El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El trato de Astoria

Tres magos adultos se reunían en torno a una mesa en las mazmorras. Draco pasó un dedo sobre su brazalete y emitió un vago quejido.

—¿Nada?

Miró a Harry y negó, de mala gana.

—No lo negó —Draco habló casi sin mover los labios, a pesar de que tenían un muffliato a su alrededor—, pero dijo que es precisamente de lo que no puede hablar.

—Estuve pensando en eso —indicó Theodore, concentrado en comparar el contenido de un libro que tenía al frente con el de una tablet mágica en sus manos. Debía ser de Nesrine, si las calcomanías de unicornios e hipocampos eran una señal—. ¿Hechizos para guardar secretos? Hay muchos. ¿Hechizos de silencio que te callarán o te harán decir algo diferente cuando quieras hablar del tema? También existen. Descartemos Juramentos Inquebrantables y semejantes, porque ella ha intentado hablar de eso. Entonces queda este punto…¿hechizos para ocultar algo que duren más de veinte años? La lista se va acortando. Hay que agregar que se necesita una gran habilidad y poder para que perdure durante tanto tiempo…

—Sólo di que estás seguro de que fue Quién-Tú-Sabes en persona el que se lo puso —se quejó Draco.

—No lo dije yo —señaló Theodore, con calma—, pero ya que lo mencionas…

Draco soltó otro ruido de protesta, apoyó los codos en el borde de la mesa y se masajeó las sienes.

—La probabilidad es bastante alta —aclaró Theodore, sin tener piedad por sus ojeras y el rostro mortificado.

—El problema no es que haya sido él —Draco negó—, sino qué podría haber sido tan importante para hacer esto. ¿Un fragmento de un alma puede usar tales hechizos? —Y vio a Harry.

Harry empezó a arrugar el entrecejo. Sabía que tenía que haber contactado a Hermione esa mañana.

—Voldemort tenía hechizos muy precisos en sus horrocruxes para cuando alguien quisiera destruirlos, sabía que irían por ellos. Pensé que el de la diadema era esa- esa imagen horrible que brotó de ella, como pasó con Quirrell en primer año- pero si el diario pudo poseer a alguien con tanta fuerza, no veo razón para que la diadema no pudiese tener su propio sistema de defensa prohibiéndole hablar de algo a quien la encontrase primero.

—Tal vez él tenía un secreto —murmuró Theodore, pensativo—, algo que debía ser comunicado y lo sabía, pero se quería asegurar de que no lo supiesen las personas incorrectas.

—¿Pero qué pudo haberle comunicado a una adolescente? —replicó Draco, ceñudo—. Y a Astoria, por amor a Merlín. ¿Recuerdas cómo era a esa edad? Le tenía miedo a Granger.

—Le- ¿qué? —Harry parpadeó, aturdido.

No tenía ningún recuerdo de Astoria durante sus años de escuela. Quizás porque estaba un poco ocupado peleándose con Draco y su grupo.

—Le tenía miedo —explicó Draco—, desde que Granger me dejó la mitad de la cara morada de un golpe. Daphne y ella se pasaron dos años convencidas de que los hijos de muggles eran unos salvajes violentos que se iban a los puños por cualquier cosa.

—Esa vez te golpeó porque-

Cuando Draco arqueó las cejas, Harry apretó los labios.

—Oh, sí, el hipogrifo —Draco resopló—, es que por supuesto que yo, a mis trece años, iba a ordenarle al Ministro tomar una decisión sobre cualquier asunto. Claro, yo lo hice. Cómo me encantaría tener ese poder todavía —agregó, codeando a Theodore.

—Te estabas pavoneando por eso, y lo sabes.

—Me pavoneaba por cualquier estupidez, Potter. Pero ella me golpeó y casi fue una heroína que- —De pronto, paró de hablar y se pasó un instante con la boca abierta—. Eso fue lo que dijo Daphne. Acabo de repetir lo que dijo Daphne- pero ella no estaba en la Sala Común ese día, estaba- —Se giró hacia Theodore y le puso una mano en el hombro—. ¿Recuerdas esa promesa de las Greengrass con el meñique? Algo como- —Draco movió el dedo en una especie de semicírculo.

