El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El tercer Malfoy

Albus lo frenó cuando hizo ademán de caminar hacia él. Scorpius se giró con un puchero.

—Míralo, está solo-

—Es algún tipo de criatura extraña que podría estar lleno de —Se inclinó hacia adelante y bajó la voz— magia oscura.

—Pero está solo —insistió Scorpius, soltándose de su agarre.

Un resignado Albus siguió a Scorpius cuando este caminó hacia Altair. Ya que no podía permanecer tan lejos de él sin verse afectado, no era capaz de quedarse en las mazmorras mientras Scorpius deambulaba de un lado al otro del castillo, en especial si tenía clases en el invernadero y luego en el otro extremo del colegio.

Altair se encontraba sentado en una de las bancas del patio interno, jugando con un pajarito que se posó sobre la palma de su mano. Usaba una túnica de Hogwarts sin los colores de una Casa, como las que llevaban los de primero durante el banquete de la Selección, y un amuleto redondo que le avisaría a McGonagall de su posición y si le sucedía (o hacía) algo raro.

Su presencia ya atraía algunas miradas sin que ellos se parasen frente al extraño chico que para los demás había salido de la nada. Albus se percató de que varios de sus compañeros cuchicheaban desde el pasillo sobre el parecido entre Scorpius y Altair. Su mejor amigo no. Scorpius se inclinó hacia Altair y le preguntó por el pajarito.

Altair le explicó con voz suave que lo vio cayendo y consiguió atraparlo con magia. Era un tipo de ave mágica del Bosque Prohibido, pero muy pequeño, y ese día resultó demasiado frío para el animalito. Esperaba que el calor en sus manos pudiese ayudarlo lo suficiente para que regresase al bosque.

Scorpius le dedicó una mirada a Albus que decía "ayuda a un pajarito, ¿cómo va a ser malo?" por encima del hombro. Albus rodó los ojos y tanteó la varita que tenía oculta en una de las mangas del uniforme.

—¿Entonces tienes magia propia? —Scorpius se agachó frente a Altair y recibió al pajarito en sus manos cuando se lo tendió. El animalito emitió un sonido tenue y lo observó con curiosidad.

—Sí- no —Altair frunció el ceño y llevó a cabo un gesto de "más o menos" moviendo la cabeza de un lado al otro—. Todavía no puedo hacer mucho porque no estoy, uhm, estable, pero debería tener algo de magia cuando me haya acostumbrado.

—Entonces vas a necesitar una varita, ¿no? —siguió Scorpius, en tono más animado.

Albus le dio una mirada de "no puedes estar hablando en serio sobre conseguirle una varita a una cosa de magia negra, ¿cierto?". Scorpius, acostumbrado a su mal temperamento con todo y todos, lo ignoró.

—No había pensado en eso —admitió Altair, en voz baja—. Pensé que sólo los humanos podrían tener una.

No lo decía como si fuese gran cosa, sólo se trataba de un hecho.

Scorpius lo sopesó.

—¿Atrapaste al pajarito usando sólo magia verbal?

—Sólo…—Altair gesticuló para dar a entender que colocó las manos hacia arriba y lo levitó hacia allí para evitar que tocase el suelo.

—¡Eso es genial! ¿Sabes cuánto nos cuesta a los magos? Usualmente sólo…

Albus exhaló, sacudió la cabeza y miró hacia un lado. Tenían una clase en unos minutos. Por suerte, Rose se abría paso entre la multitud que ahora ocupaba el pasillo para llegar a ellos.

—¡Me metí al salón pensando que me guardaban el puesto y ni siquiera estaban ahí! —Rose se paró junto a Albus, quejándose sobre que era la primavera más fría de su vida, mientras se frotaba las manos entre sí—. ¿Qué hacen aquí parados? Hay unos idiotas en el pasillo diciendo unas cosas que…wow. Algunas personas nacen sin cerebro o no lo saben usar, supongo.

