El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Aquellos que salvarán el mundo (o no)

Draco se sentía el peor padre del mundo. Peor que el suyo, que fue responsable de que acabasen en el bando equivocado de una guerra, y eso ya era decir mucho.

Él no llevó a Scorpius a la guerra, pero parecía que trajo la guerra a Scorpius en cuanto nació.

No creía que pudiese olvidarse de la expresión que puso cuando se sentó con él para hablar del tema. Ni el tono con que respondió.

Scorpius jamás le había gritado. Él no era del tipo de chico que alzaba la voz, fue muy difícil conseguir que tuviese confianza para hablar a un tono considerado "normal" fuera de casa, pero era insinuar que Astoria pudo estar involucrada en algo como esto y Draco acababa con un adolescente que le decía que no hablase así de su madre y luego se largaba de la sala.

Harry se acercó lentamente para no ponerlo más tenso y se sentó a su lado. Entrechocó una de sus rodilla con una de Draco, y apenas este lo miró, le ofreció una taza de café.

Se encontraban fuera de un cuarto de los Inefables. Scorpius estaba adentro, solo, sentado en un mueble incómodo mientras un montón de hechizos que Draco ni siquiera sabía pronunciar lo examinaban de los pies a la cabeza.

A su hijo.

Y el de Astoria.

Si él estaba hundiéndose en un pozo de miseria, Albus no se quedaba atrás. Permanecía de pie frente a la puerta por la que se fue su mejor amigo desde hace más de una hora, con el relicario de Severus en una mano y su tablet en la otra para ver la hora.

—Creo que te estás torturando demasiado por algo que no es tu culpa —señaló Harry, en el tono más amable que era capaz.

—¿Qué harías tú si supieras que uno de tus hijos podría tener algo que ver con Quién-Tú-Sabes? —replicó Draco, de mala gana—. Y además tuvieses que decírselo…

Harry lo sopesó por unos segundos, insistiendo en acercar el café a él, hasta que Draco sostuvo la taza y dio un sorbo. Sabía asqueroso, como era de esperarse de una máquina del Ministerio.

—Ellos ya tienen mucho que ver con Voldemort, a su manera, ¿sabes? Por mí —Harry se encogió de hombros—. Sólo por ser mi hijo, la prensa presionó tanto a James con la idea de verlo jugar Quidditch en su primer año que Rita entró a Hogwarts sin permiso durante las pruebas para el equipo. A Albus lo enloquece ser comparado conmigo y yo lo sé, usualmente los que lo ven me ven a mí. Lily fue seguida por una periodista de El Profeta en una maldita tienda de juguetes del Callejón Diagón, ¿entiendes? Están en todas partes, listos para saltar sobre ellos por mí y- y siempre me están recordando esto. Cada día, cada vez que insisten con el tema, yo recuerdo…ellos recuerdan ganar una guerra, pero yo recuerdo todo lo que conllevó, todo lo que ellos no vieron durante el proceso…

Harry se sacó los lentes y se restregó el rostro con un poco más de fuerza de la necesaria.

—Tenía tanto miedo cuando nació James —susurró, sin hacer ademán de ponerse los lentes todavía—. Voldemort estuvo…tan cerca, afectando todo lo que yo era, mi consciencia, mi mente, mi actitud- crecí envuelto por él en cada aspecto. Y sólo pensaba en si…si quizás nos confiamos, si algo de eso podría seguir ahí, si iría a parar a James, si él…no lo sé —Meneó la cabeza—. No sé si es posible siquiera, pero si yo hubiese causado que él- si hubiese sufrido algún daño mágico sólo por ser mi hijo, yo…creo que me habría vuelto loco. Pero —Harry carraspeó y se colocó los lentes— Voldemort no me quitó eso, no a ellos. Y no te quitará a Scorpius.

