El niño maldito

Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.

Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.

Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La campaña de Rose

Rose comenzó a reírse cuando una de las brujas francesas le frunció el ceño a Albus, este lo notó y apartó la mirada enseguida.

—Me da muchísima pena —Albus medio enterró el rostro en sus manos y ahogó un quejido—, creo que están comenzando a creer que las estoy viendo a ellas.

—Sería divertido si se enteran de que no —dijo Rose, codeándole—, ¿piensas que se quedarían tranquilas o se indignarían? Oí a la tía Gin decir algo sobre que las Veelas son unas egocéntricas porque están acostumbradas a la atención…realmente no estoy segura de si sea por eso.

—¿Qué quieres decir? —Albus la miró de reojo a través de las rendijas entre sus dedos.

—Bueno, ¿qué tiene de malo que te sientas bonita y que sepas que los demás también te ven así? —Rose se encogió de hombros. Se inclinó hacia adelante para ver a Nesrine—. Nes, ¿tú sabes que eres linda?

Oui —contestó Nesrine con total naturalidad. Luego hizo una pausa y se rio por la expresión de Lily—. ¿Qué? ¡Hay que tener autoestima! Espero verme como mi mère a su edad.

El pequeño grupo se encontraba en los asientos del teatro mágico del colegio. Ese día la profesora encargada del club les hablaría sobre el trabajo que harían ese año en conjunto con Beauxbatons. Rose estaba junto a Albus y las dos chicas en los asientos de al frente, ya que Lily llevaba una lista de los que estarían ese año en las actividades que después le entregaría a la profesora.

Las chicas francesas se alineaban en una especie de barrera impenetrable en uno de los extremos del anfiteatro. Albus sospechaba que tenían una verdadera formación digna de los Aurores. Los chicos del colegio francés, acostumbrados a la presencia dominante de las Veelas, parecían tímidos a comparación; supuso que era bastante normal cuando sabías que si molestabas a tus compañeras se convertían en unas bestias mitad pájaro.

Albus también tenía un poco de miedo de que alguna pensara algo extraño, se le acercara y lo picoteara. Los picos de las Veelas no eran nada pequeños.

Rose se pasó unos segundos observando a las chicas francesas, luego enganchó su brazo al de Albus.

—Oye, ¿qué te parece si elegimos un día y nos ponemos esos uniformes de Beauxbatons? Podemos andar con ellos en un momento en que no tengamos clases, Al.

Albus no pudo evitar tensarse y titubear. Miró hacia adelante. Lily y Nesrine detuvieron su plática al oírla.

En verdad no había hablado con Rose de ese tema. Bueno, no le decía algo claro a nadie todavía en realidad. El que sabía más era Scorpius y se imaginaba que Lily aprendía por su cuenta a medida que pasaba el tiempo, igual que Nesrine.

—Yo...uhm…no creo que me quede bien —Albus intentó reírse de la idea, pero emitió un sonidito extraño.

Rose se puso seria y giró en su asiento para verlo.

—Albus Severus Potter. Si te gusta, úsalo, ¿entendido? Y que no te importe si creen que no te queda bien. Si te dicen algo, tengo un bate de golpeadora. Al menos se van a llevar un susto.

Ya que Albus se limitó a apretar los labios, Rose suspiró y apoyó la cabeza en su hombro.

—Hoy comienzo con mi campaña de uniformes, es mi objetivo de este año. Si quieres, diseñaremos uno como el de ellas para ti, y si no, ¿igual vendrás a apoyarme?

Albus asintió sin dudar y recargó la cabeza en la de ella por un instante. No mucho. Rose era demasiado fastidiosa para abrazarla tanto, en su opinión, aunque fuese su prima favorita, cosa que jamás le diría.

—¡Bien! —Rose se volvió a inclinar hacia adelante—. ¿Ustedes vendrán?

Lily elevó el pulgar y siguió concentrada en su lista.

—Me gustaría que tu campaña saliese bien antes de que entremos a tercero —Nesrine asintió, sonriendo—, ¿también nos darás carteles?

—¡Claro que sí! Ya tengo varios…

La profesora Cardella al fin subió al escenario para dar la bienvenida. Cuando el hechizo traductor emitía un débil zumbido al ajustarse, dos chicos se colaron por una rendija entre la puerta y la pared.

