El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La visión

—¿Cuándo hablaste con ella?

Sin respuesta.

—¿Tienen alguna conexión permanente?

La serpiente, por supuesto, lo ignoró.

—No creo que consigas gran cosa hablando con ella, Potter —señaló Theodore Nott, en un tono que le hacía pensar que sonaba más a un "¿por qué intentas hablar con una serpiente?"

—Tiene razón, Potter —Draco puso una mano en su hombro y le hizo un gesto para pedirle que se pusiese de pie—, conseguiremos más de Daphne que de Adhara, si es que realmente sabe algo.

Harry soltó un leve bufido, pero se rindió y se levantó. La serpiente le dijo en un siseo que regresaría con Scorpius y la vio meterse al colegio. Suponía que estaría ahí para cuando los chicos se despertasen.

—Bien —Se fijó en el paisaje del patio a esa hora de la mañana. Todavía había algo de nieve y la quietud era sorprendente—, vámonos.

Tenían que utilizar un par de trasladores para llegar a la casa en que se quedaba Daphne. Les tomó alrededor de una hora y a Harry se le escapó una exhalación cuando se Aparecieron desde una oficina de trasladores oficiales a la calle frente a una reja que era más pomposa y extraña que la de la Mansión Malfoy.

—¿Todos los sangrepura tienen ese gusto por las cosas aterradoras y extrañas o sólo los que son tus amigos? —murmuró, viendo de reojo a Draco.

—Él cree que una reja que habla es extraño, Theo —se burló Draco, mientras su ex compañero saludaba a la reja en que se había dibujado un tétrico rostro.

Theodore agitó una mano, restándole importancia.

—No sabe nada de sangrepuras. Debería ver algunas cosas de la colección de mi abuelo…—Podría jurar que Theodore Nott se estremeció de forma casi imperceptible.

—O de los Black —añadió Draco.

Harry recordó las cabezas de elfos en Grimmauld Place y decidió que no necesitaba conocer las demás formas de decoración de las familias antiguas. No de las que estaban dementes, al menos.

Después de algunos segundos en que pareció que la reja no cedería, se abrió hacia adentro, a un sendero de piedra que guiaba a través del jardín a la puerta principal. Daphne los esperaba allí. Estuvo un momento ceñuda y observándolos fijamente desde la distancia, hasta que debió tomar una decisión, porque se acercó deprisa y rodeó a Draco con los brazos.

—Lo siento —Escuchó que susurraba—, debí estar ahí por el verano.

—Está bien —Draco le palmeó la espalda, y tras dar un breve vistazo a sus dos acompañantes, eligió soltar la noticia de inmediato—. De todas formas, no está muerta…

Antes de partir, ambos Slytherin le advirtieron que no dijese una palabra al respecto hasta que ellos lo hubiesen hecho. Según Draco, Harry sería demasiado brusco y la alteraría. En ese momento, arqueó las cejas y gesticuló un "¿y a mí me falta tacto?" silencioso.

Daphne, sin embargo, sólo estrechó más a Draco.

—Lo sé —contestó, tan bajo que los otros dos apenas pudieron oírla—, por eso lo siento.

Unos minutos más tarde, sentados en torno a una mesa elegante de la que no dejaban que Harry tomase ningún bocadillo, se sentía más desorientado.

—No se come nada sin que la anfitriona se haya sentado al menos, Potter, ten algo de decencia —refunfuñaba Draco, dándole un segundo manotazo al dorso de su mano cuando Harry intentaba tomar un bocadillo en secreto.

Tras otro par de intentos y manotazos de reprimenda, Harry atrapó uno y se lo metió a la boca completo. Draco emitió un sonidito de disgusto y él estuvo a punto de ahogarse al empezar a reírse.

Theodore los miraba como si se preguntase si hacía falta quitarles una maldición de estupidez o buscarse nuevos amigos.

Daphne entró a la habitación con un cofre, suspiró y se sentó. Acarició la tapa del artículo, una versión pequeña en madera tallada con un candado que tenía el dibujo del nudo que Harry ya podía reconocer a simple vista.

Draco le había dicho que lo llevase por si acaso, aunque él no creyó que fuese necesario. Era una suerte que lo hubiese escuchado. Harry extrajo de su bolsillo una bolsa de "pruebas", sacó el anillo de matrimonio de Draco y se lo tendió a Daphne, quien estuvo parpadeando durante un instante.

—¿Es esto lo que necesitas para abrirlo?

La bruja asintió y lo tomó, pero no lo utilizó de inmediato.