—Es fácil decirlo, pero hablamos de-

—Mira, Malfoy —Harry apuntó hacia Albus, esperando todavía una señal de su amigo frente a la puerta—. Cuando éramos niños, yo era el hijo de dos personas que desafiaron a Voldemort y murieron en la guerra, héroes para muchos, miembros de la Orden del Fénix. Tú eras hijo de un Mortífago. E incluso si hubiésemos intentado evitarlo o si cambiábamos algo, esos dos detalles nos arrastraban en direcciones opuestas. Hasta podríamos haber sido amigos en algún momento…pero en la guerra, tú habrías ido hacia tu lado y yo hacia el mío. Pensé eso por mucho tiempo.

Harry sonrió al fijarse de nuevo en su hijo. Draco lo veía a él, intentando entender su punto.

—Ellos también tienen a un supuesto héroe y a un Mortífago como padres, pero son mejores amigos. Supongo que el punto es…no sé, que las personas pueden cambiar de dirección con terquedad pura —Dejó escapar una risita—. Una casualidad o elegir algo…esas cosas cambian mucho la vida de alguien, sobre todo alguien tan joven.

Draco observó a Albus también entonces.

—Lamento que se haya metido en esto, Potter.

No le gustaban las disculpas, pero si fuese al revés, estaría frustrado por el peligro que Scorpius pudiese correr por el mejor amigo problemático que tenía.

—No va a pasar —Cuando Draco lo observó, Harry dijo, muy confiado:—. Lo que vimos no va a pasar.

Draco exhaló y se bebió otro trago del asqueroso café.

—¿La cicatriz te da poderes de adivinación o algo así? Porque nos hacen falta ahora…

Harry volvió a entrechocar sus rodillas.

—Confío en la capacidad de Al para elegir a un buen amigo —Hizo una pausa—. Además, Scorpius salió llorando de esa sala, Malfoy, en serio es difícil imaginar que pueda ser una mente maestra del crimen. Estoy seguro de que Voldemort joven habría disfrutado viéndose así.

Antes de que pudiese responderle, la puerta se abrió. Albus atrapó a Scorpius en un abrazo y ninguno de los adultos se levantó, porque ese era un momento en que no podían hacer nada. Albus le habló en susurros y Scorpius todavía parecía listo para llorar por su madre, por lo que vio, por lo que creía que podía hacer un día.

Cuando Albus lo llevó con ellos, todavía pegados el uno al otro, les dirigió tal mirada enojada que Draco sintió que le advertía que debía tratar bien a su propio hijo.

Bien, al menos podía contar con que había alguien de confianza junto a Scorpius.

Draco sujetó una de las manos de Scorpius, que sorbió por la nariz y siguió cabizbajo, con su otro brazo en torno a Albus.

—Vamos a ver los resultados de tu examen —le explicó Draco, intentando que su voz sonase lo más calmada posible—, tendremos un plan para cuidarte y estaremos pendientes de que…—Al no obtener más reacción que un sollozo, se le rompió el corazón y miró de reojo a Harry, sin saber qué hacer.

Harry rodó los ojos y se puso de rodillas frente a Scorpius, lo que lo hizo quedar dentro de su campo de visión.

—Tú no eres esa persona —le aseguró al niño Malfoy—. No vas a hacer nada de eso. No quieres nada de eso, ¿verdad?

Scorpius sacudió la cabeza y más lágrimas cayeron. Se las intentó limpiar con demasiada brusquedad y su cara pronto estuvo del todo roja.

—Entonces está bien —dijo Harry, con una confianza que sorprendió a Draco—. No hay que preocuparse por algo que nunca va a pasar, ¿cierto? Eres bueno y serás un gran mago que hará cosas increíbles. Y nosotros estaremos aquí para evitar cualquier cosa que se pueda meter en tu camino e intentar cambiarte. Tu padre estará aquí. Draco hará todo lo que pueda para que nunca tengas que ver algo así de nuevo, ¿bien?

Scorpius asintió de nuevo y Harry murmuró algo más. Draco no supo qué, hasta que su hijo caminó hacia él y lo rodeó con los brazos.

—No quiero ser un mago malvado —musitó Scorpius, hundiendo el rostro en su hombro.

