El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Malfoy vs. Potter

Después de informarle a la directora McGonagall de cada detalle que podían decirle sin soltar información confidencial de los Aurores y agregar algunas medidas de seguridad marca Harry Potter y Hermione Granger a las ya de por sí mejoras del colegio, tuvieron dos semanas de inesperada paz.

Harry casi se sentía extraño porque su mayor preocupación fuese la cantidad de veces que James iba a detención cada mes, número que consiguió reducir después de recordarle que no llegaría a ser capitán del equipo de Quidditch si tenía un mal comportamiento.

Ahora sospechaba que James seguía metiéndose en problemas, pero de una manera en que los profesores no lo notaban, y no estaba seguro de si era peor o mejor.

Esto tampoco era para preocuparse, de acuerdo a Harry. James no haría nada más peligroso de lo que ellos podrían haber hecho a su edad. Probablemente.

Entonces el verdadero problema fue aquel día en que tenía una clase con Ravenclaw y Hufflepuff de primer año. Terminaron antes de lo previsto y Lily, en el primer puesto, charlaba con Nesrine y otra niña de su curso.

Y Harry la escuchó mientras cerraba el baúl con sus artículos para las clases.

—Mi clase favorita es la del profesor Malfoy —dijo Lily. Su pequeña Lily.

Aquello era imposible. Harry seguía boquiabierto cuando se encontró a solas en el aula.

Dos horas más tarde, entró el grupo de quinto al que pertenecía James. Después de terminar, lo llamó aparte y le preguntó por su clase favorita. Él no dudó.

—La del profesor Malfoy —Y se echó a reír—, me deja jugar con todos los ingredientes, papá.

Harry llegó a la hora de la cena cabizbajo y eso era obvio para cualquiera. Sirius, que se colaba en la mesa de profesores, le puso un brazo en torno a los hombros y le preguntó qué le pasaba.

Cuando se lo contó, Sirius llamó a Albus y Scorpius con amplios gestos. La cena había terminado y los chicos ya se dispersaban, así que sólo tuvieron que separarse del resto de sus compañeros para ir con ellos.

—Harry piensa que a sus hijos no les gusta su clase —le dijo Sirius a Albus. Luego le dio un golpecito en el pecho—, anda, dile a que ti sí te gusta y que aprendes un montón.

—O que debería dejar de usar hechizos que no sabe qué harán —añadió Draco, divertido, en voz tan baja que sólo Harry lo escuchó, pero eso no evitó que se girase hacia su asiento, ceñudo.

—Sólo fue una vez y porque no sabía que le ponían a las ventanas un líquido que repelería mi hechizo, alguien debería haber-

—En realidad —Albus lució extrañado—, mi clase favorita es la del profesor Malfoy.

A su lado, Draco sonrió. Harry ahogó un sonido incrédulo.

—A mí me gusta más la del profesor Potter —murmuró Scorpius, balanceándose sobre sus pies—, creo que es muy divertida y práctica.

Harry sonrió y vio a su ex rival de reojo. Draco se había puesto serio y le dirigía tal mirada cargada de rencor que casi podría pensar que regresaron a la época del colegio.

Estaba claro que eso no se podía quedar así.

Un rato más tarde, Harry Potter caminaba ida y vuelta en su dormitorio del ala de profesores y levitaba un trozo de tiza blanca hacia un pizarrón que había colocado al fondo. Cada poco tiempo, otra fuerza lo levitaba en una dirección diferente para interrumpirlo y él sólo la ignoraba.

—¿Cómo hago que les guste más mi clase que la de Malfoy?

Frente a él, Sirius se comía unos pastelillos en el borde de la cama y Teddy usaba la silla de reversa, sus brazos apoyados en lo alto del respaldar y las piernas a los costados. Observaba la pizarra con una expresión divertida.

—Pensé que no podía salir de la Academia sin permiso a menos que fuese una emergencia —señaló Teddy, sonriendo.

Harry no le contestó, pero su cara de disgusto dejaba en claro que para él era una emergencia no tener la clase favorita de sus hijos. ¡Ni siquiera de uno, por Merlín! Cuando nació Lily, George hacía bromas sobre que al menos uno de los tres lo querría, pero parecía que no resultó así.

