El niño maldito
Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.
Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.
Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
La Hermandad
Albus se paró frente al espejo e inhaló profundo.
—Quizás el color no me va. ¿Tú qué dices?
Se giró para ver a Scorpius, que se había detenido al agacharse para sostener a Adhara. Se encontraba medio sentado, con los brazos extendidos hacia el suelo y la boca entreabierta.
Albus usaba una versión un poco modificada del uniforme femenino de Beauxbatons. Su vestido, la túnica corta, pero Nesrine consiguió que su madre agregara unas botas hasta las rodillas en lugar de los botines que usaban las estudiantes francesas. Por insistencia de Lily (y porque le gustó la idea, para qué negarlo), lo acompañaba con unas medias hasta la mitad del muslo terminadas en unos lazos idénticos a los que tenían los guantes a la altura de la muñeca.
Había decidido que no haría crecer su cabello ese día. Fue difícil armarse de valor para esto, repitiéndose que no le hacía falta llevarlo largo cuando usaba algo así. Que la longitud del cabello no cambiaba nada. Al final, se sentía bastante bien cuando lo peinó tanto como era posible, porque pudo hacerle una pequeña trenza adelante para que no hubiese mechones en su cara y el gorrito puntiagudo no daba señales de estar por caerse si se movía.
Por un instante, su pecho se llenó de una emoción tan grande y maravillosa que sentía que podía explotar. Luego le entró el miedo.
Pero al ver que Scorpius boqueaba, parte de esa emoción regresaba, junto a los burbujeos en el estómago.
Albus sostuvo uno de los lados del gorrito.
—¿Me queda mal? —musitó.
Su mejor amigo sacudió la cabeza enseguida.
—No, no- —Scorpius se enderezó, olvidándose de recoger a Adhara del suelo—. Te- te ves-
Dejó escapar una risita y balbuceó algo. Albus tuvo que contener una sonrisita.
—¿Qué? —insistió, divirtiéndose con su reacción—. ¿Cómo me veo?
Unió las manos por delante del cuerpo y aguardó una respuesta. Scorpius gesticuló, pero ninguna palabra salió.
La puerta del cuarto se abrió y Altair hizo una pausa bajo el umbral. Se fijó en Albus por unos segundos.
—Te queda bien. Una de las medias está un poco arrugada, la derecha, esa- no la estiraste tanto como la otra.
—¿Qué? ¿En serio? —Albus se volvió a ver en el espejo y comenzó a tantear su pierna para ajustarla—. Yo la veo- ah, no, sí está arrugada allí abajo-
Ahogó un quejido.
—A ver, a ver —Altair sonaba divertido al acercarse a Albus. Se agachó a su lado y le ayudó a aplanar la tela entre el final de la bota y el inicio de la falda—, ¿ves? Aquí están los dobleces. Nes te dijo cómo ponértela por eso-
—Sí, "como medias de bailarina" dijo.
—¿Y lo hiciste así? —Altair le dirigió una mirada escéptica.
Por supuesto que no. Se sentía ridículo intentándolo. Sólo la puso en su pie y subió, aprovechándose de que era una tela que resistía más que cualquiera diseñada por los muggles y no se rompería tan fácil como aquellas a las que Nesrine hizo referencia.
—Bien —Altair examinó la tela de nuevo con una expresión muy seria—, ¿las cintas sí las amarraste como te dijo?
Albus titubeó y él rodó los ojos, pero antes de que pudiese ayudarle, miró hacia un lado y retrocedió un poco.
—Creo que eso deberías hacerlo tú en el baño, ¿no? —Y cabeceó sutilmente hacia Scorpius, que estaba parado a unos pasos, mirándolos con el entrecejo arrugado.
Albus asintió y se metió al baño. Cuando salió un momento más tarde, apenas captó lo último de la conversación entre ambos.
—¿…decirle qué?
—Nada —Altair sonaba resignado.
—¿Qué tal ahora? —Albus volvió a acomodar el gorrito sobre su cabeza y dio una vuelta para que lo viesen.
Scorpius sonrió y aplaudió. Codeó a Altair para que hiciera lo mismo.
Albus se rio y recogió el relicario que tenía sobre la mesa de noche. Lo abrió y el Severus del retrato tardó unos segundos en aparecer.
