-Señor Lewis le pido que salga de mi habitación por ahora me siento indispuesta-Le suplicó Candy.
-Volveré otro día Candice, anhelo que nos podamos entender, usted necesitará un padre para su hijo y yo necesito una figura materna para mi niña, estoy seguro que formaremos una hermosa familia.
-Después de algunas horas le llevaron a Candy de la fruta que Hine le regaló pero ella no la quiso.
-No quiero nada de ese hombre, papá.
-Candy tu misma escuchaste que su hija la recolectó para ti-le recordó Harry
-Si papá pero no me apetece comerla, regálaselas a las niñas que nos ayudan en la casa, porque yo no he de comer de eso.
El ministro se lo regaló a una de las niñas pues las otras dos ya se habían ido, aquella pequeña al llegar a su casa tuvo mucha hambre, no quiso compartir aquellas frutas con sus hermanos que llegarían del campo de un momento a otro, se fue al granero directamente cuando terminó de comer sintió un fuerte dolor en el vientre, cuando toda su familia llegó de trabajar la encontraron en un charco de sangre, rápidamente la llevaron con el doctor.
-A su hija se le adelantó su período, ha sido muy raro, no le hallo explicación al sangrado es como si hubiese tenido un aborto-Le dijo el médico a los padres.
Zulema llegó a visitar a la pequeña quien ya estaba en su casa.
-¿Qué le hiciste a mi hija? bruja malvada
-Vamos a preguntarle que hizo ella
Fueron con la niña.
-¿Comiste la fruta que Hine le llevó a la hija del ministro?-le preguntó Zulema
-El ministro Ellis me regaló la fruta, la señorita Candy no la quiso, yo me la comí toda pues tenía mucha hambre.
-¡Oh niña tu glotonería te ha dejado estéril! Nunca podrás tener un hijo. Ese encantamiento era para la hija del ministro-le reveló Zulema
-Zulema ¿Puedes revertirlo?-le preguntó la madre de la niña angustiada.
-No puedo hacer nada por ella, a las mujeres jóvenes que comen de esa fruta bañada con mi brebaje abortan, pero a una pequeña la deja estéril y más siendo virgen. Lo siento mucho.
Llegó a oídos de Helen lo que había sucedido con aquella niña, ella le dijo a Harry que cuidaría de Candy por lo que él se hizo cargo de los niños de la escuelita.
Cada vez que Hine llegaba a visitar a Candy, Helen no dejaba que pasara.
Los Andrew llegaron a Estados Unidos arribaron en Nueva Jersey, rentaron una casa, ahí se enteraron de la división del territorio Americano.
-Me tardaré una vida buscándola ¡Es enorme América!- se lamentó Albert.
-Hermano te separaba el océano de ella, ahora estás del mismo lado, no te desanimes-lo consoló Alistair.
-Yo creo que debes ir a las Iglesias protestantes provenientes de Escocia, de seguro ellos te pueden orientar sobre como localizar al ministro Ellis-sugirió la señora Elroy.
-¡Tienes razón tía! iré a la Iglesia y me informaré, de seguro ellos le asignaron alguna misión.
Albert fue a la Iglesia más cercana y pidió hablar con el ministro.
-Soy William Albert Andrew, vine a radicar en Estados Unidos pero ando en busca de un ministro de la Iglesia protestante de Escocia llamado Harry Ellis.
-¿Para qué lo busca?
-Soy su yerno, me casé con su hija pero por cuestiones ajenas a mí tuvimos que separarnos.
-Sabe Señor William, no le daré ninguna información, usted tiene que traer una carta de su Iglesia, ¿Es miembro en plena comunión? ¿Ya está bautizado? ¿Dónde están sus papeles de bautizo?
-Salimos tan rápido de Londres que no los traje conmigo.
-¡Qué raro que el yerno de un ministro no esté bautizado! Para ser miembro de una Iglesia tiene que llevar estudios de catecúmenos, aproximadamente duran un año, acá somos más estrictos que en Inglaterra y Escocia. Si no me muestra su papel de bautizo o su carta de presentación no le daré ninguna información.
-¡Solo deme una idea de cómo localizar al ministro!-dijo Albert exasperado
-Si fuera miembro de una Iglesia, sabría cómo hacerle.
Albert agarró por el cuello al ministro y le ordenó: Dígame donde está ¡ahora mismo!
-Aunque me mate no le diré nada ¿me oye?
Albert lo aventó al piso, estaba furioso por la negativa del ministro.
Salió de la Iglesia y se puso a meditar: ¿Un año de estudios teológicos? Me tengo que bautizar ¡No puedo esperar tanto tiempo! Necesito encontrarla ya mismo.
Albert y George preguntaban en las Iglesias del Estado de Nueva Jersey pero les tenían desconfianza, por no llevar una carta de presentación así que les negaban la información.
Paty se enfermó y tuvo amenaza de aborto y tuvieron que pausar la búsqueda.
Algunos se daban cuenta que los Andrew no trabajan y aun así tenían dinero para sostenerse, eso llamaba la atención de los ladrones.
Llegó la fecha en que Paty daría a luz le pusieron Archibald al pequeño, Albert decidió ir al seminario teológico de Princeton para preguntar, ese día lo acompañó Stear con el pequeño Archibald.
El director del seminario se llamaba Archibald Alexander.
-Así que ustedes pertenecen a la Iglesia de Escocia pero no tienen papeles que lo sustenten, ¡Pero que hermoso pequeño! ¿Cómo se llama?
-Es mi bebé se llama Archibald Andrew-contestó Stear
-Yo me llamo Archibald Alexander, pues bien, ahora empezaran la clases en el seminario, si alguno de ustedes quiere entrar adelante, duraran poco tiempo los estudios porque el ejército ha solicitado algunos seminaristas para que los acompañen en las batallas ya que no hay nadie que los consuelen cuando están en sus últimos momentos, ellos viajan por todo el territorio americano, todavía hay nativos que combatir, de los estudiantes que tengo actualmente ninguno se ha anotado.
-Entonces yo tomaré esos estudios-dijo Albert sin titubeo.
Albert pensó: Estando adentro podré investigar sobre los ministros, tengo que ganarme su confianza.
Le dieron a Albert su ropa de seminarista, así llegó vestido a su casa, cuando lo vieron la señora Elroy, George y Paty casi se desmayan, él sonrió descaradamente al ver sus caras de sorpresa.
-Hijo, ¡eso es un sacrilegio! ¡No agarres de burla a Dios!
-Tía nadie confía en mí, de esta manera podré averiguar todo sobre los Ellis.
Al siguiente día Albert se arregló para ir al seminario, era muy temprano todavía, los seminaristas desde las 7 de la mañana tenían que estar en la capilla del seminario para orar. Unos ladrones vieron que era blanco fácil por el atuendo que llevaba.
-¡Danos todo el dinero que tengas! –Lo amenazaron.
Albert en su papel de un hombre de Dios dijo: Uno de los mandamientos es no robarás, hijos míos arrepiéntanse.
-¡Que nos des lo que traigas o te picaremos con las navajas!
Albert dijo: En la Biblia dice que debo de poner la otra mejilla, pero como yo todavía no me he bautizado entonces ¡puedo darles una madriza!
Este capítulo se lo dedico a Rixa Eve, un día después de lo que había prometido pero más vale tarde que nunca.
Chicas perdonen por la mala palabra pero es que así veo en mi mente la historia.