—Necesito planear clases mejores —siguió Harry, pasándose una mano por el cabello—, necesito que sea tan increíble que los chicos quieran entrar y aprender, y después estudien por su cuenta como hacía Hermione-

Adoraba esa idea. Ver a los pequeños entusiasmarse por la magia era increíble.

—Nadie puede ser como Hermione —Teddy se rio. Luego lo sopesó unos segundos—. ¿Y si…?

Con esos dos de su lado, no podía diseñar un programa aburrido para los estudiantes.

Mientras esto sucedía, en un área de las mazmorras, tenía lugar otra reunión igual de urgente. Para Draco, al menos.

—No puede ser que a Scorpius no le guste mi clase más que la de Potter —argumentaba él, frente a la expresión poco interesada de Theodore.

—¿Los trajiste para eso? ¿En serio?

Albus, Lily y Nesrine parecían más a gusto con la idea de opinar sobre el programa de las clases de lo que lo estaba Theodore, a quien sacó del cuarto a mitad de su lectura nocturna. Ahora él permanecía de brazos cruzados y los tres estudiantes discutían en voz baja las opciones que tenían para Draco.

—Y podría…

—Pero que no sea…

—¡Con hechizos de seguridad!

—Y estaría bien que…

Scorpius iba a amar su clase.

—0—

Al día siguiente, Draco escuchó a su hijo hablar con entusiasmo de los objetivos móviles de la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, que hacían parecer que el salón se había convertido en una casa embrujada, y omitía el hecho de que gritó con más de uno al tenerlos muy cerca y se aferró a Albus.

Luego miró a Potter con los ojos entrecerrados hasta que este lo notó y le dio una sonrisita que le recordaba por qué estaba convencido de que era un imbécil durante la adolescencia.

Por la tarde, Harry oía a Lily hablando sobre las burbujas gigantes que crearon con algunas pociones que Draco agregó al temario con permiso de la directora. Podían atrapar a alguien, servían como barrera de defensa, y algunas eran rosadas. Lily amaba las burbujas rosadas.

Entonces Harry también observó en la dirección en que estaba Draco durante un rato, y cuando este elevó la barbilla, estuvo seguro de que disfrutaba viéndolo así.

Pues no le daría el gusto.

Una guerra interna comenzó en Hogwarts a lo largo de esa semana. Harry invitaba a un hombre lobo (no estaban cerca de la luna llena y bebía su matalobos, por supuesto) para que les contase más de la licantropía a los estudiantes de tercero, y por la tarde, se enteraba de que James no paraba de contarle a todos sobre las pociones para atraer criaturas mágicas que Draco les enseñó; se usaban cuando necesitaban algo de una criatura que podían tomar sin dañarla, la poción le brindaba nutrientes y la distraía, mientras el mago cortaba con magia un cabello o esperaba para recoger la saliva.

La razón de la emoción de James fue que sostuvo a una araña gigante (y se la arrojó a uno de sus compañeros mientras Draco no lo veía). Sería difícil superar eso. Incluso le escribió a Teddy para contarle.

Draco les enseñaba a los de primer año las primeras pociones curativas y les mostraba cómo distinguir cada línea en el sistema sanguíneo con un líquido que los hacía brillar y Lily no dejaba de tomar notas y hacer preguntas. Pero por la tarde, se enteraba de que Harry Potter, el niño-que-vivió-para-robarle-a-su-hijo, se unió a la profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas para ir a ver a un gigante muy amable con el que practicaron hechizos de defensa y Scorpius se había hecho su amigo.

Después de que Harry pasó veinte minutos oyendo a Albus de buen humor porque el profesor Malfoy los había llevado a una clase al aire libre en que estuvieron rodeados de flores mágicas, bajo la supervisión de Neville, decidió usar su carta maestra:

El mundo mágico le debía muchos favores que él no tomaba en cuenta porque, bueno, en realidad no tenía en mente ser un héroe cuando los salvó, pero a veces era útil poder llevar a un grupo de estudiantes a presenciar los duelos de práctica de los Aurores novatos.