El antiguo profesor se pasó un momento con una expresión pensativa.
—¿Cómo te sientes con eso?
—Bien —Albus no se dio cuenta de la gran sonrisa que tenía. Era una de las pocas veces que lucía así fuera de los instantes en que se encontraba a solas con Scorpius.
Severus asintió.
—De acuerdo —Fue lo único que dijo.
Albus resopló, divertido.
—¿Ni un cumplido?
—Parece hecho para ti —soltó Severus, removiéndose un poco por la obvia dificultad que suponía para él intentar dar con un halago en esa situación.
—¿Tal vez porque lo está? —Albus soltó una risita y lo agradeció de todos modos.
Severus reparó en ese gesto y procuró no poner su expresión más amargada. Quizás la segunda más malhumorada. Albus estaba lo bastante feliz para reír tanto y eso era lo que importaba.
—Toma —Scorpius le tendió a Adhara—, por si quieres algo de compañía.
—Nada dice más "bonita y letal" que un vestidito y una mamba negra de tres metros, ¿no? —Albus la aceptó con gusto y la serpiente se enroscó en su cadera a manera de cinturón, estiró el cuerpo y envolvió sus hombros por la parte de atrás. Un segmento de la cola colgó del costado de Albus.
—Cuando te molesten, porque alguien te va a molestar —aclaró Altair, mientras tomaba una pequeña caja de madera que tenía bajo la almohada y la encogía lo suficiente para llevarla en el bolsillo—, le tiras a Adhara.
Scorpius le dio una mirada de reprimenda a lo que Altair respondió con un "sabes que lo harán".
—No hará falta porque no vamos a dejar que te molesten —insistió Scorpius, ofreciéndole su brazo—. Rose estaba puliendo su bate de Golpeadora esta mañana, yo hablé con el profesor Potter sobre un hechizo cegador y Altair- realmente no estoy seguro de cuál es el plan de Altair.
—Cuánto menos sepas, mejor —alegó Altair, regresando junto a ellos. Se puso al otro lado de Albus y le tendió su brazo—. Eres muy valiente. Es sólo que las demás personas a veces son muy tontas.
Llegaron a la Sala Común uno al lado del otro, dando pasos cortos, ya que Albus se acostumbraba a las botas en las escaleras. No tenían tacón, pero sí una pequeña plataforma que lo dejaba igual de alto que Scorpius y Altair.
—Oh, Merlín —Fue la primera reacción que recibió de una chica de séptimo, sentada junto a la chimenea—. ¡Amo tus botas, Ally!
Claro que los Slytherin ya lo vieron vestirse de forma similar cuando estaba en la obra del club de teatro, por lo que no hubo un gran escándalo. El que tuviese un cumplido, lo decía, y el que no, se callaba. Era casi una norma de la Casa no atacar a otro Slytherin.
—El gorrito es una imitación perfecta —agregó otra chica, un poco más allá—, se ve bien como lo pusiste inclinado.
—Las chicas francesas van a envidiar los guantes…
—No te ves mal para ser un duende —dijo uno de los chicos de sexto y le sacó la lengua. Alguien le lanzó un cojín.
Al llegar a la salida de la Sala Común, Albus descubrió que alguien puso un aviso sobre ese día en el tablero de anuncios.
"El que diga algo horrible sobre Albus Potter usando vestido o lo moleste de algún modo por eso va a tener que buscarse otro lugar donde dormir. No nos importa género ni edad de quien lo haga.
Sí, es una amenaza.
—Prefectos de sexto y séptimo"
Albus sonrió. Adhara siseó para darle ánimos también.
Cruzaron la salida.
Hogwarts fuera de las mazmorras de los Slytherin podía ser otro mundo.
—0—
Harry se preparaba para un taller extra de Defensa contra las Artes Oscuras nivel Avanzado para secciones de Durmstrang y Koldovstoretz. Verían los hechizos de sangre con muñecos, cómo desviarlos y qué hacer en caso de que tuvieses que ayudar a alguien a quien le lanzaron uno (o a ti mismo). Estaba tan nervioso como emocionado.
Luego estuvo un poco más nervioso que emocionado cuando Sirius se asomó en el salón y le dijo:
—Harry, Al está…usando un uniforme de Beauxbatons. El de chicas —Hizo una pausa—. Y creo que las francesas le tienen algo de envidia a sus botas.