Theodore arrugó el entrecejo.

—Algo de eso creo que recuerdo, no sé…¿Pansy no intentó imitarlas? Quería que las usáramos también-

—Porque no se podía mentir ni ocultar nada con ella —Draco pareció haber realizado un gran descubrimiento y se dirigió a Harry para contarle, con su energía renovada—. La familia de su madre tiene el lema "Honestidad absoluta", ella les enseñó un ritual de honestidad desde niñas para "fortalecer" su relación. Daphne y Astoria solían usarlo cada vez que se contaban algo la una a la otra.

Entonces Theodore también reaccionó a algo que sólo ellos dos conocían.

—Una vez Astoria recibió un hechizo de silencio-

—Cuando estábamos en tercero precisamente —Draco asintió—. Una estudiante mayor la encerró en el baño, creo, o en un armario…Daphne estaba molesta, pero la voz no le salía a Astoria para decirle quién fue, hasta que usaron su ritual.

—Pero el hechizo de silencio de una adolescente y el de un Lord Oscuro no deben ser iguales —Theodore suspiró.

—No, pero sí puede ser útil eso —aclaró Harry, molesto por alguna razón con la idea de que fuese a desanimar a Draco, así que habló deprisa y con muchos gestos de por medio para llamarle la atención—. Son hermanas y los rituales o cualquier hechizo entre familiares está a otro nivel. El de mi madre me salvó la vida. Dumbledore lo llamó "amor", pero Hermione se enteró años después de que era mi magia reaccionando a la suya, las dos se triplicaron, y fue como si muchos magos Potter-Evans hubiesen usado el mismo hechizo al mismo tiempo. Si lo suyo es mínimamente parecido, podríamos buscar a Daphne. Tal vez haya podido contarle algo y Astoria no pueda avisarnos porque sería igual que decírnoslo.

—Hagamos eso —Draco desbloqueó la tablet que Scorpius le prestó y empezó a fruncir el ceño. Se la tendió a Harry, quien se rio y comenzó a navegar por la red mágica—. Daphne ya no es una Greengrass, adoptó el apellido de su último esposo, el- ¿cómo se llamaba, Theo?

—¿Cómo podría saberlo? —Theodore estrechó los ojos y Draco bufó.

—¿Ves por qué es importante socializar de vez en cuando?

—Tú "socializas" y aun así no lo sabes.

—Era algo con otro color- Gray, o Red, o…Black no, estoy seguro, pero era algo como…¡White! —Draco se pegó a un costado de Harry, lo empujó un poco y empezó a teclear en la pantalla.

Harry batalló con él para que le devolviese el aparato.

—¿Estás buscando esto tú o lo estoy haciendo yo?

—No sé, Potter, si fueses más lento ya habrías descubierto cómo viajar al pasado sin giratiempo-

Theodore retiró el muffliato e ignoró la absurda discusión que tuvieron para concentrarse en su hija apenas Albus y Nesrine se acercaron con algunos registros viejos en forma de rollos de pergaminos.

—Casi no hay nada del año de los Mortífagos en Hogwarts —refunfuñó Nesrine, haciéndose un hueco en la misma silla que ocupaba su padre y colocando los pergaminos que llevaba en la mesa—. Entre la guerra y que no tenían muchas ganas de explicar cómo manejaban el colegio…

—Pero probé un-

Harry se distrajo por un segundo de su discusión con Draco.

—¿Estás usando brillo labial, Al?

Albus se cubrió la boca con la mano. Nesrine vio a uno, luego al otro, sonrió y abrazó al chico.