—Altair ha estado aquí solo en el frío mientras estamos en clases —le explicó Scorpius a Rose—, podría enfermarse…

—No creo que se pueda enfermar, cinnamon —alegó Rose, indecisa.

—No todavía —aceptó Altair, asintiendo—, mi cuerpo tendría que estar más estable para una función como esa…tampoco sé si podría después de estarlo.

—Ni lo quieres averiguar, enfermarse es de lo peor —Rose contempló al pajarito que Scorpius tenía entre sus manos y al que cubría con un amuleto de calor—. Oh, ¿y eso?

Albus volvió a negar cuando un emocionado Scorpius le contó sobre el animalito que Altair ayudó.

Detrás de ellos, un profesor enviaba a los chicos a sus salones y los estudiantes que los veían desde los corredores al final se dispersaban de mala gana. Sus murmullos se iban con ellos y hubo algunas risas perdiéndose en la distancia.

—Tenemos que irnos —Rose ya había recogido varias ramitas, que apiló en el suelo, y construyó una pequeña casa con amuletos de calor—. Eso debería ayudarlo por ahora, cinnamon.

Scorpius puso al pajarito dentro y le habló como si pudiese entenderlo, aclarándole que tenían que irse, pero podía quedarse ahí hasta que tuviese la fuerza para regresar al bosque.

—¿Estás seguro de que no se dañó un ala o algo? —preguntó Rose, observando al animalito.

—Seguro —Altair asintió.

Ahora los tres se encontraban arrodillados en el suelo, pegados uno al otro para ver bien al pájaro.

Albus carraspeó con fuerza para recordarles que debían ir a clases.

—Ah, sí, vamos, vamos- —Rose se levantó de un salto, sacudió su uniforme y le hizo un gesto a Scorpius para que hiciese lo mismo.

Altair regresó a la banca y se dedicó a observar el cielo. Pero apenas avanzaron unos pasos, antes de que Scorpius suspirase y mirase hacia atrás.

—No lo podemos dejar ahí solo todo el día a partir de ahora.

—Criatura de magia oscura posiblemente de Ya-Sabes-Quién —Albus arqueó las cejas—, yo digo que sí podemos.

Rose resopló y caminó de regreso hacia Altair. Hablaron durante unos segundos. Después volvió con ellos.

Altair la seguía.

Albus observó a su prima como si hubiese tomado una pésima decisión. Básicamente como lo hacía casi siempre.

—Vamos, vamos, vamos —Rose los apresuró mediante gestos que le copiaba a su abuela Molly y con empujones en la espalda de cada uno.

—¿A clases? —Albus vio a Altair y volvió a elevar las cejas en un claro "¿con él?" que no dijo en voz alta.

—Pues claro que a clases —Rose soltó un "duh" y rodó los ojos.

Si tenía alguna esperanza de ponerla de su parte para cuidar de Scorpius y alejarlo de la "cosa mágica", la perdió después de que Altair hiciese una pregunta sobre por qué Hogwarts tenía dos versiones del uniforme.

Rose se irguió, llena de orgullo.

—Hogwarts tiene la tonta idea de que las "niñas" deben usar faldas y los "niños" pantalón. Esto está mal porque, uno, la palabra "uniforme" quiere decir "todo igual" y no estamos "uniformes" con esa diferencia. Además, ¿por qué debo usar falda? Me gustan los pantalones y son más cómodos para correr y para montar una escoba. El punto número tres sería: ¿en serio están decidiendo algo en base a un registro, un papel, que dice quién es "hembra" y quién es "varón"?. Este año hemos decidido comenzar la iniciativa de "cada quien usa la opción con que esté a gusto o todes usamos lo mismo"...

—Seguimos pensando en el nombre para la iniciativa —aclaró Scorpius, soltando una risita.

—Oh —soltó Altair. Hizo una pausa—. ¿Y por qué…?

