El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El daemon

—Estoy seguro de que no es mío, Potter.

—¿Puedes estar completamente seguro? —Harry alzó las manos en un gesto de rendición frente a la mirada desagradable que le dirigió—. No dudo de ti como padre, hablo de que Astoria planeó todo muy bien y desde hace muchísimos años…

Draco dejó escapar un suspiro que hizo que Harry se sintiese mal por recordarle esto cada vez. Se prometió pedirle una taza de la mejor bebida caliente a los elfos para dársela a Malfoy en cuanto terminase la tediosa espera.

—Cuando nace un sangrepura, es común que el padre esté justo ahí con la madre, es un deber, lo tenemos demasiado arraigado en nuestras tradiciones porque si le sucede algo a cualquiera de los dos, su magia le podría salvar la vida. En especial al niño. La magia de su progenitor tiene mejor efecto que la de un extraño y la madre estará muy débil después de dar a luz, así que quien queda es…—Draco se encogió de hombros—. Créeme, ni siquiera Astoria podría haber planeado ocultarme a un niño. Estuve con ella desde el principio al final y cuidando solo a Scorpius cada momento durante sus primeros días de vida mientras ella se recuperaba.

—Bueno, eso es tranquilizador por una parte —Harry se fijó en la oficina de la enfermera— y un poco más turbio por otra parte —Bajó la voz para preguntarle:—. ¿Qué crees que sea?

Draco sacudió la cabeza y se masajeó las sienes. Ambos estaban sentados junto a la entrada de la oficina. Los niños continuaban durmiendo, Theodore había ido por McGonagall, Talía estaba despierta en la otra punta de la sala y la enfermera acudió al llamado de un patronus para revisar a ese extraño niño que McCarthy traía consigo.

Harry sujetó uno de los brazos de Draco y le dio un débil apretón. Esperaba que lo sintiese como un mensaje de "vamos a arreglar lo que sea que pase ahora". Le sorprendió que Draco cubriese su mano con una de las de él por un segundo, antes de apartarse.

La enfermera acababa de salir y miró de uno al otro en cuanto se colocó bajo el umbral de la puerta. Talía se aproximó para escuchar lo que decían mientras Theodore y la directora llegaban.

—¿Y bien? —Harry la instó a decirles algo sobre el niño, lo que fuese. Debía haber al menos un detalle en un adolescente encontrado en el patio durante la noche a inicios de la primavera.

La bruja suspiró.

—Bueno, él…tiene trece años y magia propia. Se parece mucho a Scorpius —La enfermera hizo una pausa y torció la boca—. Posee consciencia propia, pero es un poco…como un niño pequeño, no está acorde a la edad física. Y no es humano —Lo último lo dijo más rápido.

Ambos saltaron para ver la puerta cuando la oyeron abrirse. Theodore regresaba con la directora.

—¿Qué está pasando? —indagó McGonagall, envolviéndose en una capa que cubría su pijama—. ¿Qué…? Oh.

Se había fijado en la enfermera. El niño se asomaba por uno de sus costados, los ojos verdes examinando a los adultos en la sala para después ir a parar a la cama en que Scorpius dormía.

—Tenemos a un niño que no es humano —Draco lo apuntó—, sospechosamente similar a Scorp.

—¿Cómo que no es humano? —McGonagall lució aturdida.

—¿Qué tipo de criatura es? —Talía rodeó al niño y lo observó con curiosidad—. ¿Podría ser una pequeña Veela?

La enfermera sacudió la cabeza.

—No sé qué es. No es un humano, ni un fantasma, no es un mago pero no es un muggle- no es Veela, ni vampiro, ni licántropo…

El niño aprovechó su distracción para deslizarse hacia un lado y se acercó a la cama de Scorpius. Draco lo notó, lo sujetó y lo jaló en la dirección opuesta.

—No lo despiertes —lo reprendió, a pesar de que todavía no sabía si se trataba de una criatura peligrosa.

El niño ladeó la cabeza, como si no estuviese seguro de lo que le dijo.

—¿Qué podemos hacer, profesora? —Harry se dirigió a la directora, que había adoptado una expresión pensativa.

Frente a las miradas atentas de los demás adultos, McGonagall caminó hacia el niño que Draco sostenía y se puso de cuclillas.

