El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Una larga noche

Ron se había sacado la túnica de Auror antes de sentarse y revisaba su tablet, luciendo como casi cualquier muggle en su día a día, en la banca apartada del parque. Como si el mago al que hechizó se hubiese dado cuenta de lo que hizo, no paraba de Aparecerse de un punto a otro. No creía posible que alguien en verdad viajase tanto en un día por otro motivo.

De momento, tenía que concentrarse, luego lo resolvería.

Alguien se sentó a su lado y puso sobre la pantalla de la tablet un papel doblado.

—¿Cuántos? —preguntó Ron, sin despegar la vista de la pantalla en que el punto luminoso titilaba, se desvanecía y volvía en otro sitio.

—Cuatro. Uno es Anderson.

Ron tuvo que contenerse de levantar la cabeza, interesado en ese apellido. El único Anderson en sus registros en ese momento era un asesino. Tres niños, dos adolescentes. Sólo uno tenía magia.

—¿Por la noche?

—Ese es el plan —contestó la otra persona.

El Auror apagó la pantalla de la tablet, revisó la lista y asintió. Anderson era el peor, pero el mundo mágico también estaría mejor con los otros fuera de las calles.

—¿Qué hacían en el edificio ese de hoy en la mañana?

Esa persona se rio. Todavía no tenía idea de si esa voz pertenecía a un mago o una bruja. Algo le decía que quizás no fuese ninguno.

Tampoco podía ver su rostro; se aseguró de eso. Cuando Liva sirvió de enlace de nuevo entre la Cofradía y él, le explicó que estarían deteniendo criminales que podría entregar limpiamente al Ministerio. La Señora Oscura no estaba interesada en tener "basura" en las calles.

Esa persona hechizaba la banca para que hubiese una barrera invisible entre ambos. Incluso si Ron intentaba, girando el rostro, sólo encontraría una silueta desdibujada.

—¿Por qué te lo diría?

—¿Por qué no? Le dijeron a Liva que no actuarían como criminales en al menos dos semanas más.

—Actuar como criminales…—tarareó la otra persona—. Suena a que hemos hecho algo muy grave.

Ron suspiró y se pasó una mano por el rostro.

—Sobre el Neverland…

—En orden —replicó esa persona de inmediato—. ¿La casa hogar Lily Potter Evans?

Casi se rio al recordar la expresión de Harry cuando se enteró de cómo pensaba llamarla el Ministerio.

—En orden —repitió Ron—. Mione consiguió maestros para los más pequeños, recaudó fondos para los materiales de los que van a Hogwarts y reunió un montón de voluntarios para no sé qué cosa de reconstrucción.

La persona a su lado se puso de pie.

—Si eso es todo…

Como Ron no le dijo nada, se Apareció. En la parte inferior del papel que dejó con él, además de los nombres de los criminales que agarrarían, puso el lugar al que tendría que ir a recogerlos cuando hubiesen terminado y la hora aproximada.

Ron resopló y volvió a revisar la tablet. El punto que marcaba la posición del miembro de la Cofradía ya no estaba al alcance.

Regresó al Ministerio.

—0—

Le changement broom, el local que antes se conocía como las Tres Escobas, estaba lleno a esa hora del día. Los chicos decidieron llamarlo sólo "broom" con un falso acento francés nada convincente y les encantaba la promoción de almuerzos para los estudiantes que tenía la dueña durante las visitas a Hogsmeade. Pronto se volvió un local más famoso que su predecesor, adolescentes se reían y discutían sobre sus pedidos, y era una suerte que Talía hubiese aceptado reservarle a Harry una mesa junto a la ventana en el piso superior.

Arriba siempre era más tranquilo. Theodore Nott jugaba ajedrez con su hija, que se escapaba de las tareas que le daba su madre cada poco tiempo para mover otra pieza y luego corría de regreso. Draco Malfoy mascullaba algo sobre un estudiante que desconocía la diferencia obvia entre las medidas de "una lágrima" y "una gota". Y por lo que Harry escuchaba, dicho estudiante era su hijo James.

—¿Y cuál es la diferencia? —indagó, levantando la vista de su revista de Quidditch—. ¿Una lágrima no es una gota?

Draco soltó un suspiro melodramático y lo apuntó con gestos teatrales, mirando a Theodore, quien se encogió de hombros.

