Hacía algún tiempo que Bud estaba intentando hacer su vida, componerla si así se le pudiera decir. Había vuelto a dejar su cabello como lo usaba cuando era más joven, algo largo y alborotado que le daba un aire de rebeldía. El creía que lucir así le haría aún más diferente que su hermano, aunque siempre habían sido como dos gotas de agua.

Igualmente, llevar ciertas rutinas diarias le ayudaban a despejarse y a sanar de a poco sus heridas. Sabía perfectamente las cosas que le habían pasado a Syd últimamente, y que estás no eran precisamente cosas muy buenas. Incluso en alguna ocasión en la que su hermano había resultado gravemente lastimado, Hilda le había pedido como favor que usara algo de su sangre para transfusión, a lo cual, en esa única ocasión se negó ante los deseos de Hilda. ¿Por qué lo había hecho? Se lamentaba todavía sobre eso, no tenía excusa aparente.

Cuando Syd se recuperó tampoco fue a verlo. ¿Por qué? Lo único que podía contestarse a sí mismo era que él también buscaba su espacio, encontrarse y reescribirse, para entonces poder avanzar. Aunque de todos modos no conseguía aminorar su remordimiento por aquellas acciones.

Hilda lo había mandado llamar, por lo que se preparó para verla, esta ocasión sería especial, no sólo porque había estado planeando con antelación lo que iba a confesar, sino que además ella tenía alguna misión que encomendarle. Siempre se sentía gustoso de poder verla.

Sus latidos se aceleraban de sólo pensar.

Él no era un hombre que se enamorara de alguien a la primera, las chicas del pueblo con quienes había tenido algún tipo de relación habían sido especiales también, en su medida y forma, pero el caso de Hilda era totalmente diferente.

No sólo era su gobernante, era casi como una diosa, una princesa, refinada y culta, su belleza, a sus ojos no tenía igual. ¿Cómo alguien como él podría tener una oportunidad?

Aunque no era el momento para detenerse, ya no más.

Tomó decidido el abrigo que había mandado hacer con las pieles que preparó y salió en camino a Valhalla. Las tormentas continuaban y eso hacía más complicada la llegada, pero eso no mermó su ímpetu.

Bud, desde que Hilda usaba el anillo Nibelungo y fue convocado como dios guerrero de Alcor solía acudir a verla desde las sombras. De alguna manera se las ingeniaba para evadir a los escoltas e ingresaba sin ser visto.
En alguna ocasión alguien lo vio caminar por los pasillos cercanos a los aposentos de Hilda, pero no hubo mucho problema pues lo confundieron con Syd. Desde ese momento fue cada vez más precavido, ya que tenía la orden expresa de no ser visto por nadie. Ni siquiera Siegfried había notado nunca su presencia, hasta que en aquella pelea contra Shaina, Ikki y Shun, se hizo evidente su existencia.

Sólo su hermano parecía haberse percatado en aquel entonces que ahí estaba, pero nunca lo delató. Nunca le dio la cara, nunca habló con él. Tal vez por respeto a Hilda, por no evidenciar que alguien le apoyaba oculto, o porque esa era la orden, no ser visto, entonces Syd apoyó ese aspecto de la labor que le correspondía a Bud.

Hilda por otra parte estaba acostumbrada a eso, a que se reunieran cada tanto y ella fuera la única que supiera que había llegado, pues entendía bien el papel que de inicio le había asignado. También comprendía que ahora, en cierta medida, le fuera difícil desapegarse de ese modus operandi. Sin embargo, esta ocasión no lo hizo de esa forma, quería ser visto, ser diferente y empezó desde ese aspecto. Deseaba hacer las cosas de frente, además ya sabía bien que no tenía sobre sí más prohibiciones acerca de aparecer frente a otros.

Los guardias estaban custodiando las puertas de las habitaciones de Hilda, como de costumbre.

-La señorita Hilda me ha citado, díganle por favor que Bud de Alcor Zeta ha venido a verla como me lo ha solicitado.

Uno de los soldados asintió y llamó a la puerta para dar el aviso, y después de unos minutos le dio una señal al dios guerrero indicándole que podía entrar.

En chico respiró profundo, apretó los puños y entró.

-Hilda, he venido como me lo has pedido. - Dijo a manera de saludo y se arrodilló, como solían hacer todos.

-Bud, me alegra que hayas venido, ¿Cómo estás? – Hilda le preguntó con verdadero interés, pues como se ha dicho, buscaba tener una mayor cercanía, auténtica, con sus guerreros. Además, era común que Bud hablara más con ella, así que no iba a desaprovechar la oportunidad.