—Hola —le susurró.

El niño parpadeó. Era una imagen extraña la de una de las brujas más fuertes que conocían agachada para conversar con un chico envuelto en una túnica de Aurora que le quedaba varias tallas más grande.

Agitó una mano hacia ella.

—¿Cómo te llamas? —siguió McGonagall. Se apuntó a sí misma—. Yo soy Minerva. Minerva McGonagall.

Harry comprendió lo que pretendía. Esa forma de acercarse era ideal para criaturas temerosas del Bosque Prohibido.

El niño abrió la boca y la cerró después de emitir un sonido estrangulado que fue su primera imitación del lenguaje humano. Luego arrugó el entrecejo, carraspeó y dio una respuesta real.

—Altair.

McGonagall asintió y le sonrió.

—Es un hermoso nombre. ¿No tienes apellido?

Altair la observó con una expresión que le decía que no estaba seguro de qué era un apellido.

—¿Cómo llegaste aquí, Altair? —continuó ella, con suavidad.

Él apuntó a Adhara. La mamba negra descansaba ahora a los pies de la cama que Scorpius ocupaba.

—¿Adhara te guio?

Altair asintió.

—¿Desde dónde?

Él señaló entonces en otra dirección. Aquello iba para largo. McGonagall debió pensar lo mismo, porque estuvo unos instantes dándole vuelta a sus respuestas.

—¿Tienes alguna idea de qué eres, pequeño?

Altair asintió y apuntó a Scorpius. La bruja frunció el ceño y miró a los demás adultos allí, en busca de alguna interpretación correcta para esa respuesta.

Ninguno la tenía.

Media hora después, Harry le tendía a Draco la bebida caliente que los elfos le acababan de entregar y le mostraba un intento de sonrisa a su expresión cansada.

Altair se había pasado ese tiempo sentado en una esquina de la enfermería, envuelto en uno de los pijamas que la enfermera prestaba a los pacientes. Se dedicaba a balancear los pies y no hablaba si nadie se dirigía a él primero.

—Luna viene para acá —le contó.

Ya que la enfermera estaba en blanco y los hechizos de McGonagall no revelaron nada, Theodore fue a la biblioteca y él le envió un mensaje a Luna. Tenían suerte de que los horarios de sueño y trabajo de su amiga fantasmóloga fuesen de lo más extraños. Quizás también la tendrían al acudir a ella y podría reconocer qué tipo de magia poseía.

En una circunstancia ideal, era un trabajo para Inefables, pero ninguno pensaba abandonar la enfermería hasta la mañana y un Inefable no visitaría Hogwarts a mitad de la noche, a menos que fuese el fin del mundo.

Harry realmente no creía que ese niño lo fuese.

—Bien —Draco le dio un sorbo a la taza de chocolate y exhaló.

—¿Astoria te ha dicho algo?

—No sé si lo ha intentado, la conexión sigue cerrada.

—¿Piensas preguntarle sobre el ritual de ayer y el niño que apareció de repente idéntico a tu hijo?

—Supongo que tendré que hacerlo —argumentó Draco, en voz baja—, realmente estoy intentando terminar de asimilar todo antes de tener que-

Dieron por hecho que Altair no querría moverse más durante esos segundos que conversaban de lo que lo hizo durante la última media hora. No mostraba un comportamiento agresivo. Ninguno se habría esperado oír un grito de Scorpius y descubrir que el otro niño se había arrastrado hacia su cama para saltarle encima.

En un instante, Draco tenía a Altair entre los brazos y lo sacaba de la cama de su hijo. Harry lo apuntaba con la varita y tiraba de un adormilado y confundido Scorpius hacia el otro lado, preguntándole si estaba bien y buscando heridas a la vista.

Su voz había alertado a los demás. Un grupo de adolescentes confundidos abría los ojos y miraba alrededor en busca de lo que fuese que ocurría. Sirius regresó a la forma humana y tenía a Lily detrás de su espalda, la varita en una de sus manos y una expresión demasiado despierta para haber estado roncando un segundo atrás. McCarthy y Grayson Jr. incluso se asomaron en la enfermería, listos para combatir con algún mago tenebroso.