—¡Yo se lo puse! Rose le estaba diciendo que era un color para todo tipo de pieles, él decía que eso no es posible, entonces se lo puse y me lo iba a poner yo- y después recordé que no puedo usar maquillaje hasta los trece, aparte del que llevo en el club de teatro, porque los poros de las Veelas son muy delicados y…

Nesrine se dedicó a hablarle a los tres magos adultos sobre las capas de piel de las Veelas, cómo tenían unas extras que sólo crecerían entre los diez y los trece años y las consecuencias que podría tener que dañase su piel antes.

Harry se olvidó de lo que discutían previo a ese discurso. Draco tenía una expresión estupefacta, como si jamás hubiese esperado tal conferencia de parte de una niña de once años, y Theodore asentía con la tranquilidad de alguien que ya lo sabía de antemano.

—Lo que les iba a decir —Cuando acabó, Nesrine los regresó al punto que les importaba, extendiendo un pergamino sobre la mesa— es que Albus copió un hechizo del profesor Potter para buscar palabras en documentos y encontramos una mención a la madre de Scorpi. Aquí está —Le enseñó al papel a su padre, sonriente—. Visitó la enfermería el 21 de diciembre de 1997, Yule, los estudiantes no tuvieron permiso para volver a casa.

—No se sabe por qué fue —aclaró Albus, colocando más rollos de pergamino en la mesa—, sólo lo agregaron a un registro como una observación porque pensaron que se había robado unas pociones.

—Pero hay una nota del profesor Severus Snape diciendo que él la acompañó después de encontrarla en mal estado en un pasillo del quinto piso y que estuvo con ella todo el tiempo, que fue sólo un par de minutos en que no podría haberse llevado nada —apuntó Nesrine. Luego vio a Albus—. Y el retrato nos confirmó esto.

Albus abrió el relicario para que Severus Snape pudiese seguir su plática y lo vieron asentir.

—Lo recuerdo. Fue el día en que noté ese cambio en ella.

—Soy buena investigando —presumió Nesrine, con la barbilla en alto.

—La mejor —Theodore asintió y echó un vistazo a los pergaminos que llevaron, casi sin moverse cuando su hija lo abrazó.

—Bien, lo hicieron genial —Harry les sonrió a ambos—. Vamos a revisar esto con cuidado, tenemos una idea de qué podríamos hacer para resolverlo- ah, y Draco-

—Una nueva runa —Draco le pasó a Albus un pergamino que permanecía doblado sobre la mesa hasta entonces—. Basta con que la pongas en la puerta del cuarto, servirá de protección. La renovaremos en unos días, pero con esto y las que le pusiste, Scorpius no debería sentirse mal y su energía tendría que aligerarse un poco.

Albus asintió con una expresión seria y guardó la runa de una forma tan cuidadosa que Harry se conmovió. Antes de que se marchase, Draco regresó a la tablet mágica, Nesrine le preguntó algo a Theodore y Harry siguió a su hijo al pasillo.

Albus lo observó de reojo y se detuvo. Ya había cerrado el relicario del profesor. Severus Snape a veces se pasaba la tarde en su cuadro en el despacho de McGonagall, oyendo quejarse a otros directores. Ella le dijo que una vez lo escuchó contestarles "al menos Hogwarts no era el cuartel de un bando en una guerra cuando ustedes fueron directores".

Harry se colocó frente a él en el corredor y le revolvió el cabello. Notó que Albus se removía, evitando su mirada, y se pasaba una mano por la cara. Por la boca, en realidad.

—Eh, se te ve bien, no te preo-

—No soy Lily —Albus le dirigió una mirada demasiado dura para alguien de trece años y bufó—, no tienes que hacerme cumplidos, papá.

Harry exhaló y jugó más con su cabello, dejando la cabeza de Albus convertida en un nido de pájaros idéntico al suyo. Eso le hizo sonreír.

—Las niñas no son las únicas que pueden recibir cumplidos, Al. ¿Te, uhm…te gusta eso?

Después de enterarse de que Sirius Black tenía cinco hechizos diferentes para el secado rápido de uñas, no creía que un brillo labial lo fuese a sorprender. Tomando en cuenta la lógica de su padrino, puede que también tuviese hechizos para colocárselo.

