El niño maldito
Sumario: El ascenso de un posible reemplazo de Lord Voldemort amenaza con arruinar las tranquilas vidas de las familias Potter y Malfoy al rodear de sombras a la nueva generación, traer recuerdos borrosos del pasado…y una visión terrible de lo que podría ser su futuro.
Género: ¿Aventura? Yo diría que es un desmadre mágico con slash.
Claves: súper mega lento slow burn con trama desmadrosa y larga. Drarry, Scorbus, parejas secundarias.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Una cita para el Yule
Dieron la noticia una noche a mediados de noviembre en que Albus le fruncía el ceño a un artículo en El Profeta sobre la desaparición de un par de magos jóvenes, por lo que no prestó atención hasta que sintió un codazo en el costado.
Miró a su prima con una expresión cansada.
—¿Por qué no estás en tu mesa, Rose?
Rose llevaba diez minutos atragantándose con todos los productos de origen animal que deberían ser de la porción de Albus, pero que no pensaba comerse por sus principios, y era sorprendente que no se hubiese muerto por ahogamiento aún y más todavía que pudiese hablar de forma casi entendible.
—¿Qué? —Albus frunció más el ceño cuando no captó lo que decía y su prima tragó antes de repetirlo.
—Que si oíste lo de la fiesta de Yule.
Albus sacudió la cabeza y le mostró la página del periódico que leía.
—Estaba más pendiente de esto.
Rose le echó un rápido vistazo, arrugó el entrecejo y luego enrolló el periódico. Golpeó a Albus en la cabeza con este, sacándole un quejido.
—¡¿Pero qué te pasa?!
—¡Fiesta de Yule! Concéntrate. Papá puede con esto, está dirigiendo a un escuadrón al que le van a dar un premio —Rose arrojó el periódico sobre la mesa y volvió a fijarse en él—. ¿Y…?
—¿Y qué? —Albus se encogió de hombros.
—El comienzo será en Beauxbatons porque lo mires como lo mires es el colegio más bonito. Luego podrás visitar salones de los demás colegios. Y será espectacular…
A Albus le sorprendía que su prima pudiese estar interesada en algo semejante, al menos hasta que escuchó lo que venía después.
—Sólo piensa en cuánto maquillaje, pintura de uñas y productos para el cabello puedo vender desde hoy al día de la fiesta. Necesito hacer algunos encargos nuevos, le tengo que avisar al tío George ya mismo para que tengamos todo disponible…
Sí, eso sonaba más a Rose.
Entonces ella apoyó los codos en la mesa y se inclinó más cerca, sonriendo.
—¿Hay algo que tú quieras? Te daré descuento familiar más el descuento por Yule adelantado.
—¿Qué te hace creer que iré a una fiesta en un colegio francés con un montón de Veelas?
—Mucha gente estaría interesada en una fiesta llena de Veelas —repuso Rose, bastante solemne. De pronto, se levantó de un brinco—. ¡El perfume de Amortentia!
Albus se avergonzó sólo de oír el nombre de la poción y quiso enterrar la cabeza entre sus manos.
—La Amortentia debería ser ilegal. Eso de forzar a alguien a quererte…
Era espeluznante que alguien hubiese inventado una poción para eso. Y todavía más que hubiese sido tan usada. El gran Lord Voldemort casi le daba lástima desde que se enteró de que su padre estuvo bajo el efecto de una y jamás le dio ningún consentimiento a su madre.
Simplemente asqueroso.
Rose agitó una mano, negando.
—El tío George y yo tuvimos una discusión muy seria al respecto. Ahora vendemos repelentes para el efecto de la Amortentia, por este año tenemos repelentes para el efecto de las Veelas y el perfume sólo tiene algunas gotas. No hará que te sientas obsesionado, simplemente sentirás un olor que te guste mucho viniendo de la otra persona…
Albus supuso que era más aceptable. Aún contaba como una especie de trampa, pero mientras sólo pudiese llamar la atención y no dañase a nadie, no importaba.