Scorpius se sentó junto a Albus y Hugo al lado de Lily.

—¿Ya eligieron? —Hugo se inclinó hacia su prima—. ¿No? Ponme en la lista. Veré primero qué harán y luego en qué grupo quiero estar…

—¡Tendremos otro actor en la familia! —Rose se estiró para revolverle el cabello a su hermanito y se rio.

—Déjame, Rosie…

La profesora encargada del club de teatro le dio paso a la profesora Augier, de Beauxbatons. Era una mujer de aspecto tan serio que el anfiteatro se quedó en el más absoluto silencio de inmediato.

Llevaba un gran bastón que chocó contra el suelo al carraspear.

—El teatro es una de las artes más preciadas para la Academia de Magia Beauxbatons. Hemos destacado en el durante siglos y lo seguiremos haciendo. Con este interescolar, Beauxbatons abrirá sus puertas para talleres de artes especializadas mágicas a los estudiantes de los otros colegios y tendremos una cooperación en las obras presentadas, pero no aceptaremos menos que la excelencia. Y quien no pueda darla…

Soltó un sonidito que pretendía pasar por una burla condescendiente.

—Que mejor espere al siguiente año cuando sólo sean estudiantes de Hogwarts.

—Le tengo miedo, Rosie —Hugo giró la cabeza para decirle esto a su hermana apenas la profesora bajó del escenario.

Rose le dio una palmadita en el hombro.

—Perro que ladra no muerde, eso dicen al menos.

—Pero las Veelas te gritan y sí te atacan —señaló Lily en voz más baja.

—Tú tranquilo, Hugo. Y tú, cinnamon —Rose miró por un costado de Albus hacia Scorpius.

—No estoy preocupado —Scorpius negó y le sonrió. Luego entrelazó sus dedos con los de Albus en el espacio entre sus puestos. Se fijó en el color del brazalete, antes de añadir:—. Ally y yo la vamos a impresionar, ¿verdad, cariño?

Albus asintió con la cara un poco roja.

Lily le dirigió una mirada curiosa a Rose, que le contestó con un gesto vago. Hugo sí que abrió la boca para decir algo, pero Rose pateó su asiento desde atrás para callarlo y se excusó con un:

—¡Un calambre! Ay, ay, ay, calambre…es por jugar Quidditch con los estudiantes rusos, te quieren romper todos los huesos si así te tiran de la escoba…

Albus observó su mano unida a la de Scorpius y después a él de reojo.

Scorpius volvió a sonreír y le guiñó. Luego se concentró en la lista de actividades que la profesora estaba creando con magia en el escenario.

Altair entró en ese momento, intentando pasar desapercibido con una serpiente de tres metros enrollada en el cuerpo. Se sentó junto a Scorpius.

—¿Quieres entrar a algún taller, Alti? —murmuró Scorpius.

Altair pareció considerarlo. Apuntó uno y Scorpius le pidió a Lily que lo anotase.

—¿Y tú, Ally? —Luego se inclinó hacia Albus al preguntar esto.

Nesrine se giró en su asiento y se apoyó en el respaldar.

—¡Vamos a entrar al de maquillaje escénico, Al! Anda, anda, anda, anda, ¿por favorcito? S'il te plaît?

—Está bien —Albus simuló resignarse con un suspiro.

Nesrine dio un saltito, cayó sentada y le indicó a Lily que les anotase en el de maquillaje escénico.

—¿Tú entras, Scorp? —Nesrine ladeó la cabeza al verlo y formó un puchero—. S'il te plaît? Pour moi? Pour Ally?

Scorpius se rio y asintió.

—Sí, sí- hay efectos con magia muy bonitos en el maquillaje.

—¡Bien! —Nesrine se concentró en Altair y formó otro puchero—. ¿Tú?

—Es a la misma hora que escenografía con plantas —se disculpó Altair.

Hugo lucía un poco confundido.

—Entiendo a Nes, ¿pero por qué ustedes dos querrían aprender sobre ma…?

Rose volvió a patear su asiento y le susurró un "tú y yo hablaremos después sobre ciertas cosas importantes". Esto sólo lo aturdió más.