Albus simplemente se encogió de hombros.

—Era una apuesta con Nesrine y ya-

Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo, dejando a Harry más ansioso, porque pensó que pudo haberle dicho algo mejor y aún quería hacerlo, sólo no sabía qué.

Regresó a la oficina de Draco arrastrando los pies. Nesrine lo vio y decidió ir detrás de Albus. Alrededor de la mesa, Theodore repasaba la breve mención de Astoria en el pergamino y Draco se preparaba para pavonearse. De nuevo.

—Adivina quién es un genio de esta cosa de la red mágica y ya encontró a Daphne —Gesticuló hacia Harry—. Adivina, adivina.

—Nesrine, supongo —Harry se encogió de hombros y se ganó una mirada de reprimenda.

Comenzaron a discutir de nuevo. Theodore lanzó un silencio en torno a su puesto y volvió a la lectura de su libro sobre hechizos, donde podría estar una clave para descifrar el de Astoria.

De pronto, una fuerza invisible barrió con los pergaminos sobre la mesa y la disputa se detuvo. Harry exhaló, los recogió con un hechizo y fingió que aquello no había sucedido. Los tres continuaron investigando sobre los temas que se dividieron y discutiendo la mejor manera de contactar a Daphne.

—0—

Albus recorrió un par de pasillos dando zancadas y apenas prestó atención a la voz detrás de él.

—Al- ¡Al!

Nesrine jadeaba cuando lo alcanzó. Miró hacia los lados para asegurarse de que no había nadie más en el corredor y estiró un brazo para sujetar el de Albus.

—¿Qué? ¿Te dijo algo o…?

Él sacudió la cabeza y esperó a que la niña hubiese recuperado el aliento. Nesrine se enderezó, con el ceño fruncido.

—Bueno, pero si no te dijo nada, ¿por qué saliste corriendo?

El Slytherin bajó la cabeza y jugueteó con su brazalete mágico. Estaba dorado ese día. No se sentía como una chica, ni como un chico, sólo era Albus. Ni siquiera sabía cómo describirlo.

Y por un momento, tuvo miedo de que su padre se diese cuenta.

—¿Crees que se lo va a tomar mal? —Nesrine continuó, intentando descifrar que le pasaba.

Albus no le respondió.

—Las personas que nos quieren no se toman mal esas cosas, Al —dijo la pequeña Ravenclaw, muy seria— y el profesor Potter te quiere muchísimo. Mucho, mucho, de verdad. Créeme, las Veelas notamos estas cosas…

—Tal vez quiera más a James por ser un chico normal.

Casi no se dio cuenta de lo que decía, pero Nesrine estuvo boquiabierta un segundo.

—¡Albus Potter! ¡No quiero oír que actúes como si hubiese algo mal contigo, porque no lo hay!

Antes de que pudiese responderle, una segunda voz aguda sonó por el pasillo.

—¡Nesi! ¡Te estaba buscando! —Lily corrió hacia ellos y se abalanzó sobre la otra niña—. ¡Aquí, Scorp!

Detrás de ella, caminaba Scorpius cargado de libros sobre criaturas mágicas y con Adhara envuelta en torno a sus hombros, pecho y brazos.

—Vamos a capturar a un escarbato —avisó Lily, emocionada—, hay varios en los límites del bosque y ya les hemos dado comida un par de veces, todavía hace frío, no hemos llegado al equinoccio de primavera, ¡y son perfectos para entrenarlos y molestar un poco a James! ¿Vienes?

—Sí —Nesrine asintió con una sonrisa—, pero danos un segundo, ¿pueden?

Lily lo aceptó, tomó algunos de los libros que Scorpius llevaba y empezó a decirles dónde se encontrarían. Se fue primero.

Albus extendió los brazos para ayudar a Scorpius con los libros que aún tenía, pero este sacudió la cabeza, murmuró un agradecimiento y le puso la mano en el hombro en su lugar, dejando que Adhara fuese hacia los brazos de Albus. Ya se había acostumbrado a la presencia de la serpiente y no la encontraba aterradora ni intimidante, por lo que sólo acarició su cabeza al oírla sisear. Los tres metros de carne y escamas no eran tan pesados como uno creería.