—Estoy bien, estoy- ¡estoy bien! —Scorpius llevó a cabo un montón de gestos para llamar la atención de ambos y que se calmasen, su mirada aturdida fijándose en el otro chico—. Es…

—No te le acerques, Scorpius —Draco fue firme y mantuvo a Altair a distancia de Scorpius.

—Está bien- estoy bien, padre —le aseguró a Draco. Luego dio un paso para rodear la cama, antes de que Harry pudiese sujetar su mano para frenarlo—. Sólo quiero saber quién es- fue un poco duro, pero me despertó como lo hacía mi madre-

Entonces Draco casi soltó a Altair por la sorpresa.

—¿Te...hizo cosquillas?

Scorpius asintió y soltó una risita.

—Es que no midió su fuerza y yo ya estaba teniendo una pesadilla…

Altair había alzado la cabeza y contemplaba a Draco, a la espera de que lo liberase. Él no lo hizo todavía.

—¿Qué pasa? —preguntó Sirius, después de entender que el único "problema" allí era un chico de trece años que ni siquiera peleaba con Draco para ser puesto en libertad.

—¿Papá? —Lily miró a Harry por encima del hombro de Sirius, adormilada.

—¿Auror Potter? —Grayson Jr. también esperaba algún tipo de orden de su parte, por lo visto.

Harry miró a los chicos, a Draco y al resto en la enfermería. Luna no debería tardar mucho en llegar.

—Déjalo —Hizo un gesto hacia Draco, quien le frunció el ceño—, yo estoy en medio de ambos. Déjalo y veamos qué hace.

La expresión de Draco le advertía que le esperaba algo mucho peor que un rodillazo en la entrepierna si utilizaba a su hijo en un experimento. Harry le dio una mirada seria, prometiéndole en silencio que no permitiría que le pasase nada.

Tras un momento de tenso silencio, Draco lo soltó. Altair se demoró un segundo extra en notar que era libre y rodear la cama.

Harry aún se encontraba detrás de Scorpius, varita en mano. Altair se paró frente al otro chico y lo observó por unos segundos, pensativo.

—Hola —Scorpius agitó su mano hacia él y contuvo un bostezo. A su lado, sobre la cama, Adhara emitió un siseo.

Altair le contestó en pársel. Harry siguió la conversación entre ambos.

Este es Scorpius —le informó la serpiente.

Ya lo noté —Fue la respuesta de Altair. Tenía una fluidez mucho mayor en esta lengua.

Es buen momento para explicarles lo de tu energía —Adhara se irguió y siseó más fuerte—. Los humanos solucionan sus problemas deshaciéndose de ellos. Seguro van a querer alejarte de Scorp antes de tiempo.

¿Cómo les explico eso? —Altair lució confundido.

De pronto, Adhara miró a Harry. Altair también lo hizo. Pareció darse cuenta de que él había entendido su plática.

Tenía una idea vaga de lo que pasaba, pero prefirió esperar a que Luna llegase.

—Tienes que sentarte por ahora y hablaremos contigo después de que otra bruja te vea —le explicó a Altair, que asintió y regresó a su asiento sin darles problemas.

—¿Y nosotros…? —James interrumpió el tranquilo ambiente, arqueando las cejas.

—Tienen clase por la mañana —recordó Harry, cruzándose de brazos—, es tu decisión si quieres desvelarte toda la noche y estar agotado durante el día. Tienes historia con Binns, ¿no?

—¡Pero él…! —Lily saltó hacia adelante y Sirius la atrapó a tiempo para regresarla a la cama en que estuvo recostada—. Papá, no puedes esperar que nos volvamos a dormir así-

—¿Por qué no?

—¡Queremos saber quién es el otro cinnamon! —respondió Rose en tono de obviedad, apuntando hacia Altair.

—¿Y si Scorpius está en peligro? —puntualizó Albus, muy serio.

Harry exhaló.

—Lo estamos resolviendo todavía…

—¿Yo también tengo que volver a dormir? —Scorpius contempló a su padre con un puchero pronunciado—. ¿No debería…acompañarlo o algo?

—¿Por qué harías eso? —Draco arrugó el entrecejo.

—Bueno, se parece mucho a mí, me sacó de una pesadilla…

—Dudo mucho que supiera que-

Pues claro que sabía —Escuchó un murmullo de Altair, en pársel. Adhara se había enrollado sobre su regazo y él simulaba no prestar atención a la plática que lo incluía.