Albus ya se había resignado cuando llegaron al salón de Runas Antiguas. Rose estuvo medio minuto resumiéndole las diferencias entre "sexo biológico" y "género", su relación con los uniformes y lo que se interpretaba en base a estos. Nunca sonaba tan similar a su madre como en esos momentos.

Incluso movió una silla para Altair y lo colocó en la misma mesa que ocupaban los tres desde su primera clase, sin parar de explicarle en qué Hogwarts mantenía una mentalidad retrógrada.

La profesora tuvo que pedirle a Rose que hiciese silencio para comenzar la clase. Al fijarse mejor en la mesa, se ajustó los lentes y observó ceñuda a su "estudiante extra".

—¿Disculpe? ¿Puede decirme su nombre?

—Altair —respondió Rose por él, muy confiada.

—¿Altair qué?

Rose apuntó a Scorpius con un gesto y adoptó una expresión de obviedad. Tras un instante de vacilación, la profesora dejó escapar un "ah", seguido de un "el profesor Malfoy no me informó de esto".

Después la clase comenzó como si no hubiese alguien colado allí.

Albus no estaba sorprendido.

Con Altair en medio de Scorpius y Rose, acabó utilizando una pluma y pergamino para practicar runas básicas, mientras los otros dos le explicaban los conceptos que aprendieron durante sus primeros meses de clases y que a él se le escapaban.

La siguiente clase fue Encantamientos. Rose enganchó un brazo a uno de Scorpius, el otro al de Altair, y siguió hablando durante el cambio de salón. Esa vez, fue sobre la necesidad de más postres sin azúcar y otro montón de ingredientes dañinos para aquellos estudiantes que no podían comerlos.

—Ya lo he hablado con los elfos y comenzaron a llorar cuando entendieron que algunos niños no pueden comer algo de lo que hacen, ahora vamos a preparar unas recetas sin esos ingredientes para presentarlas a McGonagall la próxima semana y…

Flitwick los esperaba en la entrada del aula con un pergamino de una nota voladora enviada por la profesora de Runas Antiguas en una mano. Dejó que los demás entraran y se apresuró a saludar a Altair, estrechando su mano con energía.

—Un placer, señor Malfoy, un placer- ojalá su padre me hubiese avisado antes de que tomaría clases aquí también- qué suerte que la profesora Andamian me avisó. Espero que no importe que comparta mesa con el otro señor Malfoy…

Y así fue como, por primera vez desde que entró al colegio, Albus no estaba en la misma mesa que su mejor amigo. Flitwick sentó a Altair con Scorpius, quien estaba demasiado concentrado en hablarle sobre algunos hechizos que estaban estudiando para notar que Albus llevaba diez minutos de brazos cruzados.

Rose, que quedó a su lado durante el cambio y perdió a su propia compañera en el proceso, arqueó las cejas.

—Al, ¿será posible que estés celoso de una criatura hecha de magia que ni siquiera podría vivir lejos de Scorp? Porque sé que su amistad es muy, muy cercana, pero eso ya sería un poco raro, ¿sabes?

Albus le gruñó una respuesta.

—¿Te parece que hablemos sobre esos celos después de clases? Oh, estoy suscrita a una revista que tiene consejos para entender y controlar los celos cuando tu novio habla con otra, versión adolescente. Me pareció de lo más-

Entonces él giró el rostro y canalizó toda su molestia en mirar mal a su prima.

—Intentaba ser buena gente —Rose alzó las manos en señal de rendición y siguió concentrada en su ratón que apareció de una taza. Su cola era un asa, pero por lo demás, lucía perfecto.

Después de esa clase, llegó la hora del almuerzo. Albus ya bostezaba para entonces y ni siquiera los caramelos energizantes de Rose podían ayudarlo.

—Supongo que tendré que decirle al tío George que debemos comprobar el tiempo de efectividad —murmuraba su prima, a medida que tecleaba un mensaje en el grupo de "negocios" que tenía con su tío favorito—, no podemos permitir que un estudiante tenga sueño a mediodía si su examen será a las dos de la tarde…

Nesrine y Lily los encontraron en el pasillo que daba al comedor y comenzaron a preguntar por Altair. Todo el colegio hablaba del "otro Malfoy" que llegó ese día y aún no tenía una Casa.