Scorpius estaba maravillado con Teddy, quien hizo de asistente, y Draco no estaba feliz. Ni Albus, pero ese es otro tema.

Su absurda pelea llegó a tal punto que Harry supervisaba los hechizos del club de duelo el viernes en la tarde y Draco felicitaba al grupo que ayudó a la enfermera a tener unas pociones en perfecto estado y listas para cualquier emergencia que pudiese suceder en Hogwarts.

—¿Deberíamos hacer algo? —Neville le preguntó a la directora el viernes por la noche—. Draco me preguntó si tenía plantas venenosas en los invernaderos.

—Es lo bastante precavido para presentarles venenos a los estudiantes mayores de quince años —alegó McGonagall—, además me mostró el temario y se va a concentrar en las dosis no letales y antídotos más variados que el bezoar. Es muy útil.

—Y Harry quiere que lleve la espada de Gryffindor, tengamos un duelo de prueba y darles una clase de magia negra contra magia ancestral —siguió Neville.

—Será magnífico —La directora asintió—. Le pedí que me avisase para poder verla también. Es un tema fascinante que casi nunca se trata.

Por lo visto, si ellos querían pelearse por quién daba las mejores clases, McGonagall estaba dispuesta a apoyar a cada lado y que sus estudiantes aprendiesen más que nunca.

Habrían continuado así, sino fuese por una pequeña broma de James que salió mal. Se suponía que haría levitar a uno de sus compañeros, con silla y todo, en cuanto se sentase, pero perdió el control y tiró algunos artículos de su padre.

Draco se echó a reír cuando se enteró del desastre, porque la verdad era graciosísimo incluso para los estudiantes pensar en objetos volando y el profesor Potter detrás de ellos. Y Harry le preguntó si en serio estaba tan intimidado como para sabotear su clase.

Esto ocurrió durante una cena en la mesa de los profesores. Neville, incómodamente sentado en medio de ambos, consideró decirles que lo que sucedió seguro era la broma de un estudiante, y conociendo al grupo con que le pasó, hasta puede que fuese algo hecho por James, pero Draco le contestó a Harry en tono pedante, luego el asunto escaló y pronto se estaban retando a un duelo.

Neville observó a la directora, aterrorizado. McGonagall los veía por encima del borde de sus lentes.

—Podemos poner una plataforma de duelo en la Sala Común y abrir una clase para cada año —indicó McGonagall, dejando a Neville boquiabierto—. Hechizos simples para los pequeños y luego aumentando la dificultad…hasta que la clase para séptimo sea un duelo entre adultos en toda regla —Hizo una pausa—. Sin hechizos mortales ni magia negra, por supuesto —dijo lo último mirando a Harry, lo que confundió aún más a Neville.

—¿Asustado, Potter? —se burló Draco cuando el otro pareció que tenía que considerarlo.

—Ya quisieras —Harry frunció el ceño y le tendió su mano—. Te acabaré en cualquier duelo, como siempre he hecho.

Draco estrechó su mano con más fuerza de la necesaria.

—Sólo tengo que cuidarme de los expelliarmus, ¿no?

Neville volvió a fijarse en la directora.

—¿De verdad los dejará pelearse?

Ella asintió.

—La rivalidad bien canalizada puede ser un impulso increíble para mejorar, sólo mira las clases que han dado estos días. Además es un ambiente seguro y tengo por profesores a dos de los mejores duelistas del continente —Ella arqueó las cejas—, sería una tontería decirles que no si quieren tener un duelo y podemos lograr que los chicos vean cómo se hace fuera de estas paredes.

El duelo para la clase de primer año se llevaría a cabo el lunes antes del almuerzo. Los rumores se extendieron rápido por el castillo. Lily estaba entusiasmada y Harry feliz de verla así, hasta que se enteró de que había conseguido una pañoleta verde de Nesrine.