Estaba seguro de que era más inteligente de lo que la enfermera afirmó. Harry colocó una mano en el hombro de Draco y le hizo un gesto para que no continuase. Mejor no fastidiar a una cosa que desconocían por completo, si podían evitarlo.

—Bien, ¿saben qué? —McGonagall se adelantó para hablarle a los chicos reunidos en las camillas—. Estoy segura de que los dejarán quedarse despiertos si eso quieren por todo lo que ha pasado —Pero antes de que Rose, Lily y James pudiesen celebrarlo, añadió:—. Pero tendrán que ir a clases igual y el que se duerma en el salón será castigado —Hizo una pausa, en la que se acomodó los lentes— y el castigo será limpiar la cabaña de Hagrid.

Los adolescentes empalidecieron. Incluso Harry lo hizo. Hagrid podía ser relativamente ordenado cuando se trataba del desastre que creaban sus perros, pero desde hace unos años que intentaba prepararles su propia comida y uno de los primeros resultados creó una masa extraña que se pegó en su cocina, se movía como si respirase y ni siquiera Flitwick supo cómo quitarla.

James llamó a los demás chicos a una reunión y los adolescentes formaron un círculo para hablar entre ellos. Albus apartó a Sirius cuando quiso meterse y este se quejó al ser echado porque "era un adulto".

—¡Soy joven de corazón!

—Claro —James lo miró por encima de los demás—, pero no de todo lo demás, abuelo —Y siguió hablando con los chicos, mientras Sirius le dirigía a Harry una mirada de "¿ves cómo me habla tu hijo?".

Tras un rato de silencio en que los adultos en la enfermería intercambiaron miradas extrañadas, James asintió y se abrió paso como "representante" de los demás adolescentes. Se irguió, carraspeó y empezó a hablar en tono solemne.

—Creemos que como el nuevo chico es idéntico a Scorpius, es algo que tiene que ver con él y está en su derecho de saber qué pasa al mismo tiempo que ustedes, en especial si lo que sea que pasa puede afectarlo directa o indirectamente...

—Ni siquiera sabía que conociera palabras tan complicadas —Oyó que murmuraba Draco.

Harry quiso reclamarle y asegurar que su hijo era muy inteligente, pero él tampoco sabía que pudiese crear argumentos con tanta elocuencia y de forma improvisada.

—Y como miembros del Aquelarre-

—¿Como qué de qué? —McGonagall frunció el ceño.

—El Aquelarre es una organización mágica que fundamos Albus, Lily, Scorp y yo —señaló Nesrine, muy seria.

—¿Y ustedes cuándo se unieron? —le preguntó Sirius a los otros tres.

—Esta noche —respondió Rose por ella y su hermano, sin dejarse amedrentar.

—Hace como un minuto, pero eso no es lo importante —James sacudió la cabeza—, sino que esta organización, que tiene como fin que nos cuidemos entre todos, tiene unas normas. Y esas normas dicen que si alguno puede estar en peligro-

—¿Y cuándo inventaron esas normas? —Sirius arqueó las cejas.

—También hace como un minuto, pero shhhh, Sirius, shhhh —James se llevó el índice a los labios—. El tiempo es una medida muy relativa. Mírate tú. Deberías estar arrugado como una pasa, pero pareces de la edad de papá.

—Quédense despiertos si quieren —Draco se resignó y negó—, pero la directora ya les advirtió lo que pasará si se duermen en clases.

—¡El Aquelarre ha vencido! —James alzó los brazos y Nesrine lo imitó, riéndose.

Harry notó que Rose recogía su morral y caminaba hacia la salida de la enfermería. Lanzó una barrera frente a ella para detenerla.

—¿A dónde vas a esta hora sin permiso, Rosie?

—El tío George y yo estamos probando pastillas para el desvelo para venderles a los estudiantes que estudian para los TIMO's o EXTASIS —explicó ella, palmeando el morral—, voy a buscar algunas para nosotros. Te mantienen toda la noche y el día siguiente y reponen la energía del descanso con bocadillos. Tenemos que asegurarnos de que no colapsarás después de veinticuatro horas y dormirás otras veinte, tío.