Albus abandonó el anfiteatro con un horario de los talleres a los que se inscribió y la mano de Scorpius en su muñeca. Él iba un paso por delante, hablando con Rose y Altair, y Albus se rezagó sin notarlo al fijarse en el grupo de chicas del colegio de Francia.

Uno de los talleres era identidad del personaje, del actor e interpretaciones libres. De cierta manera, le entusiasmaba la idea. La profesora Augier les dijo que sus obras solían ser representadas sólo por mujeres en cada papel. Incluso los masculinos.

—Rose —Albus se aclaró la garganta para llamar su atención y su prima lo vio de reojo—, ¿cómo podemos diseñar ese uniforme azul?

Rose sonrió.

—Nes y yo nos ocupamos. Tú sólo deja que te tomemos las medidas con los hechizos de la abuela Molly y…

Scorpius le dio un leve apretón en la muñeca y Albus realmente agradeció esa muestra silenciosa de apoyo.

Tal vez ya era hora de hacerle caso a Rose, para variar, y no preocuparse por lo que fuesen a pensar. Ahí estaban gran parte de las personas cuya opinión sí le importaba, planeando qué tipo de tela usar y cómo ajustarla a Albus.

—0—

Por la tarde, el patio que era el centro de los "puentes" se convirtió en la nueva zona de protesta pacífica de Rose Molly Weasley. Harry estaba caminando por un pasillo con Draco, de regreso de una recolección de hierbas con Hagrid en el bosque, y ambos fueron a ver en cuanto se enteraron.

Rose tenía esto planeado desde hace meses. Puede que desde su primer año, pero eligió ese momento porque había tres colegios más presentes. Se encontraba en el centro del patio con un gran cartel que decía:

"La comodidad de las chicas importa"

Nesrine y Lily daban vueltas en torno a ella con sus propios carteles con luces de neón mágicas. Decían "¡es ridículo e incómodo ver clases de vuelo usando falda!" y "si alguien quiere usar falda, ¡que la use! Si no lo quiere, ¡no la fuerces!" respectivamente.

—Vaya —soltó Harry.

Miró hacia un lado cuando oyó el flash de una cámara mágica. James tomó otra foto y comprobó ambas.

—¿Qué haces, Jaimie?

—Le dije a Rose que quería ayudar —susurró James, tomando otra fotografía de la escena—, me pidió que tomase algunas imágenes para enviar al Quisquilloso.

Por supuesto que esta escena, junto con la cancioncita de "la comodidad de las chicas importa" de Rose al agitar el cartel, atrajo la atención de gran parte del personal y estudiantes de los cuatro colegios. Pronto tuvieron a McGonagall parada al lado, junto a la directora de Beauxbatons.

—Son tan dulces —susurró la directora Moreau con una sonrisita.

—¿Por qué está…? Oh —McGonagall se acomodó los lentes—. Debí imaginarlo desde que fue a mi oficina con un informe de dos pergaminos sobre esto.

—¿Sobre que iba a protestar? —indagó Draco, arqueando las cejas.

—Sobre que las chicas usan faldas en las clases de vuelo, corriendo el riesgo de lastimarse con la escoba —explicó McGonagall—, en clases de Herbología en que deben agacharse y cavar o pelearse con las plantas sobre la tierra e incluso en clases de Cuidado de Criaturas Mágicas huyendo de alguna criatura fuera de control. Y no es cómodo. También mencionó que no todas están a gusto.

—Son muy buenos argumentos —aclaró Harry, pensando que debió ser asesorada por Hermione, y agregó:—. Los uniformes de Quidditch tienen tres capas y una es de puro relleno para evitar esas lesiones en las piernas, el uniforme diario de las chicas no tiene eso.

—Recuerdo que Pansy se lastimó las piernas en nuestras primeras clases de vuelo —agregó Draco, frunciendo el ceño al hacer memoria. Miró a la directora de reojo—. No la va a castigar por esto, ¿verdad?

McGonagall sacudió la cabeza de inmediato.