—Daphne —Draco se inclinó hacia adelante desde su asiento frente a ella—, necesitamos saber qué te dijo Astoria, tuvo que haberte dicho algo. Podía decirte algo. Quizás fueses la única persona a la que podía decírselo.

Daphne casi abrazaba el cofre, sus ojos fijos en el suelo en lugar de ellos.

—No deberían pensar demasiado en eso —susurró—; ella me lo dijo sólo para que no me metiera. Los que se meten con eso acaban…igual que Astoria. O pierden la razón. Él perdió la razón-

—¿Quién es "él"? —indagó Theodore, con una suavidad que le hizo pensar en cómo le hablaba a su hija.

Daphne tomó una profunda bocanada de aire, y para sorpresa de los tres magos en la habitación, se fijó en Harry.

—El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado —Ella tragó en seco y se obligó a relajar los músculos— solía ser…muy listo y carismático. Así consiguió a sus seguidores.

Harry asintió. Recordaba eso de lo que aprendió sobre él durante el sexto año.

—Lo que lo cambió no fue la magia oscura solamente- claro, un uso continuo de esa magia al nivel en que la utilizaba y con esas intenciones afecta…pero lo que lo carcomió lentamente hasta que era tan idiota como para perder los estribos y ser vencido por adolescentes…—Daphne volvió a pasar los dedos sobre la tapa del cofre, con una clara indecisión—. Él sabía de las sombras. Desde que era muy joven. Sólo no supo qué hacer con ellas…así que cuando fue obvio que no podría ocuparse de eso, decidió dejarlo en manos de alguien más.

—¿Te refieres a que el mago más oscuro de todos los tiempos —dijo Draco, muy despacio— puso a una chica adolescente a mitad de una guerra a resolver lo que harían con unos entes que absorben magia?

—Eso…es una forma de verlo —La expresión de Daphne se contrajo durante unos instantes y volvió a pasar sus dedos sobre la tapa del cofre—. Lo que Astoria me dijo fue que…que alguien muy fuerte retiraría la maldición de nuestra familia sobre ella.

—¿Qué maldición? —Harry vio de Daphne y a Draco. Él fue quien le respondió.

—Oí una vez del padre de Astoria que se supone que los Greengrass sólo son hombres desde hace varios siglos, pero por alguna razón, en esta generación nacieron dos niñas. Dicen que las mujeres Greengrass son infértiles de nacimiento, su propia magia evita la concepción y no es algo que se pueda arreglar —Draco empezó a fruncir el ceño—. Astoria estaba segura de que podríamos tener hijos y que era un "cuento viejo", pero me advirtió que si de verdad enfrentaba la maldición, su energía disminuiría con el tiempo.

—No es que Astoria le haya ganado a la maldición —aclaró Daphne—, es que recibió ayuda cuando era joven. Me dijo también- que esa ayuda un día la haría desaparecer, no me dio una fecha exacta, pero sí un aproximado de años que podría seguir "viva". Este año fue la fecha que decía que se iría, pero me aseguró que no estaría muerta y que no tenía que preocuparme, sólo…resguardar esto —Tocó la tapa del cofre—, por si ocurría una emergencia.

—¿Entes malignos intentando meterse a este plano y yendo tras nuestros hijos cuenta como "emergencia" para ti? —Theodore fue un poco más severo, quizás porque recordó que Nesrine estaba en el mismo cuarto al que entraron las sombras cuando fueron por Scorpius. O porque Scorpius era su ahijado y lo quería más de lo que parecía.

Daphne le dirigió una mirada lastimera.

—No es la emergencia de la que ella me advirtió —Presionó el sello del anillo contra la cerradura de la caja y oyeron un "clic"—. Me dijo que sabría qué eran las "cosas" de las que hablaba apenas hubiesen noticias en los medidores de magia que dejó aquí, que tendría que llevárselos a cierta persona poco después…y que le mostró más de una versión del futuro. Y si algo parecía estar saliendo mal, tenía que entregar esto.

Tan pronto como Daphne levantó la tapa del cofre, una cancioncilla de piano inundó la sala. Estuvieron callados durante un rato, escuchando. Harry tenía una mayor sensación de que algo ya estaba mal y que se les escaparía de las manos con cada instante que transcurría. Theodore miraba el mecanismo de la caja con el ceño fruncido.

Draco empezaba a ponerse más pálido de lo que ya era de por sí.

—¿La conoces? —le preguntó Harry, en voz baja.