—¿Quieres un frasco? —Rose bajó la voz para hacerle esta pregunta.
Albus recogió el periódico, lo enrolló como hizo ella antes y le pegó dos veces. Sentía que el rostro le ardía.
—¿Por qué querría yo algo como eso?
—Ya, claro —Rose suspiró—, no lo necesitas. Tú y cierta personita ya están muy ocupados...—Y empezó a fingir sonidos de besuqueo, por lo que Albus la "atacó" de nuevo.
—Hey, hey —Scorpius soltó una risita al encontrarlos así—, ¿qué pasa aquí…?
Scorpius se había demorado por una prueba extra de vestuario y maquillaje. Se notaba que no terminaron, sino que le concedieron un rato para comer, porque llevaba el cabello peinado hacia atrás, adornado con pequeños diamantes falsos, iguales a los que usaba en los pómulos, por encima de sombras de diferentes tonos de azul.
Albus lo observó y se le olvidó que estaba por acusar a su prima de idiotez extrema.
Su estómago hizo de nuevo ese movimiento extraño y las burbujas lo distrajeron. Scorpius se percató de que lo veía en silencio y le enseñó una sonrisa que causó que lo de su estómago se repitiese.
Esto era bastante peligroso.
Rose saltó sobre Scorpius, le rodeó el cuello y empezó a contarle del anuncio de la fiesta y cómo ella sólo quería "ayudar" a Albus y fue tratada "vilmente". Albus le lanzó el periódico a la cara y Scorpius se volvió a reír. Cuando Altair lo alcanzó, lucía bastante confundido y Rose no dudó en colgarse de él también.
Después de comer, Scorpius regresó a terminar su prueba de vestuario y Altair lo acompañó. Hogwarts ofrecería una obra a Beauxbatons y viceversa y la profesora Cardella esperaba que estuviesen impecables. Supuso que su prueba sería esa misma semana y no se preocupó.
Sólo en la tranquilidad de su dormitorio en las mazmorras, abrazó la bludger lucky ball y puso el relicario abierto frente a su rostro.
Severus tardó unos segundos en aparecer en el retrato. Examinó a Albus con una expresión pensativa y luego hizo la pregunta.
—¿Qué pasa?
—¿Saliste con alguien cuando tenías mi edad?
El antiguo profesor se limitó a mantener una expresión en blanco que habría hecho creer a alguien más que lo acababa de molestar. Albus no lo creía. Más bien, diría que lo sorprendió.
—¿Y esa pregunta tan….peculiar?
Albus se encogió de hombros.
—Curiosidad. Hay una fiesta de Yule y…
Severus le interrumpió con un vago sonido de desagrado.
—Merlín tenga piedad de ti.
—¿Es tan malo? —Albus se horrorizó.
—Cuando tu padre estudiaba, hubo un Baile de Yule por el Torneo de los Tres Magos —Severus sacudió la cabeza—. Adolescentes buscando una cita…parecían fuera de control. Un inferi tendría más sentido común que un adolescente desesperado, Albus Severus.
Albus no pudo evitar soltar un sonido idéntico al de Severus momentos atrás.
—Es sólo una fiesta…ni siquiera dijeron algo sobre una cita. ¿Cómo puedes saber que querrán tener citas?
—Porque son adolescentes —obvió Severus— y tú nunca has estado encargado de sacar a adolescentes de los rosales en invierno. Si son capaces de salir de noche bajo la nieve por una tontería como esa, son capaces de cualquier cosa.
Ya que a ninguno le agradaba esa actitud, continuaron hablando y el tema se desvió a los últimos antídotos de venenos que Albus practicaba. Severus le había dado consejos que no les ofrecieron en Koldovstoretz y esperaba buenos resultados, pero los antídotos más complejos podían demorar hasta un mes.
Albus en verdad no creía que fuese a ser tan malo.
