Capítulo 59: El fantasma y el poltergeist
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Doblaron una esquina y se ocultaron tras unos botes de basura, viendo cómo sus raptores seguían de largo, lanzando encantamientos a diestra y siniestra, rompiendo vidrios de las casas y prendiéndole fuego a los árboles. Algunos gritos se oyeron desde los hogares afectados, pero nadie quiso salir a averiguar lo que estaba sucediendo.
―¿Qué vamos a hacer ahora? ―preguntó Malfoy con una mezcla de exasperación, miedo y enojo, salpicando de saliva a Merlina. Ésta le devolvió la mirada con fiereza.
―¿Qué crees tú que tendremos que hacer? Lo que planeamos, eso tenemos que hacer ―se secó la cara con la manga haciendo un gesto de asco.
―¿Ah, sí? ¿Y con qué Mortífagos, si ya los otros dos se fueron en otra dirección?
―Vendrán más, estoy segura.
―¿De verdad estás segura?
―¿Qué? ¿Me quieres culpar? Todavía no ha salido nada mal.
―Salvo que nos descubrieron antes de tiempo. Hemos hecho esto de forma demasiado apresurada. Si tú hubieses escuchado, haber dado un poco de tiempo al tiempo, y haber realizado esto de forma más lenta, no hubiéramos tenido que pasar por esto y…
―¡Hey! ¿Qué sacábamos con esperar? Íbamos a estar igual de preparados que ahora, o en un mes. No nos hubiera llegado ningún tipo de ayuda divina con la espera, y la información hubiese sido exactamente la misma. Además, ¿qué te asegura que, en un mes, las cosas no se pongan peores? De todos modos ―prosiguió Merlina tomando aire―, ¿quién era el de la urgencia de venir acá?
―Tú me obligaste, tú quisiste…
―Si sigues con esa actitud, Malfoy, te juro que me desaparezco y te dejo solo aquí, sin protección alguna y…
Merlina calló al ver como los ojos de Draco se abrían como platos. Luego, casi fugazmente, se vio siendo arrastrada a toda velocidad hacia atrás, donde había unos matorrales. Draco la había tomado de las axilas y había ido a buscar otro escondite, ya que los Mortífagos venían de vuelta y podían ser vistos perfectamente desde allí. Sin embargo, no eran los mismos bobos de antes. Éstos se veían mucho más siniestros y poderosos.
―Son Avery y Judson ―masculló el rubio. Merlina pudo detectar el miedo en su voz.
―Hay que atacarlos, entonces. Si los conoces tú, es porque son importantes. Y no es un halago.
―¿Estás loca? No podemos, ellos tienen mucha influencia…
―Al diablo con la influencia. A la cuenta de tres lanzaré un hechizo de desarme, y si tú no lo haces nos veremos en problema. Tú a Avery y yo a ese tal Jugoso.
―Judson.
―Como sea. Ahora... ¡ya!
―¿No que era a la cuenta de tres?
―¡Da igual! ¡Ahora!
Ambos Mortífagos iban caminando a tres metros de distancia de los botes de basura cuando Merlina dijo "ahora", hecho que no pasaron por alto. Los dos, por suerte, apenas habían alcanzado a alzar la varita, cuando dos hechizos de desarme les habían alcanzado.
―¡Accio! ―dijeron a cada cuerpo. Éstos rodaron hasta ellos.
―Es mejor vendarles los ojos ―propuso Draco―. Quedan cerca de dos minutos para que nuestros rasgos desaparezcan y podamos transformarnos en ellos. Si nos ven como quienes somos realmente, tendremos más problemas.
Merlina estuvo de acuerdo, haciendo aparecer una venda alrededor de los ojos de cada uno. Luego, esperaron.
Un rato más tarde, estaban los dos tal cual eran, con sus apariencias originales. El rubio extrajo dos botellas con poción Multijugos entregándole una a Merlina. Merlina tiró con brusquedad de un par de cabellos de la cabeza de Avery y Malfoy de Judson. Luego, bebieron. Y, por segunda vez, tuvieron que sufrir los dolorosos efectos de la transformación. Draco, de su mochila, extrajo unas camisas blancas. Las túnicas se las sacaron a los dos Mortífagos.
―¿Alguna vez le has hecho un encantamiento desmemorizador a alguien? ―inquirió Merlina con una voz gastada.