Pero en vez de darle una respuesta, Draco extendió el brazo hacia un lado y tanteó hasta sujetar una de las mangas de su suéter. Se aferró a la tela.

Harry dio por hecho que era un acto inconsciente para no perderse en sus pensamientos y lo dejó sostenerlo.

—Daphne —La voz de Draco fue muy baja, apenas pudieron oírla por encima de la música del cofre—, ¿Astoria te dijo algo sobre condiciones para enfrentar esa maldición?

Daphne apretó los labios por un segundo y lució culpable.

—Daphne —Draco insistió, entre dientes.

—Dijo que…—Daphne sacudió la cabeza—. No creo que haga falta sacar ese tema, Draco-

—Probablemente sí —indicó Theodore, aunque no se veía contento de meterse con un asunto diferente a las sombras—. Deberíamos saber por qué hizo lo que hizo antes de tener una idea de qué viene después.

Entonces Daphne exhaló y puso la caja en la mesa que separaba sus asientos.

—El único futuro que le enseñó en que podía tener un hijo era el que incluía a Draco Malfoy, específicamente a él. No otro mago. No podía ser otro. Y…

Draco se puso de pie con un movimiento tan cuidadoso que casi se creyó que no sentía nada por oír eso.

—Necesito un momento —le dijo a Daphne. Su voz fue plana y aburrida. No esperó una respuesta para abandonar la sala.

Theodore comenzó a masajearse las sienes.

—Ya está entrando en modo dramático y sentimental…

Harry observaba la puerta por la que se fue, vacilante, y no entendía cómo ninguno de sus ex compañeros se ponía de pie para ir con él. No pensaba que alguien detuviese una plática importante sin motivo alguno, mucho menos Draco, que temía por su hijo.

—Por eso no quería decirle —Daphne negó—, sabía que se haría una idea equivocada-

—Si le dices que su hijo es producto de un trato con el mago más peligroso de todos los tiempos y que la única persona que lo acompañó después de lo de la guerra estaba con él por eso…—Theodore carraspeó—. No suena bien.

—No significa que Astoria no lo quisiera o que lo acompañase sólo por eso, por Merlín, Theo, conociste a mi hermana-

—De todas formas, no suena bien —Theodore sacudió la cabeza—, ¿o me dirás que no se acercó por eso? Que yo recuerde, Astoria sólo pasaba tiempo contigo en Hogwarts, nunca con nosotros.

—Estoy segura de que lo quería —Daphne le frunció el ceño por lo que estaba insinuando y cerró el cofre con un movimiento un poco brusco.

—¿Es que en serio no piensan ir a acompañarlo o algo? —Harry ya no aguantó más y estalló. Ambos Slytherin lo observaron con diferentes grados de sorpresa y él se levantó de un salto—. Olvídenlo, ¿pero saben algo? Son unos amigos terribles.

Y salió de la sala también. Le fue difícil ubicarse allí porque desconocía la casa de Daphne más allá del recibidor y el pasillo que tomaron hacia ese cuarto, así que tuvo que usar un hechizo de rastreo para dar con Draco.

Lo encontró en una terraza que daba al patio. Apoyaba los brazos en la barandilla.

Harry se acercó de la forma más sigilosa que podía y se detuvo a unos pasos por un bufido.

—Sé que eres tú, Potter. ¿Qué quieres? ¿Tu impaciencia gryffindoresca no te permite estar diez minutos en un cuarto y esperar por alguien más?

Harry le lanzó un hechizo a su espalda. Fue muy leve, apenas una punzada, un hechizo para duelos de niños, pero Draco saltó y se dio la vuelta. En un instante daba zancadas hacia él y tenía la varita en mano.

—Es que debería-

Al percatarse de su reacción, el cambio fue instantáneo. Masculló un "oh, por Merlín", se guardó la varita y empezó a caminar ida y vuelta por la terraza, acomodando su cabello.

—Mejor quédate alejado, Potter. Es obvio que contigo cerca no se puede pensar correctamente. Acabo de tener un déjà vu de mi "yo" adolescente.

El desagrado que impregnaban estas palabras lo sorprendió.

—Es una reacción normal atacar cuando te sientes vulnerable —alegó Harry, que ya había guardado su varita también. No pensaba batirse en duelo con él en ese estado; aún recordaba lo que sucedió la última vez y se prometió nunca repetir algo así—, en especial alguien como tú que-

—No soy esa persona —Draco paró y le siseó entre dientes—, ¿de acuerdo? No soy la misma persona que fui en Hogwarts, en ningún año. Me niego completamente a comportarme así por otro segundo y tú- tú sólo- —Lo apuntó con un dedo acusador.