Era una pésima idea. No sabía cómo fue que unos minutos más tarde, los chicos se reunían en torno a la camilla de Albus y compartían dulces de colores brillantes para pasar la noche. Albus estaba distraído viendo a Scorpius, que le ofreció uno de los dulces a Altair.

—Scorp —Draco sonaba cansado—, no creo que coma. Y si come, no creo que-

Pero Altair se lo metió a la boca antes de que pudiese seguir, aunque sólo fuese para demostrar que se equivocaba. Scorpius sonrió.

—¡Él también come! —Luego regresó corriendo con los demás—. Rosie, ¿me puedes dar otro para Altair? Y eso- sí, ese. Nes, pásame- exacto, gracias-

Scorpius volvió frente a la "cosa" y comenzó a entregarle una pequeña colección de dulces, bocadillos, unas sobras de la cena, un vaso de agua e incluso jugo de calabaza.

—¿Tienes hambre? Este me gusta mucho, ¿a ti te gusta? Está bueno, ¿verdad? Siempre se lo compro a Rose. Y este es el favorito de Al- Al tiene buenos gustos para los dulces, siempre me elige los mejores y me los da en una cajita para el Yule y…

Sirius se inclinó de forma disimulada hacia Harry y Draco.

—¿Creen que en algún momento se canse de los dulces y decida comernos a nosotros?

—Esperemos que no —contestó Harry, en el mismo tono bajo, al ver que Altair se tomaba el vaso de agua en dos tragos y asentía a algo que Scorpius le explicaba.

—No puedo creer que no le ofrecieran algo para comer o beber —McGonagall, en cambio, los observó con una clara desaprobación en el rostro.

Para el momento en que Luna llegó, los chicos tenían una especie de picnic nocturno en la enfermería, Sirius intentaba averiguar qué era el Aquelarre (y por qué nadie se lo mencionó antes) y Altair seguía oyendo lo que le decía Scorpius, ahora con Albus parado junto a él, alerta.

Luna hizo una pausa en cuanto los Aurores del pasillo le permitieron ingresar a la enfermería. Parpadeó y soltó un débil "oh". Llevaba una versión más compleja de los lentes rosa, enormes y de varios cristales que la veía usar cuando era adolescente.

—No sabemos de dónde viene ni qué es, llegó con la serpiente de repente…—le explicaba Harry, mientras Luna contemplaba la interacción entre Altair y Scorpius con curiosidad.

—¿Tú eres la bruja que puede saber qué es? —Talía se paró junto a ella y ladeó la cabeza para tener una mejor visión de los lentes que usaba—. ¿Esos son cristales antiglamour y cristales interplaneares?

Luna sonrió cuando la escuchó y asintió.

—Y cristales para ver a los nargles y otras criaturas que casi nunca notamos. Y cristales para ver las auras- las auras son muy importantes —agregó, muy seria.

—Estoy completamente de acuerdo. Cuando era pequeña, conocí a una bruja que veía las auras y-

Draco carraspeó con fuerza para detener su charla.

—Talía, por favor, deja que se asegure de que nada se va a comer a mi hijo y después pueden compartir memorias de sus vidas bohemias y experiencias paranormales.

—Tienes razón, cielo, perdón, me he emocionado. Déjame verlos mejor después, ¿sí? —Talía se dirigió a Luna enseguida—. ¿Puedes, puedes, puedes? Nesrine amaría tener unos así, me encantaría saber cómo armarlos para ella…

Draco volvió a aclararse la garganta cuando Luna comenzó a divagar sobre el proceso de creación de los lentes. Entonces Harry decidió intervenir.

—Luna, realmente necesitamos saber si debemos tomar medidas o si hay alguien que pueda…

—¿Tomar medidas para qué? —Luna pareció estupefacta.

Draco emitió un sonidito de pura frustración y Harry sostuvo su brazo para que no soltase un comentario venenoso contra Luna. Él no la entendía como Harry. No pretendía restarle importancia a la situación, sino que su mente funcionaba diferente.

—Sobre Altair —Harry apuntó al niño rubio casi idéntico a Scorpius.

—Oh, no, no —Luna sacudió la cabeza.

—¿No? —Draco elevó las cejas.