―No, pero podría intentarlo, ¿no?
―Sí, claro. Antes los ataré por si acaso.
Hizo aparecer unas cuerdas alrededor de ambos Mortífagos.
―¡Obliviate! ―dijo Draco segundos después, apuntando a cada uno. Prefirieron no averiguar el efecto, pero sí perdieron unos segundos en desilusionarlos y esconderlos por allí. Robaron sus varitas de sus manos por precaución y emprendieron camino hacia el castillo.
―Rápido, rápido… ―apuró Merlina-Avery.
―Camina más masculinamente, por favor ―solicitó Malfoy con una mirada de disgusto.
―¿Así? ―Merlina subió los hombros y movió los brazos como gorila.
Draco asintió, un poco resignado.
De pronto, mientras caminaban, la neblina que ya habitaba el lugar comenzó a intensificarse. Draco quedó paralizado y Merlina sintió que la cabeza le comenzaba a bombear, sabiendo de inmediato lo que se avecinaba. Lo peor era que en la situación que estaban tenían dos cosas en su contra: no podían utilizar el encantamiento Patronus, porque, la formas que tomaran, no iba a ser la de los dos Mortífagos en los que se habían transformado, y, lo menos que necesitaban en esos instantes, era levantar más sospechas. Aunque dudaban que los Mortífagos usaran recurrentemente ese encantamiento. En cualquier caso, era un riesgo innecesario. Y, en segundo lugar, Merlina no estaba en absoluto preparada para enfrentarse con una manada de dementores, y podía apostar que Malfoy tampoco sería capaz de ejecutar un encantamiento de aquel calibre mágico.
En conclusión, no les quedó otra opción que correr hasta el final de la calle y doblar a la izquierda, para continuar por el sendero que daba a Hogwarts. Antes, sin embargo, que llegaran al camino que llevaba al castillo, fueron interceptados por los otros dos Mortífagos a quienes habían burlado en un inicio.
―¿Los han encontrado? ―preguntó uno.
Ambos supieron de inmediato a qué se referían.
―N… ―iba a comenzar a decir Draco, pero Merlina lo interrumpió pronunciando un claro y potente "sí".
―Los dejamos atados al final de la calle, a unos árboles. Dejamos a dos dementores a cargo. Ahora debemos volver al castillo, porque tenemos que informar algo urgente. Ustedes háganse cargo de lo que harán con los malhechores.
Entonces, quedaron solos nuevamente y emprendieron el trote otra vez.
―¿Estás loca? ¿Y si ven los cuerpos de los Mortífagos?
―Había que sacárnoslos de encima. Dentro del castillo, si nos logramos esconder bien, entonces, estaremos a salvo.
―Creo que definitivamente el tener hijos te afectó, ¿"seguros" en el castillo?
―Mira, si algo he aprendido como celadora, es la existencia de muchos lugares en el castillo, de los que estoy segura de que ni tú ni tus amigos conocen ―dijo pensando de pronto en la Sala Multipropósito. Una vez había llorado allí y, en otra, había extraído muebles para los Weasley cuando se habían quedado en el castillo.
―Como si no estuviera lleno de Mortífagos allí dentro…
Merlina se giró hacia él, ya harta.
―Esto lo estoy haciendo por ti ―susurró―, por la promesa que hice. Estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Si no te das cuenta, acabo de abandonar a mis hijos, a los que apenas conocí hace tres meses. O te atañes a mis ideas o me das un plan excelente, pero si no tienes nada mejor que decir, Malfoy, cierra el maldito pico y sigue corriendo.
Draco murmuró una palabrota que Merlina prefirió ignorar. Luego indagó:
―¿No será más fácil aparecernos fuera de las verjas?
―Es mejor ir lento y seguro. Y ya falta poco.
Trotaron cerca de dos minutos más y dieron con las verjas… las que estaban custodiadas por dementores al exterior y dos guardianes al interior. Mortífagos, por supuesto.
―¡Judson! ¡Avery! ―inquirió un hombre alto y delgado, muy canoso y con grandes patillas―. ¿Qué ha sucedido? ¿Han atrapado a los intrusos?
No abrieron las rejas.
―Sí, Yaxley, los otros dos los están custodiando en la calle final de Hogsmeade ―contestó Draco.
Claro, lo conoce —pensó Merlina, aliviada. Era obvio que el rubio engreído conocía a todos los que habían sido amigos de su padre.