—¿También vendrás? —preguntó Scorpius, en voz baja.

Albus se encogió de hombros.

—Supongo que si es para molestar a James al final…

—Los escarbatos que encontremos los llevaremos a un área del invernadero para que estén más calientitos estos días —Scorpius se rio de su respuesta y negó—, es porque ponen huevos antes del equinoccio de primavera y puede ser muy frío para ellos. Espero que Lily no robe ninguno para meterlo en la ropa de James o algo así…

—Tal vez no en su ropa —alegó Albus—, pero…¿por qué no poner uno en su zapato y dejar que lo muerda un poco?

Scorpius sacudió la cabeza, resignado a nunca entender cómo funcionaba eso de tener hermanos.

—Los esperaremos —indicó, aunque sólo tenía sus ojos en Albus. Esbozó una sonrisita y se marchó corriendo para ir con Lily.

Cuando volvieron a quedarse a solas, sin contar a la serpiente en los hombros de Albus, Nesrine observó el punto por el que Scorpius desapareció y luego a Albus, con las cejas arqueadas.

—¿Qué? —espetó Albus, enrojeciendo.

—Nada —Ella negó—. Sobre lo de antes…

Albus entró en pánico y decidió cambiar el tema.

—¿Crees que realmente haya tenido un contacto directo con Quién-Tú-Sabes?

La Ravenclaw parpadeó y se rio al entender lo que pretendía. Al menos tuvo la amabilidad de seguirle la corriente.

—No lo sé, supongo…si el profesor Snape sintió algo, debió haber algo, ¿no? Él conocía bien la esencia de Quién-Tú-Sabes.

—Sí, es que…

Por lo que Scorpius le contaba y lo que vio de ella, Astoria tenía un gran parecido con su hijo. Y Albus sabía bien que Scorpius no dañaría a nadie.

Luego Nesrine cambió el tema y empezaron a moverse hacia el patio para ir con sus amigos. Adhara permaneció en silencio alrededor de los hombros de Albus.

En el bosque, descubrieron que atrapar escarbatos no era tan simple. Ni siquiera si les diste de comer y creías que te consideraban un nuevo amigo. Lily cayó tres veces en la nieve, antes de darse cuenta de que les interesaban más los pendientes que usaba. Entonces se los quitó y comenzó a agitarlos para llamar su atención.

Luego tuvo que huir de un grupo de escarbatos que querían más objetos brillantes tras haberle arrebatado los pendientes. Nesrine iba detrás de ella, gritándole que no entrase en pánico porque las criaturas lo percibirían.

—Voy a ayuda-

Albus extendió el brazo y sostuvo una de las manos de Scorpius, quien hizo ademán de acercarse para ayudarlas.

—Déjala que aprenda por qué no puedes atrapar criaturas mágicas de su categoría.

Scorpius titubeó, viendo a Lily subirse a un árbol para escapar de la horda de criaturitas. Nesrine intentó ahuyentarlas. No parecía que estuviesen en ningún tipo de peligro inminente.

—Pero si les pasa algo más…

—Sí, sí —Albus rodó los ojos—. Si les pasa algo más, ayudaremos, bla, bla, bla.

Ninguno dijo una palabra sobre que todavía tuviesen sus manos unidas. Ni porque las mantuvieron así durante un rato.

—0—

Albus tuvo un sueño peculiar esa noche. Comenzó con un mundo dorado que le hizo pensar que el oro se derramaba sobre todo y había ocultado lo que pudiese existir debajo. Luego las siluetas aparecieron, su entorno tomó forma y los colores nacieron, reemplazando esa pantalla brillante y cálida.

Fue tan realista. Sus pies descalzos percibían la frialdad del suelo de mármol. Su piel sentía la suavidad y ligereza de la ropa blanca que vestía. Había brisa, olores, sensaciones que lo distrajeron e hicieron que caminase sin rumbo por un cuarto que parecía sacado de una película de la época en que Roma era grandiosa.

