ESTA HISTORIA NO ES MÍA Y LOS PERSONAJES SON DE S. MEYER.
Capítulo 20
Bella
El calor me rodea mientras mis ojos se abren lentamente. Una pizca de sol de la mañana se asoma por las gruesas cortinas, y sonrío cuando veo que Edward está envuelto alrededor de mí en un agarre posesivo. Incluso en su sueño está obsesionado.
Lentamente me doy vuelta, no queriendo despertarlo buscando una oportunidad de mirarlo sin que él lo sepa. Apoyo mi mano en su pecho desnudo y lucho contra un sonrojo cuando veo un pequeño chupetón en su cuello. Tengo que reprimir una carcajada porque estoy un poco sorprendida de haberlo hecho. Nunca pensé que era apasionada cuando se trataba de algo sexual. Para ser honesta, realmente no pensaba mucho en el sexo. Bueno, antes de Edward. Probablemente es por eso por lo que nunca había hecho mucho en esa área más allá de algunas caricias pesadas.
Edward saca un lado de mí que no sabía que estaba ahí. O tal vez sabía que estaba allí, pero solo he pasado años tratando de ocultarlo, tratando de ser algo que no soy. Una cosa que sí sé es que en este momento nunca había estado más feliz en mi vida. Es una locura porque no tengo una sola preocupación cuando debería tener miles. Todo lo que puedo pensar es si podemos hacer lo que hicimos anoche de nuevo y nunca dejar esta cama.
Muevo un poco mis piernas para ver si estoy adolorida, pero solo siento una pequeña punzada. No lo llamaría dolor, sino más bien una dolencia por estar llena. Edward me despertó en medio de la noche e hicimos el amor una vez más. Luego nos empapamos en su gran bañera, donde frotó todo mi cuerpo hasta que me desmayé. Fue perfecto. Él era perfecto
Subo mi mano por su estómago y de vuelta a su pecho, descansando sobre su corazón. Se ve mucho más joven cuando duerme. Inclinándome, muevo mi mano y beso su pecho. Nunca me he sentido tan cerca de alguien antes. Es casi gracioso que por un segundo pensé que podría estar con alguien como Mike. Ya ni siquiera sé cómo llamar esa relación, porque mirar lo que tengo con Edward, no es nada en comparación. De hecho, me siento un poco estúpida incluso por salir con él. Esperaba poco sobre lo que un hombre debería darme y lo que debería hacerme sentir. Porque lo tengo ahora, y está cambiando la vida.
—Buenos días —mis ojos van hasta los de Edward. Él tiene una sonrisa soñolienta que es absolutamente adorable. Estira su gran cuerpo y observo cómo las sábanas se mueven para revelar exactamente lo emocionado que está esta mañana. Mis ojos están fijos en su enorme polla, y por un momento me pregunto cómo pude tener eso dentro de mí.
Me río de sorpresa cuando él se da vuelta rápidamente y me atrapa debajo de él.
—Te extrañé —dice mientras presiona su rostro en mi cuello.
—¿Cómo pudiste echarme de menos? Has estado abrazándome toda la noche —bromeo mientras él se retira y me sonríe. No puedo evitar pensar que así es como quiero despertarme cada mañana.
—Extrañé esto —su boca cae sobre la mía en un lento y dulce beso que me tiene envolviendo mis brazos alrededor de su cuello. Cuando se retira, me mira con preocupación—. ¿Estas adolorida?
Por supuesto que esa es su preocupación, y me hace derretirme por dentro.
—Estoy bien —admito, no queriendo que se detenga.
Extiendo mis piernas y él se acurruca entre ellas. Su polla roza mi clítoris, y jadeo de placer.
—Dulce y lento —susurra mientras besa mi cuello.
Él se burla de mí durante tanto tiempo, la necesidad entre mis piernas aumenta y aumenta. Mis manos se deslizan por su espalda mientras él se inclina sobre mí aún más. Él mueve sus caderas hacia adelante y hacia atrás, y luego siento que la punta de su polla se desliza hacia mi abertura mientras empuja hacia adentro. Levanto mis caderas cuando él entra lentamente en mí, así puedo sentir cada centímetro de él. Gemí su nombre, y él me dio un pequeño mordisco en el cuello, haciendo que mi coño se apretara, enviando placer a través de mi cuerpo.
—Todavía tan jodidamente apretado —susurra en mi oído, moviéndose dentro y fuera de mí—. Envuelves mi polla como si nunca quisieras dejarme ir.
—Nunca —la palabra sale de mis labios al instante.
Edward se queda quieto por un momento antes de empujar de nuevo, solo que más fuerte esta vez. Es increíblemente más posesivo, pero con un sentido de urgencia. Mi pequeña admisión parece haber provocado algo dentro de él. Pero es la verdad. Nunca quiero dejarlo ir. Quiero aferrarme a todas las cosas que me hace sentir y todas las formas en que se preocupa por mí. Es como nadie más lo ha hecho.