―Creo que es mejor que vayan a ver ustedes lo que ha sucedido ―prosiguió Draco―, nosotros debemos ir a entregar una información al Señor de las Tinieblas por una de las chimeneas seguras.
―Es sobre Snape ―añadió Merlina, rogando porque eso surtiera efecto.
Yaxley arqueó las cejas y luego miró al otro guardián.
―Callahan, ve tú ―demandó y a continuación se giró hacia los otros dos―. Yo voy con ustedes dos ―dio un golpe con la punta de la varita a la reja para que se abrieran. Entraron con premura mientras que Callahan se iba―. Me interesaría oír lo que tienen que decir de Snape…
A Merlina no le gustó aquella frialdad y perspicacia en su voz, pero era mejor hacer lo que indicaba él y no evidenciar la inseguridad que tenían. Ya habían perdido cerca de quince minutos, calculaba ella, y tenían que esconderse en el castillo antes de que los otros Mortífagos pudieran deshacerse de los sortilegios o fueran descubiertos.
Lo siguieron en silencio hasta el castillo y, cuando entraron al Vestíbulo, Merlina tuvo una idea. El lugar estaba vacío. Y claro que era así, dado que no había estudiantes ya. Ni siquiera había fantasmas rondando por allí.
―Tenemos que ir a un lugar privado ―dijo Merlina, con cierto misterio―. Hay algo que tú también debes saber, Yaxley.
Draco le miró fugazmente, inquisitivo.
―¿Es sobre Snape? ―inquirió con los ojos brillantes de maldad y ambición.
―Sí, es sobre Snape ―añadió Draco.
―Subamos a la primera planta, conozco un buen lugar para hablar ―dijo Merlina―. Tras ese tapiz ―volvió a indicar cuando ya estaban en el pasillo de la izquierda.
Entonces entraron a aquel espacio tras el tapiz y aturdieron a Yaxley entre los dos, dejándolo inconsciente. Luego lo ataron y salieron del escondite, quitándole la varita.
La puerta del Vestíbulo sonó al abrirse otra vez, y ambos pudieron distinguir los pasos múltiples y apresurados que acababan de entrar.
Draco y Merlina se miraron, asustados, y no lo pensaron dos veces: corrieron.
―¡Eh! ¡He visto una túnica por allá! ¡Se oyen pasos!
Merlina agarró a Draco del brazo y lo hizo torcer a la derecha, donde había una serie de aulas en desuso. Entraron a una de ellas y se encerraron.
―¿Crees que no nos atraparán si estamos aquí?
―¡Claro que pueden atraparnos! Ven, rápido ―dijo Merlina aproximándose a un armario polvoriento al final del salón. Estaba todo cubierto de telarañas, detalle que en otra ocasión le habría importado―. Ya te dije que conozco Hogwarts muy bien. Entra.
Encendieron las varitas y caminaron al ritmo de sus acelerados corazones por el estrecho pasillo. Éste los llevó, luego de torcer en varias partes, al otro extremo del casillo. Al llegar a final, la pared se abrió, dándoles el paso al baño de damas.
―¿Dónde intentas ir?
―No lo sé. ¿Dónde crees que esté Pansy?
―¿Qué? ¿Iremos ahora? ―preguntó el rubio con evidente miedo en la voz.
―Claro que sí, es mejor que sea ahora, antes que se pase el efecto de la poción y estemos más propensos a ser capturados. Podríamos desilusionarnos, ¿te parece más seguro? ―hizo una pausa―. A menos que quieras completar el plan el otro año ―añadió con ironía.
Draco estuvo de acuerdo, a regañadientes, con desilusionarse, pero el encantamiento no pudieron llevarlo a cabo. Algún sortilegio que impedía hacer ese tipo de hechizos debía estar en funcionamiento.
―Bien, entonces, ¿dónde crees que esté Pansy? ―inquirió Merlina otra vez, tratando de no demostrar sus nervios.
―Debería estar en la Sala Común de Slytherin, ¿no?
A Merlina no le gustó cómo sonaba ello. Allí, en ese instante, era cuando podía serle útil el Mapa Merodeador y no lo tenía en sus manos.
―¿Y si está lleno de Mortífagos? ¿Qué haremos? ―preguntó preocupada.