-Yo… me encuentro bien, he estado trabajando en algunos asuntos, ya sabes, temas de la aldea. Hay gente que está algo atemorizada por las últimas desapariciones, y eso ha provocado que las personas opten por encerrarse. Aunado a las fuertes tormentas, que entorpecen muchas actividades. Incluidas las mías, la cacería no ha ido tan bien, pero es lo que hay.

-Sí, vivir en Asgard puede ser más difícil cuando se acerca el invierno, incluso para nosotros que estamos entrenados, suele ser una temporada muy demandante. Sobre las desapariciones, justamente la misión que voy a encomendarte tiene que ver con eso. – La joven se giró para verlo y caminó un poco más cerca de él, posó una mano sobre el escritorio y continuó:

-Creo que ya varios de nosotros hemos notado situaciones inusuales cerca del viejo templo de Odín que se encuentra casi a las afueras de la aldea, hacia el poniente. Alberich me ha comentado que es posible que estas actividades lleven ya años ahí, pues el templo ha estado abandonado por más de tres décadas, y que los rumores de las personas que llegaban a pasar por la zona hablaban de apariciones sombrías, gritos y otras cosas extrañas en los alrededores. Según me comentó, ahora con las desapariciones, estas cosas anormales han empezado a ser más visibles y la gente como mencionas, siente temor. Podría asegurar que las desapariciones de la gente del pueblo tienen que ver con eso. Se dice que han visto a dos mujeres de apariencia extraña rondando por el lugar.

- ¿Extrañas? ¿En qué sentido Hilda?

-Sus ropas no son como las que solemos usar aquí, portan armas, e incluso las historias relatan que se les ha visto desaparecer.

-Pues últimamente también han ingresado a Asgard muchas personas de otras tierras, el más claro ejemplo es Rogue. – apuntó refiriéndose a la novia de su hermano.

-Lo sé, es por eso por lo que debemos estar prevenidos, puede que en algunos casos estas personas puedan ser aliados, pero no sabemos si eso será siempre. Es por eso por lo que te he llamado Bud. Necesito que vayas hacia allá e investigues qué es lo que sucede.

-Así lo haré, iré cuanto antes.

-Muchas gracias. Aunque puedes tomarte un par de días antes, arregla tus asuntos primero y después puedes comenzar con esto, sé cauteloso. – Concluyó comprensiva la chica.

-No te preocupes, como te dije, las tormentas no dan pie a que uno pueda hacer gran cosa, así que podré encargarme de eso pronto. De todos modos, he aprovechado ese tiempo extra en otras cosas dentro de casa y en ordenar mejor mis ideas. - dijo esto y se puso de pie y dio unos pasos hacia el frente, posando sus ojos color ámbar sobre la joven.

-Bud, sabes que no está bien que estés tan solo. Puedes venir cuando sientas necesario, aquí siempre tendrás tu habitación lista. Sería muy bueno que pudieras compartir más tiempo con tus compañeros y conmigo acá en el palacio. También podrías hablar con tu hermano.

Bud no expresó nada. Hilda sabía bien que ese era un tema escabroso, así que, aunque a veces lo traía a colación, trataba de no ser invasiva.

-Lo sé, y te lo agradezco, me encantaría pasar más tiempo aquí… - Dijo serio Alcor. -Aunque como te dije también en este tiempo libre he trabajado haciendo algunas cosas, artículos por así decirlo. Explorando mis dotes de artesano.

Ha sido muy entretenido y reconfortante. - Explicó esbozando una ligera sonrisa (sí, a veces sonreía). -Esa caja que está sobre tu escritorio y los ornamentos de esa pluma los he hecho yo. También preparé las pieles para este abrigo que quería darte. - Señaló mostrando lo que llevaba en su brazo izquierdo.

Hilda le clavó la mirada atónita. Simplemente no se esperaba esto. Creía que quien había dejado los presentes para ella había sido Siegfried.

-También las flores que tienes en ese jarrón, las traje para ti. Fue difícil conseguirlas. – Guardó silencio por unos segundos que parecieron una eternidad. Respiró profundo y prosiguió. – Escucha… yo no puedo seguir ocultando lo que siento, y estos presentes no son mucho, pero son una muestra de lo que siento por ti.

Hilda no decía nada, sus orbes color púrpura estaban muy abiertos. El muchacho se le aproximó mucho más y la miró directamente a los ojos.