—¿Tu hijo usa vestidos? —La fantasma, que estaba a su lado, sólo visible para él, arqueó las cejas—. ¿Al no es el del medio? ¿El que hizo el papel de una chica para la obra escolar del año pasado?
A Harry casi se le cayeron sus apuntes.
—Al no estuvo en la obra, ese era Scorpius.
La fantasma le dirigió una mirada de lástima.
—Estoy segura de que "Ally" era Albus Potter, querido.
Harry no pudo decirle que era ridículo que Albus hubiese estado en una obra escolar y nadie le hubiese dicho algo, porque ya caminaba hacia la salida. Sirius apuntó al pasillo por el que lo vio y él no tardó en notar lo mismo que su padrino.
Albus, usando un uniforme modificado de Beauxbatons, se encontraba apoyado en una pared y gesticulaba al explicarle algo a una chica francesa. Ella se había sentado a su lado y parecía preguntar por sus zapatos. Adhara se enroscaba en el espacio entre ambos.
Pues sí era su Albus.
Harry abrió la boca, la cerró y se preguntó qué haría Hermione.
Su mejor amiga le dio una charla sobre identidades, sexualidades y la importancia de no asumir ninguna en sus hijos cuando James cumplió los doce. Harry había salido más confundido que cuando le dio "la charla" en su segundo año en Hogwarts, pero una cosa le quedó clara:
Ante algo como esto, Albus necesitaba sentir que era comprendido y aceptado.
Ahora, ¿cómo se hacía para que un adolescente se sintiese comprendido y aceptado?
¿Era posible al menos?
Le dio un golpecito a Sirius en el pecho.
—¿Qué harías si fuese tu hijo, pads?
Sirius se llevó una mano a la barbilla y fingió pensarlo con su expresión más seria.
—Le preguntaría de dónde lo sacó, porque vaya que está bien hecho.
—¿No le preguntarías nada más? —insistió Harry—. ¿No querrías que te dijese algo?
Sirius sacudió la cabeza, ceñudo.
—Hubiese preferido que mis padres no me preguntaran nada la primera vez que me pinté las uñas. Aunque más que "preguntar", fue una amenaza con encerrarme si no me sabía "comportar como hombre" —Lo miró de reojo—. ¿A ti te afecta en algo que se vista así?
Harry se apresuró a negar.
Suponía que una ventaja de la fortuna Potter era que sus chicos pudiesen elegir cómo vestirse, en lugar de utilizar ropa desgastada que no era de su talla. Él realmente no les exigía que esa ropa fuese de un modo o de otro, excepto por los uniformes de Hogwarts.
Tal vez eso fuese producto de esta libertad, pero no lo veía como algo negativo.
—Albus se ve…feliz, ¿verdad? —murmuró Harry, tras considerarlo durante unos segundos.
Albus acababa de soltar una carcajada y era tan extraño verlo así. Casi deslumbraba y esto hacía que Harry se emocionase.
A veces tenía miedo de que Albus no fuese feliz y él no se enterase o no pudiese hacer nada para ayudarlo.
Ojalá pudiese estar así más seguido.
Sirius lo codeó con suavidad.
—Pues ya tienes parte del trabajo de buen padre. Eres mucho mejor que los míos, eso sin duda.
Después de decirle esto, corrió hacia Albus. Se transformó en perro a mitad de camino y Albus gritó cuando casi presiona las patas contra su vestido. Adhara comenzó a pelearse con pads, siseándole.
Luego de una breve consideración, Harry regresó a su escritorio. Tomó sus apuntes y suspiró, aunque no pudo concentrarse.
¿Debía ir y decirle algo, pese a lo que le contestó Sirius?
¿Albus querría que le dijera algo?
Y si era así, ¿qué? ¿Que le quedaba bien?
Cuando Lily ponía más atención a su ropa o cabello le gustaba que le diesen cumplidos. ¿Sería igual con Albus?
Harry se dio cuenta de que no le daba tantos cumplidos a James y a Albus como a Lily y se hundió en una faceta de "soy el peor padre del mundo, van a creer que tengo una favorita y me van a odiar cuando cumplan veinte".