Pero se equivocó.
Por mucho.
—0—
—¿Has visto mis guantes?
James se había levantado a las seis de la mañana para prepararse antes de comenzar las clases. Se paseaba por el cuarto a medio vestir y acababa de recargarse en el poste del dosel de Arvel, quien sacudió la cabeza y siguió bostezando con una expresión que le avisaba que seguía medio dormido y no recordaba ni su nombre.
—¿Has visto mis guantes? El accio no-
—¡Qué forma de empezar la mañana! —se burló Lorcan en cuanto abrió la puerta del cuarto. Incluso le silbó y esquivó la almohada que James le arrojó, riéndose.
Su otro compañero ahogó un quejido y se asomó por su dosel con los ojos medio cerrados.
—Ustedes dos son pareja, ¿verdad? ¿Podrían al menos dejar dormir al resto?
Y volvió a esconderse tras su cortina.
—Sí, sí, eso —Arvel movió la cabeza en un gesto que pretendía ser un asentimiento, pero más bien parecía que estaba por caerse hacia adelante—, dejen dor-
James y Lorcan intercambiaron miradas. Luego caminaron hacia él, le sujetaron las piernas y comenzaron a jalar.
Cinco minutos más tarde, Arvel estaba metido en la ducha, quejándose, James vestido y Lorcan agitaba un par de guantes nuevos frente a él.
—Oh, ven aquí…—James se entusiasmó, lo abrazó y lo hizo girar en el aire, lo que causó que Lorcan se retorciese y le golpease los hombros.
—¡Ya, ya, no me puedo despeinar, James! —Lorcan empezó a peinarse con los dedos en cuanto estuvo de nuevo en el suelo.
James arqueó las cejas.
—Sí sabes que vamos a entrenar y entrenando uno suele…no verse perfecto, ¿cierto?
—Es aceptable que no me vea perfecto entrenando contigo —Lorcan lo apuntó—, pero tengo que verme perfecto si Misha viene desde el portal de Koldovstoretz tan temprano a entrenar con nosotros.
—Suerte viéndote bien después de las primeras series…
Como era muy temprano, James no notó gran cosa. Arrastraron a Arvel al campo de Quidditch, se encontraron con sus amigos de Koldovstoretz y empezaron los estiramientos para después correr algunas vueltas por el campo. Lo usual.
A medida que cambiaban de ejercicios, a veces alguien se sentaba en las gradas. Tampoco tenía nada de raro. Para el momento en que ya estaban sobre las escobas, era de lo más común que alguna de las chicas seguidoras del equipo de Quidditch les tomasen fotos.
No, lo realmente raro sobre esa mañana fue cuando salió de los vestidores ya listo para ir por su desayuno, una bonita chica le ofreció un envase con agua y James percibió un olor inusual. Le sonrió y esperó a que se fuera para aplicarle un hechizo, pero nada sucedió, así que buscó a Lorcan.
—Si andan besuqueándose, hagan un ruido y yo-
Los demás lo esperaban junto a las gradas porque James era el que tenía la llave del vestidor y el cuarto donde se guardaban los artículos de Quidditch. Lorcan le dirigió una mirada de reprimenda, poniéndose rojo, y por suerte, no, no se estaban besuqueando.
—¡Agua! —Arvel casi lloró al ver el envase—. Por Merlín, James, dame un poco, olvide mi…
—No, está-
Antes de que pudiese advertirle, Arvel ya tenía el envase a unos centímetros de su boca abierta y dejó caer un chorro dentro. Fue una terrible idea. Un segundo más tarde, se lanzaba sobre James y le decía que siempre lo amó.
Sus amigos de Koldovstoretz se echaron a reír, James le pedía auxilio a Lorcan con la mirada y su mejor amigo sólo arqueaba las cejas con una sonrisa malvada.
—¿Quiénes se van a besuquear ahora?