Harry se señaló a sí mismo y arqueó las cejas.

—¿Qué hice yo?

—Tu presencia es molesta —espetó Draco, pero él sólo sonrió de lado.

—¿Mi presencia qué?

Draco estrechó los ojos.

—Que me molesta que estés ahí parado con tu inmensa cabezota y tu cara-rajada.

—¿Cómo te molesto sin hacer nada, Malfoy? —Harry se inclinó hacia adelante, fingiendo interés.

El ex Slytherin soltó un bufido.

—¿Quizás me contagias de tu actitud gryffindoresca o algo como eso?

Por dentro, Harry se estaba riendo de lo absurdo de la escena. Casi podría jurar que estaba frente a un enfurruñado Draco Malfoy de doce años, que se cruzaría de brazos, inflaría las mejillas y se quejaría de que no tomó su mano en el primer año.

—Al menos no soy una serpiente que tira a morder cuando alguien me quiere ayudar.

—Al menos yo sí tengo cerebro.

—¿Te dices eso cuando ves que tienes la frente tan grande?

Draco emitió un sonidito indignado que le arrancó una carcajada a Harry.

—¡Qué vas a saber de una frente normal, con una cicatriz que te abarca la mitad de la cara!

Harry seguía riéndose y Draco sacó su varita de nuevo para lanzarle un hechizo de cosquillas que lo hizo reír más fuerte y retorcerse.

—Ya, ya- —Harry sacudió la cabeza y agitó las manos hacia él. Recuperó el aliento antes de acortar la distancia—. ¿Te sientes mejor?

Era claro que necesitaba sacar sus emociones desagradables de algún modo. Si hubiese sido un amigo, podría haberlo apoyado como consideraba que era "normal", pero hablaba de Draco Malfoy. Y él sabía que pincharlo y hacerlo estallar podía ser la única manera de que expresase realmente cómo se sentía si estaba mal.

Draco notó que lo hizo con una intención muy obvia y empezó a fruncir el ceño.

—Sí —Después de guardar la varita, lucía casi avergonzado por lo que le dijo—, era…estaba muy…

—Está bien si estabas molesto, no me lo tomé en serio —Harry se encogió de hombros—, supuse que lo de "presencia molesta" era un "quiero estar solo hasta que sepa qué siento y qué hacer con esto" en idioma Malfoy.

Draco soltó otro sonidito de desagrado.

—Se supone que ya estoy muy mayor para reaccionar así por una tontería —Draco se apretó el puente de la nariz y negó, claramente decepcionado de sí mismo.

—Dices eso sólo porque no has visto a Sirius enojarse cuando Teddy le gana en la magiwii.

Él lo observó. Harry dejó escapar una risita al recordar el día en que su padrino tiró el control al suelo y acusó a Teddy de ser un tramposo, y tras un instante, notó que Draco suavizaba su expresión.

—Creo que sólo me...—Draco se envolvió con sus propios brazos y resopló—. Me sentí traicionado por un momento.

Después de la guerra, incluso con todo lo que se esperaba que hiciese como el "gran héroe", Harry sabía que tenía al resto de los Weasley, a Hermione, Luna, Neville y a sus amigos que sobrevivieron.

Nunca se preguntó a quién tuvo Draco, luego de que sus padres fueran arrestados durante las investigaciones y antes de que él mismo fuese metido en una celda hasta los Juicios en que lo dejaron libre.

Y de pronto, se sintió tan solo.

Pero la peor parte es que imaginaba que Draco, con sus dieciocho años, debió sentirse mil veces peor.

—Estoy seguro de que te quiere —susurró Harry—, sin importar por qué se te acercó o incluso si ya no lo hace- estoy seguro de que Astoria Greengrass te amó profundamente, Draco.

Draco cambió su peso de un pie al otro y bajó los brazos.

—Sí, bueno, gracias, creo —Hizo una pausa—. Ya te estás poniendo raro, Potter, para.

—Si te molesto es porque te molesto —se quejó Harry— y si te intento animar es porque quiero ser bueno contigo. ¿Qué se supone que quieres de mí entonces?

Draco resopló.