—En realidad es algo muy bueno que Scorpius lo tenga, ya lo verán —Luna lo sopesó unos segundos—. Por otro lado, si es lo que creo que es, en verdad no podrían alejarlo aunque lo intentaran, sería un esfuerzo desperdiciado. No, no, sin medidas de seguridad. No le pasará nada.

Era obvio que Draco no le creía ni una palabra.

Ya que las explicaciones de Luna resultaban confusas, decidió demostrarlo mediante la práctica. Le pidieron a Altair que los acompañase y los tres abandonaron el castillo junto a ella.

A pesar de que Theodore regresó a la enfermería y los demás adultos, incluyendo a los Aurores, estaban allí, Draco y Harry miraban hacia atrás cada cierto tiempo, atentos a cualquier señal en el ambiente de que los chicos pudiesen estar en peligro. Luna los sacó del castillo y les lanzó unos amuletos de calor a los tres. Altair seguía en el pijama que le prestaron y también veía hacia Hogwarts de vez en cuando.

—¿Qué tan lejos piensas llevarnos? —le preguntó Draco a Luna, con un malhumor claro que para Harry suponía una advertencia de su carácter—. Potter, haz algo, dile que-

A unos metros de la cabaña de Hagrid, Altair no pudo seguir. En su siguiente paso, uno de sus pies se convirtió en una consistencia neblinosa. En un instante, esta se expandió por todo su cuerpo para convertirlo en una bruma y vieron que regresaba deprisa al castillo.

—¿Pero qué…?

Draco reaccionó con la misma velocidad y comenzó a correr de vuelta. Se desplazó con el truco de la bruma oscura de los Mortífagos para llegar cuanto antes a la enfermería y comprobar que no le hubiese pasado nada a su hijo.

Harry seguía boquiabierto. Suponía que si hubiese algún peligro, Luna no estaría tan tranquila a su lado, indicándole que caminasen de regreso.

—¿Sabías que pasaría eso? —indagó, con una vaga idea de cuál sería su respuesta.

Luna asintió.

—Altair es un daemon —le contó, con calma—, todavía está tomando fuerza y no está estable. Eso significa que no podrá alejarse demasiado de Scorpius aún o le pasará esto.

—¿Él…regresó con Scorpius?

—Así es. En realidad —Luna echó un vistazo hacia el castillo—, no pensé que se podría alejar tanto. Esperaba verlo desaparecer en la entrada de Hogwarts como máximo…es fascinante.

Harry no habría usado ese término para describirlo.

Tan pronto como estuvieron en la enfermería, Luna tomó asiento y se dedicó a aclararlo para una audiencia de personas desorientadas de diferentes edades.

—Los daemon son un tipo de energía muy particular, de las pocas que puede convertirse en algo que se asemeja a un ser vivo, como las quimeras. La diferencia es que las quimeras suelen estar sedientas de sangre o les gusta confundir a la gente, mientras que los daemon son más como…una energía que orbita alrededor de cierta persona con magia hasta que puede considerarse un ser aparte.

—Oh, así que es eso —Theodore atrajo un libro hacia él mediante un accio y le echó un vistazo—. Aquí dice que los daemon sólo están ligados a personas que cumplen características muy precisas y que pueden ser transferidos y…¿guardados?

Luna asintió, examinando a Altair con mayor interés. Él sólo los veía desde detrás de Scorpius, en silencio.

—Ya que son como una gran pieza de energía, a veces un poderoso mago adquiere un daemon sin darse cuenta. Usualmente jamás los ven ni mucho menos los usan de forma consciente, pero sí que les dan más fuerza a nivel mágico. Por ejemplo, creemos que Grindelwald tenía un daemon —Se dirigió a Harry al mencionar esto—, por eso su duelo con Dumbledore tomó horas. Otros magos no habrían resistido tanto. Claro, también hay otro tipo de teorías sobre por qué les tomó ese tiempo, pero haciendo la comparación mágica, la verdad es que Grindelwald podría haberlo superado…

—¿Así que es algo que tienen los magos fuertes? —Rose le dio un golpecito sin fuerza a Scorpius en el brazo—. ¡Bien hecho, cinnamon! Para la próxima clase de defensa, no te pienso cubrir con mi escudo, empieza a cubrirme tú a mí-

—No creo que sea de Scorpius- bueno, ahora lo es, por supuesto, y eso se nota en la forma física que tomó —Luna abarcó a Altair con un gesto—, pero sería el primer caso de un adolescente con su propio daemon. Es más probable, sobre todo con la situación de estos días alrededor de los Malfoy, que le haya sido transferido sin que lo supiésemos.