-Hilda… estoy enamorado de ti…

Y ya no lo puedo esconder más. – le dijo y acercó su rostro al de la gobernante de Asgard. Sentía la respiración caliente de ella cerca de su piel. Su corazón iba a estallar.

Se detuvo por un breve momento, como si esperara que ella se fuera a retirar, pero no fue así. Entonces se inclinó hacia su cara y la besó con suavidad. La chica se quedó perpleja, aunque cerró los ojos y se dejó llevar. Las manos de él bajaron hasta sus hombros, rozaron los blancos brazos de ella y después posó sus manos tras la espalda de la joven para intentar estrecharla más contra su cuerpo, mientras enredaba los dedos entre el largo cabello gris.

El tiempo se detuvo… Deseaba tanto que ese momento no terminara jamás.

En esos instantes, la puerta del despacho crujió para abrirse. Ahí estaba Siegfried, quien había entrado como de costumbre a los aposentos de su soberana.

La expresión de Siegfried lo decía todo, no hacían falta las palabras.

Bud se separó de ella mientras mordía su labio inferior. Hilda sólo se llevó los dedos a los labios, sin decir nada.

El dios guerrero de Dubhe parecía estar conteniendo más que nunca su ira.

El silencio era sepulcral.

La situación era por demás incómoda por lo que Alcor sólo resolvió ponerse de rodillas nuevamente ante Hilda. Tomó su mano derecha y la besó.

-Hilda, iré en marcha a la misión que me has encomendado cuanto antes. – Se puso de pie. Cruzó con la mirada fulminante de Dubhe, y salió de la habitación.

Al salir de la habitación, tenía muy revuelta la cabeza, no sabía qué pensar sobre lo que acababa de pasar. Aun así, se sentía bien. Hilda no había rechazado el beso que le dio, sólo sería cuestión de esperar una respuesta verbal de ella, fuera la que fuera. Pensó que, si se adelantaba cuanto antes a cumplir con la misión que se le encargó, podría volver pronto y verla de nuevo. Solo bebería algo caliente y prepararía su partida.

Fue hacia la cocina y se sentó al tiempo que comenzó bebiendo el té que se le había servido en una taza color blanco, conversando con el chef sobre un servicio que recién se le había encomendado. Estaba particularmente alegre.

Ahí una chica que le vio desde lejos decidió acercarse. Él la conocía bien, era la pareja de Syd.

-Hola. - dijo ella haciendo un gesto con la mano. -Así que tú eres Bud ¿Eh? En verdad se parecen mucho. – dijo ella sonriendo, como normalmente era su carácter, alegre y jovial.

-Así es, ese soy yo… ¿Tu nombre es Marie, no es cierto?

Ella mostró algo de sorpresa.

-Vaya, hace mucho no me llamaban así. – Comentó mientras se sentaba junto al muchacho. – Chef, ¿podría darme algo caliente para beber también?, por favor.

- ¿Te ha funcionado? Me refiero al cambio de nombre. - Preguntó él mirando hacia la nada.

- ¿Ayudarme?

-Sí… A olvidar.

-No precisamente, no he borrado mi pasado, pero me ayudó a abrir un nuevo ciclo. Y ese cambio me trajo hasta aquí. Por lo que estoy muy feliz.

-Tal vez debería cambiar mi nombre también. - Bud dijo y le devolvió la sonrisa.

La chica liberó una ligera risita. Después retomó algo de seriedad:

-Sé que a Syd le encantaría poder arreglar las cosas entre ustedes, sólo no sabe cómo hacerlo.

Bud volvió a ver hacia la nada y contestó:

-Puede ser. Quizá cuando vuelva intente hablar con él.

- ¿Te irás? Es decir, sé que normalmente no vienes por acá. Pero…

- Por lo pronto tengo que encargarme de una misión importante que Hilda me encomendó. Así que tengo que irme. – Dijo mientras se bebió el último trago del líquido que había en su taza y volteó a verla de nuevo. -Aunque fue breve, fue un gusto poder platicar contigo. Hasta luego, Marie de Mississippi.

-Suerte en tu misión Bud de Alcor.- concluyó ella mientras le daba un sorbo al té caliente que el chef del palacio le acababa de dejar sobre la mesa. Rogue sabía que el hermano de Syd era corto de palabras y no iba a querer hablar mucho con ella, pero se alegró de poder sacarle algo de conversación. Incluso haber escuchado que había una posibilidad de que se acercaran. No esperaría en contarle eso a su amado Syd.