—¡Lorcan! —se quejó James, trastabillando para no quedar atrapado en el abrazo de Arvel.
Y esa es la razón por la que un grupo de adolescentes apareció en la puerta del dormitorio de Draco Malfoy incluso antes del desayuno.
Después de aplicar un hechizo que James desconocía a la botella, el líquido se tornó de un profundo rosa y Draco le dio un antídoto que mandó a dormir a Arvel. Entonces le devolvió a James su botella contaminada.
—Ya me temía que tendría que poner un aviso en el Gran Comedor de "no aceptes bebidas de nadie estos días" —mascullaba Draco, frotando sus párpados—. Le dije a la directora que debíamos sacar esas pociones del temario…
James se encogió un poco, a pesar de que no hizo nada más que quitarse a su compañero de encima.
—Gracias, profesor.
Draco volvió a verlo, suspiró y le revolvió el cabello.
—Ve a comer algo. Tal vez en la clase de hoy seas mi ayudante de nuevo, eh.
James abandonó la oficina de muy buen humor, seguido por sus amigos, excepto Arvel, que fue enviado a la enfermería hasta que despertase.
No tenían idea entonces de que sólo era el comienzo del caos previo a la gran fiesta de Yule.
—0—
Para la hora de la cena, Draco arrastraba los pies al entrar a la cocina. Saludó a los elfos, recogió un plato, lo llenó con lo que le apetecía y fue hacia la silla libre junto a la chimenea.
Tan pronto como se sentó, extendió las piernas y puso los pies sobre el regazo de Harry, que estaba en la silla contraria, leyendo una carta. Él entrecerró los ojos en su dirección, pero no le dijo nada al respecto y siguió leyendo.
—¿Día pesado?
Draco lloriqueó.
—Más de diez Amortentias en un día, ¡uno! Y sólo es el primer día después del anuncio de esa dichosa fiesta…¿por qué les cuesta tanto buscar una manera de llamar la atención de quien les gusta que sea normal, natural y que respete el libre albedrío de la otra persona?
—No les importa —Harry sacudió la cabeza y suspiró—, supongo que a esa edad…te preocupa más pensar que esa persona es tuya y no te detienes a ver que nadie es tuyo, y que si lo fuerzas, no es amor.
—De cualquier manera, ¿qué tan bueno puede ser salir con alguien bajo la influencia de la Amortentia? Sólo imagina a alguien todo el día mirándote con una sonrisa tonta y diciéndote "sí, sí, sí" a todo como si no tuviese mente propia —Draco emitió un sonido de disgusto—. ¿Cómo alguien podría disfrutar eso?
—¿No es todo lo que alguien engreído querría? —se burló Harry, mirándolo con una sonrisita que decía "es decir, alguien como tú"—. Devoción absoluta, incapacidad para decir que no tienes la ra-
Draco pateó su pierna sin fuerza. Luego volvió a poner los pies sobre él.
—Una relación debería incluir que la otra persona te dice cuando estás haciendo algo mal tanto como te consiente. Si sólo está de acuerdo contigo todo el tiempo, eso es…es más como dependencia. Además, ¿yo saliendo con alguien que siempre me diga que tengo la razón? Merlín los libre a todos.
—Merlín nos libre —Harry asintió, completamente de acuerdo. Entonces los dos se rieron.
Draco le preguntó por su día y comió mientras Harry le contaba de una criaturita en el invernadero de Neville que saltó sobre él e intentó morderle la nariz.
—Esa suerte de niño-que-vivió es envidiable —declaró Draco, muy solemne.
—No tienes idea de cuánto. Y no fue lo peor, porque el pequeño Harry saltó a "defenderme" y después…
En cuanto terminó su cena, Harry recordó algo e hizo aparecer una pequeña caja. Draco se inclinó hacia adelante con una expresión de abierta curiosidad.
—Potter, ando paranoico después de tanta Amortentia en un día. Si sacas algo de beber de ahí…
Harry abrió la caja para mostrarle que eran bocadillos dulces y rodó los ojos.