—No, no, para nada-al contrario. Nunca oí a una chica quejarse de las faldas cuando estudiaba y a mí no me importaba- veía como algo natural que una chica las tuviese que usar, pero tiene razón —afirmó, más seria—, y si hay chicas incómodas, por la razón que sea, es algo que se debe resolver. Incluso pasé su informe a la Asociación de Padres, es sólo que…

Cabeceó hacia un lado. Una bruja de cabello canoso se acercaba dando zancadas, envuelta en una gruesa capa negra.

Draco apenas contuvo un quejido.

—Ella es Selwyn —le dijo a Harry en voz muy baja.

La bruja se detuvo frente a ellos y le dio tal mirada despectiva a Draco, seguida de un bufido, que Harry estuvo por contestarle.

—McGonagall —Se dirigió enseguida a la directora, ignorando a los demás—, ¿qué significa esto? ¿No piensas detener a unas estudiantes que nos están avergonzado?

McGonagall simuló echar un vistazo alrededor de la forma más cortés que podía.

—No me siento avergonzada por el comportamiento de nadie en este momento, Selwyn.

La bruja señaló a las chicas protestando.

—¡Lo están haciendo frente a tres colegios!

—¿En Hogwarts no consideran que sus estudiantes tengan el derecho de ser escuchadas cuando se trata de su comodidad? —indagó la directora Moreau con una expresión condescendiente.

Selwyn empezó a ponerse roja.

—¡Es una ridiculez cambiar los uniformes! Han sido así durante miles de años.

—Con todo respeto, Selwyn —intervino McGonagall con suavidad—, ya han cambiado antes. Si no fuese así, las chicas usarían faldas hasta los tobillos y doble túnica y los chicos tendrían chaquetas por debajo de la túnica, además de la camisa y el chaleco. El informe al respecto fue enviado a la Asociación porque yo estoy de acuerdo.

—Pues yo no —replicó Selwyn, irguiéndose.

—Pero la Asociación de Padres tiene nueve integrantes —le recordó McGonagall—. Los magos tendrán un solo voto en conjunto, ya que es un tema que concierne a las estudiantes más que nada y que podría, como señaló la señorita Granger-Weasley, afectar el uniforme de los varones, pero sólo en el futuro y de forma opcional. Y las otras tres brujas, que tienen un voto cada una, leían el informe con mucho interés, en especial las dos que vieron firmas de sus hijas allí.

—Es una tontería cumplir todos los caprichos de los estudiantes —insistió Selwyn. Vio a Draco de reojo—, sabemos bien lo que pasa con los chicos a los que se les da todo y nunca se les pone límites.

Harry no sentía nada parecido a esta rabia desde Umbridge. No le dijo de forma explícita dónde podía meter su opinión sólo porque la bruja caminó hacia el patio dando zancadas.

Oyó un débil murmullo y notó que James, que había oído la conversación en silencio, tenía la varita en la mano. Harry frunció el ceño y rogó porque a la bruja no le fuese a caer un balde de pintura, por muy fastidiosa que fuese.

Se dio cuenta de qué pretendía cuando Selwyn se detuvo frente a Rose, frenando los movimientos de las otras dos chicas, y todos pudieron oír su conversación con absoluta claridad. James había cambiado la varita por la tablet mágica de Rose y tecleaba algo deprisa.

—¿Qué crees que estás haciendo? —le preguntó Selwyn a Rose.

—Esto es una protesta pacífica acorde a la regla número 334, sección B del estatuto C7, creado por Helga Hufflepuff durante la institución del colegio —contestó Rose, abrazando su cartel y sin acobardarse—, que dice que los estudiantes tienen derecho a quejarse cuando una situación les hace sentir incomodidad o los expone a un daño, leve o severo, dentro del ambiente escolar y que la institución está obligada a tomar medidas en cuanto se le presenta un informe al director o directora de turno, cosa que ya hice, y aquí hay una copia por si lo quiere ver…

En cuanto le ofreció el informe, Selwyn se lo arrancó de las manos y lo hizo desaparecer.

—Hablaré con tus padres respecto a esto.

Rose asintió, sin cambiar su expresión.