Se había detenido junto a una terraza sólo para descubrir que la sala circular de mármol y columnas se encontraba en medio de la nada. No existía un paisaje más allá, ninguna ciudad, ni cielo, ni mar. Nada. Ni siquiera a un metro de la sala podría diferenciar la altura o algún trozo de tierra. Sólo era el borrón de las imágenes que los sueños no completaban.

¿Está funcionando?

Sintió el impulso de responder que sí, aunque no supiese a qué exactamente. Se giró y buscó en la habitación de dónde provenía esa voz.

¿Puedes oírme?

—Sí —Albus titubeó. Su certeza de que aquello no era real sólo volvía más extraña la situación.

No llevaba varita, ni el relicario con el retrato de Severus Snape, ni nada que creyese que podía serle de utilidad si pretendía escapar.

¿Alguien podría haber hechizado sus sueños? ¿Para qué? Lo que alguien de trece años pudiese imaginar no debía valer el esfuerzo.

Albus contempló el borrón fuera de la terraza de nuevo. Estar allí le permitió recordar que no era la primera vez que soñaba con la imagen dorada.

Según el reflejo de un artilugio plateado en la pared, además, no lucía como siempre. Era más alto, mayor y tenía el cabello en el largo justo para que pudiese recogerlo en una coleta alta y la punta tocase su hombro.

¿Me oyes? —insistió esa voz.

La conocía.

—Sí.

¿Puedes verme?

Albus se dio la vuelta, a punto de responder que no, cuando se topó con una nueva figura en medio de la sala. Una mujer. Una bruja.

Ella sonrió. Albus sabía que veía sus rasgos, estaban justo ahí, delante de sus ojos, pero cuando pensaba en describirla o en cómo era, se quedaba en blanco, actuaba del modo en que lo haría si jamás la hubiese visto.

—¿Qué hechizo es ese? —Albus frunció el ceño.

Uno para evitar que me reconozcas, por precaución.

—¿Precaución de qué?

Ella no respondió, así que Albus insistió.

—¿Es de la Cofradía?

Soy muy cercana a Astoria —aclaró la bruja, en cambio. Caminó con tranquilidad hacia un par de sillas largas y se sentó en la orilla de una—, sé que estuviste haciéndote preguntas sobre ella.

—Esto es un sueño controlado, ¿no? —Albus miró alrededor—. ¿Cuál es el punto de hacer esto? No sé nada realmente, pero mi papá- mi papá es Harry Potter y no va a estar feliz.

Nunca pensó que tendría que usar una línea tan ridícula en un apuro, pero si lo pensaba bien, su instinto le decía que a otros magos podía importarles ese detalle. Al menos si no lo vieron alguna vez lleno de crema para batir e intentando que el pastel de cumpleaños de Lily quedase recto, sin magia, porque olvidó que la poseía.

La bruja palmeó la otra silla. Albus negó.

—Me quiero ir.

¿Te quieres ir o quieres una respuesta? —indagó ella, gesticulando con las manos para "mostrarle" ambas opciones.

—Podría tener una respuesta e irme ileso.

Ella sonrió.

Digno Slytherin. Le agradas. Ella me dijo que estabas en la misma Casa.

Albus tomó una nota mental de ese desliz. Astoria le dijo. Podía tener muchas interpretaciones.

—Si va a decirme algo, dígalo —indicó Albus, cruzándose de brazos.

La bruja, para su sorpresa, no se entretuvo. Por cómo habló, hasta podría pensar que se encontraba más apresurada que él.

Puede que no tenga tiempo, pensó. O no esté haciendo esto desde un sitio tranquilo. O incluso que no tenga la energía para mantenerlo por un largo rato.

Astoria sabía que no podría decirle a nadie directamente lo que sucedió ese día —explicó la bruja, despacio—, ni siquiera a mí, así que pensó en cómo dejar la verdad sin tener que hablar ni usar un recuerdo. ¿Se te ocurre algo?