Disfrutando de la "rivalidad entre dos de los profesores más queridos", Rose había comenzado a vender pañoletas verdes y rojas para que los estudiantes indicasen a quién apoyaban en el duelo. Era obvio para quién era cuál.

En el primer duelo, Harry ganó por tener un mayor abanico de "hechizos simples". Draco era bueno y se atrevería a decir que mejoró con los años, pero los hechizos que más usaba fueron demasiado complejos para una presentación frente a niños de once años.

Lily corrió hacia Draco en cuanto terminó y le dijo algo que hizo que sonriese y le revolviese el cabello. Después fue hacia Harry y lo abrazó para felicitarlo.

—¡Fue graciosísimo cuando convertiste su varita en hule, papá!

Sí, la expresión de Draco fue digna de una fotografía. Quizás podría ponerla en un Pensadero y entregarle esa memoria al mismo Malfoy para que se viese.

En el duelo para segundo año, Draco realizó otro perfecto serpensortia que le trajo recuerdos de un duelo similar cuando eran jóvenes. Harry se distrajo hablando con la serpiente, Draco volvió sus piernas gelatinas, y de alguna manera acabaron en empate, con un Harry que no se podía levantar del suelo y un Draco pegado al techo por un hechizo.

Para el duelo de tercer año, se debatieron con hechizos del temario durante un rato. Luego Draco le lanzó un escupebabosas. Todavía se reía mientras lo acompañaba en la enfermería, él sentado junto a la cama, Harry frunciéndole el ceño por encima del cubo que abrazaba al que iban a parar las babosas.

Scorpius se sentía mal por Harry y Albus quería que Draco le enseñase ese hechizo.

Para el duelo de cuarto año, Harry se lució convirtiéndolo en un bonito pavo albino. Draco pavo lo persiguió por la plataforma de duelo y lo picoteó, pero igual contaba como que había perdido.

Tenía la piel roja cuando lo regresaron a la forma humana y le prometió a Harry que se las pagaría.

El duelo para quinto año no fue más caótico sólo porque conocían sus límites acerca de nada de hechizos mortales ni sangrientos. No querían causarse heridas, sólo el daño propio de un duelo cualquiera. Aun así, el grupo en que estaba James quedó maravillado por dos magos que podían hacer que sus propios cuerpos flotaran, la forma en que manipulaban el salón moviendo paredes o el suelo y la lluvia de cristales de Draco hacia Harry.

Esto último fue lo más impresionante. Rompió las ventanas del Gran Comedor y envolvió cada pedazo de vidrio en un hechizo para que actuasen como proyectiles, en lugar de cortar. La barrera de Harry y su intento de huida no lo libraron de millones de piezas que lo lanzaron al suelo.

Draco ganó y arregló cada ventana en un par de movimientos. Los chicos estaban asombrados, Neville aterrorizado y McGonagall comenzaba a ver que su magia junta podía ser un problema para la infraestructura del colegio, por lo que tomó una decisión: para los duelos de sexto y séptimo año, que eran los más duros y con mayor libertad, tendrían que practicar antes. Así se aseguraría de que no causarían un terremoto en medio de la emoción del duelo, ya que tendrían una idea de qué hacer frente a los estudiantes.

—Si practicamos, no contará cuando venza a Potter —se quejó Draco apenas la escuchó.

—Pueden vencer al otro durante la práctica —puntualizó McGonagall.

También les pasó una lista de hechizos permitidos para el duelo frente a sexto año y les concedió una tarde dentro de la Sala de Menesteres.

Harry no creía haber tenido la adrenalina tan alta desde sus primeras misiones como Auror. Y era aún mejor sabiendo que no corría un peligro real, que sólo era Draco Malfoy siendo Draco Malfoy, la única persona que se atrevería a tener un duelo con él sin temerle por ser el-niño-que-vivió o cuidarlo de más para no lastimarlo.

Estaba felizmente agotado al final de la práctica y Draco todavía refunfuñaba que no lo iba a dejar ganar. Fiel a esto, en realidad lo consiguió. Volvieron a empatar.

Harry estaba divertidísimo, Draco tenía la cara roja de rabia de una manera que le hacía pensar en su versión adolescente y a los de sexto año les quedó claro que jamás debían molestar a sus profesores.