—Hace poco mencionaste una marca de cosas de estas que tu madre te daba, traídos desde Francia…
—Eso fue hace semanas —murmuró Draco, que no paraba de ver los bocadillos. Lucían más pequeños de lo que los recordaba, pero supuso que no era culpa del bocadillo.
—¿Sí? —Harry se encogió de hombros—. Bueno, pues tomé el portal de Beauxbatons y-
—¿Saliste del terreno del colegio? —Draco se horrorizó. Había una buena razón por la que no lo recomendaban.
Harry frunció el ceño.
—Lo intenté, pero las barreras me empujaron hacia atrás. Después me di cuenta de que si las intentaba romper, acababa en la oficina de la directora, así que caí sobre su escritorio y le dije "directora Moreau, ¿podría hacerme un favor y así nos evitamos esta situación de nuevo?".
—Merlín bendito —Draco sacudió la cabeza—, rompiste como cinco reglas del interescolar.
—Ah, ¿entonces los regreso?
Harry hizo ademán de cerrar la caja y Draco se levantó para quitársela enseguida.
—Ni se te ocurra, Potter —Mantuvo la caja cerca y le hizo un gesto para que le hiciese espacio—. Ya que te esforzaste tanto y fue toda una travesía, debemos disfrutarlos el doble.
Draco utilizó un hechizo para agrandar un poco su asiento, pero de todos modos quedaron algo apretados cuando se sentó junto a él. Puso la caja en su regazo, tomó un bocadillo cubierto de una capa verde, que le ofreció a Harry, y para sí mismo eligió uno rosa.
—Es momento de que conozcas un bocadillo con clase-
—No será mejor que la tarta de melaza, pero aquí vamos —Harry se encogió de hombros y se lo metió a la boca.
Draco ahogó un sonido indignado.
—¡Harry, eso no se come así! ¡No te metes a la boca un bocadillo completo del mejor chef mago de Francia y te lo comes en un segundo!
Harry masticaba con las mejillas infladas y una expresión de absoluto desconcierto. Apenas tragó, dijo:
—¿Pero no son para comerse precisamente?
—Oh, eres un animal —Draco sacudió la cabeza con fingida decepción y procedió a explicarle paso a paso cómo debía comerse los bocadillos.
Sólo para fastidiarlo, Harry se comió el siguiente también en un bocado y se rio cuando Draco siguió quejándose.
Tras un rato de probar varios bocadillos, Draco preguntándole su opinión por cada sabor y contándole sobre cuando los comía con sus padres, Harry estuvo un momento callado y esto lo hizo bajar la voz hasta que él también estuvo en silencio.
—¿Pasa algo? —Draco empezó a arrugar el entrecejo—. ¿Quieres que te deje el último de este sabor?
Harry sólo sonrió y asintió, así que él le guardó el último y siguieron hablando.
Debían ser alrededor de las diez de la noche cuando Draco decidió cerrar la caja antes de que pudiesen comerse la mitad de los bocadillos y Harry bostezó.
—Las clases prácticas con los de séptimo son las más difíciles…—susurró. Lentamente su cabeza se apoyó sobre el hombro de Draco.
Bien, esto era mucho más que sospechoso.
—¿Potter?
—¿Hm?
Acababa de levantar su brazo y le rozó el cabello.
—Tu cabello es muy suave, eso es impresionante.
Harry dejó escapar una risita.
—El secreto es no peinarlo. Le permites ser libre y se pone suave.
—Sí, no creo que funcione así, ¿sabes?
Pero ya que en serio era suave y Draco nunca se había dado la oportunidad de notarlo, se pasó unos segundos enredando los dedos entre los mechones y disfrutando de la textura contra sus yemas.
Tras un momento así, oyó que Harry tomaba una profunda bocanada de aire.
—Draco.
Draco paró de jugar con su cabello.