—Por supuesto, cuando quiera. Mi mamá es Hermione Granger y justo ahora está en una reunión con el Ministro, y mi papá, que es el Auror Weasley, está en un caso, pero puedo pedirles que vengan apenas puedan y lo harán. O puede hablar mientras tanto con mi padrino, que está allá —Rose apuntó a Harry—. Debe conocer a Harry Potter, ¿cierto? Se lo presentaré sino.

Harry tenía el presentimiento de que acababa de meterse en un problema y ni siquiera fue causado por él, pero si tenía que responder por el comportamiento de su ahijada, iba a defender a Rose con la misma insistencia con que lo haría con Hermione o Ron.

—La tía Hermione viene en camino —le dijo James, después de recibir una respuesta en la tablet—, trae un informe también y seguro que está de malas, porque puso un puntito al final del mensaje. El punto final normalmente es señal de mal humor —se lo explicó a los cuatro adultos, como si fuesen unos completos ignorantes en cuanto a la cultura tecnológica.

—Bien —decidió Selwyn. De nuevo, todos la escucharon—, hablaré con el profesor Potter, si es que no tiene un conflicto de intereses por esto. No debería darle clases a un familiar.

Selwyn empezó a caminar hacia ellos otra vez y Draco le dio una palmadita en el brazo.

—Suerte.

Sí, estaba en problemas si ella creía que no podía darle clases a sus sobrinos. O a sus hijos. Por Merlín, ¿qué cara iba a poner cuando se enterase de que sus tres hijos estaban allí?

Como dijo James, Hermione llegó poco después para dejarle en claro a quien sea que Rose tenía el completo apoyo de su familia con esto.

Para el día siguiente, no sólo el Quisquilloso tenía un artículo con la situación en Hogwarts y fotografías de las chicas en el patio, en la primera plana de El Profeta había un artículo redactado por la mismísima Rita Skeeter. Tenía la descripción de la protesta, los motivos, las fotografías e incluso una grabación de audio que se activaba desde la tablet o al pasar la varita sobre la versión en papel del periódico en que Selwyn decía con total claridad que lo que las estudiantes querían era "ridículo" y no podían cumplir con sus peticiones.

Estaba un poco sacado de contexto, claro, como todo lo que Skeeter hacía, pero resumía bastante bien su actitud, en opinión de los que la escucharon en vivo.

Rose comenzó a reírse cuando lo vio. Se levantó del asiento mullido instalado en la "base" del Aquelarre, rodeó con un brazo los hombros de James y leyó en voz alta un fragmento del artículo:

—"…porque, sin duda alguna, las cosas han cambiado desde que Dayana Selwyn estudiaba en Hogwarts, digamos, hace unos cien años. Y quedará a su criterio si alguien de mente tan retrógrada debería tener tal influencia en la nueva generación…" —Agitó el periódico frente a James, que parecía bastante orgulloso de sí mismo—. ¿Cómo hiciste esto? ¡Skeeter jamás ha escrito nada bueno de nuestra familia!

—Pensé que tendría que inventarme algo sobre papá a punto de perder su trabajo —mencionó James, divertido—, pero no fue necesario. Skeeter odia a Selwyn.

—¿Y eso por qué?

—Es su ex —contestó Lorcan, su voz distorsionada por la varita de regaliz que tenía metida en la boca.

—¿Su- qué? —Rose casi dejó caer el periódico y se apartó de James enseguida.

En ese momento, sólo eran ellos tres en la "base" porque los demás buscaban materiales con Altair y Lily para hacer más muebles mágicos sin dañar el bosque.

—Ex —Lorcan le mostró una sonrisita y se estiró como un gato perezoso sobre el mueble que aún no estaba terminado—, salían cuando estaban en Hogwarts. Y me dijeron que Skeeter lo quería contar y Selwyn no, al final Selwyn la dejó y se casó con un mago sangrepura. Dicen por ahí que pretendía tener a Skeeter como amante y ella todavía no le perdona esa estupidez.

Rose estaba boquiabierta y Lorcan comenzó a reírse.

—¿Nunca te has dado cuenta de que Skeeter no hace un solo comentario sobre los homosexuales? Con esos escándalos que se monta, uno esperaría que le lanzase odio a todo el mundo…pero no lo hace porque sería atacarse a sí misma.

—¿Y tú cómo sabes eso? —chilló Rose, todavía sin asimilarlo.