—Nada —Sacudió la cabeza y caminó de nuevo hacia el interior de la casa, pasándole por un lado. Se detuvo ahí y lo vio de reojo—. Oye, Potter, uhm…

—De nada —Harry se rio y entrechocó sus hombros—, parece que ya estamos en problemas juntos. Normalmente estoy pendiente de cómo se sienten los que están en problemas conmigo —Luego añadió, en tono burlón:—. No hace falta que sigas agradeciendo y te muerdas la lengua por decirle tantas cosas buenas a un Gryffindor.

El ex Slytherin le echó un vistazo de arriba abajo que casi consiguió ponerlo nervioso.

—Demasiado ego para un cuerpo tan pequeño, ¿no?

Harry ahogó un sonido indignado y estuvieron discutiendo en el trayecto de vuelta a la sala en que sus antiguos compañeros charlaban.

—0—

Albus se aplicó el tercer hechizo de calor desde que estaba ahí y Hagrid le ofreció una pesada manta con un característico olor a perro, que supuso que utilizaba el pequeño Harry para dormir. Sacudió la cabeza y le enseñó una media sonrisa; no podía no encariñarse un poco con ese gigantón.

Cuando divisó la silueta de su padre acercándose al castillo, en compañía de dos profesores, Albus se despidió del gigante y corrió hacia ellos. Se notaba que pasaron por Hogsmeade y compraron algunas cosas. Harry incluso sonrió al verlo y le ofreció un panecillo recién preparado.

—¿No es un poco temprano para ti? —le preguntó su padre, divertido. Llevó una mano a su cabello y Albus se quedó quieto, consciente de que sólo lo desordenaría más de lo que ya estaba—. Es fin de semana, vuelve a la cama si quieres, Al…

Albus negó, sostuvo el panecillo entre los labios y abrió el relicario que le pendía del cuello.

—Necesitamos hablar —aclaró el profesor Severus, con su típico tono serio.

Harry observó a su hijo, a los magos que lo acompañaban, y se acabó el panecillo que tenía en la mano en una mordida.

—Sí, claro, Al puede volver a la cama y nosotros-

—Si le ocultas las cosas que lo involucran —siseó Severus—, no será diferente de ti a su edad. ¿También quieres criar cerdos para el matadero?

Harry frunció el ceño. Los demás no entendieron a qué se refería, pero el profesor en el retrato y él pasaron un momento mirándose fijamente y Albus tuvo la sensación de que atravesaban un tipo de batalla que sólo ellos dos podían comprender.

—No quiero eso —Por fin, Harry cedió y su otra mano regresó al cabello de Albus, que intentó peinar, en vano—. ¿Hablamos a solas? ¿En la biblioteca te parece bien?

Albus miró de reojo a los dos profesores que iban con su padre y titubeó.

—Tal vez…el profesor Malfoy deba escuchar esto.

De alguna manera, esto se tradujo a que probablemente tuviese relación a los eventos recientes y tres adultos acabaron sentados en una mesa apartada de la biblioteca, con vista al campo de Quidditch, y un adolescente frente a ellos, jugueteando con la cadena de su relicario.

Albus no sabía cómo abordar el tema sin ser un insensible, así que fue directo.

—Yo…tuve un sueño en que una bruja me- me mostró un mensaje de…de la madre de Scorp.

Ninguna reacción negativa por ahora. Su padre, Draco Malfoy y Theodore Nott lo veían con atención y Albus se retorció en su asiento, preguntándose cuánto le tomaría a Scorpius despertarse y qué pensaría al notar que no estaba en su cama. Sabiendo lo mucho que le gustaba aprovechar los fines de semana para dormir más, era probable que se preocupase y fuese a buscarlo, por lo que no tenían mucho tiempo.

—En ese sueño- en el mensaje que se supone que me dio- ella hacía un trato con algo…algo malo —Albus vaciló. Se lamentó de no haberlo hablado primero con su padre a solas— para tener a Scorpius, pero esto podía acabar muy bien o muy mal…y había unas- unas visiones del futuro que guardó en unos códigos. Y esos códigos sólo los iba a entender alguien que- —Arrugó el entrecejo al pensar en la última parte del mensaje— alguien que conociese la canción de Daphi.

Sí, Daphi. Esa voz había dicho "la canción de Daphi" literalmente.

Tras oírlo, los magos empezaron a intercambiar miradas.

—La canción del cofre es una canción de cuna que ella le ponía a Scorpius —señaló Draco, en voz baja—, muchas veces le cantó, pero no sé qué le cantaba exactamente.

—Había un papel mágico con códigos en su oficina —recordó Harry—, los Inefables todavía no tienen idea de cómo descifrarlo.