—Los profesores tienen que estar pendientes de los chicos durante la fiesta —recordó Harry en voz baja—, pero no significa que tengan que pasar cada segundo de la fiesta mirándolos. Me refiero a que podríamos cumplir nuestra parte temprano y después- hm, ¿pasar un rato juntos?
Draco bajó su brazo y se echó un poco hacia atrás para verlo. Harry giró el rostro hacia él, lo que causó que quedasen tan cerca que podía sentir su respiración.
—Oh, Merlín, ¿es en serio?
Harry asintió con una expresión mucho más tranquila de lo que debía sentir por dentro. Draco abrió la boca, la cerró e intentó recordar lo que debía decir.
—Bueno, hm...sí, podríamos…hacer eso, sí.
—¿Sí? —Una sonrisita se le dibujó a Harry. Fue contagiosa.
—Sí, supongo. Pero péinate un poco, por amor a Merlín.
Harry se rio y se inclinó más cerca, lo que provocó que Draco contuviese la respiración.
Oh, no, él no pensaba retroceder. Nunca lo había hecho cuando se peleaban y no tenía planeado empezar ahora, ni aunque su corazón estuviese latiendo tan rápido que creía que Potter podía escucharlo.
—Prometo que me veré bien —susurró Harry con una sonrisita.
—¿Potter arreglándose? —Draco arqueó una ceja e intentó arrastrar las palabras con un tono pretencioso—. Me interesa ver eso.
Fue una suerte que Harry se riese y apartase la mirada, porque no creía que él pudiese aguantar más. Cuando pensó que podía respirar con calma, Harry volvió a poner la cabeza en su hombro y Draco tuvo un pensamiento bastante claro de "esta versión de Potter me va a matar".
—No sé cómo hice para no balbucear —Harry se reía de sí mismo en voz baja, sin mirarlo. Y de cierto modo, fue...tierno.
Draco recargó a medias su cabeza en la de él y volvió a poner la mano en su cabello para jugar con los mechones.
Sí, quizás estaba un poco cómodo.
Y tal vez ahora también tenía una razón para esperar esa tonta fiesta.
Sólo tal vez.
Un rato más tarde, Draco entraba a su cuarto en las mazmorras, se veía en el espejo y se preguntaba exactamente qué había aceptado, mientras que Harry había corrido hacia la Torre de Gryffindor y era sacudido por un entusiasmado Sirius.
—¡¿Cómo que "crees" que conseguiste "algo" como una cita?! —le reclamaba Sirius en tono agudo—. ¡Así no es como hacemos las cosas, tienes que estar seguro de que es una cita!
—¡Creo que sí! —repetía Harry, mareado por tanto zarandeo—. ¡Algo así!
—¡No existe "algo así" como una cita, Harry!
Luego le preguntó sobre lo que pensaba ponerse y la expresión en blanco de Harry habló por sí misma. Aunque le prometió que se vería bien, no creía haberse arreglado desde su boda. Y eso sólo porque Hermione lo peinó y se aseguró de que la corbata estuviese bien atada.
Debía enviarle una carta.
Y conseguir un traje.
—0—
La fiebre de la fiesta de Yule continuó a la mañana siguiente. Albus veía a un lado, al otro, y no sabía por quién debía sentir más lástima.
Rose había vendido más artículos en un día que una semana entera y seguía anunciando productos que estaban por llegar. Acababa de tomarse un descanso en la mesa de Slytherin, con una pila de monedas que tenía que organizar, encoger y guardar, y nada la distrajo hasta que un Ravenclaw la llamó y le hizo unos gestos que Albus no tenía la menor idea de qué significaban.
Lo más extraño fue que Rose sonrió y le respondió del mismo modo. Tan pronto como el chico se dio la vuelta, ella chilló y saltó sobre un aturdido Scorpius que intentaba sobrevivir a su desayuno.
—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Albus.
—¿Eso fue lengua de señas? —agregó Altair, echándoles un vistazo por encima de su libro.