—Te sorprendería lo unida que es la comunidad queer en el mundo mágico —Lorcan se encogió de hombros y siguió comiendo su regaliz—, hay unas historias tan interesantes- incluso de personas a las que conoces.

—Arvel y yo tenemos la teoría de que Lorcan tiene un detector de chismes incorporado y quiere quitarle el puesto a Skeeter un día —aclaró James, ya que su prima continuaba atónita.

—Pondría un arcoíris en la primera página de El Profeta —fantaseó Lorcan, moviendo la cabeza— y no estaría mal tener menos redactores sangrepuras cishetero blancos. Parece que les enseñan a escribir exactamente lo mismo y de la misma manera.

—Un día haremos una campaña para eso —señaló Rose, soltando una risita.

James le arrebató el periódico, volvió a poner el audio de Selwyn al pasar su varita frente al papel y se rio de una forma que debía copiar de Sirius Black.

—¿Y bien? —James observó a su prima—. ¿El siguiente paso es…?

Rose pareció pensarlo.

—Había chicas de Durmstrang interesadas en oír los argumentos. Su uniforme es de pantalón y entienden que es ridículo hacer ciertas actividades con falda por cuestiones de comodidad. No sé si las francesas quieran unirse —Rose arrugó el entrecejo—, las rusas echaron un vistazo, pero su director las alejó antes de que pudiese hablar con ellas. Después de la primera semana de protestas, ya debe estar listo el uniforme de Al.

Entonces sí que se giró hacia James, con las manos en la cadera.

—Y si se te ocurre decirle algo, te voy a golpear tan fuerte con mi bate que te va a salir una cicatriz idéntica a la del tío Harry.

James alzó las manos en señal de rendición y les dio una mirada incrédula a ambos.

—Tranquila —Lorcan se rio—, sabe que dice una tontería así y no sólo deja de ser mi mejor amigo, también lo vuelvo estéril a punta de maldiciones.

—Gracias por la confianza, cariño —James sacudió la cabeza—, yo también te quiero, qué bueno que eres mi mejor amigo.

—No es personal —Rose suavizó su voz—, es que eres…ya sabes.

James arqueó una ceja.

—Eres…el prototipo perfecto de chico cishetero deportista que entra en todos los estándares de masculinidad aceptados —susurró Rose, encogiéndose de hombros.

—Ah, claro, y porque tú dices que soy así, se supone que soy una mierda como persona y está bien que lo asumas y digas que me vas a golpear, ¿verdad? —James se cruzó de brazos y aguardó su respuesta, mucho más serio que de costumbre.

Rose no supo qué contestarle que no sonase todavía peor y James se marchó dando zancadas después de decirle que le avisase cuando Albus fuese a usar el uniforme de Beauxbatons.

Lorcan suspiró en cuanto él salió y mordisqueó la punta de su regaliz durante unos segundos.

—Suéltalo —Rose gesticuló hacia él—, dame ese regaño que me quieres dar, pero en serio, ¿cómo iba a saber yo que le afectaría eso? ¡Es una obviedad! ¡Es James!

Lorcan siguió peleándose con su regaliz durante unos instantes. Ya que ella no paró de verlo, se encogió de hombros.

—Creo que es común asumir eso cuando lo ves desde afuera —murmuró—, incluso si yo viese a un chico como James me preguntaría si saldrá con una estupidez homofóbica, supongo.

—¿Pero?

—Cuando dices que las chicas no deben ser obligadas a algo por ser chicas…todo el mundo debería estar de acuerdo con eso —Lorcan hizo desaparecer su vara de regaliz con magia y se levantó—, pero sería lindo, para variar, que considerases las cosas a las que los chicos se sienten obligados por ser chicos. Y lo difícil que es…ya sabes, soltarlo y comportarse con un poco más de libertad en privado.

Cuando Lorcan estaba por salir, recordó algo y la apuntó.

—Por cierto, lo de asumir género y orientación también está bastante feo, ¡piénsalo! —Y se despidió con un gesto teatral.

Rose ocupó el asiento que él usaba antes y estuvo dándole vueltas a una idea hasta que los demás llegaron.