Draco ignoró a los Potter para no ponerse nervioso por lo poco acostumbrado que estaba a muestras de afecto frente a otros, estrechó a Scorpius y acarició su cabeza.

—Pero si eres el mejor chico del mundo, Scorp. Es más probable que veamos un unicornio malvado que a ti —La risita de su hijo lo animó y Draco lo estrechó un poco más—. Estaré ahí para cuidarte mientras resolvemos esto, ¿sí? Confía en mí.

Scorpius asintió contra su hombro y lo abrazó más fuerte. Draco se desarmó cuando lo escuchó susurrar un "te quiero, padre" y tuvo que repetirse que no, él no pensaba ponerse a llorar en el Ministerio. No, no, eso no iba con Draco Malfoy. Sólo se permitía un poco de sentimentalismo por su pequeño.

—0—

—¡Más tiempo, Simon! Nuestra Señora dijo que debíamos darle más tiempo-

—¡Eso fue hace dos meses! —replicó Simon, desde el centro de una plataforma de piedra con una estructura en que descansaba una silueta medio humana.

—Consíguele uno más. Lo suficiente para tenerla a ella —insistió la bruja envuelta en una túnica oscura—. Puedes tomar esa energía extra en torno a Scorpius y usarla para nuestra Señora. Eso lo mantendrá a raya, ¿no?

—Se saldrá de control- —Simon negó—. La magia así no es algo a lo que le puedas decir "estoy ocupado en este momento, vuelve en un mes o dos".

—Se supone que puedes hacer esto.

La plataforma con el cuerpo a medio construir se hallaba en una estructura más grande similar a unas ruinas y sus voces resonaban en cada centímetro. Más miembros de la Cofradía les oían desde los bordes, sin ganas de acabar en medio de la discusión.

—Claro que puedo —Simon arrugó el entrecejo—, pero no lo recomiendo por el bien de Scorpius.

—Nuestra Señora dice que estará seguro, así que lo estará.

—No es una cuestión de seguridad, es el aumento de su magia lo que me preocupa- si es muy repentino, llamará tanto la atención que-

La bruja dio un par de zancadas sobre la plataforma, cuidando no dañar los símbolos dibujos en el suelo.

—¿Te estás oponiendo a una orden directa de nuestra Señora?

Simon retrocedió un paso sin pensar.

—No estoy en su contra, doy una sugerencia como especialista en este tipo de magia. Ella me aseguró que confiaba en mis capacidades y oiría mi opinión con estos temas…

—Así que sí puedes hacerlo, bien —La bruja se giró entonces y comenzó a caminar hacia la salida de la estructura—. Nuestra Señora no se quiere enterar de que el daemon está aquí antes que ella…

A pesar de que todavía quedaban algunos miembros de la Cofradía por los bordes, Simon era el único que estaba en el centro. Observó el cuerpo a medio construir y exhaló.

Esto significaba el doble de trabajo.

—0—

Albus fue informado por su padre de los resultados de Scorpius.

Los Inefables no detectaron nada en él. Su nivel de energía estaba un poco por encima del promedio para su edad, pero podía deberse a un buen potencial, y los trece años eran un momento con muchos cambios a nivel energético también. Incluso podrían haber sido producto del estrés reciente.

Albus escuchó con atención cada parte, y cuando Harry guardó silencio, le preguntó si había algo que no le estaba diciendo.

Su padre titubeó y arrastró una silla para sentarse frente a Albus. Se encontraban en su dormitorio de profesor en el colegio.

—Creo que lo que vimos fue como una versión más impresionante de una profecía —le explicó Harry— y las profecías, hasta donde sé, no pueden ser evitadas. Pero no significa que pase lo que creemos que va a pasar.

Albus arrugó el entrecejo.

—¿Qué significa eso?

—Bueno…—El mago pensó en cómo podría decirlo para que lo entendiese—. Por ejemplo, la profecía por la que se suponía que yo vencería a Voldemort…en verdad no decía que yo le ganaría, sólo que uno tenía que ganar. Y ni siquiera decía que debía ser yo el que pelease con él, había más de una opción. El contenido sigue estando ahí, pendiendo sobre nosotros, pero puede pasar cualquier cosa en el proceso que cambie alguna parte del resultado…y ese cambio podría ser importante.