La fantasma se materializó de nuevo y se "sentó" en el costado de su escritorio.
—En mi época, un chico no saldría así —Ella hizo una pausa—, es bueno que los tiempos cambien. Tal vez a Eileen le habría ido mejor en esta época.
Harry salió de su pozo imaginario despacio y frunció el ceño ante el nombre familiar.
Ella no le había hablado de su vida fuera de ser profesora.
—¿Eileen?
—Mi sobrina —La antigua profesora pareció más triste y transparente al decirlo—, mi pobrecita niña.
—¿Por qué dice que le habría ido mejor ahora?
Ella arrugó el entrecejo.
—Eileen salía con un chico- un buen chico —Asintió un par de veces—, pero le gustaban las faldas y esas cosas- en Hogwarts podía ocultarse, pero no a nuestra familia. Eileen sufrió mucho cuando le dijeron que la comprometieron con otro mago. Se suponía que se escaparían juntos al mundo muggle, pero él…
La fantasma sacudió la cabeza. Harry creyó oír un débil murmullo de "no pudo llegar".
—La echaron de la familia, se quedó sola en el mundo muggle y entonces yo iba a…—Ella se fijó en un punto en la nada y frunció el ceño—. Iba a…iba...
Su constitución vaciló y ella emitió un débil quejido.
—Me duele-
—Está bien, está bien —Harry acercó sus manos como si pudiese sostenerla—, no te fuerces, no es necesario…
Parecía que tendría que contactar con Hermione para hablarle de Albus y con Luna para contarle sobre una fantasma confundida. No creía que estuviese allí en realidad por el puesto de docente, como Binns.
—0—
Lily y Nesrine caminaban por el pasillo que daba hacia la Torre de Ravenclaw, enganchadas del brazo, cuando uno de los retratos se abrió hacia afuera y Nesrine fue arrastrada dentro del agujero por un hechizo de succión. Lily se aferró a ella y fue jalada también.
Cayeron por una pendiente de piedra. Nesrine la sostenía con fuerza, soltando grititos en francés. Lily miraba en torno a ellas, intentando buscar un punto que conociese del Mapa que James solía llevar.
Al llegar al final de la pendiente, fueron arrojadas sobre una alfombra roja y gruesa, una buena imitación del cabello de una gran criatura. La nueva sala tenía paredes de piedra cubiertas de estatuas tamaño real de varitas, y al fondo, un cuadro con un gran cristal en forma de diamante.
Perfecto, pensó, una sala que no existe. Debe ser la suerte Potter de la que nos advirtió la tía Hermione.
Pronto unas chicas entraron a través de un pasadizo que se abría en el costado de la sala en un ángulo que creaba el efecto óptico de que en verdad no estaba ahí.
Lily puso un brazo frente a Nesrine y la empujó un poco hacia atrás, por lo que ambas retrocedieron juntas.
—No debes tener miedo, hermanita —le dijo la chica que iba adelante del grupo. Todas vestían túnicas blancas.
Francamente era un poco aterrador ver a diez brujas vestidas igual en una sala extraña y más si la llamaban así.
—Tengo dos hermanos y estoy segura de que ninguno está aquí. ¿Qué quieren? —susurró Lily, deslizando la varita fuera de su manga con la mano que tenía libre. Notó que Nesrine también sacaba la suya.
—Queremos darles la bienvenida —La chica caminó hacia el cuadro al fondo y empujó el cristal.
En cuanto este se hundió, el retrato se desplazó hacia arriba a través de una abertura y dejó en su lugar un antiguo boceto de una bruja en un lugar que sólo podía ser el patio de Hogwarts.
Usaba un broche en forma de león.
Lily titubeó, pero mantuvo la varita en su mano.
—No hace falta estar a la defensiva aquí —La chica caminó hacia ellas. Sonreía—. Somos la Hermandad de la Luz. Y esa de ahí es Ofrelia Gryffindor. Como buenas Ravenclaw que son, al menos querrán oír toda la historia antes de apuntarnos, ¿no?
Nesrine sostuvo el brazo de Lily y la sacudió, ahogando un grito.
—¡La sala de armas de Gryffindor, Lil!