—Recibió dos Avadas, Draco. Yo diría que hay que darle un poco de crédito porque su cerebro aún funcione. O porque siga respirando al menos.

Nesrine se echó a reír. Después se percató de que se burlaba de un profesor, se cubrió la boca y vio a Harry fruncirle el ceño a Theodore.

—Decir esas cosas es malo, padre —lo "regañó" Nesrine.

—¿Sí? —Theodore le dedicó una mirada interesada y una pequeña sonrisa—. Gracias por corregirme, preciosa.

Una muy feliz Nesrine movió su pieza y corrió de nuevo escaleras abajo para ver si su madre necesitaba ayuda con el local. Theodore regresó a su expresión casi indiferente y contempló el tablero.

—Esta niña está por hacerme un jaque.

—Es Ravenclaw —Draco se encogió de hombros— y tiene una inteligencia sobresaliente por ambos lados de la familia, ¿qué esperabas?

—Un poco de consideración por mi orgullo —Theodore movió su pieza y apoyó la barbilla en una de sus manos, sobre el borde de la mesa.

—Habla con Potter sobre la falta de consideración de sus hijas, te sentirás mejor tras un rato.

Harry sabía que se refería a la clase en que Lily lo sacó despedido con un hechizo. Era una práctica, y tanto en su papel de profesor como de padre, estuvo muy orgulloso de ver ese nivel en una niña de once años.

Por otro lado, todos sus estudiantes de primer año lo vieron, además de algunos profesores que tenían la hora libre, y su título de niño-que-vivió fue más como un adorno antiguo y en desuso.

—Al menos James no le tiene miedo a los unicornios…—murmuró.

—Scorpius no intentó subirse a uno.

—Pues-

Theodore suspiró, interrumpiendo la discusión que se avecinaba, y miró el techo por un instante.

—Voy a ver cómo está Talía —decidió, poniéndose de pie—. No se maten mientras tanto. Hay estudiantes allá abajo.

Ambos regresaron a sus asuntos. Draco corregía un ensayo y Harry desplazaba las páginas de su revista hasta el final, donde había puesto un sobre que llegó un rato atrás.

Lo abrió y extendió el pergamino de manera tal que estuviese oculto en la revista.

Empezó a fruncir el ceño y Draco lo notó, por lo que se olvidó de su ensayo.

—¿Malas noticias?

Nesrine subía en ese momento con pasos rápidos. Les sonrió, se acercó al tablero y arrugó el entrecejo. Susurró algo sobre su padre haciendo trampa, movió una pieza de Theodore a su posición anterior y la suya en el turno que correspondía y regresó abajo deprisa.

Por esos segundos de despiste, una fuerza invisible jaló la carta de Harry fuera de la revista y a través de la ventana.

Harry exhaló y la atrajo de vuelta con un accio sin varita.

—Un poco más de creatividad para atormentarlo, ¿no? —propuso Draco, buscando alrededor a lo que hubiese causado eso—. Podrías…

Harry carraspeó para llamar su atención de vuelta y negó, ceñudo.

—No le des ideas para atormentarme.

—Aburrido —Draco le quitó la revista con la carta de nuevo oculta y la ojeó. Había estado a su lado cuando la recibió, así que sabía que venía del Ministerio y que sólo mantenían a Harry atento a un caso—. ¿McCarthy?

—Es una Aurora muy talentosa que ha trabajado varias veces dentro de mi escuadrón —Harry apuntó a la carta escondida—; debe haberlo comprobado varias veces antes de enviarlo.

Draco asintió, arrugando el entrecejo, y releyó la carta.

—Bla, bla, bla, escapó, por suerte, bla, bla, bla, no saben cómo, no lo pueden rastrear, bla, bla, bla…oh, estos ingredientes…

McCarthy se aseguró de copiar la lista de rastros de los elementos que hallaron en el edificio usado por la Cofradía, en caso de que Harry supiese algo que ellos no.

Draco tomó pluma y un papel y comenzó a hacer anotaciones, mirando de reojo la carta cada poco tiempo.

—…este cuero con esta resina da un efecto similar a la piel…y recuerdo que esta esencia se condensaba a fuego lento para formar una masa que podía ser dividida y estirada…y…—Paró de pronto.

—¿Draco?—Harry se inclinó hacia adelante y recuperó la carta, buscando algo en verdad impactante allí.

