Advertencia este capítulo tiene escenas de índole sexual no apta para menores.

Señor William ¿pero que voy a decir?

-Pues busca la Biblia y lee algo referente al matrimonio.

-No tengo Biblia ¿Pero deben firmar algo ¿no?

-De eso no te preocupes una amiga que tengo en la oficina del registro civil me consiguió unos papeles, ya los rellené, firmaremos Candy y yo el documento.

Cuando estaban saliendo de la oficina del club se toparon con George.

-Ven, te necesito como mi testigo

-¿Testigo de qué?-preguntó George

-De mi matrimonio falso con Candice.

-Señor William, nos caerá una maldición si se mete con esa chica.

-¡Basta George! no seas supersticioso.

En la residencia Andrew…

-Señora Elroy, Albert ya se tardó, me estoy poniendo nerviosa, algo me dice que es mejor que me vaya-dijo Candice mientras esperaba a Albert.

-Candice mi sobrino te ama, desde que te conoció ha dejado varios vicios, tu puedes sacarlo de esa mala vida, si no lo logra contigo, no lo hará con nadie.

-Sólo está usted de su familia, deberían acompañarnos los hermanos de Albert siquiera, Archie, Stear junto con mi amiga Paty, creo que iré por ella, quiero que esté conmigo en el día más importante de mi vida.

Al abrir la puerta, Albert estaba a punto de entrar con George, Daniel, Y otros tres hombres que la harían de testigos.

-¿Dónde ibas amor?

-Voy por Paty y Stear quiero que ellos sean mis testigos.

-Precisamente pasé por ellos, pero Paty se siente indispuesta por el embarazo y Stear está cuidando de ella.

Y Archie ¿Por qué no está presente?-preguntó Candy.

-Está en una diligencia fuera de la ciudad.

-Albert me siento muy nerviosa, creo que deberíamos dejarlo para otro día en que tus hermanos puedan acompañarnos.

-Mi amor, mis amigos dejaron de laborar para estar conmigo en este día tan dichoso para mí, sería una grosería no casarnos.

Los hombres se sintieron culpables, no querían perjudicar a Candy. Cuando entraron al salón la señora Elroy reconoció a todos incluyendo al que iba disfrazado de ministro y se dio cuenta que era un engaño.

-William, necesito que hablemos-Dijo la Señora Elroy.

-Será después que termine la ceremonia-respondió Albert temeroso de que su tía le arruinara él teatrito.

-¡Será ahora, ven al comedor!

Albert fue con su tía

-¡Esto un engaño!, ¿quieres burlarte de esa muchacha? Pensé que habías cambiado.

-Todo esto es parte de un plan hecho por mi suegro para deshacerse del ministro, en un principio quería matarlo, he hecho todo lo que he podido para impedirlo, sin duda alguna ahora que tome a Candice por mi mujer, el se irá con su familia.

-Incluyendo a Candy-dijo la señora Elroy.

-Prefiero alejaría de aquí, así no sufre peligro, su destino era acabar en un burdel para ser prostituida.

-Y tú la a salvaras, burlándote de ella.

-Así tiene que ser tía.

-Yo no seré testigo de este engaño, llévame a mi recámara-ordenó la señora Elroy.

-Si no estás presente ella sospechará.

La señora Elroy fue testigo del engaño, Albert en lo único que pensaba era que estaba a unos cuantas horas para hacer suya a Candy, es lo que había estado esperando desde que la vio por primera vez.

Improvisaron un púlpito usando una mesa, el ministro falso leyó una parte de la Biblia hizo que firmaran el documento los rubios y los testigos falsos.

Después de eso les aplaudieron y dijeron: Beso, beso, beso

Albert la tomó sediento de saborear su aliento, después que terminó de besarla dijo: Díganle a Crockford que su encargo fue cumplido, también que me acabó de casar y estaré una semana completa en mi Luna de miel.

-Se lo diremos Señor Andrew-dijeron los hombres perversos.

-Tía, danos tu bendición, antes que partamos al hotel-pidió Albert

La señora Elroy no podía creer que Albert fuera tan cínico de pedirle la bendición, sin embargo deseaba en lo más profundo de su corazón que su sobrino fuera feliz con Candy.

Antes de ir al hotel Albert y Candy fueron a comer en un restaurante.

Desde el momento que entraron a la habitación, Albert se sentía excitado por fin estaba a solas con ella, no la dejaría escapar por fin sería suya.

-Candy encargué ropa para ti, en la maleta que está encima de la cama la encontrarás. Puedes usar el baño para prepararte.

Albert estaba al acecho se escuchaba su respiración profunda su miembro ya estaba erecto, esperando a que Candy saliera lista.

-Debo calmarme, tengo que ser delicado con ella, aunque me duele ya quiero tener alivio, Candy estás a unos cuantos minutos de ser mía-pensaba Albert.

-Albert había comprado para Candy un camisón de una tela muy suave que le habían llevado de Francia.

Ella se duchó, se perfumó para el encuentro con su amado.

Albert se había quitado la camisa, el pantalón, se quedó en interiores, en cuanto Candy salió del baño el fue alcanzarla, se puso atrás de ella, retiró el cabello de sus hombros para besarlos, Candy al sentir el contacto de sus labios se estremeció, Albert besó su cuello, ella se apoyó en su cuerpo él la acarició, metió su mano para descubrir sus senos ella sintió su erección y se zafó de él.