Los ojos de Scorpius se abrieron más cuando entendió a cuál "situación" se refería.

—¿Podría haberlo enviado mi madre?

—Oh —Luna adoptó una expresión pensativa—, sí, yo digo que eso sería lo más lógico.

—¿Tu esposa estaba al nivel mágico de Dumbledore? —Sirius observó a Draco con una mezcla de horror y respeto.

—Claro que no —Draco sacudió la cabeza—, me habría enterado, sientes la magia del otro cuando haces un enlace de unión.

—¿Y si…? —Albus cerró la boca y negó.

Harry se percató de que adoptaba una expresión mortificada y le puso una mano en la cabeza para animarlo a hablar. Jugó un poco con su cabello que era idéntico al de él.

—¿Qué quieres decir, Al?

—No quiero que lo oiga alguien que meta en problemas a Scorp —Albus volvió a negar.

—Nadie dirá nada de esta noche —le aseguró Nesrine—, ¡prometido! —Después vio a James—. Propongo que la segunda regla del Aquelarre debería ser la confide- confi- confidentialité? —Entonces buscó la mirada de sus padres, vacilante al no recordar el término en inglés.

—Confidencialidad, cariño —le dijo Theodore en el tono suave que reservaba para su hija.

Nesrine sonrió y asintió.

—Pues eso- ¡el que esté de acuerdo levante la mano!

Todos los menores de edad en la enfermería alzaron una de sus manos. Sirius también. Harry lo observó con las cejas arqueadas.

—¡Que tú no eres un miembro, pads! Te puedes partir la cadera en cualquiera de nuestras misiones —le replicó James, ganándose más quejidos de Sirius.

—Te prometo que nadie va a decirle algo a Scorpius por lo que pasa hoy aquí —Harry se agachó frente a Albus para asegurarle esto mirándole a los ojos—. Si tienes una idea o una teoría, quisiera oírla, Al. Eres sumamente inteligente, me interesa mucho lo que tengas para decirnos.

Albus movió uno de sus pies en el suelo y carraspeó.

—Es que- Voldemort tenía objetos donde guardaba cosas- su alma. Y el alma es básicamente energía, ¿cierto?

—Es una forma de verlo —aceptó Luna, asintiendo. Parecía interesada en lo que él pudiese comentar.

—Pues…el Voldemort de cierta edad fue quien le dio a la madre de Scorpius mucha información- incluso sobre dónde conseguir ciertas cosas, ¿sí? ¿Y si…si ese- esa criatura hubiese estado en la parte de la energía que Voldemort puso en ese objeto? Entonces, así como ese Voldemort le dio información, podría haberle…pasado….algo.

—Fascinante —repitió Luna, seguido de más asentimientos—. Necesitaría hacer un par de pruebas de esencia mágica, pero es una gran teoría, Al. Tus chicos son muy lindos y listos —le dijo a Harry, quien intentó sonreír al agradecerlo.

Los demás veían a Scorpius.

Y Scorpius acababa de ponerse más pálido.

—0—

Harry colocó la bandeja con el desayuno en el lado opuesto del alfeizar, le lanzó un encantamiento para mantenerlo caliente y sujetó el hombro de Draco para sacudirlo. El mago se despertó sobresaltado y lo apuntó con una varita que tenía escondida en la manta en que se envolvió.

Luego dejó caer los hombros y comenzó a mirar alrededor. A la enfermería vacía.

—Scorp-

—Camino a su primera clase —susurró Harry, tomando asiento junto a él, en medio de su cuerpo y la bandeja que le llevó—, ya terminó el desayuno.

Por la expresión de Draco, se imaginó que se pasaría todo el día culpándose por haberse quedado dormido en esa situación.

—Está bien que hayas descansado —aclaró Harry, en voz baja—, dormiste menos de una hora, Malfoy.

Era cierto. Estuvo toda la madrugada alerta. Nadie pudo convencerlo de cerrar los ojos hasta que cedió por una mezcla de los hechizos calmantes en el lugar, el té relajante de la enfermera y el cansancio acumulado. Y puede que un encantamiento que Theodore arrojó al regañarlo por haberse desvelado incluso más que los chicos cuando él también tenía clases ese día hubiese ayudado.