No encontró nada. Era corta y concisa. No parecía que pudiesen atrapar al mago que huyó, no tenían idea de cómo escapó y pensaban consultar a un experto para saber qué podían hacer esos elementos. Más allá de las cosas materiales como artículos dejados por la prisa o instrumentos de trabajo, lo que Draco copiaba eran los elementos en sí mismos, un conjunto muy exacto de ellos.

De pronto, apuntó al papel de la lista con su pluma.

—Con esto…creo que con esto se puede hacer un homúnculo.

—Ah —Harry empezó a asentir, como si fuese cuestión de lógica.

—No sabes qué es, ¿cierto?

—Suena a algo…¿médico? —probó Harry, con una sonrisa que esperaba que le diese una mejor imagen.

Simplemente no era su área de especialidad, pero que le pidiese enlistar, o mejor aun, ejecutar, los hechizos de protección desde básicos a avanzados y lo haría en un instante.

Draco se masajeó las sienes.

—En una de las guerras mágicas del siglo pasado- hablo de antes de la época de auge de Grindelwald incluso, un mago alemán y una bruja rusa dijeron "bueno…¿y si pudiésemos pelear con soldados mágicos pero no humanos?" y salieron los homúnculos.

—¿Son…como inferis?

—Más bien como cuerpos orgánicos que pueden albergar magia y una consciencia, pero quien los controle en verdad no está allí, sólo es…—Draco agitó una mano, buscando la palabra exacta.

—¿Como un reemplazo para que el cuerpo real no se lastime?

—Sí, exacto —Draco asintió—. Pero el laboratorio fue cerrado a mitad del proceso, la investigación se canceló, se acabó la guerra y prohibieron volver a intentar eso. Nadie sabe si es en verdad posible, sólo existe el estudio previo al respecto y la teoría.

Harry revisó la carta de nuevo y lo sopesó por unos instantes.

—Cuando Voldemort regresó, en el cementerio, en cuarto año —murmuró, con los ojos fijos en el papel—, necesitó carne, hueso, sangre…

—Ese ritual es diferente —Draco meneó la cabeza—, Quién-Tú-Sabes había llegado a una supuesta inmortalidad, tenía esos- horrocruxes. Investigué el proceso tiempo después; necesitas los horrocruxes para hacerlo, y aun así, no es probable que sirva porque sus requisitos son un poco…bueno, tú estabas allí, los oíste.

—¿Crees que estén planeando conseguirle un cuerpo físico nuevo a Astoria?

—Eso me preocupa —admitió Draco.

Harry se removió en su asiento, comprobó que el muffliato en torno a ellos que arrojó apenas llegaron siguiese en funcionamiento y se aclaró la garganta otra vez. Draco paró de fruncirle el ceño a la lista en el papel y lo observó de reojo.

—Tú, hm….¿cómo te digo esto…? Pues que si ella…

—Si intentas darme una charla sobre sentimentalismos, no, gracias —gruñó Draco, reclinándose en el respaldar de su asiento, cruzado de brazos—. Ya he tenido suficiente estos días con la hora del té con McGonagall y Longbottom cuando no puedo escaparme. Hasta quieren que vea a un psicomago, por amor a Merlín-

—¿No ves a uno? —Harry se alarmó.

—Lo veía hasta que empecé a oír a mi esposa supuestamente muerta en mi cabeza y preferí, ya sabes, ahorrarme el pase de lujo al área mental de San Mungo mientras pensaba en qué hacer con Scorpius.

Harry dobló los codos sobre la mesa y se echó hacia adelante. Él lo imitó, de forma que quedaron frente a frente.

—Si ella…consiguiese un cuerpo físico…—Lo sopesó por unos segundos—. Me refiero a que- rompieron el Estatuto del Secreto, e independientemente de sus intenciones…

—¿Me estás intentando preguntar si voy a unirme a la Cofradía apenas Astoria recupere un cuerpo físico y venga a este plano? —Draco arqueó las cejas.

Harry guardó silencio por un instante.

—Sí, eso suena a un buen resumen.

—No —La respuesta de Draco fue clara y lo miraba a los ojos. Harry estaba seguro de que no mentía—. Creyeron que los sangrepuras reaccionamos mal a la intrusión obligatoria de hijos de muggles en nuestra comunidad…¿pero creen que los muggles reaccionarán mejor a los magos? No quiero muggles cazándonos, no pienso arriesgar el futuro de Scorpius con una locura como esta. Mi hijo no va a vivir una guerra, me niego. Hay muchas cosas que podría perdonarle a Astoria, casi todo se lo podría dejar pasar por el aprecio que le tengo, pero poner a Scorpius en peligro nunca será una de ellas.

