El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Los conflictos de los Potter

La primavera de ese año trajo consigo una especie de letargo, una pausa a sus preocupaciones de los últimos meses, junto a las preparaciones de la obra que presentarían para finales del trimestre y los nuevos conflictos de la familia Potter.

El primer conflicto lo tenía Harry Potter en su oficina, siendo observado fijamente por un espíritu que pretendía darle una lección sobre moralidad del siglo pasado. La vieja profesora no paraba de flotar de un lado al otro frente al escritorio de Harry, con los brazos cruzados y una constitución que vacilaba, haciéndose más clara o más transparente de a ratos.

—En mi época, eso se reservaba para alguien importante. Alguien especial.

Harry exhaló y continuó trabajando. Tenía un par de accesorios que esperaba que le fuesen útiles, una serie de instrucciones y un diagrama de cómo debían quedar; tanto esto como los materiales eran un obsequio de la bruja que hizo sus lentes mágicos, pero los hechizos debían ser suyos y también sería sólo su culpa si no salían bien.

—Oye —La fantasma levitó más cerca de Harry—, dime la verdad.

—¿Por qué te mentiría? —indagó Harry, en un tono casi aburrido.

—¿Tu esposa te dejó porque preferías a los hombres?

—¡Que yo no…! —Harry ahogó un sonido frustrado y colocó los accesorios que preparaba sobre la mesa—. Es la tercera vez que te digo que no, no le estoy pidiendo salir al profesor Malfoy.

La fantasma pareció sopesarlo.

—¿Tú la dejaste entonces porque preferías a los…?

Harry la interrumpió con otro quejido, apoyó los codos sobre la mesa y enterró su cabeza en las manos.

—Yo sólo digo —insistió la fantasma, más suavemente— que dos hombres adultos compartiendo el mismo tipo de anillo exacto en esta época tan- —Gesticuló con sus manos espectrales.

—¿Esta época tan qué? —preguntó Harry, resignado.

—No lo sé, tan- llena de libertinaje, supongo —La fantasma hizo una pausa y se sentó en el borde del escritorio de Harry—. Cuando estaba viva, podía suceder que dos magos o dos brujas sangrepuras estuviesen juntos, claro, pero…

—¿En qué época fue eso? —Harry hizo la pregunta con cierta curiosidad, ya que según los registros que consiguió de McGonagall, ella debió haber estado en el colegio incluso antes de que estudiase la generación de sus padres.

La fantasma arrugó el entrecejo.

—Es difícil medir el tiempo aquí. El punto es que no lo decían tan- ya sabes, abiertamente. Era un secreto a voces. Ahora en serio podrían estar juntos dos hombres y decirlo…y quizás no recibir ningún reclamo. Es un cambio interesante.

Harry arqueó las cejas.

—Se le llama "algunas personas están dejando de ser idiotas que critican y atacan a otros por cualquier cosa que hagan o les guste".

—¿Así que te han atacado por salir con otro hombre? —La fantasma adoptó una expresión de disculpa e intentó poner una mano espectral en el brazo de Harry, que contestó con otro sonido frustrado.

No entendía por qué la fantasma había pasado de "voy a molestarte para que dejes mi puesto" a un "pienso hablarte de Malfoy todo el día hasta que admitas que tienen una relación, aunque no sea así". Decidió ignorarla, como venía haciendo estos días, y concentrarse en los últimos hechizos para sus accesorios.

Draco y él intercambiaron algunas notas durante las clases de la tarde, cada uno en su respectiva aula, y Harry esperaba una respuesta que llegó en la forma de un ave de papel. Entró volando por una rendija sobre la puerta y descendió sobre su escritorio, sacándole una sonrisa.

Recordaba a cierto pequeño cretino que también le enviaba de esos. Cuando la abrió, se le escapó una carcajada al encontrar dentro un dibujo de sí mismo, ya adulto, siendo alcanzado por un rayo. La diferencia ahora era que renacía de las cenizas y comenzaba a "regañar" a Malfoy por sus bromas.

Junto al tonto dibujo móvil, había una serie de hechizos que Harry agregó a los accesorios para volverlos por completo funcionales.

La fantasma todavía lo veía con atención.