Cuando se fueron a su propia mesa y Albus pensó que tendrían un poco de paz (y algo de tiempo con su mejor amigo), Scorpius llevó a Altair con ellos a la mesa de Slytherin y le empezó a servir comida, presentándole sus platillos favoritos.

Albus masticó su comida de una forma más ruda de la necesaria, pero no eran celos. Sólo estaba preocupado porque Scorpius se hiciese amigo de algo que pudiese dañarlo.

—0—

—No sabía que tenía dos hijos, profesor. ¿El otro es el gemelo de Scorpius o algo así? Porque si tiene otra edad, es sorprendente que se vean tan parecidos. Creo que hay una diferencia entre mi hermano y yo y se nota que soy el menor…

A Draco casi se le cae el vial que sostenía. Por suerte, tenía todo tipo de hechizos para evitar desastres allí dentro, incluyendo los suyos.

Lo atrapó cuando levitó de nuevo hacia su mano, carraspeó y miró a su estudiante de Hufflepuff, que aguardaba su respuesta con una expresión de abierta curiosidad, mientras mezclaba un líquido negro, espeso y con burbujas en la parte superior que claramente no era su mejor poción.

Draco había tenido durante todo el día la sensación de que los estudiantes hablaban de un tema que los tenía agitados pero se callaban cuando él se acercaba. Al principio, pensó que fue porque vieron a Harry bromear cuando tomó el puesto de su asistente, Draco le contestó y los chicos estuvieron impresionados por su actitud de "viejos amigos". Y que el rumor se había regado.

No se esperaba esto. Por la manera en que el laboratorio cayó de pronto en un sepulcral silencio, todos los demás estudiantes los veían y el Hufflepuff comenzaba a ponerse nervioso le dio la impresión de que lo lanzaron hacia adelante y le ordenaron que resolviese la duda que tenían todos ese día.

Aún esperaba su respuesta.

Draco no creía que pudiese decir la verdad sin poner a Scorpius en una situación difícil.

—¿Altair fue a clases hoy? —preguntó con cuidado. Retardarlo le daría tiempo para pensar en una respuesta. Técnica típica de Slytherin.

El Hufflepuff asintió.

—Estaba con Scorpius en Runas, en Encantamientos, en el almuerzo, después fueron a Aritmancia —El chico bajó la voz para que sus curiosos compañeros no pudiesen oír—. La verdad es que todos los vieron en algún momento y pensaron que me diría a mí porque es bueno con los Hufflepuff. Ninguno de los chicos ha querido decirnos nada.

Draco asintió entonces, despacio. Su mente analizaba la situación con más frialdad ahora que la sorpresa había pasado.

—Altair es…de la misma edad que Scorpius, sí, pero él está un poco mal. Enfermo —aclaró, frente a la boca abierta de su estudiante—. No sé cuánto tiempo pueda estar aquí porque es muy…delicado y no esperaba que fuese a clases hoy por eso mismo.

—Oh, claro, claro- ¿es grave? No, no, lo siento, profesor, no me diga- —El Hufflepuff empezó a agitar sus manos deprisa y dejó caer la varilla para mezclar—. Lo siento, lo siento, seguro es difícil para ustedes, ahm- ¡ya sé! Le voy a decir a los demás para que no lo molesten y tengan cuidado- ya sabe que a veces tiran bludgers en los pasillos y eso- y puede ser muy peligroso si es, uhm, delicado, ¿cierto? Oh, ¡tengo que decirles ya mismo!

Draco apenas pudo murmurar un débil "gracias" que mantuviese su imagen de "padre preocupado", antes de que el Hufflepuff corriese hacia sus compañeros y los hiciese abandonar sus tareas para reunirse en un círculo en el espacio entre las mesas. Empezó a explicarles de inmediato.