—Astoria-

—Puede tener buenas intenciones —reconoció Draco, encogiéndose de hombros—, pero perdió la razón. Sea lo que sea que haya hecho, lo llevó tan lejos para que su propio cuerpo se desvaneciera así.

Harry se sintió extrañamente aliviado ante la idea de que Draco no correría enseguida tras su (¿ex?) esposa.

—Bien —Harry suspiró y se echó hacia atrás. Desapareció la carta—. Les avisaré sobre lo que mencionaste y esperaremos noticias mañana sobre si capturaron al mago con el rastreador o todavía no.

Draco asintió y regresó a sus ensayos por corregir, como si nada hubiese pasado allí.

—0—

Por la noche, Harry se despertó agitado de una pesadilla llena de destellos verdes y dorados. Estaba cubierto de sudor, jadeaba y su corazón latía enloquecido. Reflejos de años en estado de alerta lo hicieron tomar la varita en su mesa de noche, incluso antes que los lentes, cuando divisó una silueta junto a su cama.

Ya que no le hizo nada, Harry tanteó la mesa y tomó sus lentes.

Era el espíritu de la maldición del puesto de defensa.

—Tienes pesadillas de nuevo —observó, como si no fuese lo bastante obvio— y más fuertes.

Harry bufó. No eran más fuertes. Él las consideraba normales. Las que en verdad eran intensas y arruinaban su día tenían que ver con perder a sus amigos o sus hijos.

Se levantó, ignoró al espíritu que permaneció junto a la cama y se metió al baño de su cuarto como docente. Cuando salió unos minutos más tarde, secándose el cabello con un hechizo, el espíritu continuaba ahí.

Se había pasado los últimos dos meses tirando sus plumas, el tintero, volando los pergaminos, lo que fuese para recordarle su existencia y el "terrible" destino que traía consigo.

Después de una guerra, morir y revivir, el entrenamiento de Auror y tres niños con magia, Harry casi sentía lástima por el pobre espíritu que pensaba incordiarlo con un plan tan sencillo, digno de una mala película de terror muggle.

—Estás en mi puesto…—Fue lo único que le escuchó susurrar, mientras Harry abandonaba el cuarto.

Decidió que un paseo no le hacía mal a nadie. Uno de los mayores cambios entre ir por ahí como estudiante y ser un profesor es que ya no requería de pases, ni capa, ni debía cuidar sus pasos. El conserje, que Harry comenzaba a sospechar que era de la misma especie inmortal que Rita Skeeter, gruñó algo cuando le pasó por un lado, incapaz de reprenderlo. Harry se lo devolvió con una sonrisa y un "buenas noches".

La gata, que estaba seguro de que usaba algún tipo de magia para permanecer también viva, lo observó por un largo momento, hasta que su dueño la llamó por segunda vez. Luego se alejó.

Harry pasó por el pasillo de los premios, vio el de su padre, algunos de su propio equipo cuando fue Capitán. Según una iniciativa de McGonagall, año de por medio se realizaba un campeonato intercolegial, y Harry pudo ver una foto de James sosteniendo el trofeo de Hogwarts del año anterior, junto al Capitán del equipo. Sonreían.

Pasó por las cocinas evitando atraer la atención de cualquier elfo, robó algunos bocadillos y se desvió entre los corredores, sin rumbo fijo. Cuando recordó lo que Draco le dijo sobre algunos elementos encontrados en la casa usada por la Cofradía, decidió ir a la biblioteca.

El lugar se encontraba en silencio y a oscuras. Harry se guiaba por el lumos de su varita y consideró qué tan buena idea sería encender la luz a esa hora. Apostaba a que el conserje llegaría allí y habría llamado a la mitad del personal docente antes de darse cuenta de que sólo era él. No valía la pena.

Deambuló un poco por las secciones donde debía estar cualquier magia de ese tipo. Le pareció lógico no encontrar nada. Utilizó un hechizo que revisaba los libros y buscaba lo que le pedía y apenas consiguió una vaga mención al respecto en un libro de las tragedias de las guerras mágicas.