Albus meneó la cabeza.

Un sueño —La bruja se echó hacia adelante—. Astoria practicó esto durante años. Magia subliminal, le llamó. Poco a poco se volvió buena en esto. Los sueños son invenciones inconscientes, productos de otro mundo, no del nuestro, así que el acuerdo de silencio…digamos que no funcionaba del todo.

—¿Y cómo sabré si el sueño es la verdad?

Esa es una gran pregunta. Supongo que no lo sabrás —Ella se encogió de hombros—, ¿pero por qué haría todo esto para decirte una mentira? Si quisiera mentirle a alguien, le mentiría a tu padre, el gran Harry Potter, dijiste, ¿no? —Se rio y negó—. No…tú quieres la verdad, yo te puedo ofrecer sólo un pedacito de ella, pero algo es mejor que nada. Después tú pensarás si lo compartes o no, si me crees o no, será tu decisión.

—Bien —Albus miró alrededor, como si esperase que el sueño se convirtiese de pronto en algo atroz con tantas maquinaciones detrás—, ¿cómo me lo darás? ¿Igual que este…?

Antes de que hubiese terminado de hablar, su entorno sufrió de un drástico cambio y la bruja desapareció.

Sin haberse movido ni medio centímetro, Albus fue trasladado a una sala llena de objetos. Las dimensiones eran extrañas y le hacían pensar en una caricatura, pero la chica de pie a unos metros era una imagen bastante clara y realista de cómo imaginaba que debió ser Astoria Greengrass.

La Astoria de dieciséis años sostenía un objeto que Albus no podía identificar y hablaba con algo. Sencillamente algo. Una masa oscura. Albus supuso que revelarle la verdadera forma estaba más allá de su capacidad.

—…si lo sabías —dijo Astoria, un poco tensa—, debiste hacer algo.

Estaba en mis planes cuando era joven. Parece que algo sucedió después —alegó una voz agradable que provenía de la silueta oscura— y perdí el interés.

¿Cómo pierdes el interés por proteger el mundo y a ti de esas…cosas?

La segunda voz se demoró un poco más en darle una respuesta.

La magia oscura es todo un problema para la mente —admitió esta voz—, creí que era inmune, y que por tanto, no hacía falta decirle esto a nadie.

Astoria soltó un débil resoplido e hizo ademán de colocar el objeto que sostenía en donde fuese que lo hubiese hallado. Entonces la masa oscura se acercó tanto que Albus supuso que la figura real habría levitado apenas un poco por encima de ella.

Podemos llegar a un acuerdo, si estás preocupada —señaló esa voz suave.

No hago tratos con magos tenebrosos —aclaró Astoria, con una firmeza admirable para lo joven que era—, ni con lo que queda de ellos en un objeto.

Esa masa oscura flotó alrededor de ella y Astoria observó su trayecto de reojo.

Greengrass, ¿no? —indagó—. Conocí a un Greengrass. Pensé que todos eran hombres desde Aveline. ¿No son afectadas las mujeres Greengrass por una especie de maldición?

Astoria sufrió de un leve sobresalto y empezó a retroceder, el objeto apretado entre sus dedos. La masa oscura se alzó de nuevo sobre ella.

Tú tienes un problema y yo también. Y como Slytherins, lo que se debe hacer es asegurarnos de que cada uno consiga lo que desea.

La masa oscura descendió un poco y empezó a adoptar una forma medio humana. Albus contuvo el aliento.

¿Qué te parece esto? Te mostraré un pedazo del futuro. Si lo que te muestro no te convence, eres libre de salir por esa puerta. Si aceptas mis condiciones, me encargaré de tu maldición con magia a la que tú sola no tendrías acceso.

Albus no podía identificar a la persona que se paró frente a Astoria, el "sueño" no se lo permitía, pero se hacía una idea de quién era. Y empezó a temer que Scorpius hubiese tenido razón, a su manera.

¿Quieres hacer un trato, Astoria Greengrass?