Las armas debían ser esas estatuas de varitas, si su teoría era acertada. No era lo que Lily esperaba de una sala de armas, pero después de que un Fundador puso un Basilisco en el colegio, supuso que no debía tener expectativas altas sobre ellos.
La chica que tenían al frente asintió.
—Yo soy la hermana Cristal —se "presentó"— y me disculpo en nombre de la Hermandad por esta forma tan brusca de traerlas. Ofrelia dejó instrucciones sobre las iniciadas y ella era un poco…ruda.
Lily volvió a fijarse en el boceto de la bruja.
—¿Se supone que es la hermana de Godric o algo así?
—Su hija, en realidad —puntualizó otra de las chicas, que hasta entonces había mantenido su distancia—. Tenemos el árbol genealógico en el siguiente cuarto, por si quieres comprobarlo.
—No, gracias —Lily se movió despacio, tirando del brazo de Nesrine para llevarla con ella—. Nos gustaría más volver al pasillo, tenemos cosas que hacer.
—La hermana Cristal está segura de que esto te interesará —avisó otra de las brujas vestida de blanco—, porque ha visto de lejos la figura del niño maldito y te ha visto a ti bastante cerca de él.
Lily hizo una pausa, a punto de darse la vuelta, una de sus manos en el antebrazo de Nesrine, la otra en la varita.
—¿A qué se refieren? —murmuró Nesrine, vacilante.
—Cristal puede ver algunas cosas en la bola de cristal, de ahí el apodo —les explicó una tercera chica. Las demás guardaban silencio en una fila al fondo y era un poco espeluznante, en opinión de Lily.
—Vengan por aquí, por favor —Cristal se giró y caminó hacia el pasaje al final del cuarto.
—No, gracias —repitió Lily, sin ganas de meterse en otro problema. Ni siquiera tenía su tarea lista.
Cristal le hizo un gesto a una de las chicas y lo único que captaron fue un "tráelo". Luego esta desapareció en el pasaje y regresó tras un momento con un cofre antimagia; el aura traslúcida lo delataba. Ella se los mostró y lo abrió con cuidado.
Del interior sacó un pergamino que hizo levitar entre ambos grupos.
Era una profecía.
—Oh —soltó Nesrine en voz baja.
—"Será el tercer mago —leyó Cristal en un tono firme y claro— y se mezclará entre los demás. Habrá más a su lado. Cuida que no abra la puerta, la luz puede enfrentar a la oscuridad, pero sólo los más cercanos lo vencerán".
Lily empezó a arrugar el entrecejo, porque eso no era lo que decía ahí. A medida que la escuchaba y se fijaba en el pergamino, las letras cambiaban de posición y de formas, dando un mensaje diferente.
"Quien ha conocido el futuro puede ver la verdad en el papel. Será el tercer mago. La puerta peligra, pero la luz no vence a las sombras. Céntrate en el fuego y no serás quemada. Céntrate en la oscuridad y no serás devorada"
—¿Estás viendo un mensaje diferente? —Nesrine habló lo más bajo que pudo, mientras Cristal le agradecía a la chica que le llevó el pergamino y lo regresaba dentro de la caja.
Lily respondió con un cabeceo y se sintió aliviada. Al menos no era sólo un efecto secundario de su "suerte Potter".
—Así que…—Lily titubeó—. Ofrelia Gryffindor creó un salón de armas para…
—Para formar una hermandad que pudiese evitar que el niño maldito abra la puerta —indicó Cristal, muy seria—. Hemos sabido durante todo este tiempo que se trata de un hombre, así que Ofrelia ordenó que en la Hermandad sólo hubiesen mujeres. Cuando dejamos Hogwarts, nos encargamos de vigilar constantemente el mundo mágico en busca de alguna señal de la puerta o del niño maldito.
Nesrine apretó el brazo de Lily en ese instante y ella entendió lo que le preocupaba, porque comenzaban a pensar lo mismo. El mensaje oculto del papel hablaba de "conocer el futuro" y lo más similar a eso que podían conocer era la visión de Scorpius y Albus en unos años.
Quien hechizó el pergamino pretendía distraer a esa "Hermandad" o enviarlas en la dirección incorrecta. O quizás incluso utilizarlas para algo. No creía que fuese bueno, sin importar qué objetivo tenía al hacerlo.