Entonces fue, por supuesto, hacia la Sección Prohibida. La reja rechinó cuando la empujó y Harry sonrió al recordar a su "yo" más joven pasando por ahí a escondidas, bajo la capa de invisibilidad. Jamás habría esperado acabar como un profesor que volvía allí por las noches.

Repitió el hechizo de búsqueda y giró la cabeza cuando escuchó un débil quejido y el golpe de un libro contra algo sólido.

Que no sea James, pidió.

—¿Quién anda ahí?

Claro que no hubo ninguna respuesta.

—Sal ahora, es mejor que te encuentre yo a que lo haga alguien más.

Nada.

Harry entrecerró los ojos y sus lentes se ajustaron para buscar magos entre los estantes. Nadie se había molestado en colocar complejos encantamientos de ocultamiento en esa área, por lo que era fácil divisar a la persona escondida tras la sección de legeremancia y prácticas oscuras de la mente.

Harry caminó hacia allí sin prisas y lanzó un hechizo cuando escuchó pasos que se alejaban. Del suelo brotaron unas sogas que atraparon los tobillos del estudiante que quería huir.

Albus adoptó una expresión de horror apenas su padre se paró en el mismo pasillo por el que escapaba. Tenía varios libros entre los brazos, la varita con el lumos apagado en una mano y la tablet mágica colgando de forma precaria de su antebrazo.

Lo más sorprendente es que no fue James. Harry estaba seguro de que si encontraba a uno de sus hijos de noche por ahí, sería él.

—Yo…—Albus carraspeó e intentó pensar en algo.

—La verdad resultaría más simple —opinó una voz que no pertenecía a Albus.

Harry la reconoció como la del retrato de Severus Snape y decidió dirigirse a él.

—¿Por qué Albus está aquí a esta hora? ¿No debió persuadirlo de no venir?

—Soy el remanente de la esencia de un mago versado en artes oscuras, pociones y las técnicas de la mente, no una niñera —replicó el Severus del relicario, que pendía, abierto, del cuello de Albus. Hizo una pausa—. Y vino en parte por mi culpa.

Harry suspiró.

Aquella no estaba destinada a ser su noche más tranquila.

—0—

Albus miró alrededor, como si buscase alguna diferencia increíble entre los cuartos de los docentes y el de estudiantes. Harry sólo creía tener la ventaja de no compartir habitación. Por lo demás, suponía que McGonagall quiso darle la bienvenida con un espacio al más puro estilo de la torre de Gryffindor.

Albus arrugó un poco la nariz al notarlo, haciéndolo reír y negar.

Una puerta lateral que conectaba a un pasillo hacia otro cuarto se abrió y un Sirius en pijama se asomó, rascándose la cabeza igual que un perro.

—¿Dónde…? Oh —Miró a Albus y de vuelta a Harry—. Harry, no saques a tus hijos de la cama fuera del toque de queda, por amor a Merlín, ten algo de decencia y responsabilidad.

Luego esbozó una amplia sonrisa y vio a Albus con una expresión de "te estoy ayudando" que causó que el joven Slytherin rodase los ojos.

—Buenas noches, Black —El Severus del retrato casi escupió las palabras.

Sirius soltó una carcajada y se acercó al adolescente. Albus le dio un manotazo apenas hizo ademán de tomar el relicario abierto.

—¡Sólo mira eso…! ¿Quién querría llevar a Snivellus en el cuello? Por favor- ¿quién querría tenerlo cer…?

—Sirius —Harry sacudió la cabeza—, por favor.

Sirius bufó y se lanzó sobre su cama, con los brazos y piernas estirados.

—¿Qué hace la serpientita por ahí, Harry?

—Esa es la cosa —Harry arrastró una silla más cerca con magia y la ocupó, sintiéndose agotado de pronto—. Estaba en la Sección Prohibida.

Albus apretó los labios y Sirius se apoyó sobre los codos para alzarse un poco, ceñudo.

—Oye, Al, sea lo que sea que intenten tus amigos de Slytherin, no significa que tú debas meterte en algo con magia os-

—Como si Scorpius fuese a jugar con magia oscura —Albus volvió a rodar los ojos—, es más probable que Lily decida ser una bruja oscura.

—Al —Harry interrumpió lo que podía convertirse en una tonta discusión entre ambos—, ¿puedo ver los libros que llevas?

