El ministro Harry ayudó a Candy a salir a la terraza de su casa, dijeron que el fresco le haría bien, Albert se moría de ganas por verla por lo cual por su premura al salir de la posada se tropezó con Zulema, ella se lo quedó viendo aterrada.

-Disculpe usted mi torpeza llevo un poco de prisa ¿Me podría decir qué camino tomar para llegar a la casa del ministro Harry Ellis?

Ella había enmudecido por la impresión de verlo

-No soy de aquí- dijo la frase en voz baja

Joseph se dio cuenta que Albert no estaba en su habitación y salió rápidamente a su encuentro

-William ¿Por qué sales sin mí? A los dos nos encargaron la misión de entregar los libros.

-Necesito ver a mi esposa, no puedo esperar más, le estaba preguntando a…

El miró a todos lados y Zulema ya no estaba por todo eso

-¿A quién?

-Había una mujer aquí a quién le pregunté dónde puedo encontrar la casa de mi suegro, ni me di cuenta a qué horas se fue.

-¿No llevaremos los libros de una vez? Recuerda que sólo nos dieron tres días para estar en el pueblo y los demás son para el regreso.

-No, tengo que tener una excusa para regresar de nuevo

Albert preguntó al dueño de la barbería del lugar y él le señaló por dónde ir.

Caminaron en aquel sendero polvoriento y él logró visualizar a Candy a la distancia, se escuchó su exhalación como señal de su inaudible sorpresa –¡Es ella! la que está en la terraza

Joseph la miró- ¡Que hermosa es! Creo que ahora comprendo el porqué no te fijaste en Karely

-Después de ella no ha habido otra para mí

-¿Qué esperamos? Vamos hacia allá

-Temo su reacción, temo que me rechace

-¡No me vengas con eso Andrew! Hemos resistido la incomodidad de andar por los caminos de terracería y fango para que ahora te acobardes, debes presentarte ante ella

-Si vamos

Candy vio que se acercaban dos hombres, le llamó la atención aquel hombre alto barbado, tenía un sombrero negro, tenían aspecto de Rabís judíos más que de seminaristas protestantes.

-Buenas tardes-saludó Joseph

Candy contestó con mucha dificultad aquel saludo.

-¿Aquí es el hogar del ministro Harry Ellis?

Albert no le quitaba la mirada de encima-¡Es tan hermosa! quiero abrazarla, se ve un poco enferma

-Sí, es mi padre

Candy trató de tomar la campanita para llamar a su mamá y Albert se la pasó rápidamente, ella la agitó y Helen salió.

-Buenas tardes ¿se les ofrece algo?

-Nos han mandado del seminario para traerle unos libros de doctrina al ministro Harry Ellis-declaró Joseph

-¿Dónde están los libros?-preguntó Helen un poco traviesa pues rápidamente reconoció a Albert

-No los trajimos, los dejamos en la posada, primero quisimos saludar al ministro-contestó Albert-¿Está enferma su hija?

-Sí, me picó una serpiente venenosa y ella me salvó la vida succionando el veneno, pero al parecer a ella le afectó más

Albert la miró angustiado-Pero se va a recuperar ¿verdad?

-Confiamos en Dios que si

-Les invito a pasar, estoy a punto de servir el almuerzo, voy a llamar a mi esposo para que meta a mi hija a la casa

-No es necesario, yo puedo ayudarla

Albert la tomó en sus brazos, ambos cruzaron miradas sus ojos azules se quedaron fijos en los ojos verdes de ella

-¿Por qué usted tiene barba y su compañero no? –preguntó Candy un poco curiosa

-Porque yo estoy casado-contestó Albert, ella sintió aquel aliento e hizo que se acordara de su amado

Candy rápidamente bajó la mirada, Albert la metió, el ministro vio a su yerno con su hija en brazos.

-Buenas tardes ministro Harry, usted comentó que tiene un nieto-

-Así es muchacho, está durmiendo en su cuna

-Deseo verlo…

Hola chicas estoy un poco enferma es por eso que no he actualizado, ya saben que sólo cuando tengo problemas de salud o de otra índole es que no subo nada.

Saludos , Albert por fin está a punto de conocer a su hijo