―Si había Mortífagos allí, entonces ya deben estar afuera, buscándonos. Y no creo que nos busquen por las mazmorras.
―Sí, puede que tengas razón.
Iban a salir del baño, cuando Merlina resbaló por causa de una pequeña poza de agua que había en el piso. Draco tuvo una reacción rápida y alcanzó a agarrarla de las manos antes de que se fuera de espaldas.
Tras ellos se escuchó una risita burlesca, la que terminó en un grito ahogado cuando se voltearon.
Myrtle la Llorona abrió los ojos con terror cuando vio a dos Mortífagos allí, de pie, observándola con atención. Como si pudiera ser asesinada una segunda vez. Retrocedió para marcharse atravesando la pared que estaba tras ella, pero Merlina alcanzó a reaccionar, teniendo una idea.
―¡No, Myrtle, no te vayas! ―susurró con frenesí haciendo movimientos violentos con sus huesudas manos.
Pero el fantasma ya había desaparecido. La joven madre se aproximó a la pared y la golpeó con los puños.
―Maldita sea, Myrtle, ¡no soy un Mortífago! ¡Soy Merlina Morgan! ¡Vuelve, por favor!
El fantasma de la niña asomó la cabeza otra vez con expresión ceñuda.
―¿Eres tú realmente? ¿La boba que era celadora? ¿Acaso bebiste esa poción que tomaron Harry y sus amigos alguna vez?
Merlina abrió la boca, ofendida.
―¿"Boba"? Bueno, sí, soy yo.
―¿Y qué haces así?
―Necesitamos tu ayuda, Myrtle. Yo soy Draco Malfoy ―interrumpió el muchacho con la voz temblorosa.
―¿Tú? ―sonrió con coquetería―. Bueno… depende de la ayuda… ―dijo con un suspiro dramático, como si le fuera a costar mucho hacer las cosas.
―Realmente es importante, Myrtle ―replicó Merlina con voz suplicante. El fantasma se cruzó de piernas en el aire con mirada pensativa―. Necesitamos que averigüemos dónde está Pansy Parkinson, una estudiante de Slytherin. Probablemente esté en la Sala Común. ¿Podrías echar un vistazo y ver quién la acompaña?
―Sí, podría…
―Tal vez, si le dices a Nick y a los demás fantasmas que registren el castillo… Porque puede que esté en otro lugar.
―Bien, pero si lo hago, ¿qué gano yo?
―Salvar nuestras vidas ―contestó Draco con la voz profunda de Judson.
Myrtle volvió a suspirar.
―Está bien, ¿y qué hago cuando la encuentre?
―Dile que vaya al aula vacía que está a la izquierda del retrato de Barnabás el chiflado. Que vaya sola y con cuidado, para que no levante sospechas ―indicó Merlina.
La joven fantasma asintió con la cabeza y se retiró atravesando la pared.
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Dumbledore tardó bastante en descubrir el misterio del lugar; tanto por la complicidad de la magia a realizar, como por las escasas fuerzas que le acompañaban últimamente.
Cuando dio con el sortilegio, tuvieron que echarse hacia atrás con destreza: a los pies del árbol se estaba abriendo un agujero en la tierra, una especie de madriguera.
―Me temo que nos tendremos que tomar unos minutos antes de continuar el camino.
Se deslizaron por agujero en el momento que se detuvo su crecimiento. Cuando Severus llegó al final del tobogán, el director ya estaba analizando tres túneles que tenía frente a él. Los tres estaban iluminados por la luz del día, que mágicamente, se filtraba por agujeros inexistentes del techo.
―¿Qué es este lugar, señor? ¿Es un punto mágico? ―preguntó Severus, refiriéndose a aquellos lugares en donde la magia se concentraba en cantidades enormes, manteniendo el equilibrio de la misma. Un equilibrio que, probablemente, ya estaba roto.
―No. Bueno, sí, hay magia, pero creo que estos tres túneles conducen a la misma parte, de manera diferente.
Estuvo un minuto más, colocando ambas manos en el aire frente a cada uno, analizándolos.
―Si no me equivoco, el túnel de la izquierda nos conducirá al pasado, el de la derecha al futuro, y el del medio al presente.
―¿Se refiere a un viaje temporal? ―susurró Severus, asombrado, teniendo miles de ideas por segundo.