—Tienen una relación un poco extraña, ¿no?

Harry bufó.

—Nos odiábamos de niños, yo diría que sí, "un poco" extraña.

Ella asintió y miró hacia la puerta.

—Tu hijo. El segundo —Y se desvaneció justo cuando la puerta se abrió.

Albus se paró bajo el umbral y Harry emitió un sonidito para indicarle que pasase. La puerta volvió a cerrarse.

Apenas levantó la cabeza para pedirle un momento, se encontró con que Albus llevaba el cabello por debajo de los hombros, atado en una coleta baja, y uno de esos piercings removibles que Rose vendía desde hace meses. El del thestral.

—¿Qué tal la práctica del club de teatro, Al? —Harry razonó que a esto se debía el cambio de imagen y continuó trabajando en sus accesorios.

—Hay mucho que hacer —alegó su hijo, dejando caer su morral sobre el asiento en el lado contrario del escritorio—. ¿Sí practicaremos hoy?

Harry asintió, envolvió sus accesorios con un hechizo y los metió en un cajón en el escritorio, donde no fuesen a interferir con lo que harían. Enseguida se puso de pie, rodeó la mesa y se recargó en el otro lado.

—Estaba pensando en apartar todo lo que sea inflamable hoy —le avisó, agitando la varita para que sus mesas, sillas y armarios se encogieran y moviesen hacia los lados del salón, hasta pegarse a las paredes— para evitar lo de ayer.

En esa práctica, McGonagall corrió hacia el aula, pensando que había un incendio. Y lo hubo, de cierta manera.

Albus asintió. Se sacó la túnica del uniforme y la dejó sobre el respaldar del asiento. Volvió a atarse el cabello para asegurarse de que no le molestaría durante la práctica.

—Ponte en el centro…e intenta relajarte.

Albus se colocó en lo que pensaba que era el centro del espacio vacío y exhaló. Sus brazos colgaron a ambos lados de su cuerpo.

—¿Listo?

—Sí, papá —Albus rodó los ojos.

—Respira profundo.

—Ajá.

—Cierra los ojos.

—Ujum.

—Y recuerda lo que viste cuando Scorpius fue llevado por el mago de la Cofradía hacia el altar de piedra —agregó Harry, varita en mano y preparado para retener un segundo "incendio".

Albus arrugó el entrecejo y se tardó unos segundos en hacerse la imagen mental. Sus manos se abrieron y cerraron en puños por momentos.

Cuando se encendió la luz dorada, de inmediato se convirtió en una columna que se alzaba por encima de Albus y lo cubría cada vez más rápido. Harry utilizó un encantamiento para que su voz fuese más fuerte.

—¡Retenlo, retenlo en un nivel que puedas manejar, Albus! Eres tú quien la usa, no la magia la que te-

La primera oleada de magia empujó a Harry hacia atrás y al escritorio con él, moviéndolo casi medio metro en un instante. No podía ver a Albus dentro de la columna de luz.

—Intenta sostener eso que estás sintiendo —Harry puso un brazo por delante de él para no ser cegado por la columna. Ni siquiera la función de sus lentes para oscurecerse en casos así era de gran utilidad, ya que no se trataba de un resplandor común como el del sol—, imagina que haces una esfera y lo guardas todo allí- todo ese poder- y la esfera es algo que puedes sostener en tus-

La segunda oleada obligó a Harry a ponerse un escudo. La mesa salió volando y se estampó contra la pared más próxima. Él arrojó más protecciones a las que puso antes en las ventanas, paredes y puerta.

—Al, intenta soste-

La columna de pronto creció e inundó el resto del cuarto, cubriéndolo de una luz dorada y un calor intenso durante unos segundos. Los lentes se reajustaron, pero sólo le permitieron distinguir vagas siluetas de lo que McGonagall pensó el día anterior que eran llamaradas y un cuerpo bañado en dorado en el centro.

Luego se detuvo y Albus estaba en el suelo, apoyado sobre manos y rodillas, jadeando y cubierto de sudor. Algunos hilos de luz danzaron en el aire durante unos instantes y después fue como si nada hubiese pasado.