Albus asintió, despacio. Y tomó una importante decisión ese día.

—¿Puedo contarle esto a alguien? —le preguntó a su padre, por si acaso. Pensaba hacerlo de todas formas, pero tener su permiso le ahorraría complicaciones.

—¿A quién? —Harry lució inseguro.

—A Lily.

—Ah —Entonces su padre asintió—, supongo que sí. Debe tener miles de teorías sobre lo que pasa…

En cuanto pudo salir de ahí, en lugar de ir hacia las mazmorras, fue a la zona de la biblioteca en que se reunía el grupo de estudio de Lily. La encontró sentada entre Nesrine y otra niña de su Casa y grado, a la que le mostraba un movimiento de varita.

Albus se paró a unos pasos y la llamó mediante gestos, hasta que su hermana comprendió que era urgente y se apartó de las dos niñas.

Lily Potter, de once años, era la persona en quien más confiaba después de Scorpius.

Albus se la llevó a un pasillo entre los estantes, utilizó el hechizo para que no los escuchasen que su tío George le enseñó y le hizo un resumen a Lily de toda la información que manejaba e incluso de la que no comprendía del todo.

Ella sólo adoptó una expresión pensativa, como si aquello tuviese sentido de alguna forma retorcida que Albus no era capaz de ver.

En ese mismo momento nació lo que años más tarde se conocería como el Aquelarre. Para sus versiones adolescentes era una medida para asegurarse de que ninguno se volviese malvado, no se pusiesen en contra del resto y pudiesen desviar esa "profecía" de su futuro en la medida de lo posible.

Por supuesto que Lily también tenía cierta vena dramática que Albus suponía que venía de parte de los Weasley. Del tío George y la abuela Molly en especial.

Por la noche, Scorpius le preguntaba de nuevo hacia dónde iban, Adhara siseaba desde sus hombros y Albus les pedía silencio, porque aunque conociese algunos de los pasajes usados por James para moverse en el castillo, no podría hacer gran cosa por huir del conserje una vez que los viese, a menos que se animasen a lanzarle un confundus. No le parecía tan mala idea.

La primera reunión de su peculiar grupo se llevó a cabo en un aula vacía del séptimo piso. Había un círculo de runas de protección dibujado con tiza blanca en el suelo y varias velas encendidas en puntos estratégicos.

Hicieron una pausa bajo el umbral al encontrarse esta escena y Lily los regañó para que cerrasen la puerta, antes de que pudiesen despertar a un cuadro del pasillo con las velas.

—Lil, esto quizás…

Su hermanita le chisteó.

—Si te vamos a ayudar, te ayudamos a nuestro modo —Lily elevó la barbilla. Sostenía una vela y estaba de pie en el otro lado del círculo.

—No hacemos pactos de sangre —advirtió Albus, en caso de que Lily se hubiese emocionado demasiado desde que James la ayudó a tomar prestados (sin permiso) unos libros de la Sección Prohibida—, siempre acaban mal.

Lily rodó los ojos.

—Qué poco creativo, Al —Nesrine se acercó con otra vela, se fijó en el brazalete de Albus y sonrió—. Ally, siéntate en alguno de los puntos cardinales- ya sabes, norte, sur, eso. Tú igual, Scorp, anda, anda.

Tras un instante, tomaron asiento. Albus en el este, Scorpius en el sur. Lily se quedó con el norte y Nesrine se sentó en el oeste. Ambas colocaron las velas frente a ellas.

El círculo era amplio, pero como se encontraban en espacios en blanco en medio de los símbolos estaban tan cerca que sus rodillas casi se rozaban.

—¿De qué película de terror sacaste esto? —indagó Albus, acercando su índice a los símbolos del suelo.

Lily le dio un manotazo a su mano para evitarlo.

—¡Son reales y son parte importante de la ayuda que te vamos a dar!