—Mike es sordo, aprendí un poco cuando quería- ¡oh, Merlín! —Los brazos de Rose se cerraron tanto en torno al cuello de Scorpius que Albus empezó a temer por su vida—. ¡Necesito practicar más! ¡Necesito llevar una conversación completa para la fiesta! Todavía no puedo decir tantas cosas…
—Tienes tiempo —alegó Albus.
—Seguro sabe leer los labios —mencionó Altair, regresando a su lectura matutina— y deben haber hechizos para mejorar la comunicación con alguien que no te oye.
—¡O no podré hacer que esté cómodo conmigo y seré la peor cita del mundo! —replicó Rose, estrechando más a Scorpius. Adhara incluso empezó a sisearle.
Albus le dio un par de manotazos a su prima, pidiéndole que soltase a Scorpius. Lo vio inhalar profundo tan pronto como fue liberado.
—Ni siquiera sabía que te gustaba un chico de Ravenclaw —Aunque siempre le decía lo molesta que era, no pudo evitar que un cierto resentimiento se colase en su voz.
—Bueno, era un secreto que tenía bien guardado —Rose apoyó un codo en el hombro de Albus, ignorando sus quejidos sobre que no lo usase de soporte—. Papá dice que si se entera un Weasley, se enteran todos los Weasley.
Cuando faltaba poco para que acabasen, Lily y Nesrine se acercaron a la mesa. Rose les dio el aviso de que ya tenía una cita y las tres comenzaron a emitir unos chillidos tan agudos que Albus pensó que debías ser un animago para escucharlos por completo.
—¿Y ustedes? —Nesrine recargó sus manos en la mesa y observó a los tres Slytherin—. ¿Ya tienen una cita?
Por reflejo, Albus miró hacia Scorpius y notó que este lo veía también. Solían ir juntos a los eventos aburridos que organizaba el colegio.
Sólo que la palabra "cita" pareció resonar en sus cabezas y le dio una connotación un poco diferente a la usual. Albus sintió que el rostro le ardía y apartó la mirada primero. Scorpius también la había desviado e intentaba no poner una sonrisita tonta.
—No sabía que hubiese un protocolo social que dijese que teníamos que ir acompañados —aclaró Altair en tono aburrido—. De saberlo, habría pensado mejor cuando me pregun-
—¡¿Te pidieron ir a la fiesta?! —Lily también se inclinó en el borde de la mesa.
—¡¿Quién?! —Nesrine se le unió en su tarea de curiosear sobre las vidas ajenas.
—¿Cuándo fue? —Rose, para su sorpresa, igual—. ¡¿Por qué no nos dijiste nada?!
Altair arrugó el entrecejo.
—No imaginé que fuese impor-
Lily lo interrumpió con un chillido.
—¡¿Cómo no va a ser importante?!
—¡Cuéntanos, cuéntanos!
—¿Quién era? ¿De qué colegio?
Mientras Altair les contaba sobre una chica de Beauxbatons que se lo preguntó cuando estaba en el invernadero y un chico de Durmstrang que se encontró en el Lago Negro y los chillidos aumentaban ante la revelación de que no fue una vez, sino dos, Albus tenía su propia batalla interna y estaba feliz de que se hubiesen distraído.
Percibió un roce en su mano y miró hacia un lado. Scorpius había extendido su brazo y le tocaba el dorso con los dedos. Albus la giró sin pensar y Scorpius puso su mano encima.
—Hm, creo que- —Scorpius carraspeó y falló al intentar disimular su sonrisa—. Podríamos ir juntos, ¿verdad, Al?
Albus asintió y entrelazó sus dedos.
—Eso me gustaría…
Scorpius le dio un ligero apretón a su mano.
—Como, hm, ¿una cita?
Albus se preguntó si el vuelco de su estómago podría matarlo. Esperaba que no.
Volvió a asentir.
—Como una cita.