Harry corrió hacia él y se aseguró de tener las manos a la vista en todo momento para no regresarlo a un estado de alarma. Se agachó a su lado y le acarició la cabeza, sus dedos enredándose en un cabello despeinado que ya se había zafado del agarre.

—Eso fue bastante bueno. ¿Chocolate? —Harry extrajo una barra de su bolsillo y la abrió para él—. Lo hiciste muy bien, Al.

Su hijo frunció el ceño.

—Ni siquiera lo manejé.

—Sigues consciente, ¿no? —Harry le ofreció el chocolate—. Eso fue una gran mejora. Imagino que mientras más lo uses, el impacto que tendrá en tu cuerpo será menor y podrás utilizarlo sin agotarte así. Por ahora está muy bien. McGonagall tampoco vino asustada pensando que algo se quemaba, ¿no?

Albus dio una mordida al chocolate de mala gana y se encogió de hombros.

—Supongo que sí fue diferente a ayer.

—Y cada día que practiques te saldrá mejor —Harry revolvió su cabello—. Eso es suficiente por hoy.

—Apenas lo mantuve unos segundos-

—Es suficiente —repitió Harry, negando—, no te agotes, ¿sí? ¿Qué pensará Scorpius si quedas inconsciente de nuevo? Se preocupará mucho.

Albus apretó los labios, pero asintió.

Harry descubrió que la mención a su mejor amigo y lo mucho que podía preocuparse era bastante útil para calmar las ansias de Albus por dominar ese extraño poder lo antes posible.

En cuanto se comió un trozo del chocolate, Albus "robó" otro poco y se apresuró a buscar su morral entre los objetos que se cayeron durante las oleadas de magia. Harry fingió no darse cuenta de que su barra de chocolate de repente estaba a la mitad.

Su hijo recogió el relicario con el retrato de Severus, que había dejado junto a sus cosas, lo abrió y se aseguró de que estuviese intacto.

—Papá dice que ya terminamos por hoy y que lo hice bien, pero sólo pude sostenerlo unos segundos, Severus.

—La ventaja es que, por lo que sabemos, no tienes que aprender algo deprisa porque haya un mago oscuro y poderoso metiéndose a tu mente o una guerra a punto de comenzar —señaló el Severus del retrato, con un tono que había entendido que era con el que se dirigía sólo a Albus. Algo que rozaba el afecto paternal, si es que Snape podía sentirse de forma similar—, y en ese caso, vale más la práctica breve durante un largo período de tiempo que prácticas intensivas que podrían lastimarte.

—Claro, tienes razón —Albus asintió, como si lo que Severus decía tuviese más sentido que el mismo mensaje en palabras de Harry.

—Necesitas comer muy bien esta noche para recuperar energía y será mejor si no te desvelas —le explicó Harry, acercándose después de aplicar algunos hechizos al cuarto para devolver todo a su estado anterior. No quería que McGonagall volviese a asustarse.

—Ya sé —Albus completó su respuesta con un largo quejido gutural y tomó su morral y túnica, que no se colocó de nuevo.

—Y toma mucho líquido para mantener hidratado —agregó Severus, más pensativo—, por lo que se ve, es un poder relacionado a algún tipo de luz o calor, y eso suele causar sobrecalentamiento en el cuerpo del mago que lo utiliza. Si estás deshidratado desde antes, podrías no ser capaz de manejarlo, y si no te hidratas después, es posible que tu sistema sufra las consecuencias.

—Sí, Severus —Albus asintió enseguida.

Harry se preguntó si alguno de sus hijos se lo tomaba en serio cuando les hablaba.

—¿Más chocolate, Al?

Así fue cómo su hijo abandonó el cuarto conversando con un retrato sobre un ejercicio de oclumancia básica (¡a pesar de que sabía que Harry también la manejaba!) y lo dejó sin chocolate.

Harry formó un pequeño puchero al darse cuenta de que no le quedaba nada de chocolate. Era una consecuencia normal de tener hijos. Las meriendas de la tarde a las que Hermione lo acostumbró después de la guerra parecieron desvanecerse cuando James nació.