—Tomando en cuenta la planeación que ha mostrado con todo lo demás —comentó Theodore—, si quería dejarle un mensaje a Scorpius específicamente, esta sería la forma perfecta. Ni un segundo antes, ni un segundo después de lo que ella hubiese querido, y tuvo todo bajo su control.

Albus pasaba la mirada de uno al otro, cada vez más aturdido. Estaba seguro de que todo lo que ocurría en torno a Scorpius era un inmenso malentendido que no podían comprender porque no tenían el nivel mágico de los adultos, que era un error. Su mejor amigo no causaba problemas y ellos lo regañarían y después lo orientarían para que no pensase algo tan ridículo.

Su voz salió temblorosa y un poco más aguda de lo que pretendía cuando los interrumpió.

—Scorpius no es hijo de Voldemort. No es malo, él no-

—Pero claro que no es su hijo —Draco arrugó el entrecejo. Al fijarse en él, sin embargo, suavizó su expresión—. Scorpius no es el responsable de nada de esto, Albus. Lo sabemos. Él no haría nada que pudiese causar algún problema y menos dañar a alguien. Es…Scorpius —lo dijo en un tono que dejaba en claro que sería tan ilógico esperar maldad de Scorpius como un fénix de agua.

Albus se permitió relajarse un poco entonces. Miró a su padre, rogando que pensase igual que el señor Malfoy.

—Hay algunas cosas que no entendemos sobre lo que está pasando —le explicó Harry, procurando mantener la calma por ambos—, es posible que Scorpius pueda ayudarnos a todos, a la familia, a su padre, a los Aurores-

Albus titubeó por unos segundos.

—¿Cuándo le diremos a Scorp?

Tres pares de ojos cayeron sobre Draco Malfoy, quien se masajeó las sienes.

—No es tan sencillo, Al —El profesor de pociones intentó hablarle con suavidad—, hay ciertas cosas que-

—Scorp merece saber que su madre está justo en el centro de todo esto y que lo arrastró a él, señor Malfoy —lo contradijo Albus de inmediato.

—Al —Harry extendió los brazos sobre la mesa para sostener los suyos—, estás preocupado por tu amigo y todo lo que ha pasado ha sido muy raro, pero-

—Si la abuela hubiese causado un problema tan grande trabajando para la Orden durante la guerra —Albus le frunció el ceño a su padre—, ¿no hubieses preferido que te lo dijesen?

Esto lo dejó sin palabras.

—¿Quieres decirle incluso si Astoria podría ser ahora el enemigo? —La voz de Theodore atrajo la atención de Albus. Arqueó apenas las cejas—. Si es posible que su adorada madre esté rompiendo la ley y causando problemas a todos los demás magos, ¿todavía crees que vale la pena decirle antes de estar seguros del significado de esto?

Albus se enderezó en su asiento, soltándose del agarre de su padre.

—No sé si será bueno o malo que lo sepa —admitió, despacio—, pero sé que yo no le digo mentiras a Scorp. Ni le oculto cosas.

Ya no, agregó para sí. Ya no quiero.

—Y si no se lo cuentan, lo voy a hacer-

—Después del desayuno —Draco exhaló—. Cuando hayan terminado de comer, iremos a un sitio en que podríamos encontrar algo y le hablaremos de esto. A ambos. Con todos los detalles posibles.

Harry se alarmó.

—Malfoy-

—Ya fallamos en cuidarlos en La Madriguera —le replicó Draco, de mala gana—, ¿esperaremos que pase de nuevo? No podemos estar con ellos cada segundo y vigilar cada paso que den, es mejor que lo sepan ahora a que anden a ciegas si ocurre algo más. Si ellos lo saben, podemos tomar medidas de prevención cuando haga falta. Son chicos listos y responsables, mucho más que nosotros a su edad.

Harry miró a su hijo con algo similar a la resignación, pero asintió.

—Después del desayuno entonces.

Cuando los tres observaron a Theodore, él les devolvió una mirada casi interesada.

—¿Traerás a Nesrine? —le preguntó Draco.

—Ah —Theodore entendió que se refería a contarle la verdad—, Nesi ya sabe prácticamente todo lo que yo sé. Es medio Veela. No podría habérselo ocultado ni aunque quisiera, sólo le hice jurar por un encantamiento que no diría nada todavía porque no sabíamos si el conocimiento pondría en peligro a sus amigos.

Albus hizo una nota mental de tener una larga conversación con Nesrine luego.