No se dio cuenta de que él también sonreía un poco.
—¡Pero debe haber alguien con quien quieras ir! —Oyeron que le decía Nesrine a Altair—. Al menos una persona que sea tu amiga, si no te gusta nadie-
—Ni siquiera sé si vaya-
—¡¿Cómo que no vas a ir?! —espetó Lily, tan indignada como si ella fuese la organizadora de la fiesta.
Antes de que Altair pudiese responder, Rose lo apuntó con un dedo acusador.
—Te guste o no, eres uno de los chicos más lindos de nuestro curso, y si no vas con alguien, no pararán de fastidiarte hasta el día de la fiesta, ¿entiendes? Y no hablo de pedirte ir juntos, ¡hablo de insistencia real! ¡Regalos! ¡Amortentia! ¿No escuchaste al profesor Malfoy advertir que no tomemos nada que nos den…? ¡Lo advierte por una buena razón, los adolescentes se ponen como locos con estas cosas!
—Las Veelas detectamos cosas como la Amortentia y no nos hace nada, ¿pero tú puedes hacerlo? —le preguntó Nesrine, muy seria—. ¿Y si te intentan dar un poco a ti también?
—¿Entonces no bastaría con ir con el señor Malfoy? —argumentó Altair.
Lily emitió un largo quejido.
—¡Es obvio que él no está entendiendo el punto!
—¿Pues cuál es el punto?
Las tres soltaron el mismo quejido esa vez.
Para el final del desayuno, en la mesa de Gryffindor, James Potter se subió a la silla, luego se paró en la mesa y lanzó un hechizo de chispas rojas al techo para atraer la atención sobre él.
Carraspeó y se peinó el cabello hacia atrás, tomándose su tiempo para disfrutar de ser visto por todos. Sirius lo alentaba con lo que fuese a hacer desde la esquina de la mesa, y en la de profesores, Harry ya empezaba a lamentar todas sus decisiones.
—Buenos días, Hogwarts —James habló lo bastante alto para que su voz se escuchase en todo el comedor, sonriendo—, sólo les quitaré un segundo para informarles que ya tengo una cita, así que…¡ya dejen los intentos de darme Amortentia, por amor a Merlín! ¡Y sí, me doy cuenta de quiénes la usan como perfume! Gracias por su atención —Después saltó hacia el suelo.
Albus se preguntó con quién iría.
Creyó que al tener su propia "cita" y no ser "popular" como James, lo peor ya habría pasado y sólo tendría que aguantar algunas tonterías adolescentes en los pasillos mientras los demás perdían el control. Pero apenas comenzaba.
Antes de que saliese del comedor, Lily le sujetó un brazo y Nesrine el otro.
Sus sonrisas le dieron un muy, muy mal presentimiento.
—¿Así que…? —Lily esperó la "gran noticia" con una sonrisa.
Albus suspiró.
—Obviamente voy con Scorp.
—Obviamente —repitió Nesrine, riéndose—, ¿pero qué te vas a poner?
—Nesrine quiere que nos escapemos el fin de semana para ir a ver a su madre y que nos tome medidas y tenga los diseños de nuestra ropa —le comentó Lily.
—Voy a vestirme de blanco como Odette —fantaseó Nesrine, sonriendo.
—¡Yo quiero un vestido con la falda muy ancha! De esos que se inflan al girar —Lily hizo una "demostración" al dar una vuelta.
—¿Ustedes irán juntas?
—Ajá.
—Duh, claro.
—No estoy interesada en citas por ahora —Nesrine agitó una mano para restarle importancia—, será más divertido ir con Lily y reírnos del resto mientras bailamos y comemos dulces.
—Pero tú sí tienes una cita —recordó Lily—. Oh, Al, hay muchísimo que hacer antes de la fiesta, ¿entiendes? Vamos a empezar con…
Resultó que Severus tenía razón y la preparación era la peor parte de esos eventos.