Decidió ir a buscar a Draco y preguntarle si se metían a la cocina juntos y terminaban los accesorios. No se percató de que la fantasma se materializaba por un instante detrás de él, sacudía la cabeza con resignación y se marchaba de nuevo.

—0—

El segundo conflicto de los Potter era el de James Potter, que acababa de entrar a su habitación en la Torre de Gryffindor, sólo para que una tela cayese sobre su cabeza y le tapase los ojos. Alguien lo jaló, otra persona lo empujó y de repente estaba colgado. Por la incómoda posición en que quedó su cuerpo y el agarre en su espalda, supuso que lo subieron al hombro de alguien y se lo llevaban.

Olfateó un poco y consideró que no valía la pena alarmarse cuando reconoció cierta colonia.

—Oye —James movió los pies, sin intenciones de golpearlo, pero sí "amenazando" con hacerlo—, ¿sigues molesto porque te dije que no te veía como más que un amigo, Lor?

Escuchó la débil risita de Arvel, uno de sus compañeros de cuarto, y a Lorcan Scamander chisteándolo para que se callase.

—Mira —James intentó enderezarse y su cabeza volvió a caer junto a la espalda del que lo llevaba. Exhaló y se resignó—, Lor, eres un gran amigo y quizás si-

—Oh, ya cállate —Lorcan le dio una palmada en la pierna para que parase–, teníamos doce. Ni siquiera sabía de qué estaba hablando, estoy seguro de que mi cerveza de mantequilla estaba dañada-

—Usa las excusas que necesites para liberarte del dolor de un rechazo de James Potter —James le dio una palmadita en la espalda baja a cambio, por su extraña posición.

—¡Por Merlín, James, si fuiste tú el que me besó en ese momento! —siguió reclamándole Lorcan.

El sonido sorprendido que escuchó debía pertenecer a Lisander y la risa fue de Arvel.

—Al menos te pedí permiso —replicó James—, pero…

—¿Pueden discutir en otro momento sus problemas maritales? —preguntó Arvel, aunque estaba claro que no le importaba si le daban la oportunidad de continuar riéndose de ellos.

—Bien —James lo aceptó con facilidad—, luego lo discutimos, cariño —añadió en tono más suave para Lorcan.

—Te voy a tirar por la ventana —contestó Lorcan—, cariño.

Resultó que lo metieron por un pasaje que se abrió en la torre de Gryffindor durante la guerra. Ningún estudiante fuera de su grupo lo conocía, hasta donde él sabía, y salía desde el lado de los dormitorios de los chicos a una sala de piedra que podía ser usada para entrenar. Supuso que se le dio una buena utilidad en el año en que hubo Mortifagos al control del colegio.

James fue depositado en una silla incómoda y la tela removida de su rostro. Los tres chicos quedaron frente a él.

—Queremos saber por qué nos estás traicionando —Lorcan lo "pinchó" en el pecho dos veces con el índice.

—¿Disculpa, cariño? —James fingió un tono afectado—. Estoy seguro de que no te he sido infiel en ningún momento, ¿dónde encontraría a otro chico igual a Lorcan Scamander? Además, sabes que no podría salir conmigo mismo, ya lo intenté-

—Estás en otra organización, ¿verdad? —lo acusó Arvel, cruzado de brazos.

Lisander era el único de los tres que lo veía con más curiosidad que indignación. Parecía un poco perdido con su uniforme de Hufflepuff, mientras que Arvel era Gryffindor y Lorcan un Ravenclaw que no usaban las túnicas en ese momento.

—¡Fuiste a pasar una noche en la enfermería, sin nosotros! —reclamó Lorcan, poniéndose las manos en la cadera.

—¡Antes te importábamos y sólo ibas a la enfermería con nosotros! —le siguió Arvel.

James soltó un suspiro y les pidió con un gesto que se inclinaran más cerca. Lorcan se agachó, Lisander se sentó en el suelo y Arvel se puso de cuclillas frente a él. A su vez, el mismo James se movió hacia adelante para darle un aire más confidente a su respuesta.

—Escuchen, lo de ir a la enfermería sin ustedes no fue intencional —aclaró esa parte primero, rodando los ojos—, pero están pasando muchísimas cosas y casi todo está relacionado con mi familia-

—Pues entonces deberíamos estar enterados —le reclamó Lorcan, cruzándose de brazos.