Seguía aturdido por el tema cuando acabó la clase. Los estudiantes salieron después de limpiar por él, dirigiéndole unas miraditas que no le daban desde el final de la guerra y nunca había recibido de parte de adolescentes. Dejaron el laboratorio tan limpio y ordenado como si fuese el primer día de clases y aún no entrase un solo chico al aula.

Harry se paró bajo el umbral de la puerta, respondió al saludo de los últimos chicos que abandonaban el laboratorio y esperó a que se hubiesen alejado lo suficiente para lanzar un hechizo de silencio.

Enseguida Draco se recargó en su escritorio y se llevó una mano al rostro para masajear el espacio entre sus cejas.

—Tiene que ser una broma, dime que es una broma. No me puedo creer que haya pasado de "pobre viudo deprimido" a "viudo deprimido, padre soltero de dos hijos, uno de los cuales está tan enfermo y en un estado tan delicado que ni siquiera puede asistir a Hogwarts con el resto" —Se le escapó una risa incrédula y sacudió la cabeza—. Es que en serio…¿cómo...? ¿Por qué…? Oh, Merlín.

Harry suspiró y caminó hacia él.

—Ya todos se enteraron. Neville incluso fue a verme en la hora del almuerzo, parecía muy preocupado por cómo cuidas de él fuera del colegio y dónde estaba antes- quise hablar contigo y no te encontraba-

—Estaba probando unas runas en la Sala de Menesteres —explicó Draco, negando—. Quería…ver si podía hacer algo para resolver esto, pero Astoria no me contestaba cuando intenté hablarle a través del brazalete y- no sé, estuve…

Harry arrugó el entrecejo.

—¿Le pediste algo para comer a la sala?

Por la expresión desorientada de Draco, su cerebro no recordaba lo que era la "comida" en ese momento. Harry se cruzó de brazos y le dio la mirada seria que usaba con sus chicos.

—¿No quieres dormir y no vas a comer sin que sea yo quien te ponga la bandeja al frente, Malfoy?

Draco emitió un sonido de desagrado que le arrancó una carcajada.

—No es- sabes que no es eso, idiota —Le dio un débil empujón a Harry, apenas un toque en el pecho que no lo movió ni un centímetro—. Estoy preocupado, en serio, sólo-

—Lo sé —Harry sostuvo sus brazos antes de que fuese a darle otro "empujón"—, es normal, Malfoy. Si me he desvelado porque uno de los chicos tenga una fiebre que no pasa de los treinta y nueve grados, no me imagino qué haría si estuviese pues- en todo esto. Pero no creo que vayas a tener la mente más clara desgastándote, ni que a Scorpius le guste ver eso.

Claro. Draco no pensaba decirle que tenía razón. Scorpius se sentiría culpable si se enteraba de que olvidó almorzar por buscar una solución a esto.

Asintió lentamente. No se soltó del agarre de Harry. Ni él lo liberó.

—¿Qué se supone que haga ahora? ¿Alguna sugerencia como niño-que-vivió-para-meterse-en-cada-problema-existente?

Intentó inyectar algo de su viejo tono de burla en la pregunta, aunque no salió muy bien. Harry se rio.

—Mi basta experiencia dice que lo mejor que puedes hacer ahora es comer.

—Potter —Draco lo miró a los ojos y habló muy despacio—, por muchas veces que te haya visto atragantarte peor que un animal —Ignoró la forma en que Harry le frunció el ceño—, dudo que hayas ganado la guerra comiendo.

—No, pero Hermione se aseguraba de que comiese en cada oportunidad que teníamos.

—¿Me estás diciendo que comiste antes de ser llevado a la Mansión?

—En realidad, sí —Harry asintió, divertido—, no exactamente antes, pero unas horas antes, sí. Y luego comimos otra vez cuando nos encontramos con Bill y su esposa. Hermione se tomó eso muy en serio, podías estar en el peor momento del duelo, pero tenías que comer algo, porque no sabíamos cuándo podríamos comer de nuevo.

