soltó una risita y le ofreció uno de los bocadillos que le regalaron los elfos. Draco lo aceptó y continuaron frente al fuego, en silencio, por unos segundos.

—Cuando estabas de suplente en mi puesto, ¿viste alguna vez a un espíritu que dice que le quitaste su lugar?

—¿Qué? —Draco frunció el ceño—. No.

—Ah —Harry suspiró—. Bueno, pues hay un espíritu diciendo que le quite su puesto y que va a fastidiar a cualquier profesor incompetente en su sitio que se quiera quedar ahí.

—¿Sí sabe que salvaste al mundo mágico dos veces? —Draco arqueó las cejas.

—No lo creo, pero puedes ir a decirle que soy la reencarnación de Merlín y ver si la convences de calmarse un poco…

—Mejor acostúmbrate a ser fastidiado —replicó Draco, girando el rostro enseguida, con la barbilla en alto.

—Ya lo resolveré —Harry se encogió de hombros—. Por ahora, esto de comer aquí no parece malo.

—McGonagall y Longbottom quieren que me una a ellos a la hora del té para hablar de plantas y sentimientos —susurró Draco, tras un rato—; el espíritu no suena tan mal, ¿quieres que cambiemos de lugar?

—¿Que ellos- qué? —Harry se rio de la simple idea del mago atrapado entre esos dos.

—Piensan que estoy demasiado herido por lo de Astoria y que estoy reprimiendo mis emociones y caeré enfermo y moriré de soledad, o algo como eso me pareció entender de su charla de una hora —Draco meneó la cabeza—. No oía a un profesor hablar tanto desde la última clase que tuve con Binns.

Harry apretó los labios para contener la risa y falló.

—¿Qué les dijiste?

—Que me sentía bien —Draco rodó los ojos—, no necesitaba ayuda, todo estaba perfecto, yo lidiaría con Scorpius solo.

—Y seguro pensaron que estabas en negación —señaló Harry—. Mi psicomago diría que es una forma clásica de evasión cuando no quieres hablar de algo que te duele…

—¡Ni siquiera está muerta en serio!

—Ellos no lo saben —Harry se encogió de hombros—, intentan ayudar desde lo que sí saben, y todo eso.

—Y no fue lo peor —continuó Draco, que no pensaba parar ahora que tenía a alguien en quien depositar sus quejas del día—. Quisieron que leyese un libro…

Cuando se dieron cuenta de la hora, los platos de Harry también estaban vacíos y el toque de queda de los estudiantes estaba a punto de comenzar. Tuvieron que ir en diferentes direcciones al salir de ahí.

Tan pronto como lo vieron por un pasillo, alguien le dijo que James se había subido a un unicornio y perseguía a Lily por el patio.

Harry suspiró. Comenzaba a sentir lástima por cada uno de los profesores que tuvo durante sus años allí.