―No, no de esa manera. Pero ya que estamos aquí, creo que debemos averiguarlo. Si de algo estoy seguro ―añadió al ver la expresión de recelo de Severus― es que no nos va a suceder nada malo.
Severus asintió, tratando de conformarse.
―¿Por qué camino irías tú, Severus?
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Aseguraron la puerta del baño con algunos sortilegios y se sentaron en el retrete de distintas cabinas que estaban frente a frente. Merlina se cruzó de brazos, y de vez en cuando dirigía una mirada disimulada al chiquillo.
Veinte minutos después de que Myrtle abandonara el baño, recuperaron su apariencia real. Eso hizo hablar a Draco Malfoy.
―¿Qué vamos a hacer? Ya no nos queda poción Multijugos, y no tenemos de dónde sacar tampoco. No sé cómo llegaremos a la Sala Multipropósito. ―Merlina le miró desconcertada. Pensó que era una de las pocas que conocía el secreto de la sala―. ¿Qué? No eres la única que conoce los secretos de Hogwarts.
Merlina bufó, negando con la cabeza, atribulada. Si alguna vez le hubieran dicho que se iba a ver en esa situación, y con Malfoy, el Slytherin malcriado y quisquilloso, habría contestado "en mis pesadillas o sobre mi cadáver".
Bueno, con algo de mala suerte, termino como cadáver en un rato.
―Lo sé, tampoco podemos aparecernos ―contestó tomando en cuenta la pregunta de Malfoy―. Y apuesto que en el despacho de… ―omitió el nombre "Severus" como si fuera una palabra ponzoñosa― encontraríamos algo de poción, pero no tenemos de quién disfrazarnos tampoco; ya saben que hay intrusos en el castillo, indudablemente, y nos atraparán de todos modos…
―Podríamos pedirle ayuda a Myrtle, a los fantasmas ―propuso Draco agrandando sus fríos ojos grises.
―Podría ser. Lo peor es que, probablemente a estas alturas, los pasadizos que conozco pueden estar vigilados. Si bien dudo que se imaginen que nuestra idea es ir al séptimo piso, no te garantizo que los pasillos que me sé son exclusivos. Al principio era fácil, porque no tenían idea de que les íbamos a invadir, Malfoy.
Merlina se cubrió la cara con las manos. De pronto se sintió encarcelada, sin oportunidades de nada. Tenía varita, pero seguía siendo demasiado débil para combatir con diez Mortífagos, incluso teniendo a un Slytherin a su lado. Temió que fracasaran. No había cómo pudieran salir victoriosos de allí. Incluso podía alguien tratar de entrar al baño y, en ese caso, tendrían que volver por el pasadizo que los había llevado hasta allí.
―¡La he encontrado! ―anunció Myrtle al momento que aparecía por la pared. Draco y Merlina salieron de las cabinas.
―¿Dónde? ¿Dónde está? ―preguntó Draco con brío.
―No muy lejos de aquí. Está en el despacho de la Profesora McGonagall, sola.
Draco y Merlina se miraron.
―¿Le diste mi mensaje?
―Sí, pero dijo que no puede salir de allí, que su padre la ha dejado encerrada. No puede siquiera ocupar la chimenea, porque no tiene polvos Flu.
Draco y Merlina se volvieron a mirar, lentamente, sabiendo en lo que estaba pensando el otro.
―Nosotros tenemos polvos Flu ―farfulló Merlina sin aliento. Draco asintió fervientemente.
―¿Y qué puedo hacer yo? ―cuestionó Myrtle evidentemente molesta, como si le estuvieran insinuando algo peligroso a realizar.
Merlina no pensaba contestar, pero si lo hubiera hecho, se habría visto, de todas maneras, interrumpida: un retrete explotó, haciendo saltar agua hacia todos lados y haciendo que, al mismo tiempo, ella y el rubio se agacharan, desenvainando sus varitas, listos para atacar. Luego de eso precedió un "Wiiiiiiiiiiiiiiii" muy travieso, haciendo que ambos bajaran la guardia.
Un hombrecillo con ropa vistosa y un sobrero lleno de cascabeles ruidosos salió disparado de la cabina hacia el techo, riendo con maldad.