-Albert estoy un poco nerviosa, mis padres a esta hora de seguro que ya fueron a buscarme a tu casa.

-Ahorita no pienses en eso y entrégate a mí, recuerda que soy tu esposo ahora.

Se acercó a ella y la llevó en sus brazos a la cama, la acostó con delicadeza, la besó apasionadamente, se escuchaban las respiraciones agitadas, el empezó a recorrer su cuerpo con besos, le alzó el camisón dejando sus piernas descubiertas, cuando intentó bajarle la ropa interior Candy se aferró y no dejaba que Albert se la bajara el entonces acarició sus piernas Albert sintió su aroma de mujer y se enloqueció por completo de nuevo intentó bajarle la ropa interior y ella le retiró las manos.

-Candy, déjame desnudarte

-Siento que algo está mal

-¡Claro que algo está mal!, quiero ver tu desnudez y no te dejas bajar la ropa interior, estoy ardiendo de deseo.

Albert estoy preocupa…

El regresó para estar a la par con ella, la besó con desesperación, Albert ya no podía dar vuelta atrás, invadió su boca con su lengua logrando estimular a Candy para que humedeciera, metió su mano debajo de su ropa íntima, Candy le agarraba la mano para que no avanzará.

Mi pequeña que hermosa estás, tu piel es tan Blanca que deseo recorrerla con mis besos- Lo dijo con una voz seductora que Candy no siguió forcejeando con el.

Quiero descubrir tu vientre que es parecido al marfil, tu cuerpo es hermoso, lo besaré todo, déjame bajar poco a poco nena- decía- Albert logró desnudarla y se hundió en su zona íntima, él también se desnudó

-No Albert, ¿cómo me vas a besar ahí?

-Ya no te pertenece más a ti, ahora es mío, somos esposos y todo está permitido en la intimidad, no temas preciosa-la convencía con sus palabras.

Albert la acarició con su lengua haciendo que Candy sintiera mucho placer, el sabía que ya la había desarmado y que no se opondría más, Candy estaba a punto de llegar al orgasmo cuando el sintió que movió su cadera, decidió posicionarse pues sabía que estaba lista para recibirlo, y con su miembro acarició su entrada, Candy ya no estaba lúcida, sólo quería sentir alivio, el empezó a penetrarla.

-Albert, me está doliendo por favor saca lo que estás metiendo-le dijo.

-él acarició su clítoris y ella se movió hacia el.

-¡No puedo más Candy!- fue lo último que dijo, la jaló hacia el y la penetró.

-Albert, ¡me duele!

-Ten calma pequeña, prometo que pronto pasará, que estrecha estás- el hizo movimientos rítmicos, ella le enterró las uñas en la espalda cosa que excitaba más Albert, Candy poco a poco se acostumbró a tenerlo dentro de ella, el placer la embargó en todo su ser, después de unos minutos el sintió las contracciones vaginales de Candy, como apretaba su miembro, sabía que ella había llegado, Albert pudo ocuparse de él, saciándose del cuerpo de Candy, hasta que se vació en ella.

Él se dejó caer sin fuerzas a su lado, la besó lentamente, y se quedó en su pecho, ella acariciaba su cabello.

Albert pensó: ¡Esto es amor! Nunca antes me había sentido tan pleno, ¿Qué haré ahora? Temo perderla, su padre estará enfadado, le dirá a Candy que todo fue un engaño y ella querrá huir de mí, tengo que moverme, vender todas mis propiedades en Londres a escondidas de mi suegro e irme con ella.

-¿Qué piensas Albert?

-En que te amo y que temo perderte.

-No me perderás, como dijo el ministro, sólo la muerte hará separación entre nosotros dos.

Mientras en la casa Andrew.

-Señora Elroy, vine por mi hija-dijo el ministro Harry Ellis.

-Ministro, yo siento mucho lo que tengo que decirle, pero Candice se fue con mi sobrino.

-¿A dónde? ¿A qué horas regresará?-preguntó extrañado

-Hoy no regresará, sino dentro de una semana.

-¡Pero que está diciendo! Yo no le di permiso a que Candy se fuera a ningún lado y menos con el perverso de su sobrino.

-A lo que me refiero es que Candice se convirtió en la mujer de William.

El ministro Harry agarró por los brazos a la señora Elroy y la sacudió con fuerzas diciendo: ¿Dónde está mi hija? ¿Dónde se la llevo ese malnacido de su sobrino? Vieja alcahueta, yo confié en usted, ¿Y así es como me paga?

Stear y George llegaron a tiempo de que él ministro cometiera una locura cegado por la ira y entre los dos lo sometieron.

-¡Mi tía no tiene la culpa! ¡Mi hermano es el culpable! Ministro, recuerde que debe perdonar al que lo ofende-decía Archie.

-¡Voy a matar a ese hijo de perra! Sabía que él traería la deshonra a mi casa -dijo el ministro

El ministro Harry fue a su casa para buscar un cuchillo.

-Harry ¿Qué haces? ¿Por qué agarras ese cuchillo?-preguntó Helen.

-¡Voy a matar a William Albert Andrew!.

Mientras tanto en el Club de Crockford, el suegro de Albert se reía y decía: ¡Quiero ver la reacción del ministro! Veré si practicará lo que predica de perdonar a su enemigo.-ja,ja,ja

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