—Realmente no creo en las profecías ni en la adivinación, lo siento —alegó Lily, retrocediendo otro paso—. La fe en esas cosas ha dañado suficiente a mi familia.
Cuando una de las chicas estaba por replicar, ceñuda, Cristal le pidió que se calmase y sonrió.
—¿Qué tal si ves una prueba? El niño maldito se encuentra en alguna parte de Gran Bretaña en este momento, nuestras hermanas fuera de Hogwarts lo han confirmado.
—¿Cómo? —indagó Nesrine.
—Durante las vacaciones de invierno del año pasado, unos monstruos de los que siempre nos han advertido en la Hermandad fueron captados por nuestras hermanas mayores —les contó Cristal—. Ellas me enviaron una bola de cristal con algunas modificaciones para intentar buscar una señal de su paradero, pero hasta ahora sólo he visto a Lily muy cerca de una figura oscura.
—Creemos que Lily será la hermana que lo envíe a la luz-
—Suponiendo que quiera unirse a la Hermandad —Cristal le dirigió una mirada de reprimenda a su compañera y volvió a centrarse en ellas.
Lily hizo un rápido repaso mental de la información que tenían y sacudió la cabeza.
Dio otro paso atrás. Para ese momento, al notar cuál era su principal objetivo, Nesrine estaba casi delante de ella, cubriéndola a medias.
—La verdad es que no puedo unirme —se excusó Lily—, ya estoy en un grupo mágico y una de las reglas es no entrar a otro. Es una cuestión de lealtad.
El Aquelarre no tenía nada como eso, pero ellas no necesitaban saberlo, claro.
—Suena a que hacen algo importante aquí y espero que puedan conseguir su objetivo —siguió, dando otro paso más lejos—, pero en verdad no soy mi papá, no pienso que sea mi deber meterme en algo así y salvar el mundo siendo tan joven. No hace falta que lo haga. Él me lo dijo.
Su padre les prometió, cuando eran tan pequeños que no podían entenderlo del todo, que no correrían los mismos riesgos que él. Que si llegaba a ser necesario, él los correría de nuevo en lugar de ellos. Lily podía imaginar su expresión preocupada si se enteraba de en dónde estaba metida.
Cuando casi se resbaló al final de la pendiente por la que llegaron, sujetó a Nesrine y titubeó, preguntándose si tendría que enviar una señal de alarma a su padre o a los miembros del Aquelarre.
—Queremos irnos —dijo, lo más seria que podía.
Por un aterrador momento, creyó que en verdad no las dejarían ir. Luego Cristal le enseñó otra sonrisa y asintió.
—Permite que haga aparecer unas escaleras para ustedes dos…
Con un par de hechizos formó unas escaleras donde antes sólo había una pendiente y ambas se alejaron sin mirar atrás.
—Siempre serán bienvenidas. Vuelvan cuando quieran. También se pueden acercar a nosotras en los pasillos si necesitan algún tipo de ayuda, incluso si no son de la Hermandad.
Lily no se sintió tranquila hasta que salieron por el retrato que se las tragó. Nesrine continuó moviéndose por el corredor, llevándola del brazo, y no se detuvo hasta encontrarse en la Sala Común de Ravenclaw.
Sólo allí, hicieron una pausa, con las espaldas pegadas a la pared.
—¿Reconociste sus caras? —susurró Nesrine, escaneando la Sala Común con la mirada—. ¿Alguna era Ravenclaw?
—No —Lily meneó la cabeza—, creo que sólo vi Gryffindor y Hufflepuff.
Pero por precaución, siguieron hacia su cuarto y cerraron la puerta desde adentro. Una vez allí, estuvieron en silencio durante algunos segundos, analizando la extraña situación en que se vieron envueltas.
Nesrine se dejó caer sobre el borde de su cama y jugueteó con la varita entre sus dedos.
—¿Se refieren a Scorp al decir "el niño maldito" o es mi imaginación?
—¿Podría ser alguien más, si le agregas el mensaje oculto sobre el futuro y las sombras? —alegó Lily, negando—. Sería demasiada casualidad.
—Bueno, pero…—Nesrine volvió a vacilar—. No hay de qué preocuparse en ese sentido, ¿no? Scorp está bien- es bueno, tu medidor de bondad de Scorp sigue alto.