Podría haber sido estúpida acerca de algunas de las elecciones que hice antes, pero sé que esta es la correcta. Puedo sentirlo muy dentro de mí. No hay más cuestionamientos, no hay más peleas. No es como todas las decisiones que he tomado en mi vida hasta ahora. En ese momento pensé que eran lo correcto. Esto lo estoy haciendo porque es realmente lo que quiero en todos los niveles.
—Bien, porque nunca te dejaré ir —me dice en el oído.
El tono posesivo en su voz es todo lo que necesito para enviarme al límite. Grito su nombre, y Edward se sacude encima de mí mientras su cálida liberación me llena. Gimo cuando su calor aumenta mi clímax aún más.
Él me agarra con fuerza mientras nos da la vuelta para que esté tendida sobre su cuerpo. Mi cabeza está sobre su pecho, y el sonido de nuestra respiración pesada llena la habitación.
Volteo mi rostro hacia su pecho y coloco un beso allí, dándome cuenta de que una vez más no usamos protección. Probablemente deberíamos tener cuidado, pero no puedo encontrar una razón para preocuparme. La idea debería asustarme, pero me he pasado la vida planeando todo. En el fondo, sé que pase lo que pase, Edward se hará cargo de mí y de nuestro bebé.
La idea de tener a su bebé hace palpitar mi corazón. Siempre he amado a los niños, y es por eso por lo que quería ser maestra cuando fui por primera vez a la universidad. Mi respiración se engancha y las lágrimas calientes queman mis ojos.
—¿Grillo? —la preocupación llena las palabras de Edward—. ¿Te lastimé? ¿Estás bien? —él intenta movernos, pero yo me incorporo, pongo las manos en su pecho y lo empujo hacia abajo.
—Estoy bien —le digo, sonriendo, aunque mis ojos están llenos de lágrimas.
—No te ves bien —se sienta ignorando mis intentos de mantenerlo quieto. Él cubre mi rostro y veo que sus ojos están llenos de preocupación—. Dime.
—Estoy feliz, eso es todo. Realmente, realmente, feliz —admito. Quizá enamorada. Pero guardo eso para mí. Nunca le había dicho esas palabras a otra persona, ni siquiera a Mike, y nunca antes me las habían dicho.
El rostro de Edward se suaviza mientras me besa. Envuelvo mis brazos alrededor de él, manteniéndolo cerca. Esta es la primera persona en mi vida con la que puedo contar para estar allí. Por una vez no tengo que preocuparme por todo. Tengo a alguien a mi lado a quien realmente le importa lo que quiero y necesito.
Algo nuevo se apodera de mí y su secuestro ya no parece una locura. Su obsesión conmigo tampoco parece una locura. De hecho, en el fondo cuando lo pienso, me encanta. Él me quiere tanto y me necesita a un nivel tan demente que hará cualquier cosa para tenerme. Soy tan importante para él, más allá de la medida y la razón.
Tal vez yo también estoy loca. Esto podría ser insalubre y codependiente, y el viejo yo lo cuestionaría a muerte. Me decía que esto no está bien, pero el viejo yo no me dio nada que realmente quisiera. Estaba viviendo una vida que estaba vacía y la odiaba. Podría haber sido mejor que la vida que tenía cuando vivía en la caravana con mi mamá, pero no fue mucho mejor. Todavía estaba sola sin futuro.
Cuando él se retira coloca besos en mi cuello.
—No me gusta verte llorar. Incluso si son lágrimas felices —me dice, su voz llena de emoción. Me levanto, y besa con sus suaves labios mis dedos.
—Me quedo —le digo, y él aprieta sus brazos a mi alrededor, como para decir que no tenía una opción para empezar—. Elijo quedarme. Yo quiero estar aquí. No tienes que mantenerme encerrada. Siempre volveré a ti.
Edward me ha dado algo que he anhelado durante toda mi vida: sentir que pertenezco a algún lugar. También quiero darle algo, porque él nunca sabrá lo que significa para mí. Lo único que puedo dar es a mí misma, y él quiere eso más que nada. No estoy realmente segura si eso es un regalo para él o para mí, para ser honesta, pero en este momento prometo ser suya. Siempre.
Envuelvo mis brazos alrededor de él y aprieto antes de inclinarme hacia atrás para mirarlo a los ojos. Coloco mis manos en ambos lados de su rostro y respiro.
—Pero tienes que decirme todo, Edward. Si vamos a hacer esto, lo necesito todo.
¿Qué creen que la va a decir Edward a Bella? Quiero oír sus teorías. Muchas creen que él es un mafioso o hasta que trabaja con Mike, jaja. ¿Qué opinan?
Gracias por sus comentarios. Nos leemos mañana!:)