—Sí, sí, su mamá es casi otra tía para ti y- ¿eso no significa que yo no debería saberlo? —Arvel observó a los gemelos y frunció el ceño—. No, no. Ignora eso. Nos debes una explicación como tus hermanos que no son de sangre.

—¡Al menos el por qué acabaste en la enfermería! —insistió Lorcan.

James estaba por soltar otro suspiro cuando se fijó en que Lisander en verdad no había hecho ninguna pregunta. Lo miró con curiosidad y el Hufflepuff Scamander los vio de uno al otro, como si acabase de recordar que estaban ahí. Era el más similar a Luna.

—Están ocupados por las sombras y las profecías que encontraron, aunque no creo que a James le haya pasado algo directamente, porque se suponía que el objetivo era-

Lorcan se giró hacia su hermano con la expresión indignada que solía reservar para cuando James bromeaba sobre sus cuestionables gustos en hombres.

—¿Y tú cómo sabes?

—Mamá estuvo aquí —contestó Lisander, sin entender que su gemelo estaba enojado— y le pregunté. Y me dijo.

—¡Pero…! —Lorcan ahogó un sonido frustrado y se concentró en James de nuevo—. ¿Qué pasa? No es como si no pudiesen decirnos nada, si Lis ya sabe-

—Además…

—Y sobre todo porque…

—Y…

James intentó seguir el ritmo de sus protestas, pero perdió el hilo tras unos segundos. Tuvo que tranquilizarlos mediante gestos y esperar que se callaran para seguir hablando.

—Está bien, ¡está bien! Escuchen. Pero deben guardar el secreto…

—Me ofende que creas que no podríamos guardar un secreto, cariño —Lorcan escupió la palabra, ceñudo, por lo que James se rio y Arvel fingió una arcada.

—Bien. ¿Recuerdan la cosa extraña que les dije que pasó en diciembre…?

—0—

El tercer conflicto de la familia Potter era el de Albus Severus Potter y tomaba una forma más definida en momentos como ese, en la oscuridad y el silencio de las mazmorras.

Hubo un ligero toque sobre la manta que Albus utilizaba para cubrirse por completo y él contuvo un suspiro, sabiendo lo que encontraría al levantar la tela: a su mejor amigo, Scorpius Malfoy, parado junto a la cama, envolviéndose con sus propios brazos y dentro de un pijama que no hacía nada por aislar el frío de unos cuartos que quedaban bajo el agua.

Altair dormía con sus doseles cerrados en la cama extra que agregaron a la habitación. Por la distribución anterior para dos personas, la de Albus y Scorpius se mantenía más o menos a un metro de distancia y era sencillo cruzar de una a la otra sin hacer el menor sonido que pudiese despertarlo.

Albus se deslizó hacia la orilla de su cama y Scorpius se coló bajo la manta. Los dos acabaron recostados boca abajo, sus codos apoyados en el colchón y la manta pasando por encima de sus cabezas.

Albus sacó una mano y tanteó la mesa de noche. Su tablet, un cuaderno, el relicario. Encontró la varita y conjuró un lumos en cuanto regresó su extremidad a la seguridad tibia de la manta.

En el reducido espacio, bajo la luz blanca, los ojos de Scorpius eran dos esferas deslumbrantes como piezas de plata pura. Una verdadera joya. Y Albus no quería dejar de mirarlo.

—¿Qué pasa? —susurró, colocándose de lado.

Scorpius lo imitó, de manera que quedaron frente a frente, con la luz en el medio. Compartían almohada.

—¿Pesadillas? —insistió Albus, al no obtener una respuesta inmediata—. ¿Necesitas que cambiemos las runas debajo de tu cama, Scorp?

Él negó y pareció pensarlo durante unos segundos.

—A veces…—Scorpius carraspeó—. A veces es demasiado. Lo siento. Es- es que son tantas cosas que cambian y tanto que pensar estos meses y…ni siquiera ha pasado un año desde la muerte de mi madre y no está muerta, y quizás sea la líder de una organización que luego se hará malvada- y ella no es malvada- y yo no soy- yo no quiero ser- yo-

Scorpius se pasó las manos por el rostro con un poco de rudeza y Albus extendió su brazo libre para frenarlo.