—Mi madre me enseñó a hacerlos —dijo Nesrine, claramente orgullosa.

—Lo que vamos a hacer es esto —Lily extrajo de su bolsillo varias tiras de colores y las puso en el centro del círculo—. Estuve leyendo…

—¿En qué parte del temario de primer año se ve esto? —Scorpius lucía aturdido.

—En la parte exclusiva de los que tienen un hermano mayor que te consigue cualquier libro de magia avanzada —señaló Albus, sacándole una risita a Lily.

—Lo que quiero que hagamos es un pequeño sello, se usaba mucho en los antiguos grupos de magos y brujas durante la época de cacerías, cuando nadie sabía quién era un enemigo o un aliado —Lily comenzó a repartir tiras de colores, preguntando a cada uno el color que más le gustaba entre las opciones que tenían—. Pongan un poco de su magia en las tiras que les doy, luego las vamos a dividir para que tengamos una de cada uno…

—Según el libro que James le prestó a Lil —siguió Nesrine, que ya ejecutaba hechizos simples con su varita que hacían parecer que las tiras azules extraían una esencia de su cuerpo—, esto funciona para evitar enfrentamientos entre los que los usan. Incluso si fuésemos a pelear en serio, la protección estaría ahí para repeler el primer ataque y darnos tiempo de huir, así evitaban que las traiciones acabasen en muerte. No es tan fuerte como, ya saben, el de Grindelwald y Dumbledore, por ejemplo, pero es perfecto para nuestro nivel mágico.

Scorpius empezaba a ponerse más pálido de lo que ya era de por sí y Albus le frunció el ceño a ambas por llevarlo tan lejos.

—Claro que no creemos que eso sea necesario —aclaró Nesrine, dirigiéndose a Scorpius—. Lil lo eligió porque también refuerza los sentimientos "buenos" que tengas por los demás que los usan y avisa si alguno está en problemas. Eso último lo consiguió de su tía Hermione.

—Significa que me querrás más que a James cuando te lo pongas —presumió Lily, mirando a Albus con una sonrisa.

Albus arqueó ambas cejas.

—¿He hecho algo que te haga pensar que yo quiero a James?

—Bueno, cuando llorabas y pataleabas porque querías dormir con "tu hermano" mientras yo también quería dormir con James y esas veces que me gritabas que James era tu hermano, no el mío…

Albus sintió que se sonrojaba bajo la mirada divertida de Nesrine y la enternecida de Scorpius. Podría jurar que incluso la serpiente tenía una opinión al respecto.

Carraspeó y empezó a poner su magia en las dichosas tiras, ignorando la risa de su hermana.

En cuanto terminó, le pasó tres de las tiras a Lily, que le devolvió tres más de otros colores, uno por cada uno. Nesrine les mostró cómo amarrarlas, y ya que a ambos se les complicó, Scorpius puso sus manos sobre las de Albus y le ayudó con los movimientos a medida que las entretejía para formar un brazalete.

Lily colocó los broches que los mantendrían cerrados y luego los cuatro tenían su propio "sello". Parecía feliz, observándolo contra la luz de las velas. Los símbolos en el suelo emitían un débil resplandor en respuesta a la magia de sus brazaletes y lo que significaban.

—Bien, vamos con la segunda parte del plan —Lily apuntó a Nesrine, quien desdobló unos pergaminos en el espacio entre los cuatro.

—Nivel de bondad. Hay que mantenerlo alto —señaló la niña Veela. Había un dibujo de un muñeco en el pergamino, con todo su cuerpo pintado de blanco y ella lo tocó—. La verdad es que el nivel de bondad de Scorp está en el punto más alto…

Scorpius se permitió una sonrisita avergonzada al darse cuenta de que el "muñeco" del dibujo era él.

—Pero si comienza a comportarse de forma extraña —Lily apuntó al pergamino—, lo anotaremos para hacernos una idea de qué lo causa y cómo empeora o mejora…

Albus frunció el ceño al percatarse de algo.

—Vamos a ayudar a Scorp, no a conseguirnos un Stitch, Lil.