Draco soltó un ruidito que estuvo en algún punto entre la incredulidad y la risa.

—Entonces lo mejor que puedes hacer es comer —insistió Harry, en tono más suave— y luego lo resolveremos cuando hayamos terminado. Incluso podemos discutirlo mientras comemos, pero ni se te ocurra perderte otra comida por eso.

Cuando Draco abrió la boca para replicar que era mucho más importante la seguridad de Scorpius que una comida, Harry volvió a cruzarse de brazos, retándolo con la mirada a decirle algo, lo que fuese.

Draco dejó caer los hombros.

—Bien. Usemos tu absurdo secreto para ganar la guerra en esto.

Harry se rio y asintió.

—Voy a pasar por la cocina entonces. Espérame en la Sala de Menesteres.

Ya corría hacia la salida del laboratorio. Un par de sillas se desplazaron en su dirección rápidamente y Harry las esquivó con un movimiento propio de un Auror. Le gruñó algo a la fantasma que lo seguía.

—Pero-

—¡Sala de Menesteres! —repitió Harry, alejándose—. ¡Prefiero la comida de las cocinas que la de la sala! ¡Nos vemos allí!

Y se fue.

Draco tenía la vaga impresión de que ese era un día muy extraño.

—0—

Harry se aseguró de que no hubiese nadie en el pasillo, lo comprobó en el Mapa del Merodeador, y al no ver a Draco tampoco, supuso que ya lo esperaba dentro. Unas bandejas con su cena levitaban detrás de él.

—Oye —La profesora fantasma paró de seguirlo desde unos metros y se colocó frente a él. Harry se detuvo para evitar atravesarla—, ¿estás casado? Pensé que estabas casado.

—Uhm, es complicado…

Hizo ademán de rodearla y ella volvió a ponerse al frente.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry, después de echarle a su comida un hechizo que la mantendría caliente.

—Tienes tres hijos —La fantasma se cruzó de brazos.

—Lo he notado, créeme.

—Sólo digo que pienses un poco más las cosas —puntualizó ella, muy seria, dándole una mirada desagradable a las bandejas que flotaban detrás de Harry.

Él observó la comida, a la fantasma, las bandejas de nuevo y luego al pasillo desierto.

—¿De qué se supone que me estás advirtiendo?

—¡Es obvio que tienes una cita con el otro profesor! —espetó la bruja fantasmal—. ¡Y como tienes una familia, lo que puedas hacer al entrar ahí no sólo va a afectar tu relación, sino que puede afectar a tus hijos! Piensa en eso por un momento y-

No era cierto. Harry se retiró los lentes y se masajeó el espacio entre las cejas.

—Bien. Primero, no es una cita…

—Dos personas adultas buscando un cuarto secreto a solas suena muy parecido a-

—Segundo, Ginny ya me dejó…aunque no hemos firmado papeles. Más importante —Harry se recolocó sus lentes y la señaló con un dedo acusador—. Lo que insinúas es repugnante. La infidelidad me asquea y nunca haría algo así si estuviese en la situación que tú descri-

—Una vez me pregunté si los demás Weasley te iban a maldecir si le hacías algo como eso a Ginevra, ¿sabes?

Harry se giró para encontrarse a Draco Malfoy parado justo en donde tendría que estar la entrada a la Sala de Menesteres, cruzado de brazos y con una expresión burlona. La fantasma, por supuesto, decidió desaparecer en ese instante.

—¡Piensa con la cabeza de arriba! —Fue lo último que le dijo.

Harry no se sentía tan avergonzado desde que era un adolescente.

—Estoy seguro de que cualquier cosa que hayas oído está completamente fuera de contexto…

Draco emitió un sonido de "ujum", atrajo las bandejas hacia él y la burla se desvaneció de su rostro cuando levantó la tapa de una. Observó a Harry, que balbuceaba algo sobre la fantasma tan inoportuna que lo seguía de vez en cuando.