—Es demasiado —musitó Scorpius, moviéndose más cerca—, es demasiado, Al…mi mente se llena de todo tipo de cosas y no sé lo que estoy pensando- no sé lo que estoy haciendo, sólo- sólo dame un momento, ¿sí? Por favor- por favor, tú sólo-

Albus lo recibió con los brazos abiertos cuando Scorpius se pegó a él. La varita se deslizó fuera de su mano y regresaron a la oscuridad, pero no le importaba tanto verlo ahora. Su mejor amigo estaba hundiendo el rostro en su hombro y Albus sólo deseaba que eso, todo eso, de alguna manera lo ayudase.

Y si era posible, que no se diese cuenta de que su corazón iba muy deprisa mientras estaban así.

—Son muchos cambios, muchas cosas extrañas y complejas- —decía Scorpius. Su voz suave se amortiguaba aún más por la posición en que estaban—. Y sólo- siento que no puedo con tanto, que necesito- tengo que esconderme- tengo que alejarme un momento o- o no podré ni siquiera respirar. O será tanto que caerá sobre mí y me- me va a aplastar y no podré respirar ni pensar, porque- porque es-

Albus lo rodeó y lo estrechó. Scorpius lo envolvió más fuerte. Eso tampoco le importó.

—Te estoy escuchando —murmuró Albus. Fue lo único que se le ocurrió. No tenía respuesta para todo lo demás, nada que pudiese ayudarlo o calmarlo, pero esto podía hacerlo—, sigue. Estoy escuchando.

Scorpius soltó un ruido débil a mitad de camino entre la risa y un sollozo.

—Cuando…cuando eso pasa, cuando es demasiado, es como…es como si tú no estuvieses entre todo lo que se mueve y cambia y me vuelve loco- tú sólo estás ahí. Y hagas lo que hagas, sigues ahí. No es- no es que no te afecte, no sé, es- —Scorpius bufó—. Esto es ridículo, ¿verdad? ¿Piensas que soy un tonto por decir estas cosas?

—No —Albus lo estrechó un poco más para demostrar su punto—, para nada.

—Es que- —Scorpius volvió a aclararse la garganta—. Tú eres…como una pieza firme a la que sostenerme. Haces…haces que todo lo demás pare por un rato- los cambios y el desastre y el miedo y todas las- las preguntas que tengo sobre mí- tú…tú me calmas. Tú- es…es bueno que sólo estés ahí. Me calmas —repitió, más bajo—, gracias.

—No estoy haciendo nada —Albus intentó sonar burlón, pero una parte de su pecho estaba llena de una sensación tibia y agradable que no se lo permitió.

Si Scorpius necesitaba esconderse bajo una manta con él por un rato para sentir que su mundo no se tambaleaba, Albus sentiría que estaba haciendo algo enorme y magnífico cada vez que sucediese. Cada vez que pudiese estar ahí para él. Cada vez que pudiese ayudar un poco.

Debe ser porque es mi mejor amigo, razonaba Albus. Lo quiero ver tan bien, tan tranquilo y tan feliz como se pueda, y eso debe ser lo que todos quieren para sus amigos. Nadie le desea algo malo a sus amigos.

Eso debe ser.

Mi mejor amigo.

Y lo mucho que quiero ayudar y lo feliz que estoy de que acuda a mí, de que en serio se sienta mejor conmigo, debe ser por eso también.

Albus se lo repetía una y otra vez, esperando creérselo en algún momento, porque la alternativa era extraña y lo aterraba.

Distrajo a Scorpius con una plática sobre el club de teatro. Luego hablaron de pociones, del entrenamiento de Quidditch que quería empezar con Rose, de la última gran travesura de James, de un libro que Nesrine tomó prestado de la biblioteca de Ravenclaw para él. Cualquier tema que se le ocurriese era bueno.

Sólo oír la voz de Scorpius era bueno.

Albus se dormía sin darse cuenta y por la mañana era el único bajo la manta. Y quizás, de cierta manera, esto le ayudaba a convencerse de que podía ser un tipo de sueño.