Ella agitó una mano en su dirección.

—Misma idea, ¿no? Él también iba a destruir el mundo —Lily se encogió de hombros.

—¿Una snitch? —Scorpius pensó por unos segundos en lo que había oído, confundido.

Albus negó.

—Olvídalo…

Esa primera reunión de uno de los grupos más importantes del mundo mágico (para bien o para mal) acabó con bocadillos traídos por Nesrine y Lily contándoles una historia de terror con que quería asustar a James. Scorpius se pegaba a Albus para intentar esconderse a medida que el cuento lo ponía nervioso, Adhara siseaba cerca de su oído y Albus fingía no estar sonrojándose por el aliento de su mejor amigo golpeando su cuello, ya que eso sería ridículo.

Regresaron a su Sala Común a través de los mismos túneles que usaron para llegar allí, y a mitad de camino, se toparon con James, que asomó la cabeza desde la capa de invisibilidad y arqueó las cejas en su dirección.

—No estuvimos aquí —dijo Albus— y tú tampoco.

—Soy miope y está oscuro, es difícil ver a otras personas en los túneles —James volvió a cubrirse con la capa y continuó moviéndose hacia otro túnel.

Sus pasos se escucharon durante unos segundos. Ellos fueron en la dirección opuesta.

Mientras dos Slytherin se aseguraban de llegar a su cuarto sin ser atrapados por un profesor o el conserje, el mayor de los Potter abandonaba el castillo de una forma no tan secreta. Tenía una "misión".

—0—

A la mañana siguiente, un domingo, Albus se arrastró fuera de su cama antes de lo usual, soportó su mal humor mañanero, refunfuñó porque incluso el Severus Snape de su retrato estuviese dormido y se acercó a la cama de Scorpius. Usualmente era él quien se despertaba antes, por lo que experimentó cierto placer maligno al estampar una almohada contra la cara de su mejor amigo dormido.

Scorpius abrió los ojos sobresaltado y se sentó de pronto, con el cabello rubio parado en todas direcciones y un hilo de saliva seca en la comisura de la boca. Albus apretó los labios para no reírse de la imagen.

Quería pensar que la extraña emoción que tenía en el pecho de vez en cuando al verlo disminuía cuando estaba así, pero había algo adorable en Scorpius Malfoy parpadeando repetidas veces para acostumbrarse a la luz fuera de las cortinas de su dosel, tallándose los ojos o poniendo esa cara de confusión absoluta que nadie podía imitar.

Y puede que Albus estuviese un poco preocupado por lo que fuese que sentía al mirarlo, pero era su mejor amigo y tenía otros asuntos en mente, así que resultaba sencillo ignorar ese detalle.

—Lily preparó un cronograma y mandó águilas mágicas de papel a picotearme hasta que prometí cumplirlo —Albus se colocó la almohada que era su "arma" bajo el brazo y exhaló.

Cabeceó hacia los pergaminos que pegó en la pared entre sus camas, bajo el ventanal que daba al lago. Tenían el dibujo en blanco de la "bondad" de Scorpius y una lista de actividades para el día, que iban desde practicar Quidditch un rato con Rose y ayudar a alguien de un año menor con su tarea (de preferencia a Lily y Nesrine), hasta realizar sus propios deberes.

Cuando Scorpius consiguió despertarse lo suficiente para hacerse una idea de dónde estaba y quién era, recogió la lista y sonrió.

—Lily quiere que hagamos un hogar para los augurey que llegaran en la primavera —señaló ese punto en la lista para Albus, quien asintió.

—Podemos empezar hoy.

Entonces su mejor amigo lo observó de reojo por unos segundos, antes de adoptar una expresión más tímida.

—No hace falta que hagas todas las cosas que se le ocurran, yo puedo hacerlas si creo que ayudarán, pero-

—Las vamos a hacer juntos —Albus se cruzó de brazos y lo retó con la mirada a rechazarlo.

Scorpius sólo asintió y siguió hablando de la lista mientras se alistaba para comenzar con su misión de "no volverse un terrible mago oscuro".