—¿Los elfos empezaron a preparar estos y no me he enterado? —La voz de Draco fue muy suave y baja.

Sí, Harry estaba avergonzado. Se pasó una mano por el cabello y negó.

—Yo…estaba pensando y recordé que tus padres te enviaban dulces cada semana- y no es que los hubiese visto de cerca, es que tú presumías demasiado de lo que fuese, entonces…creí que podrían gustarte y ya. Estuvimos un rato hablando mientras intentaban descubrir qué dulce era el que les describía-

De pronto, Draco dejó escapar una risita.

—¿Qué? —Harry frunció el ceño.

—Es que recuerdas algo como eso que pasaba hace más de veinte años, pero esta mañana McGonagall te preguntó qué tema te tocaba la próxima semana para tu clase y pusiste la misma cara de los estudiantes en los EXTASIS…

—¡Eso no cuenta! —Harry recogió las bandejas y se paró frente a la pared. Esperó a que se abriese una puerta para entrar—. Era muy temprano en la mañana y nadie recuerda cosas importantes y específicas a esas horas…

La Sala de Menesteres les dio una versión más pequeña del comedor, con sus propias velas flotantes en el techo y una mesa en que no cabrían más de cuatro personas, pero que sólo tenía dos asientos. Era el espacio perfecto para que Harry colocase las bandejas.

—Ya está, no tienes excusa para no comer —Le hizo un gesto hacia la mesa y Draco soltó un par de quejas sobre que no lo evitó a propósito.

Se sentaron uno frente al otro y discutieron sobre las elecciones de Harry que eran poco nutritivas. Él se sirvió una porción de tarta de melaza antes que cualquier otro plato.

—No sabes lo feliz que soy cuando como así- Hermione siempre me regañaba, ya luego llegaron los chicos y no podía comer el postre antes, porque entonces James quería postre también y no se comería los vegetales- y después convencía a Albus de quejarse y Lily gritaba, y no, simplemente no. Había que dar el ejemplo y bla, bla, bla- —Harry se interrumpió con un sonido frustrado—. Yo sólo me quería comer un poco de tarta antes y otro poco después de lo demás.

Draco arqueó una ceja. Harry no se percató hasta después de varios segundos.

—¿Qué? —balbuceó con los bordes de la boca llenos de caramelo. Se limpió en cuanto él le hizo un gesto.

—Creo que descubrí tu secreto —Draco se inclinó hacia adelante y Harry lo imitó sin pensar—: ganaste la guerra porque no eres humano. Eres una especie mutante de criatura mágica que parece humana y tienes diez estómagos diferentes.

Lo dijo de forma tan seria que Harry se demoró un instante en echarse a reír. Le lanzó una patada sin fuerza por debajo de la mesa y comenzó a hablar sobre lo "finos" que debían ser los Malfoy en su comedor.

—Pues claro —Draco elevó el mentón—, siempre tenemos los diferentes cubiertos junto a los platos, la copa de la bebida, la copa de agua, la servilleta de tela-

—¿Y usan la servilleta en el regazo como en las películas o se la ponen en el pecho como los bebés?

Un muy indignado Draco Malfoy se pasó parte de su cena intentando darle a Harry una lección de modales sangrepura. No comprendió casi nada.

—¿Para qué tantos cubiertos? Usa los mismos con todo, y si no puedes usar uno con algo, usa tus manos-

Harry se divirtió cuando su rostro empezó a ponerse rojo y emitió soniditos incrédulos.

Después de que quedó claro que Harry pensaba pasar el resto de su vida sin conocimientos de "modales básicos para no parecer una bestia" (según Draco), le preguntó por sus clases y comenzaron a hablar sobre algunos estudiantes y las actividades del día.

No tenía idea de cuándo el tema cambió al puntaje de cada Casa en la copa de Quidditch, sólo que Draco le decía que Slytherin llevaba la delantera, y que si tanta confianza le tenía a sus leones, debería apostar con él.