—¿Y James? —Albus miró alrededor al no encontrar a nadie más allí—. Se suponía que él iba a arreglar lo de los muebles nuevos, ¿a dónde se metió ese idiota?

—Tenía que hacer algo —Rose negó e intentó sonreír—, no importa, escribió los hechizos necesarios en un papel hace rato y están por ahí…

En cuanto los chicos se distrajeron leyendo el pergamino e intentando que Adhara no lo tocase con su lengua, Rose atrapó el brazo de Lily y la jaló hacia ella.

—¿Qué, qué…?

—Quiero añadir algo a nuestra campaña —susurró Rose, formando un puchero en cuanto su prima le frunció el ceño. Lily odiaba alterar sus planes una vez hechos—, algo pequeñito, no será más de una tarde, todavía no, para después- anda.

—Pensé que todos nuestros puntos ya estaban cubiertos —alegó Lily, cruzándose de brazos en cuanto se soltó de su agarre.

—Sí, sí, lo están, es que- —Rose resopló—. Olvidé considerar algo y me siento como una tonta. Incluso McGonagall se dio cuenta y yo no lo agregué…

Lily suspiró, resignada, y sacó su tablet mágica para hacer nuevas notas.

A medida que se lo explicaba, Lily lucía cada vez más confundida.

—¿Y por qué haríamos eso?

Rose pensó en el primer arete mágico que Scorpius le compró. Había tenido miedo de lo que pensarían de él, incluso sus propios amigos. Aunque no se lo hubiese dicho, también sabía que Albus había llegado a creer que podía tener "algo malo".

—Creo que…incluso si conseguimos que todas las chicas estén cómodas, si hay alguien que no es una chica y también tiene un problema con algo como esto- algo tan sujeto a los roles sociales, quiero decir —Rose gesticuló al no saber cómo explicarse—, entonces el problema no ha acabado, ¿no te parece? ¿Podemos pensar en una parte y dejar que alguien más siga sintiéndose obligado de la forma en que no nos gusta serlo a nosotras?

Lily lo consideró.

—Bueno, no creo que puedas compararlo, pero es tu campaña…

—¿Por qué tendría que compararlos? Las dos cosas son importantes para las personas a las que les pasan.

—Bien, bien, ya, lo que tú digas —Lily resopló y tecleó algo más sobre la tablet.

Mientras la veía, Rose decidió que sus planes para ese año tendrían que extenderse un poco más de lo pensado inicialmente. No le importaba. Su madre le dijo que tenía que pelear por cualquier cosa que le pareciese correcto hacerlo.

—0—

En la Torre de Gryffindor, James estaba recostado en su cama, con las piernas colgando de un costado y frunciéndole el ceño al techo de su dosel.

Lorcan caminó hacia él arrastrando los pies, se tendió a su lado y puso la cabeza en su pecho, en el ángulo en que podía oír su corazón.

Estuvieron unos segundos en silencio. Después Lorcan soltó una risita.

—Estoy seguro de que no cumples muchos estándares de masculinidad cuando estás bailando en el baño mientras te peinas. Al menos no tantos con "take me to church".

—Es una gran canción —susurró James con una sonrisita.

—¿"Medicine"?

—También —se defendió James—. Y la cara de Arvel cuando me oye es lo más gracioso que he visto desde que pasaste una semana con el cabello teñido como la bandera gay y se enteró de por qué…

—Debería hacerlo de nuevo —dijo Lorcan, divertido—. ¿Me ayudas a teñirme, cariño? Necesito sentirme atractivo para el desastre que nos vamos a montar estos días.

—Sabes que tengo una lección con McGonagall en un rato, me estará esperando en su oficina…

Lorcan se apoyó sobre los codos para alzarse un poco sobre él.

—¿Pongo medicine y me lo tiñes mientras cantas? Eso sí te convence, ¿verdad?

Le guiñó y James comenzó a reírse.

—¡Eso es un sí! —decidió Lorcan, poniéndose de pie de un salto. Enseguida lo arrastró con él.

En otra parte de Hogwarts, una bruja observaba una bola de cristal y llamaba a su compañera con un gesto.

—Lily Potter.

—¿Segura?

Ella asintió.

—Y Nesrine Nott. Serán perfectas.