Cuando le dijo que lo siguiese, Albus ni siquiera protestó. Arrastró los pies detrás de él y ahora Harry quería una respuesta. No estaba tan preocupado como Sirius por sus intenciones, creía haber criado a buenos chicos que no querrían ser el nuevo Lord Voldemort, pero si un estudiante de trece años iba a la Sección Prohibida a escondidas, en su experiencia, tenía algún significado.

Albus se aproximó tras unos segundos de vacilación y le entregó esos libros. Harry los revisó. Los de la Sección Prohibida eran de legeremancia y los más nuevos sobre obras de los Mortífagos durante las dos guerras de Voldemort. También había tomado libros del resto de los pasillos; interpretación de los sueños, runas demasiado avanzadas para su edad, un manual de hechizos de seguridad y un libro de hechizos básicos de búsqueda y rastreo.

Harry no tenía la menor idea de en qué se había metido, a menos que hubiese un mago oscuro dentro del colegio del que no se hubiese enterado. Lo dudaba. Si uno de sus hijos lo sabía, Lily también, y ella ya se lo habría contado.

—¿Hay algo que quieras contarme, Al? —preguntó, con suavidad. Miró el relicario en su cuello—. ¿Severus?

Severus llamó a Albus, quien alzó el retrato para ponerlo al nivel de su rostro. Tuvieron una pequeña discusión en base a gestos.

Harry se preguntó qué habría pensado su "yo" adolescente de que su hijo se pusiese de acuerdo con Severus Snape para decidir si le contaba algo o no. Resultaba aún más raro que lo de la Sección Prohibida.

Al final, Albus cedió y se sentó en otro asiento frente a él, el relicario abierto en su mano y girado hacia Harry para que el antiguo profesor pudiese explicarle lo que sucedía.

—Algo ocurre con la energía del hijo de Draco —Severus fue preciso y rápido—. Además de tener pesadillas por las que Albus tuvo que poner runas bajo su cama, no se puede acercar a los unicornios y no creo que sea una casualidad que esas- esas cosas fuesen hacia él en La Madriguera. Y todo esto podría ser atribuido a diferentes motivos, unidos a la casualidad, sino fuese porque Albus me ha informado hace poco que la madre del muchacho es Astoria Greengrass, quien se encontró con un horrocrux que estaba en el colegio en 1997.

Harry vio a Sirius, alarmado. Este le regresó la mirada de igual manera.

Hizo un veloz recuento de los horrocruxes.

—¿Astoria…encontró la diadema de Rowena Ravenclaw?

Se suponía que nadie vivo la había visto; claro que se refería a que ninguno lo informó. Ya que estaba en la Sala de Menesteres, si la sala consideraba que tenía alguna necesidad que esa habitación podía satisfacer, podía haberse abierto. Alguien podría haber llegado a la diadema antes que ellos, sin intenciones de llevársela.

De hecho, esto pasó más veces. Draco debió encontrarla cuando se escondía allí en el sexto año, sin tener idea de qué era.

—El colegio ya estaba lleno de Mortífagos —siguió Severus—, el retrato de la oficina del director no estaba pintado, así que lo recuerdo. Era la hora de la cena cuando Astoria se acercó a mi oficina. Supe apenas la vi que tenía…algo raro.

—El alma no pudo pasarse a ella —Harry frunció el ceño—, estaba en la diadema cuando se quemó la sala.

—No era eso —Severus negó—, sólo que algo había cambiado en ella. Me preguntó si podía hacerle uno de los hechizos de purificación. Eran comunes esos días por el ambiente cargado de magia oscura. Usualmente yo no los ofrecía, se los enseñé a los estudiantes mayores para que ayudasen a los otros, pero era tan peculiar su energía que dije que sí. Apenas lo hice…casi pude ver al Señor Tenebroso alzándose por encima de ella.

—¿Por qué no lo reportaste? —gruñó Sirius, poniéndose de pie—. Una de tus estudiantes, Snivellus, una adolescente apenas y-

—Podrían haberla matado —Severus le contestó en el mismo tono duro—, podrían haberla llevado ante el mismo Señor Tenebroso y quién sabe qué le habría hecho él si pensaba que estaba del lado de Potter o dañó su horrocrux. Tú no tienes derecho a hablar sobre las decisiones que tomé entonces, ni siquiera estuviste en la guerra, estuviste muy ocupado flotando en un vacío y saltándote toda la muerte y los horrores que vimos todos los días en-

—Basta —Harry los silenció antes de que esa tontería llegase demasiado lejos y comenzasen a pelearse frente a Albus. Ambos debieron darse cuenta de cómo los veía el joven Slytherin, porque siguieron refunfuñando, pero más bajo y sin atacarse de forma verbal—. ¿Por qué no lo mencionaste antes, Severus?