El último duelo, el que usarían como demostración frente a los de séptimo año, tenía la mayor libertad. McGonagall les dijo que podían utilizar cualquier hechizo, con las restricciones de letalidad, y tuvieron dos días en la Sala de Menesteres, porque Draco no pensaba dejar el marcador de esa manera y Harry…bueno, él disfrutaba de cierta manera retorcida de ser retado. Culpaba al lado Gryffindor.

Esto era la razón de que hubiesen acabado un jueves por la tarde rodando sobre el suelo de la Sala de Menesteres como un par de adolescentes a mitad de una pelea.

Para los duelos de magia se recomendaba conservar un mínimo de distancia, de esa manera se podían disparar los hechizos cómodamente y existía la posibilidad de esquivar. Lo cumplieron con las demostraciones anteriores. No sabía en qué punto se les salió de control esta práctica.

¿Cuando hizo que los muñecos de la sala cobrasen vida y atrapasen a Draco? ¿O fue cuando Draco se Apareció detrás de él y le sujetó le cuello? Sí, probablemente fue ahí cuando se convirtió en algo mitad mágico, mitad físico.

Harry sólo sabía que se encontraba en un estado de alerta máxima, usaba su energía de reserva y acababa de golpear el suelo de nuevo. Forcejeó con Draco y movió la cabeza a tiempo para evitar un hechizo destinado a dejarlo cegado durante un rato.

De alguna manera, por la memoria muscular de tantos entrenamientos en la Academia, consiguió darle la vuelta a la situación y alzarse sobre él. Draco quedó presionado contra el suelo, su brazo flexionado y la varita apuntando al cuello de Harry. La de Harry estaba justo frente a su cara. Ambas tenían destellos de hechizos en la punta.

—Ahora es cuando te rindes —señaló Harry, sin darse cuenta de que usaba un tono que no tenía desde la adolescencia. Y que solía estar reservado para responder a cierto cretino cuando quería molestarlo.

—Ahora es cuando te rindes —Draco le dio dos toques en la garganta con la varita, en una clara advertencia.

Harry sacudió la cabeza.

—Te vas a rendir tú, Malfoy.

—Sigue soñando, Potty.

Se percató del movimiento bajo él justo a tiempo para frenarlo. Apretó las piernas en torno a la que Draco había levantado para darle un rodillazo y le frunció el ceño.

—¿Es en serio, Malfoy? ¡Es un duelo de magia, ya para de atacarme ahí!

Draco apretó los labios por un segundo, el aire se escapó en forma de bufido por contener la risa. Harry también tuvo que hacer un esfuerzo por no burlarse de su forma tonta de hacer trampa.

Al instante, el ex Slytherin se retorcía, riéndose, y cambiaba el ángulo de la varita para dispararle un aguamenti a Harry, que quedó a ciegas por el agua en los lentes y el cabello que le cayó sobre la cara.

—¡Tu cabello se pone liso! —Draco sonó tan impresionado que Harry sí se rio esa vez.

—El cabello de casi todos se pone así con el agua, Malfoy-

—Pensé que era como un nido de ramas que no podían cambiar de forma y por eso nunca te peinabas —se burló él, lanzando otro chorro de agua a su cara.

Harry movió la cabeza y respondió con un hechizo de cosquillas que estaba bastante lejos de la gama que cubrieron durante el "duelo". Draco se volvió a retorcer e intentó darle un codazo. Él apenas consiguió sostener su brazo para evitarlo.

—El gran Draco Malfoy pelea como un muggle lanzando golpes-

—También muerdo si hace falta —replicó Draco, muy orgulloso. Luego los dos se echaron a reír de nuevo.

Harry dejó su varita en el suelo, se apartó de él y se tiró a un lado. Jadeaba tanto por el cansancio como por la risa. Entonces Draco alzó su varita y emitió un sonidito de celebración que habría esperado de alguien de la edad de Lily.

—¡Yo gano porque soy el único que sostiene la varita todavía!