—No debí dormirme —le siseó Draco. Las oscuras ojeras le ocupaban gran parte del rostro y resaltaban más por su palidez.

—No le sucedió nada, en serio. Cuando salí del comedor, estaba hablando con los otros miembros del "Aquelarre" y McGonagall lo iba a acompañar a su salón.

Draco sacudió la cabeza y repitió el "no debí dormirme" más débil. Harry se sintió mal. En especial porque seguro que él estaría igual si uno de sus hijos fuese una pieza central en los últimos problemas.

Ni siquiera se imaginaba el nivel de estrés que tenía.

Pero esperaba poder aliviarlo un poco.

—Scorpius y Albus van al invernadero, McGonagall no le dio detalles a Neville, pero le pidió que estuviese atento. Neville es alguien de confianza que se pelearía con un mago oscuro antes de dejar que le haga algo a uno de sus estudiantes, te lo aseguro.

—Ya sé —replicó Draco, de mala gana. Supuso que recordaba al Neville Longbottom de la guerra. La mayoría se olvidaba de que también tenía esa faceta.

—Y no tienes clases a primera hora, se lo pregunté a McGonagall —siguió Harry—, así que creo que deberías dormir. A segunda hora sí tienes clases y yo no, se me ocurrió que podrías dejarme ser tu asistente hoy...

—¿Que tú qué? —Draco levantó la cabeza hacia él, parpadeando para salir de su estado aletargado.

Harry se echó a reír y se encogió de hombros.

—Bueno, pensé que sería divertido y podría ayudarte mientras manejas el cansancio del desvelo y eso- si quieres, no sé, mira- todos los chicos dicen que tus clases son geniales y a mí me encantaría ver una clase de pociones en serio increíble. Estoy seguro de que es una materia fascinante cuando se enseña como tú lo haces.

Draco se limitó a mirarlo durante unos segundos, antes de dejar escapar un resoplido y restregarse el rostro.

—No me tengas lástima, Potter, es despreciable e innecesario, no me ha pasado nada.

—No es lástima —contestó Harry al instante.

—Ni me trates como uno de tus estudiantes, alguien que tienes que estar cuidando.

Harry bufó y se inclinó un poco hacia adelante, de manera que quedase dentro de su campo de visión.

—Te estoy tratando como a un amigo, Malfoy. Así trato a mis amigos. No sé cómo serás tú con los tuyos, pero a mí no me gusta la idea de que uno de mis amigos se obligue a estar despierto toda la noche por la preocupación y quedarme mirando sin poder ayudarlo.

Draco lo observó por otro rato. Luego asintió y se fijó en la bandeja al lado de Harry. La atrajo con un accio.

—Mis amigos saben que le pongo leche al primer té de la mañana.

Harry rodó los ojos.

—Pues ya sé para la próxima vez que nos desvelemos en la enfermería —replicó, divertido. Se apoyó en la ventana y se cruzó de brazos—. ¿Y tú sabes cómo tomo el "té de la mañana", amigo? —remarcó la palabra, sacándole un resoplido a Draco.

—En la mañana tomas jugo de calabaza con la comida —aclaró, en tono de obviedad—, lo has hecho desde niño. Te fascina ese horrible jugo. Estos meses he notado que también estás tomando mucho café, creo que está directamente relacionado al estrés, por cierto, préstale atención a eso.

Harry estaba boquiabierto. Draco lo vio de reojo y le mostró una sonrisita burlona.

—¿Tú no te fijas en los hábitos de tus amigos? Qué desconsiderado eres, Potty.

—Algún día tenemos que hablar sobre ese apodo…

—Es cariñoso —Draco pronunció la palabra de una forma que hacía pensar que decía exactamente lo contrario.

—Es horrible.

—Lo voy a seguir usando.

—¿No escuchas a tus amigos, Malfoy?

—¿Por qué debería hacerlo cuando no quiero, Potter?

Ambos le dieron una mirada desafiante al otro y acabaron riéndose.

Harry llegó diez minutos tarde a su salón.

Y fue su "asistente" en las mazmorras en la segunda clase de ese día.