El Severus del retrato suspiró.

—No lo consideré relevante, me enteré hace poco que ella era su madre y esa memoria no regresó a mí hasta que estuve analizando la situación con más cuidado, sólo vi que era necesario mencionarlo porque podía tener una conexión con todo esto después de enterarme de lo de los unicornios. Son un mejor medidor de energía oscura de lo que parece.

Harry asintió, despacio. Su pecho se apretó un poco al notar que Albus tenía los ojos puestos en el piso.

—Sin importar qué pudo haber hecho o qué le sucedió a su madre, Al, no creo que Scorp-

—Scorpius no es malo —contestó Albus, en voz baja.

—Y lo sé, Al, eso-

—No, no lo sabes —Albus lo observó de reojo con una especie de determinación que lo descolocó—, pero yo sí. Scorpius no es malo.

—No creo que tú serías amigo de alguien malo —Harry intentó tranquilizarlo, poniendo los libros a un lado—. Si hay un problema con su energía o algo así, podemos resolverlo, Al. Confía un poco en nosotros; Draco enseguida se pondría a trabajar en esto, Sirius también es un gran mago y…y yo no dejaría que le suceda algo a tu amigo. No tienes que cargar con esto solo y preocuparte por lo que le pueda pasar.

Albus volvió a apretar los labios y movió la cabeza con rigidez en un asentimiento. Harry le ofreció los brazos. Después de algunos quejidos y esa cara de "soy muy mayor para los abrazos", Albus avanzó hacia él y lo abrazó. Harry sonrió y lo estrechó.

Cerró los ojos por un instante y lo sintió, asegurándose de que la magia de Albus estaba bien y no había sido afectada por lo que fuese que le pasaba a Scorpius Malfoy. Respiró con más calma al descubrir que no era así, todo estaba en orden.

—Confía —repitió en un susurro—. Incluso si implica meterte a la Sección Prohibida de noche, puedes decírmelo, porque estás cuidando a tu amigo y eso nunca es incorrecto. Pero si me lo dices, podemos evitar que tengas problemas o cometas un error, ¿bien? Queremos que Scorpius esté seguro más que nada, ¿cierto?

Albus asintió, con el rostro enterrado en su hombro. Harry le acarició la cabeza.

—Te prometo que lo va a estar, Al.

—Gracias, papá —Escuchó su débil respuesta y no pudo evitar sonreír.

Un rato más tarde, luego de que Severus les dejase claro que no tenía más detalles sobre el encuentro de Astoria con el fragmento del alma de Voldemort, Harry recogió los libros, se percató de que Albus ya había puesto algunos marcapáginas en ciertas partes y exhaló.

Albus regresó a las mazmorras, acompañado por Sirius en su forma de can. Lo seguiría hasta las escaleras y se aseguraría de que fuese a dormir, sin revelar la ubicación de su Sala Común; Albus no confiaba en contarle esto a Sirius y Harry lo consideraba bastante prudente.

Tras unos segundos pensándolo, se puso de pie, tomó los libros y regresó a la biblioteca. Albus era sorprendentemente listo, pero Harry creía que no eligió ciertos libros que podían ser de ayuda, más que nada por falta de experiencia con este tipo de magia.

Después de otra rápida visita, hizo una pausa para comprobar la hora y preguntarse si Draco estaría despierto. Sabía que tenía insomnio, así que no habría problemas si lo estaba. Lo que le preocupaba era despertarlo si por fin podía descansar.

Oyó un débil maullido que interrumpió sus divagaciones.

La señora Norris ladeó su cabeza y Harry, sin pensar, esperó escuchar al conserje cerca. Pero no sucedió. Entonces la gata caminó unos pasos lejos de allí, con la cola en alto, y se giró para verlo.

Como Harry no la siguió, regresó a su lado y maulló de nuevo. Luego se alejó.

Perseguí a una voz maligna en las paredes teniendo doce años, se recordó. Esta es sólo una gata común. Ni siquiera es McGonagall.