Más que eso. Lily no había reducido el color blanco en lo más mínimo desde que lo dibujó. Casi sonrió al pensarlo.
Pero luego repasó de nuevo las palabras de esa "Hermandad" y se cruzó de brazos.
—Si se supone que deberían prevenir algo…¿por qué hay dos mensajes diferentes en el mismo papel?
—Yo me preocuparía más por quién es Ofrelia —agregó Nesrine, ceñuda—. Hubo teorías sobre que la hija de Ravenclaw era de Slytherin…¿pero Gryffindor? Todo el mundo se habría enterado si hubiese tenido una hija también.
—¿Alguien podría haberse hecho pasar por hija de un Fundador?
Lily se horrorizó al pensarlo. Esto podía desarticular sus planes. No debían enterarse de su relación con las sombras, ni mucho menos la de Scorpius en los eventos de diciembre.
—Lil —Nesrine pareció considerarlo—, me gustaría contarle a uno de mis padres.
Lily parpadeó un par de veces, desorientada.
—¿A tus padres?
Nesrine asintió.
—Son muy buenos investigando y tienen acceso a más recursos que nosotras. Además, me sentí muy incómoda hablando con un grupo que podría estar en contra de Scorpius —Nesrine se pasó una mano por el brazo, como si le picase donde solían salirle las primeras plumas cuando se alteraba—. Mi padre es su padrino y mi madre le tiene mucho cariño…estoy segura de que podemos hablarles de algo así y tener respuestas más rápidas. Por nuestra seguridad y la de Scorpius. ¿Qué harán si se enteran de que es él y está aquí, en Hogwarts? ¿O…si saben qué es Altair?
Se había olvidado de ese detalle. Altair era tan normal en muchos sentidos, tan humano. Si ellas supiesen qué tipo de magia lo formó y por qué estaba tan pegado a Scorpius…
—Vamos a decirles —aceptó Lily de inmediato en un tono más angustiado.
No debían permitir que lo supiesen o Hogwarts no sería seguro para los Malfoy.
—0—
Un mago envuelto en una capa negra corrió a través de un pasillo y empujó la puerta a la sala con su cuerpo, abriéndola con brusquedad.
—¡Mi Señora, mi Señora…!
La plática dentro de la sala se detuvo. Astoria se giró en el asiento para verlo.
—¿Qué te pasa, Hugo?
Hugo tomó una profunda bocanada de aire, pero comenzó a reírse en un instante.
—¡Lily Potter ha rechazado entrar a la Hermandad!
Astoria soltó un "oh" y se fijó en el esquema que tenían en una de las paredes de la sala. Una línea de tiempo de los próximos años creada con la mayor precisión posible.
Movió su varita y la parte de "ingreso de Lily y Nesrine a la Hermandad, octubre, 2020" fue tachada.
—Es un poco pronto para tachar las acciones que le siguieron a esto…
Enlazadas a esa por los mismos colores tenían eventos como "encuentro de Nesrine con la Cofradía, junio, 2021", "separación de Lily y Nesrine, marzo, 2024. Lily Potter se queda en la Hermandad", y la que más le preocupaba: "Lily Potter se vuelve una líder de la rebelión y tiene como objetivo matar al niño maldito. 2027".
Hugo se acercó a la línea de tiempo en la pared y la admiró con una sonrisa enorme.
—No perdimos a Rosie, ni a Lily…rescataremos a Jaimie —Se volvió a reír y la observó a de reojo—. Lo estamos haciendo muy bien, mi Señora.
—No estoy segura de eso —Astoria se fijó en lo que se predijo para ese trimestre, sacudió la cabeza y tomó el pergamino que le ofreció la bruja a su lado—. Necesito que eches un vistazo a esto, Hugo.
—Por supuesto, mi Señora…
—0—
En la pequeña madriguera, mientras ninguno estaba en casa, una lechuza depositó sobre la mesa un papel con una letra y se colocó en la percha desde la que tenía acceso a agua y comida. Hermione pensó que si tenían una visita regular, al menos debían ofrecerle eso; el animalito no eligió a quién pertenecer.
Una sola letra, de nuevo. Una R. Al igual que la última, una Y, tenía un color diferente a las primeras tres.