—0—

Según lo prometido, Albus y Scorpius abandonaron Hogwarts esa mañana junto a sus padres. Theodore Nott se quedó para investigar algo y Draco Malfoy llevaba una cofre.

Los adultos avanzaron adelante en cuanto entraron al Atrio. Debían ir al Departamento de Aurores por unos objetos tomados como "pruebas". Los demás magos que trabajaban allí les pasaban por un lado sin darle importancia a la presencia de dos niños, ni siquiera el vigilante encargado de revisar las varitas los tomó en serio, consciente de que no podían hacer magia fuera del colegio sin permiso de sus padres.

Scorpius no paraba de mirar alrededor, y antes del desayuno, cuando recién se encontraron, tenía los ojos hinchados y enrojecidos. Tuvo que dejar a Adhara en el colegio y sus dedos se movían sobre su suéter cada poco tiempo, como si buscase la piel escamosa a la que aferrarse para conseguir algo de paz.

Cuando estuvieron dentro del ascensor, Albus extendió el brazo hacia un lado y sostuvo una de las manos de Scorpius para que parase de jalar sus propios dedos. Él le dio un apretón y no lo soltó, por lo que ingresaron al piso al que se dirigían tomados de las manos.

No era relevante frente a las personas con las que iban. Allí tampoco les prestaron mucha atención, aunque un montón de gente que Albus no conocía se acercó a hablar con su padre. Sólo su tío Ron lo saludó revolviéndole el cabello y nadie más se fijó en ellos hasta que entraron al Departamento de Aurores.

Albus saludó a McCarthy y a Roman, feliz de poder ver al fin rostros familiares. Sabía que siempre trabajaron con su padre. La bruja también le revolvió el cabello (todos parecían tener algo con su cabello) y Roman los guio hacia la sala en que guardaban las "pruebas", pero no los ignoró como los demás adultos tontos del Ministerio.

—Estoy nervioso por lo que sea que pase —Escuchó que Scorpius le decía, mientras sus padres estaban distraídos en una charla que ninguno entendía—. Realmente no creo que haya algo importante entre las cosas que mi madre tenía en su oficina, Al. Tal vez un cuadro famoso por restaurar o algo así…¿pero algo que interese a los Aurores? Quiero decir- yo jugué ahí muchas veces mientras ella revisaba algo…

Albus apretó su mano esa vez y suplicó por dentro que Astoria Malfoy no fuese la persona horrible que comenzaba a visualizar en su mente o rompería el corazón de Scorpius.

Cuando al fin se encontraron los cuatro a solas en una sala con estantes llenos de cajas hasta el techo, Draco Malfoy colocó en una mesa un rollo de pergamino desplegado, cubierto de símbolos extraños que sobresalían del papel en lugar de haber sido escritos, y un cofre que abrió con un anillo.

La música inundó el reducido espacio entre los estantes y la mano de Scorpius aflojó el agarre en la suya.

—¿Recuerdas esta canción? —Draco se dirigió a su hijo, que asintió sin dudar, con los ojos fijos en el cofre.

—Es Mary's night —Scorpius carraspeó y se talló los ojos apenas comenzaron a humedecerse—. A madre le encantaba-

—¿Qué decía la canción? —preguntó Harry, en un tono tan cuidadoso que Albus empezó a confundirse.

¿En serio esa era su gran prueba en contra de Astoria Malfoy? ¿Una canción de cuna?

—Ahm- —Scorpius se aclaró la garganta—. No decía mucho- Mary era una bruja de hace siglos que peleaba con un monstruo…una noche iluminó el cielo con un hechizo. Se suponía que ese hechizo traía- una era de paz o algo así.

—¿No hay algo especial sobre esta canción? —insistió Draco, serio—. Algo que la hiciera diferente de las demás canciones que te cantaba.

Scorpius lo sopesó por unos segundos.

—Normalmente cantábamos juntos, esa no…siempre la cantaba ella. Me hacía decir sólo una línea, una parte del coro- esa parte —señaló al cofre con su mano libre cuando la melodía llegó a cierto punto—. "Acertia, acertia' cantan los magos. No dejes que la luz se apague. No dejes que los hechizos de luz se apaguen. 'Acertia, acertia' canta cada vez que necesites algo de…'"

Harry reaccionó por reflejo y colocó su brazo frente a ambos chicos para apartarlos y ponerlos tras su espalda tan pronto como el pergamino extendido sobre la mesa se iluminó. Draco tenía su varita afuera en un instante. Los símbolos brotaron del papel y levitaron durante unos segundos.

Ya que nada sucedió, Draco le habló a su hijo.