—…así tendré un premio sin hacer absolutamente nada porque es obvio que el equipo de Gryffindor se desmoronó desde la partida de su gran héroe —completó Draco, divertido.

Era verdad que Slytherin tenía los títulos vencedores antes de la entrada de Harry al equipo hace décadas y se recuperaron bastante bien en cuanto él abandonó el colegio, pero no creía que les fuese tan mal mientras tuviesen a Rose golpeando las bludgers con tanta fuerza como si las versiones adolescentes de los gemelos se hubiesen combinado en una persona.

—A menos —Draco hizo una pausa y estrechó los ojos en su dirección— que te dé miedo apostar conmigo, Potter.

Harry se enderezó y le devolvió su mejor mirada retadora.

—Ya quisieras.

Entre provocaciones, su apuesta fue cerrada con un apretón y un hechizo vinculante.

—Cuando gane Slytherin, vas a llevar el cabello rosa desde el final del año escolar hasta…tu cumpleaños —decidió Draco, mostrándole una sonrisita burlona.

—Cuando gane Gryffindor —corrigió Harry—, vas a usar una bufanda con nuestros colores durante el anuncio de los resultados de la Copa de las Casas en el banquete de despedida. Y en el banquete de bienvenida del próximo año.

—Bien.

—Bien.

Una cuerda dorada envolvió los antebrazos de ambos y sus manos unidas. Apretó y se desvaneció. Luego Harry acomodó los platos vacíos dentro de las bandejas que debía devolver a la cocina después.

Frente a él, Draco jugueteaba con el brazalete que lo conectaba a Astoria. Harry lo notó y suspiró.

—¿Qué te parece si hacemos una prueba ahora? Veamos si no estaba ocupada y contesta en este momento…

Tras una breve vacilación, Draco asintió. Sacó la varita del soporte que tenía escondido bajo su manga, la agitó y Harry se estremeció por el hechizo que combinaba sus sentidos. Le permitió oír cualquier cosa que pudiese percibir del brazalete.

—¿Listo?

Harry ahora también tenía la varita en mano, por si acaso.

—Bueno, intentemos…—Draco le lanzó un hechizo al brazalete.

Nada ocurrió.

Realmente nada.

—¿Qué tal si pruebas llamarla?

—Astoria —Draco acercó el brazalete a su rostro—, Astoria. ¿Puedes oírme?

Harry empezó a arrugar el entrecejo.

—¿Eso es normal? ¿Pasó tanto tiempo fuera de su conexión alguna vez…?

Draco sacudió la cabeza.

—No, a eso me refiero con que no contesta.

A pesar de que probaron varios hechizos y Draco siguió llamándola, nada ocurrió. En cierto punto, se cansó, tomó el brazalete y se lo quitó.

Y de nuevo nada.

Ambos contemplaron la sala en torno a ellos, alertas, sus varitas en las manos, pero no había ningún peligro allí con que tuviesen que usarlas.

—No están…—susurró Draco—. No vienen apenas me lo quito…

Como ninguno podía creérselo, se pusieron de pie y corrieron fuera de la Sala de Menesteres, que fue muy reforzada durante y después de la guerra. Ni siquiera en el pasillo se aparecieron.

Por más que buscaban en torno a ellos, no hallaron una sola grieta, ninguna sombra. No hubo sonido de interferencia ni nada que revelase la conexión de Draco con un lugar como ese en que estuvo Sirius durante tanto tiempo.

Draco dejó caer los hombros.

—Ya no estoy conectado a ella —Miró a Harry con una mezcla de confusión, alarma y horror—. ¿Por qué no estoy conectado a ella? ¿Crees que…?

No completó la pregunta, ni Harry lo hizo por él. Sólo siguieron observando el pasillo por unos segundos, a la espera de una pista del otro plano, las sombras o Astoria.

Pero el resultado no cambió.

Ella ya no le respondería a través del brazalete.