De que esos sentimientos extraños lo eran.

—0—

El último conflicto era el de Lily Potter, a la que aparentemente nadie escuchaba cuando decía que tenía un cronograma, una lista de miembros del Aquelarre y un libro de hechizos de seguridad.

Nesrine miró hacia la entrada de la "base" en construcción del Aquelarre y arqueó las cejas. Alguien gritaba, atrapado en el lazo del diablo del túnel.

—¿Quién es? —preguntó Hugo, con curiosidad, deteniendo su trabajo. Era el encargado de redibujar el torpe mapa que armó Scorpius, con las medidas exactas que Rose le dio tras la primera exploración.

—¿Debería quitarle el lazo del diablo? —murmuró Altair, pensativo.

—No —Lily se dio la vuelta y continuó revisando su lista de cosas por arreglar o agregar a la "base"—, deja que aprendan por qué no se traen invitados al Aquelarre sin avisar antes.

—¡Lily! —El siguiente grito fue de James—. ¡Lil! ¡Dile a Altair que venga…! ¡Lorcan está atorado y a Arvel se lo están tragando!

Cuando Altair hizo ademán de caminar hacia el túnel, Lily le repitió que no los ayudase todavía.

—¡Lily! —la regañó James, desde algún punto en el túnel.

—¡Para algo tenemos una lista de miembros! —replicó Lily, agitando su tablet mágica—. ¡Si querías traer a alguien, debiste avisarnos y someterlo a votación! ¡Está en las reglas y les pasé una copia a cada uno por correo más la copia que les llevaron las lechuzas del colegio! —Luego se giró hacia su primo y su amiga—. Ustedes lo leyeron, ¿verdad?

Nesrine asintió enseguida.

—Dos veces para estar segura y tome algunas notas para no romper una por error.

—Yo también tomé notas —dijo Hugo, sonriendo— y te quería proponer una regla de…

Lily asintió varias veces mientras él lo explicaba. Anotó su sugerencia y le avisó que lo pondrían a votación al final de esa reunión. Suponiendo que James pudiese entrar en algún momento.

—¿Qué son esos gritos? —Rose regresaba desde uno de los túneles-raíces, junto a Albus y Scorpius. Se fijó en la entrada, ceñuda.

—Intrusos —contestó Lily, tecleando en su tablet.

—¡Rose, dile algo! —pidió James—. ¡Ya perdimos a Lisander!

Lily se alarmó. Luna era su tía favorita y su madrina, no quería tener que avisarle que uno de sus hijos fue comido por una planta gracias a James y su habilidad para romper las reglas.

—¡¿Cómo que perdiste a Lis?!

—¡La cosa esta se lo comió! —respondió Lorcan—. ¡Por eso te decimos que nos ayudes!

—El lazo del diablo no come gente —Rose arrugó el entrecejo y se cruzó de brazos.

Altair caminó hacia la entrada cuando Scorpius se lo indicó y tocó uno de los costados. Le habló a las raíces y estas escupieron a un confundido Lisander Scamander, que se había relajado tanto que perdieron el interés en él.

—¡Sólo tienen que relajarse! —indicó Scorpius.

—¡Relájate tú cuando te intenten comer! —replicó Lorcan, seguido de un quejido.

Albus frunció el ceño.

—No los ayudes por comportarse así —le dijo a Altair, lo que se traducía a un "no los ayudes por hablarle así a Scorp".

Altair comprendió el mensaje, asintió y sólo ayudó a Lisander a ponerse de pie.

—¡No sean así! —se quejó James—. ¡Yo no los dejaría con unas raíces que se los van a comer!

—¡Yo sí leería las reglas que te tardaste tanto en escribir! —Fue la respuesta de Lily.

La discusión se alargó diez minutos, hasta que los otros tres chicos fueron escupidos dentro de la base.

Altair acarició una de las raíces.

—La pobre se cansó de oír su pelea —explicó, como si fuese lógico.

Lily resopló y añadió "mejorar seguridad porque el lazo del diablo sólo es intimidante en su nombre" a su larga lista de pendientes.

Luego siguió discutiendo con su hermano mayor.