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Severus se sintió ambicioso por unos segundos. Si tuviera que elegir entre esos tres parámetros, elegiría el pasado. Podría cambiar tantas cosas… podría cambiar su posición de Mortífago a un mago común y corriente. Hubiera evitado tantos errores… Podría haber hecho otra cosa de su vida; incluso hubiera buscado a Morgan para marcharse con ella a un lugar lejano, haber formado una familia con ella…
Esa ambición se esfumó cuando se dio cuenta de que, aunque volviera al pasado, de algún modo, seguiría recordando que lo había cambiado, y su mente continuaría sucia. Y, si de algo estaba seguro, era que todo pasaba por algo, y nada le aseguraba que enmendar sus errores le llevara a una mejor vida.
En cuando a saber el futuro, tenía claro que sólo tendría visiones parciales, cosas a corto plazo, tal vez, pero jamás podría saber en que terminaría su vida o la de Merlina, a menos que ambos estuvieran con la muerte rondándole encima. A menos que ya ella ya hubiese… No, ella tenía que estar viva, si no lo habría sabido, lo habría sentido, tanto así como sentía la Marca Tenebrosa en su antebrazo, quemando constantemente. En conclusión, la única manera de saber si ella estaba viva y, en general, de saber lo que ocurría, era el presente.
Dumbledore le observó con atención y asintió cuando él le devolvió la mirada. El director comprendió. Susurró una palabra hacia el túnel y la luz que le iluminaba se intensificó.
Se adentraron a él, preguntándose qué habría al final del camino.
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Peeves se sacudió el agua como un perro y, sin ver a los intrusos aún, se burló:
―Vaya, vaya, ¡la llena de granos ahora está loca! ¡Habla sola! ¿A quién habla Myrtle? ¿A sus amigos imaginarios?
―¡Vete de aquí! ―gritó la chiquilla con auténticas lágrimas en los ojos, por las crueles ofensas del poltergeist.
Entonces Peeves vio a través de Myrtle.
―Vaya, vaya. Pero si no es la loca de las arañas con el hurón de Slytherin.
Merlina se puso de pie con rapidez y guardó la varita en el bolsillo. Estiró las manos para darle a entender al hombrecillo que no hiciera nada apresurado y la oyera. Myrtle se fue a una de las cabinas a llorar desconsoladamente, realizando ruidos lastimeros.
―Peeves ―susurró con anhelo―. Por favor no vayas a gritar, sólo escúchame.
―¿Y si no quiero oírte? ―preguntó con los ojos entrecerrados llenos de malicia.
―Debes hacerlo. Somos buenos, de verdad. No queremos hacer daño a nadie, y sólo queremos un poco de ayuda.
Draco se puso de pie también, pero sin guardar la varita.
―¿A cambio de qué?
Draco abrió la boca para hablar, molesto. Pero Merlina se adelantó, haciéndole un gesto con la mano para que se callara. Temía que dijera algo indebido y arruinara su única oportunidad: el poltergeist era muy receloso.
―Mira, Peeves, no tenemos nada para darte, pero sí la ayuda que nos brindes implicará molestar a los Mortífagos del castillo todo lo que desees. ―Esperó a que el individuo dijera algo, pero como no sucedió, ella continuó―. Sólo necesitamos que vayas a los jardines y digas que los intrusos están en la cabaña de Hagrid, sin decir que somos nosotros, asegurándote que la guardia del Vestíbulo, y en especial la del piso completo, baje hasta allá o se distraiga. Necesitamos entrar al despacho de la profesora McGonagall, y estoy segura de que no lo vamos a lograr sin tu ayuda.
―Bien, bien… si implica algo de diversión para Peeves, tal vez pueda…
―Créeme que estarás salvando nuestras vidas. No es algo menor que ello. Si perdiéramos algo menos importante que esto, entonces, no te molestaríamos.
Merlina no exageraba. Lo que le había dicho le había salido del corazón, porque de verdad temía por su vida y la del chico. Había hecho una promesa y debía cumplirla. No sólo la de ayudar a Draco, sino la de permanecer viva hasta lograr o, al menos, intentar terminar con Craig Ledger de una vez por todas, aunque aún no sabía cómo iba a hacer eso.
—Por favor ―suplicó con ojos brillantes—. Y no olvides que también podrías estar asegurando tu permanencia en Hogwarts si actúas correctamente —añadió con presteza.
Peeves sonrió con malicia, pero asintió, para maravilla de ella y Malfoy.
Merlina sonrió de vuelta, teniendo la esperanza de que nada saldría mal. Qué equivocada estaba.