Harry fue detrás de ella. La señora Norris avanzó con pasos tranquilos, volviéndose cada pocos metros para asegurarse de que continuaba siguiéndola. Se desviaron de los pasillos que daban a la Torre de Gryffindor y pronto notó que se dirigían al área de los laboratorios de pociones. Allí abajo también estaba el cuarto del Jefe de Slytherin.

Se paró en el comienzo de las escaleras y observó a la gata con una expresión extraña. Ella maulló, movió la cabeza y empezó a bajar por los escalones dando cortos saltos.

Harry la siguió hasta una puerta en las mazmorras que podría asegurar que era el cuarto de Draco, incluso sin haber estado ahí. La señora Norris arañó la puerta y maulló más fuerte.

—No deberíamos molestarlo si está dormido —susurró.

La gata maulló aún más fuerte y volvió a arañar la puerta.

—Ya de-

Ahí lo sintió. Esa leve vibración en el aire. Casi imperceptible.

Harry arrugó el entrecejo y ajustó sus lentes para identificar puntos de energía cercanos. Había un gran cúmulo indefinido detrás de esa puerta.

Tocó con los nudillos, temiendo cometer un error, pero cuando no hubo respuesta, vio crecer la bola de energía que le mostraban sus cristales y la señora Norris maulló aún más, decidió abrirla con un hechizo.

La habitación contaba con una antesala que daba a la puerta del cuarto real. Harry batalló un poco más con esta, mientras la señora Norris arañaba su pantalón y maullaba.

Cuando al fin la abrió, agradeció que la gata le hubiese advertido.

El cuarto de Draco estaba lleno de sombras. No eran como las que entraron a La Madriguera, sino más borrosas, similares a una neblina oscura. No permitían identificar más que las siluetas de los muebles, la persona que dormía retorciéndose en la cama y una forma extraña parada a un lado.

Harry no creía haber lanzado un patronus tan brillante desde su tercer año. Incluso si no podía echarlas, la luz las envió hacia las esquinas y tuvo una visión completa de Draco a mitad de una pesadilla y una figura medio humana que se desaparecía junto a la cama.

Tan pronto como el efecto pasó, Harry convocó al ciervo e hizo que se mantuviese por ahí, y se acercó a la cama. Aún no le ponía una mano en el hombro para despertarlo cuando Draco se sentó y lo apuntó con una varita que tenía bajo la almohada.

Jadeaba, tenía la cara enrojecida y cubierta de sudor y algunos rastros de lágrimas, los ojos desenfocados por su estado somnoliento, sin distinguir aún dónde se encontraba. Pero el agarre en la varita era firme.

Harry miró al suelo y se percató de que Draco tenía un círculo de runas en torno a la cama. Debió sacarlo de la pesadilla en un estado de alerta cuando lo cruzó. Se sintió mal de inmediato.

—Soy yo —musitó—. Soy Harry. Soy Potter. Baja eso. No estoy aquí para hacerte daño.

—¿Qué mierda…? —Draco parpadeó, bajó la varita y se masajeó las sienes—. Me duele la cabeza- —Lo miró, ceñudo—. ¿Hay alguna razón por la que estés en mi cuarto a mitad de la noche, Potter?

Harry boqueó y se giró, listo para hablarle de la gata que le advirtió de esto. Entonces notó que la señora Norris había desaparecido.

Traidora, pensó. Tuvo que concentrarse en Draco.

—Estaba investigando algo, pasaba de casualidad y noté…noté algo raro en la energía de este lugar y me preocupé con todo lo que ha pasado y resultó que era tu cuarto y…no lo pensé —Meneó la cabeza.

Draco emitió un débil quejido y siguió masajeando sus sienes.

—Lo siento —susurró Harry.

Lo vio negar.

—No era un buen sueño y supongo que seguías a tu complejo de héroe o algo así…

Quería preguntarle sobre lo que vio al entrar, pero no creía que fuese una conversación para tener en ese estado medio dormido y cansado. Sabía perfectamente cómo era estar desorientado tras una pesadilla.

—¿Quieres algo de chocolate caliente?

Draco levantó la cabeza y lo encontró apuntando hacia la salida del cuarto y un poco encogido. Resopló.

—Sí, ¿por qué no? No iba a volver a dormirme todavía…

Tal vez todo lo que tenía para decirle fuese el tipo de plática que se podía dar en las cocinas, frente a un buen fuego y con una taza en las manos.