—Repite esa palabra, por favor.

—¿Acertia? —balbuceó Scorpius.

La luz que emitió el pergamino los cegó, pero Harry se aferró a ambos chicos para estar seguro de que no se alejarían ni les sucedería nada. Draco lanzó un hechizo que le permitía ver a través de la luz y fue el primero en soltar un sonido de sorpresa al darse cuenta de que lo que los rodeaba no era la sala del Ministerio.

—¿Pero qué…?

—Una visión —aclaró Harry, todavía manteniendo a los chicos tras su espalda. Observaba alrededor con desconfianza—. Esto se parece un poco a…

—Hogwarts —La voz de Scorpius salió en un leve murmullo. Tenía los ojos muy abiertos y se sostenía de Albus.

Sólo que ese Hogwarts estaba reducido a escombros, apenas un suelo duro que mostraba dónde estuvieron los cimientos del imponente colegio y algunos restos de las columnas. Nada más. El césped se extendía más allá en un descenso precario hacia lo que debía ser el Bosque Prohibido, pero en esa visión tenía altos muros y una entrada en forma de arco.

Y justo frente a la puerta de esta "fortaleza" yacían cuerpos de magos y brujas tendidos en charcos de sangre, con las cabezas cortadas un poco más allá.

A Albus le fallaron las rodillas y tuvo a su padre enseguida a su lado. Harry le dio la vuelta y lo estrechó contra su pecho, de manera que lo que creyó haber visto ocurrió tan rápido que podría haber sido un error.

Por uno de sus costados, notó que Draco también tenía a Scorpius de espaldas a esa visión espeluznante de lo que debía ser su colegio, su hogar durante gran parte del año.

—¿Y Lily?

Albus se tensó cuando sintió que esa voz le era familiar. No resultaba idéntica a la suya, pero había algo en la manera en que arrastró las palabras y el tono en que lo dijo que lo hizo estar seguro de que sí era su voz.

Se movió un poco y vio, más allá de su padre, a un mago adulto vestido de negro, con los mismos rasgos físicos de Harry y él. Caminaba junto a uno que tenía el largo cabello rubio recogido y jugaba con una varita que goteaba sangre. La limpió con un hechizo.

—Preferiría razonar con ella —aclaró ese Scorpius extraño que ponía una sonrisa de lado que su Scorpius jamás haría. Era atemorizante.

Albus no pudo evitar aferrarse a su padre.

—Está decidida a matarte —alegó el Albus mayor de esa visión.

El Scorpius de trece años se sobresaltó y sólo Draco pudo evitar que hiciese un sonido más fuerte.

—Muchos lo han estado —"Scorpius" llegó al borde de los escombros y contempló la escena frente al Bosque sin inmutarse—, pero esa sería una pésima idea.

—Si no quieren que destruyas el mundo cuando te destruyan a ti, claro, pero —insistía "Albus"— aún hay quienes lo intentan. Y saben que tienes una debilidad por Lily porque fue cercana a nosotros.

El Scorpius mayor frunció el ceño por unos instantes.

—No quiero empujarte a hacerle lo mismo que a James, Al…

—Eso fue culpa de James —"Albus" respondió sin dudar, ceñudo—, le dije que parase. Si te llegasen a hacer algo, las sombras entrarían a este plano y consumirían la energía de todos. Les guste o no-

—Pero tal vez haya que…

—Padre —El Scorpius de trece años tiró del brazo de Draco—, quiero salir de aquí. Por favor, quiero salir de aquí.

Tan pronto como lo dijo, la visión se disolvió y reaparecieron en la sala del Ministerio. El pergamino se apagó y regresó a la mesa. Scorpius temblaba en brazos de su padre y Albus seguía tenso, sujetándose de Harry.

—Padre- —A Scorpius le falló la voz—. ¿Qué fue…? Esos dos- ¿ese era…?

—No —La respuesta de Draco fue inmediata.

—Se veía y se llamaba como yo-

—No eras tú —Draco lo abrazó más fuerte—. ¿Cómo vas a ser tú? Ni siquiera viste algo y ya estás llorando y es obvio que ese mago no tenía sentimientos. Era una mala imitación.

Una muy buena imitación, pensó Albus, todavía aturdido. Tenía náuseas de sólo pensar en lo que estuvo ante sus ojos por medio segundo, antes de que su padre se interpusiese.

—Hay que resolver esto —Fue lo único que le dijo a su padre.

No podían ignorar esto que acababan de ver.

O se volvería real.