—Estoy seguro de que el manual de duelos dice "el que se mantenga en pie" —Harry giró el rostro hacia él y arqueó las cejas.

Draco flexionó las rodillas, todavía acostado, y puso ambos pies contra el suelo. Luego también giró la cabeza para verlo.

—Mis pies tocan el suelo —alegó, con un falso tono inocente que se arruinó con la sonrisa y la forma en que dijo un:—. Has perdido, Potter.

—Está bien, está bien —Harry asintió, riéndose—. Si tanto te hace falta para calmar tu orgullo, pues te dejo ganar en el duelo de demostración.

—¿Harías eso? —Draco lució aturdido.

Harry se encogió de hombros.

—Llevo años dejando que Lily me gane en todo, mi orgullo está bien con eso.

Draco frunció el ceño y se acomodó de lado para verlo mejor. Lo apuntó con la varita.

—Ni se te ocurra dejarme ganar, Potter.

Harry rodó los ojos y se puso de lado también, de manera que quedaron cara a cara en el suelo.

—¿Quién te entiende? Me quieres ganar, pero no me quieres ganar-

—Te voy a ganar porque soy mejor que tú —Draco le tocó el pecho con la punta de la varita—. Si me dejas ganar, no tiene gracia. ¿Dónde está tu sentido de la competencia, Gryffindor?

—Mi "sentido de la competencia" —Harry simuló las comillas con los dedos de una mano— está retrocediendo frente al hecho de que cada vez que peleamos me quieres dar un rodillazo en la entrepierna.

El ex Slytherin apretó los labios, pero sus ojos brillaron con clara diversión.

—¿Oh? ¿Cómo es que eso es todo lo que hace falta para intimidarte?

—¿Ahora quisieras que tu "yo" adolescente lo hubiese sabido? —bromeó Harry.

—Habría sido útil tener esa información antes, sí —Draco fingió seriedad al asentir.

Harry se estiró para recuperar la varita y le arrojó otro hechizo de cosquillas, por el que Draco movió los brazos para detenerlo. Él reaccionó por reflejo del entrenamiento y atrapó sus muñecas.

Se quedaron así un momento, tendidos en el suelo, Harry sujetándolo, Draco con la varita todavía en una mano. La adrenalina seguía a tope y la sala que apareció para ellos estaba medio destrozada por algunos hechizos que utilizaron cuando se permitieron más libertad mágica de la que tenían usualmente. Al menos sabían que nada de lo que hicieran sería demasiado para el otro y eso era difícil de conseguir para los buenos duelistas.

—Pero hablando en serio —siguió Draco, más bajo—, si me dejas ganar, lo sabré y me enojaré.

—Siempre supe que te gustaba pelearte conmigo sin razón.

Draco soltó un ruido que no podía ser tomado como afirmativo ni como negativo.

—Eras el único que se iba a pelear conmigo, así que…¿por qué no?

Harry resopló, lo soltó y volvió a ponerse boca arriba. Draco lo imitó. Sus cabezas quedaron bastante juntas y los dos observaron el techo de la Sala de Menesteres durante unos segundos.

—Cuando te gane…

—¿Te refieres a cuando yo te gane a ti? —indagó Harry, agregándole un tono burlón que copió de él.

—Cuando yo te gane a ti —Draco simuló no haberlo oído—, vas a estar en el laboratorio durante la clase de Slytherin de tercer año y a separar gusarajos.

—Sí, Snape —Harry rodó los ojos.

De pronto, Draco imitó una voz increíblemente seria y grave al decir:

—Página doscientos veintinueve y ni se te ocurra respirar de mi aire, Potter.

Harry se rio hasta que el estómago le dolía.

—0—

En alguna parte de Hogwarts, un adolescente salía a través de un pasaje y se daba cuenta de que debía mejorar sus hechizos de ocultamiento cuando se topaba con un perro negro que ladraba y sacudía la cola con entusiasmo.

Sirius regresó a la forma humana y se cruzó de brazos.

—¿A dónde vas cada vez que sales del colegio de noche y por qué no me has invitado si es algo divertido, James Sirius Potter?